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viernes, 21 de agosto de 2026

PHOEBE BRIDGERS: LOST WEEKEND NO ES UNA OBRA MAESTRA.

 



LOST WEEKEND es el tercer álbum de PHOEBE BRIDGERS y se perfila como uno de los álbumes que acabarán liderando todas las listas de los mejores álbumes del 2026 y acaparará un buen puñado de nominaciones al Grammy, incluyendo la de álbum del año. La crítica ha contribuido otorgándole un 92 sobre 100 de media distribuida de la siguiente manera. Medios como NME, Far Out Magazine, The Forty Five, The Arts Desk, Dork, The Telegraph, Northern Transmissions, The Skinny o The Guardian le han otorgado el 100/100, la máxima puntuación. Still Listening y Spectrum Culture 95/100; Paste y Consequence Of Sound 91/100; Exclaim!, Under The Radar, Rolling Stone, Sputnikmusic, Slant Magazine y The Line Of Best Fit 90/100; Beats Per Minute 85/100; Pitchfork 84/100; Hot Press, The Irish Times, Clash, DIY, Mojo y Uncut 80/100 y la única valoración un tanto disidente del consenso es la de No Ripcord con un 60/100. 

El consenso crítico es difícil de discutir. LOST WEEKEND ha llegado rodeado de una unanimidad que lo coloca directamente entre los grandes discos del año. Y precisamente por eso merece la pena detenerse un poco en ella. La crítica generalista tiene debilidad por determinados conceptos y la experimentación es uno de ellos. También el riesgo, la evolución, la ruptura con el sonido anterior y esa sensación de que estamos asistiendo a una nueva etapa en la carrera de un artista. No es necesariamente algo malo, pero sí bastante previsible. 

Si PHOEBE BRIDGERS hubiera hecho otro Punisher (2020), aunque fuera un Punisher todavía mejor, probablemente no estaríamos viendo estas notas. LOST WEEKEND hace justo lo contrario: no sigue los esquemas de sus trabajos anteriores, introduce nuevas texturas, juega con la producción y busca territorios en los que Bridgers no había estado antes. Es un caramelito para los críticos. 

Y Bridgers no es tonta. Conoce como nadie este negocio y sabe perfectamente qué significa presentar un disco que se aleja de lo que funcionó anteriormente. No estamos diciendo que haya hecho LOST WEEKEND para contentar a la crítica ni que exista ningún tipo de conspiración. Lo que decimos es que ha entregado un disco que contiene muchas de las cosas que la crítica contemporánea adora premiar.

Lo que queda en el aire es si lo ha hecho a propósito. Quizás Bridgers quería hacer exactamente este disco. Quizás necesitaba alejarse de Punisher. Quizás le apetecía experimentar y probar hasta dónde podía llevar sus canciones. O quizás habría preferido hacer otro Punisher mejorado, pero sabía que repetir aquella fórmula podía interpretarse como falta de evolución. Nosotros, desde luego, habríamos preferido esa última opción. 

Nos ha costado muchísimo conectar con LOST WEEKEND. Las cinco primeras escuchas las hicimos sin auriculares, que es como solemos escuchar música, y la experiencia fue bastante fría. The Outside, la canción que abre el álbum, tampoco ayudó. Ese vocoder nos resulta directamente insoportable e innecesario. No conectamos con la canción, no conectamos con el recurso y el resto del disco tampoco consiguió convencernos demasiado durante esas primeras escuchas. 

Hasta que llegó un momento en el que pensamos: ¿y si usamos los auriculares? 

Y fue entonces cuando por fin conectamos con LOST WEEKEND. Los detalles empezaron a aparecer, las capas de producción adquirieron otra dimensión y entendimos mucho mejor qué estaba haciendo Bridgers. Es un disco que se beneficia muchísimo de una escucha atenta y, en nuestro caso, los auriculares fueron la diferencia entre permanecer fuera y empezar a entrar en él.

