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miércoles, 8 de abril de 2026

THE NEW PORNOGRAPHERS: LA VIDA CONTINÚA.

 


Un nuevo álbum de una banda como THE NEW PORNOGRAPHERS es siempre un acontecimiento. Recientemente han publicado THE FORMER SITE OF, su décimo álbum de estudio. El lanzamiento llega en medio de circunstancias complicadas para la banda, un contexto que inevitablemente rodea la escucha, aunque no define el contenido del disco. Esta reseña se centra deliberadamente en el contenido musical del álbum, más que en los acontecimientos externos que han rodeado a la banda recientemente. Aun así, conviene señalar que el batería Joe Seiders ya no forma parte del grupo tras su arresto en un caso de especial gravedad, que ha desembocado en una ruptura inmediata y ha obligado a la banda a rehacer parte del material con el batería de sesión Charley Drayton antes de la publicación del disco, eliminando así la contribución previa de Seiders y cerrando esta etapa de forma tajante.

Otro cambio relevante en la formación es la ausencia de Dan Bejar, quien ya había dejado la banda en Continue As A Guest (2023) aunque aparecía como colaborador ocasional. Muchos fans podían esperar algún cameo puntual de Bejar en THE FORMER SITE OF, pero en esta ocasión no participa. Su ausencia no está relacionada con la ruptura con Joe Seiders ni con los acontecimientos recientes: se trata de una decisión personal de Bejar, que ha optado por mantenerse al margen de este proyecto.

Musicalmente, la ausencia de Dan Bejar se nota en la textura del disco, pero no deja un vacío que comprometa la fuerza del conjunto. Sus aportes distintivos -ese timbre vocal inconfundible y su enfoque compositivo particular- ya no están, y como consecuencia el disco se siente más uniforme en cuanto a voces y estilos. Sin embargo, esto también le da a Newman y al resto del grupo espacio para explorar arreglos y dinámicas propias de la banda, reforzando la sensación de cohesión y fluidez que caracteriza a THE NEW PORNOGRAPHERS incluso en su décimo álbum. Otro detalle interesante es que, a diferencia de varios de sus discos anteriores, THE FORMER SITE OF no incluye ninguna canción en la que Case tenga la única parte vocal, lo que contribuye a la sensación de equilibrio y colaboración entre las voces. 




THE FORMER SITE OF continúa la línea iniciada con su predecesor, Continue as a Guest (2023), mostrando a la banda en un registro más melancólico, introspectivo y contenido. El álbum deja a un lado en buena medida el indie pop y el power pop de ganchos que caracterizaban sus primeros trabajos, explorando texturas más atmosféricas y arreglos cuidados que reflejan su madurez musical. A pesar de este giro, se mantiene la riqueza vocal que distingue al grupo: las armonías y superposiciones de A.C. Newman, Kathryn Calder y Neko Case siguen presentes, aportando profundidad y cohesión, y recordando al oyente que, aunque la narrativa y el tono hayan cambiado, la esencia de la banda sigue intacta.

THE NEW PORNOGRAPHERS demuestran una vez más por qué son uno de los supergrupos más sólidos del panorama indie. En THE FORMER SITE OF, la producción es cuidada y detallada, con una sensación natural y equilibrada que evita la sobreproducción de algunos discos anteriores. La cohesión del grupo sigue intacta, y aunque la banda insiste en que ya no son los de Mass Romantic (2000), escuchándolos se percibe la misma energía y creatividad que los ha definido desde sus inicios, al tiempo que parecen abiertos a explorar nuevas narrativas.  

La crítica le ha otorgado una media de 76 sobre 100 que se distribuye de la siguiente manera: Hot Press 85/100; MusicOHM, Uncut, Mojo, Record Collector y Far Out Magazine 80/100; Allmusic y Exclaim! 70/100; Paste 67/100 y Under The Radar 60/100. 

Cuando se trata de una banda veterana como THE NEW PORNOGRAPHERS de la que ya se ha dicho prácticamente todo, basta escuchar dos veces un álbum como THE FORMER SITE OF para darse cuenta de que no es un álbum más, ni tampoco es un álbum alimenticio. Es una digna continuación del trabajo de muchos años y demuestran una capacidad de adaptación y resiliencia para superar obstáculos y seguir adelante ofreciendo buenos trabajos como este. Probablemente no se perciba como un disco revolucionario y se valorará mucho más a largo plazo. Porque el ruido mediático de su contexto puede hacer que no se escuche como debería. Pero lo que sí tenemos muy claro es que por muchos años que pasen, THE NEW PORNOGRAPHERS siempre tendrá algo que contar. Nuestra nota es un 86 sobre 100.  



