NUESTROS CÓMPLICES:

lunes, 2 de noviembre de 2026

LA VIDA ES MUCHO MEJOR CON UN DISCO DE HEATHER NOVA.

 



Hay artistas que, con el paso de los años, parecen haber encontrado un lugar en el que se sienten especialmente cómodas. HEATHER NOVA lleva tiempo instalada en ese territorio y, a juzgar por sus últimos trabajos, no tiene demasiadas razones para abandonarlo. THE ORCHARD es una nueva demostración de ello. No vamos a encontrar aquí una reinvención de su sonido ni grandes cambios de dirección. Tampoco los necesitamos. Cuando alguien lleva tantos años haciendo las cosas tan bien, podemos permitirnos disfrutar de esa continuidad. 

Su voz sigue siendo uno de sus mayores tesoros. Conserva prácticamente intacto aquel color que nos conquistó hace décadas, sin que el paso del tiempo haya alterado sus registros de manera apreciable. Es más, tenemos la impresión de que suena incluso mejor que cuando era joven. Basta con escuchar el reciente álbum en directo Live Europe (2026), grabado durante su gira europea para comprobarlo. Heather es, además, una gran cantautora, pero también una cantante extraordinaria. Y esa combinación no es tan habitual como pudiera parecer. Sus melodías siguen teniendo esa facilidad para quedarse con nosotros y sus letras vuelven a demostrar una sensibilidad poética que resulta especialmente reconfortante en estos tiempos.

En THE ORCHARD predominan la esperanza, la luz y las posibilidades de mejorar. No es poca cosa teniendo en cuenta el panorama que nos rodea. Sus canciones transmiten una sensación de bienestar que no tiene nada de naif y que termina convirtiendo la escucha en una experiencia casi sanadora. Hay algo especialmente agradecido en encontrarnos con un álbum que nos invita a mirar hacia delante y que parece recordarnos que todavía quedan motivos para hacerlo. 

Esta vez ha contado con Tim Bran como productor. El disco se grabó en Londres durante seis semanas, en el invierno pasado, y nació principalmente del intercambio de ideas entre el productor y Heather. Bran, conocido por sus trabajos con HAEVN y London Grammar, ha conseguido aportar una sonoridad contemporánea sin alterar la esencia de la artista. Encontramos pequeños detalles electrónicos, sintetizadores y texturas que enriquecen las canciones, pero todo está dosificado con una elegancia admirable. No hay artificios ni ganas de demostrar nada. Simplemente, todo está en su sitio. 

La comparación con Breath And Air (2025), producido por Chris Bond, resulta inevitable. Aquel era un trabajo más acústico, mientras que aquí aparecen algunos elementos electrónicos que amplían ligeramente el paisaje sonoro. Sin embargo, ambos discos parecen formar parte de una misma etapa especialmente inspirada. Desde Pearl (2019), Heather ha ido encontrando un equilibrio creativo que nos está dejando una colección de trabajos extraordinariamente consistentes. 

También merece atención la instrumentación. No estamos ante una producción minimalista, pero tampoco ante una acumulación de arreglos que termine restando espacio a las canciones. Hay riqueza instrumental, guitarras, piano, cuerdas y detalles que van apareciendo en el momento oportuno. Todo suena con una claridad y un equilibrio magníficos. Y, por supuesto, vuelve a aparecer ese chelo que tanto nos gusta y que, aunque solo intervenga en algunos momentos, siempre celebramos. Parece haberse convertido en una de esas pequeñas señas de identidad que echamos de menos cuando no está. 







Sleep In The Snow es probablemente el ejemplo más evidente de la aportación de Tim Bran. La canción comienza con la voz de Heather acompañada por un sintetizador que funciona casi como un teclado, evoluciona hacia el piano y termina incorporando el chelo. La combinación de esos elementos con una interpretación vocal prodigiosa consigue ponernos los pelos de punta. Algo parecido sucede con Anchored, que cierra el álbum recuperando esas atmósferas envolventes y creciendo instrumentalmente hasta convertirse en una despedida preciosa. 

Entre los momentos más destacados encontramos también The Whole Horizon, una balada de instrumentación espléndida, y The Frequency Higher, donde la guitarra acústica y las capas envolventes crean un ambiente especialmente cálido. New Life demuestra una vez más la facilidad de Heather para construir estribillos memorables, mientras que A Little Breath nos devuelve a esa intimidad que tan bien domina. Son canciones que encierran una belleza poco habitual en un mercado musical cada vez más condicionado por la inmediatez. 

