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miércoles, 22 de abril de 2026

JOSHUA BURNSIDE Y LA BELLEZA DE LO INVISIBLE.

 


JOSHUA BURNSIDE no es ningún debutante, lleva en activo desde 2017 y tiene siete álbumes editados. Curiosamente, cinco de ellos son autoeditados. Burnside consiguió llamar la atención con su álbum debut Ephrata (2017) cuyos tres sencillos tuvieron un gran éxito en la emisora BBC 6 music. Pero el resto de su carrera ha funcionado mejor gracias al boca a oreja. De hecho, hemos tardado demasiado tiempo en hablar de él. Porque una figura como la suya es indispensable en un blog independiente como el nuestro.

Lo que nos lo ha traído hasta aquí es su séptimo álbum de estudio IT'S NOT GONNA BE OKAY, uno de esos pequeños tesoros ocultos que te recomienda algún amigo y si no, no sabes que existen. Nosotros, una vez más, queremos hacer la función de "ese amigo" que os muestra algo que realmente importa. 

A Burnside lo definen como "artista de folk norirlandés" y esa etiqueta se entiende mejor como una referencia a la sensibilidad cultural de fondo que como una descripción literal de su sonido. No implica necesariamente el uso de instrumentos tradicionales o estructuras propias del folk más clásico, sino una manera particular de narrar y de construir atmósferas. Esa herencia se percibe en la tendencia a la introspección, en el gusto por los relatos fragmentados y en una emocionalidad contenida que rara vez se expresa de forma directa. Es un tipo de música que sugiere más de lo que afirma, que deja espacios en blanco para que el oyente los complete. 

Al mismo tiempo, este enfoque está profundamente influido por el contexto cultural de Irlanda del Norte, donde la tradición oral, la memoria colectiva y una cierta conciencia del pasado -marcada en parte por episodios como The Troubles- han moldeado una forma de expresión más sobria y reflexiva. Incluso cuando esos elementos no aparecen de manera explícita en las letras, sí se filtran en el tono general: una melancolía persistente, una atención especial a la pérdida y a las relaciones humanas, y una sensación de distancia o de silencio que forma parte del propio discurso musical. 

En este sentido, el folk contemporáneo que practica Burnside podría describirse como una evolución del género: una música que ha dejado atrás muchos de sus rasgos más identificables para integrarse en un lenguaje más amplio, cercano al indie o al singer-songwriter moderno, pero que conserva ese poso cultural en la forma de contar y de emocionar. Más que un estilo reconocible por sus elementos externos, es una manera de habitar las canciones.   



IT'S NOT GONNA BE OKAY es un álbum que parece sencillo en un principio, con ese aire íntimo y melancólico. Pero posee arreglos con muchísima intención y pronto empiezas a notar capas en la producción o en las letras que le dan mucho más peso emocional. Burnside ante todo es un gran storyteller y el álbum gana considerablemente cuando lo escuchas con las letras de las canciones delante. 

La pérdida de un amigo (o al menos una figura muy cercana) es una de las líneas emocionales más claras que atraviesan el disco. No es un álbum “conceptual” en el sentido rígido, pero sí funciona como un duelo fragmentado: recuerdos, culpa, momentos cotidianos que ahora pesan más, y esa sensación de que algo esencial se ha roto. Algunas canciones parecen hablar directamente de esa ausencia, mientras que otras la rodean desde distintos ángulos: soledad, desconexión, incluso cierta resignación. También hay ambigüedad intencional. Nunca deja todo explícito, lo que hace que la narrativa se sienta más universal. Puede leerse como la muerte de un amigo, pero también como una ruptura profunda o la deriva emocional tras perder a alguien importante. 

