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miércoles, 15 de julio de 2026

EL DISCRETO ASCENSO DE MELTT.

 


MELTT sigue siendo una banda relativamente desconocida para el gran público, pese a haber construido una base de seguidores cada vez más amplia gracias al boca a boca y a la fuerza de sus canciones. Originarios de Vancouver (Canadá), sus miembros se conocen desde la infancia, un vínculo que probablemente ha contribuido a la compenetración que transmiten tanto en sus composiciones como en la construcción de una identidad sonora común. Lejos de convertirse en un fenómeno inmediato, MELTT ha ido ampliando sus seguidores de forma gradual, impulsados sobre todo por el boca a boca entre aficionados al dream pop, el indie y el rock psicodélico contemporáneo. 

Su trayectoria discográfica refleja esa evolución constante. Swim Slowly (2019) fue una prometedora carta de presentación en la que ya aparecían muchas de las señas de identidad de la banda: atmósferas envolventes, guitarras espaciales y un gusto evidente por las melodías. Cuatro años después, Eternal Embers (2023) consolidó ese sonido con una producción más ambiciosa y un repertorio de canciones más sólido. Ahora llega PATHWAYS, su tercer álbum de estudio, un trabajo que consolida el camino emprendido en sus dos predecesores y demuestra la creciente madurez compositiva de la banda. 

La música de MELTT se mueve con naturalidad entre el indie pop, el dream pop, el rock psicodélico y el synth-pop. Son géneros que comparten una misma sensibilidad atmosférica, pero que el cuarteto canadiense combina sin perder fluidez. PATHWAYS mantiene ese ADN, aunque introduce un matiz importante: por primera vez el álbum ha sido producido íntegramente por la propia banda, sin recurrir a productores externos. El resultado es un sonido especialmente cohesionado, cálido y orgánico, en el que las texturas electrónicas conviven con guitarras de gran protagonismo y una producción menos orientada al impacto inmediato que al equilibrio del conjunto. No supone una ruptura respecto a sus dos trabajos anteriores, sino una evolución lógica que transmite una mayor confianza en sus propias decisiones artísticas. 




Resulta llamativo que una banda que ha conseguido una audiencia considerable en plataformas digitales continúe prácticamente fuera del radar de la crítica especializada. MELTT representa uno de esos casos en los que la conexión con los oyentes ha ido por delante del reconocimiento mediático. Su crecimiento se ha producido de manera orgánica, impulsado por el boca a boca y por la capacidad de sus canciones para encontrar público, mientras su propuesta sigue sin ocupar un espacio destacado en buena parte de los principales medios musicales. 

Quizás uno de los aspectos más interesantes de MELTT sea su identidad artística. La banda posee una personalidad reconocible para quien conoce su discografía, pero no necesariamente inmediata. Hay artistas que escuchas durante unos segundos y reconoces al instante. Con MELTT sucede algo diferente. Lo habitual es que la primera reacción sea otra: "¿Quiénes son?". Son canciones que despiertan la curiosidad antes que el reconocimiento. Su atractivo reside en la calidad de la composición, en la elegancia de los arreglos y en una producción muy cuidada que invita a seguir escuchando. Solo después, conforme uno se familiariza con su catálogo, empieza a identificar ese universo sonoro como algo inequívocamente suyo. Es una forma distinta de construir una identidad: menos basada en un rasgo llamativo y más en la consistencia de un lenguaje musical propio. 

PATHWAYS reúne una colección de canciones extraordinariamente accesibles, muchas de ellas con potencial para funcionar como sencillos sin renunciar a la sensibilidad propia del dream pop. Sin embargo, el álbum evita la sensación de ser una simple sucesión de temas independientes gracias a una cohesión sonora que le otorga unidad de principio a fin. MELTT demuestra que es posible escribir canciones inmediatas sin sacrificar la experiencia de escuchar un disco completo. Por la calidad de sus composiciones, la solidez de su producción y el equilibrio que alcanza entre accesibilidad y personalidad, PATHWAYS merece una valoración de 85 sobre 100. Es, probablemente, el trabajo que mejor sintetiza hasta la fecha las virtudes de una banda que sigue creciendo de manera silenciosa. MELTT no es una banda que busque ser descubierta porque esté oculta; es una banda que ya ha encontrado oyentes, pero cuyo reconocimiento todavía no está al nivel de su propuesta.