Musicalmente, LOST WEEKEND se mueve por terrenos bastante más amplios que los que asociamos habitualmente con Bridgers. Sigue estando el indie folk y bajo el marco de cantautora que es la columna vertebral de su música, pero alrededor aparecen la folktrónica, la americana, el indie rock y diferentes formas de ambient y ambient pop. No es que de repente Bridgers se haya convertido en una artista electrónica ni que haya abandonado las guitarras y las canciones de toda la vida. Lo que ha hecho es cambiar la manera de envolverlas. Hay sintetizadores, voces procesadas, programaciones, capas ambientales, cambios de textura y arreglos que en ocasiones hacen que las canciones parezcan suspendidas en el aire. Es ahí donde está buena parte de la experimentación del disco: no tanto en haber inventado algo que no existía, sino en coger elementos que ya conocíamos de Bridgers y llevarlos a lugares bastante más extraños. Algunas veces funciona de maravilla y otras nos hace echar de menos la sencillez de Punisher. Y quizás esa sea la mejor manera de entender LOST WEEKEND: no estamos ante una ruptura radical con la PHOEBE BRIDGERS que conocíamos, sino ante una artista que ha decidido poner sus canciones dentro de un paisaje sonoro mucho más amplio. 

Aquí Jack Antonoff tiene bastante que decir. Nosotros llevamos tiempo llamándolo vampiro. Antonoff tiene esa capacidad de imprimir una personalidad muy reconocible a los discos que produce y, en ocasiones, parece que el artista termina entrando en su universo en lugar de ocurrir al revés. En  LOST WEEKEND no ha conseguido vampirizar por completo a Bridgers. Ella sigue siendo demasiada Bridgers como para desaparecer detrás de una producción ajena. Pero se nota que es la mano que mece la cuna de buena parte de esta experimentación. Junto a PHOEBE BRIDGERS, Tony Berg y Ethan Gruska, -El equipo que ha producido sus dos discos anteriores- Antonoff se une como elemento discordante y novedoso e introduce buena parte de ese componente más juguetón, electrónico y expansivo que diferencia al álbum de sus trabajos anteriores. 

Y no hay que subestimarlo. Después de tantos años apareciendo en discos de artistas muy tops, podía dar la sensación de que Antonoff había llegado a un punto en el que ya había hecho prácticamente todo lo que tenía que hacer. Taylor Swift y Lorde han prescindido de él en sus trabajos más recientes y su presencia parecía haber dejado de ser tan inevitable como lo había sido durante una época. Su participación en LOST WEEKEND vuelve a ponerlo en primera línea y demuestra que todavía puede ser una pieza importante cuando encuentra a una artista dispuesta a jugar con él. 

El problema es que experimentar no siempre significa hacer mejores canciones. Y nuestras canciones favoritas del disco son precisamente aquellas en las que encontramos a la PHOEBE BRIDGERS de siempre pero siendo otras "Phoebes Bridgers". Lost Boys, Bobby y Kill Me son las tres que más nos gustan. No porque sean necesariamente las más parecidas a Punisher, sino porque en ellas la experimentación no se come a las canciones. Sigue estando la compositora que conocemos, pero haciendo cosas diferentes. 

Porque el plato fuerte de Bridgers son las letras. Lo que hace dentro del pop confesional está a años luz de lo que hacen muchas de sus imitadoras. No queremos desmerecer a nadie, pero resulta difícil no preguntarse cómo Gracie Abrams se atreve a hacer lo que está haciendo últimamente existiendo PHOEBE BRIDGERS. Y no queremos convertir esto en uno de esos relatos de fandom en los que los artistas parecen vivir en una adolescencia narrativa permanente y cada relación sentimental se convierte en una nueva pieza del argumento. 

Que Abrams sea la nueva novia del ex de Bridgers es una anécdota. No nos interesa especialmente. Lo que sí nos interesa es que Bridgers ha demostrado que se puede escribir sobre relaciones, rupturas, pérdidas o nuevas parejas sin quedarse en la superficie de la experiencia personal. En sus mejores canciones hay algo más que una confesión. Hay ironía, contradicciones, detalles incómodos y una capacidad extraordinaria para encontrar algo universal en una experiencia muy concreta.




En LOST WEEKEND vuelve a demostrarlo. La pérdida de su padre es uno de los asuntos en los que más se nota que todavía hay asignaturas pendientes. Lo que escuchamos nos transmite que no tenían una buena relación y que Bridgers se ha quedado con mucha ponzoña dentro. Y precisamente por eso el disco no intenta convertir esa pérdida en una historia sentimental limpia. Hay dolor, pero también distancia, resentimiento y contradicciones. 

