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miércoles, 4 de febrero de 2026

JOYCE MANOR: EL POP-PUNK CALIFORNIANO DE LOS 90 VUELVE.

 


Nunca hemos hablado de JOYCE MANOR anteriormente, pero creemos que con I USED TO GO THIS BAR, ha llegado por fin el momento de hacerlo. JOYCE MANOR es una banda californiana adscrita al punk rock, con influencias de emo, pop-punk, power pop e indie rock. Llevan en activo desde 2008 y I USED TO GO THIS BAR es su séptimo álbum de estudio. La banda está formada por Barry Johnson: voz principal y guitarra; Chase Knobbe: guitarra y Matt Ebert: bajo y coros. El batería no suele ser fijo. La banda ha tenido varios baterías a lo largo de los años. JOYCE MANOR son conocidos por sus canciones breves pero intensas, combinando melodías pegadizas con letras que exploraban desde frustraciones cotidianas hasta introspección emocional.

I USED TO GO THIS BAR suena a un JOYCE MANOR que mira al pasado sin nostalgia impostada: cada canción es corta, urgente y con riffs y estructuras que recuerdan al punk noventero de Green Day en Dookie (1994) o al indie-punk áspero y enérgico de bandas como Jawbreaker (Dear You, 1995) o Superchunk (Foolish, 1994), siempre filtradas por la personalidad de la banda. Al mismo tiempo, ciertas guitarras y melodías vocales remiten al Weezer de The Blue Album (1994): crunch limpio con cuerpo, estribillos pegadizos y letras que observan la cotidianeidad con humor y melancolía contenida, sin dramatismo ni confesión exagerada. Entre estas influencias, Green Day, Weezer y Jawbreaker comparten con JOYCE MANOR un espíritu californiano: ligereza, libertad y energía soleada que hace que los riffs y melodías se sientan inmediatos y disfrutables, como música de verano, ideal para escuchar en la playa jugando al frisbee, mientras que Superchunk aporta ese toque de indie-punk concentrado y directo desde otra costa. La emoción está presente, pero no se impone; las canciones constatan recuerdos, bares y amigos con naturalidad y frescura, evitando la teatralidad o el postureo del emo posterior de los 2000. La producción de Brett Gurewitz mantiene la energía viva, limpia pero sin pulir demasiado, lo que hace que el álbum funcione tanto para quienes crecieron con el punk de los 90 como para oyentes más recientes que buscan canciones intensas sin necesidad de sumergirse en escenas o etiquetas. En su conjunto, el álbum deambula entre punk, pop-punk y un emo muy residual, pero lo hace desde una honestidad que lo aleja del postureo generacional, centrando toda su fuerza en la música y la sensación inmediata de cada tema.



La crítica le ha otorgado una media de 75 sobre 100: la nota más alta, 84/100, proviene de Northern Transmissions; MusicOHM, Under The Radar, Record Collector y Kerrang! otorgaron 80/100; Pitchfork 74/100; The Line Of Best Fit y Uncut 70/100; y las más bajas son Paste (67/100) y Far Out Magazine (60/100).vEstas valoraciones de 70/100 o incluso inferiores, reflejan cómo su brevedad y simplicidad pueden ser vistas como limitaciones por algunos críticos. 

Nosotros por nuestra parte, vivimos la era del punk y el pop‑punk de los 90, el disco ofrece una experiencia auténtica y reconectante con ese sonido, y por ello no hemos dudado en otorgarle un 85 sobre 100 de nota. Somos conscientes de que es una valoración alta dentro de su propuesta, porque a nosotros también nos hubiera gustado que el disco fuera un poco más largo. Pero la realidad es que es un álbum que no necesita una nota perfecta para destacar; su fuerza está en la música misma, en la conexión inmediata de las canciones y en la sensación de verano, libertad y diversión que transmite, recordando que a veces la mejor música no depende de la grandilocuencia, sino de la sinceridad y el ritmo. I USED TO GO THIS BAR funciona gracias a su honestidad, energía concentrada y espíritu californiano, más que por su duración o ambición formal. 



