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martes, 29 de septiembre de 2026

THE DARLING BUDS MÁS ACTUALES QUE NUNCA.


Hay algo especialmente bonito en que THE DARLING BUDS hayan tardado más de treinta años en publicar su cuarto álbum y que, cuando por fin lo hacen, no parezca que necesitan pedir permiso a nadie. SAME SUN / SAME SKY llega treinta y cuatro años después de Erotica (1992), pero no se presenta como una pieza de museo ni como el típico disco de reunión que intenta convencernos de que el tiempo no ha pasado. Al contrario: escuchándolo, tenemos la sensación de que el tiempo ha pasado precisamente para que puedan hacer ahora el disco que entonces no les dejaban hacer. 

La historia importa porque explica buena parte de lo que estamos escuchando. Después de Erotica, THE DARLING BUDS se trasladaron a Los Ángeles y empezaron a trabajar en las canciones que debían convertirse en su siguiente álbum. Llegaron incluso a grabar demos con Roy Bittan, teclista de la E Street Band, pero la relación con su discográfica se complicó hasta el punto de que la banda perdió el apoyo del sello. El proyecto quedó bloqueado y terminaron separándose. No fue tanto una banda que hubiera agotado sus posibilidades como una banda que se encontró en el lugar equivocado dentro de una maquinaria discográfica que ya no sabía qué hacer con ella. 

Después cada uno siguió con su vida. Andrea Lewis se dedicó a la interpretación, la televisión, la radio y a su trabajo con jóvenes; los demás fueron construyendo también sus propias carreras. THE DARLING BUDS quedaron durante años como una historia que había terminado demasiado pronto. La reunión de 2010, propiciada por un homenaje al desaparecido John Sicolo, propietario de TJ's en Newport, no estaba pensada como el comienzo de una segunda carrera. De aquello surgieron conciertos, nuevas canciones, el EP Evergreen en 2017 y finalmente, después de recuperar su catálogo y sus grabaciones inéditas, este álbum. 

Por eso no necesitamos entender SAME SUN / SAME SKY como el regreso de una banda que llevaba treinta años esperando este momento. Es más bien el resultado de haber descubierto, con el paso del tiempo, que todavía les apetecía tocar juntos y que todavía tenían muchas canciones que darnos. Ahora THE DARLING BUDS afrontan la música de una manera muy distinta a la de sus primeros años: cada uno tiene su vida, no necesitan que la banda les dé de comer y pueden acercarse a ella con mucha menos presión. 

Quizás esa libertad sea una de las razones por las que el disco suena con tanta seguridad. Y suena, sobre todo, actual. No actual en el sentido de incorporar sonidos que nos permitan identificarlo inmediatamente como un disco de 2026. Todo lo contrario. SAME SUN / SAME SKY es indie rock, guitarra, melodía, batería y canciones. El ADN de finales de los ochenta y principios de los noventa está ahí, inevitablemente, pero no estamos ante un ejercicio de nostalgia. 

No hay una reconstrucción artificial de Pop Said... (1998) ni un intento de reproducir la estética de 1990. Las guitarras tienen ese punto de jangle y de ruido pop, los estribillos son enormes, Andrea Lewis sigue cantando con una naturalidad que hace que todo parezca sencillo y la banda conserva esa capacidad para moverse entre la energía guitarrera y las canciones más luminosas sin perder su identidad. Lo curioso es que, escuchado sin conocer la historia del grupo, SAME SUN / SAME SKY podría funcionar perfectamente como el descubrimiento de una banda nueva. 

Eso es lo que más nos gusta del disco. Suena a indie rock de 2026 que casualmente procede de músicos que ya estaban haciendo esto hace treinta años. Y aquí aparece una de esas paradojas que el indie actual nos ofrece constantemente: muchas fórmulas que hoy se presentan como modernas ya estaban perfectamente desarrolladas cuando THE DARLING BUDS, The Breeders o Veruca Salt estaban publicando discos. Lo que ha cambiado es el contexto, no necesariamente el lenguaje. 





