FENNE LILY lleva años construyendo una trayectoria bastante alejada de los grandes focos, pero con una personalidad musical cada vez más reconocible. La cantautora británica, originaria de Dorset y afincada actualmente en Nueva York, lleva desde sus primeros trabajos demostrando una especial sensibilidad para moverse entre el indie folk, la tradición de cantautora y ciertos matices de alt-country. Una identidad que ha ido desarrollando sin necesidad de grandes giros estilísticos y que encuentra en WIN WIN una de sus expresiones más logradas.
WIN WIN llega después de Big Picture (2023) y Breach (2020), dos discos que ya habían situado a FENNE LILY en un nivel compositivo considerable. No parece interesada en reinventarse ni en perseguir nuevas tendencias. Más bien da la impresión de haber encontrado un lenguaje propio y de querer seguir profundizando en él. Desde Breach apreciamos una evolución sostenida en su escritura, en la riqueza de sus arreglos y en su personalidad como artista. También ha mantenido una implicación directa en la construcción sonora de sus discos, participando en la producción desde aquella etapa. En WIN WIN vuelve a compartir esa responsabilidad con Sam Skinner, dando continuidad a una faceta que forma parte de su manera de entender la música.
En el terreno narrativo, WIN WIN parte de una ruptura sentimental, pero su planteamiento se aleja bastante del habitual relato de desamor. El título encierra una idea especialmente madura: aceptar que una separación puede ser beneficiosa para las dos personas implicadas. No hay vencedores y vencidos, ni necesidad de convertir al otro en culpable. Hay una comprensión que normalmente llega después de atravesar el duelo, cuando somos capaces de mirar atrás y entender que aquello que inicialmente vivimos como una pérdida también puede convertirse en una oportunidad para recuperar nuestra propia vida. La victoria, en este caso, es compartida. Pero el disco no se limita a las relaciones sentimentales. También aborda otras formas de amor, la pérdida y los vínculos afectivos que forman parte de nuestra vida cotidiana. Room To Room, por ejemplo, parte de la pérdida de uno de sus perros y adopta una perspectiva especialmente conmovedora para hablar de la ausencia. Son distintas experiencias de duelo que terminan confluyendo en una misma reflexión sobre el afecto, la memoria y la capacidad de seguir adelante.
Musicalmente, estamos ante un disco de indie folk con una marcada sensibilidad de cantautora y algunos acercamientos al alt-country. Su sonido es cálido, orgánico y considerablemente más rico de lo que podría sugerir una primera aproximación. Las guitarras, el bajo y el banjo tienen una presencia constante, pero los arreglos incorporan otros elementos que enriquecen las composiciones sin alterar su identidad. Las armonías vocales de Jules Olsen en Room To Room son especialmente hermosas, mientras que los coros de Katie Malco contribuyen a la personalidad de Franz. También encontramos detalles instrumentales tan llamativos como la trompeta que aparece en Sleeping. Las canciones mantienen una personalidad propia desde la primera escucha. Hay cohesión, pero no uniformidad: cada composición tiene sus propios matices y evita esa sensación de repetición que encontramos en algunos discos del género.
Buena parte del mérito corresponde a una producción que nos parece extraordinaria. FENNE LILY comparte esa responsabilidad con Sam Skinner, mientras que Huntley Miller figura en los créditos de masterización. Las diez composiciones están firmadas por la propia Fenne, y esa implicación en las distintas fases del proceso creativo parece fundamental para entender la coherencia del resultado. Estamos ante una producción muy orgánica, con una riqueza instrumental considerable y un equilibrio que nos parece difícil de mejorar. Todo fluye con naturalidad, los instrumentos encuentran su espacio y los arreglos nunca resultan artificiales ni excesivamente ornamentales. El banjo, por ejemplo, está muy lejos de funcionar como un simple recurso para acercarse al folk tradicional o al bluegrass. Su integración en el conjunto es plenamente contemporánea. También merece una mención la voz de FENNE LILY, frágil, cercana y llena de matices, que encuentra en estos arreglos el acompañamiento perfecto.
Y llegamos a una de las cuestiones que más nos han conquistado de WIN WIN: esa sensación de estar en casa que nos acompaña durante toda la escucha. Hay algo en su sonoridad que nos lleva inevitablemente a Chinatown (2003), la maravillosa obra de The Be Good Tanyas, un disco cuya autenticidad y capacidad para transmitir verdad seguimos considerando difícilmente igualables. No pretendemos establecer una equivalencia entre ambos trabajos, pero sí reconocer una sensibilidad compartida. Uh Huh abre el álbum con una sonoridad que nos remite inmediatamente a aquellas armonías y a ese folk de raíz norteamericana. Después llegan Room To Room y Sleeping, formando un comienzo sencillamente magnífico. Más adelante, Franz vuelve a recuperar esa calidez. El álbum, sin embargo, no se limita a mantener esa fórmula. Y cuando llega In Life and On Planes, FENNE LILY decide cerrar el recorrido con una canción mucho más desnuda, construida alrededor de su voz y dos guitarras, una de ellas interpretada por el propio Skinner. Una decisión acertadísima que nos recuerda que una buena canción también puede sostenerse con los elementos más esenciales. El final funciona como un epílogo íntimo después de todo lo que hemos escuchado.
En cuanto a la recepción crítica, WIN WIN ha obtenido una media aproximada de 76 sobre 100, con puntuaciones de 80/100 en Under the Radar, Spill Magazine y Uncut, 70/100 en AllMusic y 67/100 en Paste. Una recepción favorable, aunque con diferencias apreciables entre publicaciones. Podemos entender que determinados aspectos del disco no hayan despertado el mismo entusiasmo en todos los críticos, pero nos cuesta compartir una valoración que no termine de reconocer la calidad de sus composiciones, la riqueza de sus arreglos y el extraordinario trabajo de producción. En ocasiones, determinados discos de indie folk necesitan una escucha más reposada para que sus matices terminen apareciendo. WIN WIN es precisamente uno de ellos.
Nuestra valoración es de 100 sobre 100. Y no es una puntuación que concedamos únicamente por la belleza de unas cuantas canciones o por la conexión emocional que hayamos podido establecer con ellas. Es la consecuencia de encontrar un álbum en el que absolutamente todo parece sumar. La voz de FENNE LILY, la personalidad de sus composiciones, la calidez de los instrumentos, las armonías vocales, la producción compartida con Sam Skinner y una secuenciación que convierte la escucha completa en una experiencia difícil de interrumpir. Pero, por encima de todo, hay verdad. WIN WIN nos devuelve esa sensación de familiaridad que asociamos a los discos realmente especiales, aquellos que parecen haber estado esperándonos desde siempre. Quizás no alcance la condición de obra maestra que atribuimos a Chinatown, pero se acerca a ese territorio como muy pocos discos lo han conseguido. Y cuando un álbum consigue hacernos sentir así, cuando después de escucharlo de principio a fin volvemos a tener ganas de empezar de nuevo, sabemos que estamos ante algo extraordinario.
MEJORES MOMENTOS: Uh Huh, Thank You Sorry, Stranger Things, Franz, Room To Room, Sleeping, In Life and On Planes
MEDIA CRÍTICA: 76/100
NUESTRA VALORACIÓN: 100/100



















































