Hay espacio también para otros registros. In The Path Of Hurricane recupera ese pop tan reconocible de Heather, con ciertos ecos de Head And Shoulders, mientras que This Wild World introduce unas guitarras con mucho twang que nos llevan por momentos al universo de Chris Isaak. Magpie aborda la tristeza de una ruptura y una despedida desde una base acústica que va ganando cuerpo en los estribillos. Por su parte, On The Train destaca por sus elegantes arreglos de cuerda y un estribillo en el que el piano termina adquiriendo un protagonismo especial. 

No todo alcanza el mismo nivel de inspiración. In The Path Of Hurricane y I Wish I Had A Mirror son probablemente las dos canciones menos interesantes del conjunto. No son malas composiciones, pero tenemos la sensación de haberlas escuchado antes en otros momentos de la discografía de Heather. Es una pequeña objeción dentro de un álbum cuyo nivel general resulta bastante alto. Curiosamente son dos canciones que sí que se les ha hecho videoclip.

Porque si algo caracteriza la música de Nova es que gana con las escuchas. Sus discos no siempre buscan el impacto inmediato, pero esconden suficientes matices como para que volvamos a ellos y descubramos nuevos detalles. THE ORCHARD funciona especialmente bien como álbum completo, escuchado de principio a fin, respetando ese recorrido que comienza con The Orchard, la canción que titula el disco y es un presagio de que algo grande va a suceder y termina con esa otra gema que es Anchored. Es música que requiere cierta atención, pero que recompensa generosamente a quien se la presta. 

Y aquí llegamos a una cuestión que nos parece cada vez más difícil de entender: la escasa atención crítica que recibe HEATHER NOVA. Su trayectoria está llena de discos que merecerían mucha más difusión de la que han conseguido. Basta con echar un vistazo a las valoraciones de AOTY para comprobarlo. Storm (2003) mantiene un 80/100 procedente de una única reseña, Pearl (2019) un 75/100 de solo dos valoraciones y Breath And Air (2025), un álbum que nos pareció extraordinario, tuvo que conformarse con una sola crítica de The Arts Desk, que le concedió un 60/100. En el momento de escribir estas líneas, THE ORCHARD todavía aparece sin valoración crítica. 

Es una situación que se repite demasiado. Heather lleva décadas construyendo una discografía admirable, muchas veces al margen del respaldo de las grandes estructuras discográficas y apoyándose directamente en sus seguidores para sacar adelante sus proyectos. Su relación con el público ha sido fundamental para mantener esa independencia, aunque también supone un esfuerzo considerable para una artista que debería tener muchas más facilidades para dar a conocer su trabajo. Esta vez vuelve a publicar con V2 Records, continuando una relación discográfica que ya conocíamos de Breath And Air.

No sabemos si THE ORCHARD conseguirá atraer la atención de los medios que merece. Lo que sí sabemos es que estamos ante otro trabajo inspirado de una artista que parece encontrarse en plena forma. Su voz sigue intacta, las canciones tienen esa capacidad de conexión que siempre hemos agradecido y Tim Bran ha sabido enriquecer su sonido sin alterar su personalidad. Quizás no sea un disco que busque sorprendernos con grandes novedades, pero sí uno de esos álbumes que nos recuerdan por qué seguimos disfrutando tanto de la música. No podemos darle menos de un 90 sobre 100. 

Y si alguien nos preguntara por qué debería escuchar THE ORCHARD entre los cientos de discos que aparecen cada semana, tenemos bastante clara nuestra respuesta: "La vida puede ser una mierda, pero se sobrelleva mucho mejor con discos como este".



MEJORES MOMENTOS: Sleep In Snow, The Orchard, The Whole Horizon, Magpie, Anchored, The Frecuency's Higher, New Life... 

MEDIA CRÍTICA:---

NUESTRA VALORACIÓN: 90/100

sábado, 31 de octubre de 2026

SASHA ALLEN: HISTORIAS QUE DEJAN HUELLA.

 


Hay discos que nos permiten descubrir a un artista antes de que su nombre empiece a circular con cierta insistencia. THE GALLERY, álbum debut de SASHA ALLEN, es una de esas oportunidades para acercarnos a una voz que todavía no ha encontrado el espacio que merece en la conversación musical. Publicado el 26 de junio de 2026, el disco reúne diez canciones compuestas por el propio Allen y producidas por Jeremy Schmett, responsable de una sonoridad orgánica, acústica y pop, con esa sensibilidad americana que nos remite a la tradición del cantautor estadounidense. 