La producción refuerza esa sensación. No se ha llamado a ningún productor externo. El trabajo aparece esencialmente en manos de THE DARLING BUDS. Después de una primera vida en la que tuvieron que trabajar con productores y estructuras discográficas que marcaban buena parte de sus movimientos --Pat Collier en Pop Said... (1988), Stephen Street en Crawdaddy (1990) y Erotica (1992)-, resulta significativo que este nuevo álbum no necesite un nombre ajeno que certifique su actualidad. La propia banda controla el resultado. No sabemos hasta qué punto esta decisión fue deliberada como respuesta a sus experiencias anteriores, pero nos resulta difícil no verlo así: después de haber aprendido a base de golpes cómo funciona una discográfica, ahora pueden decidir ellos mismos qué quieren que sea THE DARLING BUDS. 

También resulta significativo que el núcleo compositivo siga estando en Andrea Lewis y Harley Farr, la pareja que había construido buena parte de la identidad de la banda desde sus primeros años. No estamos, por tanto, ante músicos veteranos intentando fabricar canciones que imiten las de su juventud, sino ante una forma de escribir que ha sobrevivido al paréntesis y que ahora se encuentra con una formación que conoce perfectamente el lenguaje del grupo. Esa continuidad explica que canciones como Hey Saint Jude, Intruder, Oh No You Don't o Lost Time entren con tanta facilidad, mientras que temas como Giddy in a Good Way o Leaving the Scene demuestran que no todo depende de la velocidad y las guitarras. 

Hay además algo que agradecemos especialmente: el disco no parece estar pidiendo disculpas por ser un disco de guitarras. No intenta modernizarse mediante adornos innecesarios ni necesita esconder sus influencias. Las canciones funcionan porque están bien escritas con estribillos precisos y Andrea Lewis continúa teniendo una voz perfectamente reconocible. La experiencia se nota, pero no como una capa de solemnidad. Se nota en la seguridad. 

La recepción crítica ha sido buena, aunque aquí aparece una pregunta interesante. Ha conseguido una media de 78 sobre 100 a partir de las reseñas publicadas por medios como AllMusic, Record Collector y God Is in the TV 80/100 y Uncut 70/100. Resulta respetable para un disco que, por su propia naturaleza, tiene todas las papeletas para ser juzgado con un cierto descuento por nostalgia. AllMusic, de hecho, ha sido especialmente entusiasta con el resultado y ha señalado que la banda conserva intactas tanto la energía como la capacidad melódica. Pero no sabemos hasta qué punto estas reseñas están valorando SAME SUN / SAME SKY como un disco de 2026 o como el nuevo álbum de THE DARLING BUDS. Probablemente hacen las dos cosas a la vez. 

Y esa es una diferencia importante. Si lo escuchamos únicamente como el cuarto disco de una banda que tuvo tres álbumes entre 1988 y 1992, la comparación histórica resulta inevitable. Si lo escuchamos como un disco de indie rock publicado en 2026, la perspectiva cambia bastante. 

Ya no tenemos que preguntarnos si supera a Pop Said... o si reproduce el encanto de Crawdaddy. Solo tenemos que preguntarnos si las canciones funcionan. Para nosotros, funcionan. Y funcionan lo suficiente como para que la historia del regreso pase a un segundo plano después de unas cuantas escuchas. Hay canciones efectivas, melodías que permanecen y una colección sorprendentemente compacta en la que cuesta encontrar relleno. 

SAME SUN / SAME SKY no necesita que sepamos que han pasado treinta y cuatro años desde Erotica para funcionar, aunque conocer esa historia haga que algunas cosas tengan un significado especial. Quizás ahí esté su mayor mérito. THE DARLING BUDS no han vuelto para recrear el indie de los noventa. Han vuelto y se han encontrado con que el indie que ellos ayudaron a construir todavía existe. Lo escuchamos hoy en muchas bandas que probablemente ni siquiera necesitan reconocer todas esas influencias para utilizarlas, del mismo modo que nosotros podemos escuchar ahora SAME SUN / SAME SKY sin convertirlo en una pieza nostálgica. 

Y eso hace que el disco resulte mucho más interesante que un simple regreso. Mientras algunas de aquellas bandas clásicas quedaron atrapadas en su momento, THE DARLING BUDS han podido continuar desde donde se quedaron. No han necesitado abandonar sus guitarras, sus melodías ni su forma de entender una canción pop para sonar contemporáneos. Quizás simplemente necesitaban que les dejaran hacerlo a su manera. Y ahora que por fin han podido, el resultado es un disco notable, muy recomendable incluso para quienes no tengan ninguna relación sentimental con los THE DARLING BUDS de 1989. Nuestra valoración para SAME SUN / SAME SKY es de 85 sobre 100. 



