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jueves, 16 de abril de 2026

MARIA TAYLOR: UNA RESISTENCIA SILENCIOSA.

 


Hay discos que llegan para ocupar un lugar en la conversación y otros que parecen existir al margen de ella. STORY'S END pertenece claramente a la segunda categoría. No porque rehúya el presente de forma consciente, sino porque simplemente no parece reconocerlo como interlocutor válido. En un momento en el que el indie se articula en torno a narrativas generacionales, estrategias de visibilidad y una constante renegociación estética, MARIA TAYLOR entrega un trabajo que no responde a ninguna de esas lógicas. Y, sin embargo -o precisamente por eso-, suena más firme que muchos de sus contemporáneos. 

En lo estrictamente sonoro, el disco se mueve con naturalidad en ese territorio que Taylor lleva años habitando: una intersección entre el indie pop y el folk pop sostenida siempre desde una lógica de cantautora. No hay giros bruscos ni voluntad de expansión estilística, sino una depuración progresiva del lenguaje: arreglos contenidos, tempos medios, instrumentación cálida que orbita entre guitarras acústicas, pianos y capas discretas de acompañamiento. Todo está subordinado a la voz, que funciona como eje emocional y narrativo, más interesada en la cercanía que en el énfasis. En ese sentido, el disco no busca reinventar sus coordenadas, sino afinar su gramática: cada canción parece construida desde la economía de recursos y la precisión afectiva, evitando tanto la grandilocuencia como el minimalismo programático. Es, en última instancia, un ejercicio de continuidad estilística que encuentra en su propia modestia una forma de identidad. 

En el plano narrativo, STORY'S END se percibe más por intuición que por análisis detallado. Incluso con un buen dominio del inglés, hay discos que exigen una lectura atenta de las letras para desplegar todas sus capas, y este parece uno de ellos. Sin embargo, lo llamativo es que esa posible opacidad no actúa como barrera: las canciones transmiten con claridad incluso cuando no se descifran por completo. MARIA TAYLOR trabaja desde una emocionalidad sugerida, apoyada en el tono, el fraseo y la cadencia más que en la literalidad del relato, lo que permite que el oyente capte el pulso afectivo sin necesidad de detenerse en cada verso. Hay una sensación constante de memoria, de relaciones filtradas por el tiempo, de intimidad que no se expone del todo. Y quizá ahí reside parte de su acierto: en un tipo de escritura que no exige ser completamente comprendida para ser plenamente sentida. 

En el plano de la producción, la cohesión del disco encuentra una explicación clara en la figura de Ben Brodin, presente como productor principal y responsable también de la mezcla de la mayor parte de STORY'S END. Su trabajo no busca imponer una identidad sonora externa, sino más bien consolidar y unificar el lenguaje ya propio de MARIA TAYLOR. El resultado es un sonido orgánico y continuo, donde la calidez instrumental y la contención de los arreglos se perciben como parte de una misma arquitectura emocional. Brodin actúa menos como un productor en sentido tradicional y más como un facilitador de textura, alguien que refuerza la sensación de unidad estética sin alterar el carácter íntimo del material. Esa mano discreta contribuye directamente a que el disco funcione como un todo sólido. Alguien que refuerza la sensación de unidad estética sin alterar el carácter íntimo del material. Sin embargo, dentro de esa homogeneidad, Never Thought I’d Feel New -producida por Brad Armstrong- introduce un leve desplazamiento de foco: un estallido pop más inmediato, más frontal, que sin romper la coherencia general del álbum sí consigue destacarse con una claridad particular. Lejos de funcionar como elemento ajeno, la canción amplifica precisamente lo que el resto del disco sugiere de forma más contenida, convirtiéndose en uno de sus momentos más luminosos.

Y, más allá de su coherencia estética, hay un elemento que termina de sostener el conjunto: las canciones funcionan. STORY'S END no vive solo de atmósferas o de una inercia estilística bien administrada, sino de una escritura que conserva intacto el sentido del gancho. MARIA TAYLOR sigue entendiendo cómo construir melodías que permanecen sin necesidad de subrayarse, y ahí es donde el disco encuentra su mayor fortaleza. 