MEJORES MOMENTOS: Up All Night, Hesitate, By Your Side, Goodbye, Never Let Go, Monomyth... 

MEDIA CRÍTICA:---

NUESTRA VALORACIÓN: 85/100



lunes, 13 de julio de 2026

TASHA Y LA PRIMAVERA PERMANENTE.

 


Tasha Viets-VanLear, conocida artísticamente como TASHA, es una cantante, compositora y guitarrista de Chicago cuya música se ha convertido en una de las propuestas más singulares e interesantes dentro de la nueva generación de la canción de autor estadounidense. Antes de dedicarse plenamente a la música trabajó como organizadora comunitaria y activista, una experiencia que ha dejado una profunda huella en su manera de entender el arte. Su compromiso con la justicia racial y los derechos de las personas LGBTQ+ no aparece en su obra como un discurso añadido, sino como una sensibilidad que atraviesa sus canciones: una defensa del cuidado, la comunidad y la posibilidad de encontrar belleza incluso en contextos difíciles. Tasha se ha definido públicamente como una persona queer, y esa perspectiva forma parte de una escritura que aborda el amor, la intimidad y la identidad desde un lugar profundamente humano y sin convertirlo en una simple declaración de principios. 

Desde su debut con Alone at Last (2018), Tasha ha construido una discografía marcada por la elegancia, la calidez y una particular mezcla de indie folk, soul, R&B y pop de cámara. Aquel primer álbum recibió una notable acogida dentro de los círculos de la música independiente, mientras que Tell Me What You Miss the Most (2021) consolidó su reputación como una compositora capaz de transformar la vulnerabilidad en una experiencia luminosa. Más adelante, All This and So Much More (2024) amplió su paleta sonora y confirmó una evolución hacia arreglos más ambiciosos y expansivos. Con YOU'RE SPRING!, Tasha continúa explorando ese territorio entre la contemplación y la esperanza, presentando un álbum que no ignora las dificultades del presente, pero que apuesta por la ternura, la renovación y la capacidad de seguir creciendo.

Dentro de la nueva generación de cantautoras que han ampliado los límites de la música de raíz estadounidense, Tasha comparte sensibilidad con artistas como Jamila Woods y L'Rain, dos creadoras que además participan en YOU'RE SPRING! y que, como ella, entienden la música como un espacio de poesía, identidad y exploración emocional. Si Woods combina soul, spoken word y activismo desde una perspectiva profundamente comunitaria, y L'Rain lleva esas inquietudes hacia terrenos más experimentales y abstractos, Tasha encuentra un punto intermedio donde la canción de autor, el R&B y el pop de cámara conviven con una enorme delicadeza. 

También comparte camino con Joy Oladokun, especialmente en esa capacidad de transformar la vulnerabilidad, la identidad y la búsqueda de esperanza en canciones cálidas y accesibles, aunque TASHA se inclina por atmósferas más sutiles y arreglos más contemplativos. Frente a la vertiente más confesional del indie contemporáneo representada por Jensen McRae, TASHA propone una mirada menos narrativa y más sensorial: sus canciones no buscan tanto contar una herida como crear un espacio de refugio y conexión.








En el plano sonoro, YOU'RE SPRING! se mueve en un territorio donde confluyen el indie folk, el indie pop, el soul y el R&B, aunque algunas etiquetas como jazz o experimental soul requieren de ciertos matices. Más que un álbum de jazz propiamente dicho, TASHA incorpora una sensibilidad jazzística en la riqueza armónica, los arreglos y la atención al detalle, mientras que su faceta más experimental aparece en la manera de construir atmósferas y texturas sin romper nunca con la estructura de la canción. El resultado se acerca al pop de cámara: un espacio donde guitarras, pianos, cuerdas y armonías vocales construyen un marco cálido y envolvente alrededor de una voz que siempre permanece en primer plano. Sobre esta delicada arquitectura musical, TASHA desarrolla unas narrativas centradas en el amor, la comunidad, la identidad, el duelo y la esperanza. YOU'RE SPRING! no plantea la primavera como una simple metáfora de renovación individual, sino como la posibilidad de reconstruir vínculos y encontrar belleza en medio de un contexto complejo. Sus canciones hablan de resistir sin endurecerse, de cuidar como forma de supervivencia y de reivindicar la ternura como una fuerza transformadora.

