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viernes, 3 de julio de 2026

ÁLBUMES REPESCADOS: WENDY EISENBERG, LYKKE LI, LINDA PERRY, BROKEN SOCIAL SCENE, THE LOFT, TOWA BIRD, SAMM HENSHAW, MAYA HAWKE y MARMOZETS.

 


Hemos entrado ya en el mes de Julio y mantendremos las tres publicaciones por semana. Este verano vamos a intentar que estos posts de álbumes repescados sean más frecuentes.

Para los que lleguen a este sitio por primera vez, esto no es ninguna lista. Son nueve álbumes reseñados de manera aleatoria y lo hacemos así porque la saturación de lanzamientos a la que estamos sometidos cada semana nos obliga a emplear este recurso para abarcar la mayor cantidad posible de álbumes al año. Aún así, es imposible escucharlos y reseñarlos todos. Porque estamos hablando de una producción de alrededor de 1.100 discos cada semana.


WENDY EISENBERG - WENDY EISENBERG


WENDY EISENBERG es una músico, cantante y compositora que lleva más de una década en activo. Tiene publicados diez álbumes hasta el momento y la crítica ha aclamado especialmente su álbum homónimo de 2026 Wendy Eisenberg que parece que se va a convertir en un punto de inflexión en su carrera.

Aunque, de momento, críticamente se interpreta más como una culminación. Porque durante años Eisenberg fue conocida sobre todo en círculos de improvisación libre, jazz de vanguardia y rock experimental. Mucha crítica la respetaba más de lo que la escuchaba realmente el público indie. Su reputación estaba construida alrededor de la guitarra, la improvisación y proyectos paralelos, no de grandes álbumes de canciones. 

Lo que muchos críticos perciben en este disco es que toda esa sofisticación compositiva se ha canalizado en un formato relativamente accesible: folk-rock, country-pop, canciones de amor, arreglos de cuerda, melodías memorables. Es una historia crítica clásica: cuando un músico muy admirado técnicamente logra un disco abierto al oyente medio, suele producirse una revalorización inmediata.

Gran parte de la prensa ha insistido en que este es su álbum más personal. Habla de ruptura, aceptación queer, amor, identidad de género, trauma y reconstrucción emocional. Incluso el hecho de que sea un álbum homónimo ha sido interpretado como una declaración de identidad. La crítica musical contemporánea suele valorar mucho cuando un artista experimental consigue traducir experiencias complejas a canciones emocionalmente legibles. Y varios medios han destacado precisamente eso: que Eisenberg abandona cierta distancia intelectual y se muestra más vulnerable.

Ha conseguido una media de 85 sobre 100 distribuida de la siguiente manera: The Skinny 100/100 que resume bastante bien la lectura que comentábamos al principio sobre que la energía inquieta de su trabajo avant-garde aparece aquí integrada en canciones que no pierden el hilo narrativo. PopMatters 90/100; Paste 83/100; Pitchfork 82/100; Uncut 80/100 y Under The Radar 75/100.

La reseña de Pitchfork fue muy positiva y además otorgó el sello "Best New Music", destacando el álbum como una exploración inusualmente lograda de la felicidad, el amor y la memoria. En el ecosistema indie, una validación de ese tipo sigue funcionando como señal para muchos críticos y oyentes especializados. No explica por sí sola las notas altas, pero ayuda a consolidar un consenso. 

En cierto sentido, también tenemos la sensación de que no solo han valorado este trabajo. Existe un factor acumulativo. A menudo los críticos no puntúan únicamente el álbum aislado. Puntúan el álbum dentro de una trayectoria. Cuando alguien tiene nueve discos publicados y de repente aparece uno que parece sintetizar todo lo anterior, la recepción suele dispararse. 

Nosotros hemos escuchado prácticamente todo el indie folk que se ha hecho en 2026 y puede que el disco no parezca radicalmente superior a otros lanzamientos del año. De hecho, buena parte de los elogios no se centran en que haya reinventado el género, sino en la calidad de la escritura, la integración de elementos experimentales, la madurez emocional y el contexto biográfico. Es decir, el consenso crítico parece valorar más la combinación de fondo emocional sumada a la trayectoria previa y al refinamiento compositivo que una innovación sonora espectacular. 

Por nuestra parte tenemos que decir que le hemos dado varias escuchas y nuestra percepción ha ido cambiando a medida que lo hemos ido escuchando más. En las dos primeras, estuvimos a punto de no terminarlo. Pero es de esos discos que tienen una fuerza que te empuja a que quieras seguir abierto a que te guste lo que estás escuchando. Para luego terminar convirtiéndose en un álbum totalmente adictivo. Esos álbumes que escuchas en bucle durante días, incluso semanas y te obligan a volver a ellos una y otra vez. Una práctica que los que nos dedicamos a escribir reseñas nos la podíamos permitir en el pasado. No ahora con 1.100 lanzamientos cada semana. Sumergirte en el universo Eisenberg y estar días inmerso en él, supondría no escuchar otros treinta discos. Nuestra nota es un 85 sobre 100 y nos deja esa buena sensación de haber encontrado un bonito descubrimiento.   



MEJORES MOMENTOS: Meaning Business, Take A Number, 

MEDIA CRÍTICA: 85/100

NUESTRA VALORACIÓN: 85/100

LYKKE LI - THE AFTERPARTY 


LYKKE LI nos presenta THE AFTERPARTY, su sexto álbum de estudio. Un álbum que se está vendiendo con la premisa de que será el "último trabajo bajo esa encarnación". Si esa narrativa es sincera y no una estrategia promocional, entonces es lógico leer el disco como una recapitulación. En la carrera de LYKKE LI ha habido varias mutaciones, pero probablemente el gran punto de inflexión sigue siendo I Never Learn (2014): aquel álbum parecía el cierre de una trilogía emocional y tenía una contundencia compositiva difícil de igualar.  

THE AFTERPARTY también se caracteriza por su accesibilidad. Algo que también tenía en común con I Never Learn: melodías claras, estribillos memorables y una emoción que llega de forma directa. No era un disco particularmente complejo, pero sí muy efectivo.

En cambio, EYEYE (2022) era un trabajo más fragmentario y atmosférico. Tenía momentos interesantes, pero daba la sensación de que la textura y el estado de ánimo eran tan importantes como las propias canciones. Para algunos oyentes eso es fascinante; para otros significa que no van a recordar los temas una vez termina el álbum. Y algo parecido ocurrió con so sad so sexy (2018). Aunque contenía canciones buenas, el giro hacia sonidos más contemporáneos y urbanos dividió bastante a quienes venían de la etapa más indie y emocional de sus primeros discos.

Existe un fenómeno curioso con artistas que llevan muchos años publicando música: llega un momento en que la crítica suele premiar la experimentación, mientras que muchos seguidores simplemente quieren grandes canciones. Cuando aparece un disco que vuelve a priorizar melodías, estructuras reconocibles y ganchos claros, se siente casi como un regreso a casa, aunque estilísticamente no sea una vuelta al pasado. Esto podría resumir un poco lo que es THE AFTERPARTY

Lo curioso es que haya sido el álbum elegido para cerrar una etapa. Porque si uno piensa en un "álbum de despedida" de la identidad artística de LYKKE LI, seguramente habría imaginado algo más cercano a EYEYE: introspectivo, desnudo, casi una disolución del personaje. O incluso algo que recogiera el dramatismo de I Never Learn, cerrando el círculo emocional.

