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lunes, 18 de mayo de 2026

EL VERANO ETERNO DE THE LEMON TWIGS.

 



THE LEMON TWIGS se han convertido en uno de los fenómenos más singulares del pop-rock contemporáneo porque han conseguido algo muy poco habitual: mantener una productividad altísima sin que aparezca sensación de desgaste creativo ni bajada de nivel. Lo extraordinario del dúo formado por los hermanos D’Addario no es solo su capacidad para absorber influencias del pop barroco, el sunshine pop, el soft rock y el power pop clásico, sino la manera en que entienden la composición desde dentro, como si hubieran interiorizado la lógica melódica y armónica de autores de los años sesenta y setenta en lugar de limitarse a imitar una estética vintage. 

Ahí reside buena parte de su prestigio crítico: sus canciones no funcionan como ejercicios de nostalgia, sino como obras nuevas escritas con un lenguaje antiguo pero plenamente vivo. Durante sus primeros discos, especialmente Do Hollywood (2016) y Go to School (2018), eran vistos sobre todo como unos jóvenes prodigio exuberantes, teatrales y excesivamente ambiciosos, casi obsesionados con demostrar todo lo que sabían hacer en cada canción. Sin embargo, el verdadero punto de inflexión llegó con Everything Harmony (2023), un disco mucho más sereno y emocional donde redujeron la ansiedad barroca de sus inicios, desaceleraron el ritmo, dejaron fluir las composiciones y comenzaron a confiar plenamente en la fuerza de la melodía. Ese álbum redefinió la percepción crítica del grupo porque por primera vez dejaron de parecer una banda prometedora para convertirse en compositores completamente realizados. 

A partir de ahí apareció un consenso muy sólido en torno a ellos que continuó con A Dream Is All We Know (2024), un trabajo más luminoso y dinámico que confirmó que la madurez alcanzada en 2023 no había sido accidental, sino el inicio de una nueva etapa donde el clasicismo sonaba natural y nada programado. Incluso el proyecto en solitario de Brian D'Addario, Till the Morning (2025), con Michael D'Addario como coproductor, mantuvo un nivel compositivo altísimo y sirvió para confirmar que el núcleo creativo de ambos hermanos funciona casi como una unidad indivisible, basada en una ética artesanal de composición constante y selección muy rigurosa del material. 

Lo más interesante de LOOK FOR YOUR MIND! es que parece el primer disco en el que ya no se perciben tanto como herederos de una tradición concreta, sino como autores con un lenguaje propio completamente consolidado. En lugar de llamar la atención por las referencias reconocibles o por la sofisticación de los arreglos, el álbum transmite una enorme confianza estructural, una producción más transparente y una integración total entre su faceta más barroca y su lado más inmediato y melódico. Quizás por eso la conversación sobre THE LEMON TWIGS ya no gira en torno a su juventud o a su condición de niños prodigio, sino alrededor de algo mucho más difícil de alcanzar: la sensación de estar ante compositores clásicos contemporáneos capaces de escribir canciones que parecen inevitables, como si siempre hubieran existido.

LOOK FOR YOUR MIND! suena como la culminación natural de todo lo que THE LEMON TWIGS habían ido refinando desde Everything Harmony, pero con una identidad mucho más compacta y segura de sí misma. El disco se mueve con enorme fluidez entre el Power Pop, el Pop Rock, el Jangle Pop, el Psychedelic Pop, el Sunshine Pop e incluso ciertos ecos del beat británico de los sesenta, aunque lo interesante es que nunca parece un collage de referencias ni un ejercicio de arqueología musical. 

Las guitarras cristalinas y entrelazadas del jangle pop conviven con armonías vocales muy luminosas heredadas del sunshine pop, mientras que las melodías inmediatas y explosivas del power pop aparecen equilibradas por arreglos psicodélicos mucho más sutiles que en trabajos anteriores. Hay canciones que recuerdan a la inmediatez melódica de los grandes singles AM de finales de los sesenta, otras que se apoyan en una delicadeza casi pastoral y otras donde emerge una energía beat más nerviosa y dinámica, pero todo queda unificado por una producción extremadamente orgánica y transparente donde cada instrumento parece colocado para reforzar la canción y no para exhibir virtuosismo. 

Precisamente ahí está una de las claves del álbum: pese a la riqueza estilística, nunca transmite dispersión, porque los hermanos Brian D'Addario y Michael D'Addario han alcanzado un nivel de compenetración creativa en el que composición, arreglos y producción funcionan como una sola cosa. Además, el hecho de que ambos firmen completamente la escritura y la producción del disco, sin más nombres acreditados en esas áreas, refuerza todavía más la sensación de obra cerrada y profundamente personal: LOOK FOR YOUR MIND! no suena como un homenaje a una época concreta, sino como el universo musical privado de dos compositores que finalmente han conseguido transformar todas sus influencias en un lenguaje propio e inmediatamente reconocible. 




