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martes, 22 de septiembre de 2026

SERA CAHOONE VUELVE A CASA.


Después de ocho años sin un nuevo álbum de canciones propias, SERA CAHOONE vuelve con I'VE MISSED YOU ALL THESE YEARS, un disco que nos parece mucho más importante que una simple vuelta a la actividad. A los 51 años, y con una carrera que se acerca ya a las dos décadas, Cahoone regresa además a Sub Pop, el sello con el que publicó Only as the Day Is Long (2008) y Deer Creek Canyon (2012), después de haber editado de manera independiente From Where I Started (2017) y el Ep The Flora String Sessions (2018). Hay algo especialmente atractivo en este reencuentro: cuando firmó con Sub Pop por primera vez era muy joven y ella misma ha contado que entonces llegó a sentirse una impostora. Ahora regresa con otra seguridad, con la sensación de encajar por fin en un lugar que ya conoce, pero desde una posición completamente distinta. 

No cuesta entender de dónde viene esa seguridad. Cahoone lleva toda una vida haciendo música. Empezó tocando la batería con apenas once años, pasó por la escena de Seattle y formó parte de Carissa's Wierd antes de tocar también con Band of Horses. Su trayectoria como batería, guitarrista y compositora es inseparable de una determinada cultura musical del Noroeste estadounidense, pero en los últimos años ha añadido otra dimensión especialmente importante: la producción. Fue ella quien produjo Pohorylle (2021), el debut de Margo Cilker, un álbum cuya riqueza sonora ya demostraba hasta qué punto Cahoone entiende que producir una canción no consiste en cubrirla de adornos, sino en encontrar el espacio exacto en el que pueda existir. También estuvo detrás de Valley of Heart's Delight (2023), y esa experiencia parece haber reforzado todavía más una intuición que ahora se escucha con claridad en su propio disco. 

En I'VE MISSED YOU ALL THESE YEARS Cahoone comparte la producción con John Morgan Askew, colaborador habitual desde From Where I Started. El álbum se grabó en Bear Creek Studios, en Washington, con una banda formada en buena medida por músicos que han acompañado a Cahoone a lo largo de los años. Y hay un dato que termina de explicar esa sensación de control que transmite el disco: las once canciones están compuestas por ella. No estamos ante una intérprete que recibe canciones ajenas y después las convierte en algo propio. La escritura, la interpretación, las decisiones de producción y la elección de los músicos parten de una misma personalidad artística. 

Quizás por eso resulta difícil hablar de I'VE MISSED YOU ALL THESE YEARS como un disco que esté "probando sonidos". Hay country, Americana, folk, alt-country entendido como country independiente, algunos ecos de pop y blues, y diferentes colores instrumentales que podrían permitirnos etiquetar cada canción de una manera distinta. Pero esas etiquetas sirven mucho menos para describir el álbum que para describir sus ingredientes. Lo que permanece inalterable es Cahoone. Y ahí reside una de las grandes virtudes del disco. 

No percibimos saltos estilísticos ni una artista buscando una nueva identidad detrás de cada canción. Cahoone utiliza los códigos que tiene a su disposición porque forman parte de su propio lenguaje. La pedal steel, el banjo, las guitarras eléctricas, el órgano, el acordeón, las cuerdas o el piano aparecen cuando tienen que aparecer y nunca dan la impresión de estar ahí para demostrar que puede hacer otra cosa. Todo fluye con una naturalidad extraordinaria. No hay una canción Frankenstein construida a base de juntar country, folk, pop y Americana para satisfacer etiquetas. Hay canciones de SERA CAHOONE que utilizan todos esos recursos con absoluta normalidad. 

