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jueves, 7 de mayo de 2026

KACEY MUSGRAVES: VUELTA AL REDIL.

 


Cuesta imaginar que KACEY MUSGRAVES hubiera hecho un disco como MIDDLE OF NOWHERE si sus dos trabajos posteriores a Golden Hour (2018) hubieran tenido el mismo peso dentro del mercado estadounidense, porque todo en este álbum suena menos a evolución natural que a corrección de rumbo: tras el giro más pop y conceptual de Star-Crossed (2021) y el minimalismo introspectivo de Deeper Well (2024), la trayectoria de Musgraves parecía alejarse progresivamente del country, no regresar a él, y sin embargo aquí reaparece con un sonido reconocible, accesible y cuidadosamente suavizado, lo bastante “country” como para reconectar con el público estadounidense pero sin romper con la audiencia global que la convirtió en una artista transversal; en ese equilibrio es donde el disco revela su carácter más estratégico, porque incluso sus momentos más tradicionales están medidos, y las colaboraciones con Miranda Lambert y Billy Strings -mucho más que las de Gregory Alan Isakov y Willie Nelson- funcionan casi como certificados de autenticidad insertados en puntos clave, aportando un peso específico que el resto del álbum, deliberadamente más ligero, evita asumir de forma constante; por eso, más que un regreso genuino a las raíces, MIDDLE OF NOWHERE se percibe como un reajuste calculado de posición dentro del country-pop actual, un disco que no avanza la línea marcada por sus predecesores sino que la corrige, y que plantea una conclusión difícil de ignorar: no suena como el siguiente paso que Musgraves quería dar, sino como el que necesitaba dar para volver a ocupar el centro.

Porque, llegado a este punto, lo que deja una sensación más ambigua es que este regreso funcione precisamente por lo poco que arriesga: entendiendo el contexto, se puede leer MIDDLE OF NOWHERE como un movimiento eficaz, incluso lógico, dentro de la carrera de KACEY MUSGRAVES, pero también como una renuncia parcial a la inquietud que definía sus mejores decisiones tras Golden Hour; donde aquellos discos abrían caminos -aunque no siempre con el mismo impacto-, aquí la prioridad parece ser no salirse demasiado de ellos, mantenerse dentro de un perímetro reconocible y cómodo, y en ese sentido el álbum se percibe más como una vuelta al redil que como una exploración real, un disco que encaja mejor de lo que desafía, que reafirma más de lo que cuestiona, y que, aun siendo sólido y disfrutable, deja la impresión de que Musgraves ha optado por asegurar su posición en lugar de comprometerla, justo en el momento en el que habría sido más interesante verla arriesgar.

También resulta revelador cómo se ha etiquetado MIDDLE OF NOWHERE, porque más allá del recurrente soft rock, lo que realmente define su sonido es algo más específico: un soft country que encaja mejor con lo que propone aquí KACEY MUSGRAVES. El disco se mueve dentro de un abanico amplio -country contemporáneo, country pop, guiños a la música tejana, cierto aire de “urban cowboy” e incluso momentos de indie folk-, pero en lugar de estirar esas etiquetas o empujarlas hacia algo nuevo, las mantiene en una zona de confort muy medida, donde todo suena pulido, accesible y fácilmente digerible; no hay fricción real entre estilos, sino una convivencia controlada que refuerza esa idea de equilibrio calculado que atraviesa todo el álbum. Llamarlo soft country no es solo una cuestión estética, sino casi una declaración de intenciones: un country diseñado para no incomodar a nadie, lo bastante tradicional para ser reconocido como tal y lo bastante ligero para circular sin resistencia fuera de sus márgenes naturales, lo que de nuevo encaja con la sensación de que más que explorar los límites del género, el disco se dedica a habitarlos con cautela.


Aunque MIDDLE OF NOWHERE funciona, hay muchísima belleza en él y difícilmente se puede calificar como un mal trabajo, también transmite cierta sensación de continuidad excesiva en el tándem creativo de KACEY MUSGRAVES con Ian Fitchuk y Daniel Tashian; su alianza ha sido clave para definir su sonido en los últimos años y los resultados han sido, en general, muy sólidos, pero aquí empieza a percibirse un ligero agotamiento, no tanto en la calidad como en la sorpresa, como si el lenguaje común que han construido juntos ya hubiera dado todo lo que tenía que dar. Es una sensación parecida a la que dejaron algunas de las últimas colaboraciones entre Taylor Swift y Jack Antonoff, donde más que fallar, lo que ocurría era que la fórmula empezaba a sonar demasiado reconocible; en ese sentido, más que una crítica directa al resultado, esto apunta a una posible necesidad de cambio, a la idea de que para seguir creciendo -o simplemente para volver a sorprender- quizás Musgraves necesite rodearse de nuevos colaboradores que la saquen de esa zona de confort creativa que, aunque todavía efectiva, empieza a sentirse previsible.

La crítica le ha otorgado una media de 80 sobre 100 distribuida de la siguiente manera: The Independent le otorga un 100/100 y para ellos es uno de los mejores álbumes del año. Spill Magazine y Hot Press 90/100; Exclaim!, Rolling Stone, Slant Magazine, The Guardian, Uncut, The Arts Desk y Still Listening 80/100; Beats Per Minute 79/100; Pitchfork 76/100; No Ripcord 75/100; NME 70/100 y la valoración más baja proviene de Paste con un 50/100. 

Por nuestra parte, tenemos que decir que MIDDLE OF NOWHERE está construido para ser fluido, agradable y sin fricción, y en ese nivel cumple perfectamente. La escritura de KACEY MUSGRAVES sigue siendo eficaz, la producción de Ian Fitchuk y Daniel Tashian aunque previsible, es limpia y coherente, y el disco se escucha de principio a fin sin tropiezos ni momentos realmente incómodos. En ese sentido, funciona casi como un “disco perfecto de fondo”: entra fácil, fluye bien y deja una impresión positiva inmediata. El problema aparece cuando intentas ir un poco más allá de esa primera escucha. Cuando empiezas a preguntarte qué arriesga, qué pone en juego o qué amplía dentro de su propia discografía, el disco se vuelve más difícil de sostener como algo trascendente. No porque falle, sino porque está diseñado para no sobresalir en exceso ni generar demasiados bordes. Es ahí donde se entiende la distancia entre disfrute y análisis: como experiencia, es muy sólido; como obra que quiere empujar su propio lenguaje, es más limitado. Y esa tensión es probablemente lo que mejor define el álbum: un disco que funciona casi a la perfección en la superficie, pero que se vuelve más plano cuanto más profundo intentas mirarlo. En ese equilibrio entre solidez, confort y falta de riesgo situamos nuestra valoración final, que es de un 78 sobre 100



MEJORES MOMENTOS: Middle Of Nowhere, Dry Spell, I Believe In Ghost, Loneliest Girl, Rhinestoned...

MEDIA CRÍTICA: 80/100

NUESTRA VALORACIÓN: 78/100


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