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viernes, 10 de abril de 2026

ALBUMES REPESCADOS: THE DELINES, HATER, BILL CALLAHAN, AMANDA BERGMAN, JAMES BLAKE, FOY VANCE, LUKE COMBS, MELISSA ETHERIDGE y ROBYN.

 


A continuación nuestro post de álbumes repescados de Abril y sin proponérnoslo acabamos de darnos cuenta de que estos nueve álbumes vienen de la mano de artistas y bandas veteranas. Absolutamente todos ellos tienen más de tres álbumes publicados.  


THE DELINES - THE SET UP


Hay discos que reseñamos por necesidad crítica y otros que reseñamos casi por responsabilidad: para recordar que siguen ahí. THE DELINES pertenecen a las dos categorías. Cada nuevo lanzamiento -y THE SET UP no es la excepción- funciona menos como una sorpresa y más como una confirmación. Porque, siendo honestos, aquí no hay giro, ni ruptura, ni reinvención. Y sin embargo, tampoco hay motivo para exigirla. 

A estas alturas, lo interesante de THE SET UP no es qué hacen distinto, sino por qué lo mismo sigue funcionando tan bien. En una industria que premia el cambio constante -a menudo confundiendo evolución con ansiedad-, THE DELINES han optado por algo mucho más difícil de sostener: la coherencia. Su sonido sigue ahí, reconocible desde los primeros compases, moviéndose en ese territorio donde el soul, el country y la narrativa nocturna no necesitan justificarse. 

Pero reducir el disco a “más de lo mismo” sería quedarse en la superficie. Si existe una evolución, ocurre en otro lugar. Como siempre, el corazón del álbum está en sus historias. Y aquí es donde THE SET UP introduce un matiz que merece atención: si en trabajos anteriores predominaba cierto impulso de huida -personajes en tránsito, decisiones al límite-, en este disco da la sensación de que muchos de ellos ya han dejado de correr. No porque hayan ganado, sino porque han dejado de esperar otra cosa. Hay menos urgencia y más resignación. Menos escape y más rutina. 

Esa diferencia, sutil pero constante, atraviesa el álbum entero y lo convierte en algo más que otra colección de relatos bien escritos. Es, en cierto modo, un disco sobre lo que pasa después de la historia que normalmente te cuentan. Es una perfecta continuación al escenario de Mr Luck & Ms Doom (2025). También hay pequeños ajustes que refuerzan esa sensación: arreglos que respiran más, tempos que se permiten caer sin prisa, y una interpretación vocal que suena menos contenida y más inevitable.  

No son cambios que vayan a redefinir a la banda, pero sí afinaciones que revelan un control cada vez mayor de su propio lenguaje. Y quizá ahí esté la clave. El mayor riesgo de THE DELINES ya no es equivocarse, sino volverse irreprochables. Llegar a ese punto en el que todo está tan bien hecho que deja de sorprender, incluso cuando emociona. THE SET UP juega peligrosamente cerca de ese territorio, pero consigue esquivarlo gracias a la profundidad de sus personajes y a esa capacidad, cada vez más depurada, de encontrar nuevas grietas dentro de un mismo paisaje. No amplía su universo, pero lo habita mejor que nunca.

La crítica ha vuelto a respaldarlos: un 83 sobre 100 de media que replica casi exactamente la recepción de Mr Luck & Ms Doom (2025), con picos como el 90/100 de Uncut y varios 80/100 (Mojo, Louder Than War, Record Collector).

Nosotros vamos a hacer el mismo ejercicio. Nuestra valoración es exactamente la misma que la de su anterior trabajo: un 90 sobre 100. Aunque, siendo honestos, cualquier disco de THE DELINES parece escrito para recibir la máxima puntuación   



MEJORES MOMENTOS: The Meter Keeps Ticking, Dilaudid Diane, Can You Get Me Out Of Phoenix?, Keep The Shades Down, Walking With His Sleeves Down...

MEDIA CRÍTICA: 83/100

NUESTRA VALORACIÓN: 90/100

HATER - MOSQUITO


HATER es una banda de indie pop originaria de Malmö (Suecia). Llevan más de una década en la música y MOSQUITO es su cuarto álbum de estudio. Sus miembros principales son: Caroline Landahl (voz), Måns Leonartsson, Rasmus Andersson y Adam Agace. Son parte de esa escena escandinava muy asociada al dream pop melancólico y al indie emocional. 

