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viernes, 20 de febrero de 2026

HEMLOCKE SPRINGS: SUPERANDO EL HYPE.

 


Detrás de HEMLOCKE SPRINGS encontramos a Isimeme “Naomi” Udu. una cantante, compositora y productora estadounidense (Raleigh, Carolina del Norte) cuya música mezcla pop alternativo, synth-pop y bedroom pop con un estilo muy personal y excéntrico. Se dió a conocer con sus primeros sencillos autoproducidos como Gimme All Ur Luv y Girlfriend, que consiguieron millones de reproducciones sobre todo tras viralizarse en TikTok. Publicó su primer EP, Going…Going…Gone! (2023), que consolidó su sonido inspirado en los ochenta y su popularidad creció teloneando a bandas y artistas como MUNA, Ashnikko, Doja Cat y Conan Gray en diversas giras y conciertos. Ahora estamos hablando de su esperado álbum debut THE APPLE TREE UNDER THE SEA, un proyecto más ambicioso que mezcla sus raíces personales con una narrativa sonora propia.  

Porque construye una narrativa que oscila entre lo fantástico y lo íntimo, utilizando imágenes casi de cuento -el mar, la manzana, lo sumergido- como metáforas de identidad, deseo y autoexploración. A lo largo del disco, HEMLOCKE SPRINGS parece habitar un espacio liminal donde la inocencia y la ansiedad conviven: las canciones combinan teatralidad y vulnerabilidad, con personajes que no siempre son máscaras completas, sino versiones amplificadas de la propia voz interior. La sensación general es la de un viaje hacia lo profundo -emocional y simbólicamente- donde el caos aparente responde a una lógica interna muy definida, y cada giro melódico o exageración vocal funciona como parte de un universo coherente que examina la ambición, la inseguridad y el anhelo de pertenencia desde una sensibilidad pop excéntrica pero sorprendentemente estructurada.

Aunque HEMLOCKE SPRINGS cita como referentes a Prince, Depeche Mode y Grimes, además de declarar su pasión por los universos ochenteros. También encarna una forma de pop excéntrico que parece moverse entre dos genealogías claras: por un lado, la teatralidad autoconsciente y el dramatismo psicológico asociados a Marina and the Diamonds; por otro, la espontaneidad expresiva, el colorido desprejuiciado y la energía vocal casi desbordada que definieron a Cyndi Lauper. Sin declararse necesariamente heredera directa de ninguna de las dos, su música sugiere una convergencia intuitiva: melodías brillantes, interpretaciones vocales exageradas y una sensibilidad pop que abraza lo extraño sin solemnidad. Lo fascinante es que esa aparente excentricidad no resulta arbitraria; más bien da la impresión de ser caótica dentro de su propio orden, como si cada quiebre vocal, cada giro melódico y cada gesto estético respondieran a una lógica interna coherente, construyendo un universo reconocible que dialoga con esas referencias sin diluirse en ellas.


La crítica le ha otorgado una media de 81 sobre 100 que se distribuye de la siguiente manera: The Skinny 100/100; Clash 90/100; The Guardian, NME, The Line Of Best Fit, DIY y The Needle Drop 80/100 y Paste 58/100. Entendemos estas valoraciones por su forma de condensar referencias pop de distintas épocas en un estilo propio juguetón, dramático, a veces absurdo. Su originalidad sonora llama la atención de quienes buscan algo que se salga del molde. El álbum tiene una coherencia visual y conceptual que para mucha crítica funciona como un universe building raro pero que atrapa. Su teatralidad y el carisma de la producción ayudan a que, incluso en canciones más simples, siempre haya algo que comentar o analizar. THE APPLE TREE UNDER THE SEA es un trabajo valiente, singular y con momentos auténticamente memorables. Es probable que el hype crítico esté alimentado tanto por su energía única como por el momento cultural en que emerge: una escena y una prensa especialmente receptivas a propuestas híbridas, excéntricas y sin complejos. Por nuestra parte, lo valoramos con un 90 sobre 100 porque nos parece uno de los álbumes más interesantes de lo que llevamos de año. Quizás, desde una escucha más curtida en genealogías pop -con Cyndi Lauper y la etapa de Marina cuando se hacía llamar Marina And The Diamonds muy presentes en la memoria- no resulte revolucionario; pero sí demuestra una inteligencia estética y una coherencia interna que lo sitúan por encima de la mera novedad.



MEJORES MOMENTOS: The begginning of the end, head shoulder knees and ankles, sever the blight, be the girl...