MEJORES MOMENTOS: Hey Sant Jude, Intruder, Lost Time, Oh No You Don't, Giddy in a Good Way, Leaving the Scene... 

MEDIA CRÍTICA: 78/100

NUESTRA VALORACIÓN: 85/100

lunes, 28 de septiembre de 2026

JULIA JACKLIN Y LA TEORÍA DEL AS EN LA MANGA.

 



Hay algo que nos ha ocurrido con JULIA JACKLIN desde que escuchamos Pool Party por primera vez: sabemos inmediatamente cuándo estamos ante una canción suya. No porque se haya quedado atrapada en una fórmula, sino porque ha construido una identidad propia lo suficientemente fuerte como para que sus canciones puedan reconocerse desde las primeras notas. 

Han pasado cuatro años desde Pre Pleasure (2022) y llegamos a THE GEM después de una discografía prácticamente irreprochable. Don't Let the Kids Win (2017) ya mostraba a una compositora con una personalidad enorme. Después llegó Crushing (2019), un disco que sigue siendo para muchos su gran referencia y al que nosotros dimos un 95/100. Y después Pre Pleasure, que para nosotros supuso un paso adelante y terminó con un 100/100. 

Con cada disco hemos tenido una sensación muy concreta: Jacklin siempre se guardaba un as en la manga. Cuando creíamos que ya sabíamos qué podía ofrecer, aparecía algo nuevo. No necesariamente una ruptura radical con lo anterior, sino una nueva manera de entender sus canciones, de ampliar su mundo o de llevar más lejos alguna de sus obsesiones. 

Con THE GEMS, después de varias escuchas iniciales, esa sensación no ha aparecido de la misma manera. No sentimos que Jacklin se haya reinventado. Tampoco creemos que tenga que hacerlo. Lo que sí sentimos es que, por primera vez, estamos escuchando un disco suyo sin identificar inmediatamente cuál es ese elemento que nos hace pensar que acaba de dar otro paso adelante. Y, sin embargo, seguimos teniendo la sensación de que hay algo aquí que todavía no hemos terminado de descubrir. 

Las etiquetas de Indie Rock y de cantautora siguen describiendo perfectamente el universo de Jacklin. No tendría sentido que desaparecieran porque forman parte de su manera de escribir y de interpretar desde el principio. Pero en THE GEM aparece una etiqueta que hasta ahora no habíamos visto acompañando de esta manera a sus cuatro discos: Alt-Country. Y quizás no sea casualidad. 

Hay algo más desnudo en estas canciones, una mayor atención a la guitarra y a las raíces folk y country que siempre estuvieron presentes en la obra de Jacklin, pero que aquí parecen ocupar un lugar algo más importante. No estamos ante una transformación que nos obligue a hablar de una nueva JULIA JACKLIN. Seguimos reconociéndola inmediatamente. La diferencia está en cómo se reorganizan algunos de los elementos que ya conocíamos. 

Puede que ese sea uno de los ases que todavía no hemos terminado de ver. Porque quizás el cambio de THE GEM no consiste en añadir un nuevo territorio, sino en profundizar en uno que ya estaba ahí. Después de la amplitud de Pre Pleasure, volver a una formación más contenida y a un sonido con mayor cercanía puede parecer, en principio, un movimiento pequeño. Pero escuchando el disco varias veces empezamos a pensar que precisamente ahí puede estar parte de su recorrido. 

Jacklin es una enorme escritora. A estas alturas nos parece difícil discutirlo. Y quizás una de las cosas que más admiramos de ella es que nunca necesita complicar artificialmente sus historias para hacerlas importantes. 

Hay algo en ella que nos parece particularmente difícil de conseguir: escribe de manera muy directa sin que sus canciones sean sencillas. Una anécdota aparentemente pequeña puede acabar abriendo una pregunta enorme sobre identidad, amor, responsabilidad, religión, dependencia o libertad. Y además tiene una cualidad narrativa que hace que sus discos se puedan escuchar casi como capítulos de una misma conversación consigo misma. THE GEM vuelve a funcionar de esa manera. 

