Que el nuevo álbum de CARLY RAE JEPSEN sea un doble disco encaja bastante bien con el momento de su carrera. Desde E•MO•TION (2015), su trayectoria se ha construido más como una carrera de fondo que como una sucesión de grandes victorias inmediatas. Carly quizás nunca haya sido la popstar más grande de su generación, pero ha conseguido algo que no resulta menos interesante: mantener una discografía extraordinariamente consistente mientras se permite cambiar de rumbo, experimentar y seguir buscando nuevas formas de hacer pop.
DAY AND NIGHT lleva esa filosofía un paso más allá. Veinticuatro canciones son muchas canciones, quizás demasiadas. Probablemente el álbum habría ganado con una selección más reducida y con algunas de estas canciones convertidas en las habituales caras B que Carly ha utilizado para dar una segunda vida a su material. Aquí, sin embargo, prácticamente todo forma parte del mismo acontecimiento. La ventaja es que podemos escuchar una panorámica mucho más amplia de lo que Carly tiene ahora mismo en la cabeza. El inconveniente es que no todo merece necesariamente el mismo espacio.
El resultado es un álbum ambicioso, dividido en dos mitades que no son solamente una separación conceptual entre día y noche, sino también dos aproximaciones sonoras distintas. Day se mueve por terrenos de alt-pop, sophisti-pop, neo-psicodelia y pop-rock, con una producción más atmosférica, orgánica y expansiva. Night se acerca al dance-pop, el nu-disco y el house, recuperando con mayor claridad la Carly de la pista de baile y de los grandes estribillos.
Es fácil entender por qué Night puede resultar la mitad más inmediatamente atractiva. Ahí está una buena parte de la Carly que el público ya conoce y quiere: el ritmo, el brillo, el sintetizador, la melodía pegadiza y esa capacidad casi quirúrgica para convertir una emoción en una canción pop de tres minutos. Pero reducir Day a la mitad experimental o menos inmediata sería, a nuestro juicio, un error.
Porque Day no es simplemente el prólogo de Night. Es donde DAY AND NIGHT amplía de verdad el vocabulario de CARLY RAE JEPSEN. Hay una curiosidad musical que resulta especialmente estimulante precisamente porque no parece estar intentando demostrar que Carly todavía puede hacer E•MO•TION. Eso ya lo sabemos.
Y quizás este sea uno de los grandes problemas de la conversación alrededor de Carly: medir toda su carrera con E•MO•TION. Es un disco extraordinario, pero también corre el riesgo de convertirse en una especie de contrato que parte del fandom quiere hacer cumplir eternamente. Cada nuevo lanzamiento acaba enfrentado a la pregunta de si es “tan bueno como E•MO•TION”, como si la única evolución posible fuera volver a producir una versión actualizada de aquel álbum.
La propia carrera de Carly demuestra lo contrario. Dedicated (2019) ha envejecido con mucha dignidad. The Loneliest Time (2022), recibido en su momento con cierta distancia, gana con las escuchas y permite apreciar mejor una faceta más madura, melancólica y relajada de su pop. The Loveliest Time (2025) prolongó esa etapa. Hay una continuidad mucho mayor en esta discografía de lo que puede sugerir la obsesión por buscar siempre al sucesor de E•MO•TION.
Por eso DAY AND NIGHT resulta interesante incluso cuando no es perfecto. Carly no parece interesada en quedarse quieta. Y tampoco parece necesitar colaboraciones externas para demostrar que sigue formando parte de la conversación en el mundo del pop. El álbum cuenta con una larga lista de productores y compositores -entre ellos Kyle Shearer, Cole M.G.N., Magnus Lidehäll, Billboard y Vincent Pontare-, pero no hay ningún invitado vocal. En una época en la que juntar dos nombres puede convertirse en una estrategia promocional tan importante como la propia canción, Carly mantiene el foco sobre sí misma. El recuerdo de su dúo con Rufus Wainwright demuestra, además, que cuando una colaboración tiene sentido artístico puede dejar una huella mucho más profunda que un simple feature destinado a generar titulares.
