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viernes, 31 de julio de 2026

PATRICK DRONEY SIGUE BUSCANDO SU SITIO.

 


PATRICK DRONEY es uno de esos músicos que parecen tener todo lo necesario para construir una carrera sólida: una voz reconocible, una gran técnica con la guitarra, experiencia como compositor y una capacidad evidente para moverse con comodidad dentro del pop americano de raíces. Sin embargo, después de tres álbumes con Warner, sigue siendo un artista más conocido dentro de la industria que entre el gran público. 

Su debut, State of the Heart (2021), fue el disco que abrió la puerta a esta relación con la discográfica. El álbum y su edición deluxe acumulan más de 140 millones de reproducciones en Spotify, una cifra nada desdeñable para un artista que nunca ha tenido un gran éxito masivo. Canciones como High Hope o Brooklyn encontraron una audiencia considerable y justificaron la apuesta inicial. 

La historia fue diferente con Subtitles for Feelings (2023), un trabajo que no tuvo una repercusión comparable y que ronda los diez millones de reproducciones. La caída de cifras entre un primer disco y los siguientes no es algo extraño. Muchos artistas ven cómo sus primeros lanzamientos concentran buena parte de su audiencia inicial y no todos consiguen convertir esa atención en crecimiento sostenido. 

El problema llega cuando una compañía discográfica entiende que esa evolución no alcanza sus expectativas. Las grandes discográficas pueden apostar por artistas con recorrido, pero también necesitan resultados. Por eso MADE YOU LOOK es un disco interesante más allá de sus propias canciones: supone comprobar hasta qué punto Warner sigue confiando en un músico con talento, pero que todavía no ha conseguido convertirse en un nombre de referencia. 

La colaboración con Kelsea Ballerini parece haber sido uno de los motivos por los que algunos han acercado MADE YOU LOOK al country, pero la etiqueta no termina de encajar. Hay elementos que pertenecen a esa tradición -algunas guitarras, cierta sensibilidad americana, determinados arreglos-, pero el objetivo del disco parece estar mucho más cerca del pop adulto contemporáneo que del country.

La producción, repartida entre PATRICK DRONEY, Konrad Snyder, Douglas Schadt, Collin Pastore, Jake Finch, Jonathan Low y Tofer Brown, con James McAlister en labores adicionales, es probablemente uno de los grandes puntos fuertes del álbum. Todo está cuidado al detalle: las guitarras ocupan su lugar sin dominar las canciones, los arreglos son elegantes y el sonido general tiene esa limpieza característica de las producciones actuales de Nashville y Los Ángeles. 

En la composición, Droney vuelve a rodearse de colaboradores como Douglas Schadt, Drew Kennedy, Eg White, Lee Thomas Miller, Wayne Hector, Stephen Wilson Jr. y Ben West, además de los arreglos de cuerda de Davide Rossi. El resultado es un álbum con un acabado profesional y una escritura muy trabajada, aunque también plantea una pregunta difícil de evitar: ¿dónde está exactamente la personalidad de PATRICK DRONEY dentro de este sonido tan bien construido? 

Porque MADE YOU LOOK transita por terrenos conocidos. En algunos momentos aparece el guitarrista de sensibilidad blues que recuerda inevitablemente a John Mayer. En otros encontramos la cercanía y la calidez de Amos Lee. Los cortes más luminosos tienen algo del pop amable de Jason Mraz, aunque sin su particular manera de frasear, mientras que algunas canciones conectan con ese pop accesible y cuidadosamente producido que representa actualmente Mark Ambor. También hay momentos que podrían situarse cerca del universo de Gavin DeGraw

La referencia más interesante aparece en Fear Of Missing You, una canción que mira claramente hacia el Bruce Springsteen de Tunnel of Love (1987). No porque intente reproducirlo, sino porque recupera esa combinación de guitarras limpias, producción ochentera y cierta melancolía adulta que definió aquella etapa de Springsteen. 




