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jueves, 30 de abril de 2026

DAVID GRAY REESCRIBE SU PASADO.

 


La última vez que hablamos de DAVID GRAY fue justo el año pasado, cuando presentaba Dear Life (2025), un álbum al que todavía le queda mucha vida. No esperábamos volver tan pronto a su universo. Pero NIGHTJAR es una excepción en todos los sentidos. 

No estamos ante un álbum convencional. Dentro de su discografía, NIGHTJAR se percibe claramente como una rareza. Para entenderlo hay que volver a Life in Slow Motion, publicado en 2005 bajo Atlantic Records (vía Warner Music Group). Aquel fue un trabajo marcado por una producción ambiciosa, con arreglos orquestales y un enfoque alejado del sonido más orgánico que había definido gran parte de su carrera. 

NIGHTJAR no es un “álbum perdido” de aquella época, pero sí nace de allí. Durante esas sesiones quedó bastante material fuera, canciones e ideas que no encajaban en el resultado final. Lo interesante es que Gray no se ha limitado a rescatarlas: las ha revisitado, regrabado y completado desde su sensibilidad actual. Más que un archivo, lo que tenemos aquí es una reinterpretación. Y eso cambia todo. 



Ahora, trabajando desde la independencia, Gray tiene algo que entonces no tenía: control total. Las grabaciones originales pertenecen a la discográfica, pero las canciones siguen siendo suyas. Eso le permite reconstruirlas desde cero, alejándolas de aquella producción grandilocuente y acercándolas a un terreno mucho más íntimo y desnudo. 

Ahí es donde NIGHTJAR encuentra su sentido. Lo que en 2005 no encajaba, hoy fluye con naturalidad. Estas canciones parecen haber estado esperando el contexto adecuado. 

En lo sonoro, se mueve en un terreno íntimo y contenido, muy alejado de la grandilocuencia de Life in Slow Motion, donde la producción de Marius de Vries y Brian Eno marcaba un carácter mucho más expansivo y orquestal. Aquí, en cambio, el propio DAVID GRAY toma el control del enfoque sonoro y apuesta por arreglos desnudos, con guitarras acústicas, pianos delicados y una producción que evita la saturación y favorece la claridad. Todo está construido alrededor de su voz, que suena cercana, casi confesional, reforzando esa sensación de intimidad constante. No hay artificio ni exceso: cada elemento parece colocado con la intención de acompañar, no de imponerse. El resultado es un sonido orgánico y atemporal que conecta directamente con la esencia más reconocible de su carrera, pero filtrado por una madurez que solo el paso del tiempo puede aportar. 

Es fácil pensar que este tipo de lanzamientos están dirigidos únicamente al fan de largo recorrido. Y, en parte, es cierto. Pero NIGHTJAR funciona más allá de eso. Incluso sin conocer su origen, el disco se sostiene por sí mismo: hay cohesión, hay intención y, sobre todo, hay una identidad clara. 

Por eso quizás muchos no sepan encasillarlo en las categorías habituales. En AOTY lo han etiquetado como recopilatorio, pero no lo es. Y tampoco es exactamente un nuevo capítulo en su discografía. Es algo intermedio: una obra que mira al pasado, pero que suena plenamente presente. Y ahí reside su valor.

Hasta el momento, solo Hot Press ha reseñado NIGHTJAR, otorgándole un 80 sobre 100. A nosotros nos resulta un álbum con el que es muy fácil conectar. Nos remite al DAVID GRAY de siempre y, en cierto modo, encajaría de forma natural entre Foundling (2010) y Mutineers (2014), como un puente inesperado entre ambas etapas. 

Pero lo verdaderamente importante es que estas canciones han encontrado su momento. Lejos de quedar relegadas a un cajón, hoy cobran una nueva vida con pleno sentido. NIGHTJAR no solo justifica su existencia: la reivindica. Por eso, nuestra valoración se sitúa en un 90 sobre 100 y confirma una vez más a DAVID GRAY como un artista que desde hace tiempo ya no tiene nada que demostrar y sigue encontrando nuevas formas de dar sentido a su propio legado.



MEJORES MOMENTOS: When I Fall In Love, Money, Nightjar, The Easy Way Out, Everybody's Leaving Town, Alive, Long Gone Now, Sacred Ground... 

MEDIA CRÍTICA: 80/100

NUESTRA VALORACIÓN: 90/100


miércoles, 29 de abril de 2026

THE TWILIGHT SAD: LA LARGA DESPEDIDA (CON TRAMPA).



IT'S THE LONG GOODBYE es el sexto álbum de estudio del ahora dúo THE TWILIGHT SAD. Durante años fueron una banda completa (con bajo, batería, teclados…), pero con el tiempo fueron quedando como núcleo James Graham y Andy MacFarlane, que hoy son los dos únicos miembros permanentes y los responsables de la evolución de la banda, ya que ambos son los autores de todos los temas, con la producción de MacFarlane. 

