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viernes, 22 de mayo de 2026

JOSIAH AND THE BONNEVILLES: SOBREVIVIENDO AL SUEÑO AMERICANO.


 

JOSIAH AND THE BONNEVILLES es el proyecto musical del cantante y compositor estadounidense Josiah Leming, originario de Morristown, Tennessee, en Estados Unidos. Su música mezcla folk, americana, country alternativo e indie, con letras muy introspectivas y emocionales. Recientemente ha publicado AS IS su quinto álbum de estudio. Un trabajo que seguramente marcará un punto de inflexión en su carrera.

Porque AS IS representa mucho más que el quinto álbum de estudio de JOSIAH AND THE BONNEVILLES: es la culminación de una carrera construida a contracorriente y, en muchos sentidos, una versión moderna y melancólica del llamado sueño americano. La trayectoria de Josiah Leming ha estado marcada por obstáculos que habrían terminado con la carrera de la mayoría de artistas: abandonó la escuela siendo adolescente para perseguir la música sin garantías de éxito, vivió durante un tiempo en su coche tocando en pequeños locales del sur de Estados Unidos, alcanzó una fama prematura gracias a American Idol y fue rápidamente absorbido por una industria que parecía verlo como una futura estrella. 

Su fichaje por Warner Bros. en 2008 prometía convertirlo en una nueva gran figura del folk-pop estadounidense, pero aquella oportunidad terminó desmoronándose entre retrasos, expectativas comerciales incumplidas y un debut que pasó prácticamente desapercibido. Después llegó el silencio: años fuera del foco mediático, trabajos corrientes para sobrevivir -incluyendo almacenes y hostelería- y una carrera que parecía destinada a convertirse en otra historia de talento perdido. 

Sin embargo, en lugar de desaparecer, Leming siguió escribiendo canciones, construyendo lentamente una audiencia fiel desde la independencia, apoyándose en plataformas como Patreon, TikTok y el boca a boca digital. Por eso AS IS tiene un peso simbólico tan grande dentro de su discografía. El álbum no suena como el regreso triunfal de una estrella fabricada por la industria, sino como la consolidación tardía de alguien que sobrevivió a ella. 

Hasta ahora, sus discos anteriores -On Trial (2018), Motel Mayday (2021), Endurance (2023) y los distintos proyectos de versiones y EPs- habían generado principalmente recepción de oyentes y comunidades online, pero prácticamente ninguna atención de la crítica profesional. Con AS IS por fin un disco suyo tiene una primera recepción crítica verdaderamente relevante. PopMatters le ha otorgado una puntuación de 80 sobre 100

También cuenta con el respaldo de un sello histórico como Rounder Records, lo que, junto al reconocimiento creciente dentro del circuito americana, convierten el disco en una especie de recompensa a la perseverancia: la confirmación de que, después de años de incertidumbre, JOSIAH AND THE BONNEVILLES finalmente encontró su lugar sin renunciar a su identidad artística. En ese sentido, AS IS encarna una idea profundamente estadounidense: la del artista que fracasa, cae, desaparece y vuelve a levantarse gracias únicamente a la convicción personal y al trabajo constante.

En lo sonoro, AS IS supone una síntesis muy madura de todos los territorios musicales que JOSIAH AND THE BONNEVILLES había explorado durante años. El álbum se mueve con naturalidad entre el folk contemporáneo, la americana, el country alternativo y el indie acústico, pero evitando quedar encerrado en una sola etiqueta. Hay una base claramente roots -guitarras acústicas, pedal steel, banjo, arreglos cálidos y una producción orgánica- aunque el disco también incorpora una sensibilidad melódica más accesible y moderna que lo acerca al folk indie contemporáneo. A diferencia del minimalismo más desnudo de trabajos anteriores, aquí las canciones poseen mayor amplitud sonora y un sentido de construcción más cinematográfico, sin perder nunca la intimidad que caracteriza a Josiah Leming como compositor. Esa mezcla permite que AS IS oscile entre la melancolía rural del americana clásico y un tono confesional muy propio del cantautor americano actual. 

Narrativamente, el álbum gira alrededor de personajes cansados, relaciones deterioradas, sueños aplazados y la búsqueda de redención emocional en medio de la vida cotidiana. Las canciones hablan de pérdida, desgaste sentimental, nostalgia y supervivencia personal, pero lo hacen desde una mirada profundamente humana y sin dramatismo excesivo. Hay una constante sensación de movimiento -físico y emocional- como si los protagonistas del disco estuvieran siempre intentando encontrar un lugar al que pertenecer. Precisamente por eso AS IS transmite una autenticidad tan convincente: no suena como una obra diseñada para encajar en tendencias concretas, sino como el retrato honesto de un artista que finalmente ha aprendido a convertir todas las cicatrices de su trayectoria en identidad musical.