El problema es que, mientras uno escucha el álbum, resulta fácil reconocer los lugares de los que viene, pero más complicado identificar el lugar propio al que quiere llevarlos. PATRICK DRONEY no copia a sus referentes, pero sí parece moverse dentro de un territorio que otros artistas ya han explorado con mucha personalidad. Ahí aparece una de las grandes contradicciones de su propuesta: es demasiado contenido para el pop de masas y demasiado orientado al éxito comercial para el público indie. Está en una zona intermedia donde todo funciona correctamente, pero donde también resulta difícil encontrar un elemento que genere una conexión inmediata. 

Otro aspecto llamativo de la carrera de PATRICK DRONEY es la poca atención que ha recibido por parte de la crítica especializada. Sus tres álbumes aparecen sin valoración en el agregador de referencia Album of the Year, algo que refleja que, más allá de sus seguidores y del apoyo de la industria, sus lanzamientos no han generado una conversación relevante en los medios musicales. 

Quizás parte del problema está precisamente en su versatilidad. Droney sabe moverse entre distintos estilos y domina varios códigos del pop americano, pero esa misma capacidad puede hacer que su identidad quede menos definida. Hay artistas que construyen una carrera alrededor de una idea muy concreta; en su caso, la sensación es que tiene muchas herramientas, aunque todavía no haya encontrado la forma de convertirlas en una firma completamente reconocible. 

También resulta interesante preguntarse hasta qué punto una futura etapa independiente cambiaría realmente su música. Existe una tendencia a pensar que abandonar una gran discográfica permite a un artista mostrar por fin su verdadera personalidad, pero en este caso no parece una explicación demasiado convincente. PATRICK DRONEY participa en la composición, en la producción y en las decisiones creativas de sus discos. No parece un músico al que Warner haya impuesto una dirección concreta. 

Si algún día continúa su carrera fuera de una multinacional, es posible que cambien las condiciones de trabajo, la promoción o la libertad para publicar música con mayor frecuencia. Pero no necesariamente veremos a un artista completamente diferente. Quizás el mayor reto de PATRICK DRONEY no sea liberarse de un sello, sino encontrar una voz propia que hasta ahora aparece más escondida entre sus muchas influencias.  

MADE YOU LOOK es un disco agradable, elegante y técnicamente impecable. PATRICK DRONEY demuestra que es un músico extraordinariamente completo y que conoce perfectamente los recursos necesarios para construir buenas canciones de pop con raíces americanas. El problema está en otro lugar. A lo largo del álbum aparece una sensación persistente de familiaridad: reconocemos las referencias, disfrutamos la producción y apreciamos la calidad de la interpretación, pero cuesta encontrar momentos que permanezcan por encima de esas influencias.

No es un mal disco ni mucho menos. De hecho, probablemente sea uno de esos trabajos que muchos oyentes disfrutarán precisamente por su equilibrio y su ausencia de excesos. Pero para convertirse en un álbum verdaderamente memorable necesita algo más que oficio y buen gusto. Necesita una identidad que haga que, al terminar la escucha, no pensemos en a quién nos recuerda PATRICK DRONEY, sino en PATRICK DRONEY

Quizás el gran reto de PATRICK DRONEY no sea encontrar mejores canciones ni una producción más ambiciosa, porque ambas cosas ya están aquí. El reto es encontrar ese rasgo que tienen artistas como Pete Yorn: una personalidad tan definida que resulta difícil encontrarle un equivalente. Yorn no solo ha construido un sonido propio hasta el punto de que sus influencias quedan en un segundo plano, sino que tampoco ha generado imitadores claros; nadie ha conseguido convertir su particular forma de entender el pop-rock en una fórmula reproducible. 

Incluso cuando PATRICK DRONEY se acerca a territorios que podrían recordar a otros músicos de su generación, nunca está imitando a Yorn, porque el universo de Yorn es demasiado personal como para convertirse en un recurso estilístico. Esa es precisamente la diferencia: Droney demuestra un enorme dominio de distintos lenguajes, mientras que Yorn creó uno propio. Nuestra valoración para MADE YOU LOOK es de 76 sobre 100



MEJORES MOMENTOS: Back In My Body, Math Of Us, Fear Of Missing You, Growing A Garden, Perfect If You Asked Me, For The Ending...  