Como podréis imaginar un artista con tantísima libertad creativa, que autoedita sus discos y que tiene una base de oyentes -en estos casos, no nos gusta usar la palabra "fans"- fieles e implicados con su música, no sigue los patrones a los que estamos acostumbrados. Para empezar, creemos que dar con un disco como IT'S NOT GONNA BE OKAY es una suerte, y aunque tiene presencia en agregadores como AOTY y un medio importante como Hot Press lo ha puntuado con un 90 sobre 100, incluso si nada de eso hubiera ocurrido, el valor del disco seguiría intacto. Porque se trata de un artista y un álbum que están muy por encima de lo que pueda decir la crítica generalista sobre ellos.

Este tipo de discos existen un poco al margen de todo. No dependen del ruido, ni de la exposición, ni siquiera de la validación crítica para encontrar su lugar. IT'S NOT GONNA BE OKAY es uno de esos trabajos que sobreviven y crecen en la escucha atenta, en la recomendación sincera y en el vínculo casi íntimo que se establece con quien llega a él. Y precisamente por eso, porque no busca imponerse sino permanecer, su impacto es más duradero. Nosotros hemos llegado un poco tarde al universo Burnside, pero con IT'S NOT GONNA BE OKAY nos sentimos más que compensados. Estamos ante uno de esos discos que importan. Nuestra nota es un 92 sobre 100.   



MEJORES MOMENTOS: Something Else, Nicer Part Of Town, It's Not Going To Be Okay, Moon High, The Last Armchair, With You... 

MEDIA CRÍTICA: 90/100

NUESTRA VALORACIÓN: 92/100

lunes, 20 de abril de 2026

JESSIE WARE RENUNCIA A LA PERFECCIÓN.

 


Intentaremos hacer esto de la manera menos dramática posible. Pero deberíamos empezar a asumir que no siempre nuestros artstas preferidos nos van a dar un álbum de 100/100. JESSIE WARE estaba en muy buena racha con álbumes como What's Your Pleasure? (2020) y sobre todo con That! Feels Good! (2023). En el que muchos vimos una vocación renovadora del género y uno de los mejores álbumes de pop, no solo de su año de producción. Probablemente de la década. 

Esperar algo así de todos los álbumes que viniesen después es algo bastante ingenuo y todos sabíamos que SUPERBLOOM parecía condenado a no estar a la altura. Y conviene aclararlo desde el principio: no lo está, pero tampoco fracasa. Si te gusta JESSIE WARE seguramente le perdonarás muchas licencias que se toma en este nuevo trabajo. Pero siempre tendremos la duda de que si ha optado deliberadamente por un disco intrascendente, tirando por el camino del mamarracheo y el petardeo como lenguaje, más que por el de la sofisticación de sus álbumes anteriores o si aún así, cuando estaba creando este álbum pensaba que estaría escribiendo otra página en la historia del pop contemporáneo como con That! Feels Good! (2023). Nunca lo sabremos.

Nosotros intuimos que sabía perfectamente lo que tenía entre manos, que estaba jugando deliberadamente con nosotros con un disco disfrutón. Porque de lo contrario sería difícil justificar decisiones como el guiño directo a Ennio Morricone en The Good, the Bad and the Ugly dentro de Ride, o la construcción de Don’t You Know Who I Am? como un pastiche casi literal de I Will Survive y I Am What I Am de Gloria Gaynor. Sabemos que estas dos canciones van a funcionar porque están diseñadas para que entren fácil, suenen en todos sitios y se agoten rápidamente. Pero honestamente, para nosotros también son decisiones que rebajan cualquier aspiración mayor: dos momentos que, por sí solos, hacen imposible hablar de otro 100/100 y acercan el disco más a los clichés del Festival de Eurovision que a la ambición que definía sus trabajos anteriores.



En ese contexto, 16 Summers funciona como un contrapunto dentro de SUPERBLOOM. Aquí reaparece la JESSIE WARE más contenida, la que se apoya en la interpretación por encima del gesto fácil, recuperando una figura de diva clásica que parecía difuminarse en otros momentos del disco. 