Creemos que profundiza bastante en ello, pero tampoco nos sorprendería que volviera al tema en el futuro. Quizás sea una de esas relaciones que proporcionan material para más de un disco. Hay cosas que no se resuelven simplemente porque la persona con la que teníamos el conflicto ya no esté. 

También resulta interesante la nómina de colaboradores compositivos. Christian Lee Hutson, Alex G, Damien Jurado -una elección bastante sorprendente, que nos ha encantado- y Lucy Dacus aparecen junto a Bridgers. Los que firman más canciones son la propia Bridgers, Hutson y Marshall Vore, mientras que Bo Burnham también participa en varios temas. 

Lo de Hutson es especialmente interesante porque conviene recordar que también fue uno de los colaboradores importantes de Maitreya Corso (2026), el último disco de Maya Hawke. Allí trabajó con ella en la composición y producción, pero el resultado tuvo una recepción crítica bastante más tibia y alguna valoración especialmente dura. No hace falta utilizar esto para cuestionar a Hawke ni para convertir a Hutson en el responsable de nada. Al contrario: sirve para recordar que tener buenos colaboradores no garantiza un gran disco. Hutson es un magnífico compositor, pero LOST WEEKEND no solo funciona porque Bridgers tenga a Hutson, a Marshall Vore, a Antonoff, a Tony Berg o a Ethan Gruska alrededor. 

Funciona porque sigue habiendo una personalidad compositiva muy fuerte en el centro de todo. Los colaboradores pueden aportar ideas, arreglos, melodías o texturas, pero la razón por la que estas canciones suenan a PHOEBE BRIDGERS sigue siendo PHOEBE BRIDGERS. Y luego está Bo Burnham. Es su pareja, sí, pero también es humorista, músico, actor y director. Su presencia en el disco no se limita a aparecer como una especie de invitado sentimental: tiene créditos de composición y participa musicalmente en varios temas. No sabemos si estaría ahí de no ser la pareja de Bridgers y tampoco tenemos por qué especular sobre ello. Lo que sí resulta llamativo es que alguien con un lenguaje artístico tan diferente participe de manera tan activa en un disco de Bridgers. 

Entre los créditos también aparece Son-John Johnson, un nombre que resulta bastante misterioso hasta que se escucha la voz y empieza a circular la identificación con Cameron Winter, el cantante de Geese. El colaborador aparece en Kill Me y I Can't Wait y el propio Winter ha jugado con el misterio sin aclararlo del todo. Lo del seudónimo, eso sí, nos parece de una pretenciosidad considerable. No se puede ser más tonto. Si la intención era esconder quién estaba detrás, no parece una estrategia especialmente brillante cuando la voz resulta perfectamente reconocible. Son-John Johnson suena además como un personaje inventado para una película de Wes Anderson. No sabemos qué necesidad había de complicarlo tanto. 

En cualquier caso, la cantidad de colaboradores encaja con la voluntad de LOST WEEKEND de abrirse y probar cosas diferentes. Y no todas nos funcionan igual. No hay ninguna canción que consideremos mala. Sí hay canciones que nos aburren. The Governor's Waltz, por ejemplo, ha gustado muchísimo y podemos entender perfectamente que haya gente que la considere una de las piezas importantes del disco. Porque habla de su ruptura con Paul Mescal y se supone que le envía un mensajito a Gracie Abrams. -...And she can pretend to be me Since she took my place in my bed on that stage I have not lost any sleep...-. A los fandoms este tipo de chismes les encanta. A nosotros nos aburren soberanamente. Cómo esta canción. 

Y aquí volvemos otra vez a Punisher. Aquel disco tenía canciones que para otras personas podían resultar aburridas y que, sin embargo, a nosotros nunca nos aburrían. Incluso en sus momentos más contenidos seguíamos completamente dentro de las canciones. En LOST WEEKEND hay ocasiones en las que podemos apreciar perfectamente lo que está haciendo Bridgers, admirar la producción, reconocer el riesgo y aun así quedarnos fuera emocionalmente. 

Esa es probablemente la diferencia fundamental entre ambos discos. No creemos que LOST WEEKEND sea peor porque experimente. El problema es que algunas de esas decisiones experimentales no nos parecen suficientes para mejorar las canciones. En ocasiones incluso ocurre lo contrario: percibimos el esfuerzo por hacer algo diferente antes que la necesidad de hacerlo. 

