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jueves, 28 de mayo de 2026

GIA MARGARET: SILENCIO ROTO.

 


GIA MARGARET es una cantautora, pianista y productora originaria de Chicago cuya música se mueve entre el folk íntimo, el ambient y el dream pop minimalista. Tras debutar con un sonido marcado por la fragilidad emocional y las texturas electrónicas delicadas, su carrera dio un giro inesperado cuando una lesión en las cuerdas vocales la obligó a apartarse del canto durante varios años. Lejos de desaparecer, convirtió esa limitación en una nueva vía creativa y publicó dos discos instrumentales -Mia Gargaret (2020) y Romantic Piano (2023)- centrados en el piano, la atmósfera y el silencio como lenguaje emocional. Ahora, con SINGING, Margaret recupera la voz y presenta un trabajo que funciona no solo como un nuevo capítulo musical, sino como el cierre simbólico de un largo proceso de transformación artística y personal. 

La narrativa que rodea a SINGING convierte el álbum en algo más que un simple regreso discográfico. Después de años explorando la ausencia de la voz como parte central de su identidad sonora, el hecho de volver a cantar adquiere un peso emocional evidente tanto para la artista como para su público. El disco se percibe como la culminación natural de una etapa marcada por la vulnerabilidad, la reinvención y la búsqueda de nuevas formas de expresión, una historia especialmente poderosa dentro del universo indie contemporáneo, donde la autenticidad y la evolución artística suelen tener tanto valor como la propia música.

En lo sonoro, SINGING se mueve con naturalidad entre la folktrónica, el indie folk, el chamber pop y el ambient, géneros que GIA MARGARET logra integrar sin que el disco pierda unidad ni se sienta disperso. Las canciones están construidas desde la sutileza: arreglos de piano delicados, capas electrónicas casi fantasmales, percusiones mínimas y una producción que deja muchísimo espacio al aire y a la respiración de la voz. Pero bajo esa aparente calma hay narrativas muy humanas sobre la vulnerabilidad, la intimidad, la memoria y la reconstrucción emocional, temas que atraviesan el álbum de forma constante. Incluso en los momentos más atmosféricos, las canciones nunca se sienten abstractas; siempre hay una sensación de cercanía confesional. En Good Friend, por ejemplo, aparece un detalle especialmente llamativo con unas armonías vocales que recuerdan por momentos a cantos gregorianos, un recurso inesperado que añade una dimensión casi espiritual al tema y refuerza esa mezcla entre recogimiento, melancolía y calidez que define gran parte del disco.






En cuanto a su producción, SINGING encuentra un equilibrio muy preciso entre calidez orgánica y detalle atmosférico gracias al trabajo conjunto de GIA MARGARET, Guy Sigsworth, Doug Saltzman, S. Carey y Blake Rhein. Las composiciones, firmadas principalmente por Margaret junto a Saltzman, están tratadas con enorme sensibilidad: nada suena excesivo, cada textura parece colocada para acompañar la voz sin invadirla y el disco mantiene una coherencia sonora muy difícil de sostener en trabajos tan atmosféricos. De hecho, resulta especialmente interesante descubrir la implicación de S. Carey en la producción después de escuchar el álbum, porque muchas de las decisiones tímbricas ya remitían claramente a su universo musical incluso antes de leer los créditos. Su participación en la percusión, los coros, los teclados y el piano ayuda a explicar esa sensación de profundidad cálida y flotante que atraviesa el disco, especialmente en la forma en que conviven el espacio ambiental, las armonías vocales y las percusiones suaves casi orgánicas. Ahora que su presencia queda confirmada, muchas de las conexiones sonoras del álbum terminan encajando de manera bastante evidente.

La crítica le ha otorgado una media de 74 sobre 100 distribuida de la siguiente manera: Clash, Mojo y Hot Press 80/100; The Line Of Best Fit y Uncut 70/100 y Pitchfork 63/100. Curiosamente, a pesar de venir con una narrativa bastante potente, SINGING ha sido peor valorado que sus dos discos instrumentales. 

Pero tiene su explicación. Los discos instrumentales como Mia Gargaret y Romantic Piano encajan muy bien en el tipo de obras que la crítica suele premiar: discos conceptuales, minimalistas, silenciosos, con una narrativa estética muy clara y una cierta radicalidad artística. Además, el contexto de la lesión vocal les daba una capa extra de lectura crítica: no parecían ejercicios decorativos, sino trabajos nacidos de una limitación física real. Eso suele generar muchísimo interés en medios especializados. 

SINGING, en cambio, probablemente funciona en otro registro emocional. El atractivo ya no está tanto en la experimentación o en la contención extrema, sino en el retorno humano de la voz. Y eso muchas veces conecta más con el público que con cierta crítica, porque el gesto principal del disco no es innovar, sino recuperar algo perdido. 