Pero con THE AFTERPARTY no está cerrando con una retirada introspectiva, sino con una apertura hacia el pop. Y eso cambia mucho la lectura. Nosotros pensamos que incluso está jugando un poco a ser Robyn.

No porque LYKKE LI se convierta en Robyn de repente, sino porque Robyn lleva años manejando esa combinación tan escandinava de melancolía y accesibilidad pop. Canciones bailables, muy directas, pero atravesadas por emociones complejas. THE AFTERPARTY tiene más gancho melódico, más brillo y una producción menos austera que la de algunos de sus trabajos anteriores, por lo que es normal que nos esté recordando a Robyn

Si LYKKE LI siente que ya ha agotado la figura de la artista atormentada, romántica y oscura que ha cultivado durante años, tal vez no quiera despedirse de ella con otro disco sombrío. Quizá prefiera hacerlo con un enfoque más pop, más accesible y más comunicativo, precisamente porque después vendrá otra cosa. Esa intención también se refleja en el sonido de THE AFTERPARTY, que se mueve con naturalidad entre el indie pop, el chamber pop y un pop de vocación mucho más inmediata. En ese sentido, podría funcionar menos como un epitafio y más como una fiesta de despedida. El propio título apunta en esa dirección: no es un funeral, sino lo que ocurre después del evento principal

En la producción tenemos a LYKKE LI y a Björn Yttling, que ya colaboró con ella en EYEYE. También se le suman Rick Nowels, Dave Sitek, Jake Oh, Zach Fogarty y Psymun. En el apartado compositivo también LYKKE LI tiene el control con la colaboración de nueve co-autores.

La crítica le ha otorgado una media de 72 sobre 100 distribuida de la siguiente manera: The Skinny le otorga un 100/100 y considera que es uno de los mejores trabajos de lo que llevamos de año. MusicOMH, NME, DIY y Mojo 80/100; Pitchfork 70/100; The Line Of Best Fit 60/100. Pero las notas que hacen verdadero daño a la media son las de Uncut 50/100 y la de Spectrum Culture 43/100.

Como podéis observar la recepción ha sido desigual. Mientras algunos medios lo consideran uno de los mejores trabajos del año, otros lo ven como un regreso demasiado conservador. Esa división quizá refleje precisamente el dilema que plantea el disco: para unos supone una pérdida de riesgo artístico; para otros, el regreso de la gran compositora pop que muchos echaban de menos. 

Nosotros probablemente estemos en el segundo grupo y no podemos darle menos de un 85 sobre 100. THE AFTERPARTY es ese disco que esperábamos a continuación de I Never Learn, que nunca tuvimos. Y cuando decimos esto, no estamos hablando en ningún momento de nostalgia. Más bien de una evolución que sí se dió, pero transitando por caminos más complejos. A veces, apostar por lo sencillo y lo directo es un valor seguro. Y eso es lo que ocurre en THE AFTERPARTY y nunca dejaremos de agradecerlo.


MEJORES MOMENTOS: Lucky Again, Sick Of Love, Knife In The Heart, Happy Now, Not Gon City, Knife In The Heart... 

MEDIA CRÍTICA: 72/100

NUESTRA VALORACIÓN: 85/100

LINDA PERRY - LET IT DIE HERE


LET IT DIE HERE es un buen pretexto para volver a LINDA PERRY. Porque, siendo sinceros, el disco interesa, pero ella resulta todavía más fascinante. Pocas trayectorias en la música popular han sido tan improbables. A principios de los noventa apareció al frente de 4 Non Blondes con una imagen entre hippie, indie y antisistema, y un único éxito descomunal, What's Up?, que parecía condenarla a convertirse en una artista de un solo hit. Lo lógico habría sido intentarlo una y otra vez sin conseguir escapar de aquella canción. Pero LINDA PERRY hizo algo mucho más difícil: reinventarse. 

En lugar de empeñarse en seguir siendo una estrella del rock alternativo, descubrió que su verdadero talento estaba al otro lado del cristal del estudio. Allí se convirtió en una de las compositoras y productoras más influyentes del pop de los 2000. Escribió Beautiful para Christina Aguilera -una canción que prácticamente redefinió su carrera- y, a partir de ahí, trabajó con P!nk, Gwen Stefani, Kelly Osbourne, Alicia Keys, Celine Dion, Courtney Love, James Blunt, Jewel, Faith Hill, Solange, Miley Cyrus y muchos otros. No era una simple compositora de encargo: quienes han trabajado con ella suelen describirla como alguien que ayudaba a encontrar la voz artística de cada intérprete, casi una directora creativa además de autora.

Lo más llamativo es que nunca pareció renunciar a su personalidad. La misma mujer que irrumpió desde los márgenes con una banda de aspecto alternativo acabó convirtiéndose en una de las arquitectas del pop más comercial de su tiempo, sin perder del todo esa sensación de ir por libre. En una industria obsesionada con las etiquetas, LINDA PERRY consiguió moverse entre dos mundos que a menudo se miran con desprecio mutuo: el rock que presume de autenticidad y el pop que aspira a conquistar las listas. 

Sin embargo, todavía hay artistas con los que no ha trabajado. Hace poco, en un podcast, explicaba por qué le encantaría colaborar con Madonna. No se limitaba a expresar un deseo: exponía con calma las razones por las que creía que podía ayudarla como compositora y productora. Lo hacía desde un respeto absoluto hacia la Reina del Pop, pero también desde la seguridad de quien sabe perfectamente cuál es su talento. Esa mezcla de humildad y convicción resume bastante bien quién es LINDA PERRY.

Por eso LET IT DIE HERE se escucha de otra manera. No tanto como el regreso de la cantante de 4 Non Blondes, sino como una nueva parada en el camino de una artista que lleva más de treinta años encontrando la forma de seguir siendo relevante. Quizás su mayor logro no sea haber sobrevivido al éxito de What's Up?, sino haber construido una segunda carrera todavía más extraordinaria que la primera.

Musicalmente, LET IT DIE HERE no intenta competir con el pop monumental que LINDA PERRY ayudó a construir para otros. Al contrario, es un disco austero, de raíces rock, folk y americana, donde la prioridad vuelve a ser la canción. Su voz sigue conservando esa mezcla de aspereza y calidez que siempre la ha distinguido, y el repertorio transmite la sensación de una artista que ya no necesita demostrar nada.

LET IT DIE HERE no suena como el disco de una compositora que decide cantar sus propias maquetas. Suena como el disco de alguien que, después de pasar veinte años escribiendo para que otros brillaran, vuelve a cantar sin necesidad de competir con nadie. Esa ausencia total de ansiedad comercial es probablemente una de sus mayores virtudes. 