MEJORES MOMENTOS: Well Whatever It Was, All My Friedns Are So Depressed, I Know When Mark Chen Lives, I Used To Go This Bar

MEDIA CRÍTICA: 75/100

NUESTRA VALORACIÓN: 85/100

lunes, 2 de febrero de 2026

REIVINDICANDO A CALLUM BEATTIE.

 


CALLUM BEATTIE es un cantante y compositor escocés nacido en Musselburgh, East Lothian que lleva en activo desde 2012. Su primer álbum de larga duración, People Like Us, llegó finalmente en 2020 -ocho años después de sus primeras publicaciones y tras una serie de sencillos independientes- y alcanzó el número uno en las listas de álbumes escocesas, gracias en buena parte al impacto del single Salamander Street. Tres años después publicó Vandals (2023), consolidándose como voz destacada del rock y el songwriting británico contemporáneo. Hoy hablaremos de su tercer álbum, titulado INDI, es su primera obra completamente independiente tras dejar el sistema de grandes sellos, y marca un momento de máxima confianza creativa y de control artístico en su carrera. 

INDI transita con naturalidad por un rock de raíz clásica que bebe del heartland rock ochentero, el songwriting confesional y un folk-rock contemporáneo de acento británico, apoyándose más en la emoción que en el artificio. Hay ecos claros de la tradición escocesa de cantautores que priorizan la historia y la voz por encima del impacto sonoro. El disco se mueve entre medios tiempos cálidos, baladas contenidas y canciones de pulso rock sobrio, con una producción discreta que evita el dramatismo excesivo y refuerza una sensación de honestidad adulta, casi doméstica, donde lo importante no es innovar el lenguaje sino decir algo verdadero con herramientas clásicas.

En el plano narrativo, INDI articula un conjunto de relatos íntimos y cotidianos que exploran la madurez emocional, las relaciones desgastadas, la identidad y el paso del tiempo sin recurrir al dramatismo ni a la consigna. Beattie escribe desde un “yo” vulnerable pero nunca autocompasivo, observando los pequeños conflictos -amor, distancia, pertenencia, culpa, memoria- como espacios donde se toman decisiones silenciosas más que como grandes tragedias. Las canciones funcionan casi como escenas breves, más sugeridas que explicadas, en las que el peso narrativo recae en el detalle y el tono, construyendo una sensación de vida real vivida hacia dentro, coherente con una mirada adulta que asume la ambigüedad y rehúye las respuestas fáciles. 


INDI ha conseguido una media crítica de 65 sobre 100 basada en las reseñas de Clash (70/100) y Record Collector (60/100). Obviamente no estamos de acuerdo con estas valoraciones y por eso estamos escribiendo esta reseña. Porque INDI nos parece el álbum brillante de un artista que debería ser reivindicado. Es cierto que Beattie es una estrella en Escocia y en gran parte del Reino Unido. Pero todavía le falta proyección internacional. Algunos medios británicos lo han comparado con Sam Fender en unos términos, que harían cuestionar la prensa musical que se hace hoy día. 

Porque definir a CALLUM BEATTIE como “el Sam Fender caledonio” resulta injusto y, sobre todo, anacrónico. Beattie es cinco años mayor y lleva publicando música desde 2012, con una trayectoria consolidada mucho antes de que Sam Fender alcanzara notoriedad internacional a partir de 2018. Presentarlo como una derivación de Fender no solo invierte el orden cronológico, sino que reduce su identidad artística a un atajo mediático. Más que un reflejo estilístico real, la comparación responde a la costumbre de tomar al artista inglés de mayor éxito reciente como marco de referencia, aunque los hechos digan lo contrario.

Quizás sería más correcto decir que CALLUM BEATTIE comparte con Sam Fender una influencia común: Bruce Springsteen. Springsteen sería el tronco y Beattie y Fender son ramas distintas y el éxito de una hace visible la otra, pero no la crea. Además,  evoca al Springsteen de los 80, no al de ahora. El Springsteen de Tunnel Of Love (1987) y puede que ahí esté la clave por la que a cierta crítica le chirría INDI. Tunnel of Love (1987) no era el Springsteen épico que llenaba estadios. Era íntimo, vulnerable, lleno de dudas adultas, más psicológico que político, más de relaciones rotas que de puños alzados. Y Beattie conecta justo con ese ADN: canciones que parecen confesiones, arreglos contenidos, emoción sin postureo, letras que no buscan la consigna ni el titular. Para una parte de la crítica moderna eso es: “retro”, “seguro”, “poco arriesgado”. Pero para nosotros es exactamente lo contrario: ser arriesgado en 2026 es ser sincero sin ironía.  

