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jueves, 11 de junio de 2026

MAISIE PETERS: UN PASO ADELANTE.

 


Con FLORESCENCE, MAISIE PETERS da un paso evidente respecto a The Good Witch (2023). Si aquel disco estaba dominado por un pop luminoso, fresco y casi veraniego -con canciones directas, desenfadadas y muy pensadas para la inmediatez-, aquí nos encontramos con un trabajo más contenido, más dado a la balada y con una clara intención de madurez artística. 

Este cambio, sin embargo, no debería leerse como una jerarquía entre etapas ni como una pérdida de impacto. Más bien al contrario: MAISIE PETERS se consolida aquí como una artista especialmente talentosa dentro del pop contemporáneo, alguien con una sensibilidad muy marcada para la escritura y la melodía. FLORESCENCE no suena a un punto de llegada definitivo, sino a un primer gran paso hacia un disco verdaderamente redondo, que parece cuestión de tiempo que acabe llegando. 

En lo sonoro, el álbum se mueve con naturalidad entre el indie pop, el folk pop, el country pop y el indie folk, incorporando además ciertos elementos del stomp and holler, un estilo asociado a un folk-rock de carácter más expansivo, con percusiones marcadas, coros grupales y una energía casi de directo, pensada para levantar los estribillos desde lo rítmico más que desde lo electrónico. Esta combinación estilística le da al disco una textura más orgánica y menos inmediata que su trabajo anterior, con una mayor presencia de guitarras acústicas, percusiones más físicas y arreglos que buscan amplitud y resonancia más que brillo sintético. El resultado es un sonido que se acerca a lo clásico y lo terrenal, sin renunciar del todo a la accesibilidad del pop contemporáneo.

Se puede hablar de una narrativa emocional bastante coherente dentro del disco: una transición hacia una mayor madurez afectiva y una mirada más reflexiva sobre las relaciones, el paso del tiempo y la identidad propia. Si en The Good Witch predominaba una escritura más inmediata, centrada en el ingenio lírico y la energía del pop juvenil, aquí la sensación es de un relato más introspectivo, donde las canciones funcionan como partes de una misma evolución personal más que como episodios independientes sin conexión. En ese sentido, FLORESCENCE podría leerse como un disco de crecimiento más que de ruptura: no tanto el final de una etapa, como el intento de entenderla mientras todavía está ocurriendo. Esa idea encaja bien con el tono más contenido del álbum y con su inclinación hacia estructuras más baladísticas y arreglos más orgánicos, que refuerzan esa sensación de mirada hacia el interior.

A nivel de producción, FLORESCENCE es un proyecto especialmente ambicioso: participan hasta 14 productores distintos. Entre ellos destaca Ian Fitchuk, que interviene en tres temas, compartiendo protagonismo con la propia MAISIE PETERS, también acreditada como productora en otras tres canciones. Esta implicación directa refuerza la sensación de control artístico sobre el proyecto. Además, aparece un nombre especialmente significativo como Marcus Mumford, que aporta su firma en una de las canciones, subrayando la conexión del álbum con un imaginario más folk y narrativo. 




En el plano compositivo, la escritura corre a cargo principalmente de Peters, acompañada por un total de 15 coautores. Este enfoque colaborativo encaja con la escala del proyecto y con su voluntad de expandir el sonido hacia territorios más amplios sin perder el núcleo personal que caracteriza su escritura.

Aunque el disco está claramente pensado para funcionar bien en el ecosistema del streaming -algo que se refleja en sus sólidos números en Spotify-, esa ambición comercial convive con una evolución artística real. En ese sentido, FLORESCENCE confirma a una MAISIE PETERS en transición: menos impulsiva, más contenida, pero también más consciente de las posibilidades de su propio sonido dentro del pop actual.