También ocurre una cosa curiosa: cuando un artista construye una etapa muy fuerte alrededor del silencio o la austeridad, parte de la crítica tiende a idealizar esa fase como el "momento puro" o más arriesgado de su carrera. Entonces el regreso a formatos más tradicionales -canciones cantadas, estructuras más accesibles, mayor calidez emocional- puede verse como menos rompedor aunque sea más conmovedor. De hecho, esa diferencia entre recepción crítica y recepción emocional podría terminar reforzando aún más el lugar de Singing dentro de su discografía: los discos instrumentales como obras de culto y SINGING como el disco con el que mucha gente conecta personalmente.

Para nosotros, SINGING merece un 85 sobre 100 precisamente porque funciona más allá de la narrativa que lo rodea. Evidentemente, el regreso de GIA MARGARET añade una carga emocional inevitable, pero el disco se sostiene por sí mismo: hay honestidad en la interpretación, una cohesión muy bien medida entre las canciones y una sensación constante de intimidad que nunca cae en el sentimentalismo fácil. Lo más curioso es que la segunda mitad del álbum, más ambient e instrumental, termina funcionando peor que su primera parte. Quizás porque, después de años asociando su música al silencio y a la ausencia de voz, aquí ocurre exactamente lo contrario: durante todo el disco lo que realmente apetece es seguir escuchándola cantar.



MEJORES MOMENTOS: Everyone Around Me Dancing, Moon Not Mine, Alive Inside, Good Friend, Cellular Reverse, Rotten, E-Motion...

MEDIA CRÍTICA: 74/100

NUESTRA VALORACIÓN: 85/100


Esta reseña está dedicada a la memoria de Deluxe, que tristemente nos ha dejado. 

Deluxe fue una de las blogueras de moda más seguidas de los años 2000 y también una presencia constante en los primeros años de este blog, dejándonos siempre sus comentarios y apoyo. 

Estuvo muy presente en la creación de Exquisiteces, porque nunca dejó de animarme a escribir y a creer en mí mismo. 

Gracias por pasar por mi vida y por enseñarme a confiar en quien soy. 

 D.E.P. 


miércoles, 27 de mayo de 2026

SKYLAR GREY: DESDE CERO.

 


Hay una diferencia entre vender un catálogo como estrategia financiera y venderlo para sobrevivir. Antes de publicar WASTED POTENTIAL, SKYLAR GREY cedió los derechos de canciones como Love the Way You Lie, Coming Home o I Need a Doctor para afrontar el desgaste financiero y legal de un divorcio prolongado. En otras palabras: algunas de las composiciones de mayor éxito de la década pasada dejaron de pertenecer a la artista que ayudó a escribirlas. 

Si hay alguien capaz de reconstruir un catálogo desde cero, es SKYLAR GREY. O al menos eso habría parecido en otro momento, cuando la industria aún podía entenderse como un sistema más predecible, donde el talento seguía funcionando como punto de partida. Pero ese escenario ya no existe del mismo modo. Hoy la cuestión no es solo si una artista puede escribir grandes canciones, sino si puede volver a situarse dentro de un ecosistema que ya no garantiza espacio para las segundas oportunidades. 

En lugar de tratar WASTED POTENTIAL como un punto de regreso o como la consecuencia directa de una historia personal concreta, es más útil escucharlo como un disco que rehúye cualquier lectura estable. Sus canciones no terminan de consolidar una narrativa única; esa ambigüedad -más que cualquier biografía- es lo que termina definiendo su identidad.

El disco se sitúa bajo etiquetas como indie pop, alt pop o pop rock, aunque estas categorías hoy funcionan más como zonas de ambigüedad que como descriptores precisos. Más que remitir a una tradición sonora concreta, apuntan a un espacio intermedio entre lo comercial y lo autoral, donde la producción puede oscilar entre lo sintético y lo orgánico sin obedecer a una lógica estable. En ese sentido, WASTED POTENTIAL no se inscribe en un género cerrado, sino en una estética de transición: voces muy presentes, producción que alterna entre lo íntimo y lo expansivo, y un uso del sonido que evita tanto la pulcritud excesiva del pop mainstream como la crudeza deliberada del indie más clásico. Esa inestabilidad estilística refuerza la misma ambigüedad que atraviesa su recepción.  

Se ha señalado su sonido noventero como si fuera un problema en sí mismo. Pero el revival no es, por definición, un defecto; la cuestión es si está integrado con intención o si es pura imitación estilística. En WASTED POTENTIAL, esa respuesta no siempre es clara, y ahí es donde el disco se vuelve más interesante que cómodo. 

