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lunes, 4 de mayo de 2026

IN TIMES OF DRAGONS: TORI AMOS SIGUE ESCRIBIENDO SU PROPIA MITOLOGÍA.

 


Había muchísima expectación con IN TIMES OF DRAGONS, primero porque un nuevo disco de TORI AMOS siempre es un acontecimiento y no publicaba un álbum de estudio desde Ocean To Ocean (2021) y segundo porque es un álbum sobre poder, corrupción y abuso estructural que viene acompañado de una narrativa sobre la fragilidad de la democracia, un tema candente en esta segunda era Trump y como la propia Tori comentaba en una entrevista que concedió a Paste: "Nadie me necesitaba cuando los Obama estaban en el poder. Seamos realistas". 

Es cierto que estamos ante otro nuevo álbum conceptual con la política de trasfondo como ya ocurriera con American Doll Posse (2007) en el que ajustaba cuentas con George Bush. Pero ya sabéis que TORI AMOS suele ser compleja a la hora de escribir y puede crear todo un universo mezclando esa trama política con autoficción, mitología celta, reptilianos, hasta crear una ópera magna de más de diez personajes, como es el caso de IN TIMES OF DRAGONS.

Hasta el punto que se tiene la sensación de que si ella no nos contara en sus entrevistas la temática de sus discos y la prensa especializada no se dedicara a explicarlos, seguramente nos daríamos de bruces contra unas letras crípticas repletas de enigmas por descifrar, especialmente si eres hispanohablante y no tienes un dominio del inglés aceptable para esto. En estos casos es mejor dejarse llevar y escucharlo como si estuviésemos viendo una de esas películas de David Lynch que te hacen sentir mil emociones, aunque no sepas del todo lo que está pasando. Porque es muy difícil que este disco no te remueva nada por dentro con tan solo una escucha. Aunque no estés entendiendo absolutamente nada.

Musicalmente sigue siendo TORI AMOS y esto implica una arquitectura compositiva superior a la media. Por eso decíamos que es imposible que este álbum te deje indiferente. Es cierto, que como ella ha reconocido en sus entrevistas, el tiempo ha hecho mella en su voz. Pero ha sabido adaptarse a esa novedad fisiológica sacándole el mayor partido posible. Sus graves nunca han sonado mejor. 

En este álbum encontramos un eco a tres álbumes de su discografía, uno ya lo hemos citado antes: American Doll Posse (2007); el otro es Scarlet's Walk (2002) porque en IN TIMES OF DRAGONS asistimos a un viaje iniciático por América; y el tercero, y al que más puede recordar, es Boys For Pele (1996) por su marcado tono feminista y porque recupera el famoso clavecín de Tallulah en canciones como Provincetown o Blue Lotus dos de los grandes momentos del disco. 




Lo interesante de TORI AMOS es que es una excelente storyteller y consigue álbumes con un arco narrativo perfectamente cohesionado. Pero luego las canciones tienen alma propia para poder sobrevivir fuera de ese contexto. Un ejemplo es Shush el corte que abre el álbum; un tema estremecedor que gana con cada nueva escucha que habla de abusos de poder, haciéndote pensar sin querer en Epstein. O incluso en el Me Too y esas mujeres silenciadas por el poder patriarcal. Hay un momento en el que, con un simple "Thanks Courtney", le está diciendo a Courtney Love: "Gracias hermana, porque fuiste la primera en ver cosas que no vimos y nadie te creyó. Yo si te creo". 

O ese final tan sentido y verdadero con 23 Peaks que es la gran apoteosis de este álbum y el final del viaje con su mutación en mujer dragón. Es una apuesta muy arriesgada donde llama más la atención cómo está cantada que como está compuesta. Amos está al borde del desgarro en cada momento, sin red de seguridad. Es, sobre todo, una canción que únicamente la podría cantar TORI AMOS, no admitiría versión posible. Muchos la están alabando en sus reseñas y nosotros no queremos crear hype al respecto. Solo diremos que es una canción culmen que va a dar tanto que hablar como Yes, Anastasia (Under The Pink) y se va a revalorizar con el tiempo, como ha ocurrido con toda su obra. El resto del viaje entre esos dos puntos está repleto de buenas canciones como Provincetown, Gasoline Girls, Veins, Strawberry Moon, Song Of Sorrow o Stronger Together.     