Además, hay algo generacional importante: el Springsteen de Tunnel of Love fue malinterpretado en su momento y reivindicado con los años. No sería raro que INDI tenga un recorrido parecido: disco que no deslumbra en la primera ola crítica, pero que envejece mejor que muchos “hypes”. Tunnel of Love no es el Springsteen canónico para la crítica. En el imaginario crítico dominante, Springsteen es sobre todo: Born to Run, Darkness on the Edge of Town o Born in the U.S.A. Tunnel of Love siempre ha sido un disco incómodo, menos citado, menos épico y más emocional que político. Durante años fue visto casi como un paréntesis blando. Su revalorización es tardía y más común entre oyentes que entre periodistas jóvenes. Muchos críticos actuales tienen entre veinte y treinta y pocos, se formaron más con sonidos contemporáneos y conocen a Springsteen por referencias, no por escucha profunda. Saben qué representa Springsteen como símbolo, pero no han vivido discos como Tunnel of Love como experiencia emocional. Y sin esa referencia, un disco como INDI puede parecerles: correcto, bien hecho, pero “menor”. No porque lo sea, sino porque les falta esa llave.

La crítica penaliza lo que no “expande el lenguaje”. Hoy se valora más la ruptura formal, el comentario sociopolítico explícito, la novedad sonora. INDI no quiere expandir nada. Quiere decir la verdad con herramientas clásicas. Eso conecta con Tunnel of Love, pero choca con la crítica contemporánea, que a menudo confunde contención con falta de ambición. Nosotros nos enfrentamos a los álbumes como oyentes adultos, con bagaje emocional. Otros críticos muchas veces los escuchan como producto cultural, dentro de una conversación de actualidad y comparándolo con lo “relevante” del momento. Son planos distintos. No es que los otros críticos sean ignorantes. Es que Tunnel of Love no es una referencia viva para muchos de ellos. Y cuando falta esa referencia, INDI pierde una capa fundamental de lectura. Por eso nosotros no concebimos una media de 65/100 para este álbum y optamos por valorarlo con una nota de 85 sobre 100 convencidos de que, con el tiempo, este tipo de discos suele salir mejor parado que en su recepción inicial.



MEJORES MOMENTOS: Pins And Needles, Two Pretenders, Birthday, Always rain in Glasgow, 

MEDIA CRÍTICA: 65/100

NUESTRA VALORACIÓN; 85/100

viernes, 30 de enero de 2026

PRESENTANDO A DELANEY BAILEY


Cada vez que nos presentan a una nueva artista y leemos que “es una cantante, compositora y creadora musical estadounidense que ha ganado reconocimiento tanto por su música como por su presencia en redes sociales, especialmente TikTok”, nos invaden ciertos prejuicios. Aunque el algoritmo de TikTok ha viralizado canciones que se han convertido en auténticas joyas de artistas tan interesantes como Liana Flores o Jensen McRae, sabemos que esto no siempre es así. Por eso, lo más tranquilizador que descubrimos tras una breve investigación en la biografía de DELANEY BAILEY es que primero adquirió formación musical y estudios en producción, y luego usó las redes en su beneficio. No es una influencer que se hizo famosa y luego le hicieron un disco como a Addison Rae. Con esa duda despejada, podemos tomarnos en serio a DELANEY BAILEY y seguir con nuestra reseña de CONCAVE, su segundo álbum de estudio.

Phoebe Bridgers se convirtió en el referente obligado de la cantautora confesional moderna, DELANEY BAILEY representa una de las corrientes posteriores que han surgido de esa influencia, pero con un enfoque distinto. En este último trabajo, Bailey combina la intimidad desnuda de la cantautora clásica con una producción clara y melódica y en algunos pasajes incluso crea atmósferas etéreas. Su música no juega a la ironía ni a la confrontación. Busca la cercanía con el oyente, ofreciendo canciones que funcionan como espejos emocionales, sin artificios y con un oficio evidente que sostiene toda la escucha. Aunque en una primera escucha no revela aristas ni riesgos extremos, la coherencia y la autenticidad de su propuesta hacen que el disco destaque en un panorama saturado de jóvenes cantautoras post-Bridgers. 