En el plano crítico, FLORESCENCE ha sido recibido de forma generalmente positiva y ha logrado la mejor puntuación media de la carrera de MAISIE PETERS hasta la fecha, con un 74 sobre 100. Este dato es especialmente relevante si se tiene en cuenta que sus dos trabajos anteriores se movían en una media ligeramente inferior, con un 72/100. La valoración del álbum muestra una recepción bastante homogénea, aunque con ciertas diferencias entre medios: publicaciones como PopMatters, NME y Dork le otorgan un 80/100, destacando probablemente su evolución artística y su solidez compositiva; The Line of Best Fit y Far Out Magazine lo sitúan en un 70/100, una valoración más templada pero aún positiva; mientras que The Arts Desk baja la media con un 60/100, reflejando una recepción más crítica o menos entusiasta del conjunto. En cualquier caso, el consenso general apunta a un álbum sólido, bien construido y coherente dentro de la trayectoria ascendente de la artista.

En lo que a nosotros respecta, FLORESCENCE puede considerarse el mejor trabajo de MAISIE PETERS hasta la fecha. No es un disco perfecto. Todavía conviven en él ciertos momentos más complacientes con otros de mayor riesgo y ambición desigual, pero sí es un álbum importante dentro de su trayectoria. Supone un paso claro hacia una mayor solidez artística, ampliando su paleta sonora y emocional y consolidando una identidad que va más allá de la inmediatez del pop más ligero. Lejos de encajarla en la categoría de "estrella pop menor" o intérprete de canciones simplemente funcionales, este disco la sitúa en un terreno mucho más interesante: el de una artista en crecimiento real, con capacidad para construir un repertorio propio que aspira a algo más duradero que el éxito pasajero. Nuestra nota es un 85 sobre 100



MEJORES MOMENTOS: Stop My Name In Your Sleep, Audrey Hepburn, King Maker, My Regards, If You Let Me, You You You... 

MEDIA CRÍTICA: 74/100

NUESTRA VALORACIÓN: 85/100

miércoles, 10 de junio de 2026

FRANCIS OF DELIRIUM: LA CERTEZA TRAS EL DEBUT.

 


Aunque escribimos una breve reseña de su álbum debut Lighthouse (2024) en la que os presentábamos a FRANCIS OF DELIRIUM, creemos que ha llegado el momento de hablar de ella de manera más extensa a colación de su segundo trabajo RUN, RUN PURE BEAUTY.

Con apenas dos discos, FRANCIS OF DELIRIUM se ha convertido en una de las propuestas más interesantes surgidas de la escena independiente europea. Resulta llamativo que un proyecto nacido en Luxemburgo haya logrado una proyección internacional tan notable dentro del circuito indie, pero tanto su debut como este segundo trabajo explican perfectamente por qué. 

Si en Lighthouse (2024) era fácil recurrir a comparaciones con artistas como Weyes Blood para situar al oyente, en RUN, RUN PURE BEAUTY esas referencias empiezan a perder importancia. No porque desaparezcan por completo ciertos ecos o influencias, sino porque Jana Bahrich ha conseguido afianzar una personalidad artística propia. Por primera vez, el foco está menos en a quién recuerda y más en quién es. 

La propia Bahrich asume la producción del álbum, acompañada de nuevo por Chris Hewett, repitiendo una colaboración que ya había dado excelentes resultados en su debut. El resultado es un disco que transmite una mayor sensación de control y confianza, con canciones que refuerzan la identidad de un proyecto cada vez más definido. 

En lo sonoro, RUN, RUN PURE BEAUTY se mueve principalmente entre el indie rock y el rock alternativo, territorios que FRANCIS OF DELIRIUM recorre con una confianza creciente. Aunque algunas etiquetas siguen situando el álbum dentro del dream pop, se trata de una clasificación discutible. Si en Lighthouse todavía podían apreciarse algunos rasgos asociados a ese sonido, en este segundo álbum Jana Bahrich parece inclinarse con mayor claridad hacia el indie rock y el rock alternativo. Las atmósferas siguen presentes, pero ya no constituyen el eje de las canciones. En su lugar encontramos arreglos más definidos, guitarras con mayor peso específico y una producción que prioriza la fuerza expresiva antes que la evocación. Es un disco menos nebuloso y más terrenal, una evolución que encaja perfectamente con la creciente consolidación artística del proyecto. 