La presencia de Conor Oberst en Sorry I Was Yours introduce, además, una capa adicional de lectura que trasciende lo puramente musical. El propio título ya sugiere una carga emocional ambigua, casi incómoda, que inevitablemente activa la memoria de su historia compartida, pero la canción evita caer en lo explícito o en el gesto autobiográfico fácil. Funciona, más bien, como un punto de entrada: no es difícil imaginar a oyentes llegando al disco atraídos por su nombre y descubriendo que el verdadero peso no está en la colaboración en sí, sino en cómo esta se integra con naturalidad en el conjunto. Lejos de robar protagonismo, Oberst actúa casi como un eco, reforzando la sensación de continuidad más que de evento. Y, en ese desplazamiento de la expectativa -venir por él y quedarse por el disco-, se resume también parte de la fuerza silenciosa del álbum. 

Puede que STORY'S END no encuentre su lugar en los agregadores de críticas ni en las listas de lo mejor del año, pero eso dice más del ecosistema crítico que del propio disco. En su negativa a subrayarse como relevante, en su manera de avanzar sin ruido, MARIA TAYLOR ha terminado construyendo algo más difícil de medir: una obra que no depende del momento para sostenerse. En un presente que premia la visibilidad por encima de la permanencia, eso no es una carencia. Es, casi, una forma de resistencia.

Hay, sin embargo, un último desplazamiento posible a la hora de escuchar STORY'S END: no tratarlo únicamente como un objeto aislado, sino como la condensación de una trayectoria completa. Porque, en el fondo, la sensación que deja el disco no es tanto la de una obra excepcional en términos aislados, sino la de una coherencia vital y artística que ha ido creciendo de forma silenciosa a lo largo de los años. En ese sentido, resulta difícil separar esta escucha de la carrera entera de MARIA TAYLOR: de su paso por Azure Ray, de sus discos en solitario, de una constancia creativa que rara vez ha encontrado el reflejo crítico o mediático que merece. 

Visto así, el valor del disco se amplía retrospectivamente. No porque transforme lo anterior, sino porque lo ilumina. STORY'S END puede entenderse entonces como una especie de punto de convergencia: no un intento de culminación consciente, sino una obra que termina funcionando como tal cuando se observa desde fuera. Y quizá por eso nuestra valoración deja de pertenecer exclusivamente a este lanzamiento para extenderse a una carrera entera que ha permanecido, durante demasiado tiempo, en un segundo plano crítico. 

Si hay algo que este disco pone en evidencia es precisamente eso: que la escala de valoración habitual se queda corta cuando se trata de artistas que han construido una obra continua, discreta y sostenida. Y en ese marco, más que una calificación aislada, lo que se impone es una toma de posición. Este no es solo un gran disco dentro de su trayectoria: es el punto desde el que esa trayectoria empieza, por fin, a leerse con la importancia que merece. Por todo esto, nuestra nota es un merecido 100 sobre 100



MEJORES MOMENTOS: Sorry I Was Yours, Story's End, Never Thought I'd Feel New, son sus canciones más reproducidas en el momento que escribimos esta reseña. Pero este es un álbum para escuchar entero y sin usar el orden aleatorio. Todas las canciones son sobresalientes. 

MEDIA CRÍTICA:---

NUESTRA VALORACIÓN: 100/100

miércoles, 15 de abril de 2026

ELLA LANGLEY: UN PASO POR DELANTE.

 


Antes de consolidarse como una de las voces emergentes del country contemporáneo, ELLA LANGLEY creció en la Alabama rural, en un entorno donde la música formaba parte del día a día. La figura de su abuelo, multiinstrumentista, fue decisiva: tras su fallecimiento, Langley heredó su guitarra y comenzó a formarse de manera autodidacta. Como ocurre con muchos artistas del género, la iglesia también jugó un papel importante en sus inicios, cantando en el coro desde niña. Ese contexto se traduce hoy en una sensibilidad que mezcla raíces del country clásico con ecos de rock sureño y folk.

Entre 2022 y 2023 comenzó a llamar la atención con sus primeras canciones y firmó con Sony Music Nashville. Su primer álbum, Hungover (2024), incluyó el éxito You Look Like You Love Me, junto a Riley Green. Recientemente ha publicado DANDELION, su segundo álbum de estudio, editado a través de Columbia Records y SAWGOD, y es el que hoy nos ocupa. 

Cuando nos enfrentamos a la primera escucha de DANDELION es inevitable pensar en la sensación que provocó en su día Same Trailer Different Park (2014) de Kacey Musgraves: la certeza inmediata de estar ante una artista destinada a algo grande. Y es que ELLA LANGLEY reúne muchas de las cualidades necesarias para llegar lejos. Tiene una voz con identidad propia, reconocible desde los primeros compases y alejada de la uniformidad que domina Nashville. Su narrativa, directa y sin rodeos, aborda temas como la depresión o el síndrome del impostor con una honestidad poco habitual en el mainstream.

