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miércoles, 1 de julio de 2026

TIFT MERRITT: LA BONDAD COMO ACTO DE RESISTENCIA.

 


TIFT MERRITT regresa con SUGAR tras casi una década de silencio. Es cierto que el año pasado nos regaló Time And Patience (2025). Un disco de maquetas domésticas ("kitchen recordings") y grabaciones inéditas realizadas alrededor de 2003-2004, durante el proceso creativo de Tambourine (2004). Merritt decidió publicarlas coincidiendo con el 20º aniversario de Tambourine. Ella misma explicó que eran canciones y versiones de trabajo en las que siempre había creído, aunque en su día no vieran la luz. Quizás se puede considerar como un "álbum perdido" más que un disco nuevo. Las críticas incluso lo definieron como un "companion disc" de Tambourine: un compañero que permite escuchar el proceso creativo de aquella época, con demos desnudas, tomas alternativas y material que quedó fuera del álbum definitivo.

La realidad es que desde Stitch Of The World (2017) no había editado ningún álbum nuevo. SUGAR parece recoger muchas de las experiencias acumuladas durante esos años de silencio discográfico: la maternidad, su trabajo en la Duke University y su implicación en la defensa de los derechos de los músicos. Las canciones se escribieron a lo largo de unos ocho años, de modo que el disco funciona como una auténtica continuación de Stitch of the World, más que como una ruptura con su trayectoria.

SUGAR nos ha sorprendido en algunos aspectos. El álbum se abre con el corte titulado Finest Feelings. En él TIFT MERRITT conserva ese timbre cálido y cercano que siempre la ha caracterizado, pero hay varios elementos que hacen que la interpretación resulte más poderosa de lo habitual. En primer lugar, la voz está colocada de otra manera. En discos como Bramble Rose (2002), Tambourine o incluso Stitch of the World, Merritt tendía a cantar con una mezcla de delicadeza y contención, apoyándose mucho en los matices.

En Finest Feelings canta con más cuerpo en el registro medio, proyectando la voz sin perder naturalidad. No da la sensación de que quiera demostrar potencia vocal; simplemente la tiene y la utiliza cuando la canción lo pide. 

También influye mucho la producción. La instrumentación empuja desde el primer momento, con una base rítmica firme y guitarras que ocupan más espacio del que era habitual en sus trabajos más introspectivos. En ese contexto, Merritt responde elevando la intensidad de la interpretación en lugar de susurrar por encima del arreglo. 

Hay además un factor que suele aparecer en artistas con una trayectoria larga: la madurez vocal. Con los años la voz pierde algo de brillo juvenil, pero gana densidad, resonancia y autoridad expresiva. En el caso de Merritt, ese ligero oscurecimiento del timbre juega a favor de canciones como Finest Feelings, que transmiten convicción sin necesidad de grandes alardes. 

Someone to Watch the Band With Me es otra de las canciones que llaman la atención por su fuerza. Aunque es un disco en el que Merritt nos da otros registros sorprendentes como lo que consigue con la polifonía de Fate of Man Is Sarah's Eyes que tiene un efecto muy luminoso. Como todas las voces son suyas, parece un diálogo consigo misma. Es casi como si la canción estuviera sostenida por distintas versiones de la misma persona: la joven, la adulta, la madre, la compositora... Esa lectura quizá sea más poética que literal, pero musicalmente funciona así.

Quizás la canción que más represente la esencia de TIFT MERRITT de este álbum sea Philosopher's Song. El tema elegido para cerrar SUGAR. Una canción hecha para habitarla y que despertará distintos sentimientos en los que han seguido la carrera de Merritt desde el principio. Sentimientos que van mucho más allá de la nostalgia.  

La producción del álbum corre a cargo de Lawrence Rothman. Aunque Merritt siempre ha estado encasillada en el folk o la americana en este álbum notamos que no abandona en ningún momento esos dos pilares pero también coquetea con el rock en algunos cortes. En la banda aparece de forma muy destacada Robert Ellis, que toca guitarras en prácticamente todo el álbum. También participan músicos como Audley Freed, Eric Slick, Peter Levin y Todd Bolden, que aportan un sonido más musculoso del que nos tenía acostumbrados.