Si en lo musical el álbum muestra una mayor solidez, en el plano narrativo también se percibe una ampliación de horizontes. Jana Bahrich sigue explorando emociones íntimas y conflictos personales, pero lo hace desde una mirada más abierta al mundo que la rodea. Las canciones funcionan a menudo como pequeñas viñetas construidas a partir de observaciones, encuentros fugaces y momentos cotidianos que terminan adquiriendo un significado más amplio. Entre la esperanza y el desencanto, la vulnerabilidad y la resistencia, RUN, RUN PURE BEAUTY encuentra su centro en la búsqueda de belleza dentro de una realidad incierta. No ofrece respuestas sencillas ni grandes proclamas, pero sí una sensibilidad capaz de transformar la duda, la soledad o el miedo en algo cercano y reconocible.

La crítica ha respaldado esta evolución con una recepción idéntica a la de su anterior trabajo, situando nuevamente el álbum en torno a un unánime 80 sobre 100 por parte de medios como Uncut, Under The Radar y God Is In The TvY lo cierto es que resulta difícil determinar si RUN, RUN PURE BEAUTY es mejor o peor que Lighthouse. El listón estaba muy alto porque aquel debut ya era un disco extraordinariamente sólido. 

Sin embargo, donde este segundo álbum sí parece dar un paso adelante es en la sensación de continuidad. Un gran debut puede ser una excepción, un destello puntual o incluso una casualidad afortunada. Este segundo trabajo despeja cualquier duda en ese sentido. No necesariamente amplía los límites de la propuesta, pero sí confirma que existe un proyecto consistente detrás de ella. 

Quizás el principal desafío para FRANCIS OF DELIRIUM siga siendo trascender el nicho indie en el que se mueve actualmente. No está claro que RUN, RUN PURE BEAUTY vaya a ser el disco que le permita dar ese salto definitivo a un público más amplio. Tal vez esa oportunidad llegue con un tercer álbum. Pero tampoco parece necesario precipitarse si ese salto va a implicar pérdida de calidad o tener que hacer demasiadas concesiones. No sabemos si RUN, RUN PURE BEAUTY es mejor que Lighthouse. Lo que sí sabemos es que, donde el debut planteaba una promesa, este segundo álbum ofrece una certeza. FRANCIS OF DELIRIUM ha venido para quedarse. Nuestra nota es un 85 sobre 100.  



MEJORES MOMENTOS: Requiem For A Dying Day, Little Black Dress, It's A Beautiful Life, Higher, Sucker Punch, Open Up Your Mouth To Love... 

MEDIA CRÍTICA: 80/100

NUESTRA VALORACIÓN: 85/100

lunes, 8 de junio de 2026

BEDOUINE: ENTRE DOS MUNDOS.

 


Desde la publicación de su álbum debut en 2017, BEDOUINE ha construido una de las discografías más coherentes y personales del folk contemporáneo. Su música siempre ha habitado un espacio propio: demasiado sofisticada para ser encasillada dentro del folk de cantautor al uso y demasiado íntima para entregarse por completo a las ambiciones del pop. Con NEON SUMMER SKIN, su cuarto trabajo, la sensación es la de una artista que no solo continúa desarrollando su lenguaje, sino que encuentra la manera de reconciliar algunas de las virtudes que hicieron tan especiales sus dos primeros discos. 

Tras la delicadeza casi austera de Bedouine (2017) y la expansión sonora de Bird Songs of a Killjoy (2019), llegó Waysides (2021), un álbum más introspectivo y contenido que, aunque mantenía intacta la calidad compositiva de Azniv Korkejian, parecía menos inmediato y menos capaz de generar el mismo vínculo emocional que sus predecesores. No es casual que siga siendo el disco menos celebrado de su catálogo. En retrospectiva, funciona casi como una obra de transición, un álbum que miraba hacia dentro antes de volver a abrir las ventanas. 