Y, sin embargo, sería absurdo negar las virtudes del disco. Está magníficamente escrito. Bridgers sigue teniendo una capacidad para escribir letras que muy pocos artistas de su generación pueden igualar. La producción es mucho más rica y arriesgada que en sus trabajos anteriores. Los colaboradores aportan ideas interesantes. Y, una vez que conseguimos entrar en él, descubrimos suficientes momentos extraordinarios como para entender perfectamente por qué la crítica se ha rendido a sus pies.

LOST WEEKEND es un buen disco. Es un disco notable. Es ambicioso, está muy bien producido y demuestra que PHOEBE BRIDGERS no quiere quedarse quieta. También es un álbum que mejora considerablemente cuando se escucha con auriculares y se le presta la atención que exige. Pero creemos que la crítica lo ha sobrevalorado. 

No porque sus elogios sean absurdos. Los argumentos están ahí. Lo que no compartimos es la idea de que la evolución tenga que equivaler automáticamente a una mejora. Bridgers ha decidido explorar nuevos territorios y nosotros se lo agradecemos. Pero seguimos encontrando sus mejores momentos cuando la experimentación está al servicio de las canciones y no cuando las canciones parecen estar al servicio de la experimentación.

No es Punisher. Para nosotros, tampoco está cerca. Le damos un 88 sobre 100. Y no es una mala nota. Es una nota excelente. El problema es que últimamente parece que cualquier disco que demuestra ambición, riesgo y voluntad de cambiar tiene que ser recibido como una obra maestra. Nosotros no lo vemos así. Punisher fue una obra maestra. LOST WEEKEND es un gran disco. Pero LOST WEEKEND no es una obra maestra.


MEJORES MOMENTOS: Lost Boy, Kill Me, Bobby, Haunted, I Can't Wait, Lost Weekend, Lost Weekend (Reprise), As Above, Lost Parade... 

MEDIA CRÍTICA: 92/100

NUESTRA VALORACIÓN: 88/100

martes, 18 de agosto de 2026

MAGGIE ROSE SIEMPRE IMPRESCINDIBLE.

 


MAGGIE ROSE lanzó este fin de semana su quinto álbum de estudio HALF MOON. No One Gets Out Alive (2024) es, para nosotros, su mejor álbum. Aquel disco supuso un punto de inflexión en su carrera y reunió muchas de las cualidades que Maggie había ido mostrando en sus trabajos anteriores: una voz extraordinaria, canciones sólidas y una manera muy particular de moverse entre la Americana, el country, el soul, el rock y el pop sin que ninguno de esos territorios pareciera prestado. 

Lo que ocurrió alrededor de aquel álbum también merece ser contado. Maggie llegó al sello discográfico Big Loud con No One Gets Out Alive ya terminado. La compañía adquirió el álbum y se encargó de publicarlo en 2024, pero la relación terminó poco después del lanzamiento. Maggie abandonó el sello y se encontró ante una situación bastante poco habitual para una artista que acababa de publicar el que probablemente era el disco más importante de su carrera. 

Cuando llegó el momento de presentar el álbum a los Grammy, no tenía detrás una gran compañía discográfica haciendo una campaña para conseguir una nominación. Fue ella misma quien presentó No One Gets Out Alive a consideración, junto con el pequeño equipo que trabajaba con ella. No sabemos cuánto peso tuvo cada una de esas acciones en la decisión final de la Academia, pero el resultado está ahí: Maggie consiguió una nominación a Mejor Álbum de Americana en una reñidísima categoría en la que también estaban T Bone Burnett, Charley Crockett, Sarah Jarosz, Sierra Ferrell y Waxahatchee

No ganó. El premio fue para Sierra Ferrell. Pero aquella nominación tenía una importancia enorme para MAGGIE ROSE, precisamente porque llegó después de haber tenido que defender el álbum prácticamente por sus propios medios. Y quizás también porque confirmó algo que quienes llevábamos tiempo escuchándola ya sabíamos: aquella artista que todavía aparentaba ser pequeña para determinados escenarios, había hecho un disco que no solo merecía estar allí. Hubiera merecido ser nominado también en la categoría de Album Of The Year. Para nosotros, además, No One Gets Out Alive terminó ocupando el número 8 de nuestra lista de los cien mejores álbumes de 2024.

