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lunes, 9 de marzo de 2026

BOOK OF CHURCHES: FELIX McKENZIE-BARROW ÍNTIMO.

 


Cada semana filtramos más de cien discos para ofreceros estas reseñas. Nuestro criterio es reseñar lo que consideramos importante y no queremos que pase desapercibido. Y entre todos esos discos, dimos con este álbum homónimo de un proyecto musical titulado BOOK OF CHURCHES. Al escuchar las primeras notas del corte de apertura titulado Song By Stranger, supimos que habíamos encontrado lo que estábamos buscando y lo dejamos absolutamente todo para comenzar a trabajar en esta reseña.

Lo siguiente fue recavar información sobre BOOK OF CHURCHES y saber quien estaba detrás. Porque la inmensa mayoría de las veces, nuestras escuchas de algunos álbumes debuts son a ciegas para escuchar sin prejuicios, evitar el hype mediático y proteger nuestro criterio. Nuestra sorpresa fue mayúscula cuando descubrimos que detrás de BOOK OF CHURCHES se encontraba Felix Mckenzie-Barrow, miembro de la banda británica Divorce y parte responsable de uno de los mejores discos del 2025: Drive To Goldenhammer. No había sido ninguna casualidad. 

BOOK OF CHURCHES nace de la introspección más absoluta y hereda ese título porque a Felix le encanta pintar y dibujaba pequeñas iglesias en paisajes desolados entre sus notas donde componía sus canciones. Interpretó esas iglesias como lugares simbólicos de refugio emocional. La inspiración del disco también surgió en momentos de aislamiento durante su gira con Divorce, y en cierto sentido, cada canción era como una de esas pequeñas iglesias que funcionaban como su propio lugar de recogimiento o santuario.

BOOK OF CHURCHES es un álbum con un enfoque muy íntimo y deliberadamente rudimentario. Cada canción fue escrita en un día y grabada al día siguiente. Las grabaciones se hicieron en casa y en GarageBand casi sin retocar, Solo al final se entregaron al productor Richie Kennedy para mezclarlas.



El propio Felix describe este proyecto como algo casero, "increiblemente DIY" según sus propias palabras. Un trabajo naive y guiado por una intuición y espontaneidad evitando perfeccionismo. La idea era capturar el estado mental del momento, casi como si escribiera las páginas de un diario. BOOK OF CHURCHES es un disco de alt-folk minimalista e íntimo, construido sobre guitarras acústicas desnudas y arreglos mínimos. La atmósfera es profundamente introspectiva, invitando al oyente a sumergirse en los pensamientos y emociones del narrador. A la vez, hay una sensación de campfire songs o canciones de carretera, como si se tratara de un conjunto de piezas compartidas en la intimidad de un viaje solitario, donde la música se convierte en compañía y confesión.

Las narrativas del álbum giran en torno a un periodo de ruptura sentimental y transición personal. El duelo amoroso que viene tras esa ruptura, la soledad en gira cuando tu situación sentimental se ha desestabilizado, la distancia entre las personas o los recuerdos y la reconciliación emocional son algunos de los temas recurrentes de este trabajo. En BOOK OF CHURCHES, Felix Mackenzie-Barrow parece convertir la carretera en un espacio de confesión. La imaginería religiosa que atraviesa el disco -iglesias vacías, bancos de madera, capillas silenciosas- no apunta tanto a la fe como a la introspección: cada iglesia funciona casi como una estación emocional donde detenerse a pensar en la relación que terminó. En ese sentido, el álbum se escucha como un cuaderno de viaje íntimo escrito durante la gira, una sucesión de paradas en las que el narrador revisa la pérdida, la distancia y el deseo. La identidad de la persona amada permanece deliberadamente difusa, y esa ambigüedad refuerza la sensación de confesión privada: más que contar una historia concreta, Mackenzie-Barrow abre un espacio de contemplación donde la emoción queda suspendida, como si cada canción fuera una pequeña liturgia para procesar el final de una relación.