A nivel sonoro, apuesta por una producción menos artificial y estandarizada, donde el cruce entre country y rock sureño no solo amplía su público potencial, sino que abre la puerta a una evolución hacia el pop más rápida y, sobre todo, más orgánica y creíble. DANDELION se sitúa también dentro de un espectro estilístico amplio pero coherente, donde conviven el country pop, el soft rock y el country contemporáneo con ecos del llamado "urban cowboy", esa vertiente más pulida y accesible del género. Lejos de sentirse como una mezcla dispersa de influencias, el álbum utiliza ese cruce de etiquetas como una base uniforme sobre la que construye su identidad. El resultado es un sonido cálido, de producción contenida y con una clara intención de apertura hacia el pop, pero sin renunciar del todo a las raíces del country ni a su componente narrativo. 



A nivel técnico, DANDELION refuerza esa sensación de control artístico. ELLA LANGLEY participa activamente en la producción junto a nombres como Ben West, Devin Dawson o la propia Miranda Lambert, que además colabora en uno de los cortes. Lejos de diluir su voz, este enfoque colectivo refuerza la coherencia del proyecto. En la composición, firma los temas junto a un amplio grupo de coautores -una práctica habitual en Nashville-, pero el resultado evita la sensación de producto prefabricado. Al contrario: el disco mantiene una identidad clara a lo largo de sus 18 canciones, algo que no siempre se consigue en producciones de esta escala. 

En un momento en el que el country mainstream parece haber asumido la sobrelongitud como norma -con discos que superan con facilidad la veintena de canciones-, DANDELION apuesta por algo cada vez menos habitual: la cohesión. A pesar de su duración, el álbum se escucha como un conjunto sólido, sin la fatiga que sí generan otros lanzamientos recientes de Zach Bryan, Luke Combs o Morgan Wallen. Lejos de diluirse en una acumulación de temas, Ella Langley demuestra aquí un control poco habitual del formato álbum, donde cada decisión parece responder a una idea de conjunto más que a la simple suma de canciones. 

A todo esto se suma una recepción crítica notable desde su lanzamiento. Medios como The Independent han otorgado a DANDELION la máxima puntuación (100/100), mientras que Rolling Stone lo sitúa en un sólido 80/100. La valoración de Paste, fiel a su habitual tendencia a la estandarización crítica, lo deja en un 67/100. Con una media provisional en torno al 82 sobre 100, y a la espera de nuevas valoraciones, el segundo trabajo de ELLA LANGLEY no solo confirma las expectativas, sino que refuerza la sensación de estar ante una artista que ha entendido, desde muy pronto, cómo construir algo más que una colección de canciones.

DANDELION confirma a ELLA LANGLEY como una de las voces más sólidas y prometedoras del country contemporáneo, capaz de equilibrar ambición, coherencia y personalidad propia en un momento en el que el género tiende a la sobreproducción y la dispersión. DANDELION es un disco que no solo confirma su potencial, sino que la sitúa un paso por delante de gran parte de sus contemporáneos. Nuestra nota es un 90 sobre 100.       



MEJORES MOMENTOS: Choosing Texas, Dandelion, Be Her, We Know Us, Low Lights, Butterfly Season... 

MEDIA CRÍTICA: 82/100

NUESTRA VALORACIÓN: 90/100

lunes, 13 de abril de 2026

PRESENTANDO A THE MONTVALES

 


Ya sabéis que la vocación de EXQUISITECES es dar a conocer pequeñas joyas ocultas que no deben pasar desapercibidas y nos hemos encontrado con PATH OF TOTALITY el tercer álbum de estudio del dúo THE MONTVALES. Este dúo está compuesto por Sally Buice (voz y banjo) y Molly Rochelson (voz y guitarra). Dos amigas de Knoxville de toda la vida que se conocen desde que tenían trece años, algo que puede explicar la fluidez y la naturalidad con la que empastan sus voces en armonías perfectas. Para ellas es prácticamente como respirar.

Antes de PATH OF TOTALITY habían publicado dos álbumes: Heartbreak Summer Camp (2020) un debut con sonido acústico y muy casero y Born Strangers (2024) con una producción más elaborada y banda completa. PATH OT TOTALITY es su álbum más ambicioso e intuimos que se va a convertir en ese punto de inflexión que necesita cada proyecto musical para avanzar. 

