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viernes, 24 de julio de 2026

LULUC: CANCIONES PEQUEÑAS, EMOCIONES INMENSAS.



Tras la excelente acogida de Diamonds (2023), todos nos preguntábamos cuál sería el siguiente movimiento de LULUC. Aquel álbum fue celebrado por la crítica por ampliar el lenguaje sonoro del dúo australiano con una producción más expansiva y rica en texturas, hasta convertirse en el disco mejor valorado de su carrera. SWEET THIEF, sin embargo, no pretende ampliar ese universo. Más bien representa una decisión consciente de volver al núcleo creativo que siempre ha definido a Zoë Randell y Steve Hassett: la canción por encima de todo. No es un paso atrás, sino un regreso deliberado a una forma de entender la música.

Sonoramente, SWEET THIEF vuelve a situarse en el territorio del indie folk y de la música de cantautor entendida como un diálogo entre dos compositores que escriben, interpretan y producen de manera conjunta. Frente a la mayor amplitud instrumental y el carácter casi cinematográfico de Diamonds, aquí predominan las guitarras acústicas, las melodías desnudas, los arreglos medidos y unas armonías vocales que vuelven a convertirse en el verdadero corazón del álbum. Esa aparente sencillez recuerda inevitablemente a Sculptor (2018), tanto por su contención como por la confianza absoluta en la fuerza de las canciones. Quienes encontraron en aquel álbum una de las mejores expresiones del universo de LULUC probablemente reconocerán en SWEET THIEF esa misma sensibilidad. 

Un aspecto fundamental para comprender SWEET THIEF es el enorme control creativo que ejerce el dúo sobre su propia obra. Zoë Randell y Steve Hassett no solo firman todas las composiciones, sino que también producen íntegramente el álbum sin recurrir a productores externos. Aunque aparecen algunos músicos invitados aportando pequeños matices instrumentales, la personalidad sonora del disco pertenece exclusivamente a ellos. Esa autonomía artística explica la enorme coherencia que desprende el álbum: cada arreglo, cada silencio y cada armonía parecen responder a una misma visión creativa, sin interferencias ni concesiones. 

Como ocurre con casi toda la discografía del dúo, las narrativas desempeñan un papel especialmente importante en SWEET THIEF. El propio título, tomado de un verso de Shakespeare alude a la imagen del "dulce ladrón" y funciona como metáfora de aquello que nos seduce mientras nos va robando algo de nosotros mismos. A partir de esa idea, el disco reflexiona sobre la atención, la identidad, la libertad individual y las múltiples distracciones de la vida contemporánea. Las canciones dialogan entre sí construyendo un recorrido que contrapone el ruido exterior con la búsqueda de un espacio íntimo y sereno. Son letras abiertas, llenas de imágenes sugerentes, que rehúyen las respuestas fáciles y encuentran precisamente en esa ambigüedad buena parte de su fuerza. LULUC construye un disco que habla tanto de nuestro tiempo como de cuestiones universales: la búsqueda de autenticidad, la conexión con los demás y con la naturaleza, y el deseo de escribir la propia historia sin dejar que otros la escriban por nosotros. 









La Media crítica de SWEET THIEF es de 74 sobre 100, distribuida de la siguiente manera: The Skinny, Uncut y Mojo 80/100; Pitchfork 72/100; Northern Transmissions 70/100 y The Arts Desk 60/100. La recepción, por tanto, ha sido positiva, aunque menos entusiasta que la obtenida por Diamonds. En cierto modo, resulta comprensible. La crítica suele valorar especialmente los discos que representan una evolución evidente o una ampliación del lenguaje de un artista. SWEET THIEF, en cambio, opta por el camino contrario: el de la depuración y la fidelidad a una identidad ya plenamente consolidada. Esa elección puede hacer que algunos lo perciban como un trabajo menos ambicioso, cuando en realidad exige una enorme confianza en la composición y en la interpretación. No es un álbum que busque sorprender mediante la producción, sino emocionar desde la precisión con la que cada elemento ocupa su lugar. 