MEJORES MOMENTOS: Pure Sticker Shock, Spooky Action, Votive, Ballad Of The Last Payphone, Great Princess Story...

MEDIA CRÍTICA: 76/100

NUESTRA VALORACIÓN: 86/100


lunes, 6 de abril de 2026

ARLO PARKS: CONSOLIDACIÓN SIN SOBRESALTOS.

 


Hay artistas cuya evolución se mide en rupturas, y otros cuya trayectoria se define por la persistencia. En el caso de ARLO PARKS, su tercer álbum, AMBIGUOUS DESIRE, parece confirmar que pertenece claramente al segundo grupo. 

Desde su debut, Collapsed in Sunbeams (2021), Parks construyó un universo emocional reconocible: íntimo, delicado, atravesado por una sensibilidad casi diarística. Aquel primer disco no solo fue celebrado por su honestidad, sino que fijó una identidad estética muy concreta. El problema -o la virtud, según se mire- es que esa identidad apenas ha sido cuestionada desde entonces.

También cabe preguntarse hasta qué punto el reconocimiento temprano condiciona una trayectoria. Tras el impacto de Collapsed in Sunbeams y sus nominaciones a los Premios Grammy, ARLO PARKS dejó de ser una promesa para convertirse en una artista con proyección global. En ese contexto, My Soft Machine (2023) puede interpretarse, al menos en parte, como un ajuste de escala: un disco que, sin renunciar a su identidad, parece buscar una mayor apertura y legibilidad fuera de su núcleo inicial. No tanto una concesión evidente, como una adaptación sutil a un marco de expectativas más amplio. 

Es en ese nuevo marco donde My Soft Machine empieza a insinuar un desplazamiento: menos inmediatez, más atmósfera; menos revelación, más elaboración. Pero también se percibía algo más importante: la renuncia implícita a un salto más marcado. Si el debut abría posibilidades, el segundo álbum empezaba a acotarlas. 

AMBIGUOUS DESIRE confirma esa tendencia. No hay aquí una ruptura, ni siquiera una tensión real entre pasado y presente. Lo que encontramos es una consolidación: una forma de escribir, de producir y de sonar que se afina, pero no se expande. 

La producción es clave en este sentido. La continuidad de nombres como Paul Epworth, junto a incorporaciones como Andrew Sarlo, no introduce una nueva dirección, sino que refuerza una paleta ya conocida. Todo suena muy cuidado, elegante, contenido… pero también previsible. Es un disco que evita el error y que, cuando asume riesgos, lo hace de forma controlada: se abre a paisajes sonoros más atmosféricos y deja entrever una sutil inclinación hacia bases cercanas al dance, aunque siempre dentro de un marco muy medido. En el apartado de colaboraciones, que en los últimos tiempos parece ser algo obligatorio en cada álbum nuevo que se edite, nos encontramos a Sampha

Si hay algún tipo de evolución en AMBIGUOUS DESIRE, esta no se encuentra en los temas que aborda -presentes desde Collapsed in Sunbeams- sino en la manera en que los articula. Donde antes había una cierta urgencia narrativa, una voluntad de capturar escenas y personajes concretos, ahora predomina una escritura más abstracta, más volcada en estados emocionales que en relatos. Esta ligera deriva hacia la interiorización viene acompañada de un mayor control formal: todo suena más medido, más uniforme, más consciente de sí mismo. La intimidad, que en sus primeros trabajos parecía una necesidad expresiva, empieza aquí a percibirse también como un estilo.

AMBIGUOUS DESIRE es, además, un disco que gana con las escuchas. En un primer acercamiento puede percibirse como una continuación de lo ya conocido, incluso como una evolución mínima dentro de ese margen de riesgo controlado. Sin embargo, a medida que se vuelve a él, empiezan a aflorar matices en sus texturas y en su construcción atmosférica que enriquecen esa primera impresión. No hay aquí un gesto expansivo inmediato, sino una evolución dosificada, casi contenida, que parece administrarse con cautela. 




Y sin embargo, esto no tiene por qué leerse únicamente como una carencia. Cabe otra interpretación: Parks ha decidido habitar su lenguaje en lugar de forzarlo. Donde otros artistas buscan la reinvención, ella opta por la continuidad. La pregunta, entonces, no es si evoluciona, sino cómo lo hace y dentro de qué límites.