La crítica le ha otorgado un 79 sobre 100 de media distribuida de la siguiente manera. Clash y Uncut 90/100; AllMusic, Under The Radar, DIY, Mojo, The Needle Drop, Spill Magazine, Record Collector, Classic Rock y Still Listening 80/100; Beats Per Minute 76/100; MusicOHM y Far Out Magazine 70/100 y No Ripcord 65/100. Con esta media revalida la nota obtenida con A Dream Is All We Know (2024).  

Si solo te guias por el sonido de las canciones y no le prestas atención a las letras, parecen canciones muy luminosas, de esas que aparecen en las feel good movies, de hecho, parece que estés dentro de una cuando los estás escuchando y probablemente esa sea una de las razones por las que THE LEMON TWIGS generan tanta conexión emocional incluso entre oyentes que normalmente no escuchan música tan abiertamente retro. 

La gran paradoja de LOOK FOR YOUR MIND! es que, aunque musicalmente suena luminoso, cálido y casi cinematográfico, las canciones no son exactamente ingenuas ni simples feel good songs. Lo que hacen los D’Addario es envolver emociones mucho más ambiguas -nostalgia, ansiedad, deseo de escapar, idealización romántica, miedo al paso del tiempo o necesidad de encontrar sentido emocional en medio de la confusión cotidiana- dentro de melodías extremadamente soleadas y reconfortantes. Esa tensión entre melancolía y ligereza es clave en su narrativa. 

Muchas canciones parecen hablar de personajes que buscan una forma de preservar cierta inocencia emocional en un mundo demasiado acelerado o desencantado, y por eso producen esa sensación tan particular de estar dentro de una película reconfortante, casi como si cada tema capturara el instante perfecto de una transición vital: un viaje en coche al atardecer, el final de un verano, un enamoramiento todavía incierto o la necesidad de creer que aún queda algo puro y emocionante por descubrir. Incluso cuando las letras sugieren dudas o fragilidad, el tono nunca cae en el cinismo contemporáneo; al contrario, THE LEMON TWIGS siguen creyendo profundamente en el romanticismo pop clásico, en la idea de que una canción puede transformar emocionalmente el momento en que suena. 

Por eso el disco tiene esa cualidad tan visual y emocionalmente expansiva: no solo parece música para una feel good movie, sino música que imagina la vida cotidiana como si pudiera convertirse, durante tres minutos, en una escena perfecta de una película idealizada. Y quizá ahí esté su rasgo más distintivo: utilizan la estética brillante del sunshine pop y del power pop no para escapar de la realidad, sino para hacerla parecer momentáneamente más habitable, más emotiva y más hermosa. Nuestra nota para LOOK FOR YOUR MIND! es de un 92 sobre 100.  




MEJORES MOMENTOS: I Just Can't Get Over Losing You, 2 or 3, Nothing But You, Bring You Down, I hurt You, My Heart Is In Your hands Tonight...

MEDIA CRÍTICA: 79/100

NUESTRA VALORACIÓN: 92/100

viernes, 15 de mayo de 2026

EMMA LOUISE: CERCANÍA, DISTANCIA Y RECUERDO.

 


EMMA LOUISE es una cantautora australiana que lleva en activo unos quince años y SUNSHINE FOR HAPPINESS es su quinto álbum de estudio si contamos su trabajo anterior Dumb (2025) que era un álbum colaborativo con Flume. Aunque para entender mejor SUNSHINE FOR HAPPINESS habría que viajar en el tiempo hacia 2018 en el que EMMA LOUISE publicaba Lilac Everything un álbum importante en su carrera en el que comenzaba a colaborar con Tobias Jesso Jr., que artísticamente parecía su alma gemela. 

Las canciones de SUNSHINE FOR HAPPINES se crearon alrededor de 2019 y 2020 y la prensa australiana menciona que parte de este álbum se grabó en ese periodo de tiempo aunque se haya publicado en 2026. Eso es algo que encaja mucho con la sensación que produce en una primera escucha: no parece hecho para seguir tendencias, es más bien un material muy íntimo que Emma necesitó años para procesarlo antes de publicarlo. Es de esos álbumes que te sientes un privilegiado al escucharlo porque sabes que están compartiendo contigo algo muy personal que podría haberse quedado olvidado en un cajón para siempre.    