En ese sentido, resulta significativo que Sculptor, álbum con el que SWEET THIEF guarda evidentes afinidades estéticas, obtuviera una media prácticamente idéntica. Lejos de interpretarse como un signo de menor inspiración, estas puntuaciones parecen responder a la naturaleza más continuista del proyecto, una característica que probablemente muchos seguidores del grupo consideren precisamente una de sus mayores virtudes. 

A menudo se describe a LULUC como un dúo "austero", pero quizás ese sea un término engañoso. Es cierto que sus canciones rara vez recurren a grandes despliegues instrumentales, pero están lejos de sonar desnudas o escasas. Sus armonías vocales son extraordinariamente ricas y constituyen una parte esencial de la arquitectura de cada composición. A ello se suman arreglos discretos pero muy elaborados, un uso magistral del espacio y una producción que sabe exactamente cuándo intervenir y cuándo desaparecer. 

El resultado es un álbum profundamente sutil, formado por canciones que en ocasiones apenas superan el minuto y medio o los dos minutos de duración, pero lejos de sentirse incompletas funcionan como pequeñas miniaturas perfectamente construidas en las que no sobra ni falta una nota. SWEET THIEF no busca impresionar; busca permanecer. Y lo consigue con una elegancia y una sensibilidad que lo sitúan entre los trabajos más logrados de LULUC.

SWEET THIEF es un disco que exige atención y que probablemente crezca con cada escucha, revelando nuevos matices en sus armonías y en sus letras. Quizás no tenga el impacto inmediato de Diamonds, pero sí la serenidad y la confianza de una obra realizada por dos músicos que conocen a la perfección su lenguaje. Nuestra valoración es de 85 sobre 100.
      


MEJORES MOMENTOS: Wanna Get Free, Rewarding Melody, No One's Else Pen, A Better Truth, Lullaby, River At Your Feet... 

MEDIA CRÍTICA: 74/100

NUESTRA VALORACIÓN: 85/100

miércoles, 22 de julio de 2026

AARON LEE TASJAN: TODD SNIDER Y EL CAMINO DE VUELTA



AARON LEE TASJAN llega a GET OVER IT, UNDERDOG después de haber firmado dos de los trabajos más destacados de su carrera reciente. Tasjan! Tasjan! Tasjan! (2021) y Stellar Evolution (2024) mostraron a un músico en plena expansión creativa, capaz de moverse entre el rock clásico, el power pop, el glam y una amplia tradición pop sin perder una identidad propia. Eran discos ambiciosos, llenos de detalles y con una clara voluntad de explorar las posibilidades del estudio. 

Su nuevo trabajo sorprende porque decide regalarnos otros registros sin abandonar lo aprendido. GET OVER IT, UNDERDOG es un álbum donde la canción ocupa el primer plano: la historia, la melodía y la interpretación pesan más que el despliegue sonoro. Es un regreso a los orígenes o, quizá, un regreso a lo esencial. No en el sentido de reducir su ambición, sino de volver a aquello que sostiene cualquier gran canción. 

GET OVER IT, UNDERDOG está producido por el propio AARON LEE TASJAN junto a Mark Miller, una combinación que refuerza precisamente el equilibrio que define el álbum: una producción suficientemente cuidada para resaltar los matices, pero lo bastante abierta como para que las canciones mantengan una sensación de cercanía y naturalidad. 

En el apartado compositivo, cuatro de las canciones están escritas íntegramente por Tasjan, mientras que el resto son composiciones compartidas con una interesante variedad de colaboradores: Dennis Lloyd, Brian Wright, Paul McDonald, Bobby Bare Jr., Jeff Ratner y Todd Snider. Esta red de coautores encaja con el espíritu del álbum, un trabajo donde la tradición del cantautor y la importancia de la narrativa tienen tanto peso como la interpretación musical.

Para entender este cambio de dirección hay que hablar del cantautor americano Todd Snider, recientemente fallecido. Su relación con Tasjan fue mucho más allá de una colaboración puntual. Snider se convirtió en una figura de referencia, un mentor que le ayudó a recuperar la confianza en su escritura y a reencontrarse con la parte más fundamental del oficio de compositor. 

