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martes, 18 de agosto de 2026

MAGGIE ROSE SIEMPRE IMPRESCINDIBLE.

 


MAGGIE ROSE lanzó este fin de semana su quinto álbum de estudio HALF MOON. No One Gets Out Alive (2024) es, para nosotros, su mejor álbum. Aquel disco supuso un punto de inflexión en su carrera y reunió muchas de las cualidades que Maggie había ido mostrando en sus trabajos anteriores: una voz extraordinaria, canciones sólidas y una manera muy particular de moverse entre la Americana, el country, el soul, el rock y el pop sin que ninguno de esos territorios pareciera prestado. 

Lo que ocurrió alrededor de aquel álbum también merece ser contado. Maggie llegó al sello discográfico Big Loud con No One Gets Out Alive ya terminado. La compañía adquirió el álbum y se encargó de publicarlo en 2024, pero la relación terminó poco después del lanzamiento. Maggie abandonó el sello y se encontró ante una situación bastante poco habitual para una artista que acababa de publicar el que probablemente era el disco más importante de su carrera. 

Cuando llegó el momento de presentar el álbum a los Grammy, no tenía detrás una gran compañía discográfica haciendo una campaña para conseguir una nominación. Fue ella misma quien presentó No One Gets Out Alive a consideración, junto con el pequeño equipo que trabajaba con ella. No sabemos cuánto peso tuvo cada una de esas acciones en la decisión final de la Academia, pero el resultado está ahí: Maggie consiguió una nominación a Mejor Álbum de Americana en una reñidísima categoría en la que también estaban T Bone Burnett, Charley Crockett, Sarah Jarosz, Sierra Ferrell y Waxahatchee

No ganó. El premio fue para Sierra Ferrell. Pero aquella nominación tenía una importancia enorme para MAGGIE ROSE, precisamente porque llegó después de haber tenido que defender el álbum prácticamente por sus propios medios. Y quizás también porque confirmó algo que quienes llevábamos tiempo escuchándola ya sabíamos: aquella artista que todavía aparentaba ser pequeña para determinados escenarios, había hecho un disco que no solo merecía estar allí. Hubiera merecido ser nominado también en la categoría de Album Of The Year. Para nosotros, además, No One Gets Out Alive terminó ocupando el número 8 de nuestra lista de los cien mejores álbumes de 2024.

Con todo eso detrás, era lógico que HALF MOON llegara acompañado de expectativas. Después de cuatro o cinco escuchas, nuestra impresión es que Maggie ha respondido haciendo algo bastante sensato: no ha intentado repetir el disco anterior. HALF MOON tiene su propia personalidad y una sonoridad especialmente amplia. Hay canciones que se abren de una manera casi cinematográfica, arreglos que crecen hasta hacerse enormes y una cierta grandilocuencia que, afortunadamente, está muy bien medida.

Los productores tienen mucho que ver en ello. Lawrence Rothman y Daniel Tashian han sido una elección excelente. El disco nació, además, de las sesiones de composición que Maggie compartió con Tashian, y se nota que existe una relación muy natural entre las canciones y el tratamiento que reciben después. No parece que los arreglos hayan sido colocados encima del material para hacerlo más espectacular. Están ahí porque forman parte de la personalidad que Maggie quería darle al álbum. 

Y esa amplitud sonora nos lleva inevitablemente a Dusty Springfield. Hemos hablado muchas veces de cómo las grandes cantantes pueden hacer que una canción parezca sencilla incluso cuando detrás hay una producción enorme. Dusty era una maestra en eso. Podía tener una orquesta entera detrás y conseguir que todo desapareciera cuando empezaba a cantar. Lo que quedaba era la canción y su interpretación. MAGGIE ROSE tiene mucho de esa escuela. 

También nos recuerda, aunque por caminos diferentes, a Linda Ronstadt. No porque suenen igual, sino por esa capacidad para moverse entre estilos sin que parezca que están buscando una identidad distinta para cada uno. Ronstadt podía pasar del country al rock, del pop a la música tradicional, y seguía siendo ella. Maggie puede hacer algo parecido dentro de su propio territorio. 