Al escuchar THE GALLERY, encontramos coordenadas familiares. Su música puede situarse cerca de artistas como John Mayer o Jason Mraz, con melodías accesibles y una producción que no necesita recurrir a grandes artificios para sostener las canciones. Sin embargo, esa familiaridad no debería confundirse con una falta de personalidad. Basta con prestar atención a las letras para descubrir que Allen tiene más cosas que contar de las que su envoltorio musical podría hacernos sospechar. 

Las diez canciones mantienen una identidad sonora reconocible, aunque cada una encuentra su propio espacio dentro del conjunto. No estamos ante un álbum homogéneo ni ante una sucesión de temas intercambiables. La coherencia nace de una manera de entender el pop, mientras que las diferencias aparecen en las historias que Allen decide poner en circulación. Es ahí donde THE GALLERY empieza a revelar sus mejores argumentos. 

Just Like You nos parece un buen ejemplo. La canción construye un triángulo de deseo, celos y complicidad en el que la atracción entre dos hombres se expresa a través de pequeños gestos cotidianos. El pelo, el maquillaje, la intimidad compartida frente al espejo del baño o la sensación de reconocer en otra persona una parte de nosotros mismos terminan dibujando una relación con sus propias contradicciones. El narrador desea a alguien a quien también cuestiona, y observa cómo una tercera persona podría ocupar un lugar que quizá nunca llegue a comprender del todo. 

Nos interesa especialmente esa capacidad para contar una historia sin necesidad de subrayar cada una de sus implicaciones. La canción se mueve dentro de un lenguaje pop reconocible, pero su perspectiva le pertenece. No hace falta convertirla en una declaración explícita para advertir que amplía el imaginario habitual del cantautor estadounidense. La identidad de Allen está presente en el universo que construye, aunque no necesitemos reducir la canción a una lectura biográfica ni dar por hecho que cada detalle procede de una experiencia personal. 

Gambling Addiction nos lleva a otro terreno. También aquí encontramos una historia que parece sostenerse tanto por sus personajes como por las emociones que los mueven. Nos queda la duda de cuánto hay de autobiográfico en estas canciones, una cuestión sobre la que no hemos encontrado suficientes explicaciones del propio Allen. Pero quizás tampoco necesitemos resolverla. Estamos tan acostumbrados a los cantautores confesionales que a veces confundimos la honestidad con la obligación de contarlo todo literalmente. La escritura de canciones también consiste en observar, imaginar, adoptar otras perspectivas y construir personajes capaces de resultar convincentes. Una historia no necesita haber sucedido exactamente como se cuenta para transmitir una verdad emocional. 



En ese sentido, nos gustaría conocer mejor el proceso creativo de Allen y saber cómo han ido tomando forma estas canciones. En una entrevista concedida a Queerty, el músico explicó que seleccionó los diez temas del álbum entre cientos de composiciones escritas a lo largo de los años. También contó que Just Like You comenzó a escribirla cuando tenía quince años y que fue revisándola a medida que crecía. Ese dato añade una dimensión interesante a la canción: estamos ante una historia que ha podido evolucionar junto a su autor, incorporando nuevas perspectivas con el paso del tiempo. 

SASHA ALLEN es un hombre trans, un aspecto de su identidad que forma parte de su trayectoria y que no tenemos por qué ocultar. Tampoco necesitamos convertirlo en la explicación de todo lo que escuchamos. Nos interesa que su música pueda llegar a cualquier persona que disfrute de las buenas canciones, independientemente de cuánto sepa sobre su biografía. Al mismo tiempo, su presencia contribuye a ampliar la diversidad de voces que encuentran un lugar dentro del pop, un espacio en el que todavía resulta necesario que distintas experiencias puedan expresarse sin quedar reducidas a una etiqueta. 

La cuestión de la identidad artística adquiere aquí una dimensión particular. THE GALLERY no pretende romper con las convenciones del pop de cantautor ni necesita hacerlo para justificar su existencia. Su sonido se mueve por un territorio familiar, pero las historias que contiene nos ofrecen una perspectiva propia. Quizás sea precisamente en esa combinación donde debamos buscar la personalidad de Allen: no tanto en la voluntad de inventar un lenguaje musical completamente nuevo como en su capacidad para dar forma a personajes, relaciones y conflictos que no siempre encuentran espacio en las narrativas más habituales del género. 