Su sonido mezcla Indie pop, Dream pop y algo de Shoegaze ligero. Se caracterizan por: Voz femenina suave y distante, guitarras con reverberación y letras introspectivas y emocionales.  

En sus primeros trabajos su sonido era más lo-fi y nebuloso, y con el tiempo han ido hacia algo más cuidado y melódico. MOSQUITO marca un paso más en esa dirección: un sonido más directo y más pulido pero manteniendo su melancolía característica. 

En cuanto a las narrativas el disco habla de amor, pero desde un ángulo extraño y a veces oscuro. Utiliza un imaginario casi fantástico (Cupido, vampiros, mosquitos) y mezcla romanticismo con incomodidad emocional. 

¿Qué aporta el hecho de que sean suecos? Al escuchar un álbum de HATER se percibe que no son americanos ni británicos, aunque al principio cueste ubicarlos. Las bandas indie estadounidenses suelen tener más raíz en el folk, el country o el garage, con una producción más terrenal y voces más expresivas o narrativas. Las británicas, en cambio, tienden hacia un mayor dramatismo o épica emocional, con producciones más densas y envolventes, y un punto más artístico o experimental.

HATER contrasta con ambas tradiciones: su sonido es más etéreo y distante, más atmosférico. La voz de Caroline Landahl resulta contenida, casi desapegada. Todo en ellos es más minimalista y menos grandilocuente, más cotidiano en lo emocional.  

La crítica le ha otorgado a MOSQUITO una media de 73 sobre 100, distribuida de la siguiente manera: AllMusic y Mojo 80/100; Under The Radar 70/100 y No Ripcord 60/100. Más allá de sus cualidades musicales, el interés internacional que ha despertado HATER no es casual. Su propuesta se mueve en un lenguaje reconocible dentro del indie global -cantan en inglés y trabajan con códigos sonoros ampliamente compartidos-, pero lo hacen desde una sensibilidad propia, marcada por esa contención emocional tan característica de la escena escandinava. Ese equilibrio entre familiaridad e identidad les permite conectar con medios especializados como estos, siempre atentos a propuestas que, sin ser plenamente mainstream, ofrecen una voz definida dentro de su género.

Nuestra valoración se sitúa también en un 80 sobre 100. Lo más interesante del disco es su idiosincrasia sueca, ese carácter que lo hace ligeramente exótico dentro del circuito indie internacional. Sin embargo, dentro del dream pop y el indie pop existen propuestas más logradas, por lo que MOSQUITO destaca más por su personalidad que por su nivel.  


MEJORES MOMENTOS: Angel Cupid, This Guy?, Stinger, Stung Again...

MEDIA CRÍTICA: 73/100

NUESTRA VALORACIÓN: 80/100

BILL CALLAHAN - MY DAYS OF 58


Ya casi nadie recuerda que BILL CALLAHAN a finales de los 80 se hacía llamar "Smog" y grababa canciones en casa con equipos muy básicos, en casetes de cuatro pistas. No era tanto una elección estética como una cuestión de medios: no tenía acceso a estudios ni experiencia técnica. En los 90 firmó con el sello independiente Drag City y poco a poco su música se volvió más "profesional", con mejor producción y más instrumentos. Trabajó con productores influyentes como Jim O'Rourke. 

A partir de los 2000 simplificó de nuevo su estilo, pero con mayor profundidad lírica. Ese sonido crudo y minimalista lo convirtió en una figura clave del lo-fi de los 90. En 2007 dejó el nombre “Smog” y empezó a publicar con su nombre real: BILL CALLAHAN.

Probablemente si alguien le hubiese dicho a aquel joven que se convertiría con los años en uno de los cantautores de culto más respetados de su generación, es muy posible que no lo hubiera creído. Recientemente Callahan ha publicado su octavo álbum de estudio bajo su nombre MY DAYS OF 58. Un álbum que repasa como ha llegado a los 58 y se ubica en la americana y la música de cantautor.