Existe además una paradoja especialmente reveladora en torno a AS IS y al ascenso reciente de JOSIAH AND THE BONNEVILLES: gran parte de su crecimiento ha llegado gracias a TikTok y a las dinámicas de viralidad digital, aunque su música parece oponerse casi frontalmente a la lógica de consumo rápido asociada a esas plataformas. 

En una era dominada por canciones diseñadas para captar atención instantánea, Josiah ha conseguido destacar precisamente con composiciones introspectivas, melancólicas y emocionalmente desnudas, más cercanas a la tradición del folk confesional que al lenguaje del algoritmo. 

Lo llamativo es que nunca da la sensación de estar persiguiendo tendencias; al contrario, su éxito parece surgir de una autenticidad que la audiencia percibe como genuina en medio de un ecosistema digital saturado de artificio. 

Así, AS IS termina encarnando una contradicción muy contemporánea: la de un artista que encuentra reconocimiento masivo en internet haciendo música que, en esencia, parece resistirse a las reglas de internet. En cierto modo, JOSIAH AND THE BONNEVILLES representa la posibilidad de que la vulnerabilidad, la imperfección y la honestidad emocional todavía puedan abrirse camino incluso dentro de la cultura del algoritmo.

Dentro de AS IS, las canciones más destacadas suelen ser las que mejor condensan tanto el imaginario del disco como su mezcla entre intimidad folk y amplitud americana. Sin duda, el tema que más peso simbólico tiene es el cierre, As Is, que funciona casi como declaración de identidad artística y resume el espíritu del álbum: aceptación, desgaste emocional y madurez vital. 

Otra de las piezas clave es Hell Without the Flames, probablemente una de las más intensas a nivel narrativo, donde se refuerza ese tono de relaciones rotas y vulnerabilidad emocional que atraviesa todo el proyecto. En una línea más melódica y accesible destaca Carolina Heart, que encarna muy bien el costado más clásico del americana contemporáneo del disco. 

También resulta especialmente representativa Going Gone, por su sensación de movimiento constante y su carácter casi de canción de carretera, muy en sintonía con el imaginario visual del álbum. Y en el terreno más introspectivo, One Day at a Time destaca por su enfoque más pausado y confesional, reforzando la idea de supervivencia cotidiana que recorre el disco. Estas canciones funcionan como los pilares del álbum: unas empujan hacia lo emocional y lo desgarrado, otras hacia lo atmosférico y lo narrativo, pero todas mantienen esa sensación de viaje continuo que define AS IS.

En definitiva, AS IS se siente como el trabajo de un artista que ya no necesita demostrar nada, sino simplemente contar lo que ha vivido con la mayor honestidad posible. Es un álbum que suena a experiencia acumulada, a kilómetros recorridos y a cicatrices que ya forman parte de la identidad creativa de quien las canta. Nuestra valoración para este álbum es de 85 sobre 100, precisamente porque consigue equilibrar madurez compositiva, coherencia sonora y una emoción muy directa sin caer en artificios innecesarios. Pero más allá de esa nota, lo que realmente deja el disco es un imaginario muy concreto: el de la carretera interminable, la libertad solitaria de una moto como la de su portada, las gasolineras vacías en mitad de la noche, los neones parpadeando en moteles olvidados y la música sonando como banda sonora de un viaje sin destino claro pero con sentido emocional. AS IS transmite esa sensación de movimiento constante, de estar siempre entre lugares, entre etapas vitales, entre lo que se fue y lo que todavía está por venir. Y en ese tránsito encuentra su fuerza: no es un disco que cierre respuestas, sino uno que acompaña el viaje. Un álbum que confirma que, a veces, llegar tarde también es llegar.



MEJORES MOMENTOS: Hell Without The Flames, Going Gone, Mountain Girl, As Is, One Day at a Time, Carolina Heart... 

MEDIA CRÍTICA: 80/100

NUESTRA VALORACIÓN: 85/100

jueves, 21 de mayo de 2026

ALDOUS HARDING: LA MADUREZ DE LA RAREZA.

