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miércoles, 1 de abril de 2026

SNAIL MAIL Y EL FIN DE "EL EFECTO NARRATIVA".

 


Por fin podemos escuchar RICOCHET el tercer álbum de estudio de SNAIL MAIL, un trabajo muy esperado tras el aclamadísimo Valentine (2021). En esta ocasión, encontramos bastantes cambios con los que nosotros ya contábamos. Aunque sus dos trabajos anteriores nos parecen fundamentales en la historia del indie reciente, nosotros somos de los que no le hubiéramos perdonado un regreso con un Valentine 2.0. y agradecemos mucho su nueva mirada en RICOCHET. Aunque, a priori, sea un álbum que tiene todas las de perder según las valoraciones críticas.

RICOCHET ha obtenido una media de 76 sobre 100, seis puntos por debajo de Valentine (2021) que consiguió la puntuación perfecta de tres medios. En esta ocasión ningún crítico le ha otorgado el 100/100. La máxima puntuación otorgada es un 83/100 de Paste y Northern Transmissions y el resto de valoraciones se distribuyen de la siguiente manera: DIY, Dork, Spill Magazine y Hot Press 80/100; Uncut y Far Out Magazine 70/100 y The Skinny y Record Collector 60/100.

Aunque las valoraciones hayan sido más bajas que en los dos discos anteriores, ninguna reseña se puede considerar negativa. Y esto es una constante que llevamos observando bastante tiempo con artistas que un día son muy valorados por la crítica y cuando llegan a un tercer álbum reciben un golpe de realidad. Esto suele ocurrir porque se suele dar el fin del "efecto narrativa": Ya no hay factor sorpresa, Ya no puntúan "la promesa cumplida". Empiezan a juzgar con más frialdad: canciones, coherencia, riesgo. Pero ojo: no siempre suele ser un “ajuste justo”. A veces es casi un péndulo crítico. La realidad es que RICOCHET es el primer disco donde Lindsey Jordan deja de ser evaluada como "promesa del indie" y pasa a ser evaluada como artista establecida. Y ese cambio casi siempre baja las notas, incluso aunque la calidad no decaiga en la misma proporción.      

RICOCHET marca un cambio sonoro notable respecto a sus trabajos anteriores. Donde Lush (2018) y Valentine (2021) transmitían inmediatez y crudeza emocional, este disco se mueve hacia una producción más pulida, controlada y texturizada. Las guitarras siguen siendo el eje central, pero ahora brillan de manera diferente, creando atmósferas que priorizan el matiz sobre la tensión directa. La voz de Lindsey Jordan se integra más en la mezcla, con tratamientos sutiles de doble voz y ecos que suavizan su frontalidad característica de discos anteriores. Los ritmos, más contenidos, y la atención al detalle en la producción dan una sensación de espacio y cuidado que invita a escuchar cada elemento con atención.

El disco ha recibido etiquetas como Indie Rock, Indie Pop, Dream Pop, Jangle Pop, Chamber Pop y Power Pop, y todas son acertadas hasta cierto punto. Reflejan la estructura de guitarras, la accesibilidad melódica, las texturas etéreas y los arreglos sofisticados, pero se quedan cortas para describir la verdadera evolución de SNAIL MAIL en este disco. RICOCHET no es solo un cambio de estilo: es un cambio de enfoque. Hay una madurez y una cohesión que no estaban tan presentes antes, un indie más refinado, introspectivo y cuidadosamente trabajado, casi rozando terrenos de un "adult contemporary indie" sin abandonar su identidad original. 




Gran parte de esta evolución se debe a la colaboración con el productor Aron Kobayashi-Ritch. Su trabajo aporta profundidad y coherencia, evitando los picos emocionales obvios de los discos previos y enfocándose en la acumulación de matices y texturas. La sensación global es la de un disco más meditado, donde cada canción contribuye a un todo cohesivo, y donde la emoción surge del detalle y la sutileza más que de la explosión inmediata. Es un movimiento arriesgado: mantiene la esencia de SNAIL MAIL, pero la desplaza hacia un territorio más maduro y contenido, lo que explica en parte la división de la crítica y la recepción más tibia comparada con Valentine.