En el apartado técnico, YOU'RE SPRING! es ante todo una obra de TASHA: ella firma todas las canciones y comparte las labores de producción con Gregory Uhlmann, manteniendo el control sobre la visión artística del álbum. Gregory Uhlmann aporta una capa de riqueza tímbrica que permite que las composiciones tengan mayor amplitud sonora, incorporando guitarras de texturas más atmosféricas, sintetizadores, arreglos sutiles y una atención especial al color de cada instrumento. Su experiencia como guitarrista, compositor y miembro del colectivo de jazz experimental SML se percibe en la manera de tratar el sonido, aportando una dimensión más expansiva sin alejarse nunca de la sensibilidad íntima de TASHA. El resultado es una producción donde la delicadeza de la composición y la amplitud del arreglo conviven en perfecto equilibrio: Uhlmann no impone una estética propia sobre las canciones, sino que funciona como un arquitecto sonoro que ayuda a convertir las emociones de Tasha en una experiencia llena de matices.

La recepción crítica de YOU'RE SPRING! ha sido, hasta el momento, notablemente positiva, aunque conviene contextualizar sus cifras debido al reducido número de reseñas profesionales disponibles. El álbum cuenta actualmente con una valoración media de 86 sobre 100, una puntuación construida a partir de dos críticas: el 91/100 otorgado por Paste, que destacó la capacidad de TASHA para convertir la vulnerabilidad y la esperanza en una experiencia musical cálida y expansiva, y el 80/100 de AllMusic, que puso el foco en la riqueza compositiva y la delicadeza de sus arreglos. Más allá de la cifra concreta, lo significativo es que ambas reseñas coinciden en señalar a TASHA como una artista con una identidad propia, capaz de moverse entre el folk, el soul y el pop de cámara sin perder la profundidad emocional que ha caracterizado su trayectoria.

Por nuestra parte, YOU'RE SPRING! es un álbum que alcanza una valoración de 90 sobre 100 gracias, sobre todo, a su extraordinaria cohesión como obra completa. TASHA construye un recorrido en el que cada canción parece formar parte de un mismo universo emocional, reforzando el carácter de álbum entendido como una experiencia y no como una simple colección de temas. Sin embargo, esa unidad no impide que muchas de sus piezas funcionen de manera independiente: varias canciones poseen una belleza inusual, a veces incluso inquietante, capaz de permanecer en la memoria por sus melodías, sus arreglos y la intensidad contenida de sus interpretaciones. Quizás el mayor problema de YOU'RE SPRING! sea precisamente que pertenece a ese territorio que todavía llamamos música de nicho, no porque su propuesta resulte inaccesible, sino porque los circuitos de difusión han decidido situarla ahí. Bastaría un mínimo de sensibilidad para dejarse llevar por la calidez, la profundidad y la delicadeza de este álbum; entrar en él supone aceptar la invitación de TASHA a quedarse un tiempo en su mundo, como aquellos lotófagos de La Odisea que, tras probar el fruto, ya no encontraban razones para marcharse.


MEJORES MOMENTOS: Summer, Special, Quick!, Spring, Clarion... 

MEDIA CRÍTICA: 86/100

NUESTRA VALORACIÓN: 90/100

viernes, 10 de julio de 2026

FATOUMATA DIAWARA: DE LA REVELACIÓN A LA MAESTRÍA.

 



Hay discos que llegan en un momento en el que parecen pertenecer a muy poca gente. Fatou (2011), el primer álbum de FATOUMATA DIAWARA, tenía esa cualidad de descubrimiento: la sensación de estar ante una artista que acababa de aparecer con una identidad completamente formada, pero que todavía no había alcanzado la dimensión internacional que hoy tiene. Era un álbum de enorme cercanía, construido alrededor de su guitarra, de su voz y de una escritura que conectaba la tradición mandinga con una sensibilidad contemporánea. Para muchos oyentes fue la presentación de una artista que parecía guardar un secreto que, con el tiempo, acabaría compartiendo con el mundo entero. Nosotros fuimos de los primeros en reseñar su debut en España y, desde entonces, hemos seguido su trayectoria con un interés especial. 