Para ser justos, tenemos que decir que la carrera de THE TWILIGHT SAD ha sido impecable. Absolutamente todos sus álbumes han sido bien valorados por la crítica. Pero es precisamente IT'S THE LONG GOODBYE el que está siendo más aclamado. THE TWILIGHT SAD han sido durante años una banda de fondo: muy respetada, con discos consistentemente buenos, pero sin ese momento claro de consenso amplio que los coloque en primera línea. No han tenido un golpe de efecto, sino una trayectoria de crecimiento lento, casi silencioso. 

Lo que suele pasar en estos casos es que, con el tiempo, la crítica y el público hacen una especie de relectura: se empieza a ver la discografía como un todo coherente, sin grandes bajones, y eso pesa mucho. IT'S THE LONG GOODBYE puede estar funcionando como ese punto de cristalización donde todo encaja. No necesariamente porque sea radicalmente distinto, sino porque llega en el momento adecuado y con una identidad muy depurada. El disco puede leerse como ese posible punto de inflexión que da paso a un ascenso de nivel. 




La sonoridad de IT'S THE LONG GOODBYE se mueve en un territorio denso y emocional donde las etiquetas habituales -shoegaze, darkwave o gothic rock- funcionan más como puntos de partida que como descripciones cerradas: hay capas de guitarras y sintetizadores que envuelven la voz en una niebla melancólica, sí, pero también una tensión heredera del noise pop de The Jesus and Mary Chain y una construcción atmosférica más cercana al art rock que a cualquier ortodoxia de género. En ese sentido, la etiqueta de post-punk revival resulta quizá la más discutible, porque sugiere una relación directa con fórmulas rítmicas o estilísticas que aquí no son centrales, cuando en realidad lo que domina es la textura emocional y la expansión atmosférica más que la herencia punk en sí. THE TWILIGHT SAD no se limitan a recrear estilos, sino que los disuelven en un lenguaje propio, combinando la introspección del indie contemporáneo con un eco distante de la elegancia sombría de los ochenta -esa que recuerda, sin imitar, a Talk Talk o Japan-, logrando así un sonido que es a la vez expansivo y contenido, nostálgico sin ser meramente retro. 

En IT'S THE LONG GOODBYE, se construye una narrativa profundamente existencial en la que la despedida no aparece como un acto puntual, sino como un proceso prolongado y difuso: las canciones se mueven entre la memoria y el desgaste emocional, mostrando un pasado que persiste sin idealizarse y un presente marcado por la incertidumbre y la pérdida de referentes. A través de letras fragmentarias y una carga emocional contenida, el disco explora la identidad en tránsito y el aislamiento afectivo, donde lo que no se dice pesa tanto como lo que se expresa, reforzando esa sensación de estar habitando un umbral constante entre lo que ya terminó y lo que aún no comienza, como un eco que se resiste a desaparecer.

La crítica le ha otorgado una media de 86 sobre 100 distribuida de la siguiente manera: The Skinny le otorga la máxima puntuación (100/100) y considera que es uno de los mejores álbumes del año. El resto de valoraciones son muy positivas: AllMusic, No Ripcord, Under The Radar, Sputnikmusic, Clash, Gods is in the TV y XS Noize 90/100; Spectrum Culture 85/100; PopMatters, Mojo y Record Collector 80/100; Pitchfork 73/100 y Uncut 70/100. En esta ocasión estamos muy de acuerdo con esta buena acogida por parte de los otros críticos. Consideramos que es de justicia, incluso.  

Por nuestra parte IT'S THE LONG GOODBYE confirma a THE TWILIGHT SAD como una de las bandas más consistentes y emocionalmente precisas de su generación. Lejos de grandes giros o reinvenciones, el disco apuesta por una depuración del lenguaje propio hasta alcanzar una claridad poco habitual en su trayectoria, sin perder densidad ni oscuridad. Es un trabajo que funciona tanto como culminación de un proceso de maduración artística como posible nuevo punto de partida, y que consolida todas las virtudes que la banda ha ido refinando durante años. Por todo ello, consideramos que se trata de un álbum de un nivel excepcional, al que otorgamos una valoración de 92 sobre 100. Lo siguiente debería ser ese ascenso a la primera plana que llevan años mereciendo.



MEJORES MOMENTOS: GET AWAY FROM IT ALL, DESIGNED TO LOSE, ATTEMP A CRASH LANDING-THEME, WAITING FOR THE PHONE CALL...