Y eso explica también por qué el álbum resulta tan cohesionado. Las once canciones apenas superan la media hora y, sin embargo, no tenemos la sensación de estar ante una colección de piezas independientes. Existe una atmósfera común, una manera reconocible de tocar, de cantar y de arreglar, y sobre todo una forma muy concreta de entender la canción. Cahoone sabe cuánto necesita cada tema y parece saber también cuándo dejar de añadir cosas. El disco suena grande, pero no porque quiera impresionar mediante una producción gigantesca. Suena grande porque detrás hay una artista con muchas tablas que sabe exactamente qué quiere hacer. 

La historia que acompaña al álbum es igualmente poderosa. Cahoone comenzó a escribir estas canciones después de su anterior disco y los años siguientes estuvieron atravesados por pérdidas importantes: murió su mejor amiga, murió su padre durante la pandemia y también perdió a su perro. La propia artista ha explicado el álbum como una especie de regreso a la vida después de ese periodo, como una búsqueda de conexión y comunidad. Es una narrativa muy bien construida para presentar un disco que llega después de ocho años de silencio y que, además, coincide con su regreso a Sub Pop. No hace falta desconfiar de ella para reconocer que está perfectamente diseñada: pérdida, aislamiento, reconstrucción, amigos, música y finalmente un reencuentro. 







Lo interesante es que las canciones permiten encontrar una narrativa propia, menos explícita y quizás más amplia. Hay relaciones que suben y bajan, momentos de inseguridad, decepciones, enamoramientos, necesidad de intimidad, recuerdos y aceptación del pasado. High & Low abre el álbum desde la inestabilidad de una relación; Say Something habla de no haberse sentido una misma y de querer volver a intentarlo; No One Like You encuentra refugio en la permanencia de una pareja; Not How I Hoped se instala en la decepción. Más adelante aparecen el enamoramiento de Horse Runnin', la resistencia vital de Pulling Up Roots, la aceptación de Supposed To Be y esa sensación de no terminar de encajar que aparece en Hits Right. Al final, Tangled Nights busca intimidad, I'm No Fool deja espacio para la inseguridad y Something Good termina encontrando precisamente aquello que parecía faltar: algo bueno, inesperado, capaz de dar sentido y plenitud. 

No necesitamos convertir cada una de esas canciones en una pieza de un puzle autobiográfico para apreciar el recorrido. Basta con escuchar cómo el álbum se mueve emocionalmente. Hay heridas, pero no estamos ante un disco instalado en ellas. Hay nostalgia, pero tampoco es un ejercicio de mirar continuamente hacia atrás. Incluso el título puede funcionar en varios niveles: podemos pensar en las personas que se han perdido, en los años transcurridos desde el último álbum, en las relaciones que se echan de menos o incluso en el reencuentro de Cahoone con una parte de su propia vida artística. 

Su condición queer también forma parte de esa biografía pública. Cahoone ha hablado abiertamente de su proceso de salir del armario y de sus relaciones con mujeres, y esa experiencia puede aportar contexto cuando determinadas canciones abordan el amor, la intimidad o la pertenencia. Pero no necesitamos convertirla en una clave universal para leer el álbum. Es simplemente otra parte de la historia de una artista cuya identidad, como su música, no parece necesitar explicaciones adicionales para existir. 

En este punto resulta inevitable pensar en k.d. lang, aunque la comparación tenga que hacerse con cierta distancia. lang pertenece a otra generación y cuando empezó a hacer country estaba reivindicando una tradición que en aquel momento ocupaba un lugar diferente dentro de la música estadounidense. Su posterior paso hacia Ingenue (1992) hizo especialmente visible la idea de transición: una artista capaz de abandonar un territorio para entrar en otro sin perder su personalidad. Cahoone parece plantear justamente la posibilidad contraria. No necesita abandonar el country, ni la Americana, ni el folk, ni ese territorio independiente que ha recorrido durante toda su carrera. No necesita una transición espectacular para demostrar que ha evolucionado. Puede quedarse en su universo y profundizarlo. 