También se puede leer este tipo de evolución contenida en un contexto más amplio: una industria que tiende a premiar la coherencia y a penalizar los giros bruscos, especialmente cuando un artista ya ha consolidado una identidad reconocible. En ese sentido, la progresión medida no solo responde a una decisión estética, sino también a una gestión de expectativas. Cabe preguntarse, además, si esta cautela no se ve acentuada en el caso de muchas artistas contemporáneas, sobre las que el foco crítico y comercial suele ser especialmente intenso, haciendo que cada desviación sea leída con mayor escrutinio. 

Es aquí donde la comparación con Laura Mvula resulta especialmente reveladora. Frente a la estabilidad de Parks, Mvula ha construido una carrera marcada por giros claros, riesgos formales y redefiniciones constantes de su sonido. No se trata de establecer una jerarquía simple entre ambas, sino de señalar dos modelos distintos de desarrollo artístico: uno basado en la exploración, otro en la consolidación. 

Pero hay un factor que no se puede obviar: el contexto. A estas alturas, ARLO PARKS no es una artista emergente, sino una figura consolidada, con reconocimiento crítico y éxito comercial. En ese marco, un disco como AMBIGUOUS DESIRE no solo es comprensible, sino funcional. La industria premia la coherencia cuando esta se traduce en una marca reconocible, y Parks ha construido precisamente eso. 

La cuestión, en última instancia, es qué esperamos de ella. Si buscamos transformación, este tercer álbum puede resultar insuficiente. Si, en cambio, aceptamos la repetición como una forma de profundización, entonces AMBIGUOUS DESIRE funciona como un capítulo más dentro de un mismo relato. Quizá el verdadero riesgo de ARLO PARKS no sea cambiar demasiado, sino no cambiar en absoluto. Y quizá también, para su público y su posición actual, eso sea exactamente lo que se espera de ella.

La crítica ha otorgado a AMBIGUOUS DESIRE un 76 sobre 100 que se distribuye de la siguiente manera: DIY y Hot Press 90/100; The Skinny, Exclaim!, Clash, The Independent, The Arts Desk, Record Collector y Rolling Stone UK 80/100; Pitchfork 71/100; PopMatters, AllMusic, Uncut, Northern Transmissions y Far Out Magazine 70/100, Still Listening 65/100 y MusicOMH 60/100.

También el contexto crítico empieza a reflejar esta estabilización. Si el debut, Collapsed in Sunbeams, acumuló una fuerte atención mediática (40 Reseñas) y una recepción entusiasta, los siguientes trabajos han ido mostrando un descenso progresivo tanto en volumen de reseñas como en entusiasmo. My Soft Machine (28 Reseñas) ya marcaba una ligera caída, y AMBIGUOUS DESIRE (17 Reseñas) confirma una tendencia: menos conversación, aunque con valoraciones todavía sólidas. No se trata necesariamente de un rechazo, sino de algo quizá más revelador: la crítica ya no percibe cada nuevo lanzamiento de ARLO PARKS como un acontecimiento. La sorpresa ha desaparecido, y con ella parte del interés. En cierto modo, la recepción crítica reproduce lo que su música sugiere en este momento: una carrera que se afianza, pero que ha dejado de generar urgencia. De seguir esta tendencia, no sería extraño que futuros lanzamientos reduzcan aún más su impacto mediático, no por falta de calidad, sino por una creciente previsibilidad en su propuesta.

Que AMBIGUOUS DESIRE alcance un 85 sobre 100 en nuestro baremo -una valoración alta- no es una contradicción, sino una evidencia de su solidez. Es un disco consistente, bien construido y emocionalmente reconocible, cualidades suficientes para situarlo en la conversación anual. Pero esa misma solidez es también su límite: todo en él funciona y, precisamente, nada termina de desbordarse. Quizás por eso, al terminarlo, resulta inevitable pensar en Pink Noise (2021) de Laura Mvula


MEJORES MOMENTOS: Get Go, Heaven, Beams, 2SIDE, Senses, South Seconds...

MEDIA CRÍTICA: 76/100

NUESTRA VALORACIÓN: 85/100

viernes, 3 de abril de 2026

LEAH BLEVINS: CRECIENDO SIN PERDER EL ALMA.