La libertad y el deseo de independencia atraviesan buena parte del disco, pero nunca aparecen como una respuesta definitiva. Brand New parece plantear la necesidad de empezar de cero, de desprenderse de lo anterior, mientras que canciones como God Sometimes e If I Had The Hand Of God complican inmediatamente esa idea. Jacklin puede querer controlar su propia vida, pero también se pregunta qué significa realmente tener ese control y qué haríamos si dispusiéramos de un poder absoluto. 

La religión vuelve a aparecer, aunque de una forma diferente a como lo hacía en Pre Pleasure. También está la vigilancia, la responsabilidad hacia los demás y la dificultad de conciliar el deseo de ser libre con el hecho de que nuestras decisiones afectan a quienes tenemos cerca. 

Real Life convierte algo aparentemente insignificante en una reflexión sobre el cuidado y la responsabilidad. Walk On Me lleva las relaciones hacia un lugar mucho más incómodo. Y I Wish parece mirar hacia atrás desde una posición distinta, como si después de intentar resolver tantas cosas por sí misma Jacklin estuviera reconociendo también la necesidad de los demás. 

Todo esto hace que el álbum tenga una cohesión que no siempre depende de que las canciones suenen iguales. Existe una conversación interna entre ellas y, cuanto más conocemos el universo de Jacklin, más fácil resulta detectar esas conexiones. 




En la parte técnica encontramos a JULIA JACKLIN como autora de todas las canciones y también como productora, trabajando junto a Robert Muiños en la producción. 

La presencia de Muiños nos interesa especialmente después del extraordinario trabajo que ha hecho con Rowena Wise. Wise y Jacklin son artistas diferentes, aunque históricamente se las haya comparado, y precisamente por eso resulta interesante observar cómo trabaja Muiños cuando se encuentra delante de dos compositoras con una personalidad tan marcada. Con Rowena Wise sentimos una relación especialmente simbiótica, casi como si productor y artista estuvieran construyendo conjuntamente un lenguaje. 

En THE GEM la sensación es distinta. Este es, ante todo, un disco de JULIA JACKLIN. Muiños parece estar ahí para acompañar, encontrar el espacio adecuado para las canciones y ayudar a que lleguen a donde tienen que llegar, pero no sentimos que su identidad se imponga sobre la de Jacklin (en ningún momento se impone tampoco a la de Wise). Y eso tiene mucho sentido teniendo en cuenta las condiciones en las que se grabó el álbum. 

El estudio de Muiños, situado sobre The Gem, el pub de Melbourne que da título al disco, no parece haber sido un espacio completamente aislado del mundo. Jacklin ha hablado de lo vivo que era aquel lugar, con gente entrando y saliendo y con las limitaciones propias de un espacio que no funcionaba como un estudio convencional. En lugar de convertirse en un problema, esas circunstancias parecen haber contribuido a la libertad con la que se hizo el álbum. 

La colaboración con The Maes también resulta especialmente significativa. Su presencia en el tramo final del disco aporta una sensación de compañía que encaja con las preguntas que recorren THE GEM: después de hablar tanto de independencia, quizás no se trata de elegir entre estar solos o estar acompañados, sino de descubrir cómo queremos relacionarnos con los demás. 

THE GEM ha conseguido una media crítica de 79 sobre 100 distribuida de la siguiente manera: Hot Press 85/100; musicOMH, Under the Radar, Slant Magazine, The Guardian, Uncut, Mojo, Dork y Record Collector 80/100; Paste 75/100; AllMusic, The Line of Best Fit, Spill Magazine y Far Out Magazine 70/100. 

La recepción, por tanto, es buena. No estamos ante un disco que la crítica haya recibido con indiferencia. Pero sí existe una diferencia con la trayectoria anterior de Jacklin. Don't Let the Kids Win terminó con 78/100 puntos de media, mientras que Crushing obtuvo los 84/100 y Pre Pleasure 83/100. Es decir, THE GEM parte por ahora de una valoración inferior a la de sus dos trabajos anteriores más celebrados. 

Nos parece importante, sin embargo, poner estos números en contexto. El disco acaba de salir y las reseñas todavía están llegando. Por eso no creemos que esta fotografía inicial permita sacar demasiadas conclusiones. Además, las diferencias entre un 79, un 83 y un 84 no son precisamente abismales. Lo que sí parece claro es que la atención crítica hacia Jacklin continúa intacta. 