La composición de las canciones de SUGAR viene firmada por la propia TIFT MERRITT es una constante en su discografía. Solo una canción de las doce tiene coautores: Someone to Watch the Band With Me. En ella, además de Merritt aparecen acreditados Daniel Tashian y dos autores franceses, Olivier Pocheville y Cécile Combre.

Eso hace que SUGAR nos parezca todavía más interesante. Aunque percibimos una evolución importante en el sonido, no se debe a que haya delegado la escritura, sino a que ha encontrado una nueva forma de vestir unas canciones que siguen siendo muy personales. En otras palabras, el cambio está más en la interpretación, la producción y la instrumentación que en la voz compositiva, que continúa siendo inequívocamente la de TIFT MERRITT.

Hay una consecuencia de todo esto que nos parece muy interesante: después de casi diez años sin publicar un álbum de estudio nuevo, podría haber recurrido a un equipo de compositores externos para buscar canciones más comerciales. Ha hecho exactamente lo contrario: ha regresado con un disco que, salvo una excepción, está escrito íntegramente por ella. Eso dice mucho de la confianza que tiene en su propia escritura a estas alturas de su carrera.

Y de momento, la crítica está celebrando SUGAR con unas valoraciones de 80 sobre 100 por parte de medios como Mojo o Uncut, publicaciones que rara vez regalan las notas altas, especialmente a artistas con una trayectoria larga. Un 80 implica que consideran que el álbum tiene recorrido y entidad propia. De mantenerse esta media SUGAR se convertiría en el segundo disco mejor valorado de su carrera despues de Bramble Rose. Porque recordemos que este álbum se liberó el pasado fin de semana.   

Uno de los puntos fuertes de SUGAR también es el narrativo. Es un álbum que vale más por lo que cuenta que por cómo lo cuenta. No nos parece un álbum que busque deslumbrar con giros armónicos o grandes arreglos. Es un disco de escritura, de observación y de experiencia vivida. Musicalmente acompaña con mucha elegancia, pero da la impresión de que Merritt quiere que prestemos atención a las palabras.

En discos anteriores, Merritt escribía mucho sobre el amor y los viajes interiores. En SUGAR parece haber un desplazamiento hacia la ética del cuidado: cuidar de otros, sostener una familia, trabajar, perseverar, seguir siendo amable en tiempos difíciles. No es casual que hayan pasado años entre ambos discos; durante ese tiempo ha sido madre, ha desarrollado otros proyectos y ha reflexionado mucho sobre la vida fuera de la industria musical. Todo eso parece haber acabado dentro de estas canciones.

Canciones costumbristas que muestran una idea muy presente en cierta literatura norteamericana contemporánea: que la vida adulta no consiste en acumular grandes acontecimientos, sino en aprender a mirar con atención los pequeños. Merritt parece escribir desde ese lugar. Hay una frase del escritor Raymond Carver que siempre nos viene a la cabeza con discos como este: la literatura -y por extensión las canciones- puede encontrar lo extraordinario en lo ordinario. Creemos que Merritt está trabajando precisamente en ese territorio. Y hay otro aspecto que nos parece especialmente interesante. Muchas cantautoras estadounidenses, al llegar a la madurez, han optado por hacer discos más introspectivos o más sombríos. Merritt, en cambio, parece interesada en otra cuestión: la bondad. No la bondad ingenua, sino la que cuesta mantener cuando la vida ya te ha enseñado unas cuantas decepciones. Esa insistencia en la generosidad, el cuidado y la dulzura como actos casi de resistencia nos parece una de las ideas más originales de SUGAR.

Quizás ahí resida el mayor logro de este trabajo. No en demostrar que TIFT MERRITT sigue siendo una gran compositora -eso hace mucho tiempo que dejó de estar en discusión-, sino en confirmar que todavía es capaz de mirar el mundo con curiosidad, humanidad y una delicadeza que nunca resulta complaciente.

