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miércoles, 21 de enero de 2026

EL 2026 ES EL AÑO DE DOVE ELLIS.

 


Es bastante inusual que un álbum como BLIZZARD de DOVE ELLIS se lance un 5 de Diciembre cuando la mayoría de medios tienen el año cerrado y casi no hay posibilidad de que aparezca en sus listas de lo mejor del año. Solo aparece en tres listas que cerraron después de esa fecha. La explicación es sencilla: es un álbum que va a tener su expansión en 2026. De momento, solo se puede escuchar en streaming y comprar en descarga digital. Su lanzamiento en vinilo está previsto para Abril. El CD no está confirmado, de momento, pero serían muy tontos si no hacen edición en CD. Porque os mentiríamos si no os dijéramos que pensamos que este álbum va a ser un fenómeno global. Creemos que va a pasar con BLIZZARD lo que ocurrió en el pasado con O (2002) de Damien Rice. Pero mejor vayamos por partes: 

DOVE ELLIS es un cantautor irlandés de 22 años originario de Galway aunque se fue a vivir a Manchester y forjó allí su carrera musical. Comenzó a ganar atención por medio de lanzamientos en Bandcamp, actuaciones íntimas y grabaciones propias que generaron interés sin necesidad de grandes campañas promocionales. También ha sido decisivo que teloneara a Geese, la banda del momento, en gran parte de su gira.  

BLIZZARD ha obtenido el reconocimiento crítico con una media de 88 sobre 100 obteniendo la puntuación perfecta del 100/100 por parte de medios como MusicOHM, The Irish Time, Mojo o The Guardian. El resto de valoraciones se distribuye de la siguiente manera: Hot Press, Far Out Magazine, Clash 90/100; Earmilk, Paste y Still Listening 85/100; The Line Of Best Fit, Uncut, DIY y NME 80/100; Northern Transmissions 79/100; Pitchfork 76/100 y Spectrum Culture 75/100.

Musicalmente, BLIZZARD se mueve en un territorio más específico que el genérico indie folk. La guitarra acústica y la voz funcionan como eje, pero los arreglos contenidos de cuerdas y piano lo acercan a un folk de cámara, casi introspectivo, donde cada elemento está al servicio del clima emocional. Hay también una clara afinidad con el slowcore, no por textura sonora sino por tempo y contención: canciones que rehúyen el clímax y prefieren sostener la tensión en lugar de resolverla. Aunque Ellis es irlandés, el disco no dialoga con el folk local ni con imaginarios tradicionales, sino con una genealogía transatlántica del songwriter que conecta más naturalmente con la sensibilidad estadounidense que con la británica. En ese sentido, BLIZZARD se inscribe más cerca de la tradición emocional del cantautor norteamericano que de cualquier escena regional europea. Por eso hemos comenzado diciendo que intuíamos que iba a ser un fenómeno global al igual que Damien Rice con su álbum debut O, los dos cumplen un mismo patrón y tienen algunas cosas en común como un lenguaje emocional muy directo y que O era un disco que tenía cierta contundencia desde el inicio: coherente, íntimo y emocionalmente maduro. BLIZZARD comparte esa sensación: un debut que no necesita refinarse ni esperar a la segunda entrega para mostrar la visión del artista. Damien Rice convirtió la voz quebrada, los silencios y la intensidad contenida en su sello. Ellis hace algo similar: la voz es el vehículo central, capaz de sostener la narrativa emocional sin depender de grandes arreglos.  