También resulta significativo que la producción del álbum sea tan plural. DAY AND NIGHT está construido desde una mezcla de dance-pop, alt-pop, sophisti-pop, nu-disco, neo-psicodelia, house y pop-rock. Sobre el papel podría parecer una colección demasiado heterogénea, pero esa variedad es precisamente parte de su atractivo. Las dos mitades tienen una personalidad suficientemente definida como para que la división día/noche no sea solamente conceptual: también se escucha.
El gran problema es que veinticuatro canciones obligan al oyente a convivir con momentos menos inspirados. Hay canciones que probablemente habrían funcionado mejor como caras B y que, dentro de un álbum más compacto, habrían dejado espacio para que las mejores ideas fluyeran. Carly siempre ha tenido una relación particularmente generosa con el material descartado; quizás aquí habría sido más beneficioso recuperar esa jerarquía.
Pero tampoco creemos que la solución sea pedirle que vuelva a hacer un disco de doce canciones calculado para producir otro E•MO•TION. Precisamente porque algunas de las mejores cosas de DAY AND NIGHT aparecen cuando Carly se aleja de lo esperado.
La recepción crítica, por su parte, confirma que DAY AND NIGHT se mueve en una zona bastante reconocible dentro de la trayectoria reciente de Carly. El álbum obtiene un 78 sobre 100 de media, con una recepción que va desde el 90/100 de AllMusic y God Is in the TV hasta el 60/100 de The Needle Drop y Spectrum Culture. Justo en la mitad tenemos a Sputnikmusic que le concede un 86/100; musicOMH, PopMatters, The Line of Best Fit, Rolling Stone y Dork que se sitúan en el 80/100; Pitchfork en el 75/100; y NME, Exclaim! y Slant Magazine en el 70/100.
Es un abanico considerable, pero hay algo que llama la atención: pese a la disparidad de opiniones, el disco mantiene prácticamente el mismo nivel crítico que viene acompañando a Carly desde E•MO•TION. No estamos ante un desplome ni ante una consagración crítica radicalmente nueva, sino ante otra entrega de una discografía extraordinariamente estable. De hecho, ese 78/100 iguala la valoración de E•MO•TION y queda muy cerca de las notas que han recibido sus trabajos posteriores. Es decir, incluso con las objeciones al exceso de duración y a una selección que podría haber sido más rigurosa, DAY AND NIGHT confirma que Carly lleva años moviéndose dentro de un nivel crítico bastante sólido.
Por nuestra parte no bajamos a DAY AND NIGHT de un 85 sobre 100. No porque consideremos que Carly haya creado un nuevo E•MO•TION, ni porque necesitemos proclamar que este es su mejor disco. De hecho, creemos que el álbum habría sido mejor con una selección más rigurosa. Pero sí encontramos aquí algo que valoramos especialmente: una artista pop con suficiente trayectoria y personalidad como para permitirse hacer un proyecto enorme, imperfecto y ambicioso sin quedar atrapada por la obligación de repetir su mayor éxito.
Y quizás por eso nuestra mitad favorita sea Day. No porque Night sea peor, ni porque haya que establecer una competición entre ambas, sino porque creemos que ahí está la parte más reveladora del álbum. Night nos recuerda por qué CARLY RAE JEPSEN es una magnífica artista pop. Day, en cambio, nos permite imaginar hacia dónde puede seguir creciendo.
A estas alturas, quizás esa sea una pregunta mucho más interesante que si Carly volverá alguna vez a hacer otro E•MO•TION.
No sabemos qué lugar ocupará CARLY RAE JEPSEN en la historia del pop ni si alguna vez será la número uno. Tampoco parece necesario resolverlo. Si continúa construyendo su carrera de esta manera, puede aspirar a algo mucho más difícil de conseguir: una carrera larga, flexible y capaz de envejecer bien. Una carrera de fondo. Y DAY AND NIGHT es otro paso, excesivo pero estimulante, en ese recorrido.
MEJORES MOMENTOS:
DAY: On Wires, After All, Burning Heart, Soft, Just a Little Walk on the Moon, Versailles...
NIGHT: Don't Leave Me on the Dance Floor, Near or Far, Motivation, Hold Me To The Light, Never Let a Good Thing Die...
MEDIA CRÍTICA: 78/100
NUESTRA VALORACIÓN: 85/100