Con todo eso detrás, era lógico que HALF MOON llegara acompañado de expectativas. Después de cuatro o cinco escuchas, nuestra impresión es que Maggie ha respondido haciendo algo bastante sensato: no ha intentado repetir el disco anterior. HALF MOON tiene su propia personalidad y una sonoridad especialmente amplia. Hay canciones que se abren de una manera casi cinematográfica, arreglos que crecen hasta hacerse enormes y una cierta grandilocuencia que, afortunadamente, está muy bien medida.

Los productores tienen mucho que ver en ello. Lawrence Rothman y Daniel Tashian han sido una elección excelente. El disco nació, además, de las sesiones de composición que Maggie compartió con Tashian, y se nota que existe una relación muy natural entre las canciones y el tratamiento que reciben después. No parece que los arreglos hayan sido colocados encima del material para hacerlo más espectacular. Están ahí porque forman parte de la personalidad que Maggie quería darle al álbum. 

Y esa amplitud sonora nos lleva inevitablemente a Dusty Springfield. Hemos hablado muchas veces de cómo las grandes cantantes pueden hacer que una canción parezca sencilla incluso cuando detrás hay una producción enorme. Dusty era una maestra en eso. Podía tener una orquesta entera detrás y conseguir que todo desapareciera cuando empezaba a cantar. Lo que quedaba era la canción y su interpretación. MAGGIE ROSE tiene mucho de esa escuela. 

También nos recuerda, aunque por caminos diferentes, a Linda Ronstadt. No porque suenen igual, sino por esa capacidad para moverse entre estilos sin que parezca que están buscando una identidad distinta para cada uno. Ronstadt podía pasar del country al rock, del pop a la música tradicional, y seguía siendo ella. Maggie puede hacer algo parecido dentro de su propio territorio. 



Lo más interesante es que tiene una voz que permitiría muchos más excesos. Maggie podría llenar cada estribillo de adornos, hacer demostraciones vocales y convertir cualquier canción en una exhibición. No lo hace. Prefiere interpretar. Una palabra, una respiración, un pequeño cambio en la manera de atacar una frase pueden ser suficientes. Consigue decir mucho con muy poco y esa es, probablemente, una de las razones por las que sus mejores canciones tienen tanta capacidad para permanecer. 

En HALF MOON esa cualidad sigue intacta. Incluso cuando la producción crece, cuando aparecen los arreglos más ambiciosos, Maggie nunca parece estar compitiendo con ellos. Su voz continúa siendo el centro sin necesidad de imponerse. Y las canciones responden. No todas producen el mismo impacto inmediato que algunas de las mejores de No One Gets Out Alive, pero después de varias escuchas empiezan a aparecer detalles y momentos memorables que permanecen. 

El disco tiene suficiente buen material como para que la sensación inicial vaya creciendo. Quizás el álbum anterior apareció en un momento especialmente favorable de la carrera de Maggie, cuando todavía existía esa sensación de descubrimiento y todo parecía estar ocurriendo al mismo tiempo. Ahora llega después de una nominación al Grammy y con la obligación, inevitable aunque nadie se la haya impuesto formalmente, de seguir avanzando. 

Eso hace que la comparación sea complicada. HALF MOON no necesita demostrar que MAGGIE ROSE sabe hacer un gran disco. Eso ya lo sabemos. Lo que intenta es ampliar el espacio en el que puede moverse, y en buena medida lo consigue. 

Hay, sin embargo, una cuestión que nos preocupa: la recepción crítica. En el momento de escribir esta reseña, HALF MOON continúa apareciendo como NR en el agregador de referencia AOTY y apenas está teniendo presencia en los grandes medios especializados. -Si eso cambia en los próximos días, actualizaremos esta reseña-. Para una artista independiente como Maggie, esa falta de atención puede ser importante. No porque una cifra en un agregador determine la calidad de un álbum, sino porque la conversación crítica ayuda a que un disco encuentre nuevos oyentes. Y MAGGIE ROSE todavía necesita nuevos oyentes. 

Por eso hemos decidido publicar esta reseña antes que otras de los lanzamientos de esta semana que han tenido mucha más atención mediática. No es una cuestión de comparar unos discos con otros ni de restar importancia a nadie. Es sencillamente que Maggie ya nos demostró con No One Gets Out Alive que puede hacer un álbum extraordinario sin disponer de una gran maquinaria detrás. Nos parece injusto que HALF MOON corra el riesgo de pasar desapercibido por la falta de esa misma atención. 