La influencia de Snider en GET OVER IT, UNDERDOG no está en que Tasjan intente sonar como él. No es un disco que busque reproducir su estilo, sino asumir una determinada manera de entender la composición: la importancia de contar historias, de encontrar una verdad emocional y de confiar en que una canción puede sostenerse por sí misma. 

La conexión más evidente aparece en The Real, escrita junto a Snider, pero su huella está presente en el espíritu general del álbum. Es un trabajo que recupera la tradición del cantautor narrativo, donde una canción no es solamente una melodía, sino también una historia y una forma de observar el mundo. 

La principal característica de GET OVER IT, UNDERDOG es que estamos ante un álbum de cantautor y storyteller. La etiqueta Americana encaja perfectamente, aunque no explica por completo la riqueza del disco. Tasjan construye canciones alrededor de personajes, situaciones y pequeños momentos cotidianos que terminan revelando algo más profundo. 

Twilight Zone Blues introduce además una mirada hacia el blues, demostrando que este regreso a las raíces no significa encerrarse en una única fórmula. Tasjan sigue siendo un músico inquieto, pero ahora esa inquietud está al servicio de la canción. Una influencia que aparece con una claridad que no habíamos visto antes es la de Tom Petty. En trabajos anteriores podían encontrarse conexiones con el rock clásico, pero aquí esa cercanía resulta mucho más evidente. Canciones como Lost & Alone o Lydia’s Boots remiten a esa tradición de melodías luminosas, guitarras directas y personajes que avanzan entre pérdidas, dudas y pequeñas victorias. 

Es una referencia especialmente adecuada porque, al igual que Petty, Tasjan entiende que una canción puede parecer sencilla en la superficie y, al mismo tiempo, esconder una enorme profundidad emocional. 



Volviendo a The Real, ocupa un lugar especial. Curiosamente, siendo la canción con una conexión más directa con Todd Snider, también es una de las piezas que más se diferencia del conjunto. Después de una primera parte más cercana al lenguaje general del disco, la canción se abre hacia un tramo final donde la voz deja espacio y los instrumentos empiezan a dialogar entre sí. Lo interesante no está en una producción recargada, sino en la sensación de una banda tocando junta, escuchándose y reaccionando.

El final tiene algo de jam session: una extensión natural de la canción en la que los músicos exploran sus propias conversaciones instrumentales. Es un momento que parece especialmente pensado para el directo, donde probablemente pueda crecer, alargarse y adquirir nuevas formas dependiendo de la noche. 

Como buen álbum narrativo, GET OVER IT, UNDERDOG está lleno de personajes que intentan encontrar su lugar. El propio título del disco apunta a una idea recurrente: la resistencia, la capacidad de continuar incluso cuando las circunstancias no son ideales. Tasjan no busca grandes declaraciones de triunfo. Sus canciones se interesan más por esos momentos pequeños en los que alguien consigue seguir adelante, por personas imperfectas intentando entender quiénes son y dónde encajan. 

Esta mirada conecta con una parte importante de su trayectoria. Tasjan nunca ha separado completamente la música de su forma de entender el mundo. Stellar Evolution era un álbum con una dimensión política mucho más explícita, un trabajo que defendía abiertamente la diversidad y los derechos LGTBIQ+ frente a los discursos reaccionarios y la extrema derecha. 

GET OVER IT, UNDERDOG no continúa esa vía desde la confrontación directa, sino desde un lugar más íntimo. Es un disco menos de proclama y más de observación. En lugar de señalar el conflicto desde fuera, se interesa por las personas que atraviesan ese conflicto y por la búsqueda de una identidad propia. Es otra forma de hablar de pertenencia y autenticidad. 

La recepción inicial de GET OVER IT, UNDERDOG ha sido algo más moderada que la de sus dos trabajos anteriores. De momento, Rolling Stone ha sido el único medio que lo ha reseñado otorgándole un 70 sobre 100, frente a la media de 77/100 recibida tanto por Tasjan! Tasjan! Tasjan! como por Stellar Evolution. Recordamos que esta valoración es provisional porque el disco se lanzó el pasado fin de semana y es muy probable que reciba más atención crítica en los próximos días. 

