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martes, 3 de noviembre de 2026

ASHE: SOFISTICACIÓN Y GLAMOUR.

 


Hay algo de justicia poética en lo que está sucediendo con ASHE. Después de una trayectoria algo accidentada, con sus correspondientes desencuentros con la industria discográfica y un segundo álbum, Rae (2022), que no obtuvo los resultados comerciales esperados, la artista estadounidense decidió tomar las riendas de su carrera y publicar su siguiente trabajo, Willson (2024), de manera independiente. Aquel disco nos pareció un trabajo bastante digno y fue el que nos permitió empezar a tomarnos en serio sus posibilidades como compositora. Por eso resulta curioso que ahora haya recuperado cierta popularidad gracias a Stop The Wedding, una canción resultona, pegadiza y bastante tontorrona que se ha convertido en un fenómeno viral. No vamos a engañarnos: probablemente no sea lo mejor que ha grabado ASHE, pero sí puede convertirse en una magnífica puerta de entrada para que nuevos oyentes descubran un álbum mucho más interesante. 

Con THE GIRL OF YOUR DREAMS asistimos a una continuación bastante natural de lo que ya encontrábamos en Willson. Su regreso a Atlantic Records no parece haber supuesto una renuncia a la libertad creativa que había recuperado durante su etapa independiente. ASHE sigue rodeada de colaboradores habituales y vuelve a trabajar con Noah Conrad, -presente en sus dos primeros álbumes-, acompañado por Jules Apollinaire en la producción. En la composición encontramos también a Annika Bennett, Casey Smith, Max Wolfgang entre otros. El resultado es un trabajo de equipo muy cuidado, en el que la producción sabe ponerse al servicio de las canciones sin necesidad de reclamar constantemente nuestra atención. 

Uno de los aspectos que más nos ha llamado la atención es el cambio de planteamiento. Los tres primeros álbumes de ASHE llevaban su nombre, su segundo nombre y su apellido: Ashlyn, Rae y Willson. Aquella sucesión parecía apuntar hacia una obra profundamente confesional, casi autobiográfica, en la que la artista iba desgranando diferentes aspectos de su identidad. Con THE GIRL OF YOUR DREAMS se produce cierto desplazamiento. No significa que haya desaparecido por completo la autobiografía, como demuestra precisamente Stop The Wedding, relacionada con su propia experiencia matrimonial, pero ahora parece interesada en explorar otros territorios. Hay más espacio para el juego, la narrativa y la construcción de canciones pop que no necesitan funcionar como una confesión personal para resultar cercanas. 

Y justo en este punto llegamos a una de las grandes virtudes del álbum: su extraordinario dominio del lenguaje pop. Sabemos que este género se infravalora con cierta frecuencia, quizás porque vivimos rodeados de demasiados artistas y discos que han saturado ese mercado. Sin embargo, escribir buenas canciones pop está lejos de ser una tarea sencilla. Conseguir melodías memorables, estribillos eficaces, arreglos con personalidad y producciones que mantengan el interés requiere un oficio considerable. THE GIRL OF YOUR DREAMS es, en nuestra opinión, uno de los mejores ejercicios de pop que hemos escuchado en bastante tiempo. Y lo mejor es que no insulta nuestra inteligencia. Incluso cuando se permite una canción tan ligera como Stop The Wedding, el conjunto demuestra una ambición compositiva que va mucho más allá de la inmediatez comercial. 

La primera mitad del álbum es especialmente luminosa. Love Bomb constituye un magnífico ejemplo de cómo construir una canción pop con todos sus elementos en su sitio. Hay melodía, gancho y una naturalidad que hace que todo parezca mucho más fácil de lo que seguramente es. Pero el disco también tiene una arquitectura bastante más elaborada de lo que podría sugerir una primera escucha. Su cohesión resulta especialmente llamativa cuando descubrimos que comienza intentando detener una boda y termina en un funeral. El contraste tiene algo de recorrido cinematográfico y permite cerrar el álbum con una perspectiva diferente de lo que hemos escuchado anteriormente. 