El álbum está producido por TORI AMOS aunque tiene acreditados a Mark Hawley, Adrian Hall y Jon Astley como mezcladores. En el apartado compositivo, todo el disco corre a cargo de TORI AMOS y su arreglista de grabación John Philip Shenale. Cabe destacar que hay cuatro canciones (Veins, Strawberry Moon, Song Of Sorrow y Stronger Together) que están co-escritas con su hija Tash Hawley. Tash lleva apareciendo en la obra de Amos como vocalista invitada o haciendo coros desde Night Of Hunters (2011) siendo prácticamente una niña y ha continuado en discos posteriores. Tanto en Ocean To Ocean (2021) como en IN TIMES OF DRAGONS empieza a ser acreditada como co-autora, siendo en este álbum en el que su participación como compositora es mucho más amplia y visible. Parece que el legado de TORI AMOS está en buenas manos.   

La media crítica hasta el momento es de 79 sobre 100 distribuida de la siguiente manera: PopMatters, AllMusic, Classic Rock y Spill Magazine 90/100; MusicOMH, Uncut y Mojo 80/100; Rolling Stone, The Line Of Best Fit y Slant Magazine 70/100; Pitchfork 68/100 y The Irish Times 60/100. Viendo estos resultados podemos afirmar que a excepción de Pitchfork o The Irish Times, por fin los críticos han aprendido qué hacer con un álbum de TORI AMOS. Y decimos esto porque cuando se lanzó Boys For Pele (1996) no supieron qué hacer con él y necesitaron revisitarlo hace poco para rectificar lo que escribieron en su día. Treinta años después ya tienen un marco para saber evaluar IN TIMES OF DRAGONS como merece ser valorado y no todos saben hacerlo.  

IN TIMES OF DRAGONS es otra obra maestra de una artista adelantada a su tiempo (suficientemente argumentado por lo que ocurrió con Boys For Pele), IN TIMES OF DRAGONS no está hecho para la inmediatez de los nuevos tiempos. Está hecho para sentarse a escucharlo tranquilamente y acompañar a Tori en una odisea psicológica, política y mitológica con muchos matices de autoficción. En IN TIMES OF DRAGONS no solo destaca su arquitectura compositiva, también su ejecución vocal, no sabemos si es demasiado consciente de lo muchísimo que llega a transmitir con este álbum, pero lo hace. Se puede decir que traspasa la grabación original. Especialmente en temas como Shush y 23 Peaks. Nuestra nota es un 95 sobre 100.  



MEJORES MOMENTOS: Shush, Provincetown, Gasoline Girls, Veins, Strawberry Moon, Song Of Sorrow, Flood, Blue Lotus, Stronger Together, 23 Peaks...

MEDIA CRÍTICA: 79/100

NUESTRA VALORACIÓN: 95/100


viernes, 1 de mayo de 2026

THE MILK CARTON KIDS: REDEFINIR LA COHERENCIA EMOCIONAL (SIN HACER RUIDO).


El sexto álbum de estudio de THE MILK CARTON KIDS, LOST CAUSE LOVER FOOL, reafirma la esencia del dúo sin introducir cambios significativos en su propuesta sonora. Fieles a su estilo, Kenneth Pattengale y Joey Ryan firman siete de las nueve composiciones del disco, manteniendo ese delicado equilibrio entre armonía vocal y minimalismo acústico que los caracteriza. 