En cuanto a referentes, existen influencias confesas de cantautores como Leonard Cohen o Nick Drake, nombres que ayudan a entender su tono contemplativo y su forma de sostener las canciones sobre arreglos mínimos y una voz cercana, casi susurrada. Sin embargo, escuchándolo también resulta inevitable pensar en los trabajos más desnudos de Iron & Wine, especialmente los de sus primeros años, cuando Sam Beam construía canciones frágiles y domésticas que parecían grabadas a solas en una habitación. Esa misma sensación de proximidad -de música hecha casi en voz baja, más para uno mismo que para un público- atraviesa BOOK OF CHURCHES y refuerza su carácter íntimo y confesional. 

Es cierto que la sombra de Leonard Cohen aparece con facilidad al hablar de BOOK OF CHURCHES: la gravedad de la voz, el tempo pausado y cierta cadencia casi litúrgica invitan a pensar en él. Pero también conviene manejar esa comparación con cautela. Cohen es un referente tan monumental que invocarlo puede generar expectativas innecesarias y, en cierto modo, desviar la atención de lo que realmente ocurre en el disco. Porque, más allá de cualquier paralelismo, lo que impresiona aquí es la solidez de la propuesta: la seguridad con la que Mackenzie-Barrow sostiene canciones desnudas y profundamente introspectivas, algo poco habitual en alguien que hace apenas un año debutaba con su banda. BOOK OF CHURCHES no necesita apoyarse en comparaciones grandilocuentes para resultar convincente; su fuerza está precisamente en la honestidad y en la intensidad silenciosa de estas canciones.

La crítica ha valorado este álbum con una media 73 sobre 100 basada en las reseñas de Clash 80/100 y DIY y Uncut 70/100. La crítica generalista en su línea: la atención mediática ha sido limitada y los que han reparado en este álbum han utilizado el patrón habitual que siguen con trabajos que son incapaces de encasillar. 

Lo que hace especial a BOOK OF CHURCHES es hasta qué punto se siente íntimo, casi privado. Da la impresión de que muchas de estas canciones no nacieron con la intención de convertirse en un disco, sino como una forma de ordenar pensamientos y emociones durante un periodo difícil. Cualquiera que haya escrito, dibujado o compuesto alguna vez sabe que siempre hay piezas que permanecen en un cuaderno o en un archivo, creadas más para uno mismo que para el mundo. En ese sentido, escuchar este álbum produce una sensación curiosa: la de estar accediendo a un espacio creativo que normalmente permanece cerrado. Quizá por eso resulta tan auténtico. Más que una colección de canciones pensadas para ser publicadas, BOOK OF CHURCHES se siente como un conjunto de reflexiones musicales que Mackenzie-Barrow decidió, casi contra todo pronóstico, compartir.

Esa autenticidad nos hizo dejarlo todo para escribir esta reseña. BOOK OF CHURCHES es algo único: de los de uno entre un millón, una joya que justifica nuestra pasión por descubrir música. Por todo ello, nuestra nota es un 93 sobre 100



MEJORES MOMENTOS: Song By Stranger, The Quite Was A Heron, All The Good Things, Big Love, Stones In Your Bag, There You Go I Love You...

MEDIA CRÍTICA: 73/100

NUESTRA VALORACIÓN: 93/100

viernes, 6 de marzo de 2026

MITSKI VUELVE A SORPRENDER.

 


MITSKI ha conseguido que cada nuevo álbum suyo sea todo un acontecimiento crítico. Siempre se guarda un as en la manga para que su siguiente trabajo supere al anterior o, al menos, mantenga el mismo interés. Su anterior álbum, The Land Is So Inhospitable And So Are We (2023), supuso un punto de inflexión estético: arreglos orquestales amplios, coros casi gospel en algunos momentos y un tempo más lento y ceremonial le daban una épica emocional más clásica que indie. Procedía de la inmediatez sintética y angulosa de Laurel Hell (2022), y de repente se mostró expansiva, casi litúrgica, consolidando su capacidad de transformación. 