La evolución de FATOUMATA DIAWARA ha sido constante. Fatou mostró una personalidad artística ya definida; Fenfo (2018) supuso el gran salto hacia una audiencia internacional más amplia gracias a una producción más ambiciosa y una mirada más abierta, sin perder el vínculo con sus raíces. Más tarde, London Ko (2023) confirmó esa expansión, integrando con naturalidad la tradición de Malí, el pop global, la electrónica y las colaboraciones internacionales. Ya no buscaba un lugar en el panorama mundial: lo ocupaba con una propuesta propia. 

En ese recorrido aparece ahora MASSA, un álbum que no representa tanto una ruptura como una reafirmación. Después de ampliar su público y llevar su música a escenarios internacionales, Fatoumata vuelve a demostrar que su mayor virtud consiste en evolucionar sin perder la raíz, modernizando su lenguaje sin convertirlo en una simple adaptación a las tendencias globales. 

Su importancia también debe entenderse dentro de la historia de las mujeres africanas en la música internacional. Durante décadas, las grandes figuras femeninas africanas con reconocimiento mundial fueron excepciones dentro de una industria dominada por otras narrativas. La referencia inevitable es Miriam Makeba, una artista que llevó la música africana a una dimensión planetaria y que además convirtió su voz en un símbolo de lucha contra el apartheid y de defensa de la dignidad de su pueblo.

Pero FATOUMATA DIAWARA no pretende ocupar el mismo lugar que Makeba ni repetir su camino. Su contexto es diferente y su discurso pertenece a otra generación. Mientras Makeba fue una figura fundamental en la representación política y cultural de África durante el siglo XX, Fatoumata representa una África contemporánea, conectada con la diáspora, las nuevas tecnologías y una escena musical global en constante transformación. 

Su trayectoria se puede leer también junto a otras grandes mujeres africanas que han abierto caminos: Cesária Évora, que convirtió la melancolía de Cabo Verde en una emoción universal; Oumou Sangaré, símbolo de la fuerza del wassoulou y de la reivindicación femenina en Malí; o Angélique Kidjo, que ha construido un puente entre las raíces africanas y la música internacional contemporánea. Cada una representa una forma distinta de presencia africana en el mundo. 

FATOUMATA DIAWARA pertenece a esa tradición, pero también la continúa desde otro lugar. Es compositora, guitarrista, intérprete y creadora de su propio universo. Su música no presenta África como un recuerdo del pasado, sino como una cultura viva, cambiante y plenamente contemporánea. Por eso MASSA llega como la obra de una artista que ya no necesita ser descubierta, sino escuchada con la atención que merece.

La diferencia entre Fatou y MASSA permite entender mejor la evolución de FATOUMATA DIAWARA. El primer álbum siempre conservará un lugar especial porque pertenece a ese momento en el que todavía era un descubrimiento para muchos oyentes. Era una obra que parecía llegar desde un lugar casi privado, una pequeña revelación compartida entre quienes encontraron aquella voz antes de que su nombre alcanzara proyección internacional. 

Escuchar MASSA hoy permite comprobar hasta qué punto aquella artista ha crecido. La esencia sigue intacta -la conexión con sus raíces, la sensibilidad melódica y la fuerza de su voz-, pero el salto en el terreno sonoro es evidente. FATOUMATA DIAWARA ya no solo interpreta canciones: construye espacios, controla los silencios y sabe con precisión cuándo debe aparecer cada elemento. 

Ese dominio marca la diferencia entre ambos discos. No porque Fatou careciera de personalidad, sino porque era el trabajo de una artista que mostraba una identidad extraordinaria. MASSA, en cambio, pertenece a una creadora plenamente consciente de todas las herramientas expresivas que tiene a su alcance. 

La evolución entre ambos álbumes es también la distancia que separa una revelación de una autora que domina su propio lenguaje. En Fatou impresionaba la pureza de una voz nueva; en MASSA, la seguridad con la que esa voz ocupa su lugar dentro de una producción de enorme precisión, donde arreglos e interpretación parecen responder a una visión artística completamente definida.






 

El mayor triunfo de FATOUMATA DIAWARA quizá sea haber crecido sin perder aquello que hizo especial su debut. La artista que emocionó a quienes la descubrieron en Fatou sigue estando presente, pero ahora cuenta con una experiencia, una perspectiva internacional y una madurez que convierten MASSA en la obra de una creadora plenamente consciente de su dimensión artística.