Lo más interesante es que tiene una voz que permitiría muchos más excesos. Maggie podría llenar cada estribillo de adornos, hacer demostraciones vocales y convertir cualquier canción en una exhibición. No lo hace. Prefiere interpretar. Una palabra, una respiración, un pequeño cambio en la manera de atacar una frase pueden ser suficientes. Consigue decir mucho con muy poco y esa es, probablemente, una de las razones por las que sus mejores canciones tienen tanta capacidad para permanecer. 

En HALF MOON esa cualidad sigue intacta. Incluso cuando la producción crece, cuando aparecen los arreglos más ambiciosos, Maggie nunca parece estar compitiendo con ellos. Su voz continúa siendo el centro sin necesidad de imponerse. Y las canciones responden. No todas producen el mismo impacto inmediato que algunas de las mejores de No One Gets Out Alive, pero después de varias escuchas empiezan a aparecer detalles y momentos memorables que permanecen. 

El disco tiene suficiente buen material como para que la sensación inicial vaya creciendo. Quizás el álbum anterior apareció en un momento especialmente favorable de la carrera de Maggie, cuando todavía existía esa sensación de descubrimiento y todo parecía estar ocurriendo al mismo tiempo. Ahora llega después de una nominación al Grammy y con la obligación, inevitable aunque nadie se la haya impuesto formalmente, de seguir avanzando. 

Eso hace que la comparación sea complicada. HALF MOON no necesita demostrar que MAGGIE ROSE sabe hacer un gran disco. Eso ya lo sabemos. Lo que intenta es ampliar el espacio en el que puede moverse, y en buena medida lo consigue. 

Hay, sin embargo, una cuestión que nos preocupa: la recepción crítica. En el momento de escribir esta reseña, HALF MOON continúa apareciendo como NR en el agregador de referencia AOTY y apenas está teniendo presencia en los grandes medios especializados. -Si eso cambia en los próximos días, actualizaremos esta reseña-. Para una artista independiente como Maggie, esa falta de atención puede ser importante. No porque una cifra en un agregador determine la calidad de un álbum, sino porque la conversación crítica ayuda a que un disco encuentre nuevos oyentes. Y MAGGIE ROSE todavía necesita nuevos oyentes. 

Por eso hemos decidido publicar esta reseña antes que otras de los lanzamientos de esta semana que han tenido mucha más atención mediática. No es una cuestión de comparar unos discos con otros ni de restar importancia a nadie. Es sencillamente que Maggie ya nos demostró con No One Gets Out Alive que puede hacer un álbum extraordinario sin disponer de una gran maquinaria detrás. Nos parece injusto que HALF MOON corra el riesgo de pasar desapercibido por la falta de esa misma atención. 

Ahora volvemos a encontrarnos con una artista que sigue teniendo una voz excepcional, una personalidad muy definida y un repertorio que merece mucha más atención de la que está recibiendo. No creemos que HALF MOON sea peor que No One Gets Out Alive. Aquel disco tuvo una magia difícil de reproducir. Pero tampoco creemos que eso deba utilizarse como medida para infravalorar este nuevo trabajo. 

HALF MOON es un gran álbum. Tiene canciones francamente buenas, una producción magnífica y una sonoridad amplia que Maggie sabe llevar a su terreno. Y, sobre todo, tiene una cantante que puede enfrentarse a una producción de estas dimensiones sin perder nunca la naturalidad que la hace especial.

