El sexto álbum de estudio de THE MILK CARTON KIDS, LOST CAUSE LOVER FOOL, reafirma la esencia del dúo sin introducir cambios significativos en su propuesta sonora. Fieles a su estilo, Kenneth Pattengale y Joey Ryan firman siete de las nueve composiciones del disco, manteniendo ese delicado equilibrio entre armonía vocal y minimalismo acústico que los caracteriza.
Las dos piezas restantes aportan matices externos: Sad Song, escrita por Willie Watson y Morgan Nagler, y Ribbons, obra de Maya Elizabeth de Vitry, se integran con naturalidad en el conjunto sin romper la coherencia del álbum. La producción, a cargo del propio Pattengale, refuerza esa sensación de continuidad y cercanía, apostando por arreglos sobrios que dejan espacio a la intimidad de las canciones.
Más allá de lo técnico, es uno de esos discos para quedarse a vivir en él. Sus nueve canciones parecen escritas desde ese lugar donde las certezas ya no sirven y solo quedan las preguntas que uno se hace en voz baja. No hay urgencia, no hay ruido innecesario; cada acorde y cada silencio están ahí por una razón.
El disco se mueve entre la resignación y la ternura, entre el amor que se resiste a desaparecer y la lucidez de saber que quizás ya es demasiado tarde. Las voces no buscan deslumbrar, sino acompañar, como si cantaran no para el oyente sino con él. Y ahí está la clave: estas canciones no te hablan, te entienden.
No hay canciones de relleno, todo llega a sonar imprescindible. Pero no porque aspire a ser grandioso, sino porque nada pretende ser más de lo que es. Cada tema ocupa su espacio con humildad, construyendo un álbum que fluye como una conversación honesta a medianoche. Incluso las composiciones ajenas encajan como si siempre hubieran pertenecido a este universo.
En lo estilístico, vuelve a ese territorio amplio y algo escurridizo que solemos llamar indie folk, una etiqueta que aquí se queda corta. Más que un género, lo suyo es un lenguaje propio: dos voces que se entrelazan con una naturalidad casi orgánica, sin esfuerzo aparente. Las armonías no buscan destacar, sino desaparecer la una en la otra, generando una sensación de continuidad que se extiende a todo el álbum. Las canciones fluyen sin brusquedad, como si cada una fuera una variación sutil de un mismo estado de ánimo.
No hay giros estilísticos ni voluntad de reinventar el formato; lo que hay es una depuración extrema de su propio sonido que mejora álbum tras álbum. Y sí, puede que no haya nada nuevo en el sentido más evidente. Pero quizás ahí reside precisamente su valor: en insistir, con paciencia y precisión, en una forma de hacer música donde la novedad no es el objetivo, sino la honestidad.
La crítica le ha otorgado una media de 75 sobre 100 distribuida de la siguiente manera: Mojo y The Arts Desk 80/100 y AllMusic y Uncut 70/100. Aunque ya sabemos cómo funciona la crítica generalista con este tipo de trabajos. Si no redefine el sonido de un género, marca un momento cultural o supone una evolución clara del artista. Nunca van a otorgar más nota de las que estamos viendo y si a eso sumamos que se editan unos 1.100 discos cada semana, venir acompañado de una narrativa que destaque sobre los otros discos también ayuda. Pero en este álbum solo encontramos eso que le llaman Labour of Love. Algo que últimamente se infravalora, pero que para nosotros lo es todo.
Por eso pensamos que, al final, es la crítica independiente la que debe valorar este tipo de trabajos: discos sencillos, sin ruido mediático, alejados de la inmediatez, que se acaban convirtiendo en esos pequeños placeres que hacen que la vida merezca la pena. Por nuestra parte, y reivindicando siempre esos placeres, nuestra nota para LOST CAUSE LOVER FOOL es de un 100 sobre 100. Porque para nosotros sí que redefine algo: la coherencia emocional.
MEJORES MOMENTOS: Blue Water, A Friend Like You, I'll Go Home From Here, Ribbons, Sad Song...
La última vez que hablamos de DAVID GRAY fue justo el año pasado, cuando presentaba Dear Life (2025), un álbum al que todavía le queda mucha vida. No esperábamos volver tan pronto a su universo. Pero NIGHTJAR es una excepción en todos los sentidos.
No estamos ante un álbum convencional. Dentro de su discografía, NIGHTJAR se percibe claramente como una rareza.