Y quizás eso sea precisamente lo que más nos gusta de este regreso. I'VE MISSED YOU ALL THESE YEARS puede funcionar como un reseteo sin borrar nada de lo anterior. Para quienes conocemos su trayectoria, están ahí las conexiones con la Seattle de sus comienzos, su pasado como batería, sus años en Sub Pop y su posterior independencia. Para quien descubra a Cahoone ahora, todo eso puede ser completamente secundario. El disco se sostiene por sí mismo. Puede ser la puerta de entrada a una artista que lleva veinte años trabajando sin que el nuevo oyente tenga que recorrer esos veinte años antes de entender por qué merece la pena escucharla. 

También resulta significativo que el regreso a Sub Pop no coincida con una búsqueda de un sonido más grande o más comercial. Cahoone vuelve al sello desde la plena confianza en sus propias herramientas. Después de producir a otros artistas, de trabajar de manera independiente y de acumular dos décadas de experiencia, parece haber alcanzado ese punto extraño en el que ya no necesita preguntarse hacia dónde debe ir. Sabe dónde está. 

La recepción crítica, por ahora, es todavía muy reducida: Uncut es la única publicación que ha reseñado el álbum y le ha otorgado un 80 sobre 100. Es pronto para saber qué lugar acabará ocupando I'VE MISSED YOU ALL THESE YEARS en la conversación crítica del año, pero nuestra impresión es bastante más contundente. Estamos ante un disco importante dentro del country independiente y la Americana contemporánea, no por reinventar ninguno de esos géneros, sino por demostrar hasta dónde puede llegar una artista cuando lleva tantos años perfeccionando su propio lenguaje. 

I'VE MISSED YOU ALL THESE YEARS es un álbum magníficamente producido, con una cohesión sonora extraordinaria y once canciones que funcionan tanto individualmente como dentro de un conjunto perfectamente equilibrado. Sobre todo, es el disco de una artista que parece haber dejado definitivamente atrás cualquier necesidad de demostrar que merece estar ahí. SERA CAHOONE sabe lo que quiere hacer, sabe cómo hacerlo y ha reunido a las personas adecuadas para hacerlo realidad. Después de ocho años, no vuelve para recuperar el tiempo perdido. Vuelve con un disco que puede servir para empezar de nuevo y, al mismo tiempo, para demostrar todo lo que ha aprendido por el camino. 



MEJORES MOMENTOS: High & Low, No One Like You, Not How I Hoped, Horse Runnin', Pulling Up Roots, Supposed To BeSomething Good, Hits Right...  

MEDIA CRÍTICA: 80/100

NUESTRA VALORACIÓN: 90/100

lunes, 21 de septiembre de 2026

BECK: VIAJE CREPUSCULAR.

 


Después de escuchar cerca de treinta discos durante el último fin de semana, uno desarrolla inevitablemente cierta fatiga auditiva. Algunos discos son buenos, otros cumplen y otros pasan sin dejar demasiado rastro. Y entonces pinchamos RIDE LONESOME. Sabemos que estamos escuchando a BECK y, por tanto, partimos de la expectativa de que será un disco como mínimo notable. Pero después de las dos primeras canciones la reacción es casi instintiva: "joder! esto sí que es bueno". No hace falta llegar mucho más lejos para percibir que aquí ha vuelto algo que llevábamos tiempo echando de menos.

Porque BECK sigue siendo BECK. Colors (2017) e Hyperspace (2019) tuvieron su atención, sus reconocimientos y sus buenos momentos, pero para nosotros había algo que faltaba. No eran malos discos, pero tampoco provocaban aquella sensación de estar ante uno de esos trabajos capaces de recuperar los destellos de genialidad que habían definido algunas de sus mejores etapas. 