En NOTHING'S ABOUT TO HAPPEN TO ME, las cosas han cambiado. MITSKI demuestra su gran virtud: sabe experimentar sin que parezca que está experimentando, y consigue que todo suene orgánico. Desde la primera canción, In A Lake, se perciben referencias al alt-country más luminoso y al folk íntimo de artistas como Erin Rae o la Angel Olsen de Big Time (2022). Sin embargo, pronto surgen giros que dejan clara su impronta: esa tensión sutil, ese giro emocional que hace que sepamos, sin duda, que estamos escuchando a MITSKI, que además, ha compuesto todas las canciones de este álbum sin recurrir a ningún co-autor.

La producción corre a cargo de Patrick Hyland, quien ha trabajado con MITSKI durante toda su carrera, y esto merece ser destacado: no se entiende la trayectoria de la artista sin él. Su continuidad no es casual, sino estructural para la evolución de MITSKI. Su influencia va mucho más allá de mezclar canciones: es prácticamente coautor del lenguaje sonoro que define cada etapa de su obra. Cada álbum tiene un carácter propio, pero gracias a Hyland, la transición entre estilos es orgánica y fluida. Sin él, estos cambios podrían sentirse inconexos; con él, se percibe un hilo conductor que permite reconocer a MITSKI en cada contexto sin que pierda frescura. Esta consistencia también ayuda a la crítica y al público a apreciar la evolución real, no solo cambios superficiales. Por eso se entiende mejor cómo NOTHING'S ABOUT TO HAPPEN TO ME puede sentirse diferente y, a la vez, coherente con su discografía. Patrick Hyland es, en definitiva, la columna vertebral sonora de MITSKI: no dicta la creatividad, pero guía, estructura y potencia su visión, permitiendo que cada álbum evolucione, sorprenda y se mantenga reconocible al mismo tiempo. 



El álbum ha sido etiquetado dentro de géneros como Chamber Pop, Americana, Slacker Rock, Indie Folk y Alt-Country. Esta última etiqueta es probablemente la que mejor lo define, aunque hay cortes que parten de esa base para girar hacia el rock alternativo, como ocurre con That White Cat, tema que rompe el tono sereno del disco y funciona como una grieta inesperada. Su título coincide con el gato de la portada, símbolo de presencia silenciosa e imprevisible, que encapsula el juego constante entre calma y tensión que atraviesa el álbum. 

A diferencia de su predecesor, este disco renuncia a la grandilocuencia y apuesta por economía emocional. La fuerza del disco ya no proviene de la monumentalidad de los arreglos, sino de la delicadeza con la que cada canción se construye. Esa combinación de cercanía inmediata y atemporalidad es la que permite que el álbum funcione hoy y, muy probablemente, siga sonando dentro de diez o veinte años.

La crítica le ha otorgado una media de 86 sobre 100 que se distribuye de la siguiente manera: NME, The Guardian, The Skinny y Northern Transmissions le han otorgado la máxima puntuación 100/100 y consideran que es uno de los mejores álbumes de lo que llevamos de año. Hot Press 95/100; MusicOHM, Clash y AllMusic 90/100; Under The Radar 85/100; Consequence Of Sound 83/100; DIY, Beats Per Minute, Exclaim!, Uncut, Still Listening, Mojo, No Ripcord, Far Out Magazine, The Arts Desk y Record Collector 80/100; Pitchfork 77/100; Paste 75/100; The Line Of Best Fit y Rolling Stone 70/100. Es el segundo mejor álbum valorado de su discografía tras The Land Is So Inhospitable And So Are We (2023). 

En conjunto, NOTHING'S ABOUT TO HAPPEN TO ME es un disco completo: diverso, experimental sin artificio y emocionalmente sólido. Mitski alcanza un equilibrio casi perfecto entre serenidad y tensión, accesibilidad y profundidad. Podríamos haber dado el 100 sobre 100 a sus dos discos anteriores, pero no lo hicimos. Siempre supimos que habría una oportunidad para hacerlo, porque MITSKI sigue guardando ese as en la manga que comentamos al principio, y su próximo álbum probablemente nos sorprenderá aún más. Pero creemos que ese momento ha llegado. Aunque con el disco anterior no sentimos un crush inmediato, con este sí que lo hemos tenido. Jugar con la tradición americana clásica para luego romperla y ser, una vez más, completamente MITSKI, indica que estamos ante la cantautora más singular de su generación.  