Ahora volvemos a encontrarnos con una artista que sigue teniendo una voz excepcional, una personalidad muy definida y un repertorio que merece mucha más atención de la que está recibiendo. No creemos que HALF MOON sea peor que No One Gets Out Alive. Aquel disco tuvo una magia difícil de reproducir. Pero tampoco creemos que eso deba utilizarse como medida para infravalorar este nuevo trabajo. 

HALF MOON es un gran álbum. Tiene canciones francamente buenas, una producción magnífica y una sonoridad amplia que Maggie sabe llevar a su terreno. Y, sobre todo, tiene una cantante que puede enfrentarse a una producción de estas dimensiones sin perder nunca la naturalidad que la hace especial.

Tenemos la sensación de que será un disco que crecerá con el tiempo. Nos ocurrió con No One Gets Out Alive y creemos que puede volver a ocurrir de nuevo. El disco tiene un excelente arranque con Used To It. Hay canciones como Red Shoes, The Mission, The Other Woman o Weekend Lover que llevan su seña de identidad. Solo las podría cantar ella y, por si fuera poco, en su mitad final nos encontramos a una MAGGIE ROSE en su mayor explendor con emocionantes baladas perfectamente interpretadas como Hiding In Plain Sight, Gentle man o This Life. Por eso hemos decidido darle la misma valoración que le dimos a su anterior trabajo: un 90 sobre 100. MAGGIE ROSE sigue siendo una de esas artistas que consiguen mucho con muy poco. Y quizá lo único que necesita HALF MOON ahora mismo sea algo tan sencillo como que más gente se detenga a escucharlo. Merece la pena. 



MEJORES MOMENTOS: Red ShoesHiding In Plain Sight, Gentle man, This Life, Weekend Lover, The Mission, Used To It...  

MEDIA CRÍTICA:---

NUESTRA VALORACIÓN: 90/100

viernes, 14 de agosto de 2026

LUCIA & THE BEST BOYS: ALGO SE MUEVE EN GLASGOW.


 

Hay algo que nos ha pasado con PICKING PETALS de LUCIA & THE BEST BOYS que no sucede tan a menudo como nos gustaría. La primera escucha terminó y ya sabíamos que estábamos ante un disco importante. No habíamos prestado todavía demasiada atención a las letras ni habíamos separado mentalmente las canciones; simplemente habíamos dejado que el álbum funcionara como un todo, que es como creemos que debe escucharse un disco por primera vez. Y la sensación fue muy clara: de un 90/100 no iba a bajar. Tendréis que seguir leyendo para saber lo que pasó después. 

Llegó la segunda escucha. Esa vez si que nos fijamos en las canciones individualmente, en sus melodías, en los cambios de registro, en las voces y en esos pequeños detalles que aparecen cuando dejamos de escuchar un álbum como una única pieza. Y aquí es donde PICKING PETALS nos ha ganado definitivamente. Porque no solamente funciona como conjunto. Las canciones también funcionan por separado. Y no encontramos ninguna que sobre o esté ahí para rellenar. 

LUCIA & THE BEST BOYS son una banda de Glasgow liderada por Lucia Fairfull, junto a Ally Scott, Christopher Ballantyne y Adam Campbell. El proyecto comenzó en 2017 bajo el nombre de LUCIA y fue creciendo alrededor de la figura de Fairfull hasta convertirse en una de las propuestas más interesantes de la escena alternativa escocesa. Después de varios lanzamientos, en 2023 llegó Burning Castles, un debut que ya dejaba claras las inquietudes de la banda. Pero algo nos dice que PICKING PETALS no parece querer repetir aquella fórmula. 

El cambio de dirección se nota prácticamente desde el principio. Si Burning Castles tenía una construcción más contenida, electrónica y muy apoyada en patrones rítmicos, aquí encontramos una banda que quiere ampliar su sonido. Hay más guitarras, más músculo, más espacio y una producción que parece pensada para trasladar al estudio algo de la energía que LUCIA & THE BEST BOYS han ido desarrollando sobre los escenarios. 

No es simplemente un segundo álbum más ambicioso. Es un álbum que parece haber encontrado una idea mucho más clara de lo que quiere ser.  

