Este fin de semana se ha lanzado ALL THE BEAUTY el último álbum de estudio de PETE YORN, que hace el número once de una carrera de venticinco años. Lo primero que nos preguntamos en una primera escucha es: ¿Por qué nadie incluye a PETE YORN cuando se habla de los grandes cantautores de su generación? Siempre nos ha llamado la atención que Yorn ocupe un lugar tan discreto en la conversación sobre los grandes cantautores norteamericanos de las dos últimas décadas. Cuesta encontrar otro músico con una obra tan consistente y, al mismo tiempo, tan poco convertible en una etiqueta.
Hay artistas cuya carrera parece avanzar siempre en paralelo a la conversación musical. Nunca desaparecen, pero tampoco terminan de ocupar el lugar que, por la calidad de sus discos, uno diría que les corresponde. PETE YORN es uno de ellos.
Para nosotros, Arranging Time (2016) marca un antes y un después. Nos sigue pareciendo uno de los mejores discos publicados en su año de producción, aunque apenas tuviera el reconocimiento que merecía. Con el tiempo da la impresión de que fue su última oportunidad de jugar una partida dentro del circuito más comercial. Si aquello era un último intento por ampliar su público, el resultado terminó siendo otro: una libertad absoluta para hacer los discos que realmente quería hacer.
Lo mejor de PETE YORN ha llegado precisamente después. Con Caretakers (2019) comienza una etapa que, hasta ahora, siempre habíamos entendido como una trilogía formada junto a Hawaai (2022) y The Hard Way (2024). Tres discos unidos por una misma forma de entender la música: canciones luminosas, una producción contenida y una sensación constante de calma que encuentra en el verano, la luz y el mar un paisaje común. Si Hawaai representaba el momento de plenitud, The Hard Way siempre nos ha parecido el disco del final del verano, cuando la nostalgia empieza a imponerse sin perder la luz del todo.
La llegada de ALL THE BEAUTY nos hace pensar que quizás aquella trilogía siempre estuvo incompleta. El nuevo álbum no rompe con ese camino, sino que lo prolonga con absoluta naturalidad. También vuelve Jackson Phillips, que ya había dejado una huella importante en Hawaai, esta vez como coautor de varias canciones, coproductor e ingeniero de sonido junto al propio Yorn. No es casualidad que ALL THE BEAUTY sea, de los dos últimos discos, el que más recuerda al espíritu de Hawaai. No porque pretenda copiar nada, sino porque ambos comparten una misma forma de entender el espacio que debe ocupar cada instrumento y una manera muy parecida de construir las canciones.
Hace tiempo que venimos advirtiendo que PETE YORN es único. No se parece a nadie y tampoco le han salido imitadores. Si uno intenta buscarle referencias aparecen nombres inevitables: la narrativa de Tom Petty, cierta sensibilidad melódica británica que puede recordar a The Smiths o el gusto por las guitarras de algunas bandas de los noventa. Pero cuando escuchas un disco suyo nunca tienes la sensación de estar oyendo una derivación directa de alguien. Es como si todas esas influencias hubieran terminado diluyéndose dentro de una personalidad completamente propia.
Gran parte de esa personalidad nace de su manera de construir melodías. Yorn tiene un sentido muy particular para las líneas vocales. Muchas de sus canciones parecen sencillas en la superficie, pero esconden pequeños giros melódicos, cambios de acento y una forma muy personal de retrasar o adelantar una frase para que la melodía nunca resulte del todo previsible. No es un cantante de grandes alardes ni busca exhibir su voz. La utiliza como un elemento más de la canción, siempre al servicio de la melodía.
El hecho de que nunca se haya construido una escuela alrededor suyo también lo hace más interesante. Hay artistas que, aunque no sean masivos, generan una corriente reconocible. Escuchas a un grupo emergente y enseguida puedes señalar a quien se parece. Con Yorn eso ocurre muy pocas veces. Su música reúne elementos del rock americano, el pop de guitarras, el folk, la psicodelia o incluso pequeños detalles de electrónica ambiental, pero el resultado nunca termina convirtiéndose en una fórmula reconocible.
Y hay algo paradójico en todo esto. Esa falta de imitadores puede ser una señal de que su propuesta resulta más difícil de copiar. Es mucho más sencillo reproducir un sonido que una sensibilidad. Se puede copiar una producción, una forma de tocar la guitarra o un determinado tipo de arreglo. Mucho más complicado es escribir canciones con esa mezcla de vulnerabilidad, distancia emocional y luminosidad que aparece una y otra vez en los discos de PETE YORN.
Por eso esta etapa funciona tan bien. Caretakers, Hawaai, The Hard Way y ahora ALL THE BEAUTY no suenan como discos hechos para recuperar el éxito de musicforthemorningafter (2001). Suenan como el trabajo de un compositor que está en su plenitud y que ha ido encontrando una forma cada vez más depurada de escribir canciones.
También llama la atención la escasa repercusión crítica de estos discos. Hawaai recibió un 100/100 por parte de Albumism, una valoración que compartimos plenamente. Sin embargo, The Hard Way, que es otra lección magistral, apenas cuenta con una valoración registrada en AOTY y ALL THE BEAUTY parece seguir el mismo camino. Resulta curioso que una etapa tan sólida apenas genere conversación especializada. No porque falten buenos discos, sino porque da la impresión de que la carrera de PETE YORN se ha vuelto demasiado estable para los tiempos que corren. No hay un regreso espectacular, ni una reinvención radical, ni un relato alrededor de cada lanzamiento. Solo hay buenas canciones. Y, a estas alturas, parece que eso ya no basta para ocupar espacio en la conversación. Obviamente, la culpa de que esto ocurra no es de PETE YORN, ni de los cientos de artistas veteranos que se encuentran en una posición muy parecida. Es de la manera en que se consume la música hoy día y cómo la crítica generalista ha acabado siendo cómplice de ello.
Hay compositores que alcanzan un punto en el que cada nuevo disco parece una variación del anterior. En Yorn ocurre justo lo contrario: cada álbum añade un matiz nuevo sin romper la continuidad de los anteriores. Esa es, precisamente, una de las grandes virtudes de esta etapa.
Hawaai o The Hard Way, son dos discos que nosotros valoramos con un 100/100 y seguimos considerando auténticas obras maestras dentro de su catálogo. ALL THE BEAUTY confirma algo que llevamos años pensando: la etapa más libre de PETE YORN también está siendo la más sólida. Cuatro discos publicados en siete años, cuatro discos excelentes y la sensación de estar asistiendo a uno de los momentos creativos más inspirados de toda su carrera.
ALL THE BEAUTY está escrito por un compositor que parece haber encontrado un equilibrio muy difícil entre la sencillez, la emoción y la personalidad. Seguramente la crítica generalista no hable de este trabajo. Por nuestra parte sí que entraría de lleno en la conversación de lo mejor que hemos escuchado este año. Nuestra valoración es un 90 sobre 100.
MEJORES MOMENTOS: All The Beauty, Idyllwild, Trains, Never Said No, Out Of My Head, All The time, Everything... En realidad todas las canciones son excelentes y es un álbum para escuchar de principio a fin y sin usar el orden aleatorio.
MEDIA CRÍTICA:---
NUESTRA VALORACIÓN: 90/100


