Quizás deberíamos empezar por el principio, porque Miley Cyrus ya no quiere ser Miley Cyrus. Al menos profesionalmente. En esta nueva era ha decidido quedarse simplemente en MILEY, un cambio de nombre que acompaña al que probablemente sea uno de los mayores movimientos de su carrera reciente: abandona Columbia Records, sello con el que publicó Endless Summer Vacation (2023) y Something Beautiful (2025), y ficha por Atlantic Records. BASS PERSUADES es, por tanto, el primer disco de esta nueva etapa y llega acompañado de todo lo que solemos asociar a una nueva era de una estrella pop: nuevo nombre, nuevo sello, nueva estética y, aparentemente, una nueva dirección.
El problema es que, después de escuchar el disco, nosotros seguimos sin encontrar esa nueva dirección. Ya dijimos cuando reseñamos Something Beautiful que quizás estábamos siendo demasiado exigentes con MILEY. Nos parecía una artista tremendamente inquieta, incapaz de permanecer demasiado tiempo en el mismo sitio y con una necesidad casi permanente de reinventarse. En Endless Summer Vacation habíamos creído que, por fin, había encontrado un sonido reconocible. No necesariamente el sonido definitivo de Miley Cyrus, pero sí una dirección que parecía funcionar y que podía convertirse en una identidad propia.
Luego llegó Something Beautiful y aquella impresión se desmoronó. Allí el problema era el exceso. Era una supuesta ópera pop, un álbum conceptual que aspiraba a convertirse en una obra de arte total y que acababa perdiéndose entre interludios, prólogos, cambios estilísticos y una ambición que parecía mucho mayor que las propias canciones. Lo dijimos entonces: el disco era un tanto pretencioso.
Ahora ha ocurrido algo bastante curioso. MILEY parece haber aprendido precisamente esa lección. BASS PERSUADES dura poco, tiene solamente diez canciones, no hay interludios que interrumpan constantemente el ritmo y no hay una estructura conceptual que pretenda convertir cada canción en una pieza de un universo mayor. Todo parece mucho más directo.
Pero nosotros tenemos la sensación de que, al quitar todo aquello que sobraba, no ha quedado demasiado que defender. Y hay otro elemento que tampoco podemos pasar por alto: la multiproducción no parece favorecer a MILEY. En los créditos aparecen la propia MILEY, Kid Harpoon, Maxx Morando, Michael Pollack y Model/Actriz, entre otros colaboradores. Que un disco tenga muchos productores no es necesariamente un problema. Cuando un artista tiene una identidad perfectamente definida, puede trabajar con equipos diferentes sin perder su personalidad. Pero nosotros llevamos varios discos preguntándonos precisamente cuál es la identidad musical de MILEY, y aquí la acumulación de manos detrás de las canciones parece acentuar el problema en lugar de solucionarlo.
En lugar de encontrar una personalidad que atraviese las canciones, encontramos diferentes aproximaciones que se van sucediendo. Un poco de dance-pop, electrónica, balada, pop mainstream... y otra vez la sensación de que MILEY está probando distintas pieles sin terminar de quedarse con ninguna. Después de Something Beautiful, pensábamos que podía estar buscando un nuevo camino. Después de BASS PERSUADES, la sensación es todavía más preocupante: Miley está más perdida que nunca.
BASS PERSUADES empieza precisamente intentando convencernos de que estamos ante una nueva MILEY. La canción que da título al álbum es la que abre y juega con el dance-pop, los sintetizadores y una actitud que nos hace pensar inmediatamente en Madonna o Lady Gaga. El problema es que, cuanto más la escuchamos, más elemental nos parece. Por momentos nos suena incluso a la música que suena en los coches de choque. La canción quiere ser mucho más sofisticada de lo que finalmente resulta y, después de dos escuchas, sigue pareciéndonos una forma bastante burda de presentar esta nueva era.