La inclusión de Beautiful resulta especialmente significativa. No funciona como un reclamo nostálgico, sino como una forma de cerrar un círculo. Escuchar a Perry interpretar la canción que escribió para Christina Aguilera permite redescubrirla desde otro lugar: menos himno generacional y más confesión íntima. Es un recordatorio de que, antes de convertirse en uno de los mayores éxitos del pop de los 2000, Beautiful fue, sencillamente, una canción de LINDA PERRY.

Hay algo conmovedor en escuchar a un compositor interpretar una canción que el mundo asocia irremediablemente a otra voz. No es una versión, pero tampoco es ya del todo la original. Es la prueba de que las grandes canciones acaban emancipándose de quien las escribió. Siguen llevando su firma, pero pertenecen para siempre a quien consiguió hacerlas suyas ante millones de oyentes.

LET IT DIE HERE ha sido bien recibido por la crítica, con una media de 75 sobre 100 (80/100 en Mojo y 70/100 en Classic Rock). El disco también sirve para recordar que LINDA PERRY sigue siendo una intérprete con una personalidad inconfundible. Lo que ocurre es que, durante más de dos décadas, el mundo ha escuchado antes sus canciones en la voz de otros que en la suya.

LET IT DIE HERE no es un disco llamado a cambiar el rumbo del rock ni a conquistar las listas de éxitos. Tampoco lo pretende. Es el trabajo de una artista que conoce mejor que casi nadie el poder de una buena canción y que, después de haber ayudado a escribir la banda sonora de toda una generación desde la sombra, vuelve a recordarnos que también sabe emocionar con su propia voz. No alcanza la excelencia de las obras imprescindibles, pero sí transmite una honestidad, una madurez y una personalidad que lo convierten en una escucha más que recomendable. Nuestra nota es un 80 sobre 100.



MEJORES MOMENTOS: Let It Die Here, Feathers In A Stone, Beautiful, Balboa Park

MEDIA CRÍTICA: 75/100

NUESTRA VALORACIÓN: 80/100

BROKEN SOCIAL SCENE - REMEMBER THE HUMANS


REMEMBER THE HUMANS es el sexto álbum de estudio sel supergrupo canadiense BROKEN SOCIAL SCENE que no grababan desde Hug Of Thunder (2017). Como curiosidad y para quien no lo sepa esta banda puede tener desde seis hasta diecinueve componentes. 

En esta ocasión han contado con la producción de David Newfeld que ya había trabajado con la banda en dos ocasiones anteriores. Aunque el verdadero arquitecto de llevar a buen puerto este trabajo se llama Kevin Drew: alma máter, compositor de muchas de las canciones y vocalista en algunas de ellas. Porque en este álbum encontraremos a muchas otras voces de la banda.

Feist aparece en What Happens Now y es uno de los momentos más emotivos del disco. Hannah Gorgas se encarga de Only The Good I Keep un tema que originariamente iba a ser cantado por Kevin Drew, pero que acabó cediéndoselo a Gorgas porque sentía que la había hecho suya sin demasiados esfuerzos. Lisa Lobsinger aparece en Relief que representa uno de los puntos álgidos del álbum. Ariel Engle acompaña a Andrew Whiteman en The Briefest Kiss y aporta un tono muy etéreo y delicado. Jill Harris aparece en The Call y Life Within The Ground con un papel más destacado que en trabajos anteriores.

En cuanto ausencias, llama la atención que Emily Haines una de las voces más icónicas de BROKEN SOCIAL SCENE, no aparece en la versión final del álbum. Kevin Drew confirmó que grabó material para estas sesiones, pero las canciones quedaron fuera por cuestiones de cohesión del álbum. También se comenta que Amy Millan grabó voces para las sesiones, aunque su participación en el álbum es, como mucho, muy discreta. 

Hay una paradoja en BROKEN SOCIAL SCENE: sobre el papel parecen una receta para la dispersión. Son un colectivo enorme, con miembros que entran y salen, varios compositores, varias voces principales y una instrumentación muy densa. Sin embargo, cuando funcionan, como es el caso de REMEMBER THE HUMANS el resultado suele sonar más unitario que muchas bandas de cuatro miembros.

Hay una identidad sonora por encima de las canciones: aunque cambie el vocalista principal, se reconocen inmediatamente las guitarras reverberantes, las capas de cuerdas y metales, los coros colectivos, la batería muy orgánica y esa mezcla entre ruido y melodía. Es casi como si la producción fuera "el cantante principal". 

Los arreglos tienen un lenguaje común: no importa si una canción la lidera una voz u otra: las decisiones musicales pertenecen al mismo universo. No parece que cada compositor haya traído una canción terminada, sino que todas pasan por el filtro del colectivo. 

Las voces funcionan como instrumentos: en muchos grupos, cambiar de cantante cambia completamente la personalidad del tema. En BROKEN SOCIAL SCENE, las voces suelen integrarse en la textura de la música más que imponerse sobre ella. Eso hace que el cambio de intérprete no rompa la continuidad. 

La secuenciación del disco importa: muchos álbumes actuales -sobre todo en la era del streaming- parecen listas de canciones. Aquí todavía existe la sensación de recorrido: hay contrastes, pero también una narrativa emocional y dinámica. 

La crítica le ha otorgado una media de 77 sobre 100 distribuida de la siguiente manera: Under The Radar 85/100; Paste 83/100; Pitchfork, MusicOMH, No Ripcord, Mojo, Spill Magazine, Record Collector y PopMatters 80/100; Northern Transmissions 77/100; The Line Of Best Fit y Uncut 70/100; Spectrum Culture 64/100 y Far Out Magazine 60/100.

Honestamente, hemos echado de menos que algún medio le otorgase un 90/100. Han cambiado mucho las cosas. En los años sesenta y setenta la crítica premiaba mucho la solidez del álbum como obra completa. Hoy, en cambio, parece que un disco necesita justificar su existencia con una narrativa externa ("el giro radical", "el regreso inesperado", "el disco político", "el experimento electrónico..."). Un álbum que simplemente ofrece 45 o 50 minutos de música excelente puede acabar pareciendo menos relevante de lo que realmente es. 

REMEMBER THE HUMANS de BROKEN SOCIAL SCENE es un álbum relevante. No se puede infravalorar discos cuya principal virtud no es romper moldes, sino construir un mundo sonoro coherente y habitable. Y, al final, muchos oyentes terminan volviendo mucho más a esos discos que a otros que fueron celebrados por su audacia inicial pero perdieron fuerza con el tiempo. Por nuestra parte, lo valoramos con ese 90 sobre 100 que la crítica generalista se resistió a otorgarle. 



MEJORES MOMENTOS: Not Around Anymore, Only The Good I Keep, The Call, Hey Amanda, Paying For Your Love, What Happens Now... 

MEDIA CRÍTICA: 77/100

NUESTRA VALORACIÓN: 90/100

THE LOFT - BADGES


THE LOFT regresan con BADGES un año después de su álbum debut Everything Changes Everything Stays The Same (2025), un álbum que venía con una narrativa muy potente con una historia que merece ser contada y que os explicamos con todo lujo de detalle cuando lo reseñamos.