 


TRAIN ON THE ISLAND es el quinto álbum de estudio de ALDOUS HARDING y llegados a este punto conviene repasar su trayectoria. Party (2017) fue claramente el momento de ruptura: el disco que convirtió su rareza en conversación pública y crítica. Ahí aparecieron la teatralidad vocal, el humor incómodo y esa sensación de que cada canción podía derrumbarse o transformarse en cualquier momento. Pero Designer (2019) fue donde todo eso encontró una forma perfecta. No sólo era extraño: era preciso. Canciones como The Barrel o Fixture Picture parecían surrealistas y pegadizas al mismo tiempo, algo dificilísimo de conseguir. Con Warm Chris (2022) quizás se puede tener la sensación de que frenó un poco. A lo mejor era complicado hacer otro álbum mejor después de la aclamada obra maestra que fue Designer, pero, en cualquier caso, no existía ningún freno. Era un disco de expansión muy medida, algo juguetona y más abstracta y visto con distancia parece que tiene más intención de marcar un punto de transición que alcanzar ninguna cumbre. 

TRAIN ON THE ISLAND es interesante: no intenta superar a Designer en términos de inmediatez o de grandes canciones, sino ampliar su lenguaje. Se puede leer como un disco de síntesis y madurez, incluso podemos llegar más lejos y decir que podría ser su obra más lograda en conjunto. La realidad es que Harding ya no necesita sorprender constantemente. Antes el shock venía de los giros vocales o de lo imprevisible de sus estructuras. En este nuevo trabajo la rareza está totalmente integrada en la composición.

Por eso algunos críticos hablan de TRAIN ON THE ISLAND como su trabajo más completo o el mejor de su carrera. Es cierto que es un gran álbum y que el tiempo acabará poniéndolo en su sitio. Pero seguimos pensando que Designer (2019) continúa siendo su obra más redonda. Aun así, la comparación entre ambos depende en gran medida de qué se espere de ALDOUS HARDING. Si buscas canciones memorables e inolvidables, un punto medio perfecto entre pop y vanguardia o momentos icónicos y reconocibles. Designer no tiene rival. Pero si lo que prefieres es continuidad emocional, construcción de un universo, detalles de producción y a una artista completamente liberada de expectativas, entonces TRAIN ON THE ISLAND sí tiene argumentos para ser considerado su mejor trabajo.




En lo sonoro, TRAIN ON THE ISLAND se mueve dentro de un territorio eminentemente de cantautora, aunque evitando siempre cualquier lectura ortodoxa del formato. El disco deambula con naturalidad entre el indie folk más desnudo, el chamber pop de arreglos delicadamente inestables e incluso ciertos pasajes cercanos a la neo-psicodelia, no tanto por exuberancia instrumental como por la manera en que las canciones parecen deformarse ligeramente desde dentro. Nada termina de asentarse del todo: las melodías se desplazan, los ritmos aparecen y desaparecen con lógica imprevisible y la voz de Aldous Harding funciona menos como un centro estable que como una narradora capaz de cambiar de máscara en mitad de una frase. Esa condición escurridiza afecta también a las narrativas del álbum, pobladas por imágenes, personajes apenas insinuados y escenas que parecen surgir de un sueño a medio recordar. Más que contar historias cerradas, Harding construye atmósferas narrativas donde lo importante no es descifrar un significado concreto, sino permanecer dentro de la inquietud que generan.

Desde Party (2017), la asociación entre ALDOUS HARDING y John Parish ha dejado de ser una simple relación entre artista y productor para convertirse en una auténtica gramática compartida. La evolución reciente de Harding resulta ya inseparable de la presencia de Parish, no porque este diluya su personalidad, sino porque ha sabido convertir sus excentricidades en un lenguaje reconocible y coherente a lo largo de cuatro discos. En TRAIN ON THE ISLAND esa complicidad alcanza quizá su forma más depurada: arreglos mínimos pero inquietantes, pausas que descolocan constantemente al oyente y una mezcla que vuelve significativo hasta el más leve desplazamiento de la voz o de los instrumentos. Lo decisivo es que Parish no impone una firma sonora reconocible, sino una manera de trabajar el espacio, el tempo y la ambigüedad emocional; por eso estos discos parecen menos el resultado de una autora acompañada por un productor que el fruto de una alianza creativa sostenida en el tiempo.