Tenemos la sensación de que será un disco que crecerá con el tiempo. Nos ocurrió con No One Gets Out Alive y creemos que puede volver a ocurrir de nuevo. El disco tiene un excelente arranque con Used To It. Hay canciones como Red Shoes, The Mission, The Other Woman o Weekend Lover que llevan su seña de identidad. Solo las podría cantar ella y, por si fuera poco, en su mitad final nos encontramos a una MAGGIE ROSE en su mayor explendor con emocionantes baladas perfectamente interpretadas como Hiding In Plain Sight, Gentle man o This Life. Por eso hemos decidido darle la misma valoración que le dimos a su anterior trabajo: un 90 sobre 100. MAGGIE ROSE sigue siendo una de esas artistas que consiguen mucho con muy poco. Y quizá lo único que necesita HALF MOON ahora mismo sea algo tan sencillo como que más gente se detenga a escucharlo. Merece la pena. 



MEJORES MOMENTOS: Red ShoesHiding In Plain Sight, Gentle man, This Life, Weekend Lover, The Mission, Used To It...  

MEDIA CRÍTICA:---

NUESTRA VALORACIÓN: 90/100

viernes, 14 de agosto de 2026

LUCIA & THE BEST BOYS: ALGO SE MUEVE EN GLASGOW.


 

Hay algo que nos ha pasado con PICKING PETALS de LUCIA & THE BEST BOYS que no sucede tan a menudo como nos gustaría. La primera escucha terminó y ya sabíamos que estábamos ante un disco importante. No habíamos prestado todavía demasiada atención a las letras ni habíamos separado mentalmente las canciones; simplemente habíamos dejado que el álbum funcionara como un todo, que es como creemos que debe escucharse un disco por primera vez. Y la sensación fue muy clara: de un 90/100 no iba a bajar. Tendréis que seguir leyendo para saber lo que pasó después. 

Llegó la segunda escucha. Esa vez si que nos fijamos en las canciones individualmente, en sus melodías, en los cambios de registro, en las voces y en esos pequeños detalles que aparecen cuando dejamos de escuchar un álbum como una única pieza. Y aquí es donde PICKING PETALS nos ha ganado definitivamente. Porque no solamente funciona como conjunto. Las canciones también funcionan por separado. Y no encontramos ninguna que sobre o esté ahí para rellenar. 

LUCIA & THE BEST BOYS son una banda de Glasgow liderada por Lucia Fairfull, junto a Ally Scott, Christopher Ballantyne y Adam Campbell. El proyecto comenzó en 2017 bajo el nombre de LUCIA y fue creciendo alrededor de la figura de Fairfull hasta convertirse en una de las propuestas más interesantes de la escena alternativa escocesa. Después de varios lanzamientos, en 2023 llegó Burning Castles, un debut que ya dejaba claras las inquietudes de la banda. Pero algo nos dice que PICKING PETALS no parece querer repetir aquella fórmula. 

El cambio de dirección se nota prácticamente desde el principio. Si Burning Castles tenía una construcción más contenida, electrónica y muy apoyada en patrones rítmicos, aquí encontramos una banda que quiere ampliar su sonido. Hay más guitarras, más músculo, más espacio y una producción que parece pensada para trasladar al estudio algo de la energía que LUCIA & THE BEST BOYS han ido desarrollando sobre los escenarios. 

No es simplemente un segundo álbum más ambicioso. Es un álbum que parece haber encontrado una idea mucho más clara de lo que quiere ser.  

Las etiquetas que podemos utilizar para describir PICKING PETALS son muchas: Pop Rock, Indie Pop, New Wave, Big Music, Alt-Pop, Synthpop y Glam Rock. Y lo curioso es que ninguna resulta especialmente extraña cuando escuchamos el disco completo. 

El pop está en las melodías y en la facilidad con la que muchas canciones se quedan en la cabeza. El rock aparece en las guitarras y en la energía de la banda. La New Wave y el Synthpop forman parte de la arquitectura de buena parte del álbum, mientras que el Glam Rock aparece más en la actitud y en esa voluntad de convertir las canciones en algo teatral y grande. 

Y después está esa idea de Big Music. Una expresión que aquí encaja especialmente bien porque PICKING PETALS parece tener constantemente la mirada puesta en escenarios más grandes. Hay canciones que no solo quieren ser escuchadas: quieren ser coreadas. 