Para hacer un resumen. Imaginad que una banda que está despuntando decide romper para siempre en mitad de un concierto y regresan cuarenta años después partiendo prácticamente de cero. Eso fue lo que ocurrió con THE LOFT.

El primer disco podía interpretarse de dos maneras: como un gran álbum o como el cierre de una historia que había quedado interrumpida en los años ochenta. La aparición de BADGES, apenas un año después, cambia por completo esa lectura. Ya no parece el cierre de una historia pendiente, sino el comienzo de una nueva etapa. Y hay varios motivos para pensar que es así.

En primer lugar, la relación entre los miembros ya no parece estar condicionada por las tensiones de juventud. Son músicos que llevan una relación adulta y funcional, y eso facilita que el grupo exista como una banda de verdad y no como un acontecimiento puntual.  

Además, el éxito del álbum anterior, especialmente en el Reino Unido, les ha dado motivos para seguir componiendo y grabando mientras la inspiración estaba presente. 

También resulta significativo que no parezca un simple intento de saldar una deuda con el pasado. Si hubiera sido únicamente un proyecto para "hacer por fin el disco que nunca hicimos", probablemente ahí habría terminado la historia.  

Y, por último, el hecho de que BADGES haya llegado tan pronto demuestra que el motor de THE LOFT está en la creación de canciones nuevas y no en la nostalgia.

Ahora la narrativa es distinta. THE LOFT ya no son solo una banda de culto de los ochenta que por fin grabó un álbum; son una banda activa con continuidad. Eso cambia incluso la forma de escuchar Everything Changes Everything Stays the Same: deja de ser un epílogo y pasa a ser el primer capítulo de una nueva etapa. 

Musicalmente, BADGES no supone un giro respecto a su predecesor. THE LOFT vuelven a trabajar con Sean Read y mantienen intactas las señas de identidad que ya analizamos con detalle en la reseña de Everything Changes Everything Stays the Same: guitarras cristalinas, melodías de inspiración sesentera y ese equilibrio entre jangle pop, power pop británico e indie melódico que define su sonido. Más que reinventarse, el grupo opta por profundizar en una fórmula que sigue funcionando. Quizás este segundo álbum podría situarse también cerca del britpop, pero un poco menos que el anterior. 

La crítica ha puntuado a BADGES ligeramente por debajo de Everything Changes Everything Stays The Same con un 77 sobre 100. Solo tres puntos separan a ambos discos. AllMusic, Uncut, Mojo y Record Collector han coincidido en un 80/100. Spectrum Culture en cambio disiente con un 66/100. 

La lectura que hacemos de estos datos es que THE LOFT han conseguido que dos álbumes consecutivos sean recibidos con un consenso claramente positivo. Para una banda que pasó décadas sin publicar un LP de estudio, eso es mucho menos frecuente de lo que parece. Lo normal en estos casos es un primer disco de regreso bien recibido por la novedad y un segundo que evidencie una caída notable. Aquí, en cambio, la crítica sigue considerando que el nivel compositivo se mantiene muy alto, aunque algunos críticos prefieran ligeramente el efecto de descubrimiento que produjo el primer álbum. 

Es posible que Everything Changes Everything Stays the Same conserve un pequeño margen gracias al factor sorpresa y a un puñado de canciones especialmente memorables. BADGES, en cambio, ofrece un repertorio más homogéneo y un grupo que transmite una seguridad mayor. Puede que no emocione tanto en una primera escucha, pero confirma que THE LOFT no han vuelto únicamente para cerrar una vieja historia, sino para seguir escribiendo nuevas páginas. Nuestra valoración es de un 82 sobre 100.



MEJORES MOMENTOS: Happenstance, Sad Comedian, Campervan, Ex lovers and Lost Long Brothers, Goodbye Saturday Night...

MEDIA CRÍTICA: 77/100

NUESTRA VALORACIÓN: 82/100

TOWA BIRD - GENTLEMAN


Recuerdo que, cuando recabamos información sobre TOWA BIRD para reseñar American Hero (2024), su álbum debut, encontramos mucho más sobre su vida personal y su relación con Renée Rapp que sobre su música. Aquella reseña terminó retratando a una artista muy prometedora, pero todavía por definirse. Había un consenso casi unánime en torno a su enorme talento como guitarrista, aunque esa faceta apenas llegaba a desarrollarse en su álbum de debut. Todo quedaba abierto a la espera de comprobar hacia dónde evolucionaría en su siguiente trabajo. 

GENTLEMAN, su segundo álbum, se ha editado recientemente y despeja esa incógnita, aunque quizás no de la manera que esperábamos. De hecho, casi salimos revalorizando American Hero. Si en aquel debut se intuía un potencial todavía sin explotar, aquí da la sensación de que ha optado por una dirección mucho más comercial. Las canciones buscan un sonido más inmediato, más accesible y claramente orientado a la lógica del streaming y la radio, pero en ese proceso parecen haber perdido parte de la personalidad que hacía pensar que TOWA BIRD podía convertirse en una artista realmente singular. 

Sigue siendo una compositora competente y una intérprete con un talento indudable, pero GENTLEMAN tampoco explota esa condición de virtuosa de la guitarra que tantos señalaban como su gran rasgo diferencial. Es cierto que las guitarras tienen más presencia que en American Hero, pero siguen sin ocupar el lugar que cabría esperar de una artista cuya principal carta de presentación siempre ha sido su extraordinario talento como guitarrista. En lugar de definir la personalidad del disco, funcionan más como un ingrediente dentro de un sonido pop-rock bastante convencional. Quizás sea una estrategia para ampliar su público, pero también deja la sensación de que está renunciando, al menos por ahora, a parte del recorrido artístico que parecía tener por delante.

GENTLEMAN desplaza el foco hacia un pop-rock mucho más accesible y melódico. En ese cambio de rumbo resulta revelador que Renée Rapp participe en la composición y los coros de varios temas, una influencia que se percibe especialmente en canciones como Gap In Your Teeth, muy cercana al universo sonoro de la cantante estadounidense. En el extremo opuesto, la colaboración con Kathleen Hanna en All Gone funciona como un recordatorio de las influencias punk y riot grrrl que hicieron de TOWA BIRD una artista tan prometedora, aunque esa vertiente termina ocupando un lugar mucho más discreto en el conjunto del álbum.

La presencia de Kathleen Hanna y algunos destellos de guitarras más incisivas recuerdan que esa TOWA BIRD capaz de construir un gran disco de rock sigue existiendo. Quizá GENTLEMAN no sea una renuncia definitiva, sino un desvío hacia un sonido más accesible. Lo curioso es que, igual que ocurría con American Hero, este segundo álbum tampoco termina de definir quién quiere ser TOWA BIRD. Dos discos después, la sensación sigue siendo la de una artista con un enorme potencial y más preguntas que respuestas.

La crítica le ha otorgado a GENTLEMAN un 65 sobre 100 de media basada en las reseñas de Dork (80/100) y DIY (50/100). En comparación, American Hero consiguió una media de 73/100. Estamos hablando de ocho puntos de descenso entre los dos trabajos. 

