VANESSA CARLTON publica VEILS, su séptimo álbum de estudio, y no es otro disco más dentro de su catálogo: es la culminación de un proceso largo, casi silencioso, de reconstrucción artística. Durante más de dos décadas, su carrera ha consistido en separar a la compositora adulta del icono pop que la industria creó demasiado pronto. La VANESSA CARLTON de 2026 escribe desde un lugar radicalmente distinto al que la hizo famosa, un espacio en el que la libertad creativa define su evolución.
Carlton no se prodiga demasiado, a pesar de que siempre está muy activa en sus Redes Sociales, no es de esas artistas que publica un álbum cada dos años. VEILS llega después de seis años de su último trabajo, Love Is an Art (2020), que precedía a Liberman (2015) y, a su vez, a Rabbits On The Run (2011), tres discos casi de culto y que se pueden leer como una trilogía introspectiva muy alejada de sus primeros trabajos.
Aquella primera etapa también admite una lectura en forma de trilogía, con Heroes & Thieves (2007) como punto de inflexión: probablemente su mejor álbum y el momento en que empezó a preparar el terreno para todo lo que vendría después.
Es imposible no mencionar A Thousand Miles, una canción que sigue reapareciendo en oleadas virales y que, mientras lees esto, alguien la está descubriendo por primera vez en algún lugar del mundo. Sigue siendo un referente de la cultura popular que se recicla constantemente y encuentra nuevas generaciones. Pero reducir a VANESSA CARLTON a ese momento, sería ignorar todo lo que ha construido después. Su carrera hace mucho tiempo que se mueve en otro lugar.
En esa trilogía formada por Rabbits on the Run, Liberman y Love Is an Art, VANESSA CARLTON alcanzó un grado de cohesión poco habitual en su discografía: discos pensados como un todo, donde las canciones no competían por sobresalir de forma individual, sino que se integraban en una narrativa más amplia.
Ese equilibrio ya se intuía en Heroes & Thieves, donde temas como Nolita Fairytale todavía funcionaban como puntos de anclaje más evidentes. Pero en su etapa posterior, la "ausencia" de singles no fue una carencia, sino una decisión: la de priorizar la cohesión frente al impacto inmediato. VEILS recoge esa herencia y la lleva un paso más allá. Su tema homónimo condensa bien la estética del disco: contención, capas sonoras y una escritura más abstracta que narrativa, que define la identidad actual de VANESSA CARLTON. Pero, al mismo tiempo, también abre la puerta a canciones con mayor capacidad de permanencia en la memoria del oyente medio. Temas como Woke Up High, He Was a Dancer o I'm Not Dead, no rompen la cohesión del conjunto, pero sí introducen pequeños puntos de fijación dentro de su arquitectura fluida.
En lo sonoro, VEILS se sitúa en un punto intermedio entre la contención casi orgánica de Liberman y la calidez más clásica de Love Is an Art, pero incorpora un tratamiento más envolvente de las texturas que apunta directamente al trabajo de producción de Dave Fridmann. El piano sigue siendo el eje estructural de VANESSA CARLTON, pero ya no funciona como único centro de gravedad: aparece rodeado de capas atmosféricas, detalles electrónicos sutiles y una sensación de espacio más expandido, casi tridimensional. Esa apertura no rompe la cohesión que la artista había consolidado en su trilogía anterior, sino que la reinterpreta desde otro ángulo, permitiendo que las canciones ganen amplitud sin perder unidad. VEILS no suena como un punto de partida, sino como una síntesis, pero también suena a desplazamiento: menos austero en la superficie, pero igual de controlado en su arquitectura interna.
Sus narrativas orbitan en torno a ideas como el amor, la paz interior y una búsqueda de equilibrio que conecta con una sensibilidad espiritual más amplia. El propio concepto de "velos" sugiere distintas capas de percepción: formas de mirar lo cotidiano que se superponen y condicionan la forma en que entendemos lo emocional y lo íntimo. En ese sentido, el disco puede leerse como una exploración de cómo la experiencia se filtra a través de diferentes niveles de conciencia, más que como una afirmación directa de una única verdad emocional. Esa idea se traslada también a la escritura de las canciones, que tienden a una fragmentación contenida -más cercana a la asociación de imágenes y estados que a la narrativa lineal-, reforzando la sensación de un disco construido desde la superposición de perspectivas más que desde una única lectura cerrada.
El hecho de que VANESSA CARLTON se haya consolidado como artista independiente tiene también sus consecuencias: VEILS ha quedado, por ahora, fuera del radar de la crítica generalista y aún no ha recibido una atención proporcional a su densidad sonora y narrativa. Para quienes seguimos de cerca este tipo de propuestas desde espacios independientes, discos como este resultan esenciales: trabajos que se revelan con las escuchas, que no se agotan en la inmediatez y que parecen diseñados para permanecer. Álbumes que puedes volver a escuchar hoy, dentro de diez años o dentro de veinte, y que, si envejecen, lo hacen con dignidad. Nuestra nota es un 90 sobre 100.
MEJORES MOMENTOS: Woke up High, Animal, Great House, I'm Not Dead, He Was A Dancer...
MEDIA CRÍTICA:----
NUESTRA VALORACIÓN: 90/100