MEDIA CRÍTICA: 81/100

NUESTRA VALORACIÓN: 90/100

lunes, 16 de febrero de 2026

PRESENTANDO A GARRETT KATO

 


Cuando escuches a GARRETT KATO apreciarás que su sonido bebe mucho del folk norteamericano clásico y contemporáneo, con estructuras muy “americanas”, guitarras abiertas, producción orgánica y una forma de frasear muy influida por la tradición singer-songwriter estadounidense. Eso activa automáticamente ese imaginario sonoro “americano” que tenemos asociado a carreteras, paisajes abiertos y confesionalidad acústica. Pero la realidad es que Kato es un cantante, compositor, músico y productor musical canadiense-australiano de ascendencia japonesa. Nacido en Canadá, actualmente reside en Byron Bay, Australia, donde desarrolla la mayor parte de su carrera artística y producción musical. Es un artista independiente que se ha adaptado bien a las nuevas reglas del juego en la manera en que se produce y consume música en los últimos años, centrándose principalmente en el lanzamiento de Eps. Solo tenía un álbum publicado titulado Hemispheres (2020) en el que recopila material de algunos de esos Eps. Y este fin de semana ha publicado un nuevo álbum titulado WHENEVER I GO

En WHENEVER I GO Kato profundiza en un indie-folk contemporáneo que dialoga con el folk acústico clásico y el folk-pop moderno, manteniendo una producción refinada pero orgánica. El álbum se sostiene sobre guitarras acústicas cálidas, percusiones suaves y arreglos atmosféricos que expanden el sonido sin perder intimidad, con capas sutiles de teclados y texturas ambientales que aportan amplitud emocional. Su voz -grave, cercana, ligeramente rasgada y con un excelente uso del aire- funciona como eje narrativo, priorizando la claridad lírica sobre la grandilocuencia. La sonoridad equilibra lo minimalista y lo expansivo: versos contenidos que desembocan en estribillos abiertos y luminosos, generando una sensación de viaje, movimiento y reflexión constante que enlaza directamente con sus narrativas. Ya que las construye centradas en el viaje emocional y la pertenencia, donde el desplazamiento físico funciona como metáfora del crecimiento interior. Las canciones exploran el amor duradero, la distancia, la memoria y la idea de llevar a alguien -o a un lugar- consigo, incluso cuando todo cambia alrededor. Su escritura es íntima y confesional, pero evita el dramatismo excesivo: apuesta por imágenes cotidianas (carreteras, luces traseras, despedidas, horizontes abiertos) que refuerzan esa sensación de movimiento constante. El narrador suele situarse en un punto intermedio entre la nostalgia y la esperanza, mirando hacia atrás con afecto pero avanzando con determinación, lo que da al álbum un tono reflexivo, cálido y emocionalmente honesto.   


Como ocurre con muchos artistas independientes, la obra de GARRETT KATO no está reseñada en la prensa generalista, ni tiene ningún tipo de valoraciones numéricas y WHENEVER I GO no es la excepción. Pero para eso estamos nosotros, para escribir sobre todos esos discos que importan y que mucha gente no saben que existen porque no aparecen en esa prensa. Aunque si miráis las reproducciones de GARRETT KATO, sus primeros adelantos de este álbum I Will y Take Off superan ya el millón de reproducciones en Spotify. Lo que demuestra que su música tiene un público significativo y conectado.

Kato tiene algunas cosas en común con músicos como Joshua Radin como ese minimalismo emocional, el uso de guitarras acústicas limpias y arreglos contenidos. Una voz cercana y frágil (más susurrada que proyectada) y una producción que deja mucho espacio al silencio y la respiración -el uso del aire es fundamental-. GARRETT KATO, especialmente en WHENEVER I GO, comparte esa sensación de canción confesional casi “de habitación”, donde la emoción está en el detalle más que en el dramatismo. Y también se acerca al John Mayer más acústico y folk de Born and Raised (2012) o Paradise Valley (2013), la conexión está en el tono cálido, orgánico y nostálgico.

Además, GARRETT KATO produce y mezcla él mismo este álbum, como lo ha venido haciendo a lo largo de su carrera, lo que le permite controlar cada detalle de su sonido y reforzar la coherencia emocional del disco. Entre las colaboraciones, destaca el dúo con la cantante y compositora Dee Holt en la canción Chasing A Thread, aportando contraste y riqueza vocal al conjunto.

Con WHENEVER I GO, GARRETT KATO nos entrega un álbum cohesionado y emocionalmente íntimo. Las canciones fluyen de manera natural, construyendo un arco narrativo de viaje, amor y pertenencia que hace que el álbum funcione como un todo, pero también permite disfrutar de cada pista de manera independiente. Cada tema aporta un matiz distinto manteniendo un hilo conductor de introspección y calidez. En conjunto, WHENEVER I GO es un trabajo refinado y emocionalmente honesto, que muestra a Kato en plena madurez artística, con canciones fuertes y un discurso musical coherente. Un álbum para escucharlo de principio a fin, dejándose llevar por su delicadeza y profundidad que no merece menos de un 87 sobre 100.    



MEJORES MOMENTOS: I Will, Take Off, Chasing A Thread, Whenerver I Go, We Get By, Real Love, What Where You Doing Here...

MEDIA CRÍTICA:----

NUESTRA VALORACIÓN: 87/100

viernes, 13 de febrero de 2026

SARAH NIXEY: CANCIONES SIN ANSIEDAD.