La crítica suele conceder un margen de confianza a los debuts. En un primer álbum se acepta que un artista todavía esté buscando su identidad. Pero ese crédito no es infinito. Con GENTLEMANTOWA BIRD sigue transmitiendo la sensación de tener mucho más que ofrecer de lo que acaba plasmando en el disco. La buena noticia para ella es que la puerta de exploración artística sigue abierta y aún puede redefinir su identidad en un tercer disco. La mala es que, para la crítica, ese margen de paciencia empieza a reducirse: a partir de ahora, se le exigirá menos promesa y más resultado. Nuestra valoración es de un 78 sobre 100.  



MEJORES MOMENTOS: Daisy, Afterglow, Your Girl, Gentleman, Dog, Dirty Habit, Gap In Your Teeth, All Gone... 

MEDIA CRÍTICA; 65/100

NUESTRA VALORACIÓN: 78/100

SAMM HENSHAW - IT COULD BE WORSE 


Nos parece demencial que un álbum como IT COULD BE WORSE de SAMM HENSHAW lleve publicado desde Enero de este año y solamente haya recibido una nota crítica. El 70 sobre 100 que le otorgó un único medio: Clash. También es mala suerte que aparezcas en los agregadores con una única nota y sea una valoración que no hace justicia a un álbum tan bueno como este. 

SAMM HENSHAW es un cantante, compositor y productor británico. Henshaw encaja en la tradición de soul contemporáneo con base gospel, pero en su versión más clásica y orgánica: soul de banda en directo, muy influida por el gospel británico, R&B y toques de funk y pop muy contenidos.

Normalmente las etiquetas con que mencionan sus dos discos -IT COULD BE WORSE es su segundo álbum de estudio- son soul contemporáneo o neo-soul con una fuerte raíz en gospel. 

La producción de sus álbumes es analógica y de banda. En IT COULD BE WORSE esto se nota aún más porque es deliberadamente retro: grabado con músicos en directo y con estética de soul de los sesenta y setenta, mucho más orgánico que el R&B de radio actual.

Sus influencias van desde los clásicos de la Motown, pasando por Al Green, Marvin Gaye o Curtis Mayfield y también artistas más actuales como Leon Bridges o Michael Kiwanuka. Curiosamente tanto Bridges como Kiwanuka comenzaron sus carreras con álbumes que son primos hermanos de IT COULD BE WORSE

El debut de Kiwanuka, Home Again (2012), estaba muy anclado en el folk-soul de los setenta. A partir de Love & Hate (2016), junto a Danger Mouse e Inflo, empezó a construir un universo mucho más psicodélico, expansivo y ambicioso. Es un crecimiento artístico evidente, pero también dejó atrás parte de la intimidad y sencillez del primer disco. 

Con Leon Bridges ocurrió algo parecido. Coming Home (2015) era casi un homenaje a la era de Sam Cooke y Otis Redding. Después, con Good Thing (2018) y sobre todo Gold-Diggers Sound (2021), abrazó un R&B mucho más moderno y atmosférico. 

En cambio, SAMM HENSHAW da la impresión de haber encontrado muy pronto su identidad. No parece tener esa inquietud por reinventarse constantemente. Su personalidad está menos en cambiar de sonido que en perfeccionar una fórmula donde conviven el góspel, el soul británico y una enorme facilidad para escribir melodías accesibles sin sonar prefabricado. 

Curiosamente, eso puede jugar en su contra a nivel de reconocimiento. La industria y buena parte de la crítica suelen premiar la evolución visible. Cuando un artista sorprende con un giro estético importante, se interpreta como una señal de crecimiento. Un músico que simplemente sigue haciendo discos excelentes dentro del mismo lenguaje corre el riesgo de que se dé por sentado. 

También creemos que Henshaw ocupa un espacio algo incómodo y esa podría ser la causa de que no haya tenido más visibilidad por parte de la crítica generalista. Es demasiado soul para el pop de masas, demasiado pop para el circuito del soul más purista y demasiado luminoso para el R&B alternativo que suele generar más conversación. 

Eso hace que sea fácil que quede fuera de las grandes narrativas del álbum del año, aunque sus canciones funcionen extraordinariamente bien. Lo que más nos llama la atención de IT COULD BE WORSE es que transmite una sensación de naturalidad. No parece un disco diseñado para demostrar virtuosismo ni para seguir una tendencia. Da la impresión de que Henshaw simplemente hace la música que le nace hacer, y esa falta de cálculo acaba siendo uno de sus mayores atractivos.

Los que seguís este blog desde el principio sabéis que nosotros apostamos por los discos que importan. Si un álbum tiene una cohesión sonora y una coherencia estética, posee buenas canciones que sobreviven al contexto del álbum, que además aportan calidad a los géneros a los que pertenecen, sin ninguna necesidad de renovarlos o revolucionarlos de manera forzada. Es suficiente para que le prestemos atención. 

Podrá haber discos mejores o peores. Pero un disco que fluye con la naturalidad de IT COULD BE WORSE no debe pasar desapercibido y aunque no esté en la conversación de la crítica generalista para estar entre los mejores álbumes del 2026, sí que lo está en la nuestra, que durante más de quince años se ha caracterizado por romper ese tipo de moldes. Nuestra nota es un 88 sobre 100.  



MEJORES MOMENTOS: Closer, Float, Hair Down, Don't Give It Up, Wait For Ever, Stay On The Move, Get Back...

MEDIA CRÍTICA: 70/100

NUESTRA VALORACIÓN: 88/100

MAYA HAWKE - MAITREYA CORSO



Con MAITREYA CORSO, MAYA HAWKE da el paso más ambicioso de su carrera musical. Si en Blush (2020), Moss (2022) y Chaos Angel (2024) predominaban las canciones íntimas y confesionales, aquí intenta construir algo más cercano a una obra conceptual. El disco gira en torno a Maitreya Corso, un personaje de ficción cuyo nombre combina la espiritualidad del Maitreya budista con la sensibilidad poética de Gregory Corso. Más que una protagonista al uso, Maitreya funciona como un alter ego desde el que Hawke reflexiona sobre la identidad, la ambición, el ego y la necesidad de encontrar un lugar propio en el mundo. 

La intención es clara: crear un universo de fantasía que sirva como vehículo para hablar de conflictos muy reales. No se trata de un álbum de fantasía en el sentido narrativo tradicional, sino de utilizar ese imaginario para recorrer un viaje emocional que va desde el deseo y la búsqueda hasta una cierta aceptación de uno mismo. Es, sin duda, el proyecto más literario y conceptualmente cohesionado que ha firmado hasta ahora. 

Sin embargo, la recepción crítica ha sido la más fría de toda su discografía con una media de 68 sobre 100. A pesar de los picos más altos de 80/100 de medios como PopMatters y MojoMAITREYA CORSO es, hasta la fecha, el disco peor valorado de MAYA HAWKE situándose siete puntos por debajo de sus dos últimos trabajos. La cuestión interesante es que las críticas no parecen deberse a una falta de comprensión del concepto. Al contrario: la mayoría de los críticos entienden perfectamente qué pretende hacer. El problema, según ellos, es que la ejecución no alcanza la altura de la ambición. 

