Primer post de álbumes repescados de 2026 con discos del mes de Enero. Aunque las novedades interesantes empezaron a aparecer a partir de la segunda quincena, ha sido uno de los Eneros con más jugo de los que recordamos. Aquí tenéis nueve discos que tenían que ser reseñados por algún motivo.
ALICE MERTON - VISIONS
¿Cuantos años puede ser prometedora una cantante? Porque llevamos escuchando que ALICE MERTON es muy prometedora desde su álbum debut Mint (2019) han pasado siete años ya y aquí estamos de nuevo con VISIONS, su tercer álbum de estudio y todavía se escuchan ecos de lo prometedora que es. Seamos honestos. Ser prometedora durante siete años y tres discos ya no es una fase: es un diagnóstico. En la industria pop, si el salto no se da entre el primer y el segundo álbum -o como mucho en el tercero-, no se da. A partir de ahí el relato cambia: Pasas de ser una futura estrella internacional a convertirte en una artista de segunda línea, sólida pero limitada. Y eso no es un insulto, pero sí una redefinición clara.
ALICE MERTON tuvo: un hit global puntual (No Roots), una narrativa interesante (independiente, identidad europea, sin sello), y buena prensa inicial. Pero nunca consolidó un imaginario fuerte ni una evolución sonora que sorprendiera. VISIONS no es un mal disco. El problema es otro: no empuja el pop hacia ningún sitio, no propone una personalidad artística más definida que antes, y llega en un momento donde el pop genérico está muy competido. Hoy el pop “correcto” ya no basta. O eres: radicalmente personal, o conceptualmente potente, o culturalmente inevitable. ALICE MERTON no es ninguna de las tres cosas. Su mercado es el mercado europeo. Pero no toda Europa, solamente el mercado germánico, el belga-holandés y con suerte, el escandinavo. En el Reino Unido probablemente ni sepan quien es y en U.S.A. mejor que no preguntemos. Porque lo que nos ofrece no tiene ni el dramatismo mediterráneo, ni la ironía británica, ni la narrativa americana. Su música funciona mejor en mercados donde el pop anglosajón neutral tiene recorrido.
ALICE MERTON es generalmente considerada como una artista alemana. Nació en Frankfurt del Meno en 1993 y creció entre varios países debido a la movilidad de su familia, pasando parte de su infancia en Canadá, Estados Unidos, Reino Unido y luego regresando a Alemania para estudiar y desarrollar su carrera. Ella misma ha hablado de no sentirse ligada a una sola nacionalidad debido a esa vida nómada, pero oficialmente es alemana de nacimiento y es donde se ha consolidado su carrera musical aunque ella haga hincapié en que su identidad artística y personal sea mucho más transnacional y poco anclada a un solo país. Creemos que esta transnacionalidad es parte del problema. Porque al final da la sensación de que su música no pertenezca a ningún sitio. En teoría, haber vivido entre Alemania, Canadá, UK, EE. UU. debería enriquecer una propuesta. En la práctica, en el caso de Merton ocurre lo contrario: se eliminan acentos, se neutralizan referencias, se pule cualquier aspereza cultural. El resultado no es “global”, sino deslocalizado. Es pop que podría: sonar igual en Berlín, Toronto o Ámsterdam, encajar en cualquier playlist editorial, pero no evoca ningún lugar, escena ni momento. Y eso hoy pesa mucho en contra. En los 2000 o incluso en los primeros 2010, ese tipo de neutralidad era una ventaja: permitía cruzar fronteras. En 2026 es una desventaja, porque: el público valora marcadores claros de identidad, incluso cuando son locales o minoritarios, incluso cuando no se entienden del todo. Pensad en por qué artistas europeas como Rosalía o Aurora sí trascendieron: no por ser “universales”, sino por ser muy específicas. ALICE MERTON, en cambio, suena a: “pop internacional correcto”. Y eso ya no construye un mito.
Lo que molesta de VISIONS no es que esté mal hecho, sino que: no añade una capa de sentido, no ancla su discurso en ningún conflicto reconocible, no arriesga ni cultural ni emocionalmente. Es música que no incomoda a nadie, y por eso tampoco entusiasma a nadie fuera de su base fiel. Aunque obviamente no todo el pop tiene que ser inteligente, moderno o rompedor. También existe un pop que sirve para acompañarte mientas haces otras cosas y que se puede convertir en tu guilty pleasure. Porque las canciones de VISIONS tiene cierto gancho con hooks claros, estructuras limpias, estribillos que entran rápido sin ser agresivos, y una producción muy depurada que no estorba. Eso no es poco. Mucho pop “ambicioso” fracasa justo donde VISIONS acierta: en la escucha inmediata. No te exige, ni te cansa. Aquí tenemos algo casi contracultural hoy. Admitir que te gusta algo sin que sea importante. VISIONS no te va a cambiar la forma de ver el mundo, pero: entra muy fácil, se queda lo justo, y no te castiga por repetirlo. Ese tipo de pop siempre ha existido y siempre ha tenido su lugar, aunque ahora se le exija a todo que sea “relevante”. Otra cosa buena que le hemos encontrado es que lo que nos ofrece podrá ser: previsible, poco arriesgado e intercambiable a ratos. Pero es respetuoso con el oyente ya que no es infantilizante. No te trata como si necesitaras: eslóganes gritados, letras subrayadas tres veces, ni una emocionalidad prefabricada hasta el insulto. En definitiva, no es algo que insulte tu inteligencia. Y eso es el motivo por el que lo estamos reseñando ahora y jamás reseñaríamos un disco de artistas infantiles que insulten nuestra inteligencia como Aitana, sin ir más lejos.