Eso explica también nuestra impresión de que este puede ser un disco con posibilidades comerciales importantes. No estamos hablando de hacer música convencional para conseguir un éxito. Lo que ocurre es que LUCIA & THE BEST BOYS han encontrado una manera de hacer canciones accesibles sin que parezcan diseñadas en un laboratorio. 

Las letras se mueven por territorios bastante humanos: relaciones, deseo, soledad, vulnerabilidad, pérdida, identidad y todas esas contradicciones que aparecen cuando intentamos entender lo que sentimos. La música, en cambio, muchas veces decide mirar hacia arriba. Esa combinación entre unas narrativas emocionales y una sonoridad expansiva es una de las características que mejor definen el álbum. 

Yves Rothman tiene mucho que ver con ese sonido. Su producción consigue que PICKING PETALS tenga dimensiones grandes sin convertirlo en un disco excesivamente pesado. Hay espacio para los sintetizadores, para las guitarras, para la batería y, por encima de todo, para la voz de Lucia. 

La grabación se realizó en Castle of Doom, el estudio de Mogwai en Glasgow, y esa elección también parece significativa. El disco suena moderno, pero no da la sensación de haber perdido la personalidad de una banda que procede de una escena concreta y de una ciudad con una tradición musical tan reconocible. 

En la composición encontramos a Lucia Fairfull acompañada por otros once coautores. Entre los nombres que más aparecen están Calum Stewart y Haydn Park-Patterson. La cantidad de colaboradores no hace que el álbum pierda identidad porque la voz compositiva de Lucia sigue siendo perfectamente reconocible. Las colaboraciones vocales, además, están muy bien elegidas. Lauren Mayberry, de CHVRCHES, aparece en Lonely Girl, aportando una segunda voz que encaja perfectamente con el universo synthpop del álbum. Y después tenemos a Abigail Morris, de The Last Dinner Party, en Big Romance






Esta colaboración funciona de maravilla. No parece una de esas canciones en las que se busca una invitada conocida para llamar la atención sobre un single. Abigail Morris está dentro de la canción, no por encima de ella. Las dos voces aportan algo diferente y el resultado tiene una intensidad que convierte Big Romance en uno de los momentos más especiales del disco. Además, hay algo de verdad en esa canción que se percibe incluso sin conocer su historia. Y eso es muy difícil de conseguir. 

Podríamos hablar de Lonely Girl, Big Romance o Back Inside My Heart y hacer una reseña basada en tres singles. Sería injusto con el álbum. Porque una de las cosas que más nos han sorprendido es precisamente la cantidad de canciones potentes que hay aquí. 

Back Inside My Heart es un buen ejemplo. Lucia empieza jugando con su voz y durante unos segundos aparece una asociación inesperada con Marina and the Diamonds. Es solo un instante, un pequeño espejismo que desaparece enseguida. Después aparece otra referencia mucho más curiosa: Roxette. No porque LUCIA & THE BEST BOYS suenen a Roxette, ni porque estemos diciendo que exista una influencia concreta. Es simplemente esa sensación de pop sofisticado, melódico, enorme y perfectamente construido que durante unos segundos nos hizo pensar en el dúo sueco. Y precisamente por ser una asociación tan fugaz resulta interesante. 

Después el disco sigue avanzando y aparecen canciones que podrían sonar perfectamente en una emisora de radio sin perder su identidad. Lonely Girl tiene esa capacidad. Big Romance todavía más.

Pero para nosotros hay una canción que se ha ido haciendo cada vez más grande con las escuchas: Better For The Worse. Es probablemente nuestro momento favorito del álbum. Tiene esa mezcla de emoción y melodía que hace que una canción pueda gustarnos desde el primer momento y, al mismo tiempo, siga creciendo después de varias escuchas. No necesita una colaboración, ni una producción espectacular que reclame nuestra atención. La canción se sostiene por sí misma. 

Y eso ocurre una y otra vez. Wolf Cry, You Look Like Somebody In Love, Ephemeral, Forgot The Arrow o la propia Picking Petals tienen personalidad suficiente para que podamos diferenciarlas rápidamente, pero ninguna rompe la unidad del álbum. 