La reseña más dura fue probablemente la de Paste, que le otorgó un 50/100 y comparó el álbum con el dibujo que un niño entrega orgulloso a sus padres: una obra cargada de significado para quien la crea, pero que no necesariamente posee un gran valor artístico para quien la recibe. Es una metáfora deliberadamente cruel, quizá excesiva, pero resume una idea compartida por parte de la crítica: el concepto resulta más sólido que las canciones que lo sostienen. 

En esta etapa resulta imposible no hablar de Christian Lee Hutson. Su influencia en los dos últimos discos de MAYA HAWKE parece evidente. Hutson aporta una sensibilidad muy ligada al folk contemporáneo y a la canción de autor, donde las letras ocupan el centro y la producción nunca eclipsa la narración. Gracias a esa colaboración, Hawke ha encontrado una identidad musical mucho más definida que en sus primeros trabajos. Chaos Angel ya mostraba esa evolución, y MAITREYA CORSO profundiza todavía más en ella. 

Sin embargo, esa misma alianza también puede haber reforzado algunas de las tendencias del álbum. La apuesta por la introspección, el simbolismo y las referencias literarias es tan fuerte que, en ocasiones, las canciones parecen estar al servicio del concepto y no al revés. Da la impresión de que nadie durante el proceso creativo cuestionó si algunas ideas necesitaban una mayor concreción o si determinadas composiciones requerían un desarrollo musical más contundente. 

Como experiencia de escucha, MAITREYA CORSO deja una sensación desigual. El comienzo del disco es probablemente su tramo más conseguido. La presentación del personaje, el conflicto que plantea y la atmósfera que construye invitan a seguir el viaje con interés. Durante esa primera mitad, concepto y canciones avanzan de la mano. Es en el último tercio donde el álbum pierde parte de ese impulso. Las ideas empiezan a repetirse, la narrativa parece estancarse y varias canciones no consiguen dejar una huella tan clara como las iniciales. 

Más que un problema de cohesión, la sensación es que el recorrido emocional deja de crecer. Algo parecido ocurre con las letras. MAYA HAWKE sigue demostrando una enorme sensibilidad y un gusto evidente por la escritura poética, pero no todas las imágenes ni todas las metáforas alcanzan la profundidad que el propio álbum promete. Hay momentos de gran inspiración, pero también otros en los que la ambición filosófica y simbólica supera la precisión de la escritura. 

El resultado es un disco que quiere decir mucho más de lo que finalmente consigue expresar. Eso no convierte MAITREYA CORSO en un fracaso. Al contrario, es probablemente la obra más valiente de MAYA HAWKE y la que más riesgos asume. Pero también es un recordatorio de que un gran concepto necesita estar respaldado por canciones igualmente memorables. La imaginación del mundo que propone nunca está en duda; lo que sí queda abierto a debate es si ese mundo termina cobrando toda la vida que promete en sus mejores momentos. Nuestra valoración es un 70 sobre 100


MEJORES MOMENTOS: Love My Life, Heavy Rain, Green Dragon, Devil You Know, Lioness...

MEDIA CRÍTICA: 68/100

NUESTRA VALORACIÓN: 70/100

MARMOZETS - CO.WAR.DICE


Hay discos que no piden permiso para sonar fuertes, directos y eléctricos, y CO.WAR.DICE de MARMOZETS es exactamente eso: una descarga de adrenalina pensada para el verano, pero con suficientes capas como para no quedarse solo en la superficie. 

Lo primero que llama la atención es su sensación de urgencia. Todo en el álbum parece empujarte hacia delante, como si cada canción fuera un estallido contenido que se libera sin pedir tregua. Hay algo muy contemporáneo en su producción, pero también una textura que remite a otra época, a un rock más físico, más de escenario sudado y menos de algoritmo. 

Y es ahí donde aparece la lectura más interesante: ese eco ochentero que no se anuncia, pero se cuela. En ciertos riffs, en la forma de atacar los estribillos, incluso en la actitud vocal, hay un parentesco claro con el rock de estadio de finales de los setenta y primeros ochenta. No necesariamente como cita consciente, sino como herencia filtrada. 

En ese sentido, la conexión con Pat Benatar resulta especialmente sugerente. No hace falta que la banda la nombre en entrevistas para que su sombra esté ahí. El paralelismo no es tanto estilístico literal como actitudinal: esa mezcla de contundencia y melodía que convirtió a Benatar en una figura clave del rock de su época. 

Canciones como Cut Back parecen dialogar, de forma indirecta, con esa tradición. Hay un pulso agresivo pero accesible, una forma de cantar el conflicto sin perder el gancho melódico. Y si uno piensa en la Pat Benatar más rockera -la de temas como Treat Me Right- es fácil entender por qué esa referencia encaja: guitarras tensas, voz al frente, y una sensación de control dentro del caos. 

No se trata de decir que CO.WAR.DICE “suena a los 80”, sino de algo más interesante: suena a cómo los 80 siguen filtrándose en bandas jóvenes sin necesidad de nostalgia explícita. Como si ciertas ideas del rock -la energía frontal, el estribillo como golpe, la voz como arma- simplemente hubieran sobrevivido y mutado. En ese cruce entre presente y herencia, el disco encuentra su fuerza. Y también su personalidad: no la de la reverencia, sino la de la continuidad inconsciente.

La crítica le ha otorgado una media de 77 sobre 100 distribuida de la siguiente manera: DIY 90/100; Sputnikmusic, Kerrang!, Metal Hammer, Dork y The Arts Desk 80/100 y Record Collector y Classic Rock 60/100. Entendemos la recepción general, pero creemos que hay una intención compositiva y una personalidad estilística que elevan el disco por encima de la media del género.

CO.WAR.DICE de MARMOZETS funciona dentro de los códigos habituales del rock alternativo y el post-hardcore, pero no se limita a reproducirlos: los reorganiza con una intención clara, construyendo un disco que, sin necesidad de grandes rupturas formales, encuentra su identidad en cómo articula sus propias tensiones internas. La voz se impone como un elemento diferenciador, con una personalidad reconocible que evita que el conjunto se diluya en la homogeneidad del género, mientras que el equilibrio entre agresividad y melodía se mantiene vivo gracias a un dinamismo que rara vez cae en la fórmula predecible. En ese cruce entre eficacia y carácter, el álbum se revela más interesante de lo que su media crítica sugiere, y por eso nuestra valoración se sitúa en un 85 sobre 100: una puntuación que reconoce no solo su solidez, sino también la inteligencia con la que consigue trascenderla.

 


MEJORES MOMENTOS: Cut Back, Dandy, A Kiss From A Mother, Swear I'm Alive, Keep Going Darling... 

MEDIA CRÍTICA: 77/100

NUESTRA VALORACIÓN: 85/100

miércoles, 1 de julio de 2026

TIFT MERRITT: LA BONDAD COMO ACTO DE RESISTENCIA.