También conviene situar el disco en su contexto. A estas alturas, SASHA ALLEN todavía está lejos de contar con una presencia consolidada en la crítica generalista. Su visibilidad en plataformas digitales es limitada si pensamos en términos de popularidad masiva, aunque las cifras de oyentes mensuales, por sí solas, no bastan para determinar hasta dónde ha llegado el álbum. En AOTY, THE GALLERY figura sin una valoración crítica profesional. No queremos exagerar su repercusión ni fingir que estamos ante un fenómeno que todavía no existe. Precisamente por eso nos parece oportuno detenernos en un disco que, de momento, no ha recibido demasiada atención fuera de los espacios dedicados a descubrir música.

Después de escuchar THE GALLERY, nos quedamos con la impresión de estar ante un compositor que merece que sigamos prestándole atención. Su debut nos recuerda que las canciones pueden esconder mucho más de lo que revela una primera escucha y que, en ocasiones, la personalidad de un artista aparece con mayor claridad en sus historias que en los rasgos más evidentes de su sonido. Todavía nos falta conocer mejor a SASHA ALLEN, entender cómo trabaja, qué experiencias alimentan su escritura y hacia dónde quiere llevar su música. Por ahora, tenemos diez canciones que nos permiten empezar a descubrirlo. Y eso nos parece una razón suficiente para seguirle la pista.



 


MEJORES MOMENTOS: What It Feels Like, Gambling Addiction, Just Like You, Fawn, Hellbound, Sworn Enemy...

MEDIA CRÍTICA:----

NUESTRA VALORACIÓN: 85/100

viernes, 30 de octubre de 2026

FONTAINES D.C.: PASTICHE DELUXE.

 


La unanimidad crítica empieza a resultar sospechosa cuando un disco recibe tantos 100/100 que parece que ya no queda espacio para la discrepancia. Rolling Stone UK, musicOMH, NME, Louder Than War, The Arts Desk, Dork, DIY, The Independent, The Skinny y The Guardian han situado DOPAMINE CHAMBER de FONTAINES D.C. en lo más alto de sus respectivas valoraciones. Sin embargo, la media se queda en un 82 sobre 100, con Pitchfork marcando un 78/100 y algunas reseñas de Spectrum Culture, God Is in the TV y Slant Magazine que bajan hasta el 50/100. Las discrepancias existen, aunque el entusiasmo mayoritario sea difícil de ignorar. 

No vamos a discutir que FONTAINES D.C. sabe hacer buenos discos. Romance (2024) nos convenció hasta el punto de merecer un 90/100 por nuestra parte. Lo que nos cuesta aceptar es que cada nuevo movimiento de la banda se reciba como una demostración de genialidad. Con DOPAMINE CHAMBER volvemos a encontrarnos ante un álbum notable, lleno de canciones que enganchan, pero también ante una colección de referencias que nos resulta demasiado familiar. 

Es un álbum que parece diseñado para que cada oyente encuentre su propia puerta de entrada. El post-punk revival y el post-britpop permanecen, conservando buena parte del gancho que nos conquistó en Romance, pero ahora se suman otras referencias que amplían considerablemente el radio de acción de la banda. Quizás demasiado. Porque una cosa es evolucionar y otra convertir la reinvención permanente en un objetivo que nadie se atreve a cuestionar. 

En Mimesis encontramos una de las mejores canciones del álbum. La influencia de Depeche Mode se percibe en los sintetizadores, el ritmo, la atmósfera y el desarrollo de una composición en la que todo encaja como las piezas de un puzle. Es como si Depeche Mode nunca hubiera pasado por el synthpop: como si Fontaines D.C. hubiera recogido su oscuridad, su solemnidad y su capacidad para construir atmósferas, pero hubiera llegado hasta ellas por un camino distinto. Mimesis demuestra que la experimentación puede dar resultados extraordinarios cuando cada elemento encuentra su lugar. 

La colaboración con Rosalía en Where Is Gone? nos lleva a otro territorio, con una atmósfera cinematográfica que podría acompañar perfectamente a una película de James Bond. Rosalía amplía una vez más su registro y la grabación funciona de maravilla, aunque nos quedemos con las ganas de imaginar qué habría sucedido si ambos artistas hubieran coincidido en el estudio. Sabemos que las colaboraciones a distancia son habituales, pero eso no impide que nos hubiera gustado un encuentro real entre ambos. Quizás algún día podamos comprobar sobre un escenario si existe esa química que la grabación, por sí sola, no puede confirmar. 