PATH OF TOTALITY es un término astronómico que describe la franja de la Tierra desde la que un eclipse solar se ve de forma total, y en el disco se usa como metáfora de un recorrido por distintas realidades. Igual que ese “camino” del eclipse atraviesa diferentes lugares, las canciones parecen moverse por paisajes sociales y emocionales diversos, mostrando contrastes y tensiones. Además, la idea de la “oscuridad total” sugiere momentos de crisis o de cambio profundo, y el hecho de que no todo el mundo esté dentro de esa franja funciona como símbolo de cómo una misma situación puede vivirse de forma muy distinta según la perspectiva o la posición de cada persona.

Las canciones del álbum desarrollan narrativas sociales muy centradas en lo cotidiano, poniendo el foco en personas y comunidades concretas más que en discursos abstractos. A través de historias íntimas, el dúo aborda temas como la desigualdad, las tensiones culturales, la religión o los derechos civiles, mostrando cómo estos conflictos afectan a la vida real de la gente. En lugar de un tono explícitamente reivindicativo, optan por una mirada empática y narrativa, donde los personajes y sus experiencias sirven para reflejar un contexto social más amplio sin caer en el panfleto.




El sonido del dúo se mueve en una frontera muy fina entre el indie folk, el alt-country y la americana, entendida esta última como el gran paraguas de la música de raíz estadounidense contemporánea. Sus canciones parten de una base acústica muy reconocible -guitarras, estructuras sencillas y armonías vocales en primer plano-, pero se inscriben claramente en la tradición de la Americana, donde conviven el folk, el country, el blues y el rock en clave orgánica y narrativa. Dentro de ese marco, el indie folk aporta la sensibilidad íntima y contemporánea, el alt-country introduce cierta aspereza emocional y una lectura menos ortodoxa del country tradicional, y la americana actúa como el territorio común que unifica todas esas influencias bajo una misma idea de música de raíz. El resultado es un equilibrio muy natural entre lo acústico y lo emocional, entre lo clásico y lo moderno, donde la identidad del dúo se construye precisamente en esa frontera difusa entre géneros.

En el contexto de su sonido y su propuesta, el dúo se puede entender dentro de una tradición más amplia de proyectos centrados en la armonía vocal femenina y la narrativa folk contemporánea, donde aparecen como referencias inevitables Indigo Girls, First Aid Kit y The Lostines. Las Indigo Girls representan el origen más clásico y combativo de esta línea, con un folk muy ligado al activismo y a la identidad, donde la armonía vocal es también una declaración de intenciones. First Aid Kit, por su parte, actúan como puente generacional y geográfico, consolidando ese sonido desde Europa y refinándolo con una producción más contemporánea que ha contribuido a globalizar el formato del dúo armonizado. The Lostines aportan una variante más híbrida y estilísticamente abierta, incorporando elementos de country, rock y pop alternativo sin perder el eje de las voces entrelazadas. En ese marco, el dúo se sitúa en un punto intermedio, heredando de estas propuestas tanto el peso de la tradición folk como la libertad de mezclar géneros, y participando de una corriente actual donde la armonía vocal y la narrativa íntima funcionan como el verdadero núcleo expresivo por encima de cualquier etiqueta estricta de género.   

Como podréis imaginar, se trata de un álbum recién publicado que todavía no cuenta con presencia en los principales agregadores de críticas ni valoraciones relevantes en medios especializados. En este contexto, nuestra reseña funciona como una de las primeras aproximaciones al disco en el ámbito español. Es cierto que en plataformas como Album of the Year aparece una puntuación de usuarios de 73/100, aunque este tipo de valoraciones no las tenemos en cuenta, ya que suelen estar condicionadas por dinámicas de fans y haters que rara vez reflejan una escucha objetiva. 

PATH OF TOTALITY es un álbum que se aleja de cualquier estridencia y apuesta por una construcción orgánica y coherente de principio a fin. Las transiciones entre pasajes acústicos y momentos de mayor apertura están resueltas con naturalidad, sin rupturas forzadas, lo que refuerza la sensación de fluidez general del disco. Las armonías vocales se mantienen como eje central y alcanzan aquí un nivel de precisión muy notable, mientras que la cohesión del conjunto no impide que muchas de sus canciones funcionen de forma independiente fuera del contexto del álbum. Es un trabajo sólido, cuidado y con una identidad muy clara dentro de la intersección entre el indie folk, el alt-country y la americana contemporánea. Nuestra nota es un 90 sobre 100.   



MEJORES MOMENTOS: Carolina, Loud And Clear, Hellbent Of Colorado, World Of Trouble...

MEDIA CRÍTICA:----

NUESTRA VALORACIÓN: 90/100

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