 


TIFT MERRITT regresa con SUGAR tras casi una década de silencio. Es cierto que el año pasado nos regaló Time And Patience (2025). Un disco de maquetas domésticas ("kitchen recordings") y grabaciones inéditas realizadas alrededor de 2003-2004, durante el proceso creativo de Tambourine (2004). Merritt decidió publicarlas coincidiendo con el 20º aniversario de Tambourine. Ella misma explicó que eran canciones y versiones de trabajo en las que siempre había creído, aunque en su día no vieran la luz. Quizás se puede considerar como un "álbum perdido" más que un disco nuevo. Las críticas incluso lo definieron como un "companion disc" de Tambourine: un compañero que permite escuchar el proceso creativo de aquella época, con demos desnudas, tomas alternativas y material que quedó fuera del álbum definitivo.

La realidad es que desde Stitch Of The World (2017) no había editado ningún álbum nuevo. SUGAR parece recoger muchas de las experiencias acumuladas durante esos años de silencio discográfico: la maternidad, su trabajo en la Duke University y su implicación en la defensa de los derechos de los músicos. Las canciones se escribieron a lo largo de unos ocho años, de modo que el disco funciona como una auténtica continuación de Stitch of the World, más que como una ruptura con su trayectoria.

SUGAR nos ha sorprendido en algunos aspectos. El álbum se abre con el corte titulado Finest Feelings. En él TIFT MERRITT conserva ese timbre cálido y cercano que siempre la ha caracterizado, pero hay varios elementos que hacen que la interpretación resulte más poderosa de lo habitual. En primer lugar, la voz está colocada de otra manera. En discos como Bramble Rose (2002), Tambourine o incluso Stitch of the World, Merritt tendía a cantar con una mezcla de delicadeza y contención, apoyándose mucho en los matices.

En Finest Feelings canta con más cuerpo en el registro medio, proyectando la voz sin perder naturalidad. No da la sensación de que quiera demostrar potencia vocal; simplemente la tiene y la utiliza cuando la canción lo pide. 

También influye mucho la producción. La instrumentación empuja desde el primer momento, con una base rítmica firme y guitarras que ocupan más espacio del que era habitual en sus trabajos más introspectivos. En ese contexto, Merritt responde elevando la intensidad de la interpretación en lugar de susurrar por encima del arreglo. 

Hay además un factor que suele aparecer en artistas con una trayectoria larga: la madurez vocal. Con los años la voz pierde algo de brillo juvenil, pero gana densidad, resonancia y autoridad expresiva. En el caso de Merritt, ese ligero oscurecimiento del timbre juega a favor de canciones como Finest Feelings, que transmiten convicción sin necesidad de grandes alardes. 

Someone to Watch the Band With Me es otra de las canciones que llaman la atención por su fuerza. Aunque es un disco en el que Merritt nos da otros registros sorprendentes como lo que consigue con la polifonía de Fate of Man Is Sarah's Eyes que tiene un efecto muy luminoso. Como todas las voces son suyas, parece un diálogo consigo misma. Es casi como si la canción estuviera sostenida por distintas versiones de la misma persona: la joven, la adulta, la madre, la compositora... Esa lectura quizá sea más poética que literal, pero musicalmente funciona así.

Quizás la canción que más represente la esencia de TIFT MERRITT de este álbum sea Philosopher's Song. El tema elegido para cerrar SUGAR. Una canción hecha para habitarla y que despertará distintos sentimientos en los que han seguido la carrera de Merritt desde el principio. Sentimientos que van mucho más allá de la nostalgia.  

La producción del álbum corre a cargo de Lawrence Rothman. Aunque Merritt siempre ha estado encasillada en el folk o la americana en este álbum notamos que no abandona en ningún momento esos dos pilares pero también coquetea con el rock en algunos cortes. En la banda aparece de forma muy destacada Robert Ellis, que toca guitarras en prácticamente todo el álbum. También participan músicos como Audley Freed, Eric Slick, Peter Levin y Todd Bolden, que aportan un sonido más musculoso del que nos tenía acostumbrados.



La composición de las canciones de SUGAR viene firmada por la propia TIFT MERRITT es una constante en su discografía. Solo una canción de las doce tiene coautores: Someone to Watch the Band With Me. En ella, además de Merritt aparecen acreditados Daniel Tashian y dos autores franceses, Olivier Pocheville y Cécile Combre.

Eso hace que SUGAR nos parezca todavía más interesante. Aunque percibimos una evolución importante en el sonido, no se debe a que haya delegado la escritura, sino a que ha encontrado una nueva forma de vestir unas canciones que siguen siendo muy personales. En otras palabras, el cambio está más en la interpretación, la producción y la instrumentación que en la voz compositiva, que continúa siendo inequívocamente la de TIFT MERRITT.

Hay una consecuencia de todo esto que nos parece muy interesante: después de casi diez años sin publicar un álbum de estudio nuevo, podría haber recurrido a un equipo de compositores externos para buscar canciones más comerciales. Ha hecho exactamente lo contrario: ha regresado con un disco que, salvo una excepción, está escrito íntegramente por ella. Eso dice mucho de la confianza que tiene en su propia escritura a estas alturas de su carrera.

Y de momento, la crítica está celebrando SUGAR con unas valoraciones de 80 sobre 100 por parte de medios como Mojo o Uncut, publicaciones que rara vez regalan las notas altas, especialmente a artistas con una trayectoria larga. Un 80 implica que consideran que el álbum tiene recorrido y entidad propia. De mantenerse esta media SUGAR se convertiría en el segundo disco mejor valorado de su carrera despues de Bramble Rose. Porque recordemos que este álbum se liberó el pasado fin de semana.   

Uno de los puntos fuertes de SUGAR también es el narrativo. Es un álbum que vale más por lo que cuenta que por cómo lo cuenta. No nos parece un álbum que busque deslumbrar con giros armónicos o grandes arreglos. Es un disco de escritura, de observación y de experiencia vivida. Musicalmente acompaña con mucha elegancia, pero da la impresión de que Merritt quiere que prestemos atención a las palabras.

En discos anteriores, Merritt escribía mucho sobre el amor y los viajes interiores. En SUGAR parece haber un desplazamiento hacia la ética del cuidado: cuidar de otros, sostener una familia, trabajar, perseverar, seguir siendo amable en tiempos difíciles. No es casual que hayan pasado años entre ambos discos; durante ese tiempo ha sido madre, ha desarrollado otros proyectos y ha reflexionado mucho sobre la vida fuera de la industria musical. Todo eso parece haber acabado dentro de estas canciones.

Canciones costumbristas que muestran una idea muy presente en cierta literatura norteamericana contemporánea: que la vida adulta no consiste en acumular grandes acontecimientos, sino en aprender a mirar con atención los pequeños. Merritt parece escribir desde ese lugar. Hay una frase del escritor Raymond Carver que siempre nos viene a la cabeza con discos como este: la literatura -y por extensión las canciones- puede encontrar lo extraordinario en lo ordinario. Creemos que Merritt está trabajando precisamente en ese territorio. Y hay otro aspecto que nos parece especialmente interesante. Muchas cantautoras estadounidenses, al llegar a la madurez, han optado por hacer discos más introspectivos o más sombríos. Merritt, en cambio, parece interesada en otra cuestión: la bondad. No la bondad ingenua, sino la que cuesta mantener cuando la vida ya te ha enseñado unas cuantas decepciones. Esa insistencia en la generosidad, el cuidado y la dulzura como actos casi de resistencia nos parece una de las ideas más originales de SUGAR.