Esa idea no es nueva en su carrera, pero aquí cobra un sentido especial si se conecta con su interpretación de The Way We Were de Barbra Streisand en los British Academy Film Awards: una reivindicación de una forma de cantar y de entender el pop que puede parecer pasada de moda, pero que en realidad es atemporal cuando se ejecuta con convicción. 16 Summers sugiere precisamente eso: que bajo el exceso y el guiño inmediato, sigue existiendo una intérprete capaz de sostener una canción desde la elegancia y no desde el impacto instantáneo.

En términos de sonoridad, el cambio respecto a su anterior trabajo también es significativo. Si aquel se movía en un territorio más expansivo -dance-pop, disco, boogie, funk y pop soul-, SUPERBLOOM reconfigura ese espectro hacia registros más contenidos: disco, smooth soul, boogie, pop soul y Philly soul. El desplazamiento no implica necesariamente una pérdida de ambición, pero sí un cambio de enfoque: menos urgencia rítmica, más refinamiento, más superficie. Un sonido que abandona parte del impulso físico del disco anterior para instalarse en una estética más suave, donde el brillo sustituye al golpe. Y en ese cambio, JESSIE WARE refuerza esa sensación general del álbum: la de un proyecto más relajado en su energía, pero también más difuso en su identidad.

En el apartado de producción, SUPERBLOOM marca una diferencia evidente respecto a sus trabajos anteriores. Si en el álbum previo el sonido estaba en manos de Stuart Price y James Ellis Ford, aquí el equipo se amplía hasta incluir a nombres como Barney Lister, Jon Shave, Karma Kid o Tommy D. En paralelo, el apartado compositivo también se diluye: de un núcleo reducido de colaboraciones se pasa a una constelación de más de veinte coautores acreditados junto a JESSIE WARE. El resultado no es necesariamente un problema de calidad, pero sí de dirección. SUPERBLOOM suena menos como un disco con una identidad única y más como un proyecto atravesado por distintas manos, ideas y sensibilidades. Y esa sensación de exceso de voces se traduce en algo que podría definirse, más que como dispersión, como una pérdida de foco.

La crítica ha otorgado a SUPERBLOOM una media de 76 sobre 100 que se queda ocho puntos por debajo de su álbum anterior. Aún así, hay medios como DIY que sí que le han otorgado ese 100/100 que nosotros hemos descartado desde el principio y en general, la recepción es positiva con valoraciones de 90/100 por parte de MusicOHM y Slant Magazine; 80/100 de Under The Radar, Clash, The Independent y Hot Press o 70/100 de Far Out Magazine. Las notas más bajas provienen de The Skinny, The Guardian y The Arts Desk (60/100) y Paste (58/100).

Por nuestra parte y después de que le diéramos un 100/100 a That! Feels Good! (2023) y que acabase Top4 en nuestra lista de los mejores álbumes de su año de producción, creemos que SUPERBLOOM no merece más de un 80 sobre 100. No es un mal disco ni un trabajo fallido, pero sí irregular, más ensamblado que verdaderamente dirigido, con momentos brillantes y otros claramente menos inspirados. 

Comercialmente es muy probable que funcione mucho mejor que otros trabajos más sólidos de su discografía y aquí surgiría otra duda, quizás la más incómoda: si en la música pop contemporánea hay que rebajar la calidad de los singles para que los discos se vendan más, suenen en las emisoras de radio y entren en la conversación pública... Aunque esas conversaciones sean efímeras.  



MEJORES MOMENTOS: 16 Summers, I Could Get Used To This, Automatic, Sauna, Mon Amour, Mr Valentine... 

MEDIA CRÍTICA: 76/100

NUESTRA VALORACIÓN: 80/100

viernes, 17 de abril de 2026

HOLLY HUMBERSTONE SALDA CUENTAS PENDIENTES.

 


Recuerdo que cuando hablamos de Paint My Bedroom Black (2023) y después de lo mucho que prometían los EPs previos de HOLLY HUMBERSTONE, nuestra reacción fue un tanto fría. Probablemente era un álbum algo mejor de lo que dijimos en su momento. Pero no estaba a la altura de las expectativas que habíamos depositado en ella. Afortunadamente, a veces el segundo álbum sirve para saldar algunas cuentas pendientes que se abrieron en el álbum debut y creemos que con CRUEL WORLD por fin esas deudas han sido resueltas.