La segunda mitad reserva algunos de los momentos más interesantes, especialmente por la capacidad de ASHE para desenvolverse en el terreno de la balada. Reconocemos que no teníamos tan presente este dominio. Blue Hour es una balada grandilocuente que va creciendo progresivamente y que, salvando las distancias, nos trae a la memoria algunas de las grandes interpretaciones de Dusty Springfield. No hablamos de un ejercicio nostálgico ni de un intento deliberado de recuperar sonidos de otra época. Es simplemente una referencia que nos viene a la cabeza por la manera de construir la canción y por el desarrollo de sus arreglos. 

Algo parecido sucede con Sunburn, quizás uno de los momentos más maravillosos del álbum. Aquí entendemos perfectamente la etiqueta Adult Contemporary, que tantas veces parece provocar cierto rechazo entre los críticos musicales. Una guitarra suave, que nos recuerda en su planteamiento inicial a Moon River, establece el punto de partida para que después entren unos arreglos orquestales de enorme riqueza. La canción crece con una elegancia extraordinaria y demuestra que la sofisticación no está reñida con la accesibilidad. Es precisamente en estos momentos donde más disfrutamos de la arquitectura musical del disco. 

Las diferentes etiquetas que acompañan al álbum -Pop Rock, Soft Rock, Singer-Songwriter, Adult Contemporary y Chamber Pop- ayudan a describir su variedad, pero no estamos ante una colección dispersa de canciones. Existe una identidad bastante definida, con un punto de sofisticación y glamour que no habíamos conocido hasta ahora en ASHE. Incluso la portada parece anunciar esta transformación. Su imagen, con ciertas reminiscencias de Marilyn Monroe, se aleja de la mayor sencillez de sus anteriores presentaciones y encaja perfectamente con el universo que propone el álbum. También nos parece significativo que esta riqueza musical no dependa exclusivamente de la voz. ASHE cumple perfectamente con lo que las canciones necesitan, pero son la construcción de las composiciones y sus arreglos los que terminan fascinándonos. 

El cierre, con una balada triste que contrasta con el carácter luminoso de buena parte del recorrido, nos parece una decisión especialmente acertada. Habría sido mucho más sencillo terminar con una canción expansiva y optimista, pero ASHE prefiere bajar las luces y despedirse desde la melancolía. Nos gusta ese riesgo y, sobre todo, la coherencia con la que está planteado. El álbum no termina de manera complaciente y ese último tema deja un poso que invita a regresar a él, aunque no necesariamente de forma inmediata. 

De hecho, nos apetece volver a THE GIRL OF YOUR DREAMS incluso más que a Willson. Quizás el aspecto más desconcertante de todo este recorrido sea la escasa atención que ASHE ha recibido por parte de la crítica especializada. En el agregador AOTY, tanto Ashlyn como Rae aparecen con una única valoración crítica de 70/100, mientras que Willson y este nuevo trabajo figuran como NR (No reseñado). Es cierto que la ausencia de valoraciones no implica necesariamente una recepción negativa, pero resulta llamativo que una artista con semejante capacidad para construir canciones siga pasando relativamente desapercibida en determinados círculos musicales. Y más cuando THE GIRL OF YOUR DREAMS ofrece argumentos suficientes para reivindicar un pop elaborado, sofisticado y con una personalidad muy definida. Quizás su aparente facilidad, su luminosidad y su alejamiento de cierta solemnidad confesional hayan contribuido a que no se le preste toda la atención que merece. Sería una lástima que la sencillez aparente de algunas de estas canciones terminara ocultando el enorme trabajo que hay detrás. 