En cuanto a las narrativas de RICOCHET se puede decir que hereda la temática central de sus discos anteriores -amor, identidad, crecimiento- pero cambia la forma de contarlo: menos directo, más meditativo, y más integrado en la textura sonora del disco. Es coherente con el giro hacia la producción más cuidada y controlada que caracteriza este álbum, y refleja a una SNAIL MAIL que ya no se siente obligada a demostrar su vulnerabilidad con urgencia, sino que la trabaja con paciencia y madurez.  

En definitiva, RICOCHET es un disco que gana con la escucha atenta y con el paso del tiempo. Las etiquetas convencionales ayudan a situarlo, pero no transmiten por completo su enfoque más introspectivo y refinado. Mientras que los primeros trabajos de SNAIL MAIL brillaban por la urgencia emocional y la frescura de la promesa, este álbum muestra a una artista consolidada explorando un nuevo nivel de control estético, ofreciendo un sonido más maduro que exige ser escuchado con cuidado para apreciar toda su riqueza. Nuestra nota para este trabajo es un 90 sobre 100



MEJORES MOMENTOS: Tractor Beam, My Maker, Dead End, Light On Our Feet, Butterfly... 

MEDIA CRÍTICA: 76/100

NUESTRA VALORACIÓN: 90/100


lunes, 30 de marzo de 2026

RAYE: MUCHO CONCEPTO, POCAS CANCIONES.

 


Recordemos que RAYE viene de My 21st Century Blues (2023) uno de los debuts más brillantes que se recuerdan en mucho tiempo con canciones tan potentes como Escapism o Hard Out Of There con las que resultaba muy difícil no conectar. Después de los reconocimientos y los premios a este álbum, llega el single de adelanto de su segundo trabajo WHERE IS MY HUSBAND!, el salto hacia el mainstream es brutal y se convierte en un hit instantáneo. Las expectativas con THIS MUSIC CONTAIN HOPE son muy altas. 

La crítica ha respondido muy bien ante este nuevo trabajo, su valoración media es de un 88 sobre 100 y publicaciones como NME, DIY, The Independent, Dork, The Arts Desk y Rolling Stone UK le otorgan la máxima puntuación un 100/100 y consideran que es uno de los mejores álbumes del año. El resto de notas van desde los 90/100 de Rolling Stone y MusicOHM; los 80/100 de Clash y The Telegraph y las notas más bajas provienen de Slant Magazine (70/100); The Guardian (60/100) y Northern Transmissions (50/100). 

Ya sabéis que nosotros desvelamos nuestra nota al final. Pero esta vez lo vamos a hacer desde el principio. Porque todo lo que vamos a escribir a continuación será para justificar nuestra nota que es un 78 sobre 100

Pensamos que cualquiera que haya dado más de un 80/100 a este álbum, lo está sobrevalorando. Nosotros podemos entender esas notas si lo que se premia es la cohesión o la progresión del arco narrativo. Porque es un álbum muy ambicioso que podría funcionar como musical o pieza teatral. Está estructurado en cuatro actos que representan las cuatro estaciones con intros, interludios y outros que refuerzan la narrativa. Esa arquitectura ya merece un reconocimiento. Precisamente por eso, no lo hemos valorado con una nota inferior a la que le hemos puesto.  

Pero... ¿y las canciones? Lamentablemente en THIS MUSIC CONTAIN HOPE solo hay unas cinco o seis canciones a las que volveríamos. La mayoría son canciones de relleno. Y por mucho que un álbum tenga cohesión y un arco definido, si las canciones no sobreviven fuera del contexto del disco no merece un 100/100. 

Musicalmente, parte del problema se explica por su propia ambición: muchas pistas funcionan más como interludios narrativos que como canciones completas, con arreglos fragmentados y estribillos que no destacan fuera del disco. La producción, muy cuidada en singles como WHERE IS MY HUSBAND!, contrasta con otras canciones más planas o poco dinámicas, haciendo que solo unas pocas realmente brillen. Incluso los recursos teatrales -diálogos, efectos o sonidos ambientales- aportan narrativa pero no una melodía destacable, y los cambios de ritmo y estilo entre actos, aunque conceptualmente coherentes, refuerzan la sensación de inconsistencias y relleno. En comparación con álbumes donde cada canción funciona de manera autónoma, aquí es evidente que solo unas pocas se sostienen por sí mismas.