Con RIDE LONESOME esa sensación reaparece. La comparación más evidente nos lleva a Sea Change (2002) y Morning Phase (2014), y es lógico. Estamos otra vez ante ese BECK de raíz americana, melancólico y contemplativo, que se mueve entre el folk, el country y la canción de autor. Pero nosotros encontramos una conexión especialmente interesante con Mutations (1998). No porque RIDE LONESOME suene como aquel disco -no es áspero, nervioso ni experimental-, sino por algo más profundo: la capacidad de BECK para cambiar de paisaje y volver a sorprendernos cuando sería mucho más sencillo repetir una fórmula que ya conoce. 

Las etiquetas que acompañan a RIDE LONESOME -alt-country, chamber folk, Americana, country folk- son bastante acertadas, siempre bajo ese marco de singer-songwriter que parece atravesar todo el álbum. Pero ninguna termina de explicar por sí sola lo que escuchamos. Es un disco claramente más acústico que los anteriores, con una paleta aparentemente más reducida, aunque sería un error llamarlo minimalista. BECK sigue construyendo paisajes sonoros. Hay espacio, profundidad y atmósfera, solo que ahora parece necesitar menos elementos para conseguirlos. 

Y esa es precisamente una de las cosas que más nos gustan del disco: la sensación de que las canciones están avanzando por algún lugar. BECK ha hablado de pérdida, soledad, cambios de etapa y de la necesidad de seguir adelante después de atravesar determinados momentos de la vida. También ha definido el álbum desde una perspectiva crepuscular. Al escucharlo, todo eso termina encajando. 

No creemos que RIDE LONESOME sea un disco crepuscular de principio a fin. Esa sensación aparece con mucha más fuerza en su tramo final. El conjunto transmite más bien un viaje solitario, un desplazamiento a través de un paisaje que poco a poco va cambiando hasta llegar a ese momento de recogimiento que encontramos en las últimas canciones. Es curioso porque, una vez conocida la narrativa que BECK tenía en mente, nos damos cuenta de que la música ya nos estaba transmitiendo algo parecido antes de saberlo. Algo que tiene mucho mérito. 

La narrativa no está por encima de las canciones ni las obliga a comportarse de una determinada manera. Está integrada en ellas. Hay además algo significativo en la manera en que se ha construido el álbum. RIDE LONESOME está compuesto fundamentalmente por BECK y producido por él mismo, algo que refuerza esa sensación de obra especialmente personal. No se trata de un disco que dependa de una gran operación de producción para resultar impresionante. La producción está ahí, por supuesto, y los paisajes sonoros siguen siendo importantes, pero todo parece estar más concentrado alrededor de las canciones. 





También resulta interesante que BECK vuelva a trabajar con músicos vinculados a algunas de sus etapas más importantes, especialmente Mutations, Sea Change y Morning Phase. No estamos, por tanto, ante un intento de reconstruir artificialmente el pasado, sino ante músicos que ya conocen ese lenguaje y que ahora vuelven a explorarlo desde otro momento de sus vidas. El resultado es un disco que suena reconociblemente a BECK sin tener la sensación de estar escuchando una colección de viejas fórmulas. Una diferencia que es fundamental. 

La crítica ha otorgado a RIDE LONESOME una media de 82 sobre 100 distribuida de la siguiente manera: The Guardian y Mojo 100/100; MusicOHM, NME, XS Noize, DIY y Louder Than War 90/100; Exclaim!, Rolling Stone, Uncut, Dork y Clash 80/100; Northern Transmissions 75/100; Far Out Magazine, Slant Magazine, AllMusic y Spill Magazine 70/100; Paste 67/100 y The Arts Desk 60/100. 

Una media crítica no determina por sí misma la calidad de un disco, pero en este caso resulta bastante significativa. RIDE LONESOME se está situando entre los trabajos mejor valorados de la carrera de BECK, por encima de Sea Change y Morning Phase y solo por debajo de algunos de sus discos más celebrados: (Odelay, Mutation y Midnite Vulture). Más importante todavía, la recepción parece confirmar algo que nosotros sentimos desde las primeras canciones: no estamos ante un simple regreso nostálgico a una etapa conocida de su carrera. Es un disco que parece estar recuperando un lugar importante dentro de su discografía. 