 


SARAH NIXEY es una veterana. Saltó a la fama como vocalista principal del grupo indie de electropop británico Black Box Recorder, formado a finales de los 90 con Luke Haines (The Auteurs) y John Moore (The Jesus and Mary Chain). Con el grupo publicó varios álbumes aclamados, como England Made Me (1998) y The Facts of Life (2000). La banda se disolvió en 2010. Pero ella ya había comenzado su carrera en solitario en 2007. SEA FEVER es su cuarto álbum de estudio.

Hay discos que nacen con narrativa. Otros la construyen a base de escucha. SEA FEVER pertenece claramente al segundo grupo. No cuenta con una maquinaria promocional expansiva ni con una etiqueta generacional que lo empuje automáticamente hacia el consenso en las listas anuales de mejores álbumes. No responde a una tendencia reconocible ni busca inscribirse en una escena concreta. Y, sin embargo, conforme avanza, se impone por algo mucho más difícil de fabricar: coherencia, madurez y una comprensión profundamente clásica de la canción. 

Es indie, sí, pero no en su acepción más superficial. No encontramos aquí crudeza impostada ni minimalismo entendido como gesto estético. Lo que encontramos es arquitectura: melodías desarrolladas con paciencia, producción que respira, arreglos colocados con precisión casi camerística. Ese clasicismo -que no implica retroceso sino confianza en la forma- es precisamente lo que permite que el álbum crezca con cada escucha. 

Podemos rastrear afinidades: cierta textura etérea que remite a Jessica Pratt, también una tradición art-pop británica que inevitablemente evoca a Kate Bush y una claridad emocional y técnica que recuerda a Paula Cole. Pero SARAH NIXEY no se diluye en esas referencias. Las asume desde la experiencia, desde una madurez que prescinde de ansiedad estilística y que no necesita subrayar su singularidad a través del exceso. 

Sonoramente, SEA FEVER se sostiene sobre los cimientos de un álbum de singer-songwriter: voz en primer plano, melodías claras y arreglos cuidadosamente construidos. Pero Nixey no se limita a ese registro; deambula con soltura por territorios de art-pop y texturas atmosféricas, incorporando capas etéreas, efectos de ambiente y detalles sonoros que enriquecen la narrativa musical. El cierre con Spring Equinox, con cantos de pájaros y atmósferas casi mágicas, suena a Kate Bush interpretando la banda sonora de una película de Disney, un guiño juguetón y etéreo que sorprende sin romper la coherencia del álbum. Son estos momentos de experimentación y apertura los que impiden que SEA FEVER se quede encasillado, convirtiéndolo en un disco que se despliega en múltiples planos y recompensa la escucha atenta.


A lo largo de SEA FEVER, se perciben narrativas que no se imponen, sino que se despliegan con sutileza, casi como confesiones compartidas a medias luz. Cada canción articula un espacio emocional propio: la memoria, la pérdida, la transformación y la relación con la naturaleza aparecen como hilos conductores, pero nunca de manera literal o didáctica. SARAH NIXEY construye relatos que viven en la ambigüedad de lo íntimo, donde lo personal se encuentra con lo universal, y donde la escucha atenta descubre matices que se escapan a la primera impresión. Esa capacidad de sugerir sin cerrar, de trazar caminos emocionales claros sin recurrir a la obviedad, convierte al álbum en un territorio narrativo rico, en el que cada escucha revela nuevas capas y sutilezas. No es casual que varios títulos remitan a estaciones, fenómenos naturales o imágenes casi táctiles -invierno, nieve, equinoccios-: SEA FEVER parece construido desde esa misma lógica estacional, ajena a la prisa.

Es posible que SEA FEVER no alcance la visibilidad crítica que otros trabajos de mérito comparable han obtenido gracias a una narrativa mediática más favorable. Eso no disminuye su valor; más bien señala los mecanismos que determinan qué discos se convierten en símbolo de un año y cuáles, en cambio, permanecen como descubrimientos persistentes. Medios como Mojo y God Is In The Tv lo han valorado con un 80 sobre 100 y esa es su media crítica de momento. 

Desde aquí lo afirmamos sin rodeos: estamos ante un álbum que merece atención crítica real. No por oportunismo ni por afán de contradecir el consenso, sino porque en un contexto saturado de inmediatez, todavía existen obras que reivindican la escucha atenta como forma de permanencia. Nuestra valoración es un 90 sobre 100. Si algunos álbumes de Jessica Pratt han logrado convertir la contención en acontecimiento crítico, SEA FEVER demuestra que esa misma contención puede existir al margen del foco mediático sin perder un ápice de grandeza.  



MEJORES MOMENTOS: On This Wide Night, Witness Tree, The Sound Of Falling Snow, Sea Fever, Winter Solstice, Lies Of The Land...

MEDIA CRÍTICA: 80/100

NUESTRA VALORACIÓN: 90/100

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