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lunes, 25 de mayo de 2026

NOAH GUNDERSEN: PERSISTENCIA SIN RELATO.


 

RITES OF SPRING no es un disco que parezca buscar un lugar. Es un disco hecho desde dentro de alguien que ya no espera encontrarlo. No hay aquí la urgencia del debut, ni el impulso de consolidación, ni siquiera la voluntad de cierre que marcaba trabajos anteriores. Lo que tenemos es otra cosa más difícil de nombrar: la persistencia. 

NOAH GUNDERSEN ya no suena como alguien que espera ser entendido dentro de la industria musical. Tampoco como alguien que ha abandonado la idea de pertenecer a ella. Su posición es más incómoda: la de quien ha perdido la fe en el sistema pero sigue dentro, no por estrategia, sino por inercia emocional. O quizás por algo más simple y más humano: porque hacer canciones sigue siendo lo único que sabe hacer sin dejar de ser él mismo. 

En ese sentido, RITES OF SPRING no es tanto un disco sobre transformación como sobre supervivencia. No hay narrativa de redención ni gesto de ruptura. Hay continuidad. Hay desgaste. Hay una forma de calma que no viene de la paz, sino de la aceptación de que no hay alternativa clara. 

No es un paso adelante ni atrás. Es un disco hecho desde dentro de una vida que ya no se organiza en torno a la idea de progreso, sino de continuidad mínima. Gundersen no suena aquí como alguien que busca un lugar en la industria. Suena como alguien que, habiendo dejado de creer en ella, sigue escribiendo canciones porque no ha encontrado una forma más honesta de desaparecer.

La producción de RITES OF SPRING no busca intervenir las canciones más de lo necesario, pero tampoco se limita a un papel de registro neutro. Hay una intención clara de contención estética que probablemente se entiende mejor si se atiende al trabajo de Andy D. Park, que aquí asume un rol central no solo como productor, sino como arquitecto del equilibrio sonoro del disco. Park viene de un contexto donde la producción no se entiende como "acabado" de una canción, sino como forma de definir su escala emocional sin sobrescribirla. 

En este álbum eso se traduce en decisiones muy concretas: arreglos que no se acumulan, capas que aparecen tarde o se retiran pronto, y una mezcla que evita convertir cada estribillo en un punto de saturación dinámica. A diferencia de etapas anteriores de Gundersen donde la producción tendía a expandir las canciones hacia una sensación de grandeza emocional -a veces a costa de cierta densidad excesiva- aquí el movimiento es inverso. No se trata de hacer que las canciones crezcan, sino de impedir que se sobrecarguen. 

Eso cambia la experiencia de escucha: no hay progresión constante hacia un clímax, sino una sucesión de estados que no buscan resolverse del todo. El uso de una voz secundaria femenina -la de Abby Gundersen- encaja dentro de esa lógica. No está tratada como elemento ornamental ni como refuerzo de estribillos, sino como una segunda línea de lectura que modifica la percepción de la voz principal sin desplazarla. Su función no es amplificar, sino alterar ligeramente el centro de gravedad de cada canción.

El resultado es una producción que no se percibe como intervención estética evidente, sino como un sistema de decisiones negativas: qué NO se añade, qué NO se enfatiza, qué NO se convierte en momento destacado. Y en ese sentido, Park no actúa como un productor que da forma a un material, sino como alguien que define los límites dentro de los cuales el disco puede existir sin traicionarse. Y que no se interprete esto como algo negativo. Es todo lo contrario. Teniendo en cuenta como fue la producción de Lover (2019) es lo mejor que se puede hacer con un álbum de NOAH GUNDERSEN.

En términos sonoros, RITES OF SPRING se mueve dentro de un territorio difícil de encerrar en una sola etiqueta, aunque formalmente se apoye en el lenguaje del cantautor contemporáneo con trazas de folk oscuro y una producción que evita tanto el brillo del alt-pop como la rusticidad del folk acústico más tradicional. Lo que define realmente su sonido no es el género, sino la manera en que las canciones renuncian a cualquier sensación de exceso. La instrumentación tiende a lo esencial, pero no en un sentido de desnudez absoluta, sino de economía de elementos: guitarras, teclados discretos, percusiones contenidas y arreglos vocales que no buscan protagonismo, sino estabilidad. Incluso cuando aparecen momentos de mayor densidad, estos no se resuelven en explosión, sino en acumulación breve y retirada inmediata.

Hay una tensión constante en la escucha de RITES OF SPRING -y también en sus dos trabajos anteriores recientes- entre lo que la música transmite y lo que el propio artista ha declarado sobre su contexto vital. Las canciones son, en sí mismas, impecables en su construcción: están bien escritas, bien interpretadas y producidas con una claridad que hace difícil cuestionar su valor musical inmediato. Sin embargo, esa solidez formal no siempre se alinea con la carga narrativa que rodea a estos discos.