Y quizás eso sea lo más estimulante de todo. Durante un tiempo podíamos pensar que BECK todavía podía dar discos buenos, pero que aquellos destellos de genialidad que habían aparecido tantas veces a lo largo de su carrera iban a ser cada vez más difíciles de encontrar. RIDE LONESOME nos obliga a reconsiderarlo. 

Todas las canciones de RIDE LONESOME son buenas. Algunas son muchísimo más que eso. Las cuatro primeras nos parecen grandiosas; entre la quinta y la octava hay un ligero descenso en el nivel, pero seguimos hablando de muy buenas canciones, perfectamente capaces de sostener el álbum. Y a partir de la novena vuelve a aparecer ese nivel extraordinario que encontramos al principio y que se mantiene hasta el final. Es una pequeña irregularidad en la intensidad del conjunto, no en la calidad de las canciones, dentro de un álbum cuyo nivel general nos parece excepcional. 

Pero hay algo todavía más importante: la cohesión. RIDE LONESOME tiene una identidad sonora muy definida y, al mismo tiempo, sus canciones podrían sobrevivir perfectamente fuera del contexto del álbum. Y esto es algo que asociamos profundamente con BECK. Una canción suya, escuchada al azar, puede terminar formando parte de nuestra vida. Puede aparecer en una película, sonar en cualquier lugar o regresar años después en el momento exacto y adquirir un significado completamente nuevo. Casi parece una señal que el universo nos está enviando. 

Eso es lo que esperamos de los grandes discos: que no se agoten cuando termina la escucha. Que las canciones puedan escapar del álbum y acompañarnos después. RIDE LONESOME consigue hacerlo. No es Sea Change, y tampoco necesita serlo. Para nosotros, Sea Change sigue siendo probablemente el disco que más nos gusta de esta vertiente de BECK. Pero RIDE LONESOME se sienta a su lado, junto a Morning Phase y Mutations, en ese pequeño grupo de discos de BECK a los que les exigimos algo más que ser buenos. 

Aquí vuelven los paisajes sonoros. Vuelve el cantautor. Vuelve esa América imaginada por Beck. Vuelve esa mezcla de belleza, melancolía y extrañeza que hace que una canción pueda parecer escrita para nosotros aunque no sepamos exactamente por qué. Y después de unos años en los que parecía suficiente con que BECK siguiera haciendo buenos discos, volver a escuchar uno que nos obliga a detenernos, prestar atención y pensar que estamos ante algo realmente especial es una gran noticia. Para nosotros, RIDE LONESOME es un claro 100 sobre 100.




MEJORES MOMENTOS: Ride Lonesome, Run Away, In The Night, Failed Words, It Ends Right Here, Falling Through My Hands, If You Don't Know What Love Is, Beyond The Light...

MEDIA CRÍTICA: 82/100

NUESTRA VALORACIÓN: 100/100

viernes, 18 de septiembre de 2026

MILEY: MÁS PERDIDA QUE NUNCA.

 


Quizás deberíamos empezar por el principio, porque Miley Cyrus ya no quiere ser Miley Cyrus. Al menos profesionalmente. En esta nueva era ha decidido quedarse simplemente en MILEY, un cambio de nombre que acompaña al que probablemente sea uno de los mayores movimientos de su carrera reciente: abandona Columbia Records, sello con el que publicó Endless Summer Vacation (2023) y Something Beautiful (2025), y ficha por Atlantic Records. BASS PERSUADES es, por tanto, el primer disco de esta nueva etapa y llega acompañado de todo lo que solemos asociar a una nueva era de una estrella pop: nuevo nombre, nuevo sello, nueva estética y, aparentemente, una nueva dirección. 