Las dos piezas restantes aportan matices externos: Sad Song, escrita por Willie Watson y Morgan Nagler, y Ribbons, obra de Maya Elizabeth de Vitry, se integran con naturalidad en el conjunto sin romper la coherencia del álbum. La producción, a cargo del propio Pattengale, refuerza esa sensación de continuidad y cercanía, apostando por arreglos sobrios que dejan espacio a la intimidad de las canciones.

Más allá de lo técnico, es uno de esos discos para quedarse a vivir en él. Sus nueve canciones parecen escritas desde ese lugar donde las certezas ya no sirven y solo quedan las preguntas que uno se hace en voz baja. No hay urgencia, no hay ruido innecesario; cada acorde y cada silencio están ahí por una razón. 

El disco se mueve entre la resignación y la ternura, entre el amor que se resiste a desaparecer y la lucidez de saber que quizás ya es demasiado tarde. Las voces no buscan deslumbrar, sino acompañar, como si cantaran no para el oyente sino con él. Y ahí está la clave: estas canciones no te hablan, te entienden. No hay canciones de relleno, todo llega a sonar imprescindible. Pero no porque aspire a ser grandioso, sino porque nada pretende ser más de lo que es. Cada tema ocupa su espacio con humildad, construyendo un álbum que fluye como una conversación honesta a medianoche. Incluso las composiciones ajenas encajan como si siempre hubieran pertenecido a este universo.




En lo estilístico, vuelve a ese territorio amplio y algo escurridizo que solemos llamar indie folk, una etiqueta que aquí se queda corta. Más que un género, lo suyo es un lenguaje propio: dos voces que se entrelazan con una naturalidad casi orgánica, sin esfuerzo aparente. Las armonías no buscan destacar, sino desaparecer la una en la otra, generando una sensación de continuidad que se extiende a todo el álbum. Las canciones fluyen sin brusquedad, como si cada una fuera una variación sutil de un mismo estado de ánimo. 

No hay giros estilísticos ni voluntad de reinventar el formato; lo que hay es una depuración extrema de su propio sonido que mejora álbum tras álbum. Y sí, puede que no haya nada nuevo en el sentido más evidente. Pero quizás ahí reside precisamente su valor: en insistir, con paciencia y precisión, en una forma de hacer música donde la novedad no es el objetivo, sino la honestidad.

La crítica le ha otorgado una media de 75 sobre 100 distribuida de la siguiente manera: Mojo y The Arts Desk 80/100 y AllMusic y Uncut 70/100. Aunque ya sabemos cómo funciona la crítica generalista con este tipo de trabajos. Si no redefine el sonido de un género, marca un momento cultural o supone una evolución clara del artista. Nunca van a otorgar más nota de las que estamos viendo y si a eso sumamos que se editan unos 1.100 discos cada semana, venir acompañado de una narrativa que destaque sobre los otros discos también ayuda. Pero en este álbum solo encontramos eso que le llaman Labour of Love. Algo que últimamente se infravalora, pero que para nosotros lo es todo.

Por eso pensamos que, al final, es la crítica independiente la que debe valorar este tipo de trabajos: discos sencillos, sin ruido mediático, alejados de la inmediatez, que se acaban convirtiendo en esos pequeños placeres que hacen que la vida merezca la pena. Por nuestra parte, y reivindicando siempre esos placeres, nuestra nota para LOST CAUSE LOVER FOOL es de un 100 sobre 100. Porque para nosotros sí que redefine algo: la coherencia emocional. 



MEJORES MOMENTOS: Blue Water, A Friend Like You, I'll Go Home From Here, Ribbons, Sad Song...

MEDIA CRÍTICA: 75/100

NUESTRA VALORACIÓN: 100/100

jueves, 30 de abril de 2026

DAVID GRAY REESCRIBE SU PASADO.

 


La última vez que hablamos de DAVID GRAY fue justo el año pasado, cuando presentaba Dear Life (2025), un álbum al que todavía le queda mucha vida. No esperábamos volver tan pronto a su universo. Pero NIGHTJAR es una excepción en todos los sentidos. 