Esta es una cuestión especialmente importante. Hay discos muy cohesionados que funcionan magníficamente como una pieza completa pero cuyas canciones se confunden entre sí. Aquí sucede lo contrario. PICKING PETALS funciona como un todo y, cuando empezamos a conocerlo, descubrimos que sus canciones tienen vida propia. Por eso no sobra ninguna. Y por eso resulta tan difícil escoger solo dos o tres para explicar lo que hace bueno al disco. 

La crítica también ha recibido PICKING PETALS con bastante entusiasmo. La media de las valoraciones se sitúa en un 77 sobre 100, distribuida de la siguiente manera: Far Out Magazine le concede un 100/100; The Skinny y Dork, un 80/100; DIY y Uncut, un 70/100; y MusicOMH, un 60/100. 

La lectura de estos números es bastante sencilla. Tenemos una recepción general claramente positiva y ninguna valoración negativa, aunque existe cierta diferencia en la magnitud del entusiasmo. Desde la máxima puntuación de Far Out Magazine hasta el 60/100 de MusicOMH, todas las críticas parecen reconocer que estamos ante un paso adelante. 

Y hay un dato que nos parece especialmente interesante: PICKING PETALS supera en tres puntos la media de Burning Castles. El debut no consiguió ningún 100/100, mientras que este segundo trabajo sí ha recibido la máxima puntuación de una publicación. No estamos, por tanto, ante una continuación que simplemente mantiene el nivel. Hay una parte de la crítica que está viendo en este álbum un salto importante. 

Nosotros lo vemos todavía más claro. Nuestra nota para PICKING PETALS es un 100 sobre 100. Y no porque hayamos encontrado una canción perfecta que nos haya hecho subir artificialmente la valoración que pensábamos inicialmente de todo el álbum. Precisamente ocurre lo contrario. Primero nos convenció el disco como un todo. Después empezamos a distinguir las canciones y descubrimos que no había ninguna que quisiéramos saltar. 

Y cuando un disco termina y lo primero que queremos hacer es volver a ponerlo desde el principio, algo está funcionando. Durante el proceso de redactar esta reseña, nos pasamos la tarde escuchándolo en bucle. 

Eso nos lleva a pensar en esos álbumes que terminan formando parte de nuestra vida de una manera mucho más duradera que la mayoría. Rumours de Fleetwood Mac es uno de ellos. Un disco al que volvemos una y otra vez, del que conocemos cada canción y que, incluso después de cientos de escuchas, sigue teniendo un lugar reservado cuando queremos volver a él. 

PICKING PETALS acaba de llegar y sería absurdo compararlo todavía con un disco de semejante categoría histórica. Pero sí podemos decir algo más sencillo: tiene esa cualidad que hace que queramos seguir escuchándolo. No sobra nada. Las canciones son diferentes, pero pertenecen al mismo universo. Hay pop, rock, synthpop, new wave, glam y una evidente vocación de hacer algo grande. Hay canciones para descubrir a la primera escucha y otras que crecen después. Hay colaboraciones que aportan de verdad y una producción que hace que todo parezca más grande de lo que era cuando empezó. Y, sobre todo, hay grandes canciones. Muchas. Quizás demasiadas para un solo disco. Y eso, en este caso, es exactamente lo que necesitábamos.



MEJORES MOMENTOS: Lonely Girl, Back Inside My Heart, Better For The Worse, Ethereal, You Look Like Somebody In Love, Big Romance... 

MEDIA CRÍTICA: 77/100

NUESTRA VALORACIÓN: 100/100

martes, 11 de agosto de 2026

ROWENA WISE: MÚSICA PARA SANAR.

