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viernes, 26 de junio de 2026

INFINITY SONG: EL SONIDO FAMILIAR VUELVE A ESCENA.



INFINITY SONG es una banda estadounidense de soft rock, folk y soul formada por cuatro hermanos de la familia Boyd: Abraham Boyd, Angel Boyd, Israel Boyd y Momo Boyd. Aunque el grupo se constituyó formalmente en 2014, su historia musical se remonta a la infancia: crecieron en una familia profundamente vinculada a la educación coral y musical, bajo la influencia de su padre, John Boyd, fundador del Detroit Boys & Girls Choir

El gran impulso llegó cuando firmaron con Roc Nation en 2016, sello fundado por Jay-Z. Sin embargo, el reconocimiento masivo tardó varios años en llegar. Tras una etapa inicial más cercana al R&B y al pop acústico, encontraron una identidad propia fusionando armonías familiares, soft rock de los años setenta, folk y soul contemporáneo. 

Su popularidad se disparó gracias a las redes sociales, especialmente con canciones como Hater's Anthem y Slow Burn, que se viralizaron por sus armonías impecables y su estética retro. El álbum Metamorphosis Complete (2024) consolidó su crecimiento artístico. 

Recientemente han publicado Infinity Song, su quinto álbum de estudio homónimo, que intuimos que va a suponer un punto de inflexión en la carrera de la banda. 

Más llamativo aún que el propio disco es lo que representa para la trayectoria del grupo. Los cuatro álbumes anteriores de INFINITY SONG habían pasado prácticamente inadvertidos para la crítica especializada, figurando como NR en los principales agregadores de reseñas. Su quinto trabajo, el homónimo Infinity Song, rompe por fin esa barrera de visibilidad y se convierte en el primer lanzamiento del cuarteto en generar un consenso crítico medible. Las dos primeras valoraciones publicadas -80/100 de Clash y 70/100 de NME- sitúan provisionalmente el álbum en una media de 75 sobre 100, una recepción favorable que confirma el creciente interés de la prensa musical por una banda que llevaba más de una década construyendo su carrera lejos de los focos. 

INFINITY SONG alcanzó notoriedad gracias a las redes sociales, pero su funcionamiento interno se parece más al de una banda clásica que a un producto viral. Los hermanos Boyd no solo escriben e interpretan las canciones; también participan directamente en su producción, con Israel y Abraham Boyd figurando entre los principales responsables del sonido del álbum junto a los productores Jonas Jeberg, Kevin Theodore y Justin Taylor. La viralidad llegó después de años de oficio, no al revés.  

Este álbum se mueve en la intersección entre el soft rock, el indie pop y el neo-soul. El grupo combina armonías vocales heredadas del gospel y el soul con arreglos de guitarra de inspiración setentera y una sensibilidad melódica contemporánea. La etiqueta bedroom pop puede resultar apropiada por la intimidad que desprenden muchas canciones, aunque la ejecución instrumental y la producción poseen una ambición que trasciende ampliamente los límites habituales de ese estilo. 




INFINITY SONG tiene más parentesco con grupos vocales clásicos como The Jackson 5, The Beach Boys o The Mamas & the Papas que con buena parte del indie pop actual. Las armonías son el verdadero centro de gravedad de su música; los géneros ayudan a situarla, pero no explican por completo su identidad artística. 

Nosotros pensamos que deberían cuidar más las portadas de sus trabajos. La portada de este quinto álbum homónimo puede presentar a INFINITY SONG como lo que es: una rara banda familiar en el panorama contemporáneo. Sin embargo, su apuesta visual resulta más nostálgica que la propia música. Casi se acerca más a la tradición clásica del adult contemporary estadounidense. El problema es que el álbum contiene una paleta estilística más amplia y contemporánea de lo que la imagen sugiere. Donde la música encuentra puntos de encuentro entre soft rock, neo-soul e indie pop, la cubierta parece reducir esa identidad a una lectura mucho más conservadora. 

Pondremos como ejemplo Hurricane, que es probablemente el tema más abiertamente orientado al single del álbum. Su producción, de precisión casi quirúrgica, combina reminiscencias del pop y soul de los ochenta con una estética de pulido contemporáneo heredera de la tradición de los 2000. Aunque se aleja de la sutileza del resto del disco, su eficacia estructural es difícil de discutir. Pues bien, esa portada no consigue transmitir justo lo que el álbum nos da con canciones como esa. 