Con SUGAR, Merritt firma uno de los mejores trabajos de toda su carrera. Un álbum que amplía su lenguaje sonoro sin renunciar a la identidad que ha definido siempre su escritura y que confirma que su inspiración no solo permanece intacta, sino que ha adquirido una profundidad poco común. Nuestra nota es un 92 sobre 100.



MEJORES MOMENTOS: Philosopher's Song, Everyday Singing, Finest Feelings, Someone To Watch The Band With me, Sugar, Look What Love Just Did... 

MEDIA CRÍTICA: 80/100

NUESTRA VALORACIÓN: 92/100

lunes, 29 de junio de 2026

BETH ORTON: CUANDO TODO ENCAJA.

 


¿Recordáis aquellos años en los que nos sentábamos tranquilamente a escuchar un disco por el simple placer de escuchar un disco y no hacíamos otra cosa? Podíamos poner un LP, sentarnos en el sofá, quizás leer las letras o simplemente mirar la portada mientras sonaba el álbum entero. No había necesidad de hacer nada más. Como mucho, acompañar la experiencia con un cigarro o una copa de vino. El disco marcaba el tiempo.

Pues bien, eso fue una práctica muy común durante décadas y, efectivamente, hoy es bastante menos frecuente. Escuchar un disco era una actividad en sí misma, no el acompañamiento de otra. Hoy la música ha adquirido muchas funciones distintas. Acompaña el deporte, el trabajo, los desplazamientos, las tareas domésticas... No hay nada malo en eso, pero es un modo de escucha diferente. En ese contexto, un álbum como THE GROUND ABOVE de BETH ORTON puede pasar casi desapercibido porque no está diseñado para competir con otras cosas que reclaman tu atención.

Brian Eno distinguía entre música que podía estar en primer plano y música que podía convivir con el entorno. BETH ORTON, en este momento de su carrera, está haciendo claramente música de primer plano. No porque sea estridente, sino porque su riqueza aparece cuando le dedicas atención.

Recordemos que BETH ORTON viene de Weather Alive (2022) uno de sus trabajos más aclamados por la crítica. Algo que ponía de entrada a THE GROUND ABOVE en una posición un tanto difícil. ¿Sería capaz de hacer otro disco igual o superior? Queda claro que estas cuestiones se las plantean más los críticos o el público que los propios artistas.

Porque con THE GROUND ABOVE parece haber ocurrido algo poco habitual: no solo no se ha resentido tras un disco tan celebrado como Weather Alive, sino que muchos críticos consideran que ha prolongado esa misma inspiración creativa. La crítica le ha otorgado una media de 80 sobre 100 que ha revalidado prácticamente la nota de su Weather Alive. Medios como Hot Press, MusicOMH y AllMusic le otorgan puntuaciones muy altas en torno al 90/100 y el resto de valoraciones son muy positivas: Slant Magazine, Uncut, Rolling Stone UK, Mojo y Far Out Magazine 80/100; Northern Transmissions 73/100 y The Arts Desk 60/100. Muchos de estos medios destacan precisamente que no intenta ser un disco de algoritmo, sino una obra que exige tiempo y atención.




La clave está en que Weather Alive no fue un pico aislado, sino el comienzo de una nueva etapa. Ella misma ha explicado que ambos discos nacen del mismo impulso creativo: trabajar desde el piano, autoproducirse y permitirse desarrollar las canciones sin preocuparse por la duración (algunas rondan entre los seis y los ocho minutos) ni por las convenciones comerciales. De hecho, ha descrito THE GROUND ABOVE como un disco hermano del anterior. 

Algo que se nota en decisiones que son casi contraculturales como que sean solo ocho canciones, que la duración exceda todos los estándares o que las estructuras evolucionen lentamente en lugar de buscar un estribillo inmediato. Además de darle espacio a las texturas instrumentales y a los arreglos para que se expandan. 

Lo que nos parece más admirable es que todo esto llegue cuando lleva tres décadas de carrera. Lo más frecuente es que un artista termine viviendo de la nostalgia; en cambio, Orton parece estar haciendo algunos de los trabajos más inspirados de su discografía precisamente ahora. Hay una madurez en su voz -más grave, más áspera- y una libertad compositiva que probablemente no habría tenido en los noventa.