En CONCAVEDELANEY BAILEY apuesta por narrativas introspectivas y confesionales que exploran emociones cotidianas con una honestidad casi incómoda. Las letras no buscan metáforas rebuscadas ni juegos de ingenio: hablan de rupturas, nostalgia, deseo y vulnerabilidad con una claridad directa que convierte cada canción en un pequeño relato íntimo. Este enfoque crea una sensación de proximidad, como si el oyente compartiera un diario personal; al mismo tiempo, la autora evita la sobreactuación o el dramatismo excesivo, manteniendo siempre un equilibrio entre exposición y control. Es en esa combinación de honestidad y mesura donde reside la fuerza narrativa de este álbum. Las historias no necesitan exagerarse para que destaquen, porque Bailey ya consigue que la empatía del oyente sea suficiente para que cada momento emocional se sienta vivido y real. 


Musicalmente, CONCAVE se mueve con naturalidad entre la sencillez acústica y la producción cuidada del alt-pop. Las canciones suelen apoyarse en estructuras claras y melodías pegadizas, donde la voz de Bailey se mantiene siempre al frente, cargada de matices y respiraciones que refuerzan la sensación de intimidad. Los arreglos, aunque discretos, juegan con texturas etéreas y capas de sintetizador en algunos temas, lo que aporta momentos cercanos al dream pop sin desviar la atención de la narrativa central. Esta combinación de producción refinada y simplicidad instrumental permite que cada tema se despliegue con naturalidad, que la letra destaque y que la coherencia del disco se perciba desde la primera a la última pista. El resultado es un álbum que, aunque no busca romper esquemas ni desafiar al oyente, demuestra un oficio sólido y un sentido claro de cómo transmitir emociones de manera efectiva y envolvente. 

Dentro de la generación de cantautoras confesionales que sigue la estela de Phoebe BridgersDELANEY BAILEY ocupa un lugar intermedio entre la claridad emocional y la accesibilidad del alt-pop, y la fricción narrativa de artistas más transgresoras. Su música se acerca a nombres como Gracie Abrams o Sadie Jean, con una confesionalidad directa que conecta con el oyente sin capas ni artificios; al mismo tiempo, se distancia de cantautoras como Eliza McLamb o Holly Humberstone, que exploran riesgos narrativos y tensiones emocionales más profundas. Este posicionamiento hace de Bailey una propuesta eficaz y coherente, capaz de atraer a un público amplio en busca de intimidad inmediata, aunque quienes valoren la incomodidad enriquecedora o la provocación artística puedan percibir su disco como demasiado seguro. La crítica de momento lo ha valorado con el 80 sobre 100 de Spill Magazine, el único medio importante que lo ha reseñado, de momento. 

Si bien CONCAVE demuestra una sensibilidad emocional que funciona con claridad, su búsqueda de conexión inmediata con el oyente también la hace excesivamente complaciente en algunos momentos. La música de DELANEY BAILEY evita la fricción y el riesgo, lo que puede hacer que, aunque agradable, el disco se perciba seguro y predecible para quien valora tensión o transgresión en las canciones. Para oyentes que buscan la incomodidad enriquecedora o el desafío emocional que artistas más transgresoras pueden ofrecer, Bailey puede sentirse limitada; sin embargo, dentro de su propuesta, su habilidad para comunicar emociones con claridad y sinceridad sigue siendo notable. Nuestra valoración, a pesar de que nosotros somos de los que buscamos más transgresión que complacencia, es de un 85 sobre 100 porque es un álbum coherente, bien producido por Grayson Proctor, que también está acreditado como co-autor de algunas de las canciones, y al que no se le pueden hacer muchos más reproches. 


MEJORES MOMENTOS: Far Away, Lion, Nightshade, Wound, Baby Dream, Concave, Wake Up...

MEDIA CRÍTICA: 80/100

NUESTRA VALORACIÓN: 85/100

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