MEJORES MOMENTOS: Gone Girl, Roadkill, Elvis Queen, Instant Validation, Andromeda, Monumental, Bluebird
MEDIA CRÍTICA:----
NUESTRA VALORACIÓN: 85/100
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MEJORES MOMENTOS: Gone Girl, Roadkill, Elvis Queen, Instant Validation, Andromeda, Monumental, Bluebird
MEDIA CRÍTICA:----
NUESTRA VALORACIÓN: 85/100
El cuarto álbum de ORVILLE PECK, MULE, es el testimonio descarnado de un artista que necesitó rozar la muerte para aprender a sobrevivir. Lejos de las metáforas amables, el disco se despliega como un diario íntimo que reconstruye cronológicamente el colapso absoluto que sufrió en junio de 2023. Aquella crisis, marcada por una ruptura amorosa y una profunda adicción que culminó en un intento de suicidio por sobredosis en un hotel neoyorquino, obligó a frenar en seco su carrera y a buscar refugio en la rehabilitación. Este doloroso proceso de desintoxicación y reconstrucción personal se convierte aquí en el eje central de la obra, dotándola de una honestidad brutal que se sitúa por encima de cualquier adorno musical.
La crudeza del disco se planta frente al oyente desde el primer instante con Prologue (Eulogy of a Man Turned Mule). En una sobrecogedora apertura a capela y rodeado por las voces de Emmylou Harris, Allison Russell y Noah Cyrus, Peck recrea con una solemnidad casi fantasmal el funeral que habría tenido de no haber sobrevivido a aquella noche. Es el punto de partida para desgranar un título, MULE, que funciona en tres niveles impecables: el animal testarudo que carga con un peso insoportable hasta reventar; el híbrido estéril que simboliza su incapacidad para encajar al hombre real tras la máscara; y, en un giro de humor negro brillantemente retorcido, la propia jerga del narcotráfico. Peck se retrata a sí mismo como esa "mula" clandestina que transporta de contrabando las sustancias que casi acaban con él, cerrando así un círculo narrativo tan trágico como impecable.
A nivel puramente sonoro, la genialidad de MULE radica en cómo Peck equilibra el peso de su historia sin perder un ápice de su identidad musical. Es imposible escuchar este trabajo y no evocar de inmediato la sombra de Elvis Presley; ese barítono profundo, el vibrato dramático y la calidez en las notas bajas se sienten más vivos que nunca. Sin embargo, Peck no cae en la imitación nostálgica. Lo que hace es un ejercicio de contrastes magistral: envuelve la crudeza de su tragedia en melodías tradicionales y guitarras country brillantes, utilizando ese envoltorio clásico para suavizar el golpe. Pero la verdadera magia ocurre cuando esa voz monumental, que en otros tiempos buscaba la teatralidad del crooner, se despoja de cualquier máscara. En este disco, el eco a lo Elvis ya no es un disfraz, sino el canal para una vulnerabilidad descarnada, logrando que el peso de la fama y la redención suenen rotos, honestos y, sobre todo, profundamente humanos.
Tras el paréntesis colaborativo que supuso Stampede (2024), un trabajo que por momentos se percibió más como una estimulante fiesta de duetos que como un paso al frente en su discografía, MULE marca el regreso del ORVILLE PECK más enfocado y auténtico. Para conseguirlo, el músico ha vuelto a contar con Jay Joyce, el productor detrás del celebrado Bronco (2022), y la química entre ambos vuelve a resultar infalible. Joyce entiende como nadie el espacio sonoro que necesita el canadiense: un terreno donde conviven el desgarro de la Americana y el pulso del rockabilly sin que los artificios empañen la interpretación. Al desprenderse de las distracciones pop del álbum anterior, esta reunión le permite a Peck retomar el hilo de su mejor sonido y construir un puente directo hacia su faceta más íntima, demostrando que su verdadera fuerza no reside en con quién se rodea en el escenario, sino en la honestidad con la que maneja sus propias riendas.
Si el prólogo a capela funciona como unos créditos iniciales que te obligan a sentarte con palomitas a ver la función, el resto del metraje no decae en absoluto. Peck despliega una colección de canciones incontestables que equilibran el drama con el dinamismo. El descenso a los infiernos y la posterior lucidez se palpan en la crudeza inmediata de temas como Rehab Blues y Already Gone, donde el oyente asiste en primera fila al desgaste de la desintoxicación y al dolor de la pérdida. Sin embargo, para evitar que el disco se hunda en la monotonía de la autocompasión, el canadiense saca a relucir su faceta de forajido clásico en Cowboy Heart y Run Out of Road, dos cortes cabalgantes y repletos de músculo instrumental que nos devuelven al Peck más magnético del asfalto. El viaje cinematográfico culmina de manera magistral con la propia Mule, una catarsis final que cierra el álbum en lo más alto y que sirve como el desenlace perfecto para esta historia de caída y redención.