MEJORES MOMENTOS: In A Lake, Rules, Where's My Phone, I'll Change For You, If I Leave, Lightning, Charon's Obol, Instead Of Here...

MEDIA CRÍTICA: 86/100

NUESTRA VALORACIÓN: 100/100

miércoles, 4 de marzo de 2026

BUCK MEEK: FRESCURA Y LIBERTAD.


Lo bueno de una banda como Big Thief es que tanto Adrianne Lenker como BUCK MEEK han sabido llevar una carrera en solitario paralela igual de interesante. El pasado fin de semana se publicó el cuarto álbum de estudio de BUCK MEEK titulado THE MIRROR. Para quien no lo conozca Meek es un músico, cantante y compositor texano además del guitarrista y la voz de apoyo de la prolífica banda Big Thief. Meek estudió en el Berklee College of Music en Boston, donde comenzó a desarrollar su enfoque musical antes de mudarse a Nueva York, donde tocó como músico callejero para subsistir y más tarde formaría Big Thief.

En su carrera como solista, BUCK MEEK ha explorado una mezcla de folk, country y rock alternativo con una sensibilidad muy personal y narrativa. A diferencia de Adrianne Lenker, cuyo trabajo en solitario apenas se distancia del universo sonoro que construye junto a Big Thief -manteniendo la misma intensidad emocional, la desnudez acústica y ese lirismo casi confesional-, BUCK MEEK sí parece aprovechar su carrera individual como un territorio de expansión. Y lo más llamativo es que en este álbum también participan Lenker y James Krivchenia, incluso como coautores, y aun así el resultado no suena a la banda. Eso demuestra que no es solo cuestión de quién toca o quién firma, sino de para qué proyecto se está componiendo. Fuera de las reglas y la identidad tan marcada de Big Thief, Meek puede permitirse ser más ligero, más juguetón y más abierto. Esa libertad es lo que explica la frescura que transmite el disco.



En THE MIRRORBUCK MEEK se mueve con naturalidad entre el indie rock más luminoso, el country alternativo y un folk de raíz claramente norteamericana, todo atravesado por una sensibilidad clásica de cantautor. Las guitarras suenan claras y cálidas, y cada canción encuentra su propio pulso: unas más calmadas, otras con un ritmo más juguetón o energético. Meek construye canciones que miran hacia dentro: explora su pasado, reflexiona sobre sus relaciones y muestra emociones complejas, agridulces, donde la melancolía y la ternura conviven sin dramatismo. La producción de James Krivchenia refuerza la sensación de libertad y apertura, evitando la tensión habitual de Big Thief y dejando que cada tema desarrolle su propio carácter y sensibilidad. 

THE MIRROR obtiene un 79 sobre 100 de media crítica y se convierte en el álbum mejor valorado de la discografía en solitario de BUCK MEEK y se distribuye de la siguiente manera: DIY 90/100; Still Listening 81/100; AllMusic, Uncut, Mojo, Record Collector y Hot Press 80/100; Beats Per Minute 79/100; Paste 75/100 y Far Out Magazine 70/100. Intuimos que todas estas buenas valoraciones están premiando la misma honestidad que siempre ha caracterizado su trabajo, pero ahora desplegada con una frescura y libertad que lo hacen más inmediato y accesible.  

Nuestra nota para THE MIRROR es de un 86 sobre 100. Porque debajo de esta colección de canciones aparentemente sencillas que desgranan experiencias y emociones, -no siempre complacientes- de un cantautor hijo de su propio tiempo, el álbum vale mucho más por lo que podemos leer entre líneas que por lo que cuenta en realidad. Nosotros percibimos THE MIRROR como un punto de inflexión en la carrera de BUCK MEEK en solitario. Un disco que abre puertas a nuevas etapas y perspectivas que seguramente explorará más adelante, y esperamos poder hablar con detalle de todos esos cambios que pensamos que se avecinan, cuando reseñemos su próximo disco.



MEJORES MOMENTOS: Gasoline, Can I Mend It, Rings Of Fire, Pretty Flowers, Demon, God Know Why...

MEDIA CRÍTICA: 79/100

NUESTRA VALORACIÓN: 86/100

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