El disco fluye con una naturalidad notable, fruto de una formación que suena tan cohesionada como cabría esperar de una banda familiar con años de convivencia musical. Las transiciones entre canciones no se sienten forzadas, sino orgánicas, como si el álbum se hubiera pensado más como un continuo que como una colección de pistas aisladas. 

En ese contexto, los dos interludios con voz hablada (en Many Rivers y Soldiers) funcionan más como marcas estructurales que como necesidades narrativas. Dividen el álbum en bloques y refuerzan una cierta intención conceptual, pero el propio material musical ya posee suficiente cohesión como para sostener ese recorrido sin necesidad de subrayados adicionales.

Infinity Song confirma el crecimiento artístico de la banda y su consolidación como una propuesta singular dentro del panorama actual. Es un disco sólido, bien secuenciado y con una identidad musical clara, que brilla especialmente en la cohesión vocal y en la naturalidad de su ejecución. Aunque ciertos elementos conceptuales y visuales no siempre están a la altura de su contenido musical, el conjunto funciona con notable consistencia. Un trabajo muy disfrutable que consolida a INFINITY SONG como una banda a seguir muy de cerca. Nuestra nota es un 85 sobre 100.   



MEJORES MOMENTOS: One Food Out, Hurricane, All Of My Friends, Running Away, Sayonara, Michigan... 

MEDIA CRÍTICA: 75/100

NUESTRA VALORACIÓN: 85/100

miércoles, 24 de junio de 2026

DAMIEN JURADO PRESENTA A LILLY MILLER.

 


Los que nos seguís desde hace años sabréis que DAMIEN JURADO siempre ha tenido un espacio en este blog. Aunque hace tiempo que no reseñamos sus discos porque se ha vuelto incontinentemente prolífico y sus últimos álbumes a priori no estaban aportando nada nuevo a su discografía. 

Richard Swift, su productor y casi "hermano" fallece en 2018. Swift produjo cuatro de los discos más importantes de la etapa madura de Jurado: Saint Bartlett (2010), Maraqopa (2012), Brothers and Sisters of the Eternal Son (2014) y Visions of Us on the Land (2016).  

Muchos críticos consideran que esa colaboración transformó profundamente el sonido de Jurado. Swift aportó arreglos más expansivos, psicodélicos y atmosféricos, alejándolo parcialmente del folk más austero de sus primeros años.

La etapa posterior a The Horizon Just Laughed (2018) ya sin Richard Swift, ha sido una mezcla curiosa: una productividad casi inhumana, pero también cierta sensación de que algunos discos eran más bocetos o variaciones sobre una misma atmósfera que obras realmente diferenciadas. 

Con Reggae Film Star (2022) todavía había una idea conceptual fuerte detrás, además de un trabajo de producción más elaborado. Fue su 18.º álbum de estudio y cerraba bastante bien esa racha iniciada tras la muerte de Richard Swift

Luego llegó 2023 con tres álbumes ese mismo año: Sometimes You Hurt the Ones You Hate, Motorcycle Madness y Passing the Giraffes. Precisamente el primero marcó la ruptura con Spotify: Jurado anunció que dejaría de publicar allí debido a las bajas remuneraciones para los artistas, y ese disco fue el primero de su catálogo reciente que no apareció en la plataforma. 

En 2025 editó otros dos discos más: Motorcycle 25' y Private Hospital. Y por fin llegamos a 2026 y es el momento de poner el foco de nuevo en DAMIEN JURADO porque este nuevo álbum sí que aporta algo distinto y es bastante diferente de todo lo que había hecho hasta el momento. 

Se trata de un disco colaborativo entre DAMIEN JURADO & LILLY MILLER titulado DID SOMETHING IN ME BREAK? El álbum alterna canciones interpretadas por ambos -11 de Miller y 9 de Jurado-, de modo que no es simplemente un disco de Jurado con coros invitados, sino un auténtico diálogo entre dos voces y dos sensibilidades folk y parece que los problemas con Spotify se han solucionado porque está disponible y aparece dentro de la discografía actual de Jurado en la plataforma.

La gran pregunta a todo esto es quién es LILLY MILLER porque no hay demasiada información biográfica de la artista más allá de que es una cantautora de Seattle y que ya tenía música publicada antes de colaborar con Jurado. En su página de Bandcamp aparecen al menos dos lanzamientos previos a DID SOMETHING IN ME BREAK?: Silver Blue (2023) y After, now (2025). Además, tiene una web propia -Lilly Miller-, lo que indica que no es una debutante surgida exclusivamente para este proyecto. Hay un detalle que nos parece especialmente revelador. El periodista musical Lars Gotrich ha comentado que Jurado llevaba "un tiempo defendiendo y promocionando a esta compositora de Seattle". Eso sugiere que Jurado ya conocía y admiraba su trabajo antes de grabar el disco conjunto.