Para entenderlo hay que volver a Life in Slow Motion, publicado en 2005 bajo Atlantic Records (vía Warner Music Group). Aquel fue un trabajo marcado por una producción ambiciosa, con arreglos orquestales y un enfoque alejado del sonido más orgánico que había definido gran parte de su carrera.
NIGHTJAR no es un “álbum perdido” de aquella época, pero sí nace de allí. Durante esas sesiones quedó bastante material fuera, canciones e ideas que no encajaban en el resultado final. Lo interesante es que Gray no se ha limitado a rescatarlas: las ha revisitado, regrabado y completado desde su sensibilidad actual. Más que un archivo, lo que tenemos aquí es una reinterpretación.
Y eso cambia todo.
Ahora, trabajando desde la independencia, Gray tiene algo que entonces no tenía: control total. Las grabaciones originales pertenecen a la discográfica, pero las canciones siguen siendo suyas. Eso le permite reconstruirlas desde cero, alejándolas de aquella producción grandilocuente y acercándolas a un terreno mucho más íntimo y desnudo.
Ahí es donde NIGHTJAR encuentra su sentido. Lo que en 2005 no encajaba, hoy fluye con naturalidad. Estas canciones parecen haber estado esperando el contexto adecuado.
En lo sonoro, se mueve en un terreno íntimo y contenido, muy alejado de la grandilocuencia de Life in Slow Motion, donde la producción de Marius de Vries y Brian Eno marcaba un carácter mucho más expansivo y orquestal. Aquí, en cambio, el propio DAVID GRAY toma el control del enfoque sonoro y apuesta por arreglos desnudos, con guitarras acústicas, pianos delicados y una producción que evita la saturación y favorece la claridad. Todo está construido alrededor de su voz, que suena cercana, casi confesional, reforzando esa sensación de intimidad constante. No hay artificio ni exceso: cada elemento parece colocado con la intención de acompañar, no de imponerse. El resultado es un sonido orgánico y atemporal que conecta directamente con la esencia más reconocible de su carrera, pero filtrado por una madurez que solo el paso del tiempo puede aportar.
Es fácil pensar que este tipo de lanzamientos están dirigidos únicamente al fan de largo recorrido. Y, en parte, es cierto. Pero NIGHTJAR funciona más allá de eso. Incluso sin conocer su origen, el disco se sostiene por sí mismo: hay cohesión, hay intención y, sobre todo, hay una identidad clara.
Por eso quizás muchos no sepan encasillarlo en las categorías habituales. En AOTY lo han etiquetado como recopilatorio, pero no lo es. Y tampoco es exactamente un nuevo capítulo en su discografía. Es algo intermedio: una obra que mira al pasado, pero que suena plenamente presente.
Y ahí reside su valor.
Hasta el momento, solo Hot Press ha reseñado NIGHTJAR, otorgándole un 80 sobre 100. A nosotros nos resulta un álbum con el que es muy fácil conectar. Nos remite al DAVID GRAY de siempre y, en cierto modo, encajaría de forma natural entre Foundling (2010) y Mutineers (2014), como un puente inesperado entre ambas etapas.
Pero lo verdaderamente importante es que estas canciones han encontrado su momento. Lejos de quedar relegadas a un cajón, hoy cobran una nueva vida con pleno sentido. NIGHTJAR no solo justifica su existencia: la reivindica. Por eso, nuestra valoración se sitúa en un 90 sobre 100 y confirma una vez más a DAVID GRAY como un artista que desde hace tiempo ya no tiene nada que demostrar y sigue encontrando nuevas formas de dar sentido a su propio legado.
MEJORES MOMENTOS:When I Fall In Love, Money, Nightjar, The Easy Way Out, Everybody's Leaving Town, Alive, Long Gone Now, Sacred Ground...
IT'S THE LONG GOODBYE es el sexto álbum de estudio del ahora dúo THE TWILIGHT SAD. Durante años fueron una banda completa (con bajo, batería, teclados…), pero con el tiempo fueron quedando como núcleo James Graham y Andy MacFarlane, que hoy son los dos únicos miembros permanentes y los responsables de la evolución de la banda, ya que ambos son los autores de todos los temas, con la producción de MacFarlane.