Después llega Different Religion, con Model/Actriz. Aquí aparece la voz hablada de MILEY, un estribillo cantado y posteriormente la voz masculina de Model/Actriz también hablada, antes de regresar al mismo estribillo. Después vuelve la voz susurrada y otra vez el estribillo. El esquema es sencillo hasta el extremo. Y sí, volvemos a tener la sensación de que esto ya se lo hemos escuchado hacer a Madonna. No retiramos ni una coma de nuestra primera impresión: nos parece una canción facilona y demasiado obvia. Sin embargo, en posteriores escuchas se hace evidente algo que no podemos negar: probablemente sea la canción del disco con mayor potencial para convertirse en un gran hit. El estribillo funciona y la combinación de MILEY y Model/Actriz tiene algo lo suficientemente reconocible como para llamar la atención. Pero que una canción pueda gustar a mucha gente no significa automáticamente que nosotros tengamos que considerarla buena.
Let's Get Married es otra historia. Aquí no encontramos prácticamente nada que nos interese. No es una balada, tampoco termina de ser otra cosa, y durante la primera escucha ya nos parecía una canción de relleno. En las escuchas posteriores, directamente nos parece una mierda. Es, sin discusión, uno de los puntos más bajos del disco. Y hay algo especialmente grave en que una canción así esté aquí: estamos hablando de un álbum de solamente diez cortes. No hay dieciséis canciones entre las que pueda esconderse. Es una de las diez piezas que MILEY ha decidido presentar como representativas de esta nueva etapa.
Orbit parecía que podía cambiar las cosas. Empieza como una balada y durante unos instantes pensamos que quizás estábamos ante la primera canción realmente especial del álbum. La idea de orbitar alrededor de alguien funciona como metáfora romántica y tiene cierto potencial emocional. Pero vuelve a ocurrir lo mismo. La canción prepara algo que después no llega. Cuando aparece ese Forever que debería servir como culminación, pierde toda la garra, se desinfla y resulta un tanto frustrante para nosotros. Otra vez MILEY parece tener una buena idea entre las manos y no saber cómo llevarla hasta el final.
Y entonces llega Aftermath, que se convierte en uno de los puntos fuertes del álbum. Empieza como una balada que nos lleva a los viejos clásicos de Donna Summer, con ecos de No More Tears (Enough Is Enough) o Last Dance, y durante unos segundos incluso nos asustamos pensando que el disco va a convertirse en una colección de baladas. Pero la canción cambia y se transforma en electrónica bailable. No es una copia de aquellos clásicos, ni mucho menos, pero el contraste funciona. Después de varias canciones que nos habían dejado bastante fríos, aquí sí encontramos una idea que merece la pena rescatar.
Después aparece REDLIGHTS, y el disco vuelve a caer. Es floja, casi tanto como Let's Get Married, y nos produce incluso la sensación de ser un descarte de Something Beautiful. Pero hay algo más: nos parece muy hortera. Suena como una canción Frankenstein que ha salido mal, como si hubieran cogido diferentes ideas, texturas y recursos y los hubieran cosido juntos esperando que apareciera una canción. No aparece. Lo que queda es un ensamblaje poco elegante y bastante innecesario.
Neon Signs, su colaboración con Andrew Wyatt de Miike Snow, sí nos proporciona otro pequeño respiro. No es una canción de baile ni una balada y tiene una producción bastante inusual. El empaste de las voces puede recordarnos a The Power of Orange Knickers de Tori Amos y Damien Rice. Pero la comparación también deja claro dónde estamos. La canción de Amos es, a día de hoy, un clásico y ha envejecido perfectamente. Neon Signs veremos si llega al año que viene. De momento es simplemente un puntito muy cuqui dentro del disco, una canción con cierto encanto que podemos defender sin necesidad de convertirla en algo que no es.
Innocent Ways vuelve a la electrónica bailable. Puede gustar al público, tiene esa accesibilidad inmediata que puede hacer que funcione bien, pero nosotros seguimos encontrándola mediocre. Y ahí aparece uno de los problemas que más se repiten en BASS PERSUADES: MILEY parece estar rodeándose constantemente de fórmulas que podrían funcionar, pero casi nunca consigue convertirlas en canciones que nos apetezca volver a escuchar.