El problema es que, después de escuchar el disco, nosotros seguimos sin encontrar esa nueva dirección. Ya dijimos cuando reseñamos Something Beautiful que quizás estábamos siendo demasiado exigentes con MILEY. Nos parecía una artista tremendamente inquieta, incapaz de permanecer demasiado tiempo en el mismo sitio y con una necesidad casi permanente de reinventarse. En Endless Summer Vacation habíamos creído que, por fin, había encontrado un sonido reconocible. No necesariamente el sonido definitivo de Miley Cyrus, pero sí una dirección que parecía funcionar y que podía convertirse en una identidad propia. 

Luego llegó Something Beautiful y aquella impresión se desmoronó. Allí el problema era el exceso. Era una supuesta ópera pop, un álbum conceptual que aspiraba a convertirse en una obra de arte total y que acababa perdiéndose entre interludios, prólogos, cambios estilísticos y una ambición que parecía mucho mayor que las propias canciones. Lo dijimos entonces: el disco era un tanto pretencioso. 

Ahora ha ocurrido algo bastante curioso. MILEY parece haber aprendido precisamente esa lección. BASS PERSUADES dura poco, tiene solamente diez canciones, no hay interludios que interrumpan constantemente el ritmo y no hay una estructura conceptual que pretenda convertir cada canción en una pieza de un universo mayor. Todo parece mucho más directo. 

Pero nosotros tenemos la sensación de que, al quitar todo aquello que sobraba, no ha quedado demasiado que defender. Y hay otro elemento que tampoco podemos pasar por alto: la multiproducción no parece favorecer a MILEY. En los créditos aparecen la propia MILEY, Kid Harpoon, Maxx Morando, Michael Pollack y Model/Actriz, entre otros colaboradores. Que un disco tenga muchos productores no es necesariamente un problema. Cuando un artista tiene una identidad perfectamente definida, puede trabajar con equipos diferentes sin perder su personalidad. Pero nosotros llevamos varios discos preguntándonos precisamente cuál es la identidad musical de MILEY, y aquí la acumulación de manos detrás de las canciones parece acentuar el problema en lugar de solucionarlo. 

En lugar de encontrar una personalidad que atraviese las canciones, encontramos diferentes aproximaciones que se van sucediendo. Un poco de dance-pop, electrónica, balada, pop mainstream... y otra vez la sensación de que MILEY está probando distintas pieles sin terminar de quedarse con ninguna. Después de Something Beautiful, pensábamos que podía estar buscando un nuevo camino. Después de BASS PERSUADES, la sensación es todavía más preocupante: Miley está más perdida que nunca. 

BASS PERSUADES empieza precisamente intentando convencernos de que estamos ante una nueva MILEY. La canción que da título al álbum es la que abre y juega con el dance-pop, los sintetizadores y una actitud que nos hace pensar inmediatamente en Madonna o Lady Gaga. El problema es que, cuanto más la escuchamos, más elemental nos parece. Por momentos nos suena incluso a la música que suena en los coches de choque. La canción quiere ser mucho más sofisticada de lo que finalmente resulta y, después de dos escuchas, sigue pareciéndonos una forma bastante burda de presentar esta nueva era. 

Después llega Different Religion, con Model/Actriz. Aquí aparece la voz hablada de MILEY, un estribillo cantado y posteriormente la voz masculina de Model/Actriz también hablada, antes de regresar al mismo estribillo. Después vuelve la voz susurrada y otra vez el estribillo. El esquema es sencillo hasta el extremo. Y sí, volvemos a tener la sensación de que esto ya se lo hemos escuchado hacer a Madonna. No retiramos ni una coma de nuestra primera impresión: nos parece una canción facilona y demasiado obvia. Sin embargo, en posteriores escuchas se hace evidente algo que no podemos negar: probablemente sea la canción del disco con mayor potencial para convertirse en un gran hit. El estribillo funciona y la combinación de MILEY y Model/Actriz tiene algo lo suficientemente reconocible como para llamar la atención. Pero que una canción pueda gustar a mucha gente no significa automáticamente que nosotros tengamos que considerarla buena. 