En cuanto a la crítica es un álbum que ha pasado un poco desapercibido y solamente Allmusic le ha otorgado un 70 sobre 100, que nos parece incluso una buena nota para lo que es este álbum: competente pero no trascendente. Por nuestra parte y valorando todo lo positivo, que lo tiene, también hemos optado por la misma puntuación. El problema que le vemos no es por VISIONS que como os decimos, la funcion de guilty pleasure la puede cumplir a la perfección. Es que como el próximo disco de ALICE MERTON no venga acompañado de una narrativa potente o una promocion adecuada, seguramente ni nos molestemos en escucharlo.
MEJORES MOMENTOS: Landline, Cruel Intentions, Ignorance Is Bliss
MEDIA CRÍTICA: 70/100
NUESTRA VALORACIÓN: 70/100
MADISON BEER - LOCKET
LOCKET es el tercer álbum de estudio de MADISON BEER. Es la primera vez que reseñamos un álbum suyo y tenemos que confesar que ha sido deliberadamente. Estuvimos a punto de hacer lo propio con su álbum anterior Silence Between The Songs (2023) pero terminó en una de nuestras listas de álbumes no reseñados y con una puntuación baja porque nunca nos convenció. Presentaba una serie de canciones que no terminaban de explotar y no se sabía muy bien si quería ser una next big pop star o una cantante confesional. En cualquier caso, ya había otras con una narrativa más sólida en cualquiera de los dos campos.
Si hoy estamos escribiendo sobre LOCKET es porque nos parece su mejor trabajo hasta el momento. Aunque para ser honestos, MADISON BEER, después de tres álbumes, se encuentra lejos de alcanzar las pretensiones con las que fue lanzada en un principio. Es cierto que tiene una base de fans bastante fiel y que algunas de las canciones de este álbum amasan millones de reproducciones. Pero no creemos que se haya conformado con eso. Más bien se ha resignado. Porque ella aspiraba a tener una carrera como la de Sabrina Carpenter. Que por otro lado, todo lo que hemos escuchado hasta ahora de MADISON BEER, incluido LOCKET, está a la altura de la época previa de la Carpenter a Short 'n' Sweet (2024). Lo que puede llevar a pensar que con un buen equipo de publicistas a su disposición y una maquinaria detrás como la de la Carpenter, MADISON BEER consiga tener una carrera como la suya en el futuro. Nosotros creemos que en su caso no va a ser tan fácil. Ha estado mucho más expuesta de lo que lo estaba Sabrina en aquella época. Además, Sabrina Carpenter ha aceptado el juego de ser un producto pop sin complejos, inclinarse hacia el humor y la autoparodia y entender que en ese contexto hoy día importa más cómo circula una canción que "qué tan profunda es". No le importa ser un meme. Madison en cambio está atrapada en tierra de nadie: Quiere prestigio emocional haciendo pop que no incomoda, quiere la autenticidad sin riesgo y eso convierte su música en intercambiable.
LOCKET se percibe como ese punto en el que MADISON BEER por fin está cómoda con lo que sí puede hacer, en vez de perseguir esa narrativa inflada que comentábamos al principio de “next big pop star” con la que la empujaron al principio. No es un álbum ambicioso en términos de romper moldes, pero sí es bastante más coherente y escuchable que los anteriores. Encontramos más control del tiempo, menos intentos desesperados de dar un hit, las canciones saben cuando terminar, parece estar mucho más cómoda en ese pop melancólico, medio R&B light, medio bedroom pop (sobreproducido). Pero esto no deja ningún legado. Es consumo rápido. Muchísimas reproducciones, sí, pero cero sensación de “evento”. Es el tipo de álbum que Spotify ama y la cultura pop olvida rápido. En cuatro semanas el ciclo de TikTok se agota, la conversación se enfría y mucho antes de lo que imaginamos una edicion Deluxe con tres temas "más personales que nunca" y un remix random.
No decimos todo esto porque sea un disco malo, sino porque no deja huella. No hay una canción que reordene su carrera, ni una estética que marque época. Es un “mejor que antes”, no un “a partir de aquí”. Si os somos honestos, nos parece que MADISON BEER está destinada a ese espacio de: artista muy escuchada, muy comentada en nichos, pero sin peso real en el relato pop general. Y eso no es un fracaso. Es solo aceptar el carril por el que circula.
Como era de esperar la crítica le ha dado una media de 71 sobre 100 y es la media más alta que ha conseguido un disco suyo hasta el momento. Con picos más altos de 80/100 para medios como Clash o The Independent y más bajos para Paste (67/100) y Pitchfork (60/100). Si tenemos en cuenta la nota que le dimos a su álbum anterior que fue un 69/100. LOCKET merecería algo más, por lo que le otorgamos un 72 sobre 100. Para terminar, también tenemos que poner en alza la profesionalidad de Beer, Una artista muy preparada desde prácticamente la adolescencia, muy perseverante y trabajadora que tiene que soportar que lleguen otras con menos talento como Addison Rae y se le pongan por delante solo por tener una narrativa más convincente que la suya y el apoyo de muchos medios que en este caso actúan más como palmeros que como profesionales.