Sin embargo, quizás esta diferencia inicial en las puntuaciones tenga menos que ver con la calidad del álbum que con la dificultad de compararlo con sus predecesores. Sus discos anteriores tenían un carácter más expansivo y llamativo desde el punto de vista sonoro. Eran trabajos donde la producción y la exploración estilística tenían un peso fundamental. Este nuevo álbum juega otra partida. Es más cercano, más contenido y menos inmediato en su impacto. 

Puede que parte de la crítica separe precisamente ese carácter especial: no valorar GET OVER IT, UNDERDOG desde la espectacularidad de sus anteriores trabajos, sino entenderlo como una obra con otros objetivos. 

GET OVER IT, UNDERDOG no es el disco más evidente de AARON LEE TASJAN, pero sí uno de los más reveladores. Después de demostrar que podía construir universos sonoros complejos, decide recordar por qué empezó todo: una buena canción, una historia que contar y una interpretación capaz de transmitir algo verdadero. 

Este álbum no borra Tasjan! Tasjan! Tasjan! ni Stellar Evolution. Al contrario, los completa. Demuestra que detrás del productor, del músico inquieto y del explorador sonoro siempre había un compositor capaz de defender una canción con los elementos esenciales. Un regreso al origen entendido no como nostalgia, sino como una nueva forma de avanzar. Nuestra valoración es un 85 sobre 100



MEJORES MOMENTOS: Lost & Alone, Science Fiction, Twilight Zone Blues, Lydia's Boots, The Real, No One's Gonna Know... 

MEDIA CRÍTICA: 70/100

NUESTRA VALORACIÓN: 85/100

lunes, 20 de julio de 2026

BABY ROSE Y LA EXTRAÑA VIRTUD DE NO AÑADIR NADA INNECESARIO.

 


Hay voces que se reconocen antes incluso de saber quién está cantando. La de BABY ROSE pertenece a esa categoría poco frecuente. Su forma de interpretar resulta una anomalía dentro del R&B actual, un género donde no siempre resulta sencillo encontrar artistas con una identidad vocal tan marcada. En YEARNALISM, su tercer álbum de estudio, la cantante estadounidense vuelve a situarse en el centro de la propuesta con un trabajo que confía en sus mayores virtudes: una voz extraordinaria y unas canciones capaces de estar a la altura.

Nacida en Washington D.C. y vinculada a la escena soul contemporánea estadounidense, BABY ROSE comenzó a llamar la atención con sus primeros trabajos gracias a una forma de cantar que escapaba de los estándares habituales del R&B moderno. Tras To Myself (2019) y Through and Through (2023), la artista llega a este tercer álbum después de que su segundo trabajo recibiera una excelente acogida crítica, con una media de 87/100. Aquel disco confirmó su crecimiento artístico y elevó las expectativas ante un nuevo lanzamiento que, lejos de buscar una ruptura, profundiza en los elementos que han definido su trayectoria. 

La primera impresión que provoca YEARNALISM nace de su voz. Su timbre grave, áspero y lleno de matices la conecta con una tradición de grandes intérpretes del soul y el jazz vocal. Es inevitable pensar en Billie Holiday o Nina Simone, no porque BABY ROSE intente reproducir el estilo de ninguna de ellas, sino porque comparte esa capacidad de convertir la voz en el centro absoluto de la interpretación. Como ocurría con aquellas figuras, su valor no reside únicamente en la técnica, sino en una manera de transmitir emoción que hace que cada frase tenga peso propio. La diferencia es que BABY ROSE no pertenece a esa época: su forma de entender el R&B, su producción y su manera de construir las canciones son plenamente contemporáneas. No es una artista que mire al pasado intentando recuperar un sonido perdido, sino una intérprete actual que posee una cualidad que asociamos con las grandes voces clásicas: una identidad inconfundible. 