SUNSHINE FOR HAPPINES se mueve principalmente en un territorio de pop alternativo muy orgánico y contemplativo, con una fuerte base de piano y arreglos minimalistas que se expanden en capas atmosféricas. La producción de Shawn Everett introduce un enfoque textural, con reverberaciones amplias, elementos acústicos tratados de forma casi ambiental y una sensación de espacio muy marcada, mientras que la escritura de Emma Louise mantiene el centro en la melodía y la interpretación vocal íntima. En lugar de apoyarse en ritmos propios del pop electrónico o el R&B contemporáneo, el disco se acerca más a una estética de indie pop de cámara con tintes de art pop, donde la emoción se construye a partir de la contención, el silencio y la evolución gradual de las canciones.

La narrativa de SUNSHINE FOR HAPPINES se construye desde una doble distancia: la del tiempo y la de las relaciones que lo originaron. El álbum nace en un periodo de alta intensidad emocional para EMMA LOUISE, en el que la escritura funciona más como necesidad que como producto final, y en el que intervienen de forma muy cercana Tobias Jesso Jr, no solo como co-productor y colaborador musical, sino como presencia importante en el núcleo creativo y afectivo del proceso. 

En ese contexto, EMMA LOUISE y Tobias Jesso Jr. eran pareja, y esa relación atraviesa de forma directa el origen del material y la manera en que se construyen muchas de las canciones, tanto en lo compositivo como en lo emocional. Sin embargo, el disco no se publica en ese momento. Queda en suspenso durante unos cinco años, atrapado entre decisiones personales, cambios vitales y el propio desplazamiento emocional de quienes lo hicieron posible. Ese intervalo transforma por completo su significado: lo que originalmente era una escritura inmediata desde la cercanía se convierte, con el paso del tiempo, en un objeto reconstruido desde la distancia. 

La participación de Jesso Jr. resulta clave en esta arquitectura emocional, no tanto como elemento anecdótico de colaboración, sino como presencia estructural en la forma de entender la melodía, la contención y la desnudez expresiva que atraviesan el álbum. Pero el paso del tiempo reordena inevitablemente esa intimidad inicial: lo que se escucha al final ya no es una relación en presente, sino su huella fijada. 

Por eso el álbum no se percibe ni como un disco de amor ni como un disco de ruptura en sentido convencional, sino como algo más ambiguo y complejo: un trabajo escrito desde la proximidad emocional, terminado en un estado de separación afectiva y temporal, y finalmente escuchado desde la memoria. Esa triple capa -cercanía, distancia y recuerdo- es la que define su identidad narrativa y le da su carácter singular dentro de la discografía de EMMA LOUISE.

Shawn Everett es el otro productor y su trabajo ocupa otro lugar dentro del disco: el de la construcción sonora. No forma parte del núcleo emocional del relato biográfico, sino del lenguaje musical del álbum. A través de un enfoque muy textural y espacial, Everett articula la arquitectura sonora del disco, dando forma a la sensación de intimidad y amplitud simultáneas que lo caracterizan, y ayudando a traducir ese material emocional en un entorno sonoro coherente y atmosférico.





Ya sabéis que siempre que presentamos una artista de la que no hemos escrito antes intentamos que el lector la ubique y hablamos de la similitudes con otros artistas. En el caso de EMMA LOISE vemos un claro parecido con Nerina Pallot, independientemente de que se diferencien en una sola cosa: el acento de Emma es más global y el de Nerina muy british.

Entre las similitudes que hemos encontrado destaca, ante todo, una forma muy particular de entender la canción: ambas se mueven en un terreno donde la emoción no se fuerza ni se dramatiza en exceso, sino que se sugiere con sutileza, a través de interpretaciones contenidas, arreglos relativamente desnudos y una escritura muy cuidada en lo emocional. En su música hay una sensación constante de intimidad, como si las canciones se estuvieran construyendo desde un espacio privado, pero filtrado por una sensibilidad estética muy cuidada. En ese sentido, no es extraño que temas como Dust o Holy Holy puedan recordar al universo de Nerina Pallot, donde el piano, la voz cercana y la economía de recursos generan un impacto emocional muy directo sin necesidad de grandes explosiones sonoras. 

