Cada vez que nos presentan a una nueva artista y leemos que “es una cantante, compositora y creadora musical estadounidense que ha ganado reconocimiento tanto por su música como por su presencia en redes sociales, especialmente TikTok”, nos invaden ciertos prejuicios. Aunque el algoritmo de TikTok ha viralizado canciones que se han convertido en auténticas joyas de artistas tan interesantes como Liana Flores o Jensen McRae, sabemos que esto no siempre es así. Por eso, lo más tranquilizador que descubrimos tras una breve investigación en la biografía de DELANEY BAILEY es que primero adquirió formación musical y estudios en producción, y luego usó las redes en su beneficio. No es una influencer que se hizo famosa y luego le hicieron un disco como a Addison Rae. Con esa duda despejada, podemos tomarnos en serio a DELANEY BAILEY y seguir con nuestra reseña de CONCAVE, su segundo álbum de estudio.
Phoebe Bridgers se convirtió en el referente obligado de la cantautora confesional moderna, DELANEY BAILEY representa una de las corrientes posteriores que han surgido de esa influencia, pero con un enfoque distinto. En este último trabajo, Bailey combina la intimidad desnuda de la cantautora clásica con una producción clara y melódica y en algunos pasajes incluso crea atmósferas etéreas. Su música no juega a la ironía ni a la confrontación. Busca la cercanía con el oyente, ofreciendo canciones que funcionan como espejos emocionales, sin artificios y con un oficio evidente que sostiene toda la escucha. Aunque en una primera escucha no revela aristas ni riesgos extremos, la coherencia y la autenticidad de su propuesta hacen que el disco destaque en un panorama saturado de jóvenes cantautoras post-Bridgers.
En CONCAVE, DELANEY BAILEY apuesta por narrativas introspectivas y confesionales que exploran emociones cotidianas con una honestidad casi incómoda. Las letras no buscan metáforas rebuscadas ni juegos de ingenio: hablan de rupturas, nostalgia, deseo y vulnerabilidad con una claridad directa que convierte cada canción en un pequeño relato íntimo. Este enfoque crea una sensación de proximidad, como si el oyente compartiera un diario personal; al mismo tiempo, la autora evita la sobreactuación o el dramatismo excesivo, manteniendo siempre un equilibrio entre exposición y control. Es en esa combinación de honestidad y mesura donde reside la fuerza narrativa de este álbum. Las historias no necesitan exagerarse para que destaquen, porque Bailey ya consigue que la empatía del oyente sea suficiente para que cada momento emocional se sienta vivido y real.
Musicalmente, CONCAVE se mueve con naturalidad entre la sencillez acústica y la producción cuidada del alt-pop. Las canciones suelen apoyarse en estructuras claras y melodías pegadizas, donde la voz de Bailey se mantiene siempre al frente, cargada de matices y respiraciones que refuerzan la sensación de intimidad. Los arreglos, aunque discretos, juegan con texturas etéreas y capas de sintetizador en algunos temas, lo que aporta momentos cercanos al dream pop sin desviar la atención de la narrativa central. Esta combinación de producción refinada y simplicidad instrumental permite que cada tema se despliegue con naturalidad, que la letra destaque y que la coherencia del disco se perciba desde la primera a la última pista. El resultado es un álbum que, aunque no busca romper esquemas ni desafiar al oyente, demuestra un oficio sólido y un sentido claro de cómo transmitir emociones de manera efectiva y envolvente.
Dentro de la generación de cantautoras confesionales que sigue la estela de Phoebe Bridgers, DELANEY BAILEY ocupa un lugar intermedio entre la claridad emocional y la accesibilidad del alt-pop, y la fricción narrativa de artistas más transgresoras. Su música se acerca a nombres como Gracie Abrams o Sadie Jean, con una confesionalidad directa que conecta con el oyente sin capas ni artificios; al mismo tiempo, se distancia de cantautoras como Eliza McLamb o Holly Humberstone, que exploran riesgos narrativos y tensiones emocionales más profundas. Este posicionamiento hace de Bailey una propuesta eficaz y coherente, capaz de atraer a un público amplio en busca de intimidad inmediata, aunque quienes valoren la incomodidad enriquecedora o la provocación artística puedan percibir su disco como demasiado seguro. La crítica de momento lo ha valorado con el 80 sobre 100 de Spill Magazine, el único medio importante que lo ha reseñado, de momento.
Si bien CONCAVE demuestra una sensibilidad emocional que funciona con claridad, su búsqueda de conexión inmediata con el oyente también la hace excesivamente complaciente en algunos momentos. La música de DELANEY BAILEY evita la fricción y el riesgo, lo que puede hacer que, aunque agradable, el disco se perciba seguro y predecible para quien valora tensión o transgresión en las canciones. Para oyentes que buscan la incomodidad enriquecedora o el desafío emocional que artistas más transgresoras pueden ofrecer, Bailey puede sentirse limitada; sin embargo, dentro de su propuesta, su habilidad para comunicar emociones con claridad y sinceridad sigue siendo notable. Nuestra valoración, a pesar de que nosotros somos de los que buscamos más transgresión que complacencia, es de un 85 sobre 100 porque es un álbum coherente, bien producido por Grayson Proctor, que también está acreditado como co-autor de algunas de las canciones, y al que no se le pueden hacer muchos más reproches.
MEJORES MOMENTOS: Far Away, Lion, Nightshade, Wound, Baby Dream, Concave, Wake Up...
MEDIA CRÍTICA: 80/100
NUESTRA VALORACIÓN: 85/100

No hay comentarios:
Publicar un comentario