No sabemos si estamos ante el mejor álbum de Ashe hasta la fecha, probablemente sí. Pero sí tenemos claro que es uno de los trabajos más completos y satisfactorios de su trayectoria. THE GIRL OF YOUR DREAMS nos descubre una artista con un dominio del pop que quizás no habíamos terminado de valorar, capaz de combinar inmediatez, grandes melodías y unas baladas de enorme riqueza musical. Es un disco con el que ASHE amplía su universo creativo y demuestra que todavía tiene mucho que ofrecer. Que Stop The Wedding haya servido para atraer nuevas miradas es una magnífica noticia. Ahora solo falta que quienes lleguen por esa canción se queden por todo lo demás.



MEJORES MOMENTOS: Love Bomb, Sunburn, Blue Hour, Always September, Funeral, Stop The Wedding, Lasso The Moon, Stardust, Swan Lake... 

MEDIA CRÍTICA:---

NUESTRA VALORACIÓN: 85/100

lunes, 2 de noviembre de 2026

LA VIDA ES MUCHO MEJOR CON UN DISCO DE HEATHER NOVA.

 



Hay artistas que, con el paso de los años, parecen haber encontrado un lugar en el que se sienten especialmente cómodas. HEATHER NOVA lleva tiempo instalada en ese territorio y, a juzgar por sus últimos trabajos, no tiene demasiadas razones para abandonarlo. THE ORCHARD es una nueva demostración de ello. No vamos a encontrar aquí una reinvención de su sonido ni grandes cambios de dirección. Tampoco los necesitamos. Cuando alguien lleva tantos años haciendo las cosas tan bien, podemos permitirnos disfrutar de esa continuidad. 

Su voz sigue siendo uno de sus mayores tesoros. Conserva prácticamente intacto aquel color que nos conquistó hace décadas, sin que el paso del tiempo haya alterado sus registros de manera apreciable. Es más, tenemos la impresión de que suena incluso mejor que cuando era joven. Basta con escuchar el reciente álbum en directo Live Europe (2026), grabado durante su gira europea para comprobarlo. Heather es, además, una gran cantautora, pero también una cantante extraordinaria. Y esa combinación no es tan habitual como pudiera parecer. Sus melodías siguen teniendo esa facilidad para quedarse con nosotros y sus letras vuelven a demostrar una sensibilidad poética que resulta especialmente reconfortante en estos tiempos.

En THE ORCHARD predominan la esperanza, la luz y las posibilidades de mejorar. No es poca cosa teniendo en cuenta el panorama que nos rodea. Sus canciones transmiten una sensación de bienestar que no tiene nada de naif y que termina convirtiendo la escucha en una experiencia casi sanadora. Hay algo especialmente agradecido en encontrarnos con un álbum que nos invita a mirar hacia delante y que parece recordarnos que todavía quedan motivos para hacerlo. 

Esta vez ha contado con Tim Bran como productor. El disco se grabó en Londres durante seis semanas, en el invierno pasado, y nació principalmente del intercambio de ideas entre el productor y Heather. Bran, conocido por sus trabajos con HAEVN y London Grammar, ha conseguido aportar una sonoridad contemporánea sin alterar la esencia de la artista. Encontramos pequeños detalles electrónicos, sintetizadores y texturas que enriquecen las canciones, pero todo está dosificado con una elegancia admirable. No hay artificios ni ganas de demostrar nada. Simplemente, todo está en su sitio. 

La comparación con Breath And Air (2025), producido por Chris Bond, resulta inevitable. Aquel era un trabajo más acústico, mientras que aquí aparecen algunos elementos electrónicos que amplían ligeramente el paisaje sonoro. Sin embargo, ambos discos parecen formar parte de una misma etapa especialmente inspirada. Desde Pearl (2019), Heather ha ido encontrando un equilibrio creativo que nos está dejando una colección de trabajos extraordinariamente consistentes. 