No estamos ante un álbum convencional. Dentro de su discografía, NIGHTJAR se percibe claramente como una rareza. Para entenderlo hay que volver a Life in Slow Motion, publicado en 2005 bajo Atlantic Records (vía Warner Music Group). Aquel fue un trabajo marcado por una producción ambiciosa, con arreglos orquestales y un enfoque alejado del sonido más orgánico que había definido gran parte de su carrera. 

NIGHTJAR no es un “álbum perdido” de aquella época, pero sí nace de allí. Durante esas sesiones quedó bastante material fuera, canciones e ideas que no encajaban en el resultado final. Lo interesante es que Gray no se ha limitado a rescatarlas: las ha revisitado, regrabado y completado desde su sensibilidad actual. Más que un archivo, lo que tenemos aquí es una reinterpretación. Y eso cambia todo. 



Ahora, trabajando desde la independencia, Gray tiene algo que entonces no tenía: control total. Las grabaciones originales pertenecen a la discográfica, pero las canciones siguen siendo suyas. Eso le permite reconstruirlas desde cero, alejándolas de aquella producción grandilocuente y acercándolas a un terreno mucho más íntimo y desnudo. 

Ahí es donde NIGHTJAR encuentra su sentido. Lo que en 2005 no encajaba, hoy fluye con naturalidad. Estas canciones parecen haber estado esperando el contexto adecuado. 

En lo sonoro, se mueve en un terreno íntimo y contenido, muy alejado de la grandilocuencia de Life in Slow Motion, donde la producción de Marius de Vries y Brian Eno marcaba un carácter mucho más expansivo y orquestal. Aquí, en cambio, el propio DAVID GRAY toma el control del enfoque sonoro y apuesta por arreglos desnudos, con guitarras acústicas, pianos delicados y una producción que evita la saturación y favorece la claridad. Todo está construido alrededor de su voz, que suena cercana, casi confesional, reforzando esa sensación de intimidad constante. No hay artificio ni exceso: cada elemento parece colocado con la intención de acompañar, no de imponerse. El resultado es un sonido orgánico y atemporal que conecta directamente con la esencia más reconocible de su carrera, pero filtrado por una madurez que solo el paso del tiempo puede aportar. 

Es fácil pensar que este tipo de lanzamientos están dirigidos únicamente al fan de largo recorrido. Y, en parte, es cierto. Pero NIGHTJAR funciona más allá de eso. Incluso sin conocer su origen, el disco se sostiene por sí mismo: hay cohesión, hay intención y, sobre todo, hay una identidad clara. 

Por eso quizás muchos no sepan encasillarlo en las categorías habituales. En AOTY lo han etiquetado como recopilatorio, pero no lo es. Y tampoco es exactamente un nuevo capítulo en su discografía. Es algo intermedio: una obra que mira al pasado, pero que suena plenamente presente. Y ahí reside su valor.

Hasta el momento, solo Hot Press ha reseñado NIGHTJAR, otorgándole un 80 sobre 100. A nosotros nos resulta un álbum con el que es muy fácil conectar. Nos remite al DAVID GRAY de siempre y, en cierto modo, encajaría de forma natural entre Foundling (2010) y Mutineers (2014), como un puente inesperado entre ambas etapas. 

Pero lo verdaderamente importante es que estas canciones han encontrado su momento. Lejos de quedar relegadas a un cajón, hoy cobran una nueva vida con pleno sentido. NIGHTJAR no solo justifica su existencia: la reivindica. Por eso, nuestra valoración se sitúa en un 90 sobre 100 y confirma una vez más a DAVID GRAY como un artista que desde hace tiempo ya no tiene nada que demostrar y sigue encontrando nuevas formas de dar sentido a su propio legado.



MEJORES MOMENTOS: When I Fall In Love, Money, Nightjar, The Easy Way Out, Everybody's Leaving Town, Alive, Long Gone Now, Sacred Ground... 

MEDIA CRÍTICA: 80/100

NUESTRA VALORACIÓN: 90/100


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