Let's Get Married es otra historia. Aquí no encontramos prácticamente nada que nos interese. No es una balada, tampoco termina de ser otra cosa, y durante la primera escucha ya nos parecía una canción de relleno. En las escuchas posteriores, directamente nos parece una canción horrible. Es, sin discusión, uno de los puntos más bajos del disco. Y hay algo especialmente grave en que una canción así esté aquí: estamos hablando de un álbum de solamente diez cortes. No hay dieciséis canciones entre las que pueda esconderse. Es una de las diez piezas que MILEY ha decidido presentar como representativas de esta nueva etapa. 

Orbit parecía que podía cambiar las cosas. Empieza como una balada y durante unos instantes pensamos que quizás estábamos ante la primera canción realmente especial del álbum. La idea de orbitar alrededor de alguien funciona como metáfora romántica y tiene cierto potencial emocional. Pero vuelve a ocurrir lo mismo. La canción prepara algo que después no llega. Cuando aparece ese Forever que debería servir como culminación, pierde toda la garra, se desinfla y resulta un tanto frustrante para nosotros. Otra vez MILEY parece tener una buena idea entre las manos y no saber cómo llevarla hasta el final. 

Y entonces llega Aftermath, que se convierte en uno de los puntos fuertes del álbum. Empieza como una balada que nos lleva a los viejos clásicos de Donna Summer, con ecos de No More Tears (Enough Is Enough) o Last Dance, y durante unos segundos incluso nos asustamos pensando que el disco va a convertirse en una colección de baladas. Pero la canción cambia y se transforma en electrónica bailable. No es una copia de aquellos clásicos, ni mucho menos, pero el contraste funciona. Después de varias canciones que nos habían dejado bastante fríos, aquí sí encontramos una idea que merece la pena rescatar. 

Después aparece REDLIGHTS, y el disco vuelve a caer. Es floja, casi tanto como Let's Get Married, y nos produce incluso la sensación de ser un descarte de Something Beautiful. Pero hay algo más: nos parece muy hortera. Suena como una canción Frankenstein que ha salido mal, como si hubieran cogido diferentes ideas, texturas y recursos y los hubieran cosido juntos esperando que apareciera una canción. No aparece. Lo que queda es un ensamblaje poco elegante y bastante innecesario. 



Neon Signs, su colaboración con Andrew Wyatt de Miike Snow, sí nos proporciona otro pequeño respiro. No es una canción de baile ni una balada y tiene una producción bastante inusual. El empaste de las voces puede recordarnos a The Power of Orange Knickers de Tori Amos y Damien Rice. Pero la comparación también deja claro dónde estamos. La canción de Amos es, a día de hoy, un clásico y ha envejecido perfectamente. Neon Signs veremos si llega al año que viene. De momento es simplemente un puntito muy cuqui dentro del disco, una canción con cierto encanto que podemos defender sin necesidad de convertirla en algo que no es. 

Innocent Ways vuelve a la electrónica bailable. Puede gustar al público, tiene esa accesibilidad inmediata que puede hacer que funcione bien, pero nosotros seguimos encontrándola mediocre. Y ahí aparece uno de los problemas que más se repiten en BASS PERSUADES: MILEY parece estar rodeándose constantemente de fórmulas que podrían funcionar, pero casi nunca consigue convertirlas en canciones que nos apetezca volver a escuchar. 

Snow tampoco es mala canción. Pero a estas alturas ya nos da igual. Es otra balada medio punto de las suyas, correcta y perfectamente vendible si detrás hay una buena campaña o un videoclip que consiga darle una vida que la propia canción no tiene. Pero después de nueve canciones lo que nos preguntamos no es si Snow está bien. Nos preguntamos si vamos a acordarnos de ella dentro de unos meses. 