También se ha comentado la producción por su supuesta falta de refinamiento, incluso tildándola de amateur. Sin embargo, ese tipo de acusación se vuelve cada vez más vacía en una industria donde la sobreproducción convive a diario con canciones técnicamente impecables pero emocionalmente inertes. El problema no es el nivel de acabado, sino si ese acabado sostiene o debilita lo que la canción intenta decir. 

Puede interpretarse como un intento de empezar desde abajo, desde una especie de humildad estética. Pero la pregunta es si esa humildad está asumida como concepto artístico o si simplemente describe el punto en el que el disco ha terminado situándose.



Hay algo incómodo en la forma en que la industria y la crítica pueden desentenderse de artistas cuya relevancia está ya demostrada en otro registro. SKYLAR GREY no es una figura cuya carrera dependa de un único momento de visibilidad, sino de una huella como compositora en el pop comercial de una época concreta. Y, sin embargo, esa autoría parece perder peso cuando se traslada a su trabajo como artista principal. 

El problema no es tanto el olvido como la jerarquía implícita: no todas las formas de éxito se traducen en la misma legitimidad crítica. La figura del compositor puede quedar atrapada en un espacio intermedio, donde el reconocimiento existe, pero no garantiza atención sostenida ni autoridad artística plena. 

En ese sentido, la recepción -o la ausencia de ella- de WASTED POTENTIAL no resulta del todo sorprendente. No tanto por el contenido del álbum, sino por el lugar desde el que se escucha: el de una artista cuya contribución es indiscutible en el plano histórico, pero que ya no ocupa un centro claro en la conversación cultural actual.

No hay en Wasted Potential nada que lo sitúe automáticamente por debajo de otros lanzamientos con mayor visibilidad. La distancia no se explica tanto por el contenido del disco como por la forma en que la atención crítica y mediática se distribuye, casi siempre de manera desigual y difícil de justificar desde criterios puramente artísticos.

Wasted Potential funciona no como un ejercicio de caos ni como un regreso nostálgico, sino como un disco que mantiene una coherencia interna más estable de lo que su recepción sugiere. Gran parte de las lecturas externas parecen apoyarse en expectativas previas o en prejuicios sobre su contexto, más que en lo que el álbum efectivamente construye. No es un álbum que pida ser explicado desde fuera, sino escuchado sin la necesidad de encajarlo en una narrativa previa. Nuestra nota es un 85 sobre 100.


MEJORES MOMENTOS: Come, Black n' Blue, Plastic Water Bottles, Motivation, Nirvana, Bullshit

MEDIA CRÍTICA;----

NUESTRA VALORACIÓN: 85/100

martes, 26 de mayo de 2026

UN LENGUAJE LLAMADO JESCA HOOP.

 


Han pasado 19 años desde que JESCA HOOP irrumpiera en el panorama musical con Kismet (2007). Venía acompañada de la narrativa de que había sido la niñera de los hijos de Tom Waits y de que, casi sin proponérselo, Waits había terminado convirtiéndose en su padrino artístico. Más aún después de definir su música como “nadar en un lago de noche". Esa narrativa fue casi un arma de doble filo. Sirvió para introducirla, pero también la convirtió durante años en "la protegida excéntrica de Waits", una etiqueta demasiado pintoresca para una compositora tan singular.

La realidad es que en aquella época nunca supieron qué hacer con ella. Hoop nunca encajó del todo en el freak folk, ni en el indie de autor, ni en la americana alternativa. Su música siempre tuvo algo desplazado: melodías angulares, estructuras impredecibles, armonías que parecen intuitivas y calculadas al mismo tiempo. Era, sencillamente, una artista adelantada a su tiempo. De hecho, JESCA HOOP pertenece a una generación de compositoras “inclasificables” que la industria de finales de los 2000 no supo leer bien. Hoy probablemente sería recibida en un ecosistema mucho más receptivo a artistas oblicuas y anti-genéricas, especialmente tras figuras como Aldous Harding, Joanna Newsom o incluso ciertas etapas de St. Vincent. Vista con perspectiva, Hoop pertenecía claramente a una sensibilidad que años después encontraría mucha mayor legitimidad crítica.  

Nosotros situamos el punto de inflexión en su carrera con Hunting My Dress (2009). Hay momentos en ese álbum como The Kingdom que tenía esa cualidad expansiva y afirmativa antes de que existiera el término "empoderamiento" y su discurso se convirtiera en vocabulario promocional estándar. Además, ahí empezó a aparecer una Jesca más física y menos etérea.

Aunque luego llegaría su brillante colaboración con Sam Beam en Love Letter For Fire (2016) que amplió considerablemente su público y su obra maestra Memories Are Now (2017) que contó con el productor Blake Mills. Sus dos siguientes discos fueron Stonechild (2019) y Order Of Romance (2022) que tuvieron como productor a John Parish. Pero no alcanzaron la excelencia de Memories Are Now (2017).