También resulta especialmente significativa la aparición de H. Hawkline en el disco. Quienes conocen la trayectoria de ambos podían intuir que esta colaboración acabaría ocurriendo tarde o temprano: Hawkline comparte con ALDOUS HARDING esa inclinación por las melodías oblicuas, los personajes ambiguos y cierta teatralidad excéntrica que rara vez encuentra equivalentes naturales. Precisamente por eso su encuentro funciona tan bien en Venus In The Zinnia, una canción donde ninguno de los dos necesita moderar sus rarezas para dejar espacio al otro. Al contrario: la tensión entre sus maneras de frasear y esa sensación de extrañeza compartida convierten el tema en uno de los momentos más logrados y memorables del álbum.

La crítica le ha otorgado una media de 83 sobre 100 distribuida de la siguiente manera: Still Listening 92/100; Paste 91/100; AllMusic, NME, Exclaim!, Pitchfork y God Is In The Tv 90/100; Northern Transmissions 86/100; Spectrum Culture 85/100; Uncut, Hot Press, The Irish Times, Record Collector, Mojo, The Guardian, The Skinny y DIY 80/100; Far Out Magazine y MusicOHM 70/100 y Under The Radar 65/100. Esta media convierte a TRAIN ON THE ISLAND en el segundo trabajo mejor valorado después de Designer (2019).

TRAIN ON THE ISLAND confirma, en cualquier caso, que ALDOUS HARDING sigue ocupando un lugar singular dentro de la canción contemporánea: pocas artistas actuales manejan con tanta naturalidad el choque entre accesibilidad y extrañeza. Sin embargo, y aun tratándose de un disco sobresaliente, seguimos pensando que el punto más alto de esta etapa continúa siendo Designer, donde todas las intuiciones de Harding y John Parish alcanzaban un equilibrio prácticamente perfecto. Frente a aquella obra deslumbrante y total, este nuevo trabajo nos parece algo más contenido y menos revelador, aunque conserve intacto todo su magnetismo. Por lo que no merece menos de un 88 sobre 100.



MEJORES MOMENTOS: One Stop, Vennus In The Zinnia, Coast, I Ate The Most...

MEDIA CRÍTICA: 83/100

NUESTRA VALORACIÓN: 88/100

miércoles, 20 de mayo de 2026

FRIKO DA EL SALTO

 


FRIKO es una banda de indie rock de chicago formada por Niko Kapetan (voz principal, guitarra), Bailey Minzenberger (batería), David Fuller (bajo eléctrico) y Korgan Robb (guitarra). SOMETHING WORTH WAITING FOR es su segundo álbum de estudio tras Where We've Been, Where We Go from Here (2024), un álbum que tenía el factor sorpresa y que mucha prensa trató como una revelacion generacional del indie de Chicago. Una narrativa inicial con la que el segundo disco casi nunca puede competir.  

SOMETHING WORTH WAITING FOR expande el nervio indie rock del debut hacia una sonoridad mucho más ambiciosa y emocional, moviéndose con naturalidad entre el chamber pop orquestal, el indie folk confesional y un noise pop de explosiones catárticas producido con enorme amplitud por John Congleton. A lo largo del disco aparecen guitarras cristalinas y melódicas cercanas al jangle pop, estribillos luminosos heredados del power pop y arreglos de cuerda y piano que refuerzan su faceta más teatral y cinematográfica. Todo ello convive con una sensibilidad claramente emo en la interpretación vocal y en los constantes crescendos emocionales, haciendo que el álbum oscile entre la fragilidad acústica y el desbordamiento sonoro sin perder cohesión.

SOMETHING WORTH WAITING FOR construye una narrativa profundamente marcada por el movimiento constante, la ansiedad del crecimiento y la sensación de perseguir algo que quizá nunca termina de alcanzarse. A lo largo del álbum, imágenes de trenes, bicicletas, vuelos y viajes funcionan como metáforas de una vida emocionalmente inestable y siempre en tránsito, reflejando el momento en que la banda pasa de ser un proyecto joven y desconocido a enfrentarse al desgaste psicológico que trae el éxito. 

Las canciones hablan del cansancio de la gira, de la desconexión que puede producir cumplir los propios sueños y de la nostalgia por una existencia más simple y anónima, donde todavía era posible sentirse presente y no atrapado dentro de una maquinaria musical. Al mismo tiempo, el disco convierte la espera en una especie de filosofía emocional: no existe una recompensa clara ni un destino definitivo, sino la necesidad de seguir avanzando aunque todo resulte incierto. Esa tensión entre ambición y agotamiento, esperanza y vacío, juventud y miedo al paso del tiempo atraviesa todo el álbum, con canciones que parecen a punto de derrumbarse o explotar emocionalmente. En conjunto, el disco funciona como una especie de viaje existencial sobre crecer, cambiar y tratar de encontrar algo que realmente merezca la pena esperar.