Quizás ahí resida el mayor logro de este trabajo. No en demostrar que TIFT MERRITT sigue siendo una gran compositora -eso hace mucho tiempo que dejó de estar en discusión-, sino en confirmar que todavía es capaz de mirar el mundo con curiosidad, humanidad y una delicadeza que nunca resulta complaciente.

Con SUGAR, Merritt firma uno de los mejores trabajos de toda su carrera. Un álbum que amplía su lenguaje sonoro sin renunciar a la identidad que ha definido siempre su escritura y que confirma que su inspiración no solo permanece intacta, sino que ha adquirido una profundidad poco común. Nuestra nota es un 92 sobre 100.



MEJORES MOMENTOS: Philosopher's Song, Everyday Singing, Finest Feelings, Someone To Watch The Band With me, Sugar, Look What Love Just Did... 

MEDIA CRÍTICA: 80/100

NUESTRA VALORACIÓN: 92/100

lunes, 29 de junio de 2026

BETH ORTON: CUANDO TODO ENCAJA.

 


¿Recordáis aquellos años en los que nos sentábamos tranquilamente a escuchar un disco por el simple placer de escuchar un disco y no hacíamos otra cosa? Podíamos poner un LP, sentarnos en el sofá, quizás leer las letras o simplemente mirar la portada mientras sonaba el álbum entero. No había necesidad de hacer nada más. Como mucho, acompañar la experiencia con un cigarro o una copa de vino. El disco marcaba el tiempo.

Pues bien, eso fue una práctica muy común durante décadas y, efectivamente, hoy es bastante menos frecuente. Escuchar un disco era una actividad en sí misma, no el acompañamiento de otra. Hoy la música ha adquirido muchas funciones distintas. Acompaña el deporte, el trabajo, los desplazamientos, las tareas domésticas... No hay nada malo en eso, pero es un modo de escucha diferente. En ese contexto, un álbum como THE GROUND ABOVE de BETH ORTON puede pasar casi desapercibido porque no está diseñado para competir con otras cosas que reclaman tu atención.

Brian Eno distinguía entre música que podía estar en primer plano y música que podía convivir con el entorno. BETH ORTON, en este momento de su carrera, está haciendo claramente música de primer plano. No porque sea estridente, sino porque su riqueza aparece cuando le dedicas atención.

Recordemos que BETH ORTON viene de Weather Alive (2022) uno de sus trabajos más aclamados por la crítica. Algo que ponía de entrada a THE GROUND ABOVE en una posición un tanto difícil. ¿Sería capaz de hacer otro disco igual o superior? Queda claro que estas cuestiones se las plantean más los críticos o el público que los propios artistas.

Porque con THE GROUND ABOVE parece haber ocurrido algo poco habitual: no solo no se ha resentido tras un disco tan celebrado como Weather Alive, sino que muchos críticos consideran que ha prolongado esa misma inspiración creativa. La crítica le ha otorgado una media de 80 sobre 100 que ha revalidado prácticamente la nota de su Weather Alive. Medios como Hot Press, MusicOMH y AllMusic le otorgan puntuaciones muy altas en torno al 90/100 y el resto de valoraciones son muy positivas: Slant Magazine, Uncut, Rolling Stone UK, Mojo y Far Out Magazine 80/100; Northern Transmissions 73/100 y The Arts Desk 60/100. Muchos de estos medios destacan precisamente que no intenta ser un disco de algoritmo, sino una obra que exige tiempo y atención.




La clave está en que Weather Alive no fue un pico aislado, sino el comienzo de una nueva etapa. Ella misma ha explicado que ambos discos nacen del mismo impulso creativo: trabajar desde el piano, autoproducirse y permitirse desarrollar las canciones sin preocuparse por la duración (algunas rondan entre los seis y los ocho minutos) ni por las convenciones comerciales. De hecho, ha descrito THE GROUND ABOVE como un disco hermano del anterior. 

Algo que se nota en decisiones que son casi contraculturales como que sean solo ocho canciones, que la duración exceda todos los estándares o que las estructuras evolucionen lentamente en lugar de buscar un estribillo inmediato. Además de darle espacio a las texturas instrumentales y a los arreglos para que se expandan. 

Lo que nos parece más admirable es que todo esto llegue cuando lleva tres décadas de carrera. Lo más frecuente es que un artista termine viviendo de la nostalgia; en cambio, Orton parece estar haciendo algunos de los trabajos más inspirados de su discografía precisamente ahora. Hay una madurez en su voz -más grave, más áspera- y una libertad compositiva que probablemente no habría tenido en los noventa.

Si Weather Alive fue recibido como un regreso inesperadamente brillante, THE GROUND ABOVE empieza a dar la sensación de confirmar que no fue una excepción, sino el inicio de un auténtico renacimiento artístico. Y eso, en una carrera tan larga, es bastante excepcional.

THE GROUND ABOVE se mueve en un territorio difícil de encerrar en una sola etiqueta, y precisamente ahí está una de sus virtudes. Aunque aparece clasificado como art rock, ambient pop, art pop y post rock, siempre bajo el marco de singer-songwriter, lo que suena no es una mezcla dispersa de estilos, sino una única idea musical desarrollada con distintos matices. La escritura sigue siendo profundamente autoral y centrada en la voz, pero la producción -asumida por la propia Orton- desplaza el foco hacia la textura, la duración y el espacio, más que hacia la estructura clásica de canción. 

Al igual que en Weather Alive, la secuenciación de las canciones es perfecta. En este caso el álbum se abre con la canción The Ground Above, que excede los ocho minutos. No es una decisión de impacto en el sentido tradicional, sino una declaración de intenciones: no te está invitando a entrar poco a poco, sino a sumergirte directamente en el espacio sonoro del disco. A partir de ahí, el resto se percibe como un desplazamiento continuo, más cercano a un viaje que a una sucesión de canciones independientes. Hasta que llega el punto álgido representado por el tramo final a partir de Waiting y con I'll Miss You, Love Your Right y Otherside, canciones que crecen en intensidad y tienen un peso específico dentro del conjunto a pesar de que el álbum funcione como un "todo". Esto refuerza la sensación de arco narrativo, como si el álbum cerrara el círculo después de haber explorado estados más abiertos y atmosféricos. 

THE GROUND ABOVE es una obra completamente cerrada y sin grietas internas. No solo se sostiene, sino que se amplía con el tiempo. Por eso, nuestra nota es un 100 sobre 100. Estamos ante un álbum que funciona como una experiencia total. Habría sido fácil darle esa puntuación valorando su veteranía, su autosuficiencia o incluso atribuyéndole un mérito añadido a su trayectoria. Pero no ha sido necesario: es un álbum que habla por sí solo. 


MEJORES MOMENTOS: Las ocho canciones son realmente buenas y deben ser escuchadas de principio a fin y en el orden que están secuenciadas, sin usar el modo aleatorio. 

MEDIA CRÍTICA: 80/100

NUESTRA VALORACIÓN: 100/100

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