Curiosamente Parish tiene mucha experiencia en artistas poco convencionales como Aldous Harding y era el productor perfecto para trabajar con ella. Pero creemos que Mills fue quien mejor la entendió. Parish entendió la complejidad estructural de Hoop. Supo ordenar canciones laberínticas sin domesticarlas. En Order of Romance especialmente, las composiciones parecen moverse como organismos vivos: siempre mutando sin terminar de fijarse del todo. Pero Mills entendió algo más profundo: el espacio emocional de su música. En Memories Are Now consiguió depurar el sonido hasta dejar visible el nervio de las canciones. Logró que la extrañeza de Hoop dejara de percibirse como hermetismo y empezara a sentirse como una forma de vulnerabilidad. Para entenderlo mejor digamos que Parish resolvía las canciones de JESCA HOOP. Pero Blake Mills revelaba quién era JESCA HOOP



Por fin llegamos a su último trabajo y era necesario hacer todo este recorrido porque con LONG WAY HOME Hoop tiene el control creativo total, compone todas las canciones del álbum y lo produce ella misma. Hay que dejar claro que no estamos hablando de un salto a la autoproducción, porque también produjo sus primeros discos. Si acaso, podemos decir que retoma la autoproducción. No obstante su música nunca dependió de grandes expansiones sonoras. Incluso cuando había más producción, el centro seguía siendo la rareza melódica y el fraseo. Por eso el hecho de que ella vuelva a producir sus discos no supone un cambio radical perceptible. No hay un “nuevo sonido JESCA HOOP”. Lo que cambia es la manera en que ahora administra ese lenguaje.   

Hoop siempre ha trabajado con pocos elementos, pero antes esos elementos parecían descubrirse a sí mismos dentro de cada canción; ahora forman parte de una gramática ya conocida. LONG WAY HOME demuestra que JESCA HOOP ya no necesita intermediarios para construir su universo, aunque también deja la sensación de que algunos de esos intermediarios conseguían iluminar zonas de su música que ella sola no termina de revelar.

Aunque LONG WAY HOME pueda adscribirse superficialmente al indie folk, la música de Jesca Hoop siempre ha operado en un territorio mucho más difícil de delimitar. El álbum vuelve a construirse sobre una instrumentación austera -ukelele, cuerdas discretas, percusiones apenas insinuadas y arreglos de cámara minimalistas-, aunque Hoop nunca ha utilizado esos elementos desde la tradición confesional del folk contemporáneo. En su música funcionan más bien como mecanismos de contención para melodías que rara vez buscan una resolución emocional evidente.

Hay ecos de chamber folk, avant-folk e incluso de cierta canción pastoral británica deformada por una sensibilidad casi abstracta. Esa sonoridad contenida dialoga directamente con la narrativa del disco: composiciones que parecen buscar refugio en lo íntimo mientras sus melodías se resisten constantemente a la resolución fácil. Hoop sigue escribiendo canciones que no se expanden hacia el exterior, sino que se repliegan sobre sí mismas, como si cada arreglo minimalista intentara preservar el misterio antes que explicarlo.

La crítica le ha otorgado una media de 76 sobre 100 distribuida de la siguiente manera: Spectrum Culture 85/100; AllMusic, Uncut, Mojo y Record Collector 80/100; Pitchfork 78/100 y Dork y The Arts Desk 60/100. Con este promedio se convierte en el cuarto disco mejor valorado de su discografía tras Memories Are Now (82/100); Stonechild (79/100) y Love Letter For Fire (77/100). Sacándole nada menos que seis puntos a su álbum anterior Order Of Romance (70/100)

Por nuestra parte, nos parece bastante mejor álbum que Order Of Romance (2022). Aunque cada disco tiene su propio contexto y debe evaluarse de manera independiente, en el panorama de 2026 LONG WAY HOME probablemente habría necesitado una narrativa más fuerte o una presencia más rotunda para destacar todavía más. Eso sí, los que han seguido la carrera de JESCA HOOP y han disfrutado con este pequeño recorrido que hemos hecho en esta reseña, no deben perdérselo. 

LONG WAY HOME quizás no alcance las cimas de Memories Are Now, pero confirma algo mucho más importante: que después de casi dos décadas JESCA HOOP sigue siendo una compositora imposible de confundir con cualquier otra. Pocos artistas contemporáneos conservan una voz tan ajena a las inercias del mercado y las tendencias estéticas de su tiempo. Por eso JESCA HOOP sigue resultando tan necesaria. Nuestra valoración para este álbum es de un 85 sobre 100.


MEJORES MOMENTOS: Designer Citizen, Caravan, Big Storm, Playground, Long Way Home, Now The Ash...

MEDIA CRÍTICA: 76/100

NUESTRA VALORACIÓN: 85/100


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