MEJORES MOMENTOS:Bittersweet, Make You Mine, Yes Baby
MEDIA CRÍTICA: 71/100
NUESTRA VALORACIÓN: 72/100
JANA HORN - JANA HORN
JANA HORN nos presenta su álbum homónimo. El tercero de su discografía tras el aclamado por la crítica The Window Is The Dream (2023). Ese disco fue decisivo ya que nos mostraba a una cantautora con una vocación clara, evolucionando hacia límites insospechados tras un álbum debut poco convencional.
Este tercer álbum se muestra mucho más asentado y deja muy claro que JANA HORN ha venido para quedarse, pese a que su música produzca cierta alergia a las playlists y a los algoritmos. Aunque las etiquetas habituales -indie folk y singer-songwriter- sirven para situar a JANA HORN en un mapa general, se quedan cortas a la hora de describir la sonoridad de su álbum homónimo. Aquí hay algo más que acompañamiento acústico y voz al frente: los arreglos revelan una sofisticación silenciosa, muy poco dada al subrayado. La guitarra eléctrica aparece de forma casi imperceptible en temas como It’s alright, no para abrir la canción ni para romper su intimidad, sino como un color emocional integrado con extrema delicadeza, recordando -salvando las distancias- a la manera en que Rosali ha sabido incorporar la eléctrica a su propio cancionero. A esto se suma un uso del bajo especialmente elegante, más preocupado por sostener y profundizar que por marcar terreno, aportando una densidad sutil que aleja estas canciones tanto del folk despojado como del indie folk al uso. Todo está al servicio de la canción, sin ornamentos innecesarios, en una instrumentación contenida pero plenamente consciente de sí misma. En el plano narrativo, el álbum se mueve en un territorio de intimidad extrema, donde las canciones no buscan grandes declaraciones ni giros dramáticos, sino que se construyen a partir de escenas mínimas, pensamientos suspendidos y emociones apenas verbalizadas.
JANA HORN escribe desde la observación y la duda, con una voz que parece hablar más para sí misma que para un oyente externo, lo que refuerza esa sensación de cercanía casi incómoda. Sus letras rehúyen la épica y el estribillo enfático, apostando por una narrativa fragmentaria, cotidiana, donde lo importante no es tanto lo que se dice como lo que queda sugerido entre líneas. Es una escritura honesta y vulnerable, que confía en la inteligencia y la empatía de quien escucha, y que convierte el álbum en un espacio de recogimiento más que en una sucesión de historias cerradas.
Los paralelismos con Suzanne Vega no aparecen tanto en la forma como en la actitud narrativa. Al igual que la autora neoyorquina, Horn construye sus canciones desde una primera persona contenida, casi observacional, donde la emoción nunca se impone al relato. No hay dramatismo explícito ni voluntad confesional en el sentido clásico; lo que hay es una manera de contar que avanza con cautela, dejando espacio al silencio y a la ambigüedad. Como en los mejores momentos de Vega, las letras de Horn funcionan a partir de pequeños detalles, escenas cotidianas y frases que parecen sencillas pero que arrastran una profundidad emocional considerable. Es una escritura que confía en la palabra hablada, en el ritmo natural de la voz y en la inteligencia del oyente, y que sitúa a JANA HORN en una tradición de cantautoras para las que la intimidad no es un gesto estético, sino una forma de honestidad.
La crítica ha otorgado una media de 78 sobre 100. Medios como AllMusic, Mojo y Uncut lo han puntuado con un 80/100 frente al 76/100 de Pitchfork y el 75/100 de No Ripcord. Aun así, su segundo trabajo fue valorado ligeramente por encima (80/100). Nuestra experiencia con este tercer disco ha sido igual de positiva. No es un álbum pensado para el impacto inmediato ni para el consumo fragmentado; no funciona a base de canciones sueltas, sino como un todo que reclama ser escuchado de principio a fin. Es en esa escucha continua donde sus matices cobran sentido y donde uno puede perderse entre sus sonidos con una sensación casi física. Temas como Designer lo ejemplifican a la perfección: su instrumentación genera una calma envolvente, un vaivén suave que recuerda al viento meciendo el cuerpo, y confirma que estamos ante un disco que no se impone, sino que invita a dejarse llevar. Uno de esos discos que justifican la existencia de este blog y de los que siempre hablaremos aunque tengan cero reproducciones y nadie antes le haya escrito una reseña. Porque estos discos representan nuestra línea editorial. Nuestra nota es un 88 sobre 100.
MEJORES MOMENTOS:All In Bet, Go On Move Your Body, Designer, It's Alright...
MEDIA CRÍTICA: 78/100
NUESTRA VALORACIÓN: 88/100
THE GIFT - SEVEN SEASONS
THE GIFT (no confundir con la banda de indie pop portuguesa liderada por Sónia Tavares) es una banda británica de rock progresivo que ha desarrollado su trayectoria al margen de los grandes focos, construyendo una discografía coherente y personal en la que el formato álbum sigue teniendo un peso central.
Su música se mueve en un territorio amplio donde conviven el rock atmosférico, las estructuras elaboradas y una clara vocación narrativa, con un cuidado especial por las texturas y los desarrollos a largo plazo. Recientemente han publicado su quinto álbum de estudio titulado SEVEN SEASONS. THE GIFT está compuesto por Mike Morton (Voz); Cristiano Tortoioli (guitarra, también productor/mezcla); Chris Taylor (batería); Keith Buckman (bajo) y Eliot Minn (teclados). Además el álbum incluye una colaboración con Steve Hackett en guitarra en la pieza de apertura.