Si Weather Alive fue recibido como un regreso inesperadamente brillante, THE GROUND ABOVE empieza a dar la sensación de confirmar que no fue una excepción, sino el inicio de un auténtico renacimiento artístico. Y eso, en una carrera tan larga, es bastante excepcional.

THE GROUND ABOVE se mueve en un territorio difícil de encerrar en una sola etiqueta, y precisamente ahí está una de sus virtudes. Aunque aparece clasificado como art rock, ambient pop, art pop y post rock, siempre bajo el marco de singer-songwriter, lo que suena no es una mezcla dispersa de estilos, sino una única idea musical desarrollada con distintos matices. La escritura sigue siendo profundamente autoral y centrada en la voz, pero la producción -asumida por la propia Orton- desplaza el foco hacia la textura, la duración y el espacio, más que hacia la estructura clásica de canción. 

Al igual que en Weather Alive, la secuenciación de las canciones es perfecta. En este caso el álbum se abre con la canción The Ground Above, que excede los ocho minutos. No es una decisión de impacto en el sentido tradicional, sino una declaración de intenciones: no te está invitando a entrar poco a poco, sino a sumergirte directamente en el espacio sonoro del disco. A partir de ahí, el resto se percibe como un desplazamiento continuo, más cercano a un viaje que a una sucesión de canciones independientes. Hasta que llega el punto álgido representado por el tramo final a partir de Waiting y con I'll Miss You, Love Your Right y Otherside, canciones que crecen en intensidad y tienen un peso específico dentro del conjunto a pesar de que el álbum funcione como un "todo". Esto refuerza la sensación de arco narrativo, como si el álbum cerrara el círculo después de haber explorado estados más abiertos y atmosféricos. 

THE GROUND ABOVE es una obra completamente cerrada y sin grietas internas. No solo se sostiene, sino que se amplía con el tiempo. Por eso, nuestra nota es un 100 sobre 100. Estamos ante un álbum que funciona como una experiencia total. Habría sido fácil darle esa puntuación valorando su veteranía, su autosuficiencia o incluso atribuyéndole un mérito añadido a su trayectoria. Pero no ha sido necesario: es un álbum que habla por sí solo. 


MEJORES MOMENTOS: Las ocho canciones son realmente buenas y deben ser escuchadas de principio a fin y en el orden que están secuenciadas, sin usar el modo aleatorio. 

MEDIA CRÍTICA: 80/100

NUESTRA VALORACIÓN: 100/100

viernes, 26 de junio de 2026

INFINITY SONG: EL SONIDO FAMILIAR VUELVE A ESCENA.



INFINITY SONG es una banda estadounidense de soft rock, folk y soul formada por cuatro hermanos de la familia Boyd: Abraham Boyd, Angel Boyd, Israel Boyd y Momo Boyd. Aunque el grupo se constituyó formalmente en 2014, su historia musical se remonta a la infancia: crecieron en una familia profundamente vinculada a la educación coral y musical, bajo la influencia de su padre, John Boyd, fundador del Detroit Boys & Girls Choir

El gran impulso llegó cuando firmaron con Roc Nation en 2016, sello fundado por Jay-Z. Sin embargo, el reconocimiento masivo tardó varios años en llegar. Tras una etapa inicial más cercana al R&B y al pop acústico, encontraron una identidad propia fusionando armonías familiares, soft rock de los años setenta, folk y soul contemporáneo. 

Su popularidad se disparó gracias a las redes sociales, especialmente con canciones como Hater's Anthem y Slow Burn, que se viralizaron por sus armonías impecables y su estética retro. El álbum Metamorphosis Complete (2024) consolidó su crecimiento artístico. 

Recientemente han publicado Infinity Song, su quinto álbum de estudio homónimo, que intuimos que va a suponer un punto de inflexión en la carrera de la banda. 