Volviendo al megahit WHERE IS MY HUSBAND!: si el oyente medio espera una colección de temas a ese nivel, es muy probable que no aguante ni tres canciones seguidas de este álbum. Si nosotros, oyentes expertos, detectamos relleno, difícilmente el público general entenderá los 100/100 que le otorgaron esos siete medios. Aunque es muy probable que lo acaten y no se rebelen. Porque es muy difícil decirle al Emperador que va desnudo. 

Es cierto que en la segunda mitad del álbum encontramos grandes momentos como Goodbye Henry, Nightingale Lane, Fields o la citada WHERE IS MY HUSBAND! pero antes tenemos que sufrir canciones tan insustanciales como The WhatsApp Shakespeare. Incluso Click Clack Symphony, su colaboración con Hans Zimmer y uno de los temas más destacados a priori, acaba funcionando más como pieza atmosférica que como canción memorable, y termina diluyéndose dentro del conjunto como otro corte prescindible. 

Como ocurre en muchos musicales, para conseguir que la obra sea heterogénea suele haber picos: canciones que están muy arriba porque representan los momentos álgidos y otras que no destacan tanto o simplemente sirven de transición. Pero, en esos casos, siempre sientes que todas cumplen una función y tienen su razón de existir. Aquí, en cambio, muchas llegan a resultar totalmente olvidables.

Cerrar el álbum con un corte enumerando todas las colaboraciones del disco, nos parece una especie de falsa humildad. Algo que ni la mismísima Barbra Streisand se habría planteado. Un segundo disco es demasiado pronto para hacer algo así y lo único que logra es reforzar la sensación de que el conjunto entero se vuelve bastante pretencioso, rozando el delirio de una nueva aspirante a diva y su incipiente megalomanía. 

Nosotros esperábamos mucho más después de un álbum como My 21st Century Blues (2023) y no nos lo ha dado. Aún así no pensamos que sea un mal disco, ni nos ha cambiado el concepto de RAYE como la gran artista que es. Pero seguramente haremos una playlist con las mejores canciones del álbum eliminando todo lo que sobra, que es demasiado.  



MEJORES MOMENTOS: WHERE IS MY HUSBAND!, Nightingale Lane, I Know You're Hurting, Fields, Goodbye Henry... 

MEDIA CRÍTICA: 88/100

NUESTRA VALORACIÓN: 78/100 



viernes, 27 de marzo de 2026

EL MOMENTO DE RATBOYS.

 


RATBOYS es una banda veterana de Indiana con base en Chicago que lleva en activo desde hace una década, cuando Julia Steiner (Voz y Guitarra) y Dave Sagan (guitarra) se conocieron en la universidad. La banda se completa con Sean Neumann (bajo) y Marcus Nuccio (Batería). En la década de 2010 se consolidaron dentro de la escena indie americana con álbumes como GN (2017) y Printer's Devil (2020). Su sonido mezcla Alt-Country, Americana, folk, indie rock noventero con toques emocionales. 

Recientemente han publicado SINGIN' TO AN EMPTY CHAIR su sexto álbum de estudio y tal como hemos reaccionado todos, se puede decir que gracias a este álbum RATBOYS por fin están en todas las conversaciones. Nosotros percibimos este trabajo como ese verdadero punto de inflexión, pase lo que pase después. Porque con discos como este -con el que se llega a una madurez compositiva inusual y la banda da un salto cualitativo con respecto a álbumes anteriores- representan una bombona de oxígeno para una banda que lleva más de diez años en la música y abre unas perspectivas de futuro bastante esperanzadoras. Porque es el mejor álbum de su discografía y no puede sonar mejor. 