En lo estrictamente sonoro, SEVEN SEASONS se articula desde una paleta amplia y cuidadosamente equilibrada, donde el rock progresivo sirve más como lenguaje que como etiqueta. Predominan las atmósferas densas pero nunca recargadas, los desarrollos pausados y una instrumentación que prioriza el matiz y la progresión antes que el impacto inmediato. Esa vocación expansiva encuentra su sentido en una narrativa interna muy marcada: cada pieza funciona como un capítulo dentro de un relato mayor, pensado para ser recorrido de principio a fin.
El hilo conductor del álbum se apoya en una inspiración claramente shakespeariana -la idea de las distintas edades o etapas de la vida-, no como simple referencia literaria, sino como estructura conceptual que da cohesión y profundidad al conjunto. SEVEN SEASONS no es solo un ejercicio de estilo, sino también un guiño consciente a la tradición del rock progresivo de los años setenta, una época en la que los discos conceptuales cohesionados eran moneda corriente y no existía miedo a incluir secciones puramente instrumentales. Bandas como Genesis, Yes o King Crimson concebían cada álbum como un viaje completo, donde la narrativa, la instrumentación y la atmósfera formaban un todo indivisible. En SEVEN SEASONS, esta filosofía se refleja en cortes que destacan por su riqueza instrumental que refuerza la sensación de libertad creativa y de atención al detalle. Cada tema se despliega con paciencia, buscando crear un arco dramático y emocional que solo puede apreciarse en su totalidad, lejos del consumo fragmentado que caracteriza la escucha contemporánea, recordándonos la visión del álbum como espacio de exploración artística más que como producto efímero.
La crítica no se ha pronunciado de momento. Pero nosotros consideramos que merece una valoración de 80 sobre 100 porque se trata de una rareza en los tiempos que corren, un álbum que apuesta por la escucha completa y la coherencia conceptual frente a la inmediatez dominante. Su interés no solo radica en la calidad musical, sino también en la oportunidad que ofrece de visibilizar alternativas menos habituales dentro del rock contemporáneo, recordando que aún es posible crear obras ambiciosas y cuidadas que invitan a una experiencia auditiva más profunda y reflexiva.
MEJORES MOMENTOS: Es un álbum conceptual y hay que escucharlo de principio a fin sin saltarse ningún corte ni usar el modo aleatorio.
MEDIA CRÍTICA:----
NUESTRA VALORACIÓN: 80/100
ROBBIE WILLIAMS - BRITPOP
Si alguien nos llega a decir que íbamos a reseñar alguna vez un álbum de ROBBIE WILLIAMS, no lo habríamos creído ni en mil millones de años. Para nosotros, su carrera terminó prácticamente con su tercer álbum, Sing When You’re Winning (2000). Todo lo que vino después fue una sucesión de discos insustanciales y, sobre todo, alimenticios. Trabajos que nunca reseñamos deliberadamente, porque ya sabéis que cuando hablamos de un álbum es porque tenemos algo bueno que decir. Veintiséis años después de Sing When You’re Winning (2000) nos llega BRITPOP, el primer álbum realmente interesante de ROBBIE WILLIAMS en muchísimo tiempo. Y lo curioso es que, en un principio, no parecía que fuese a ser así. BRITPOP se anunció con varios adelantos y estaba previsto inicialmente para 2025, pero su lanzamiento se fue retrasando hasta que finalmente ha visto la luz en enero de 2026.
BRITPOP ha obtenido una media crítica de 74 sobre 100 una puntuación que no alcanzaba precisamente desde sus tres primeros trabajos. La mayoría de los discos posteriores apenas lograron superar el 60/100. BRITPOP ha obtenido picos de 80/100 por parte de medios como Clash, The Guardian, The Telegraph, Dork, Rolling Stone, The Irish Time o Evening Standard. Aunque las valoraciones de NME y The Independent (60/100) y Beats Per Minute (59/100) impidieron que la media escalara un poco más. Aún así, es bastante positivo porque hacía mucho tiempo que no ocurría nada parecido en su carrera.
En cuanto al impacto comercial, BRITPOP obviamente no ha vendido lo que ROBBIE WILLIAMS vendía en sus años dorados, pero los datos de su primera semana en Reino Unido son más que reveladores. El álbum despachó 16.536 CDs, frente a 2.510 vinilos y 13.791 unidades equivalentes por streaming. Un dato especialmente significativo si tenemos en cuenta el empeño de la industria por vender la idea de que el CD es un formato muerto que debe ser erradicado en favor del vinilo y el consumo digital. La realidad, al menos en este caso, es muy distinta: se vendieron más CDs que vinilos y más CDs incluso que descargas digitales, algo que rara vez se subraya porque no interesa demasiado a según qué discursos. BRITPOP demuestra que el CD sigue teniendo sentido, público y demanda real cuando el artista y el producto acompañan. Con estos datos BRITPOP debutó directamente en el nº 1 del UK Albums Chart, marcando el decimosexto álbum número uno en Reino Unido de Williams. Con ello, supera el récord histórico que hasta entonces compartía con The Beatles como artista con más LPs en el puesto más alto en la historia del país.