MEDIA CRÍTICA:---

NUESTRA VALORACIÓN: 76/100

miércoles, 29 de julio de 2026

LA DISCRETA GRANDEZA DE PETE YORN.

 


Este fin de semana se ha lanzado ALL THE BEAUTY el último álbum de estudio de PETE YORN, que hace el número once de una carrera de venticinco años. Lo primero que nos preguntamos en una primera escucha es: ¿Por qué nadie incluye a PETE YORN cuando se habla de los grandes cantautores de su generación? Siempre nos ha llamado la atención que Yorn ocupe un lugar tan discreto en la conversación sobre los grandes cantautores norteamericanos de las dos últimas décadas. Cuesta encontrar otro músico con una obra tan consistente y, al mismo tiempo, tan poco convertible en una etiqueta. 

Hay artistas cuya carrera parece avanzar siempre en paralelo a la conversación musical. Nunca desaparecen, pero tampoco terminan de ocupar el lugar que, por la calidad de sus discos, uno diría que les corresponde. PETE YORN es uno de ellos. 

Para nosotros, Arranging Time (2016) marca un antes y un después. Nos sigue pareciendo uno de los mejores discos publicados en su año de producción, aunque apenas tuviera el reconocimiento que merecía. Con el tiempo da la impresión de que fue su última oportunidad de jugar una partida dentro del circuito más comercial. Si aquello era un último intento por ampliar su público, el resultado terminó siendo otro: una libertad absoluta para hacer los discos que realmente quería hacer. 

Lo mejor de PETE YORN ha llegado precisamente después. Con Caretakers (2019) comienza una etapa que, hasta ahora, siempre habíamos entendido como una trilogía formada junto a Hawaai (2022) y The Hard Way (2024). Tres discos unidos por una misma forma de entender la música: canciones luminosas, una producción contenida y una sensación constante de calma que encuentra en el verano, la luz y el mar un paisaje común. Si Hawaai representaba el momento de plenitud, The Hard Way siempre nos ha parecido el disco del final del verano, cuando la nostalgia empieza a imponerse sin perder la luz del todo. 

La llegada de ALL THE BEAUTY nos hace pensar que quizás aquella trilogía siempre estuvo incompleta. El nuevo álbum no rompe con ese camino, sino que lo prolonga con absoluta naturalidad. También vuelve Jackson Phillips, que ya había dejado una huella importante en Hawaai, esta vez como coautor de varias canciones, coproductor e ingeniero de sonido junto al propio Yorn. No es casualidad que ALL THE BEAUTY sea, de los dos últimos discos, el que más recuerda al espíritu de Hawaai. No porque pretenda copiar nada, sino porque ambos comparten una misma forma de entender el espacio que debe ocupar cada instrumento y una manera muy parecida de construir las canciones. 

Hace tiempo que venimos advirtiendo que PETE YORN es único. No se parece a nadie y tampoco le han salido imitadores. Si uno intenta buscarle referencias aparecen nombres inevitables: la narrativa de Tom Petty, cierta sensibilidad melódica británica que puede recordar a The Smiths o el gusto por las guitarras de algunas bandas de los noventa. Pero cuando escuchas un disco suyo nunca tienes la sensación de estar oyendo una derivación directa de alguien. Es como si todas esas influencias hubieran terminado diluyéndose dentro de una personalidad completamente propia. 

Gran parte de esa personalidad nace de su manera de construir melodías. Yorn tiene un sentido muy particular para las líneas vocales. Muchas de sus canciones parecen sencillas en la superficie, pero esconden pequeños giros melódicos, cambios de acento y una forma muy personal de retrasar o adelantar una frase para que la melodía nunca resulte del todo previsible. No es un cantante de grandes alardes ni busca exhibir su voz. La utiliza como un elemento más de la canción, siempre al servicio de la melodía. 



El hecho de que nunca se haya construido una escuela alrededor suyo también lo hace más interesante. Hay artistas que, aunque no sean masivos, generan una corriente reconocible. Escuchas a un grupo emergente y enseguida puedes señalar a quien se parece. Con Yorn eso ocurre muy pocas veces. Su música reúne elementos del rock americano, el pop de guitarras, el folk, la psicodelia o incluso pequeños detalles de electrónica ambiental, pero el resultado nunca termina convirtiéndose en una fórmula reconocible. 

