miércoles, 23 de septiembre de 2026

JAMES IVY: LA MAGIA DE HACER MÚSICA.


Cuando nos acercamos a JAMES IVY, nos encontramos con un músico que lleva ya unos cuantos años moviéndose por los márgenes más interesantes del pop alternativo. Su trayectoria nace en buena medida en el ecosistema de SoundCloud y pasa por la electrónica, la indietrónica y ese pop de Internet tan difícil de encasillar que fue desarrollándose durante la última década. Después de sus Eps Good Grief! (2021) y Everything Perfect (2023), Ivy llega a THE SEAMS con una experiencia considerable a sus espaldas, pero también con una decisión que, vista desde fuera, resulta bastante sorprendente: hacer de su debut un álbum mucho más orgánico, físico y cercano a la tradición del rock de guitarras de lo que cabría esperar por sus antecedentes. 

A primera vista, THE SEAMS podría parecernos una de esas pequeñas joyas ocultas que nadie ha descubierto todavía. Y es que el contraste resulta llamativo: estamos ante el primer álbum de un artista con una trayectoria previa, pero la atención que ha recibido por parte de la crítica especializada es sorprendentemente nula. En el agregador AOTY, por ejemplo, la recepción profesional continúa en blanco. Si solo mirásemos esa parte del mapa, podríamos pensar que estamos ante un disco perdido en algún rincón de la escena alternativa, esperando a que alguien lo rescate. Pero basta con mirar un poco más allá para comprobar que la historia es bastante distinta. 

Spotify cuenta otra historia. Las diez canciones de THE SEAMS aparecen actualmente entre las canciones más populares de JAMES IVY, con Eye For An Eye, Morphine y Lima ocupando los primeros puestos de su perfil. No estamos, por tanto, ante un artista desconocido cuyo disco haya sido descubierto por un puñado de aficionados especialmente entusiastas. Hay una audiencia considerable escuchando este álbum, y la actividad que ha generado en las comunidades musicales refuerza todavía más esa sensación. En AOTY, de hecho, la participación de los usuarios es sorprendentemente alta para un lanzamiento tan reciente. La paradoja está precisamente ahí: THE SEAMS parece mucho más grande entre los oyentes de lo que su presencia en la crítica profesional nos haría pensar. Es una joya bastante menos oculta de lo que aparenta. 

Y entonces llega la música, que es donde realmente entendemos por qué todo esto resulta tan interesante. Las etiquetas de indie rock, alternative rock, art rock, indie folk y dream pop encajan razonablemente bien con lo que encontramos aquí, aunque hay una que nos llama especialmente la atención: post-Britpop. De entrada puede resultar curioso aplicársela a un músico estadounidense, pero la etiqueta cobra sentido si la entendemos como una referencia estética y no geográfica. Porque THE SEAMS tiene una conexión bastante evidente con aquella concepción del rock de guitarras que se desarrolló alrededor de finales de los noventa, y la comparación que antes o después termina apareciendo es The Bends (1995) de Radiohead.

No porque JAMES IVY esté intentando sonar como Radiohead. Eso sería quedarse en la superficie. Lo que comparte con aquel disco es algo más difícil de señalar: la capacidad de partir de canciones relativamente sencillas y hacer que vayan adquiriendo una dimensión emocional mucho mayor gracias a los arreglos, las texturas y los cambios de intensidad. Hay guitarras que pueden parecer contenidas durante unos segundos y terminar abriendo la canción por completo; hay melodías que mantienen una cierta sencillez mientras todo lo que las rodea va creciendo. Esa mezcla de intimidad y grandiosidad contenida está muy presente en THE SEAMS

Pero lo que más nos sorprende es quién compone y produce este disco: el propio JAMES IVY, que viene de la indietrónica, de una cultura musical en la que la producción digital puede convertirse casi en otro instrumento. Podría haber llenado THE SEAMS de capas electrónicas, efectos, voces procesadas y pequeños detalles destinados a llamar nuestra atención. En cambio, hace prácticamente lo contrario. Hay guitarras, baterías, cuerdas, voces y espacio. Mucho espacio. Y la verdad es que funciona de maravilla.