Sonoramente este álbum combina la calidez narrativa del alt-country, especialmente en los arreglos de guitarra y la base rítmica que recuerda a la americana, con la actitud despreocupada y un tanto irónica del slacker rock, visible en algunos riffs y la cadencia relajada de la batería. El power pop se hace presente en los ganchos melódicos, en los estribillos pegadizos y en la claridad de la producción de Chris Walla, un nombre clave del indie rock de las tres últimas décadas gracias a su trabajo con Death Cab for Cutie, que aporta textura, dinamismo y un pulido muy refinado al álbum. Sin embargo, estas etiquetas por sí solas no capturan la profundidad emocional y la riqueza atmosférica que define a SINGIN' TO AN EMPTY CHAIR: pasajes introspectivos, capas de voz y detalles sutiles que convierten el disco en una experiencia emocionalmente envolvente y muy personal.

El álbum articula una narrativa sólida y profundamente emocional inspirada en la técnica terapéutica de la silla vacía, que consiste en imaginar un diálogo con alguien ausente o con partes de uno mismo para procesar emociones no resueltas. Cada canción de SINGIN' TO AN EMPTY CHAIR funciona como una conversación íntima que explora relaciones rotas, comunicación fallida, duelo emocional y, en muchos casos, un camino hacia la reconciliación. Las letras de Julia Steiner destacan por su honestidad y vulnerabilidad, permitiendo al oyente acompañar a la narradora en un recorrido que combina introspección, arrepentimiento y aceptación. Esta construcción narrativa convierte al disco en algo más que una colección de canciones: es un proceso emocional coherente, donde la música y la lírica se entrelazan para transmitir la complejidad de los vínculos humanos y la manera en que lidiamos con la pérdida y el perdón.



Sobre "La silla vacía" también se puede hacer una segunda lectura. Un artista puede enfrentarse a conciertos con sillas vacías: una metáfora perfecta de la soledad, la vulnerabilidad y la incertidumbre del oficio musical. Incluso cuando todo el trabajo creativo y la emoción están presentes, el público puede no estar ahí y eso genera un eco emocional similar al que se refleja en las letras del álbum. Añade una sensación de intimidad mezclada con melancolía que evoca la soledad y la belleza de enfrentarse al escenario, incluso cuando está vacío. 

La crítica le ha otorgado una media de 83 sobre 100 que se distribuye de la siguiente manera: Paste 91/100; DIY y Sputnikmusic 90/100; Northern Transmissions 85/100; Pitchfork 84/100; PopMatters, AllMusic, Under The Radar, The Line Of Best Fit, Exclaim!, Slant Magazine, Mojo, Record Collector y Far Out Magazine 80/100; No Ripcord 75/100 y Spectrum Culture 74/100.

Como habéis podido comprobar, SINGIN' TO AN EMPTY CHAIR ha recibido puntuaciones muy altas -la más destacada un 91/100 en Paste-, nosotros consideramos que merece el 100 sobre 100 sin dudas. Este es un disco que alcanza la excelencia en todos los planos: lírica, emotividad, coherencia conceptual y evolución sonora. Cada canción refleja un cuidado y una intención artística que trasciende el típico marco del indie, mostrando la madurez de RATBOYS y la fuerza de su propuesta. 

Es innegable que existen sesgos en la crítica hacia discos de indie con vocalista femenina: a menudo se perciben como "guilty pleasures" o agradables, pero rara vez se les reconoce la excelencia absoluta. Si RATBOYS fuera una banda íntegramente masculina, estamos convencidos de que más de uno de esos medios citados le habría otorgado la máxima puntuación. Ya conocéis nuestra línea editorial y que nosotros nunca hemos seguido ese juego. De hecho, llevamos más de una década denunciando el ninguneo constante a las mujeres en la música y visibilizando discos como este. Simplemente reconocemos la calidad de SINGIN' TO AN EMPTY CHAIR y su valor artístico, y por eso le otorgamos nuestra máxima nota. 



MEJORES MOMENTOS: Anywhere, What's Right?, Light Night Mountains All That, Open Up, Burn It Down...

MEDIA CRÍTICA: 83/100

NUESTRA VALORACIÓN: 100/100

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