Y hay algo paradójico en todo esto. Esa falta de imitadores puede ser una señal de que su propuesta resulta más difícil de copiar. Es mucho más sencillo reproducir un sonido que una sensibilidad. Se puede copiar una producción, una forma de tocar la guitarra o un determinado tipo de arreglo. Mucho más complicado es escribir canciones con esa mezcla de vulnerabilidad, distancia emocional y luminosidad que aparece una y otra vez en los discos de PETE YORN

Por eso esta etapa funciona tan bien. Caretakers, Hawaai, The Hard Way y ahora ALL THE BEAUTY no suenan como discos hechos para recuperar el éxito de musicforthemorningafter (2001). Suenan como el trabajo de un compositor que está en su plenitud y que ha ido encontrando una forma cada vez más depurada de escribir canciones. 

También llama la atención la escasa repercusión crítica de estos discos. Hawaai recibió un 100/100 por parte de Albumism, una valoración que compartimos plenamente. Sin embargo, The Hard Way, que es otra lección magistral, apenas cuenta con una valoración registrada en AOTY y ALL THE BEAUTY parece seguir el mismo camino. Resulta curioso que una etapa tan sólida apenas genere conversación especializada. No porque falten buenos discos, sino porque da la impresión de que la carrera de PETE YORN se ha vuelto demasiado estable para los tiempos que corren. No hay un regreso espectacular, ni una reinvención radical, ni un relato alrededor de cada lanzamiento. Solo hay buenas canciones. Y, a estas alturas, parece que eso ya no basta para ocupar espacio en la conversación. Obviamente, la culpa de que esto ocurra no es de PETE YORN, ni de los cientos de artistas veteranos que se encuentran en una posición muy parecida. Es de la manera en que se consume la música hoy día y cómo la crítica generalista ha acabado siendo cómplice de ello. 

Hay compositores que alcanzan un punto en el que cada nuevo disco parece una variación del anterior. En Yorn ocurre justo lo contrario: cada álbum añade un matiz nuevo sin romper la continuidad de los anteriores. Esa es, precisamente, una de las grandes virtudes de esta etapa. 

Hawaai o The Hard Way, son dos discos que nosotros valoramos con un 100/100 y seguimos considerando auténticas obras maestras dentro de su catálogo. ALL THE BEAUTY confirma algo que llevamos años pensando: la etapa más libre de PETE YORN también está siendo la más sólida. Cuatro discos publicados en siete años, cuatro discos excelentes y la sensación de estar asistiendo a uno de los momentos creativos más inspirados de toda su carrera.

ALL THE BEAUTY está escrito por un compositor que parece haber encontrado un equilibrio muy difícil entre la sencillez, la emoción y la personalidad. Seguramente la crítica generalista no hable de este trabajo. Por nuestra parte sí que entraría de lleno en la conversación de lo mejor que hemos escuchado este año. Nuestra valoración es un 90 sobre 100



MEJORES MOMENTOS: All The Beauty, Idyllwild, Trains, Never Said No, Out Of My Head, All The time, Everything... En realidad todas las canciones son excelentes y es un álbum para escuchar de principio a fin y sin usar el orden aleatorio. 

MEDIA CRÍTICA:---

NUESTRA VALORACIÓN: 90/100

lunes, 27 de julio de 2026

ALLISON RUSSELL INTERPRETA EL CAOS.


Había mucha curiosidad por descubrir cómo respondería ALLISON RUSSELL al éxito de The Returner (2023). Su anterior trabajo no solo la confirmó como una de las compositoras más interesantes de la música de raíces contemporánea, sino que además se convirtió en uno de los discos mejor recibidos por la crítica de 2023. Lo sencillo habría sido insistir en aquella fórmula. En cambio, IN THE HOUR OF THE CHAOS toma cierta distancia respecto a aquel álbum para mirar en otra dirección. No porque renuncie a la identidad que Russell ha construido durante estos años, sino porque decide ampliar su horizonte y convertir la colaboración en el verdadero motor del proyecto. 