Y cerramos con Bass Persuades Remixx, un remix que nosotros directamente no habríamos incluido. Es bastante convencional y vuelve a recordarnos a los remixes de Madonna, pero sin aportar una lectura especialmente interesante de la canción original. Nos cuesta encontrar una razón artística para que esté aquí más allá de completar el álbum.  

Y aquí llegamos al verdadero problema de BASS PERSUADES. No es que sea demasiado experimental. Tampoco es que sea demasiado largo. No es que tenga demasiados interludios. Ni siquiera podemos acusarlo de tener una ambición conceptual desmedida. Es casi lo contrario. 

No hay demasiada cohesión. Que muchas de las canciones hablen de amor no convierte el disco en un álbum conceptual. Hay una temática sentimental común, pero no encontramos un relato, una evolución emocional ni una identidad sonora que haga que estas diez canciones necesiten estar juntas. 

Y volvemos inevitablemente a Endless Summer Vacation. Nosotros creemos que allí MILEY había encontrado algo. Había una dirección sonora reconocible, una personalidad y, sobre todo, canciones. No era un disco perfecto, pero había momentos que justificaban volver a él. Después de aquel álbum llegó Something Beautiful, donde MILEY quiso hacer demasiado. Y ahora llega BASS PERSUADES, donde tenemos la sensación de que ha eliminado todo lo que sobraba de aquel disco sin conseguir sustituirlo por una identidad nueva. 

Quizás esa sea la mayor paradoja de esta nueva era. MILEY ha cambiado de nombre, ha cambiado de sello y ha anunciado una nueva etapa, pero nosotros no escuchamos una nueva MILEY. Escuchamos referencias. Escuchamos Madonna, Lady Gaga, disco, electrónica, balada, dance-pop... reconocemos muchas cosas, pero no encontramos qué hace que todas esas cosas sean de MILEY

Y tampoco podemos hacer esta vez nuestro habitual análisis de la recepción crítica. El disco acaba de salir hace apenas dos horas y las reseñas de la crítica generalista se están escribiendo, así que no existe aún un consenso que analizar ni una media crítica que poner en contexto. Eso tendrá que esperar. 

Por ahora solo tenemos unas cuantas escuchas y la impresión que nos han dejado. Y nuestra impresión es bastante mala. 

No pensamos que BASS PERSUADES sea un desastre absoluto. Different Religion tiene potencial comercial, Aftermath es uno de los mejores momentos del álbum y Neon Signs tiene ese pequeño encanto que nos ha permitido rescatarla. Pero estamos hablando de un disco de diez canciones y, después de escucharlo cuatro veces, nos cuesta encontrar más de tres que realmente queramos defender.

Hay demasiadas canciones mediocres, dos puntos muy bajos especialmente claros como Let's Get Married y REDLIGHTS, una canción como Bass Persuades que nos parece sorprendentemente básica y un conjunto que no termina de justificar su existencia como álbum. Lo peor es que no estamos seguros de que volvamos a escucharlo voluntariamente. Puede que alguno de sus singles funcione, que Different Religion encuentre su público, que Snow tenga un buen videoclip y termine sonando en todas partes. Eso es otra cuestión. Nosotros hablamos del disco que tenemos delante. Y este disco no nos ha dado prácticamente ninguna razón para volver.

ACTUALIZACIÓN: La media crítica de BASS PERSUADES es de un 62 sobre 100 distribuida de la siguiente manera: Rolling Stone 70/100; Consequence Of Sound 67/100; MusicOHM y Still Listening 60/100 y Slant Magazine 50/100. Para ser un lanzamiento esperado y perteneciente al mainstream, está teniendo menos atención crítica de lo normal. Estas valoraciones se dieron en los días posteriores al momento en que se publicó esta reseña.  



MEJORES MOMENTOS: Different Religion, Aftermath y Neon Signs

MEDIA CRÍTICA: 62/100

NUESTRA VALORACIÓN: 45/100

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