A esta afinidad se suma un elemento clave que a menudo pasa más desapercibido pero que resulta decisivo en la percepción de ambas: la forma de frasear. Tanto EMMA LOISE como Nerina Pallot tienden a cantar de manera muy orgánica, casi conversacional en algunos pasajes, con una atención muy fina a las pausas, a los silencios entre palabras y a la manera en que las frases se dejan caer sobre la armonía. No buscan una línea vocal excesivamente ornamental, sino que priorizan la naturalidad del discurso emocional, lo que refuerza esa sensación de cercanía e intimidad. Este tipo de fraseo, flexible y ligeramente quebrado en ocasiones, contribuye a que sus interpretaciones parezcan más una extensión del pensamiento que una ejecución puramente vocal. 

Más allá de lo puramente sonoro, también comparten un desarrollo de carrera con ciertos paralelismos. Ninguna ha estado centrada en el circuito del pop masivo o en la exposición constante, sino que han ido construyendo trayectorias más pausadas, con momentos de mayor visibilidad seguidos de etapas más introspectivas o de reinvención artística. Esto ha hecho que ambas sean percibidas menos como figuras del mainstream y más como creadoras con una identidad muy definida, seguidas por una audiencia fiel que valora precisamente esa coherencia y esa honestidad emocional. 

Hay otro punto de contacto especialmente relevante: la manera en que abordan lo dramático. Tanto EMMA LOISE como Nerina Pallot -y aquí también encaja Tobias Jesso Jr.- tienen una forma muy particular de tratar temas emocionalmente intensos, como la pérdida, el desamor o el colapso personal, sin caer en la exageración ni en la manipulación emocional. En lugar de subrayar el drama, lo presentan con una especie de contención narrativa y emocional que lo hace más humano y, paradójicamente, más devastador. No buscan dirigir la emoción del oyente de manera evidente, sino dejar que la canción fluya con naturalidad, confiando en que la honestidad del enfoque sea suficiente por sí misma. Esa “anti-teatralidad” emocional es precisamente lo que les da credibilidad y profundidad, y lo que hace que incluso los temas más duros se perciban como cercanos, casi hablados desde la experiencia vivida más que interpretados. 

En el caso de EMMA LOISE, su evolución desde el indie-pop más directo hacia propuestas más experimentales y posteriormente hacia un lenguaje más desnudo y maduro refuerza aún más esa afinidad con la trayectoria de Nerina Pallot, quien también ha transitado entre el pop, el folk y la canción de autor con una libertad poco condicionada por las modas. 

En conjunto, esta combinación de contención expresiva, fraseo orgánico y tratamiento no manipulativo de lo emocional sitúa a EMMA LOISE en una órbita estética muy afín a Nerina Pallot, y explica por qué su evolución puede entenderse dentro de una tradición de cantautoras que priorizan la verdad emocional por encima del impacto inmediato. Por todo ello, no resulta exagerado pensar que EMMA LOISE pueda acabar ocupando un lugar similar al de Nerina Pallot dentro del panorama musical: el de una artista de culto, respetada por su integridad creativa, su capacidad de transformación y una sensibilidad que no necesita grandes artificios para resultar profundamente conmovedora. 

La relación de EMMA LOUISE con la crítica generalista es muy parecida a la de muchos artistas independientes. Hubo un momento que llamó la atención. Concretamente con Lilac Everything (2018) que consiguió una media de 80/100. Pero SUNSHINE FOR HAPPINESS no ha recibido ninguna atención por parte de ningún medio generalista. Nosotros, que formamos parte de la crítica independiente, pensamos que este álbum es una de esas joyas ocultas que no deberían pasar desapercibidas y que dan razón de ser a nuestra existencia. 

Si has leído todo lo que hemos escrito hasta este punto, no te extrañará saber que nuestra nota para SUNSHINE FOR HAPPINESS es un 100 sobre 100. Porque es un álbum que, tras una escucha atenta, tiene absolutamente todo lo que estamos buscando en un buen álbum. De estos trabajos que permanecen en el tiempo para volver a ellos una y mil veces, pasen los años que pasen. Además de que EMMA LOUISE podrá tener una gran carrera en el futuro o quizás no. Pero dificilmente volverá a darnos un álbum tan especial como este.  



MEJORES MOMENTOS: Nothing Could Tear Us Apart, God Between Us, Medicine, Dust, Holy Holy, It's Hard To Say Good Bye...

MEDIA CRÍTICA:---

NUESTRA VALORACIÓN: 100/100

jueves, 14 de mayo de 2026

HISS GOLDEN MESSENGER: SU MEJOR VERSIÓN.

 


Siempre que HISS GOLDEN MESSENGER ha editado un álbum lo hemos seguido atentamente. Es un cantautor muy prolífico, normalmente tenemos una cita con su música cada dos años. Aunque esta vez ha tardado tres en editar I'M PEOPLE y creemos que ha sido muy positivo esperar un año más, porque tres años permiten depurar repertorio, narrativa y secuenciación, consiguiendo así que I'M PEOPLE suene menos como una colección de canciones y más como un álbum verdaderamente construido.