En CRUEL WORLD, Humberstone apuesta por una sonoridad más luminosa y abierta, donde el peso del pop es mucho más evidente, pero sin abandonar del todo las coordenadas en las que se ha movido desde el principio. Hay ecos de alt-pop, indie pop y bedroom pop en la intimidad de algunas canciones, pero también una clara inclinación hacia estructuras más accesibles y arreglos que miran al synthpop, el folk pop o incluso ciertos matices de soft rock. Todo esto envuelve unas narrativas que siguen girando en torno a la vulnerabilidad emocional, las relaciones y la autoexploración. Aunque existe también una sensación de mayor exposición, como si las canciones, en lugar de refugiarse en lo introspectivo, buscaran ahora conectar desde una emoción más directa.

Si en su debut le reprochábamos cierta falta de identidad, aquí esa sensación se reformula más que desaparecer. Es fácil que, en escuchas puntuales o en algunos singles -como To Love Somebody-, venga a la cabeza Gracie Abrams, especialmente dentro de esa corriente de pop íntimo y emocional en la que ambas se mueven. Sin embargo, sería injusto reducir CRUEL WORLD a una simple derivación o insinuar que responde a una búsqueda de mayor visibilidad. Lo que ya se intuía en sus EPs -su capacidad para construir canciones con sensibilidad y gancho- aquí se desarrolla con mucha más visibilidad, dando forma a un disco que no solo confirma ese potencial, sino que la sitúa en un lugar mucho más definido. En conjunto, resulta sólido y convincente.





A nivel técnico, CRUEL WORLD cuenta con la producción de cuatro nombres principales: Rob Milton, Matt Zara, TommyD y Jonah Summerfield. Entre ellos, destacan especialmente Milton y Summerfield, que ya habían trabajado con HOLLY HUMBERSTONE en su álbum debut, reforzando así una continuidad sonora que ayuda a cohesionar esta nueva etapa. En el apartado compositivo, todas las canciones están firmadas por la propia Holly junto a siete co-autores, una cifra relativamente contenida si se compara con las extensas listas de acreditaciones que suelen acompañar a muchos lanzamientos actuales, lo que contribuye a mantener cierta coherencia de autoría a lo largo del disco. 

Lo que llama la atención, y en cierto modo va un poco a contracorriente en un contexto en el que muchas artistas parecen necesitar colaboraciones de peso para reforzar sus discos, es precisamente la ausencia de featurings. Y lo más interesante es que CRUEL WORLD no los necesita: el disco sostiene perfectamente su identidad y su narrativa sin apoyarse en voces externas, reforzando aún más la sensación de un proyecto muy centrado en la propia HOLLY HUMBERSTONE.

La crítica le ha otorgado una media de 77 sobre 100 distribuida de la siguiente manera. Rolling Stone UK le otorga la máxima puntuación (100/100) y considera que es uno de los mejores álbumes del año. Under The Radar 85/100; MusicOHM, DIY, Exclaim!, Clash, The Guardian, Dork, Spill Magazine y Far Out Magazine 80/100; Still Listening 69/100 y The Line Of Best Fit, The Skinny yThe Arts Desk 60/100.

En nuestro caso, la evolución respecto a su debut -un álbum demasiado oscuro para comenzar- la solidez del conjunto y la forma en la que HOLLY HUMBERSTONE consigue mostrar otros registros reafirmando su identidad, justifican una lectura algo más alta, elevando la nota hasta un 88 sobre 100. Un disco que no solo confirma su potencial, sino que lo ordena y lo consolida con una claridad que hasta ahora no había terminado de alcanzar en su carrera. 



MEJORES MOMENTOS: To Love Somebody, Cruel World, Die Happy, White Noise, Red Chevy, Beautiful Pageant... 

MEDIA CRÍTICA: 77/100

NUESTRA VALORACIÓN: 88/100

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