Lo que sí puede afirmarse con seguridad es que LILLY MILLER no actúa como mera colaboradora: compone e interpreta sus propias canciones, que constituyen algo más de la mitad del álbum (11 de las 20 pistas), y figura además entre los productores del disco junto a Jurado y Lacey Brown.

Un álbum como DID SOMETHING IN ME BREAK? destaca precisamente porque rompe la fórmula: cambia la dinámica vocal, introduce otro punto de vista compositivo y obliga a Jurado a salir un poco de su zona de confort. Después de tantos discos en solitario de tono introspectivo y minimalista, esa interacción con Miller resulta bastante revitalizante. Aunque tenemos la impresión de que DAMIEN JURADO admira realmente a LILLY MILLER y ha sido muy generoso compartiendo su espacio. Presentarla en sociedad y apadrinarla ha sido como entregar un gran regalo a sus seguidores. 

De hecho, las canciones de Jurado en el disco son más breves. Pero tienen una luminosidad que nunca se vió en esa época austera tras la muerte de Swift. Nos transmite algunas sensaciones que vivimos con Caught In The Trees (2008). Es cierto que este es el DAMIEN JURADO de 2026 y no estamos hablando de una regresión, pero sí de algunos destellos de una etapa que vista con perspectiva, probablemente fue una de las mejores de su carrera. Porque estamos hablando de un cantautor con más de treinta años sobre los escenarios. 

Con respecto a la crítica, la realidad es que sus dos últimos álbumes de 2025 y DID SOMETHING IN ME BREAK? de este 2026 no han tenido ninguna recepción crítica. Un artista como DAMIEN JURADO vive hoy en una especie de tierra de nadie. Ya no pertenece al circuito mediático que cubre los lanzamientos de forma sistemática, pero tampoco es un descubrimiento emergente que genere novedad. Si además publica discos con tanta frecuencia, muchos medios terminan desconectándose simplemente por saturación. No necesariamente porque los discos sean malos, sino porque el ciclo de atención actual está diseñado para otra cosa. 

Una pena porque se están perdiendo un álbum como DID SOMETHING IN ME BREAK? que es lo más fresco y diferente que ha presentado DAMIEN JURADO en años. 

Sobre LILLY MILLER sería muy fácil decir que es otra discípula más de Joni Mitchell. Lo primero que nos llamó la atención al escuchar sus canciones en el álbum fue que no recuerda tanto al universo habitual de Jurado como a la tradición de cantautoras folk de los años 60 y 70: Su forma de frasear tiene algo de la joven Joni Mitchell. Las melodías son más abiertas y luminosas que las de Jurado. Hay una sensibilidad muy narrativa y confesional. Canciones como Cathedral, Ancient Ritual o January Song tienen ese aire de folk íntimo que podría emparentarse también con Judee Sill, Vashti Bunyan o incluso ciertas etapas de Sandy Denny. Con las que encontramos mucha más relación que con Mitchell.

Por nuestra parte, consideramos que DID SOMETHING IN ME BREAK? podría suponer casi una rareza en la discografía de DAMIEN JURADO. Pero era justo el disco que nos apetecía escuchar en este momento y el que nos ha reconciliado con él. Porque decidimos dejar de seguirle la pista deliberadamente cuando comenzó a publicar tres discos por año. Nuestra nota para este álbum se mantiene en el 90 sobre 100 con el que siempre hemos puntuado sus álbumes. Y sobre todo, bienvenida LILLY MILLER. Estamos convencidos de que volveremos a hablar de tí.  



MEJORES MOMENTOS: Cathedral, Ancient Ritual, January Song, River Down, Cardinal, Twenty Eight, Like The Cold, Fire, Anna... 

MEDIA CRÍTICA:----

NUESTRA VALORACIÓN: 90/100

lunes, 22 de junio de 2026

JOSH CONWAY ENCUENTRA SU VOZ.

 



JOSH CONWAY es un músico, intérprete, multiinstrumentista, DJ y productor de Los Ángeles que hasta ahora era más conocido por su trabajo detrás de la banda The Marías de la que es cofundador junto a la cantante María Zardoya. De hecho, se conocieron cuando él trabajaba como técnico de sonido en un local de Los Ángeles donde ella actuaba. 