De hecho, en la escucha sin contexto, la recepción tiende a ser mucho más directa: lo que aparece no es la imagen de un artista en crisis o desgaste, sino canciones que transmiten una intensidad emocional reconocible, incluso reconfortante, más cercana a tradiciones de cantautor como Damien Rice o Glen Hansard que a cualquier discurso externo sobre frustración o agotamiento.


 

En el caso de If This Is The End (2023), por ejemplo, la sensación de crisis o desencanto con la industria no siempre se percibe de forma directa en la escucha. Lo que llega al oyente es, más bien, un conjunto de canciones tristes, contenidas y bellamente ejecutadas, que no necesariamente sugieren el nivel de colapso o desgaste que se describe en torno a ellas. Algo similar ocurre aquí: la música no suena rota, ni agotada, ni desbordada. Suena cuidada, precisa, incluso serena en muchos momentos. Y eso genera una distancia interesante entre el discurso biográfico del artista y la experiencia real de escucha.

Esa distancia no invalida los discos, pero sí desplaza su lectura. Porque lo que queda en la escucha no es la imagen de un artista en crisis, sino la evidencia de un trabajo musical cuidadosamente construido, incluso cuando se presenta envuelto en discursos de desgaste, frustración o agotamiento. Y quizás ahí reside una de las características más interesantes de esta etapa de NOAH GUNDERSEN: la dificultad para hacer coincidir la narrativa externa con la experiencia real de las canciones. 

No porque una de las dos sea falsa, sino porque operan en planos distintos. El discurso pertenece al contexto; la música, a otra forma de tiempo. En ese espacio intermedio, RITES OF SPRING no se impone como testimonio ni como declaración, sino como persistencia. No confirma una caída ni anuncia una salida. Simplemente continúa. 

Pero esa continuidad no implica menor calidad. Al contrario: los tres discos recientes de Gundersen funcionan a un nivel muy alto de escritura, interpretación y producción, con una coherencia estética que los sitúa como una de las etapas más sólidas de su carrera. RITES OF SPRING no supone un descenso respecto a A Pillar of Salt (2021) o If This Is The End (2023), sino una variación en su forma de impacto: no menos intensa, pero sí menos dependiente de una lectura narrativa que la organice desde fuera. 

No es que haya menos impacto, sino que este no se organiza en torno a momentos evidentes o a una narrativa que los haga sobresalir. Existe de otra forma: más integrada en el conjunto que en puntos aislados.

La falta de atención por parte de la crítica generalista refuerza la sensación de que la obra reciente de NOAH GUNDERSEN circula en un margen de escasa visibilidad, a pesar de mantener un nivel notable de consistencia. Por nuestra parte, RITES OF SPRING recibe una valoración de 87 sobre 100, en línea con sus dos trabajos anteriores, consolidando una etapa creativa que mantiene un nivel notable sin depender del reconocimiento mediático para sostenerse.



MEJORES MOMENTOS: Rites Of Spring, You & Me, Die Young, Circles, Driving With My Eyes Closed...

MEDIA CRÍTICA: ---

NUESTRA VALORACIÓN: 87/100

lunes, 11 de septiembre de 2023

NOAH GUNDERSEN O LA CRÓNICA DE UN DESENCANTO.


NOAH GUNDERSEN nos presenta su sexto álbum de estudio titulado IF THIS IS THE END (Si este es el final) un título que esperamos que no sea premonitorio, pero que, desde luego, refleja el estado de ánimo de NOAH GUNDERSEN y su frustrante relación con la industria musical, hasta el punto de que insinua que ha estado a punto de dejarlo.  A Pillar Of Salt (2021) su anterior álbum, tenía todos los ingredientes para que su carrera despegase a otros niveles mucho más allá de la escena indie, pero no fue así. Lamentablemente, pasó un tanto desapercibido a pesar de que ha sido uno de sus mejores trabajos. Pero todavía le quedan algunos cartuchos en la recámara. Esta vez ha canalizado toda esa frustración y malestar y lo ha transformado en algo creativo como para construir un álbum tan verdadero y desgarrador como IF THIS IS THE END. Un álbum que no debería caer en saco roto. Esta vez no puede pasar desapercibido. Porque Gundersen nos regala un excelente álbum de folk emparentado con los mejores álbumes de Damien Rice o Glenn Hansard.