 


Cuando ROWENA WISE publicó Senseless Acts of Beauty (2024) -un álbum al que le otorgamos un 100/100 y que entró en el Top14 de nuestra lista de los 100 mejores álbumes de su año de producción-, lo más sorprendente no era únicamente la calidad de sus canciones, sino la madurez con la que estaban escritas. Era un debut excepcional, un álbum que parecía llegar después de muchos años de experiencia y no como el primer paso de una artista todavía buscando su identidad. 

Aquel disco estaba construido alrededor de una ruptura y de todas las emociones contradictorias que deja detrás: pérdida, nostalgia, dolor, aceptación y la difícil tarea de reconstruirse después de una experiencia que te cambia. Pero lo realmente extraordinario era que Wise no se limitaba a contar una historia personal; conseguía convertir esas emociones en canciones universales, llenas de detalles y matices. 

Con BAD THINGS FEEL GOOD* la narrativa cambia. Ya no parece un disco definido por una herida concreta, sino por una mirada más amplia sobre las contradicciones de la vida. Wise se adentra en relaciones complejas, salud mental, identidad, desamor y en aceptar la imperfección, pero sin plantearlo como una simple historia de superación. El propio título, acompañado de ese asterisco que funciona casi como una nota al pie, resume muy bien la filosofía del álbum: las experiencias difíciles no son únicamente negativas; también pueden contener aprendizaje, belleza e incluso momentos inesperadamente luminosos. 

Y, como ya ocurrió en su debut, ROWENA WISE vuelve a contar con Robert Muiños en la producción. La continuidad entre ambos trabajos no es un detalle menor: juntos han desarrollado una forma de entender la canción basada en la confianza absoluta en la composición. Muiños no busca imponer una firma sonora por encima de la artista, sino encontrar el espacio exacto donde las canciones pueden fluir.

Lo que vuelve a impresionar en BAD THINGS FEEL GOOD* es la escritura de ROWENA WISE. Sus letras tienen una precisión poco habitual. No necesita recurrir a grandes declaraciones emocionales ni a frases diseñadas para provocar una reacción inmediata. Su fuerza está en los detalles, en las imágenes concretas y en esa capacidad para encontrar profundidad en situaciones aparentemente sencillas. 

Hay artistas jóvenes con mucho talento, pero no todos llegan con una identidad definida. Wise no transmite la sensación de estar buscando un estilo, sino la de haber encontrado ya una manera propia de mirar el mundo. Esa es quizá la diferencia entre una compositora prometedora y una compositora verdaderamente especial: no se trata únicamente de escribir buenas canciones, sino de que esas canciones parezcan pertenecer únicamente a quien las ha escrito. 

Una parte fundamental de la grandeza de BAD THINGS FEEL GOOD* está en la producción de Robert Muiños. Su trabajo vuelve a demostrar que producir no consiste necesariamente en añadir elementos, sino en saber qué elementos son realmente necesarios. Además, fue grabado en directo durante tres días en The Ratshack de Collingwood junto a la banda, capturando la energía de los músicos tocando juntos y el propio Muiños se involucró tocando algunos instrumentos durante la grabación.

Y es que Muiños no llega a este disco como un productor externo contratado para la ocasión; es parte de la ecuación creativa desde el primer álbum. La continuidad con Senseless Acts of Beauty es fundamental. El primer disco no solo fue excepcional por las canciones de Wise, sino porque encontró una forma de presentarlas al mundo. Repetir con Muiños en el segundo álbum no es repetir una fórmula: es profundizar en un lenguaje que ambos ya habían desarrollado. 

En una época en la que muchas producciones buscan corregir, ampliar y llenar cada espacio, Muiños apuesta por algo mucho más difícil: conservar la humanidad de una interpretación. Su trabajo no consiste en añadir capas, sino en encontrar el punto exacto donde la canción ya está completa. Y para nosotros, ese es el tipo de producción que más valoramos. La que sabe entender mejor las necesidades del artista y lo que quiere expresar. 





La voz de Wise siempre ocupa el lugar adecuado. Las guitarras, los teclados y los arreglos amplían el mundo de las canciones, pero nunca compiten con ellas. La producción no intenta convertir pequeños momentos en grandes gestos artificiales; permite que la emoción surja de la propia interpretación. Es una cualidad difícil de encontrar: un productor capaz de aportar una enorme personalidad precisamente porque sabe cuándo desaparecer. 