Este triunfo narrativo y musical no ha pasado desapercibido para la crítica especializada, consolidando una de las trayectorias más estables y sólidas del panorama actual. Mule ha conseguido una media crítica de 76 sobre 100, Distribuida de la siguiente manera: AllMusic 90/100; DIY, Uncut, Far Out Magazine y New Noise Magazine 80/100; Spectrum Culture 79/100; Pitchfork 74/100 destacando su brillante "teatralidad sofisticada", Paste 67/100 y publicaciones británicas como Exclaim! o musicOMH se muestran algo más tibias con un 60/100, apuntando a que la producción puede llegar a camuflar en exceso los momentos puramente tradicionales. Un breve análisis de este consenso revela que lo que para unos es una grandiosa y catártica forma de entretenimiento, para otros diluye tímidamente la crudeza acústica que un relato de desintoxicación parecía exigir.
Más allá de los debates sobre su envoltorio, lo verdaderamente incontestable es la impecable regularidad que Peck mantiene en su carrera, demostrando que su listón creativo apenas sufre altibajos. Si echamos la vista atrás a su trayectoria en AOTY, queda claro que su discografía se mueve en una liga de excelencia muy estrecha: su debut Pony y el aclamado Bronco marcaron la pauta con unos impecables 76/100 y 77/100 respectivamente, unas notas que este nuevo álbum revalida con su 76/100. La única alteración real en su impecable historial sigue siendo el accidentado paréntesis de duetos de Stampede, que a pesar de que a nosotros nos gustó mucho y lo reivindicamos, cayó hasta el 72/100. Al regresar a su esencia en solitario, Peck no solo recupera sus constantes vitales críticas, sino que demuestra que el bache emocional y de adicciones de 2023 no consiguió derribar al artista; al contrario, ha terminado por blindar su madurez musical.
Por todo ello, nuestra valoración para este trabajo es un rotundo 90 sobre 100. Lo que verdaderamente eleva a este disco por encima de sus predecesores es el inmenso valor de Peck para convertirse, por fin, en un cantautor plenamente confesional; un músico capaz de transformar sus traumas más oscuros en arte puro. Sin embargo, este ejercicio de honestidad brutal nos deja con una certeza ineludible: nos gustará muchísimo más el día en que decida desprenderse definitivamente de su máscara de flecos. Todo ese misterio y puesta en escena funcionó a la perfección para construir el mito y captar la atención del público en sus inicios. Pero hoy, después de conocer la desgarradora verdad que esconden sus canciones y el abismo del que ha logrado salir, el accesorio empieza a sentirse innecesario. Cuando el alma se ha quedado completamente al desnudo, el postureo estético ya va sobrando.
MEJORES MOMENTOS: Too Little Too Late, Run Out Of Road, Rehab Blues, Big Ol' House, Prologue (Eulogy Of A Man Turned Mule)...
MEDIA CRÍTICA: 76/100
NUESTRA VALORACIÓN: 90/100
FENNE LILY lleva años construyendo una trayectoria bastante alejada de los grandes focos, pero con una personalidad musical cada vez más reconocible. La cantautora británica, originaria de Dorset y afincada actualmente en Nueva York, lleva desde sus primeros trabajos demostrando una especial sensibilidad para moverse entre el indie folk, la tradición de cantautora y ciertos matices de alt-country. Una identidad que ha ido desarrollando sin necesidad de grandes giros estilísticos y que encuentra en WIN WIN una de sus expresiones más logradas.
WIN WIN llega después de Big Picture (2023) y Breach (2020), dos discos que ya habían situado a FENNE LILY en un nivel compositivo considerable. No parece interesada en reinventarse ni en perseguir nuevas tendencias. Más bien da la impresión de haber encontrado un lenguaje propio y de querer seguir profundizando en él. Desde Breach apreciamos una evolución sostenida en su escritura, en la riqueza de sus arreglos y en su personalidad como artista. También ha mantenido una implicación directa en la construcción sonora de sus discos, participando en la producción desde aquella etapa. En WIN WIN vuelve a compartir esa responsabilidad con Sam Skinner, dando continuidad a una faceta que forma parte de su manera de entender la música.
En el terreno narrativo, WIN WIN parte de una ruptura sentimental, pero su planteamiento se aleja bastante del habitual relato de desamor. El título encierra una idea especialmente madura: aceptar que una separación puede ser beneficiosa para las dos personas implicadas. No hay vencedores y vencidos, ni necesidad de convertir al otro en culpable. Hay una comprensión que normalmente llega después de atravesar el duelo, cuando somos capaces de mirar atrás y entender que aquello que inicialmente vivimos como una pérdida también puede convertirse en una oportunidad para recuperar nuestra propia vida. La victoria, en este caso, es compartida. Pero el disco no se limita a las relaciones sentimentales. También aborda otras formas de amor, la pérdida y los vínculos afectivos que forman parte de nuestra vida cotidiana. Room To Room, por ejemplo, parte de la pérdida de uno de sus perros y adopta una perspectiva especialmente conmovedora para hablar de la ausencia. Son distintas experiencias de duelo que terminan confluyendo en una misma reflexión sobre el afecto, la memoria y la capacidad de seguir adelante.