Esa intención resulta evidente desde los propios créditos. Russell reúne a Joy Oladokun, Julie Williams, Kara Jackson, Denitia, Explore! Pop Choir, Britney Spencer, Norah Jones, Ruby Amanfu, Kyshona, Sarah Watkins, Devon Gilfillian, Cashu Culpepper, Chibueze Ihuoma y Ahya Simone. Una lista tan extensa podría hacer pensar en un disco disperso o en una colección de encuentros puntuales, pero sucede justo lo contrario. Todas esas voces parecen trabajar al servicio de una misma idea y nunca llegan a eclipsar a su anfitriona. Buena parte del mérito está en que ALLISON RUSSELL mantiene el timón de principio a fin. Comparte la producción con Dim Star y conserva prácticamente intacto el núcleo compositivo junto a Drew Lindsey y JT Nero. Solo una canción rompe esa dinámica, al incorporar también a Ahya Simone y Megan McCormick en los créditos de composición de la canción en la que particia Simone. Son detalles que ayudan a entender por qué, pese a la cantidad de colaboradores, el álbum nunca deja de sentirse profundamente suyo. 




Las etiquetas de Americana y R&B contemporáneo bajo el marco de cantautora, describen bastante bien el territorio por el que se mueve el disco, aunque dicen poco sobre la sensación que deja al escucharlo. IN THE HOUR OF THE CHAOS es un álbum sorprendentemente luminoso. Su título invita a imaginar una obra convulsa, incluso incómoda, pero Russell prefiere responder al caos con belleza, armonía y calidez. Las canciones hablan de resistencia, de comunidad, de afectos y de la capacidad de seguir encontrando luz en tiempos difíciles. Ahí es donde las colaboraciones adquieren un significado especial. No están para adornar el álbum ni para convertir cada tema en un desfile de invitados. Forman parte del mensaje. Frente al caos, Russell propone una red de voces que se sostienen unas a otras. 

La crítica ha recibido el disco con cierto entusiasmo, aunque sin alcanzar el consenso casi unánime que logró The ReturnerIN THE HOUR OF THE CHAOS presenta una media de 79 sobre 100 gracias a las valoraciones de Uncut, Mojo y Hot Press (80/100) y Spectrum Culture (75/100), una cifra que queda diez puntos por debajo del 89/100 obtenido por su predecesor. La comparación resulta inevitable, pero quizás también sea injusta. The Returner poseía la fuerza de esos discos que irrumpen con una intensidad difícil de repetir. Este nuevo trabajo juega otra partida. Es menos confesional, menos urgente y mucho más abierto. Además, los álbumes construidos alrededor de una comunidad de colaboradores rara vez reciben el mismo reconocimiento que aquellos donde toda la atención recae sobre una única figura, aunque detrás siga existiendo una visión artística igual de firme. 

Nosotros terminamos con la sensación de haber escuchado un disco que no pretende competir con The Returner, sino complementarlo. ALLISON RUSSELL podría haber intentado repetir el éxito de aquel álbum, pero ha preferido aprovechar la posición que ha alcanzado para hacer algo distinto. Hay un punto de empoderamiento en esa decisión: el de una artista que ya no necesita demostrar nada y que utiliza ese reconocimiento para rodearse de músicos a los que admira sin perder nunca el control creativo.

Quizás IN THE HOUR OF THE CHAOS termine siendo el puente hacia una nueva etapa o quizás acabe funcionando como un paréntesis antes de regresar a un formato más íntimo. Sea como sea, deja la impresión de una autora que sigue avanzando por convicción y no por cálculo. Y eso siempre resulta más interesante que repetir una fórmula ganadora. Es probable que la mayor virtud de IN THE HOUR OF THE CHAOS sea esa: entender que el caos no siempre necesita más ruido. A veces basta con reunir las voces adecuadas para encontrar un poco de luz. Nuestra nota es un 85 sobre 100



MEJORES MOMENTOS: Really Real, Black Lavander, Rainbows, No Springtime, Searchlights, Good Omens, Cold April, Two Stars... 

MEDIA CRÍTICA: 79/100

NUESTRA VALORACIÓN: 85/100 

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