NEON SUMMER SKIN parece recoger precisamente esa búsqueda. Hay en él rastros de la desnudez folk del debut, pero también la riqueza instrumental y la amplitud melódica que hicieron de Bird Songs of a Killjoy una obra tan especial. No se trata de una repetición ni de un ejercicio de nostalgia. Más bien da la impresión de que BEDOUINE ha encontrado una forma de integrar las distintas facetas de su trayectoria en un trabajo que vuelve a conectar con las fortalezas que definieron sus primeros años. 

Una de las claves para entender este resultado está en la producción. BEDOUINE había participado activamente en la producción de todos sus discos, pero mientras que los dos primeros fueron trabajos compartidos, Waysides fue el primer álbum que produjo completamente en solitario. Aquella decisión aportó una gran coherencia artística, aunque también contribuyó a una cierta sensación de aislamiento creativo. Cuando un artista asume el control absoluto gana libertad, pero pierde también el diálogo que a menudo enriquece una grabación. 

Por eso resulta tan interesante la presencia de Jonathan Rado en NEON SUMMER SKIN. Sobre el papel, parecía una colaboración improbable. Asociado a proyectos de pop psicodélico, rock clásico reinterpretado y producciones de gran personalidad sonora, Rado no era precisamente el nombre que uno esperaba encontrar junto a una compositora tan delicada y contenida como BEDOUINE

Sin embargo, el resultado demuestra que las colaboraciones más inesperadas son a veces las más fructíferas. Rado no transforma a BEDOUINE ni intenta llevarla hacia terrenos ajenos a su identidad. Su aportación consiste en algo mucho más difícil: ampliar el espacio alrededor de las canciones sin alterar su esencia. Los arreglos respiran, las texturas ganan profundidad y la instrumentación adquiere nuevos matices, pero el centro emocional del disco sigue siendo la voz y la escritura de Korkejian. Es una producción que rara vez llama la atención sobre sí misma y precisamente por eso resulta tan efectiva. 

La narrativa siempre ha sido uno de los grandes activos de BEDOUINE. Nacida en Alepo en una familia armenia y marcada por una historia de desplazamientos, migraciones y reconstrucciones personales, su biografía podría haber sido utilizada como un simple elemento de contexto. Sin embargo, su talento consiste en convertir esas experiencias en canciones que trascienden lo autobiográfico. 

A lo largo de su carrera ha escrito sobre el desarraigo, la memoria, la pertenencia y la identidad sin caer nunca en la obviedad. Sus letras suelen partir de detalles concretos, pequeños recuerdos o escenas aparentemente cotidianas que terminan revelando cuestiones mucho más profundas. Esa aproximación vuelve a estar presente en NEON SUMMER SKIN, aunque aquí adquiere un matiz diferente. 

Si hay una palabra que atraviesa el álbum es "familia". No como concepto abstracto ni como refugio idealizado, sino como una red de historias heredadas, afectos, ausencias y recuerdos que ayudan a construir una identidad. El disco mira hacia atrás con frecuencia, pero evita la nostalgia fácil. Más bien explora la manera en que las experiencias de generaciones anteriores siguen moldeando el presente. En ese sentido, se percibe como uno de los trabajos más personales y emocionalmente complejos de toda su carrera. 

Dentro de ese contexto aparece Deghma Cheega, una de las canciones más fascinantes del álbum. No necesariamente la mejor, ni la más representativa, pero sí la que captura la atención del oyente de forma más inmediata. Es una pieza difícil de clasificar y quizás por eso mismo resulta tan memorable. 





La canción parece apoyarse sobre un ritmo que recuerda vagamente a la bossa nova, aunque nunca llega a convertirse en una bossa nova propiamente dicha. Hay algo de ese balanceo suave y de esa sensación de movimiento continuo característica de la música brasileña, pero las referencias se mezclan con otros elementos que apuntan en direcciones completamente distintas. La melodía posee inflexiones que remiten a las raíces culturales de BEDOUINE, mientras que los arreglos la envuelven con una elegancia que la aleja de cualquier lectura folclórica convencional. 