Snow tampoco es mala canción. Pero a estas alturas ya nos da igual. Es otra balada medio punto de las suyas, correcta y perfectamente vendible si detrás hay una buena campaña o un videoclip que consiga darle una vida que la propia canción no tiene. Pero después de nueve canciones lo que nos preguntamos no es si Snow está bien. Nos preguntamos si vamos a acordarnos de ella dentro de unos meses.
Y cerramos con Bass Persuades Remixx, un remix que nosotros directamente no habríamos incluido. Es bastante convencional y vuelve a recordarnos a los remixes de Madonna, pero sin aportar una lectura especialmente interesante de la canción original. Nos cuesta encontrar una razón artística para que esté aquí más allá de completar el álbum.
Y aquí llegamos al verdadero problema de BASS PERSUADES. No es que sea demasiado experimental. Tampoco es que sea demasiado largo. No es que tenga demasiados interludios. Ni siquiera podemos acusarlo de tener una ambición conceptual desmedida. Es casi lo contrario.
No hay demasiada cohesión. Que muchas de las canciones hablen de amor no convierte el disco en un álbum conceptual. Hay una temática sentimental común, pero no encontramos un relato, una evolución emocional ni una identidad sonora que haga que estas diez canciones necesiten estar juntas.
Y volvemos inevitablemente a Endless Summer Vacation. Nosotros creemos que allí MILEY había encontrado algo. Había una dirección sonora reconocible, una personalidad y, sobre todo, canciones. No era un disco perfecto, pero había momentos que justificaban volver a él. Después de aquel álbum llegó Something Beautiful, donde MILEY quiso hacer demasiado. Y ahora llega BASS PERSUADES, donde tenemos la sensación de que ha eliminado todo lo que sobraba de aquel disco sin conseguir sustituirlo por una identidad nueva.
Quizás esa sea la mayor paradoja de esta nueva era. MILEY ha cambiado de nombre, ha cambiado de sello y ha anunciado una nueva etapa, pero nosotros no escuchamos una nueva MILEY. Escuchamos referencias. Escuchamos Madonna, Lady Gaga, disco, electrónica, balada, dance-pop... reconocemos muchas cosas, pero no encontramos qué hace que todas esas cosas sean de MILEY.
Y tampoco podemos hacer esta vez nuestro habitual análisis de la recepción crítica. El disco acaba de salir hace apenas dos horas y las reseñas de la crítica generalista se están escribiendo, así que no existe aún un consenso que analizar ni una media crítica que poner en contexto. Eso tendrá que esperar.
Por ahora solo tenemos unas cuantas escuchas y la impresión que nos han dejado. Y nuestra impresión es bastante mala.
No pensamos que BASS PERSUADES sea un desastre absoluto. Different Religion tiene potencial comercial, Aftermath es uno de los mejores momentos del álbum y Neon Signs tiene ese pequeño encanto que nos ha permitido rescatarla. Pero estamos hablando de un disco de diez canciones y, después de escucharlo cuatro veces, nos cuesta encontrar más de tres que realmente queramos defender.
Hay demasiadas canciones mediocres, dos puntos muy bajos especialmente claros como Let's Get Married y REDLIGHTS, una canción como Bass Persuades que nos parece sorprendentemente básica y un conjunto que no termina de justificar su existencia como álbum. Lo peor es que no estamos seguros de que volvamos a escucharlo voluntariamente. Puede que alguno de sus singles funcione, que Different Religion encuentre su público, que Snow tenga un buen videoclip y termine sonando en todas partes. Eso es otra cuestión. Nosotros hablamos del disco que tenemos delante. Y este disco no nos ha dado prácticamente ninguna razón para volver.
MEJORES MOMENTOS: Different Religion, Aftermath y Neon Signs
MEDIA CRÍTICA:---
NUESTRA VALORACIÓN: 35/100