No estamos ante un álbum desnudo o rudimentario. Al contrario, detrás de esa sensación de naturalidad hay bastante trabajo. Los arreglos están cuidadosamente colocados, las reverberaciones amplían las canciones y las distintas capas aparecen en el momento adecuado para hacer que determinadas melodías fluyan y crezcan. Pero todo ese trabajo tiene una virtud preciosa: no se nota demasiado. THE SEAMS está producido con mimo, pero no parece un disco que necesite enseñarnos constantemente cómo ha sido producido. 

Y es que ahí encontramos una de sus mayores virtudes. Donde podríamos esperar artificio encontramos fisicidad; donde podríamos encontrar una producción saturada, encontramos aire; donde podría imponerse la tecnología, aparecen instrumentos que parecen tener peso y espacio propios. Las guitarras suenan a guitarras. La batería tiene cuerpo. Las voces pueden transmitir fragilidad sin necesitar una montaña de efectos encima. Parece una obviedad, pero en un momento en el que la producción puede llegar a convertirse en el centro de una canción, escuchar un disco que confía tanto en sus propias composiciones resulta casi reconfortante. 

También nos gusta pensar que THE SEAMS funciona porque Ivy no intenta demostrar cuánto sabe hacer. Hay algo mucho más humano en su manera de construir estas canciones. Como si, después de pasar años trabajando con herramientas digitales, hubiera decidido apartarlas un momento de la mesa y comprobar qué quedaba cuando la canción tenía que sostenerse por sí misma. Y lo que queda es bastante hermoso: melodías sólidas, arreglos sensibles y una atmósfera que puede crecer hasta lo épico sin perder nunca ese punto de cercanía. 

Por eso la comparación con The Bends termina teniendo más sentido de lo que parecía al principio. No estamos ante un ejercicio de nostalgia ni ante otro intento de recuperar el sonido de los noventa. Hay algo más curioso ocurriendo aquí: un músico formado en la era de SoundCloud y la producción digital recupera una forma de entender el rock en la que la canción vuelve a ocupar el centro. No necesita renunciar a su pasado para hacerlo, pero sí parece haber descubierto que no siempre hace falta añadir algo para conseguir más. A veces basta con dejar estar lo que ya funciona. 

Y ese equilibrio es, en última instancia, lo que hace que THE SEAMS nos parezca un disco tan especial al que le otorgamos un 100 sobre 100. No lo valoramos porque sea orgánico, ni porque renuncie a la electrónica, ni porque recuerde a The Bends. Todas esas son piezas de un conjunto mucho mayor. Lo que nos lleva a situarlo tan arriba es que las canciones funcionan, los arreglos tienen sentido, la interpretación transmite y la producción consigue envolverlo todo sin comerse aquello que debería estar en primer plano. Hay discos muy trabajados que nos hacen pensar en el trabajo que hay detrás de ellos; THE SEAMS, en cambio, consigue algo más difícil: hacernos olvidar que estamos escuchando una producción. 

Quizás lo más bonito sea que, después de todo, no necesitamos convertirlo en una rareza ni en una supuesta joya secreta para reivindicarlo. Los números de Spotify ya nos dicen que James Ivy tiene una audiencia mucho mayor de la que su escasa presencia crítica podría hacernos imaginar. Y si nosotros hemos llegado hasta THE SEAMS con la sensación de haber encontrado algo que estaba esperando ser descubierto, tampoco pasa nada. A veces un gran disco puede seguir sintiéndose íntimo incluso cuando, al mirar alrededor, descubrimos que no estamos ni mucho menos solos escuchándolo.



MEJORES MOMENTOS: Throw It Like You Can, Lima, Eye For An Eye, Morphine, Waiting Means Nothing, Tear, Bent, PT... 

MEDIA CRÍTICA:---- 

NUESTRA VALORACIÓN: 100/100

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