También merece atención la instrumentación. No estamos ante una producción minimalista, pero tampoco ante una acumulación de arreglos que termine restando espacio a las canciones. Hay riqueza instrumental, guitarras, piano, cuerdas y detalles que van apareciendo en el momento oportuno. Todo suena con una claridad y un equilibrio magníficos. Y, por supuesto, vuelve a aparecer ese chelo que tanto nos gusta y que, aunque solo intervenga en algunos momentos, siempre celebramos. Parece haberse convertido en una de esas pequeñas señas de identidad que echamos de menos cuando no está. 







Sleep In The Snow es probablemente el ejemplo más evidente de la aportación de Tim Bran. La canción comienza con la voz de Heather acompañada por un sintetizador que funciona casi como un teclado, evoluciona hacia el piano y termina incorporando el chelo. La combinación de esos elementos con una interpretación vocal prodigiosa consigue ponernos los pelos de punta. Algo parecido sucede con Anchored, que cierra el álbum recuperando esas atmósferas envolventes y creciendo instrumentalmente hasta convertirse en una despedida preciosa. 

Entre los momentos más destacados encontramos también The Whole Horizon, una balada de instrumentación espléndida, y The Frequency Higher, donde la guitarra acústica y las capas envolventes crean un ambiente especialmente cálido. New Life demuestra una vez más la facilidad de Heather para construir estribillos memorables, mientras que A Little Breath nos devuelve a esa intimidad que tan bien domina. Son canciones que encierran una belleza poco habitual en un mercado musical cada vez más condicionado por la inmediatez. 

Hay espacio también para otros registros. In The Path Of Hurricane recupera ese pop tan reconocible de Heather, con ciertos ecos de Head And Shoulders, mientras que This Wild World introduce unas guitarras con mucho twang que nos llevan por momentos al universo de Chris Isaak. Magpie aborda la tristeza de una ruptura y una despedida desde una base acústica que va ganando cuerpo en los estribillos. Por su parte, On The Train destaca por sus elegantes arreglos de cuerda y un estribillo en el que el piano termina adquiriendo un protagonismo especial. 

No todo alcanza el mismo nivel de inspiración. In The Path Of Hurricane y I Wish I Had A Mirror son probablemente las dos canciones menos interesantes del conjunto. No son malas composiciones, pero tenemos la sensación de haberlas escuchado antes en otros momentos de la discografía de Heather. Es una pequeña objeción dentro de un álbum cuyo nivel general resulta bastante alto. Curiosamente son dos canciones que sí que se les ha hecho videoclip.

Porque si algo caracteriza la música de Nova es que gana con las escuchas. Sus discos no siempre buscan el impacto inmediato, pero esconden suficientes matices como para que volvamos a ellos y descubramos nuevos detalles. THE ORCHARD funciona especialmente bien como álbum completo, escuchado de principio a fin, respetando ese recorrido que comienza con The Orchard, la canción que titula el disco y es un presagio de que algo grande va a suceder y termina con esa otra gema que es Anchored. Es música que requiere cierta atención, pero que recompensa generosamente a quien se la presta. 

Y aquí llegamos a una cuestión que nos parece cada vez más difícil de entender: la escasa atención crítica que recibe HEATHER NOVA. Su trayectoria está llena de discos que merecerían mucha más difusión de la que han conseguido. Basta con echar un vistazo a las valoraciones de AOTY para comprobarlo. Storm (2003) mantiene un 80/100 procedente de una única reseña, Pearl (2019) un 75/100 de solo dos valoraciones y Breath And Air (2025), un álbum que nos pareció extraordinario, tuvo que conformarse con una sola crítica de The Arts Desk, que le concedió un 60/100. En el momento de escribir estas líneas, THE ORCHARD todavía aparece sin valoración crítica. 

Es una situación que se repite demasiado. Heather lleva décadas construyendo una discografía admirable, muchas veces al margen del respaldo de las grandes estructuras discográficas y apoyándose directamente en sus seguidores para sacar adelante sus proyectos. Su relación con el público ha sido fundamental para mantener esa independencia, aunque también supone un esfuerzo considerable para una artista que debería tener muchas más facilidades para dar a conocer su trabajo. Esta vez vuelve a publicar con V2 Records, continuando una relación discográfica que ya conocíamos de Breath And Air.