MEDIA CRÍTICA: 86/100

NUESTRA VALORACIÓN: 92/100

lunes, 27 de abril de 2026

DENTRO DE LA CABEZA DE SOPHIE MAY.

 



SOPHIE MAY es una cantante y compositora emergente en la escena indie británica. Recientemente ha publicado su álbum debut STARS AND TEETH, consolidando una trayectoria que se ha ido construyendo de manera orgánica desde que sus primeros singles de 2022 empezaron a circular y a llamar la atención dentro del circuito independiente. Su formación inicial en la escritura poética se percibe claramente en unas letras muy personales, cargadas de observación emocional y una sensibilidad narrativa marcada. 

Entre sus influencias confesas se encuentran Adrianne Lenker, Weyes Blood o Angel Olsen, referentes que pueden rastrearse en la base emocional y estética de sus composiciones. Aun así, también comparte afinidades con sensibilidades más contemporáneas como Faye Webster o Eliza McLamb, especialmente en la manera de abordar la intimidad desde una cierta distancia irónica. 

En STARS AND TEETH, despliega una sonoridad que, aunque en la superficie remite al indie folk por el uso de guitarras acústicas, arreglos austeros y una producción contenida, se articula en realidad desde una lógica claramente pop. Las canciones se construyen a partir de estructuras concisas, melodías depuradas y un sentido del gancho sutil pero constante. El envoltorio folk funciona más como un marco tímbrico y emocional -voz cercana, espacio reducido, calidez orgánica- que como una guía compositiva. En este contexto, sus letras irónicas y mordaces encuentran un encaje natural, reforzando la sensación de estar ante un pop minimalista vestido con estética acústica. 

En el plano narrativo, May integra los pensamientos intrusivos no como un tema aislado, sino como la propia materia prima de sus narrativas: aparecen incrustados en el flujo de la canción, irrumpiendo sin aviso, contradiciendo lo que se acaba de afirmar o desviando el sentido emocional en cuestión de segundos. En lugar de ordenarlos o darles una forma claramente explicativa, los deja operar con su lógica caótica, lo que genera una escritura quebrada, llena de giros bruscos, asociaciones inesperadas y momentos de auto-sabotaje verbal. Esa forma de incorporar lo intrusivo -casi como interferencia más que como discurso- refuerza la sensación de mente en bucle, donde la ironía y la mordacidad funcionan tanto como mecanismo de defensa como de exposición, haciendo que la vulnerabilidad nunca sea estable ni del todo fiable.



En este sentido, su aproximación a la salud mental se sitúa en una línea de honestidad contemporánea junto a artistas como Tom Odell o Billie Eilish, aunque desde un ángulo menos orientado a la claridad emocional inmediata. May evita convertir la experiencia en una frase cerrada o fácilmente viralizable: introduce contradicciones internas, matiza sus propios enunciados y rehúye el eslogan emocional. Eso hace que la experiencia sea menos consumible en un video de TikTok y más cercana a una representación real del pensamiento desordenado, que es menos limpia pero también más difícil de instrumentalizar comercialmente. Porque tal y como comentamos cuando escribimos la reseña de Leave The World Behind de Caleb Hearn, hay una tendencia en la música actual de convertir la salud mental un negocio. Este no es el caso. 

Hasta el momento, el álbum ha sido reseñado únicamente por Far Out Magazine, que le otorgó una puntuación de 90 sobre 100. Esa valoración parece apuntar a la sensación de estar ante una identidad ya definida, más que ante una promesa en construcción. 

STARS AND TEETH no depende de un único gancho ni sonoro ni conceptual, sino de la acumulación coherente de elementos: escritura fragmentaria, ironía constante, exploración de la mente intrusiva y una producción deliberadamente contenida. Cada uno de estos factores, por separado, podría parecer propio del indie contemporáneo, pero en conjunto construyen una identidad reconocible y consistente.

El disco gana fuerza precisamente en esa coherencia interna, y su interés crece con las escuchas, cuando lo que inicialmente puede parecer ligero o disperso revela un sistema muy cuidado de decisiones líricas, rítmicas y emocionales. En ese sentido, funciona más como una obra en expansión, que crece a medida que el oyente se adentra en ella.

En conjunto, STARS AND TEETH confirma a SOPHIE MAY como una artista a tener en cuenta dentro del indie británico actual. Su forma de trabajar la escritura, la ironía y la fragmentación mental dentro de estructuras pop muy contenidas le da al disco una identidad propia. Por todo ello, le damos una valoración de 90 sobre 100, una nota que reconoce la calidad y la coherencia de una propuesta que no debería pasar desapercibida.



MEJORES MOMENTOS: Another Song For The End Of The World, Touch Me, Dog Body, My Kind Of Freak...

MEDIA CRÍTICA: 90/100

NUESTRA VALORACIÓN: 90/100

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