Si echamos la vista atrás, el punto de inflexión en la carrera de MC Taylor surgió con Heart Like A Levee (2016). Ahí encontró una manera muy convincente de unir confesión personal, espiritualidad sureña y canciones con auténtico gancho melódico. Hasta entonces había álbumes excelentes en su discografía, pero Heart Like a Levee fue probablemente el primero que sonó plenamente grande sin perder intimidad. Además coincidió con el momento en que empezó a ser tomado realmente en serio fuera del nicho alt-country y americana más especializado.

Luego llegó una etapa muy fértil -Hallelujah Anyhow (2017), Terms of Surrender (2019), Quietly Blowing It (2021)- donde refinó esa fórmula, pero quizás sin un salto cualitativo tan claro. Muy buenos discos, sí, aunque más continuistas. Por eso nos aventuramos a decir que I'M PEOPLE podría funcionar como una segunda apertura en su carrera. No necesariamente porque cambie radicalmente el sonido, sino porque se siente mucho más centrado; ha conseguido una producción más cohesionada y contemporánea y las canciones comunican más rápido con todo tipo de públicos. Pero que esto no se interprete en ningún caso como un giro comercial artificial; más bien suena a una versión refinada y muy segura de lo que M.C. Taylor llevaba intentando desde hace tiempo. 



Eso último es importante. Muchos artistas de americana madura llegan a un punto donde profundizan tanto en su propio lenguaje que se vuelven más herméticos. Taylor aquí parece haber logrado lo contrario: condensar su estilo. Hay menos fricción entre intención y recepción. También creemos que influye el contexto actual. Durante años, HISS GOLDEN MESSENGER fue una banda enormemente respetada pero algo periférica, incluso dentro del indie americano. Ahora hay un público mucho más receptivo a discos cálidos, humanos y con raíces tradicionales reinterpretadas de forma moderna. El trabajo de gente como Waxahatchee, MJ Lenderman o Big Thief ha abierto bastante ese espacio cultural. 

No podemos pasar por alto la presencia de Josh Kaufman en la producción. Kaufman tiene esa capacidad de hacer discos orgánicos pero muy envolventes, con arreglos que nunca parecen ostentosos y, aun así, elevan muchísimo las canciones. Lleva años construyendo una identidad sonora muy reconocible alrededor del folk-rock contemporáneo americano. En el caso de HISS GOLDEN MESSENGER, Josh Kaufman ayuda en tres aspectos: deja espacio para que las melodías se asienten; suaviza cierta aspereza lo-fi de discos anteriores y coloca la voz de Taylor en el centro emocional sin cargarla de dramatismo.

También Kaufman tiene mucho olfato para detectar cuándo un artista necesita expansión y cuándo necesita contención. Con I'M PEOPLE parece haber entendido que el objetivo no era reinventar a HISS GOLDEN MESSENGER, sino iluminar mejor sus virtudes. A veces las segundas etapas importantes no llegan con un cambio drástico, sino cuando un artista aprende a sonar completamente natural en su propia piel. Este disco transmite bastante esa sensación.  

La crítica le ha otorgado una media de 80 sobre 100 distribuida de la siguiente manera: Spill Magazine 90/100; Uncut, Mojo y Classic Rock 80/100 y PopMatters 70/100 convirtiendo a I'M PEOPLE en uno de los discos mejor valorados de su carrera. 

Por nuestra parte, nunca hemos estado más seguros de que I'M PEOPLE es un 100 sobre 100. Es cierto que en artistas tan prolíficos como HISS GOLDEN MESSENGER no siempre es fácil distinguir entre discos excelentes y discos realmente definitivos. Pero cuando aparece uno que parece sintetizar años de búsqueda estética, la percepción cambia. Con I'M PEOPLE parece que varias cosas encajan a la vez: tenemos canciones más inmediatas sin perder profundidad; una producción muy trabajada pero nada aparatosa; interpretaciones muy humanas y una secuenciación que hace que el álbum fluya como una obra completa. Eso suele ser lo que separa un muy buen disco de otro que se siente importante dentro de una discografía.  



MEJORES MOMENTOS: Shaky Eyes, In The Middle Of It, Mercy Avenue, I'm People, Heavy World, Last Orders, Depends On The River... En realidad, es un álbum para escuchar de principio a fin sin usar el modo aleatorio.

MEDIA CRÍTICA: 80/100

NUESTRA VALORACIÓN: 100/100


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