AYRA STARR pertenece a una generación de artistas africanas que ya no necesitan que su música sea presentada como una rareza llegada desde otro lugar. El público internacional lleva unos años acostumbrándose a encontrar en el pop nombres procedentes de Nigeria, Sudáfrica, Mali y otros puntos del continente, aunque cada una de ellas haya construido su propio camino. En ese mapa caben propuestas tan diferentes como las de Fatoumata Diawara, Tyla o la propia AYRA STARR. No tiene demasiado sentido colocarlas en una misma carrera porque sus intereses son distintos, pero sí sirve para entender el espacio cada vez mayor que ocupa la música africana en el mercado internacional. Ayra, además, ya ha demostrado que puede moverse por ese mercado sin necesidad de reducir su música a una única etiqueta.
STARRGIRL llega dos años después de The Year I Turned 21 (2024), un álbum que ya nos había parecido especialmente fresco por sus narrativas, por la naturalidad con la que AYRA STARR se desenvolvía entre distintos sonidos y, sobre todo, por una forma de interpretar las canciones que hacía que todo pareciera mucho más sencillo de lo que probablemente era. Con este tercer álbum no encontramos un cambio radical de dirección. Tampoco creemos que lo necesitara. Lo que encontramos es una continuación bastante natural de aquella personalidad, pero con una artista que parece saber todavía mejor qué puede hacer con ella.
Porque una de las cosas que más nos sorprenden de AYRA STARR es que cuesta muy poco reconocerla. Apenas hacen falta unas notas para saber quién está cantando. Y esto no es algo que pueda darse por hecho, especialmente cuando estamos ante una artista que trabaja con tantos sonidos, tantos productores, tantos compositores y tantas colaboraciones. Hay músicos que pasan años buscando una voz propia y no siempre terminan encontrándola. En AYRA STARR la sensación es muy diferente. Parece que esa identidad hubiera estado ahí desde el principio, con una naturalidad casi instintiva. Como respirar.
Lo interesante es comprobar hasta dónde puede llevar esa cualidad cuando se la rodea de una producción cada vez más ambiciosa. STARRGIRL no es precisamente un disco pequeño. Es un álbum de dieciséis canciones que se mueve por el Contemporary R&B, los Afrobeats, el Dance-Pop, el Dancehall y el Afropiano, además de incorporar elementos de otros territorios que aparecen con mayor o menor intensidad a lo largo del recorrido. Sobre el papel puede parecer una colección demasiado amplia de influencias. En la práctica, casi todo termina pasando por el mismo filtro: AYRA STARR.
También resulta curioso que el Amapiano, que aparecía explícitamente entre las etiquetas de The Year I Turned 21, desaparezca ahora de la clasificación genérica de STARRGIRL. No creemos que esto signifique que haya desaparecido de su música. Sigue habiendo ritmos, texturas y recursos que remiten a ese universo, especialmente cuando atendemos a la manera en que se construye el pulso de algunas canciones. Lo que sí parece haber cambiado es su peso dentro de la identidad general del álbum. El amapiano ya no parece necesitar ocupar un lugar destacado para que Ayra pueda construir una canción alrededor de él.
Y quizás ahí encontremos una de las diferencias más interesantes de este disco. El género no parece ser nunca una declaración de intenciones. Ayra puede acercarse al R&B, al Afrobeats, al dancehall o al pop y no da la impresión de estar probándose un traje distinto cada vez. Todo queda absorbido por una personalidad que se mantiene reconocible. Las influencias entran, se mezclan y terminan convertidas en algo que cuesta atribuir por completo a ningún género concreto. No es tanto una cuestión de acumular referencias como de conseguir que todas ellas convivan sin disputarse el protagonismo.
Las narrativas también siguen teniendo un peso importante. Ayra no necesita convertir cada canción en una gran confesión ni construir una mitología alrededor de sí misma. Le interesan el deseo, las relaciones, la vulnerabilidad, la seguridad en una misma y todas esas pequeñas situaciones que permiten que una canción pop tenga algo de experiencia personal. Pero aquí vuelve a aparecer esa naturalidad suya. Las letras pueden ser sencillas y directas sin que eso las haga impersonales, porque su forma de cantar consigue darles una personalidad que no siempre está únicamente en las palabras.
En STARRGIRL encontramos momentos más sensuales, otros claramente orientados al baile y también canciones en las que Ayra deja que su voz ocupe más espacio. Amazing, con kwn, se mueve por un R&B suave y envolvente; Gimme Dat, junto a Wizkid, lleva su afropop hacia un terreno más expansivo; Pressure, con Leon Thomas, introduce una luminosidad pop que encaja con sorprendente facilidad; mientras que Ms. Paper, junto a Theodora, aporta una energía francófona y bailable que amplía todavía más el radio del álbum. Who's Dat Girl, con Rema, vuelve a llevarnos a un terreno puramente africano sin que el disco pierda continuidad.