Os presentamos a LEAH BLEVINS con su excelente álbum debut First Time Feeling (2021) y os contamos lo complicado que era para muchos artistas independientes dar a conocer sus trabajos y tener la más mínima oportunidad de ser escuchados. También nos preguntábamos si podría mantener en el tiempo una carrera sólida haciendo ese country vintage que tanto nos había gustado. Algunas de esas respuestas llegan ahora con su segundo trabajo, ALL DRESSED UP

En cuanto al country vintage, se puede decir que no lo ha abandonado, pero ya no es el centro del sonido. Blevins sigue trabajando sobre raíces country y Appalachian, pero ahora se mezclan con rock setentero y soft rock. El resultado es un sonido más refinado, accesible y cercano al "Nashville moderno". De hecho, el álbum se ha llegado a definir como una combinación de country clásico (Dolly Parton, Patsy Cline) con estructuras y estética más propias del pop. 

Gran parte de este cambio se explica por la producción de Dan Auerbach. No solo encontramos un sonido con más capas y menos minimalismo folk -lo que ya aleja el disco del country vintage más puro-, sino también arreglos más "chic", menos rurales, y claros guiños al pop de los años 60. Es, en cierto modo, un paso del country/folk tradicional hacia un retropop con sabor country. 

También hay cambios en la atención mediática que rodea a la artista. Si First Time Feeling (2021) pasó prácticamente desapercibido pese a su calidad, ALL DRESSED UP ha ganado visibilidad gracias al nombre de Auerbach. Aun así, ni siquiera eso garantiza la atención de la crítica generalista, salvo que exista una narrativa potente alrededor del proyecto, como ocurrió con Yola, donde el revival soul y su historia personal jugaron un papel clave.





A esa falta de atención crítica también contribuye una cuestión más difícil de señalar: su difícil ubicación en el panorama actual. La propuesta de LEAH BLEVINS se mueve en una zona intermedia incómoda, demasiado country y americana para los medios generalistas, pero a la vez demasiado pulida y abierta estilísticamente para los círculos más puristas del género. No responde del todo ni al arquetipo de artista de raíces crudas, ni al de propuesta pop claramente exportable. Lo que la deja en una especie de limbo donde resulta más difícil de categorizar, y por tanto, de programar, reseñar o convertir en relato crítico. En un ecosistema que todavía depende en gran medida de etiquetas claras, esa indefinición -que artísticamente es una virtud- juega en su contra a la hora de captar atención. 

Como os hemos adelantado en el párrafo anterior, en AlbumOfTheYear.org, nuestro agregador de referencia, no hemos encontrado reseñas profesionales de ninguno de sus dos trabajos. Sí hay, en cambio, valoraciones de usuarios -que solemos tomar con muchísima cautela-, y estas sitúan el segundo álbum por encima del debut. Es probable que muchos hayan llegado a él precisamente por la visibilidad asociada a Auerbach, cuya producción funciona casi como una marca reconocible, Easy Eye Sound. Podéis ver su logotipo de la corona en la esquina inferior derecha de las portadas de todos los discos que produce. 

Entendemos que a los usuarios de esa página les guste más este segundo álbum. Es un muy buen álbum. Pero nosotros preferimos las encantadoras imperfecciones de First Time Feeling (2021). Aunque con LEAH BLEVINS ha ocurrido justo lo que tenía que ocurrir: dar un salto con su segundo álbum y trabajar con un productor de renombre. A largo plazo, seguramente será muy beneficioso para su carrera. Sin embargo, no podemos evitar percibir que un disco con una producción tan trabajada puede restarle autenticidad. Porque a veces, precisamente, en esas bellas imperfecciones es donde habita lo realmente genuino.

A pesar de que este segundo trabajo nos ha gustado ligeramente menos que su debut, mantenemos la misma valoración de 88 sobre 100 de su álbum anterior. ALL DRESSED UP es, objetivamente, un disco sólido y ambicioso, pero confesamos que echamos de menos la frescura y ese encanto vintage de First Time Feeling (2021). Aun así, sería injusto penalizarlo y restarle un par de puntos por esa nostalgia; su nueva música está hecha con talento y merece reconocimiento. Sobre todo para que Blevins no vuelva a pasar desapercibida.    



MEJORES MOMENTOS: Be Careful Throwing Stones, All Dressed Up, Diggin' In The Coal, Lonely, Leave It Up To Me...

MEDIA CRÍTICA:----

NUESTRA VALORACIÓN: 88/100

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