Resulta complicado encerrar MASSA en una sola etiqueta. El término afropop puede servir como una aproximación inicial, pero también corre el riesgo de simplificar una obra mucho más rica. Como ocurre con frecuencia bajo la categoría de "músicas del mundo", se terminan agrupando propuestas muy diferentes únicamente por su procedencia geográfica. 

MASSA no es una simple actualización de sonidos africanos para un público global. En él conviven la tradición maliense, la sensibilidad del pop contemporáneo, una producción sofisticada, la electrónica sutil y una concepción muy cuidada del espacio sonoro. FATOUMATA DIAWARA no utiliza sus raíces como un elemento decorativo, sino como el punto de partida desde el que construye un lenguaje propio.

Quizás la mayor sorpresa del álbum sea descubrir un virtuosismo que en sus trabajos anteriores permanecía más contenido. En Fatou ya estaban la personalidad, la emoción y una voz extraordinaria; Fenfo reveló a una compositora con una visión más amplia; pero en MASSA emerge con claridad una artista que domina el ritmo interno de sus canciones y administra cada recurso con una precisión admirable. 

La grandeza del disco no reside en la acumulación de elementos, sino en saber cuándo utilizarlos. FATOUMATA DIAWARA entiende el valor del silencio, de la espera, de la repetición hipnótica y de la entrada exacta de cada instrumento. El álbum transmite la seguridad de una creadora que ya no busca una identidad sonora: la ha construido y la controla plenamente. 

Los créditos, que siempre leemos después de escuchar un disco, refuerzan esa impresión. Fatoumata firma todas las canciones y comparte la composición, los arreglos y la producción con -M- (Matthieu Chedid). Esa implicación explica la coherencia de MASSA, que nunca suena como una colección de temas aislados, sino como una obra concebida desde una visión artística unitaria. La evolución respecto a Fatou es enorme, no porque aquel debut haya perdido valor, sino porque demuestra hasta dónde ha sido capaz de desarrollar una voz que ya entonces era inconfundible.

La crítica ha otorgado a MASSA una media de 83 sobre 100, basada en las reseñas de Far Out Magazine (90/100), Mojo (80/100) y Uncut (80/100). Es exactamente la misma media que obtuvieron Fatou y Fenfo, mientras que London Ko alcanzó un 82/100. Aunque algunos críticos consideran que sigue alejándose del sonido más orgánico de sus primeros trabajos, existe un amplio consenso en que mantiene intactas dos de sus mayores virtudes: la fuerza de su voz y su capacidad para escribir canciones memorables. Esa continuidad explica que la recepción haya vuelto a ser claramente favorable.

Por nuestra parte, MASSA merece un 90 sobre 100. Las canciones mantienen un nivel de calidad muy alto y en ningún momento transmiten la sensación de ser un simple relleno. La producción es sofisticada sin eclipsar la voz de FATOUMATA DIAWARA, integra con naturalidad elementos electrónicos y contemporáneos sin romper el vínculo con la tradición musical de Malí y ofrece nuevos matices con cada escucha. Su interpretación vocal continúa siendo uno de los grandes pilares del álbum, capaz de transmitir fuerza y delicadeza con la misma naturalidad. 

Además, hay un aspecto que difícilmente puede reflejar una puntuación: la personalidad. Existen artistas técnicamente excelentes cuyos discos podrían confundirse entre sí; con FATOUMATA DIAWARA ocurre exactamente lo contrario. Bastan unos segundos para reconocer su voz, su forma de tocar la guitarra, su sentido del ritmo y el canto en bambara. Esa identidad, construida a lo largo de toda su trayectoria, es también la razón por la que MASSA no representa únicamente otro buen disco en su discografía, sino la confirmación de una de las voces más singulares de la música africana contemporánea.

Hoy, cuando FATOUMATA DIAWARA ya forma parte de la conversación musical internacional, resulta inevitable recordar aquel primer descubrimiento. MASSA demuestra que algunos secretos no desaparecen cuando dejan de serlo: simplemente encuentran la forma de llegar mucho más lejos.



MEJORES MOMENTOS: Djanne, Fala, Massa, Sigui, Mogo, Denko, Farana...   

MEDIA CRÍTICA: 83/100

NUESTRA VALORACIÓN: 90/100

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