Aunque esas etiquetas se queden algo cortas: en MY DAYS OF 58BILL CALLAHAN parte del armazón del singer-songwriter y la americana, pero lo expande hacia un terreno muy suyo donde conviven el folk minimalista, el country crepuscular, el spoken word casi conversacional y una especie de blues ralentizado y despojado. La instrumentación suele ser austera -guitarras limpias, arreglos sutiles de cuerda o viento, percusiones apenas insinuadas-, dejando mucho aire alrededor de su voz grave, que funciona casi como eje narrativo más que melódico. Hay también un pulso meditativo que roza lo ambiental en algunos pasajes, y un uso del silencio y la repetición que recuerda a sensibilidades más cercanas al indie experimental que al folk tradicional. El resultado es una música que parece sencilla en la superficie, pero que se mueve entre la introspección, la narrativa americana clásica y una abstracción muy contemporánea.

En MY DAYS OF 58, la cercanía de BILL CALLAHAN con Leonard Cohen y Nick Drake se percibe más en la actitud y el espacio emocional que en la forma externa: como Cohen, Callahan convierte la canción en un vehículo de pensamiento, con letras que avanzan entre lo confesional y lo irónico, sostenidas por una voz grave que no busca impresionar sino decir; y como Drake, trabaja una intimidad casi suspendida, donde los arreglos son delicados y el tiempo parece ralentizarse, creando una sensación de recogimiento muy físico. Sin embargo, Callahan introduce una distancia particular -más seca, incluso con destellos de humor- que evita el dramatismo de Cohen y la fragilidad extrema de Drake, situándose en un punto intermedio donde la reflexión y la observación conviven con una calma casi estoica.

Callahan construye una narrativa en este nuevo álbum claramente atravesada por la edad, pero no como balance solemne sino como observación cotidiana del paso del tiempo. Más que grandes confesiones, lo que aparece es una suma de escenas pequeñas -la vida doméstica, la paternidad, el cuerpo que cambia, la memoria que se reorganiza- contadas con esa mezcla suya de literalidad y extrañeza. Hay una sensación constante de estar mirando atrás sin nostalgia excesiva y habitando el presente con cierta calma reflexiva, donde cumplir 58 no es tanto un tema explícito como un punto de vista: el de alguien que ya ha vivido lo suficiente como para narrar sin urgencia, encontrando significado en lo aparentemente trivial y dejando que las canciones funcionen casi como pensamientos en voz alta. 

La crítica le ha otorgado una media de 80 sobre 100 que se distribuye de la siguiente manera: The Skinny 100/100; Northern Transmissions 92/100; The Needle Drop 90/100; Paste 83/100; MusicOHM, AllMusic, No Ripcord, Uncut, Mojo y The Telegraph 80/100; Pitchfork 78/100; Spectrum Culture 75/100; Slant Magazine, PopMatters y The Line Of Best Fit 70/100 y Far Out Magazine 60/100.

Por nuestra parte, no podemos darle menos de un 90 sobre 100. Es un álbum introspectivo, discreto, sin estridencias y que vamos a tener que elegir constantemente cada vez que queramos escucharlo. Porque ningún algoritmo nos lo va a poner en nuestro camino y hoy día, esos son los discos que nos interesan realmente.   




MEJORES MOMENTOS: The Man I Supposed To Be, Lonely City, Why Do Men Sing, Stepping Out for Air, Empathy...  

MEDIA CRÍTICA: 80/100

NUESTRA VALORACIÓN: 90/100

AMANDA BERGMAN - EMBRACED FOR A SECOND AS WE DIED




AMANDA BERGMAN es una destacada cantautora y compositora sueca conocida por su estilo íntimo y emocional que combina folk, pop e indie. Ha sido vocalista de la influyente banda sueca Amason y ha construido una trayectoria sólida gracias a su voz cálida y expresiva, creando música que se distingue por su autenticidad, profundidad lírica y sensibilidad artística. Su obra refleja tanto la introspección personal como una notable capacidad para conectar con el oyente de manera emotiva y directa.

EMBRACED FOR A SECOND AS WE DIE tiene una sonoridad que combina atemporalidad y riesgo creativo. La producción se siente rica y expansiva, con capas de instrumentos que se entrelazan sin que nada suene excesivamente producido o "comercial". Hay un regusto clásico en la manera en que se construyen las melodías y los arreglos: guitarras cálidas, teclados etéreos, percusiones suaves pero presentes, y atmósferas que recuerdan a la música pop sofisticada de los años 70 y 80, filtradas por un enfoque contemporáneo e íntimo. 