Ahora vamos a lo que hace especial a BRITPOP. Este es, probablemente, el álbum que ROBBIE WILLIAMS habría querido hacer al inicio de su carrera en solitario, pero que difícilmente se habría entendido en aquel momento. Venía de Take That, cargaba con un estigma pop del que tardó años en desprenderse y, para más inri, mantenía trifulcas públicas constantes con los hermanos Gallagher. Resulta cuanto menos curioso que, décadas después, BRITPOP incluya cortes que suenan abiertamente a Oasis, tanto en actitud como en estructuras y melodías. Lo que en los noventa habría parecido una impostura o una provocación innecesaria, hoy se percibe como un ejercicio de apropiación tardía, pero sorprendentemente natural. Robbie no intenta competir con nadie ni reescribir la historia del britpop: simplemente se permite, por fin, jugar en un terreno que siempre le fue negado. Y lo cierto es que ROBBIE WILLIAMS se mueve con comodidad en ese territorio. Sus detractores, seguramente, se habrán frotado las manos esperando encontrar aquí el tropiezo definitivo. Pero no creemos que haya hecho nada reprochable en este álbum. Más bien todo lo contrario. BRITPOP es un golpe en la mesa, una declaración de intenciones clara y directa que viene a decir: «Sigo aquí». Y no como un ejercicio de nostalgia, sino como un recordatorio de vigencia.
Más allá de las evidentes resonancias de Oasis, BRITPOP también deja entrever otras influencias clásicas del movimiento. Hay guiños claros al pop elegante y melancólico de Blur, especialmente en los medios tiempos más introspectivos, y destellos del romanticismo desencantado de Pulp en algunas letras que observan la madurez, el paso del tiempo y cierta ironía británica. Incluso se perciben ecos del britpop más melódico y accesible de Suede, sobre todo en el cuidado de los estribillos. De todas ellas, las influencias mejor resueltas son las que miran al britpop más clásico y melódico, aquel que prioriza la canción por encima del gesto, y es ahí donde ROBBIE WILLIAMS se muestra más cómodo y convincente.
Pero lo más interesante es que BRITPOP no se limita a sumar influencias ni a citarlas de forma mecánica. ROBBIE WILLIAMS las fagocita, las hace pasar por su propio filtro y las integra en un discurso que sigue siendo inequívocamente suyo. A pesar de los ecos de Oasis, Blur, Pulp o Suede, el álbum no pierde nunca su identidad: están ahí su forma de entender la melodía, su querencia por el estribillo inmediato y ese punto de exceso tan característico. BRITPOP suena a britpop, sí, pero sobre todo sigue sonando a ROBBIE WILLIAMS. Y eso, para bien o para mal, es algo que ningún ejercicio de estilo puede disimular. Nosotros nos sumamos al 80 sobre 100 otorgado por muchos de los medios mencionados anteriormente. Nunca habríamos imaginado que ROBBIE WILLIAMS, en pleno 2026, pudiera sonar fresco y volver a sorprender. Era algo que habíamos dado por perdido hace mucho tiempo. BRITPOP no reescribe su historia, pero sí la revisa con una dignidad y una lucidez inesperadas.
MEJORES MOMENTOS: Rocket, Spies, All My Life, Human, Pocket Rocket...
MEDIA CRÍTICA: 74/100
NUESTRA VALORACIÓN: 80/100
LUCINDA WILLIAMS - WORLD'S GONE WRONG
WORLD'S GONE WRONG de LUCINDA WILLIAMS llega como si hubiese sido escrito para este momento exacto. Su título, casi profético, llama la atención de inmediato en un contexto donde las noticias sobre ICE, políticas migratorias agresivas y discursos belicistas parecen confirmar que, efectivamente, el mundo sigue yendo mal. Escuchar el álbum ahora es como mirar un espejo sonoro de nuestra actualidad: las frustraciones, la melancolía y la crítica social de Williams se sienten tan urgentes como necesarias. Curiosamente, el disco no está disponible en Spotify, la plataforma dominante que ha generado debates sobre remuneración justa para los artistas y que ha visto una desbandada de músicos en los últimos meses. Entre decisiones polémicas y cuestionables de sus directivos y acusaciones de que muchos creadores no reciben lo que les corresponde, WORLD'S GONE WRONG se convierte en un ejemplo de cómo el arte puede encontrar vías alternativas para ser escuchado. Afortunadamente, el álbum sí está disponible en Apple Music, lo que añade otra capa de reflexión: incluso en un ecosistema digital convulso, la música sigue encontrando su camino.
En este contexto, WORLD'S GONE WRONG no es solo un nuevo disco de LUCINDA WILLIAMS; es un comentario involuntario y punzante sobre la realidad que vivimos hoy, un recordatorio de que la música sigue siendo un refugio y un testigo de nuestro tiempo. LUCINDA WILLIAMS siempre ha sido maestra en traducir lo cotidiano en epopeya emocional, y WORLD'S GONE WRONG no es la excepción. Cada canción parece construida para capturar los matices de un mundo que se siente al borde del caos, pero lo hace desde una perspectiva profundamente humana. El álbum alterna historias de desilusión personal con comentarios sociales sutiles, creando un mosaico donde lo íntimo y lo colectivo se entrelazan. Por ejemplo, algunas canciones parecen hablar directamente de la vulnerabilidad de quienes se sienten desplazados o ignorados por las estructuras de poder, lo que en el contexto actual -con noticias sobre ICE y políticas migratorias agresivas- se lee casi como un reflejo de la tensión social que atraviesa Estados Unidos y gran parte del mundo. Otras narrativas abordan traiciones, frustraciones y la sensación de impotencia frente a fuerzas más grandes, un sentimiento que resuena en medio de los debates sobre la economía, la política internacional y la desconfianza hacia las grandes corporaciones, incluidas las de tecnología y streaming musical.