Las etiquetas que podemos utilizar para describir PICKING PETALS son muchas: Pop Rock, Indie Pop, New Wave, Big Music, Alt-Pop, Synthpop y Glam Rock. Y lo curioso es que ninguna resulta especialmente extraña cuando escuchamos el disco completo. 

El pop está en las melodías y en la facilidad con la que muchas canciones se quedan en la cabeza. El rock aparece en las guitarras y en la energía de la banda. La New Wave y el Synthpop forman parte de la arquitectura de buena parte del álbum, mientras que el Glam Rock aparece más en la actitud y en esa voluntad de convertir las canciones en algo teatral y grande. 

Y después está esa idea de Big Music. Una expresión que aquí encaja especialmente bien porque PICKING PETALS parece tener constantemente la mirada puesta en escenarios más grandes. Hay canciones que no solo quieren ser escuchadas: quieren ser coreadas. 

Eso explica también nuestra impresión de que este puede ser un disco con posibilidades comerciales importantes. No estamos hablando de hacer música convencional para conseguir un éxito. Lo que ocurre es que LUCIA & THE BEST BOYS han encontrado una manera de hacer canciones accesibles sin que parezcan diseñadas en un laboratorio. 

Las letras se mueven por territorios bastante humanos: relaciones, deseo, soledad, vulnerabilidad, pérdida, identidad y todas esas contradicciones que aparecen cuando intentamos entender lo que sentimos. La música, en cambio, muchas veces decide mirar hacia arriba. Esa combinación entre unas narrativas emocionales y una sonoridad expansiva es una de las características que mejor definen el álbum. 

Yves Rothman tiene mucho que ver con ese sonido. Su producción consigue que PICKING PETALS tenga dimensiones grandes sin convertirlo en un disco excesivamente pesado. Hay espacio para los sintetizadores, para las guitarras, para la batería y, por encima de todo, para la voz de Lucia. 

La grabación se realizó en Castle of Doom, el estudio de Mogwai en Glasgow, y esa elección también parece significativa. El disco suena moderno, pero no da la sensación de haber perdido la personalidad de una banda que procede de una escena concreta y de una ciudad con una tradición musical tan reconocible. 

En la composición encontramos a Lucia Fairfull acompañada por otros once coautores. Entre los nombres que más aparecen están Calum Stewart y Haydn Park-Patterson. La cantidad de colaboradores no hace que el álbum pierda identidad porque la voz compositiva de Lucia sigue siendo perfectamente reconocible. Las colaboraciones vocales, además, están muy bien elegidas. Lauren Mayberry, de CHVRCHES, aparece en Lonely Girl, aportando una segunda voz que encaja perfectamente con el universo synthpop del álbum. Y después tenemos a Abigail Morris, de The Last Dinner Party, en Big Romance






Esta colaboración funciona de maravilla. No parece una de esas canciones en las que se busca una invitada conocida para llamar la atención sobre un single. Abigail Morris está dentro de la canción, no por encima de ella. Las dos voces aportan algo diferente y el resultado tiene una intensidad que convierte Big Romance en uno de los momentos más especiales del disco. Además, hay algo de verdad en esa canción que se percibe incluso sin conocer su historia. Y eso es muy difícil de conseguir. 

Podríamos hablar de Lonely Girl, Big Romance o Back Inside My Heart y hacer una reseña basada en tres singles. Sería injusto con el álbum. Porque una de las cosas que más nos han sorprendido es precisamente la cantidad de canciones potentes que hay aquí. 

Back Inside My Heart es un buen ejemplo. Lucia empieza jugando con su voz y durante unos segundos aparece una asociación inesperada con Marina and the Diamonds. Es solo un instante, un pequeño espejismo que desaparece enseguida. Después aparece otra referencia mucho más curiosa: Roxette. No porque LUCIA & THE BEST BOYS suenen a Roxette, ni porque estemos diciendo que exista una influencia concreta. Es simplemente esa sensación de pop sofisticado, melódico, enorme y perfectamente construido que durante unos segundos nos hizo pensar en el dúo sueco. Y precisamente por ser una asociación tan fugaz resulta interesante. 

Después el disco sigue avanzando y aparecen canciones que podrían sonar perfectamente en una emisora de radio sin perder su identidad. Lonely Girl tiene esa capacidad. Big Romance todavía más.