Lo más sorprendente de ROWENA WISE quizás sea la madurez artística que transmite. La comparación con Aimee Mann no nace de una similitud sonora, sino de una forma de entender la composición. No recuerda a la Aimee Mann de sus primeros años, sino a la artista madura de Mental Illness (2016), una de sus gemas más refinadas. A esa etapa en la que cada palabra, cada melodía y cada arreglo parecen colocados exactamente donde deben estar. 

Es una comparación exigente, porque hablamos de una compositora que ha construido una carrera basada en la precisión y en la inteligencia emocional de sus canciones. Pero eso es precisamente lo que sorprende de Wise: siendo una artista tan joven, transmite una seguridad creativa que normalmente asociamos con músicos que llevan décadas desarrollando su lenguaje. 

Su madurez no consiste en un sonido concreto que nos recuerde a otros tiempos, sino en tener criterio. En saber qué necesita una canción y, sobre todo, qué no necesita.  

Uno de los grandes logros de BAD THINGS FEEL GOOD*  es su equilibrio. El álbum funciona como una obra completa, con una coherencia interna muy clara, pero al mismo tiempo cada canción tiene entidad propia. 

No hay momentos que parezcan estar ahí únicamente para completar el conjunto. Cada composición aporta algo al recorrido general y cada arreglo parece responder a una necesidad concreta. Esa combinación entre cohesión y fuerza individual es una de las características más difíciles de conseguir. Muchos discos pueden reunir buenas canciones; menos consiguen que esas canciones formen parte de un todo con sentido. BAD THINGS FEEL GOOD* pertenecería a esa categoría de álbumes en los que las escuchas posteriores no revelan defectos, sino nuevos matices. 

Resulta llamativo que un álbum de esta calidad vuelva a recibir tan poca atención mediática. Hasta el momento, el único medio de referencia que ha publicado una reseña de BAD THINGS FEEL GOOD*  es Uncut, que le ha otorgado un 80/100, exactamente la misma y única valoración que recibió Senseless Acts of Beauty y también procedía de Uncut. En España es probable que el único blog que haya hablado de ROWENA WISE y haya reseñado sus discos seamos nosotros. Con el tiempo, nos hemos vuelto un blog curatorial.  

Un 80/100 es una gran puntuación en muchos medios y reconoce la calidad de un trabajo notable. Sin embargo, en un caso como este, parece quedarse corto frente a un álbum cuya mayor virtud es precisamente la ausencia de puntos débiles: está magníficamente escrito, producido con sensibilidad, tiene una enorme cohesión y confirma una voz artística propia. La escasa cobertura crítica no parece corresponderse con la dimensión de la obra. 

ROWENA WISE no es simplemente una artista con potencial; con sus dos primeros álbumes ya ha construido una discografía que merece ser escuchada con la misma atención que otros nombres mucho más establecidos. BAD THINGS FEEL GOOD*  confirma que Senseless Acts of Beauty no fue una excepción ni un golpe de inspiración aislado. Fue el comienzo de una trayectoria que, si mantiene este nivel, puede convertir a ROWENA WISE en una de las grandes compositoras de su generación. Nosotros le otorgamos un 100 sobre 100 a su álbum debut y mantenemos esa nota para su segundo trabajo. Creemos que este mundo sería mucho mejor si discos como este estuvieran en la conversación crítica, acaparasen premios y tuvieran un lugar privilegiado en todas las listas de los mejores álbumes del año. En la nuestra, tened por seguro que estará.  



MEJORES MOMENTOS: Como habéis visto en la reseña no se ha nombrado ninguna canción. Es que TODAS son excelente. Es para escuchar el álbum de principio a fin y sin usar el orden aleatorio.

MEDIA CRÍTICA: 80/100

NUESTRA VALORACIÓN: 100/100


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