Lo que nos sorprende es que, después de escucharlo, nuestra impresión sea incluso más positiva. Ahora mismo podríamos darle un 92 sobre 100. Y decimos "ahora mismo" porque no tenemos ninguna intención de fingir que después de las escuchas iniciales para poder escribir esta reseña conocemos ya todas las respuestas que plantea este disco. No sabemos todavía si es mejor que Pre Pleasure, ni siquiera necesitamos saberlo. Sabemos que Pre Pleasure fue un 100/100 para nosotros y que Crushing un 95/100. THE GEM se queda, de momento, en un 92/100. Es una diferencia pequeña y, sobre todo, provisional. 

Lo que sí tenemos bastante claro es que nos parece un disco bastante mejor de lo que se está diciendo. Quizás el tiempo termine dándonos la razón. Quizás no. Pero tenemos la sensación de que THE GEM es uno de esos álbumes que puede ir ganando espacio poco a poco. No porque necesite una segunda oportunidad, sino porque sus canciones parecen tener una vida propia que no depende completamente de la primera impresión del conjunto. 

The Hardest Thing, If I Had The Hand Of God, I Wish y Get Away From Me (I Think I'll Love You Soon) son ya nuestras favoritas. Y eso dice bastante de Jacklin: el álbum consigue cohesión, pero sus canciones sobreviven perfectamente fuera de él. Podemos sacar cualquiera de ellas y sigue funcionando como una pieza completa, con su propia personalidad y su propia historia. 

Eso es algo que Jacklin lleva haciendo durante toda su carrera. Sus discos pueden tener una narrativa y una arquitectura muy cuidadas, pero sus canciones no necesitan estar dentro de ese contexto para justificar su existencia. Y hay algo más que nos parece significativo: nos gusta THE GEM más que algunos de los discos más aclamados de este año. No necesitamos convertir esa comparación en una competición. Simplemente nos sirve para explicar hasta qué punto creemos que el cuarto álbum de JULIA JACKLIN está siendo infravalorado en estas primeras horas de vida. 

Seguimos esperando encontrar ese as que Jacklin siempre parecía esconder. Quizás esté en el alt-country. Quizás en la producción de Muiños. Quizás en la narrativa que todavía estamos terminando de descifrar. O quizás esté, sencillamente, en unas canciones que todavía no han terminado de enseñarnos todo lo que tienen dentro. De momento, THE GEM es un 92 sobre 100. Y tenemos la sensación de que dentro de un tiempo volveremos a esta reseña y entenderemos mucho mejor por qué.



MEJORES MOMENTOS: The Hardest Thing, If I Had The Hand Of God, I Wish, Get Away From Me (I Think I'll Love You Soon)... 

MEDIA CRÍTICA: 78/100

NUESTRA VALORACIÓN: 92/100

viernes, 25 de septiembre de 2026

WASIA PROJECT: UN DEBUT BRILLANTE.

 


Llegar a WASIA PROJECT después de Heartstopper era casi inevitable. William Gao consiguió una enorme visibilidad interpretando a Tao y, además, ur so pretty, la canción que compuso e interpretó junto a su hermana Olivia Hardy, apareció en la banda sonora de la serie y terminó llegando a muchísima gente. Difícil imaginar una carta de presentación mejor. Aunque también podría haberse convertido en una trampa. 

Porque cuando una serie te da una exposición de ese calibre, es fácil que el público se quede con la primera imagen. Y más todavía cuando uno de los integrantes del proyecto musical forma parte del reparto. William podría haberse convertido, sin quererlo, en “Tao haciendo música”, y WASIA PROJECT en ese grupo que conocimos gracias a Heartstopper. No habría sido extraño. Lo complicado era conseguir que, una vez pasada la curiosidad inicial, alguien escuchara el disco sin estar pensando en la serie. Con NOCTURNE nos dan razones de sobra para hacerlo. 

WASIA PROJECT son William y Olivia, dos hermanos que son músicos, componen todas las canciones de este proyecto junto a Declan Gaffney y además tienen perfiles bastante diferentes dentro del dúo. William toca el piano y también canta, aunque su voz no suele ocupar el centro con la misma frecuencia que la de Olivia que tiene una presencia vocal enorme y es fácil que nuestros oídos se vayan hacia ella incluso cuando sabemos que detrás de muchas de las canciones hay un trabajo compartido. 