Musicalmente, esta tensión narrativa se refuerza con arreglos que mezclan folk, country y rock, creando una atmósfera donde lo melancólico y lo enojado conviven. Cada historia está matizada por la voz rasgada y honesta de Williams, que actúa como una especie de guía moral y emocional: nos recuerda que, aunque el mundo parezca desmoronarse, aún hay espacio para la observación crítica, la empatía y la resistencia silenciosa. En WORLD'S GONE WRONG, el desasosiego personal se convierte en un comentario universal: mientras escuchamos las historias de pérdidas, engaños y desilusión, inevitablemente pensamos en nuestro propio contexto, en las injusticias, las desigualdades y los conflictos que nos rodean. Williams logra algo notable: convierte su narración íntima en un espejo del presente, un álbum donde cada historia individual se amplifica hasta tocar la experiencia colectiva.
En este álbum las colaboraciones son dignas de ser mencionadas. Además de las de peso histórico como Mavis Staples, cuya voz encarna décadas de lucha y resistencia, o Norah Jones, que aporta una sensibilidad elegante y atemporal, uno de los movimientos más inteligentes del disco es la presencia de Brittney Spencer en dos de los cortes. Spencer, con su talento deslumbrante y su creciente prestigio en la industria, representa la energía de una nueva generación de artistas que están redefiniendo el soul y el country contemporáneo. Que Williams, una veterana consolidada, elija colaborar con voces emergentes no es solo un gesto de generosidad artística: es una estrategia para renovar constantemente su público y mantener viva la relevancia de su obra, conectando con nuevas audiencias sin perder la profundidad que la caracteriza. Es la forma en que un artista alcanza la inmortalidad: abrazando el legado mientras se abre al futuro.
La crítica ha valorado este trabajo con una media de 78 sobre 100. Siendo la nota más alta el 90/100 de Hot Press. Medios como AllMusic, MusicOHM, Rolling Stone, The Line Of The Best Fit, Uncut, Record Collector o Mojo optan por el 80/100 y la nota más baja proviene de The Arts Desk con un 60/100. Nosotros hemos seguido de cerca la carrera de LUCINDA WILLIAMS y es de las pocas artistas de las que se puede decir con seguridad que no tiene un mal álbum, ni siquiera un trabajo fallido. Recordamos con especial cariño discos como Car Wheels On A Gravel Road (1998) o el más reciente Good Souls Better Angels (2020). Quizás a WORLD'S GONE WRONG haya que darle todavía su lugar dentro de esa brillante discografía: necesita tiempo y varias escuchas para asentarse entre nosotros. Nuestra valoración sería de 90 sobre 100, y estamos convencidos de que, dentro de diez años, este álbum será un disco de referencia al que volveremos una y otra vez.
MEJORES MOMENTOS: The World's Gone Wrong, Something's Gotta Give, So Much Trouble In The World, We've Come To Far To Turn Around, Black Tears...
MEDIA CRÍTICA: 78/100
NUESTRA VALORACIÓN: 90/100
ARI LENNOX - VACANCY
ARI LENNOX es el nombre artístico de Courtney Salter, cantante y compositora estadounidense nacida en Washington D.C. que está en activo desde 2009. Tras firmar en 2015 con Dreamville Records, sello con el que publicó sus dos primeros álbumes, VACANCY supone su tercer disco y el primero fuera de ese entorno, marcando el inicio de una nueva etapa en su carrera. Lennox llega a este punto en un momento paradójico: después de darse a conocer bajo el paraguas de Dreamville -un contexto que le otorgó prestigio dentro del R&B contemporáneo, pero que también la confinó a un estatus cercano al artista de culto-, VACANCY se ha convertido, contra lo habitual, en el trabajo con mayor atención y repercusión mediática de su trayectoria. No tanto por un giro radical o una ampliación de los márgenes del género, sino precisamente por lo contrario: Lennox se presenta como una artista ya definida, sin necesidad de subrayar virtuosismo ni reinventarse, ofreciendo un R&B funcional, refinado y fácilmente asimilable que encaja con precisión en el momento industrial actual del género.
El disco destaca más por lo que decide evitar que por lo que persigue. Lejos del exhibicionismo vocal tan habitual en el R&B estadounidense, Lennox apuesta por una interpretación atmosférica y contenida, más cercana a una sensibilidad asociada al soul británico que a la tradición de la sobreactuación emocional. Esa contención, que aquí se valora como una virtud, hace que VACANCY resulte escuchable precisamente porque no exige admiración constante hacia la cantante: no deslumbra, pero tampoco cansa, algo nada menor en un género tan dado al exceso.
En lo narrativo, articula su discurso alrededor del vacío emocional entendido no como gran drama, sino como un estado prolongado de desgaste afectivo. Lennox canta a relaciones sostenidas por inercia, intimidades erosionadas y silencios que pesan más que los conflictos abiertos, adoptando una mirada cotidiana y desprovista tanto de melodrama como de empoderamiento impostado. La vulnerabilidad aparece sin autocompasión ni clímax, más cercana a la aceptación que a la catarsis, reforzando una narrativa de autocontrol y repliegue emocional que puede leerse como madurez, pero que también genera una sensación de estancamiento.