Dentro de la banda no solo es el batería: también ha sido una pieza clave en la producción y composición del sonido característico del grupo. Participó como compositor en la canción Otro Atardecer de Bad Bunny para el álbum Un Verano Sin Ti (2022), ganador del Grammy al Mejor Álbum de Música Urbana y recibió una nominación al Grammy por su trabajo de ingeniería y producción en Cinema (2021) el álbum debut de The Marías, lo que refleja que su reputación va más allá de tocar instrumentos y que es un solvente compositor y productor al margen de su trabajo con The Marías

PLUM es su primer disco como solista. Lo ha descrito como un trabajo muy personal sobre relaciones, autoconocimiento y exploración emocional. Fue grabado entre Joshua Tree, Los Ángeles y París. Musicalmente, PLUM se aleja un poco del sonido más elegante y cinematográfico de The Marías y explora una mezcla de indie pop, electrónica y rock psicodélico con letras mucho más introspectivas.

Escuchando PLUM se nos ha venido a la memoria Ben Howard y lo mencionamos para que el lector pueda ubicar un poco a Conway, no porque hagan exactamente lo mismo. Ambos tienen una forma parecida de construir atmósferas: canciones que parecen más interesadas en crear un estado emocional que en exhibir un estribillo contundente. 

En PLUM también encuentramos esa sensación de espacios abiertos y de producción orgánica que evoca la deriva contemplativa del Ben Howard de Noonday Dream (2018), sustituyendo el folk expansivo por una paleta más electrónica y psicodélica. Aunque también apunta a algo diferente: canciones claramente definidas, con identidad propia, pero unificadas por una estética común. Es una cohesión que nace del lenguaje musical, de la producción y del tono emocional, no tanto de una arquitectura conceptual que convierta el álbum en una única pieza extensa. Aunque algunos medios han señalado influencias de The 1975 o Bleachers, la referencia que mejor nos ayuda a contextualizar el álbum es Ben Howard




Muchos discos recientes confunden cohesión con homogeneidad. PLUM evita esa trampa. Sus canciones conservan contornos nítidos y personalidad propia, pero la unidad del álbum emerge de una sensibilidad compartida más que de la repetición de fórmulas. O dicho de otra manera: un disco puede sentirse como un todo sin sacrificar la individualidad de sus partes. 

En PLUM no parece haber una narrativa conceptual cerrada ni una historia unificada al estilo de un álbum conceptual. Más bien se presenta como un conjunto de canciones unidas por un mismo hilo emocional. Conway adopta un enfoque personal e introspectivo, centrado en las relaciones, la memoria emocional y los procesos de cambio. La intención parece ser más la de capturar estados de ánimo que la de construir una narrativa lineal, apoyándose en una producción que prioriza la textura y la sensación por encima del discurso explícito.

PLUM es un disco ligero ideal para escuchar este verano. Pero no confundamos. Hay una diferencia importante aquí entre: ligereza como una intención estética que proporciona placer, accesibilidad y fluidez; y ligereza como falta de profundidad. PLUM es un disco que puede funcionar en contextos relajados sin exigir una escucha analítica constante. Pero eso no impide que las letras o la estructura escondan capas más intensas debajo que evoquen cierta melancolía. 

De momento solamente Clash ha escrito una reseña y ha valorado el álbum con un 80 sobre 100. Es la nota que ha recogido el agregador AOTY y, de momento, es una nota superior a sus dos álbumes con The Marías. Quienes nunca hayan terminado de conectar con la propuesta de The Marías podrían encontrar en PLUM una puerta de entrada más accesible al universo creativo de Conway. Aquí la producción sigue siendo rica y detallista, pero las canciones ocupan el centro del escenario con una claridad que a veces se echa de menos en los trabajos de su banda principal. 

Por nuestra parte tenemos que decir que a pesar de que varias canciones funcionan perfectamente de forma independiente, PLUM encuentra su verdadera dimensión cuando se escucha de principio a fin. Conway parece menos interesado en construir grandes momentos aislados que en sostener un clima emocional continuo donde cada tema aporta matices a una experiencia más amplia. Nuestra nota es un 85 sobre 100.

  


MEJORES MOMENTOS: forget him, belly breathing, focus, crumble, breathless... 

MEDIA CRÍTICA: 80/100

NUESTRA VALORACIÓN: 85/100

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