Aunque DOVE ELLIS con quien más ha sido comparado es con Jeff Buckley. A esta comparación, nosotros añadiríamos también al cantautor belga-egipcio Tamino. Pero claro..., Tamino también ha sido comparado con Buckley. La realidad es que Buckley se ha convertido en un arquetipo: Voz en registro alto con uso expresivo del falsete, interpretación muy física y emocional, canciones que se mueven entre lo íntimo y lo épico, influencias que van del folk al rock alternativo con un aura casi mística... Por eso, cada vez que aparece un cantautor joven con una voz flexible, vulnerable y una presencia intensa, la comparación es casi inevitable. En el caso de Tamino, la comparación con Buckley fue inmediata, pero Tamino añadió elementos muy propios: Una sobriedad casi ceremonial,  influencias de la música árabe (por su herencia egipcia), especialmente en las escalas y los melismas, un dramatismo contenido, menos explosivo que Buckley, más hipnótico.  Tamino suena como alguien que canta hacia el interior, con una gravedad constante. DOVE ELLIS es una tercera generación y parece llegar después de que Jeff Buckley ya se haya convertido en mito y Tamino en referente contemporáneo. En él se notan cosas de ambos, pero también diferencias claras: De Buckley podemos apreciar la fragilidad vocal y los cambios dinámicos bruscos o la sensación de estar al borde del quiebre emocional.  De Tamino: El tempo más reflexivo, la atmósfera melancólica sostenida, menos exhibición vocal gratuita, más clima.  Pero Ellis es menos grandilocuente que Jeff Buckley y menos solemne que Tamino. Suena más cercano, casi confesional, como si el drama estuviera normalizado, integrado en lo cotidiano. 

En BLIZZARD, no hay una historia lineal ni personajes que nos guíen; más bien, el disco crea un paisaje emocional que se mantiene constante de principio a fin. Las canciones funcionan como distintos reflejos de un mismo estado: introspección, melancolía y vulnerabilidad contenida. Las relaciones, el deseo y la identidad se expresan sin resolver, sin grandes giros dramáticos, y la voz de Ellis flota entre la intimidad y la confesión. Esa falta de clímax o cierre no es ausencia, sino intención: nos invita a habitar la ventisca emocional que da nombre al disco, a sentirla con él, sin atajos ni explicaciones fáciles. Al final, la narrativa de BLIZZARD es más una experiencia que se vive que una historia que se cuenta.

DOVE ELLIS construye un sujeto lírico deliberadamente no generizado: las letras evitan marcadores de género y roles afectivos tradicionales, permitiendo que el deseo y la intimidad se expresen desde una posición abierta y no normativa. Más que una declaración identitaria, esta ambigüedad funciona como una condición de enunciación acorde al presente, donde la experiencia emocional no necesita fijarse a etiquetas para ser legible. Esta elección estética amplía el campo interpretativo del disco y lo sitúa en una sensibilidad plenamente contemporánea.

Ya sabéis que somos muy reticentes a dar un 100 sobre 100 a un álbum debut pero a veces hay excepciones. Dar la nota más alta en un debut no solo valora el disco, también fija un listón narrativo: convierte al artista en “ el creador de una obra maestra desde el minuto uno”, y eso puede ser injusto con su propio proceso. Deja poco espacio para el error, la mutación o incluso el fracaso creativo, que a menudo son tan importantes como el acierto. Pero BLIZZARD es uno de esos casos incómodos para los que seguimos ese criterio. No es un debut prometedor, ni sorprendentemente maduro. Es un disco que suena cerrado, coherente y consciente de sí mismo. No da la sensación de borrador, ni de manifiesto inicial. Más bien parece el álbum de alguien que ya ha pasado por varios álbumes… solo que no los ha publicado. Ahí es donde entra la excepción. No es perfecto por exceso de ambición, sino por contención.  No busca epatar, sino sostener un clima emocional de principio a fin.  No depende de un single que lo explique todo, el conjunto es el mensaje. Quizás por eso un 100/100 aquí no se siente como una maniobra para crear hype, sino como reconocimiento de una obra que ya está donde quiere estar. No porque sea insuperable, sino porque no parece aspirar a ser superada, sino complementada en el futuro con otros estados de ánimo, otros lenguajes. Además, hay algo interesante: si BLIZZARD es perfecto, el siguiente disco no tiene por qué ser mejor. Puede ser más arriesgado, más incómodo o incluso fallido, y aun así tener sentido. El margen no está en la nota, sino en la evolución. BLIZZARD es un álbum que funciona como una obra completa y consciente con voz, atmósfera y sensibilidad que la hacen destacar. Es un disco para sentirlo más que para analizarlo y nos recuerda que DOVE ELLIS ha llegado con muchísima fuerza y lo tiene todo para convertirse en un fenómeno global. El 2026 va a ser su año. 



MEJORES MOMENTOS: Todo el álbum es una autética maravilla, no sobra ningún corte. Es para escucharlo de principio a fin sin usar el modo aleatorio.  

MEDIA CRÍTICA: 88/100

NUESTRA VALORACIÓN: 100/100

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