Esa misma lógica se traslada al plano sonoro. La producción, pulcra y conservadora, se apoya en tempos medios, texturas suaves y arreglos funcionales que rara vez reclaman protagonismo. Los beats, bien construidos pero previsibles, evitan cualquier aspereza, mientras la voz de Lennox se integra en la mezcla como un elemento más del clima general, sin buscar ruptura ni tensión. Forma y fondo encajan con coherencia, pero lo hacen dentro de un margen de seguridad que deja al disco bien perfilado, aunque artísticamente contenido y poco proclive a trascender su propio planteamiento.
A esa sensación de uniformidad contribuye también el carácter abiertamente multiproducido del álbum. VACANCY acredita cerca de una veintena de productores y más de cuarenta autores, un despliegue industrial que, lejos de traducirse en diversidad o tensión creativa, termina reforzando la homogeneidad del conjunto. Las canciones comparten una misma paleta sonora, cuidadosamente calibrada y sin aristas, como si el disco hubiese sido diseñado para no desentonar en ningún contexto concreto. Esta acumulación de manos no genera fricción ni contraste, sino una estandarización elegante que apunta más a la optimización del producto que a la exploración artística, subrayando de nuevo la vocación segura y funcional del álbum.
La crítica le ha otorgado una media de 72 sobre 100 que se distribuye de la siguiente manera: AllMusic y NME 80/100; Pitchfork 71/100; Slant Magazine 70/100; Spectrum Culture 68/100 y The Guardian 60/100. Creemos que estas valoraciones son coherentes con la naturaleza del disco. No estamos ante un trabajo fallido ni descuidado, pero sí ante uno que opta de forma deliberada por la seguridad antes que por el riesgo. Frente a propuestas como la de Olivia Dean -capaz de asumir decisiones artísticas más ambiciosas y de articular un discurso que empuja el género hacia otros territorios-, el álbum de ARI LENNOX se queda claramente un paso por detrás. Aun así, sería injusto penalizarlo en exceso: su rechazo al exhibicionismo vocal y a la hipertrofia emocional que encarnan figuras como Jennifer Hudson -y que acaban por vaciar de sentido al R&B a base de exceso- juega a su favor. Vacancy no aspira a deslumbrar ni a redefinir nada, pero tampoco resulta invasivo ni agotador. Y en el contexto actual del género, esa moderación sigue teniendo un valor. Por eso nuestra valoración coincide con los picos más altos de la crítica generalista: Un 80 sobre 100.
MEJORES MOMENTOS: Vacancy, Under The Moon, Soft Girl Era
MEDIA CRÍTICA: 72/100
NUESTRA VALORACIÓN: 80/100
ZACH BRYAN - WILD HEAVEN ON TOP
El prolífico cantautor country ZACH BRYAN nos sorprende con WILD HEAVEN ON TOP, un nuevo álbum que llega apenas un año después de The Great American Bar Scene (2024). Este disco incluye 25 canciones y aparece en dos versiones: la edición de estudio, sobre la que escribimos esta reseña, y una edición acústica alternativa. Se trata de un proyecto más extenso y expansivo que sus trabajos anteriores. Sonoramente, el álbum es más ambicioso, con arreglos más amplios que incluyen secciones completas de banda, horns, guitarras eléctricas y ritmos más consistentes, mientras que discos previos, especialmente su homónimo de 2023, eran más acústicos y crudos. Como ocurría en su álbum homónimo, Bryan abre WILD HEAVEN ON TOP con Down, Down, Stream, una narración hablada que funciona como introducción poética y autobiográfica. Bryan recita imágenes reflexivas sobre la vida y los recuerdos, usando la metáfora de una corriente de agua (“downstream”) para expresar que “todas las cosas buenas y malas que me habían ocurrido… pasan ante mí flotando corriente abajo”. Habla de momentos y experiencias que han marcado su vida: bares, viajes, mujeres que ha amado, peleas, risas, victorias y fracasos, como si estuvieran siendo arrastrados por un río de experiencias. Es una reflexión íntima y nostálgica que prepara al oyente para la intensidad de las historias personales y los temas centrales del álbum: movimiento, memoria, corazón roto, identidad y la búsqueda de un lugar donde sentirse en casa.
Cuando hablamos de un cantautor country, es interesante analizar en qué ideología se enmarca su música. En el caso de ZACH BRYAN, no se encasilla en ninguna cerrada. Bebe de la tradición folk-country clásica, hace énfasis en la clase trabajadora, desconfía del poder, la fama y las élites, entiende un patriotismo emocional -no institucional- y cree más en la moral personal que en la doctrina política. Esto lo sitúa cerca de lo que en EE. UU. se suele llamar populismo cultural, pero no partidista, en un terreno donde han estado artistas como Springsteen, Townes Van Zandt o Dylan en ciertos momentos de su carrera.
La crítica ha puntuado WILD HEAVEN ON TOP con una media de 68 sobre 100, una de las más bajas de su carrera hasta el momento. Las notas más altas provienen de Consequence Of Sound (83/100) y Clash (80/100), mientras que Pitchfork y Rolling Stone dieron 70/100. Las más bajas vinieron de Paste y The Needle Drop (50/100), Concretamente The Needle Drop fue especialmente duro señalando que las canciones de este disco parecen descartes de trabajos anteriores. Nosotros, que nunca hemos conectado plenamente con la música de ZACH BRYAN, reconocemos que es un cantautor con muchísimo oficio: sus letras son honestas y están bien escritas, y tiene un gran oído para la emoción cotidiana. Pero su gesto artístico es básicamente: “contar mejor las historias del country de siempre”, no “preguntarse si esas historias pueden contarse de otra forma”. Por eso hemos conectado más con artistas como Chris Stapleton o Sturgill Simpson, que han mostrado una vocación renovadora del género. Incluso preferiríamos a Honey Harper, aunque sea prácticamente de nicho comparado con Bryan. Porque juega con el imaginario country, lo vuelve extraño, melancólico y casi onírico, y establece una relación más artística que testimonial con el género.