Musicalmente, estamos ante un disco de indie folk con una marcada sensibilidad de cantautora y algunos acercamientos al alt-country. Su sonido es cálido, orgánico y considerablemente más rico de lo que podría sugerir una primera aproximación. Las guitarras, el bajo y el banjo tienen una presencia constante, pero los arreglos incorporan otros elementos que enriquecen las composiciones sin alterar su identidad. Las armonías vocales de Jules Olsen en Room To Room son especialmente hermosas, mientras que los coros de Katie Malco contribuyen a la personalidad de Franz. También encontramos detalles instrumentales tan llamativos como la trompeta que aparece en Sleeping. Las canciones mantienen una personalidad propia desde la primera escucha. Hay cohesión, pero no uniformidad: cada composición tiene sus propios matices y evita esa sensación de repetición que encontramos en algunos discos del género.
Buena parte del mérito corresponde a una producción que nos parece extraordinaria. FENNE LILY comparte esa responsabilidad con Sam Skinner, mientras que Huntley Miller figura en los créditos de masterización. Las diez composiciones están firmadas por la propia Fenne, y esa implicación en las distintas fases del proceso creativo parece fundamental para entender la coherencia del resultado. Estamos ante una producción muy orgánica, con una riqueza instrumental considerable y un equilibrio que nos parece difícil de mejorar. Todo fluye con naturalidad, los instrumentos encuentran su espacio y los arreglos nunca resultan artificiales ni excesivamente ornamentales. El banjo, por ejemplo, está muy lejos de funcionar como un simple recurso para acercarse al folk tradicional o al bluegrass. Su integración en el conjunto es plenamente contemporánea. También merece una mención la voz de FENNE LILY, frágil, cercana y llena de matices, que encuentra en estos arreglos el acompañamiento perfecto.
Y llegamos a una de las cuestiones que más nos han conquistado de WIN WIN: esa sensación de estar en casa que nos acompaña durante toda la escucha. Hay algo en su sonoridad que nos lleva inevitablemente a Chinatown (2003), la maravillosa obra de The Be Good Tanyas, un disco cuya autenticidad y capacidad para transmitir verdad seguimos considerando difícilmente igualables. No pretendemos establecer una equivalencia entre ambos trabajos, pero sí reconocer una sensibilidad compartida. Uh Huh abre el álbum con una sonoridad que nos remite inmediatamente a aquellas armonías y a ese folk de raíz norteamericana. Después llegan Room To Room y Sleeping, formando un comienzo sencillamente magnífico. Más adelante, Franz vuelve a recuperar esa calidez. El álbum, sin embargo, no se limita a mantener esa fórmula. Y cuando llega In Life and On Planes, FENNE LILY decide cerrar el recorrido con una canción mucho más desnuda, construida alrededor de su voz y dos guitarras, una de ellas interpretada por el propio Skinner. Una decisión acertadísima que nos recuerda que una buena canción también puede sostenerse con los elementos más esenciales. El final funciona como un epílogo íntimo después de todo lo que hemos escuchado.
En cuanto a la recepción crítica, WIN WIN ha obtenido una media aproximada de 76 sobre 100, con puntuaciones de 80/100 en Under the Radar, Spill Magazine y Uncut, 70/100 en AllMusic y 67/100 en Paste. Una recepción favorable, aunque con diferencias apreciables entre publicaciones. Podemos entender que determinados aspectos del disco no hayan despertado el mismo entusiasmo en todos los críticos, pero nos cuesta compartir una valoración que no termine de reconocer la calidad de sus composiciones, la riqueza de sus arreglos y el extraordinario trabajo de producción. En ocasiones, determinados discos de indie folk necesitan una escucha más reposada para que sus matices terminen apareciendo. WIN WIN es precisamente uno de ellos.
Nuestra valoración es de 100 sobre 100. Y no es una puntuación que concedamos únicamente por la belleza de unas cuantas canciones o por la conexión emocional que hayamos podido establecer con ellas. Es la consecuencia de encontrar un álbum en el que absolutamente todo parece sumar. La voz de FENNE LILY, la personalidad de sus composiciones, la calidez de los instrumentos, las armonías vocales, la producción compartida con Sam Skinner y una secuenciación que convierte la escucha completa en una experiencia difícil de interrumpir. Pero, por encima de todo, hay verdad. WIN WIN nos devuelve esa sensación de familiaridad que asociamos a los discos realmente especiales, aquellos que parecen haber estado esperándonos desde siempre. Quizás no alcance la condición de obra maestra que atribuimos a Chinatown, pero se acerca a ese territorio como muy pocos discos lo han conseguido. Y cuando un álbum consigue hacernos sentir así, cuando después de escucharlo de principio a fin volvemos a tener ganas de empezar de nuevo, sabemos que estamos ante algo extraordinario.
MEJORES MOMENTOS: Uh Huh, Thank You Sorry, Stranger Things, Franz, Room To Room, Sleeping, In Life and On Planes
MEDIA CRÍTICA: 76/100
NUESTRA VALORACIÓN: 100/100