No sabemos si THE ORCHARD conseguirá atraer la atención de los medios que merece. Lo que sí sabemos es que estamos ante otro trabajo inspirado de una artista que parece encontrarse en plena forma. Su voz sigue intacta, las canciones tienen esa capacidad de conexión que siempre hemos agradecido y Tim Bran ha sabido enriquecer su sonido sin alterar su personalidad. Quizás no sea un disco que busque sorprendernos con grandes novedades, pero sí uno de esos álbumes que nos recuerdan por qué seguimos disfrutando tanto de la música. No podemos darle menos de un 90 sobre 100. 

Y si alguien nos preguntara por qué debería escuchar THE ORCHARD entre los cientos de discos que aparecen cada semana, tenemos bastante clara nuestra respuesta: "La vida puede ser una mierda, pero se sobrelleva mucho mejor con discos como este".



MEJORES MOMENTOS: Sleep In Snow, The Orchard, The Whole Horizon, Magpie, Anchored, The Frecuency's Higher, New Life... 

MEDIA CRÍTICA:---

NUESTRA VALORACIÓN: 90/100

sábado, 31 de octubre de 2026

SASHA ALLEN: HISTORIAS QUE DEJAN HUELLA.

 


Hay discos que nos permiten descubrir a un artista antes de que su nombre empiece a circular con cierta insistencia. THE GALLERY, álbum debut de SASHA ALLEN, es una de esas oportunidades para acercarnos a una voz que todavía no ha encontrado el espacio que merece en la conversación musical. Publicado el 26 de junio de 2026, el disco reúne diez canciones compuestas por el propio Allen y producidas por Jeremy Schmett, responsable de una sonoridad orgánica, acústica y pop, con esa sensibilidad americana que nos remite a la tradición del cantautor estadounidense. 

Al escuchar THE GALLERY, encontramos coordenadas familiares. Su música puede situarse cerca de artistas como John Mayer o Jason Mraz, con melodías accesibles y una producción que no necesita recurrir a grandes artificios para sostener las canciones. Sin embargo, esa familiaridad no debería confundirse con una falta de personalidad. Basta con prestar atención a las letras para descubrir que Allen tiene más cosas que contar de las que su envoltorio musical podría hacernos sospechar. 

Las diez canciones mantienen una identidad sonora reconocible, aunque cada una encuentra su propio espacio dentro del conjunto. No estamos ante un álbum homogéneo ni ante una sucesión de temas intercambiables. La coherencia nace de una manera de entender el pop, mientras que las diferencias aparecen en las historias que Allen decide poner en circulación. Es ahí donde THE GALLERY empieza a revelar sus mejores argumentos. 

Just Like You nos parece un buen ejemplo. La canción construye un triángulo de deseo, celos y complicidad en el que la atracción entre dos hombres se expresa a través de pequeños gestos cotidianos. El pelo, el maquillaje, la intimidad compartida frente al espejo del baño o la sensación de reconocer en otra persona una parte de nosotros mismos terminan dibujando una relación con sus propias contradicciones. El narrador desea a alguien a quien también cuestiona, y observa cómo una tercera persona podría ocupar un lugar que quizá nunca llegue a comprender del todo. 

Nos interesa especialmente esa capacidad para contar una historia sin necesidad de subrayar cada una de sus implicaciones. La canción se mueve dentro de un lenguaje pop reconocible, pero su perspectiva le pertenece. No hace falta convertirla en una declaración explícita para advertir que amplía el imaginario habitual del cantautor estadounidense. La identidad de Allen está presente en el universo que construye, aunque no necesitemos reducir la canción a una lectura biográfica ni dar por hecho que cada detalle procede de una experiencia personal. 