Más llamativo aún que el propio disco es lo que representa para la trayectoria del grupo. Los cuatro álbumes anteriores de INFINITY SONG habían pasado prácticamente inadvertidos para la crítica especializada, figurando como NR en los principales agregadores de reseñas. Su quinto trabajo, el homónimo Infinity Song, rompe por fin esa barrera de visibilidad y se convierte en el primer lanzamiento del cuarteto en generar un consenso crítico medible. Las dos primeras valoraciones publicadas -80/100 de Clash y 70/100 de NME- sitúan provisionalmente el álbum en una media de 75 sobre 100, una recepción favorable que confirma el creciente interés de la prensa musical por una banda que llevaba más de una década construyendo su carrera lejos de los focos. 

INFINITY SONG alcanzó notoriedad gracias a las redes sociales, pero su funcionamiento interno se parece más al de una banda clásica que a un producto viral. Los hermanos Boyd no solo escriben e interpretan las canciones; también participan directamente en su producción, con Israel y Abraham Boyd figurando entre los principales responsables del sonido del álbum junto a los productores Jonas Jeberg, Kevin Theodore y Justin Taylor. La viralidad llegó después de años de oficio, no al revés.  

Este álbum se mueve en la intersección entre el soft rock, el indie pop y el neo-soul. El grupo combina armonías vocales heredadas del gospel y el soul con arreglos de guitarra de inspiración setentera y una sensibilidad melódica contemporánea. La etiqueta bedroom pop puede resultar apropiada por la intimidad que desprenden muchas canciones, aunque la ejecución instrumental y la producción poseen una ambición que trasciende ampliamente los límites habituales de ese estilo. 




INFINITY SONG tiene más parentesco con grupos vocales clásicos como The Jackson 5, The Beach Boys o The Mamas & the Papas que con buena parte del indie pop actual. Las armonías son el verdadero centro de gravedad de su música; los géneros ayudan a situarla, pero no explican por completo su identidad artística. 

Nosotros pensamos que deberían cuidar más las portadas de sus trabajos. La portada de este quinto álbum homónimo puede presentar a INFINITY SONG como lo que es: una rara banda familiar en el panorama contemporáneo. Sin embargo, su apuesta visual resulta más nostálgica que la propia música. Casi se acerca más a la tradición clásica del adult contemporary estadounidense. El problema es que el álbum contiene una paleta estilística más amplia y contemporánea de lo que la imagen sugiere. Donde la música encuentra puntos de encuentro entre soft rock, neo-soul e indie pop, la cubierta parece reducir esa identidad a una lectura mucho más conservadora. 

Pondremos como ejemplo Hurricane, que es probablemente el tema más abiertamente orientado al single del álbum. Su producción, de precisión casi quirúrgica, combina reminiscencias del pop y soul de los ochenta con una estética de pulido contemporáneo heredera de la tradición de los 2000. Aunque se aleja de la sutileza del resto del disco, su eficacia estructural es difícil de discutir. Pues bien, esa portada no consigue transmitir justo lo que el álbum nos da con canciones como esa. 

El disco fluye con una naturalidad notable, fruto de una formación que suena tan cohesionada como cabría esperar de una banda familiar con años de convivencia musical. Las transiciones entre canciones no se sienten forzadas, sino orgánicas, como si el álbum se hubiera pensado más como un continuo que como una colección de pistas aisladas. 

En ese contexto, los dos interludios con voz hablada (en Many Rivers y Soldiers) funcionan más como marcas estructurales que como necesidades narrativas. Dividen el álbum en bloques y refuerzan una cierta intención conceptual, pero el propio material musical ya posee suficiente cohesión como para sostener ese recorrido sin necesidad de subrayados adicionales.

Infinity Song confirma el crecimiento artístico de la banda y su consolidación como una propuesta singular dentro del panorama actual. Es un disco sólido, bien secuenciado y con una identidad musical clara, que brilla especialmente en la cohesión vocal y en la naturalidad de su ejecución. Aunque ciertos elementos conceptuales y visuales no siempre están a la altura de su contenido musical, el conjunto funciona con notable consistencia. Un trabajo muy disfrutable que consolida a INFINITY SONG como una banda a seguir muy de cerca. Nuestra nota es un 85 sobre 100.   



MEJORES MOMENTOS: One Food Out, Hurricane, All Of My Friends, Running Away, Sayonara, Michigan... 

MEDIA CRÍTICA: 75/100

NUESTRA VALORACIÓN: 85/100

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