A ello se suma el hecho de que está interpretada en un idioma ajeno para gran parte de su audiencia. Al desaparecer la comprensión inmediata de la letra, el oyente se ve obligado a relacionarse con la canción desde otros lugares: la musicalidad de las palabras, la textura de la voz y la emoción que transmiten las frases. Todo ello convierte a Deghma Cheega en una experiencia extrañamente hipnótica. 

Y es precisamente en canciones como esta donde emerge otra de las grandes virtudes de Bedouine: una voz que, más allá de las comparaciones habituales con el folk clásico (Joni Mitchell, Vashti Bunyan), parece conectar con una tradición distinta. Escuchando NEON SUMMER SKIN resulta difícil no pensar en Karen Carpenter

No porque ambas artistas compartan repertorio o estilo, sino porque poseen una cualidad interpretativa similar. Las dos son capaces de transmitir emociones complejas sin recurrir al dramatismo. Hay una serenidad en la forma de cantar de BEDOUINE que recuerda a Carpenter: una calidez inmediata, una precisión técnica impecable y una capacidad extraordinaria para sugerir melancolía sin exagerarla. 

Esa conexión resulta especialmente evidente en este álbum. Aunque el folk continúa siendo la base de su lenguaje, muchas canciones parecen dialogar también con el soft pop sofisticado de los años setenta. En ocasiones, la referencia a Karen Carpenter ayuda a comprender mejor el atractivo de BEDOUINE que muchas de las comparaciones habituales con cantautoras folk. 

Y si Karen Carpenter ayuda a explicar la calidez y la precisión de su interpretación, Rumer también permite entender otra dimensión de su música. Como la cantante británica, BEDOUINE posee una forma de cantar que rehúye el exhibicionismo. No busca impresionar mediante grandes despliegues vocales ni convertir cada canción en una demostración de intensidad emocional. Su talento reside precisamente en lo contrario: en la contención. 

Existe en ambas artistas una confianza absoluta en la canción y en la melodía. La emoción nunca se impone al oyente; aparece poco a poco, casi de manera imperceptible. Esa elegancia interpretativa conecta a BEDOUINE con una tradición de pop sofisticado que a menudo queda fuera de las conversaciones sobre folk contemporáneo. 

Escuchando NEON SUMMER SKIN resulta fácil encontrar momentos en los que la artista parece situada en un punto intermedio entre Karen Carpenter y Rumer. De la primera toma la calidez, la claridad y la capacidad de transmitir melancolía sin dramatismo. De la segunda, una delicadeza casi flotante y una sensibilidad profundamente melódica. El resultado es una voz que sigue siendo una de las más reconocibles y personales de la música de raíces actual. 

Quizás esa sea la gran virtud de NEON SUMMER SKIN. No pretende reinventar a su autora ni romper con su pasado. Su logro consiste en reunir las distintas piezas de su trayectoria -la intimidad del debut, la riqueza sonora de Bird Songs of a Killjoy, la introspección de Waysides y una renovada atención a la memoria familiar- para construir un álbum que suena profundamente humano. Puede que no desplace a sus dos primeros discos en el corazón de quienes los consideran insuperables. Pero sí confirma algo mucho más importante: que BEDOUINE sigue siendo una de las compositoras más singulares y elegantes de su generación.

La crítica le ha otorgado una media de 78 sobre 100 distribuida de la siguiente manera: Still Listening 90/100; Mojo 80/100; Uncut y Far Out Magazine 70/100. Convirtiéndose así en el tercer álbum mejor valorado de su discografía. Por nuestra parte, no podemos darle menos de un 85 sobre 100



MEJORES MOMENTOS: On My Own, Long Way To Fall, Always On Time, Deghma Cheega, One Thing Right... 

MEDIA CRÍTICA: 78/100

NUESTRA VALORACIÓN: 85/100

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