Six Shot Mornings, el tema que abre DOPAMINE CHAMBER también destaca por su amplitud sonora. Desde los primeros compases parece anunciarnos que estamos ante algo enorme. La producción de James Ford, que ya trabajó en Romance y participa en la composición de Mimesis, contribuye a esa grandilocuencia que tanto gusta a la banda y que aquí forma parte esencial de su identidad. Todo suena expansivo, cinematográfico, diseñado para que las canciones ocupen un espacio mucho mayor que el de sus propios límites. 






Pero después llega Demolition, con su imaginario próximo a Linkin Park, y Japan, cuyas guitarras nos llevan hacia una combinación de Oasis, Travis y Snow Patrol. One Man, por su parte, ralentiza el recorrido y nos acerca a The Verve. Todo suena bien. Ese es precisamente el problema: llevamos más de veinte años escuchando discos y nos cuesta no reconocer las piezas con las que se construye este puzle. De Depeche Mode a Linkin Park, pasando por el britpop y el rock alternativo de los noventa, DOPAMINE CHAMBER parece recorrer una colección de referencias musicales que conocemos demasiado bien. 

Y aquí llegamos a la palabra que define nuestra experiencia: PASTICHE. Un pastiche disfrutable, bien producido y con canciones memorables, pero pastiche al fin y al cabo. Grian Chatten contribuye decisivamente a que funcione gracias a una interpretación vocal que se adapta a cada universo sonoro sin perder su personalidad. Su manera de cantar cambia de registro con naturalidad y ayuda a que las canciones conserven su identidad, incluso cuando se alejan de los territorios en los que FONTAINES D.C. nos parece más convincente. La banda sabe lo que hace y tiene recursos suficientes para ensamblar todas esas piezas. Lo que nos cuesta encontrar es algo que no hayamos escuchado antes. 

La paradoja es que FONTAINES D.C. puede ser una banda contemporánea y reconocible, capaz de conectar con quienes bailaban con Depeche Mode en los ochenta y con quienes crecieron escuchando a Linkin Park en los dos mil. Esa amplitud generacional es una virtud. También podría ser parte de una estrategia perfectamente calculada. No podemos demostrar que nada se haya dejado al azar, pero cuesta creer que una banda con semejante control de sus recursos desconozca el efecto de estas referencias y su capacidad para atraer públicos distintos. 

El álbum aborda, además, la saturación de estímulos, la evasión y la búsqueda de placer en un mundo dominado por la tecnología. La propia experiencia de escucha parece encajar con esa idea: una sucesión de estímulos musicales, cambios de registro y referencias reconocibles que mantienen nuestra atención. Un disco que habla de la captura de nuestra atención consigue mantenernos enganchados mediante una sucesión de estímulos sonoros. Quizás la contradicción sea deliberada. Quizás sea precisamente ahí donde reside su eficacia. En cualquier caso, la coherencia conceptual no resuelve nuestras dudas sobre la originalidad musical del conjunto. 

Lo que sí nos parece cuestionable es la recepción crítica. Cuando musicOMH, Rolling Stone UK, NME, The Guardian, The Independent, Dork, DIY y otros medios conceden sus máximas puntuaciones conviene preguntarse qué estamos premiando exactamente. No cuestionamos que el público disfrute de estas canciones ni pretendemos dictar cómo debe escucharse un disco. A la crítica profesional, sin embargo, le exigimos algo más que entusiasmo. Le exigimos contexto, memoria musical y capacidad para distinguir entre una evolución artística y una acumulación eficaz de referencias conocidas. 

Quizás FONTAINES D.C. haya encontrado la fórmula para convertirse en una banda generacional: actualizar los lenguajes de otras generaciones, combinarlos con inteligencia y envolverlos en una producción expansiva. Si funciona, ¿para qué cambiarlo? La banda gana, el público disfruta y la crítica celebra la reinvención. Todos contentos. Hasta que alguien decide aguar la fiesta y recuerda que no todo lo que suena grande es necesariamente nuevo. 

Nosotros lo valoramos con un 85 sobre 100. FONTAINES D.C. tiene canciones excelentes, momentos de auténtica grandeza y una capacidad de seducción incuestionable. Estará entre los mejores discos del año, pero no encabezará nuestra lista. Para eso necesitamos algo más que un puzle perfectamente ensamblado: necesitamos que alguna de sus piezas nos sorprenda. Y esta vez, por mucho que hayamos disfrutado montándolo, ya conocíamos la imagen final.



MEJORES MOMENTOS: Mimesis, Six Shot Mornings, Where Is Gone?, Marianne, Happy For You, One Man, Tongue...

MEDIA CRÍTICA: 82/100

NUESTRA VALORACIÓN: 85/100

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...