Nuestra nota para WILD HEAVEN ON TOP es de 80 sobre 100, según nuestra forma de escuchar los discos. Aceptar el viaje de más de una hora propuesto por Bryan nos ha permitido encontrar canciones que funcionan muy bien y con las que hemos conectado más que en otras ocasiones. Sin embargo, pensamos que sería más recomendable que publicara discos de diez canciones y se tomara un par de años entre álbum y álbum, porque de lo contrario podría acercarse demasiado a la estrategia de producción masiva de artistas como Morgan Wallen, algo que creemos que no debería suceder.
MEJORES MOMENTOS: Plastic Cigarettes, Bad News, Dry Deserts, Skin, Say Why...
MEDIA CRÍTICA: 68/100
NUESTRA VALORACIÓN: 80/100
JENNY ON HOLIDAY - QUICKSAND HEART
JENNY ON HOLIDAY es el proyecto en solitario de la cantautora británica Jenny Hollingworth, conocida principalmente por ser la mitad del dúo Let’s Eat Grandma junto a Rosa Walton. Let’s Eat Grandma se creó prácticamente cuando sus protagonistas eran adolescentes con un estilo experimental que mezclaba electrónica, pop bizarro y elementos folk y ha tenido continuidad en el tiempo y cierto reconocimiento. Tras años de experiencia compartida y compositora intensa en Let’s Eat Grandma, Jenny decidió explorar un camino individual con un enfoque más pop directo y personal. Para este nuevo capítulo ha adoptado el alias JENNY ON HOLIDAY, que según ella misma indica es un juego de palabras sobre estar “de vacaciones” creativas de la banda y reencontrarse con un sonido propio.
QUICKSAND HEART es su carta de presentación y usa el synthpop más como lenguaje base que como destino: los sintetizadores y las cajas de ritmos no funcionan aquí como guiño retro ni como superficie bailable obligatoria, sino como una arquitectura emocional flexible. Hay momentos de pop electrónico luminoso, sí, pero también capas de dream pop, melodías que rozan el soft rock ochentero, gestos de art pop muy cuidados y una sensibilidad casi folk en la forma de escribir y frasear las canciones. La producción es refinada pero íntima, con arreglos que dejan espacio al silencio y a la vulnerabilidad, y con una voz que no busca imponerse sino habitar cada tema. Por eso el álbum no se siente como un ejercicio de estilo ni como un revival de género, sino como un conjunto de canciones que usan herramientas conocidas para decir algo personal, cambiante y emocionalmente inestable -justo como sugiere el título-, y ahí es donde atrapa y no te suelta.
Las narrativas de QUICKSAND HEART se construyen desde un lugar muy íntimo, casi confesional, pero evitan el dramatismo explícito o la épica emocional. Jenny escribe como quien piensa en voz alta, con imágenes cotidianas, sensaciones físicas y estados de ánimo cambiantes que no siempre se resuelven. Habla del amor, la dependencia, la ilusión y la fragilidad sin convertirlos en lecciones ni en grandes declaraciones: más bien los presenta como procesos inestables, contradictorios, a veces placenteros y a veces incómodos. Hay una tensión constante entre el deseo de entregarse y el miedo a perder el equilibrio, y esa ambigüedad atraviesa todo el disco. Las canciones no cuentan historias cerradas, sino momentos emocionales suspendidos, como si cada tema capturara un pensamiento justo antes de tomar forma definitiva, lo que refuerza la sensación de honestidad y hace que el oyente se sienta dentro de ese flujo mental, no solo observándolo desde fuera.
Su media crítica es de un 74 sobre 100 predominando el 80/100 de medios como PopMatters, The Skinny, Clash, The Guardian, Gods Is In The Tv, Dork o The Irish Times. Las notas más bajas provienen de Uncut, The Line Of Best Fit o Mojo con un 60/100. La recepción crítica de este proyecto no puede desligarse del contexto de su origen: durante años, los dúos de chicas jóvenes que se mueven entre el pop y la experimentación han sido observados con una mezcla de fascinación y condescendencia, obligados a demostrar una y otra vez su legitimidad artística. En ese marco, a proyectos como este se les exige evolución, profundidad y riesgo de forma casi permanente, a menudo con un nivel de escrutinio superior al que se aplica a propuestas masculinas o estilísticamente más “aceptables”. QUICKSAND HEART parece consciente de esa presión y, en lugar de responder con grandilocuencia, opta por la claridad, la intimidad y el control emocional, una decisión que puede leerse como un gesto de madurez más radical de lo que aparenta. El resultado es un disco que no pide permiso ni justifica su sensibilidad, y que precisamente por eso resulta tan sólido y relevante. Por eso nuestra nota es un 85 sobre 100.
MEJORES MOMENTOS: Good Intentions, Every Ounce Of Me, Dolphins
MEDIA CRÍTICA: 74/100
NUESTRA VALORACIÓN: 85/100










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