Las etiquetas utilizadas para describir YEARNALISM son numerosas: Neo-Soul, Pop Soul, Smooth Soul, Soul Blues, Vocal Jazz y Southern Soul. Todas capturan una parte del álbum, aunque ninguna resulta completamente suficiente. El disco combina la sensibilidad del neo-soul con la calidez del southern soul, el carácter emocional del soul blues y una interpretación vocal que tiene ecos del jazz. Sin embargo, no se trata de un ejercicio de nostalgia ni de una reconstrucción del pasado. BABY ROSE utiliza esa tradición como punto de partida para crear un álbum que suena actual y personal. 





Uno de los mayores aciertos de YEARNALISM es que nunca parece depender de artificios para mantener el interés. Las canciones tienen entidad propia y funcionan como composiciones completas, algo especialmente destacable en un momento en el que una parte del R&B contemporáneo apuesta por interludios, piezas breves o largos pasajes hablados para reforzar una determinada narrativa. Aquí el protagonismo vuelve a estar en las canciones y en la interpretación. Los temas exploran relaciones, vulnerabilidad, deseo y conflictos personales desde una perspectiva íntima, pero sin que el concepto del álbum termine imponiéndose sobre la música. 

Resulta especialmente interesante descubrir los créditos después de escuchar el disco. YEARNALISM está producido por BABY ROSE junto a Ryan James Carr, Joe Harrison, Jonah Stevens, Thomas Brenneck y otros colaboradores adicionales, mientras que en la composición participan, además de la propia artista, nombres como Boy Matthews, Jake Troth, Chloe George y Leon Thomas, entre otros. Sobre el papel, una lista tan amplia podría hacer pensar en un álbum fragmentado, construido a partir de diferentes visiones. Sin embargo, la experiencia de escucha transmite justo lo contrario. Todo mantiene una dirección clara y una identidad común. Leon Thomas, que además de participar en la composición colabora vocalmente en uno de los cortes del álbum, encaja dentro del conjunto sin desplazar nunca el protagonismo de BABY ROSE

La recepción crítica de YEARNALISM ha sido positiva, aunque ligeramente inferior a la obtenida por Through and Through. El álbum alcanza una media de 77 sobre 100 basada en las reseñas de The Line of Best Fit, Mojo, The Guardian (80/100), Pitchfork (76/100) y AllMusic (70/100). Estas valoraciones reflejan un consenso bastante claro: estamos ante un trabajo sólido, bien interpretado y con una personalidad definida, aunque quizás no haya generado el mismo nivel de entusiasmo inmediato que su predecesor. La diferencia de puntuación, sin embargo, no parece responder a una falta de calidad, sino más bien a que YEARNALISM apuesta por una propuesta menos llamativa en apariencia y más centrada en la fuerza de sus canciones. 

YEARNALISM es un álbum que encuentra su mayor virtud en la sencillez de su planteamiento: una gran cantante interpretando buenas canciones con una producción que nunca intenta imponerse sobre ella. En un género donde se han convertido en habituales determinados recursos destinados a crear atmósferas o reforzar una estética concreta, BABY ROSE apuesta por una experiencia más directa, sin interludios innecesarios ni largos fragmentos hablados que interrumpan el recorrido del álbum. Realmente, recupera el arte perdido de hacer canciones. Se puede hacer un buen álbum de R&B sin quince interludios y sin monólogos explicativos antes de cada tema. BABY ROSE recuerda que un disco son canciones, no un podcast con invitados. -Raye, esto va por tí-. 

Lo más sorprendente es que la sensación de cercanía de YEARNALISM se mantiene pese a la cantidad de personas implicadas en su creación. La artista consigue que todas esas aportaciones formen parte de una misma visión, dando lugar a un disco hechizante, cálido y extraordinariamente coherente. No podermos valorarlo por debajo de un 88 sobre 100



MEJORES MOMENTOS: But, Nvn, Friends Again, When I'm Gone, Let Me Go, Is This Love, Better... 

MEDIA CRÍTICA: 77/100

NUESTRA VALORACIÓN: 88/100

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