Para ser justos, tenemos que decir que la carrera de THE TWILIGHT SAD ha sido impecable. Absolutamente todos sus álbumes han sido bien valorados por la crítica. Pero es precisamente IT'S THE LONG GOODBYE el que está siendo más aclamado. THE TWILIGHT SAD han sido durante años una banda de fondo: muy respetada, con discos consistentemente buenos, pero sin ese momento claro de consenso amplio que los coloque en primera línea. No han tenido un golpe de efecto, sino una trayectoria de crecimiento lento, casi silencioso.
Lo que suele pasar en estos casos es que, con el tiempo, la crítica y el público hacen una especie de relectura: se empieza a ver la discografía como un todo coherente, sin grandes bajones, y eso pesa mucho. IT'S THE LONG GOODBYE puede estar funcionando como ese punto de cristalización donde todo encaja. No necesariamente porque sea radicalmente distinto, sino porque llega en el momento adecuado y con una identidad muy depurada. El disco puede leerse como ese posible punto de inflexión que da paso a un ascenso de nivel.
La sonoridad de IT'S THE LONG GOODBYE se mueve en un territorio denso y emocional donde las etiquetas habituales -shoegaze, darkwave o gothic rock- funcionan más como puntos de partida que como descripciones cerradas: hay capas de guitarras y sintetizadores que envuelven la voz en una niebla melancólica, sí, pero también una tensión heredera del noise pop de The Jesus and Mary Chain y una construcción atmosférica más cercana al art rock que a cualquier ortodoxia de género. En ese sentido, la etiqueta de post-punk revival resulta quizá la más discutible, porque sugiere una relación directa con fórmulas rítmicas o estilísticas que aquí no son centrales, cuando en realidad lo que domina es la textura emocional y la expansión atmosférica más que la herencia punk en sí. THE TWILIGHT SAD no se limitan a recrear estilos, sino que los disuelven en un lenguaje propio, combinando la introspección del indie contemporáneo con un eco distante de la elegancia sombría de los ochenta -esa que recuerda, sin imitar, a Talk Talk o Japan-, logrando así un sonido que es a la vez expansivo y contenido, nostálgico sin ser meramente retro.
En IT'S THE LONG GOODBYE, se construye una narrativa profundamente existencial en la que la despedida no aparece como un acto puntual, sino como un proceso prolongado y difuso: las canciones se mueven entre la memoria y el desgaste emocional, mostrando un pasado que persiste sin idealizarse y un presente marcado por la incertidumbre y la pérdida de referentes. A través de letras fragmentarias y una carga emocional contenida, el disco explora la identidad en tránsito y el aislamiento afectivo, donde lo que no se dice pesa tanto como lo que se expresa, reforzando esa sensación de estar habitando un umbral constante entre lo que ya terminó y lo que aún no comienza, como un eco que se resiste a desaparecer.
La crítica le ha otorgado una media de 86 sobre 100 distribuida de la siguiente manera: The Skinny le otorga la máxima puntuación (100/100) y considera que es uno de los mejores álbumes del año. El resto de valoraciones son muy positivas: AllMusic, No Ripcord, Under The Radar, Sputnikmusic, Clash, Gods is in the TV y XS Noize 90/100; Spectrum Culture 85/100; PopMatters, Mojo y Record Collector 80/100; Pitchfork 73/100 y Uncut 70/100. En esta ocasión estamos muy de acuerdo con esta buena acogida por parte de los otros críticos. Consideramos que es de justicia, incluso.
Por nuestra parte IT'S THE LONG GOODBYE confirma a THE TWILIGHT SAD como una de las bandas más consistentes y emocionalmente precisas de su generación. Lejos de grandes giros o reinvenciones, el disco apuesta por una depuración del lenguaje propio hasta alcanzar una claridad poco habitual en su trayectoria, sin perder densidad ni oscuridad. Es un trabajo que funciona tanto como culminación de un proceso de maduración artística como posible nuevo punto de partida, y que consolida todas las virtudes que la banda ha ido refinando durante años. Por todo ello, consideramos que se trata de un álbum de un nivel excepcional, al que otorgamos una valoración de 92 sobre 100. Lo siguiente debería ser ese ascenso a la primera plana que llevan años mereciendo.
MEJORES MOMENTOS: GET AWAY FROM IT ALL, DESIGNED TO LOSE, ATTEMP A CRASH LANDING-THEME, WAITING FOR THE PHONE CALL...