La producción de John Congleton resulta fundamental para entender la evolución sonora de SOMETHING WORTH WAITING FOR, ya que transforma la urgencia más cruda y juvenil del debut en un paisaje mucho más expansivo, dinámico y dramático. Congleton potencia los contrastes entre calma y explosión, dota a las guitarras de una textura más densa y envolvente y sitúa la voz de Niko Kapetan en un primer plano extremadamente emocional, resaltando cada quiebre y momento de vulnerabilidad. Además, introduce una producción más detallista y cinematográfica, donde los arreglos de cuerda, el piano y las capas de ruido conviven con una mezcla amplia y orgánica que acerca al grupo a terrenos de art rock y chamber pop sin perder la intensidad visceral que define a la banda.

John Congleton no siempre produce los discos favoritos de los fans, pero sabe convertir bandas prometedoras en proyectos con escala y personalidad sonora reconocible. Con FRIKO parece haber hecho justo eso: menos DIY nervioso y más dramatismo cinematográfico. También les dio un sonido más grande, alejándose de su sonido inicial de escena local de Chicago. Quizás pierde algo de intimidad o frescura frente al debut, pero gana identidad épica. Eso puede alejar a parte de los primeros fans, pero también ampliar muchísimo el público. 

Puede que Where We've Been, Where We Go from Here (2024) se haya convertido en el disco que prefiere la crítica. Pero SOMETHING WORTH WAITING FOR puede acabar siendo el disco que consolide a FRIKO como banda importante del indie americano de esta década. De hecho, eso pasa mucho con bandas de indie rock: el disco más influyente para su crecimiento no siempre es el mejor valorado. 

La crítica le ha otorgado una media de 78 sobre 100 distribuida de la siguiente manera: Paste 91/100; DIY, Sputnikmusic, Exclaim! y Spill Magazine 90/100; Northern Transmissions 83/100; AllMusic, No Ripcord, Under The Radar, The Skinny y NME 80/100; Pitchfork 78/100; The Line Of Best Fit y Uncut 70/100 y Far Out Magazine, Record Collector y PopMatters 60/100. Esta media está seis puntos por debajo que la consiguió con su álbum debut -Siempre según AOTY, nuestro agregador de confianza-

La recepción crítica de SOMETHING WORTH WAITING FOR muestra un consenso positivo aunque más dividido que el del debut de Friko. La media de 78/100 refleja que el disco sigue siendo muy respetado, pero ya no genera una unanimidad tan clara, algo visible en la gran diferencia entre las notas más altas y las más bajas. Medios como Paste, DIY o Exclaim! celebraron su ambición, intensidad emocional y la producción expansiva de John Congleton, mientras que otros como PopMatters o Record Collector consideraron que el álbum sacrificaba cohesión y claridad en favor de un sonido más amplio. La mayoría de medios, sin embargo, se situaron alrededor del notable alto, reconociendo que, aunque quizás no tenga el impacto inmediato ni el factor sorpresa del debut, el disco consolida a FRIKO como una banda ambiciosa y emocionalmente arriesgada dentro del indie rock contemporáneo. 

Por nuestra parte tenemos que añadir que el debut de FRIKO sorprendió porque parecía fresco, urgente y espontáneo. Este segundo trabajo, en cambio, llega ya acompañado de expectativas, narrativa mediática y presión crítica. Muchos medios tienden a ser más severos cuando una banda pasa de promesa emergente a proyecto importante, especialmente si el nuevo disco es más grande, más conceptual o más maximalista. En ese sentido, bajar seis puntos en la media crítica no necesariamente implica una caída fuerte de calidad; puede reflejar simplemente que el álbum es más desafiante y menos inmediatamente universal. No tiene el efecto sorpresa del debut, pero sí algo más difícil de conseguir: la sensación de que FRIKO ya sabe exactamente qué clase de banda quiere ser. Por eso nuestra nota es un 85 sobre 100



MEJORES MOMENTOS: Still Around, Choo Choo, Something Worth Waiting For, Seven Degrees, Guess, Alice...

MEDIA CRÍTICA: 78/100

NUESTRA VALORACIÓN: 85/100

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