Pero para nosotros hay una canción que se ha ido haciendo cada vez más grande con las escuchas: Better For The Worse. Es probablemente nuestro momento favorito del álbum. Tiene esa mezcla de emoción y melodía que hace que una canción pueda gustarnos desde el primer momento y, al mismo tiempo, siga creciendo después de varias escuchas. No necesita una colaboración, ni una producción espectacular que reclame nuestra atención. La canción se sostiene por sí misma. 

Y eso ocurre una y otra vez. Wolf Cry, You Look Like Somebody In Love, Ephemeral, Forgot The Arrow o la propia Picking Petals tienen personalidad suficiente para que podamos diferenciarlas rápidamente, pero ninguna rompe la unidad del álbum. 

Esta es una cuestión especialmente importante. Hay discos muy cohesionados que funcionan magníficamente como una pieza completa pero cuyas canciones se confunden entre sí. Aquí sucede lo contrario. PICKING PETALS funciona como un todo y, cuando empezamos a conocerlo, descubrimos que sus canciones tienen vida propia. Por eso no sobra ninguna. Y por eso resulta tan difícil escoger solo dos o tres para explicar lo que hace bueno al disco. 

La crítica también ha recibido PICKING PETALS con bastante entusiasmo. La media de las valoraciones se sitúa en un 77 sobre 100, distribuida de la siguiente manera: Far Out Magazine le concede un 100/100; The Skinny y Dork, un 80/100; DIY y Uncut, un 70/100; y MusicOMH, un 60/100. 

La lectura de estos números es bastante sencilla. Tenemos una recepción general claramente positiva y ninguna valoración negativa, aunque existe cierta diferencia en la magnitud del entusiasmo. Desde la máxima puntuación de Far Out Magazine hasta el 60/100 de MusicOMH, todas las críticas parecen reconocer que estamos ante un paso adelante. 

Y hay un dato que nos parece especialmente interesante: PICKING PETALS supera en tres puntos la media de Burning Castles. El debut no consiguió ningún 100/100, mientras que este segundo trabajo sí ha recibido la máxima puntuación de una publicación. No estamos, por tanto, ante una continuación que simplemente mantiene el nivel. Hay una parte de la crítica que está viendo en este álbum un salto importante. 

Nosotros lo vemos todavía más claro. Nuestra nota para PICKING PETALS es un 100 sobre 100. Y no porque hayamos encontrado una canción perfecta que nos haya hecho subir artificialmente la valoración que pensábamos inicialmente de todo el álbum. Precisamente ocurre lo contrario. Primero nos convenció el disco como un todo. Después empezamos a distinguir las canciones y descubrimos que no había ninguna que quisiéramos saltar. 

Y cuando un disco termina y lo primero que queremos hacer es volver a ponerlo desde el principio, algo está funcionando. Durante el proceso de redactar esta reseña, nos pasamos la tarde escuchándolo en bucle. 

Eso nos lleva a pensar en esos álbumes que terminan formando parte de nuestra vida de una manera mucho más duradera que la mayoría. Rumours de Fleetwood Mac es uno de ellos. Un disco al que volvemos una y otra vez, del que conocemos cada canción y que, incluso después de cientos de escuchas, sigue teniendo un lugar reservado cuando queremos volver a él. 

PICKING PETALS acaba de llegar y sería absurdo compararlo todavía con un disco de semejante categoría histórica. Pero sí podemos decir algo más sencillo: tiene esa cualidad que hace que queramos seguir escuchándolo. No sobra nada. Las canciones son diferentes, pero pertenecen al mismo universo. Hay pop, rock, synthpop, new wave, glam y una evidente vocación de hacer algo grande. Hay canciones para descubrir a la primera escucha y otras que crecen después. Hay colaboraciones que aportan de verdad y una producción que hace que todo parezca más grande de lo que era cuando empezó. Y, sobre todo, hay grandes canciones. Muchas. Quizás demasiadas para un solo disco. Y eso, en este caso, es exactamente lo que necesitábamos.



MEJORES MOMENTOS: Lonely Girl, Back Inside My Heart, Better For The Worse, Ethereal, You Look Like Somebody In Love, Big Romance... 

MEDIA CRÍTICA: 77/100

NUESTRA VALORACIÓN: 100/100

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