Y todavía queda espacio para canciones que se permiten cambiar de registro. Letter To God encuentra una Ayra más íntima y Heaven Baby, con ZAYN, juega con un R&B pop mucho más abierto al público internacional. Incluso cuando se acerca a terrenos que podrían parecer menos propios, seguimos teniendo la sensación de que hay algo que la mantiene en el centro. No todo funciona con la misma intensidad, ni es perfecto. Pero esas pequeñas imperfecciones también sirven para comprobar lo difícil que es hacer que una artista tan reconocible se pierda dentro de un disco tan amplio.
Porque detrás de esta aparente facilidad hay muchísimo trabajo. La producción corre a cargo de nombres como Johnny Drille, The Elements, Joe Reeves, Skillies y Shizzi, acompañados por una larga nómina de productores adicionales. En la composición encontramos a AYRA STARR trabajando junto a otros 38 coautores. A eso hay que sumar las colaboraciones de kwn, Wizkid, Leon Thomas, Theodora, Rema, ZAYN y Danny Ocean. No estamos ante un álbum construido en una habitación con cuatro instrumentos y una cantante siguiendo una única idea. STARRGIRL es ambicioso, está lleno de manos y tiene detrás una cantidad considerable de trabajo.
Y, sin embargo, cuesta escucharlo pensando en todo lo que ha tenido que ocurrir para que llegue hasta nosotros. Esa es probablemente una de las mayores virtudes de AYRA STARR. No consigue frescura porque su música esté poco elaborada, sino porque toda esa elaboración permanece al servicio de una personalidad que parece fluir por encima de ella. Hay muchas personas trabajando en estas canciones, pero rara vez tenemos la sensación de estar escuchando un collage de decisiones. Seguimos escuchando a Ayra.
Incluso la conexión con Latinoamérica aparece integrada dentro de esa lógica. En The Year I Turned 21 estaba mucho más presente, con colaboraciones de Anitta y Rauw Alejandro y un uso más evidente del español. En STARRGIRL esa presencia es más discreta, pero no ha desaparecido. Hot Body (Remix), que cierra el álbum junto a Danny Ocean, recupera el español y funciona como una última apertura hacia otro espacio musical. No parece necesario convertirlo en una declaración sobre el mercado latino ni en una estrategia que tengamos que descifrar. El español entra en el disco del mismo modo que entran otras influencias: como una pieza más que Ayra puede incorporar sin dejar de ser ella.
También por eso nos parece interesante el lugar que STARRGIRL puede ocupar fuera de Nigeria. AYRA STARR comparte espacio internacional con artistas que están llevando diferentes formas de música africana hacia el público global, pero su fortaleza no parece depender de apropiarse de un sonido concreto. Su música puede entrar en distintos mercados porque no necesita abandonar su identidad para hacerlo. Esa capacidad de moverse entre culturas sin que ninguna termine absorbiéndola puede convertirse en una de sus mayores ventajas a largo plazo.
La recepción crítica inicial parece confirmar que estamos ante una continuación especialmente sólida. STARRGIRL tiene actualmente una media de 85 sobre 100, aunque debemos tener en cuenta que la cifra parte únicamente de dos reseñas. NME le ha concedido un 90/100 y Clash un 80/100, una recepción ligeramente superior a la de The Year I Turned 21, que se quedó en 83/100 a pesar de recibir un 100/100 también de NME.
Nosotros le damos un 85 sobre 100. STARRGIRL no nos parece especialmente valioso porque AYRA STARR haya dado un giro respecto a lo que hacía antes, sino porque vuelve a demostrar algo bastante más difícil: que puede hacer muchas cosas diferentes sin dejar de sonar como ella misma. Su música está llena de influencias, de géneros, de culturas, de productores y de colaboradores, pero nada parece forzado. Todo encuentra su sitio alrededor de una artista que resulta reconocible prácticamente desde la primera nota. Después de dos discos anteriores ya teníamos suficientes motivos para pensar que aquello no era casualidad. STARRGIRL nos convence de que estamos ante una de esas artistas que pueden crecer, cambiar y ampliar su música todo lo que quieran sin tener que sacrificar aquello que las hace únicas. Hay algo en AYRA STARR que, por ahora, parece sencillamente irrepetible.
MEJORES MOMENTOS: Amazing, Ms Paper, Missunderstood, Who's Dat Girl, Hot Body, Pressure, Gimme Dat, Heaven Baby, Tornado, Where Do We Go...
MEDIA CRÍTICA: 85/100
NUESTRA VALORACIÓN: 85/100