En cuanto a la crítica, el álbum se liberó este fin de semana y aunque se puede encontrar información sobre el álbum por parte de algunos medios, no lo han valorado numéricamente todavía. Por lo que tendréis que fiaros de nuestro criterio una vez más. Cuando pones el alma, el corazón y los genitales en la creación y composición de una canción, se nota. Y este álbum es muy de verdad. Probablemente sea el más personal de su carrera. A nosotros nos ha parecido incluso mejor que A Pillar Of Salt (2021) que ya regalaba bastantes dosis de realidad y estaba considerado por la crítica como su mejor trabajo. Por eso no podemos valorarlo por debajo del 90 sobre 100, entre otras cosas porque consigue pellizcarnos el alma y nos llega. Incluso empatizamos con su desencanto. Y si hablamos de la producción musical que corre a cargo del propio Gunderden y Andy D Park, tenemos que decir que es una de las más elegantes que recordamos. En definitiva, que este blog no tendría ningún sentido si de vez en cuando no hablásemos de álbumes como este o como el último de The Paper Kites. 

 



MEJORES MOMENTOS: If Is This The End, Swim, Haunted House, Better Days... 

MEDIA CRÍTICA: ----

NUESTRA VALORACIÓN: 90/100

lunes, 25 de octubre de 2021

DESCUBRIENDO A NOAH GUNDERSEN

 


No habrá un blog musical en toda la blogosfera cuyos responsables escuchen tantísimos discos como escuchamos nosotros. Pero aún así, es muy complicado escucharlos todos y siempre puede haber alguno que se te haya escapado. Nosotros tenemos suerte porque estáis vosotros, esos lectores que os convertís primero en comentaristas y después en nuestros amigos indispensables que nos recomendáis discos a través de las Redes Sociales, que cuadran perfectamente con la línea editorial del blog. Así que, una vez más, mil gracias a NiKLo que ha hecho posible que escribamos esta entrada con su recomendación.



Nunca habíamos hablado antes de NOAH GUNDESEN (Seattle,1989) a pesar de que no es ningún debutante. A PILLAR OF SALT es su quinto álbum de estudio, cinco álbumes diluidos entre un buen montón de Eps, como todo buen artista Indie que se precie. En cuanto a géneros, podríamos encasillar a este cantante y compositor como artista Folk, o inclúso Folktrónico si tenemos en cuenta su anterior trabajo Lover (2019). A PILLAR OF SALT tampoco está exento de elementos electrónicos. Pero usados con más acierto, es muy probable que no tenga que hacer una revisión en acústico de este trabajo como sí ocurrió con Lover (2019). El álbum está producido por Andy D. Park y el propio Noah Gundersen que compone también todas las canciones. Uno de los grandes momentos de este álbum se llama Atlantis y es una hermosa canción en la que aparece nuestra amada Phoebe Bridgers que este año no ha sacado álbum. Pero está brillante en todas las colaboraciones que ha hecho con otros artistas. Existe una presencia femenina en esta y otras canciones de este trabajo es Abby Gundersen, la hermana de Noah Gundersen. -Tiene muchísimos hermanos, biológicos y adoptivos y ha colaborado con casi todos ellos en diferentes proyectos musicales- y es que una voz como la de Noah Gundersen suena mucho mejor con una voz femenina de acompañamiento.



La crítica ha sido unánime con A PILLAR OF SALT medios como American Songwriter o The Line Of Best Fit han coincidido en otorgarle 80 sobre 100 -cuatro estrellas- y esa es su media. La más alta de un disco suyo desde que debutara con Ledges (2014) que obtuvo idéntica puntuación. Nosotros nos hemos puesto al día y hemos escuchado sus cuatro álbumes anteriores para ubicar este A PILLAR OF SALT y tenemos que decir que es el que más nos ha gustado de los cinco. Aunque claro, partimos con la desventaja de haberlos escuchado todos en un mismo contexto y cada álbum tiene el suyo propio. Pero aún así, notamos su evolución y que está en el punto justo donde quiere estar, que Lover (2019) fue un álbum experimental, eso justo que no deben hacer estos cantautores con tanto sello por mucho que algún crítico les diga que deben reinventarse y hacer algo diferente. Como dije antes, ese despropósito se solucionó al año siguiente con la edición de A Raven And A Dove - Acoustic Selection From Lover (2020) y se pudo apreciar que algunas canciones de Lover (2019) eran bastante mejores de lo que parecían en un principio. Uno de los handicaps que tienen todos estos cantautores es que sus canciones están vivas y susceptibles de cambios y eso se suele percibir en los directos. La grabación de todas estas canciones en un Cd solo es algo referencial. Volviendo a A PILLAR OF SALT alcanza altas cotas de adicción en su primera mitad, aunque decae un poco en sus tres últimos cortes, aún así no merecería menos de un 86 sobre 100 que es nuestra nota.



MEDIA DE LA CRÍTICA: 80/100

VALORACIÓN EQUISITECES: 86/100







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