Aquí nos viene a la cabeza, salvando todas las distancias, The Carpenters. Richard era una pieza fundamental en la construcción musical del grupo, pero Karen acabó siendo inevitablemente el rostro y la voz que el público asociaba con ellos. En los dúos y grupos ocurre muchas veces: cuando una voz destaca especialmente, termina llevándose buena parte de las miradas. En WASIA PROJECT sucede algo parecido con Olivia. 

La paradoja está en que, si nuestros ojos se fijan especialmente en William, muchas veces no es por la música sino porque seguimos viendo a Tao. Dentro de WASIA PROJECT, su papel es bastante menos dominante de lo que podría sugerir su popularidad. Y eso nos gusta. Olivia no está ahí para acompañar al actor famoso y William tampoco parece necesitar que su carrera como actor marque las reglas del dúo. 

La verdad es que han sabido aprovechar muy bien esa atención inicial. Incluso en sus redes sociales se percibe que WASIA PROJECT no es un proyecto secundario colocado al lado de la interpretación. La música está en el centro. Y eso importa, porque antes de que NOCTURNE pudiera convencernos como álbum, ellos tenían que convencernos de que querían ser tomados en serio como músicos. El disco hace el resto. 

Lo primero que llama la atención es su variedad. Alt-pop, chamber pop, electropop, singer-songwriter, dream pop, art pop, progressive pop. Son muchas etiquetas, sí, pero aquí no parecen una colección de palabras puestas al azar. Las encontramos todas en mayor o menor medida. Hay canciones electrónicas, momentos mucho más íntimos, baladas etéreas, arreglos de cámara y cambios de registro que podrían haber convertido el álbum en un cajón de sastre. Pero eso es algo que no ocurre. 

Y es que NOCTURNE consigue algo bastante difícil: ser variado sin perder cohesión. Podemos pasar de una canción muy cercana al pop electrónico a otra donde el piano y la voz ocupan prácticamente todo el espacio, y seguimos teniendo claro que estamos escuchando a WASIA PROJECT. No necesitamos que todas las canciones se parezcan para reconocerlas. 

Even If I Tried es especialmente reveladora. No solo es el único corte en el que William lleva completamente la voz principal, sino que además es una de las canciones más discordantes respecto al resto del álbum. Tiene otra personalidad. Escuchándola resulta inevitable preguntarnos qué camino musical podría tomar William si algún día hiciera música sin Olivia. No porque pensemos que eso vaya a suceder, sino porque la canción deja claro que dentro de WASIA PROJECT conviven sensibilidades diferentes. 

Y entonces aparece Moon Goddess. Cuatro minutos instrumentales en un disco de pop pueden ser una apuesta peligrosa. Si la pieza no tiene suficiente entidad, la escucha se detiene en seco. Aquí no. Moon Goddess no es un interludio ni una transición entre canciones. Es un corte por derecho propio. 

Durante los primeros minutos tenemos el piano y unos coros muy leves. Poco a poco, la pieza va creciendo y en la parte final aparecen los violines, cambiando completamente su dimensión. Es precioso. Y cuanto más la escuchamos, más sentido nos hace relacionarla con el propio título del álbum. Nos resulta difícil no pensar en el nocturno de tradición clásica: el piano, el carácter íntimo, la sensación de contemplación y esas cuerdas que terminan ampliando la pieza. 






No podemos asegurar que NOCTURNE se llame así exclusivamente por Moon Goddess, pero nos gusta pensar que existe una conexión. Al fin y al cabo, si hay una canción que parece condensar en cuatro minutos buena parte de la estética del álbum, es esta. Además, ayuda a entender que NOCTURNE no sea simplemente una colección de baladas bonitas y atmosféricas. Hay bastante más. Y la producción tiene mucho que ver con ello. 

St Francis Hotel ha acompañado a WASIA PROJECT desde el principio y su trabajo en NOCTURNE merece una mención especial. La producción es ambiciosa, pero no se siente sobreproducida. Hay electrónica, piano, coros, cuerdas y otros arreglos que amplían considerablemente lo que podemos escuchar cuando vemos al dúo en directo, donde muchas veces William está con un teclado y poco más mientras Olivia sostiene las canciones con su voz. 