Gambling Addiction nos lleva a otro terreno. También aquí encontramos una historia que parece sostenerse tanto por sus personajes como por las emociones que los mueven. Nos queda la duda de cuánto hay de autobiográfico en estas canciones, una cuestión sobre la que no hemos encontrado suficientes explicaciones del propio Allen. Pero quizás tampoco necesitemos resolverla. Estamos tan acostumbrados a los cantautores confesionales que a veces confundimos la honestidad con la obligación de contarlo todo literalmente. La escritura de canciones también consiste en observar, imaginar, adoptar otras perspectivas y construir personajes capaces de resultar convincentes. Una historia no necesita haber sucedido exactamente como se cuenta para transmitir una verdad emocional. 



En ese sentido, nos gustaría conocer mejor el proceso creativo de Allen y saber cómo han ido tomando forma estas canciones. En una entrevista concedida a Queerty, el músico explicó que seleccionó los diez temas del álbum entre cientos de composiciones escritas a lo largo de los años. También contó que Just Like You comenzó a escribirla cuando tenía quince años y que fue revisándola a medida que crecía. Ese dato añade una dimensión interesante a la canción: estamos ante una historia que ha podido evolucionar junto a su autor, incorporando nuevas perspectivas con el paso del tiempo. 

SASHA ALLEN es un hombre trans, un aspecto de su identidad que forma parte de su trayectoria y que no tenemos por qué ocultar. Tampoco necesitamos convertirlo en la explicación de todo lo que escuchamos. Nos interesa que su música pueda llegar a cualquier persona que disfrute de las buenas canciones, independientemente de cuánto sepa sobre su biografía. Al mismo tiempo, su presencia contribuye a ampliar la diversidad de voces que encuentran un lugar dentro del pop, un espacio en el que todavía resulta necesario que distintas experiencias puedan expresarse sin quedar reducidas a una etiqueta. 

La cuestión de la identidad artística adquiere aquí una dimensión particular. THE GALLERY no pretende romper con las convenciones del pop de cantautor ni necesita hacerlo para justificar su existencia. Su sonido se mueve por un territorio familiar, pero las historias que contiene nos ofrecen una perspectiva propia. Quizás sea precisamente en esa combinación donde debamos buscar la personalidad de Allen: no tanto en la voluntad de inventar un lenguaje musical completamente nuevo como en su capacidad para dar forma a personajes, relaciones y conflictos que no siempre encuentran espacio en las narrativas más habituales del género. 

También conviene situar el disco en su contexto. A estas alturas, SASHA ALLEN todavía está lejos de contar con una presencia consolidada en la crítica generalista. Su visibilidad en plataformas digitales es limitada si pensamos en términos de popularidad masiva, aunque las cifras de oyentes mensuales, por sí solas, no bastan para determinar hasta dónde ha llegado el álbum. En AOTY, THE GALLERY figura sin una valoración crítica profesional. No queremos exagerar su repercusión ni fingir que estamos ante un fenómeno que todavía no existe. Precisamente por eso nos parece oportuno detenernos en un disco que, de momento, no ha recibido demasiada atención fuera de los espacios dedicados a descubrir música.

Después de escuchar THE GALLERY, nos quedamos con la impresión de estar ante un compositor que merece que sigamos prestándole atención. Su debut nos recuerda que las canciones pueden esconder mucho más de lo que revela una primera escucha y que, en ocasiones, la personalidad de un artista aparece con mayor claridad en sus historias que en los rasgos más evidentes de su sonido. Todavía nos falta conocer mejor a SASHA ALLEN, entender cómo trabaja, qué experiencias alimentan su escritura y hacia dónde quiere llevar su música. Por ahora, tenemos diez canciones que nos permiten empezar a descubrirlo. Y eso nos parece una razón suficiente para seguirle la pista.



 


MEJORES MOMENTOS: What It Feels Like, Gambling Addiction, Just Like You, Fawn, Hellbound, Sworn Enemy...

MEDIA CRÍTICA:----

NUESTRA VALORACIÓN: 85/100

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