Ese contraste es muy revelador. Las canciones funcionan desnudas y, en el estudio, crecen. St Francis Hotel no parece interesado en taparlas bajo capas y capas de producción, sino en descubrir hasta dónde pueden llegar. El resultado tiene un sello bastante reconocible: variedad, cohesión y una dimensión cinematográfica que aparece constantemente. 

Y es que NOCTURNE provoca imágenes. Algunas canciones parecen escenas. Otras tienen algo de secuencia de película. Hay momentos de intimidad y otros en los que todo se abre. Incluso Moon Goddess, sin una palabra, parece contarnos algo. Es un disco que puede dar muchísimo juego visualmente y nos cuesta no imaginar qué podrían hacer con algunos de estos temas si decidieran construir videoclips verdaderamente ambiciosos alrededor de ellos. 

También por eso entendemos la lectura narrativa que hace Dork del álbum. Su interpretación sigue un recorrido de emoción, movimiento, duda, reflexión y finalmente descanso. La verdad es que nos parece una forma bastante acertada de entender buena parte de NOCTURNE. Una noche empieza con excitación, continúa con movimiento y encuentros, en algún momento aparecen las dudas y llega la parte más introspectiva. Después, cuando todo termina, queda el descanso. 

Pero nosotros no creemos que NOCTURNE termine en ese punto. Porque Wildfire, el corte que cierra el álbum, nos resulta demasiado intenso como para entenderlo como un simple descenso hacia la calma. Al contrario. Lo sentimos como una culminación. Hay algo apoteósico en esa canción, una sensación de que después de todo lo ocurrido durante el disco todavía queda un último momento de intensidad antes de que se apaguen las luces. 

Por eso modificaríamos ligeramente el arco de Dork. Para nosotros sería más bien emoción, movimiento, duda, reflexión y finalmente liberación. El descanso puede estar cerca, pero todavía no ha llegado. Es como salir de una fiesta cuando ya empieza a amanecer y, justo antes de marcharnos, mirar atrás una última vez y comprobar que todavía queda una canción sonando. Quizás sea precisamente esa última canción la que más recordemos. 

La recepción crítica confirma, además, que WASIA PROJECT han conseguido algo que no era tan sencillo como podría parecer. Un 80 sobre 100 que comparten medios como DIY, Clash y Dork es una recepción muy sólida para un debut, especialmente teniendo en cuenta el contexto del que parten. La popularidad que proporciona una serie como Heartstopper puede abrir muchas puertas, pero también puede provocar una estampida por parte de la crítica "seria". 

Aquí ocurre lo contrario. NOCTURNE les ha obligado a prestar atención. Y creemos que ellos mismos han ayudado mucho a que eso suceda. William podría haber dejado que su imagen como actor dominara toda la conversación alrededor de WASIA PROJECT, pero han hecho bastante para que la música tenga su propio espacio. Si alguien llega por Tao de Heartstopper, encuentra a William y Olivia haciendo algo que claramente se toman en serio. 

Después de escuchar el álbum, lo que queda no es la sensación de haber descubierto un proyecto paralelo de un actor conocido. Queda la impresión de haber encontrado un dúo con una identidad propia, dos músicos que todavía tienen mucho terreno por explorar y una manera bastante particular de mezclar pop, electrónica, música de cámara y elementos más clásicos. 

Y quizás lo que más nos convence de NOCTURNE sea precisamente eso: no parece un punto de llegada. Parece el comienzo. Nos parece un debut impresionante, ambicioso y mucho más rico de lo que podría sugerir una primera escucha. Hay canciones magníficas, decisiones de producción muy cuidadas y una personalidad que empieza a distinguirse con claridad. Y también hay margen para crecer. Mucho.

Si WASIA PROJECT continúan desarrollando todo lo que aquí apenas empiezan a insinuar, podemos estar ante un dúo de referencia. Por ahora, NOCTURNE es una magnífica carta de presentación y, sobre todo, una demostración de que aquella canción que conocimos gracias a Heartstopper era solamente el principio. Nuestra nota es un 86 sobre 100.



MEJORES MOMENTOS: Moon Goddess, Wildfire, Even If I Tried, Strike Me Down From Heaven, 2515, Bleeding Gold... 

MEDIA CRÍTICA: 80/100

NUESTRA VALORACIÓN: 86/100

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