La voz de AMANDA BERGMAN ocupa el centro, integrándose con los demás elementos para crear un flujo emocional que transmite cercanía y vulnerabilidad. La producción arriesga al mantener pausas, silencios y progresiones menos convencionales, lo que puede desafiar a quienes buscan canciones de consumo rápido o hits de moda. Para oyentes que valoran profundidad, texturas sonoras y capas emocionales, el disco resulta coherente, elegante y conmovedor. 

Las narrativas de EMBRACED FOR A SECOND AS WE DIE se mueven entre la introspección y la contemplación de la vida, explorando temas como la fugacidad del tiempo, la pérdida, la memoria y los momentos de conexión profunda que definen nuestra existencia. AMANDA BERGMAN construye historias personales que, aunque íntimas, tienen un alcance universal: hablan de la vulnerabilidad humana, de la fragilidad de las relaciones y de cómo los instantes más breves pueden dejar huellas duraderas. Sus letras se sienten como meditaciones poéticas, donde la emoción y la observación se entrelazan, invitando al oyente a reflexionar sobre sus propias experiencias mientras sigue el viaje sonoro del álbum. 

Cada canción parece construida como un pequeño escenario donde se desarrollan emociones complejas: incertidumbre, nostalgia, ternura y aceptación conviven sin resoluciones obvias. La instrumentación delicadamente matizada crea espacios que permiten apreciar los matices de las letras; los cambios de dinámica, los arreglos inesperados y los momentos de silencio refuerzan la sensación de intimidad. Así, el álbum no solo narra experiencias personales, sino que también invita al oyente a sentirse parte de ellas, haciendo que cada giro melódico y cada frase poética tengan un peso emocional tangible. 

La crítica le ha otorgado una media de 78 sobre 100, con puntuaciones que van desde Far Out Magazine 90/100 hasta Uncut 60/100, pasando por The Skinny, Record Collector y Mojo 80/100. Por nuestra parte, le daríamos un 85 sobre 100, porque es uno de esos discos que, aunque probablemente no esté en todas las conversaciones del momento, sería una verdadera pena que pasara desapercibido. Es un trabajo que merece ser escuchado, recomendado y valorado por su profundidad emocional, riesgo creativo y calidad artística, y sentimos que es uno de esos álbumes que deja huella para quienes se acercan a él con atención. 


MEJORES MOMENTOS: Is This How You Said You'd Be Gone, Grasp, Groby, The Moon In E Minor, Mexico...

MEDIA CRÍTICA: 78/100

NUESTRA VALORACIÓN: 85/100

JAMES BLAKE - TRYING TIME


TRYING TIME es el octavo álbum de estudio de JAMES BLAKE y el mejor valorado por la crítica desde The Colour in Anything (2016).

Más que reinventarse, en TRYING TIME Blake parece haber alcanzado un punto de equilibrio donde su lenguaje sonoro deja de sentirse como una propuesta "experimental" para convertirse en algo completamente natural. Aunque mantiene elementos característicos como las voces procesadas y las texturas electrónicas, aquí no actúan como recursos que buscan destacar, sino que se integran con una fluidez sorprendente dentro de las canciones. El resultado es un disco accesible sin caer en concesiones, donde todo se percibe de forma aparentemente orgánica -una cualidad poco habitual en su obra- y donde la emoción prima sobre el artificio. Lejos de sus contrastes más abruptos del pasado, Blake entrega un trabajo cohesivo, íntimo y profundamente absorbente, que no necesita imponerse para dejar huella.

La sonoridad de TRYING TIME se construye a partir de una fusión elegante entre el Art Pop, el R&B alternativo y el Glitch Pop, donde la sensibilidad melódica convive con una producción detallista y sutilmente fragmentada. Sobre esa base, emergen influencias del UK Bass en los graves profundos y las texturas espaciales, mientras que ciertos patrones rítmicos y cadencias vocales remiten al Trap Soul, aportando calidez y cercanía emocional. Lejos de sentirse como una suma de etiquetas, el álbum integra todos estos estilos con naturalidad, logrando un sonido cohesivo en el que lo digital y lo humano coexisten sin fricción, y donde cada elemento parece colocado con una intención más expresiva que estilística.

En este álbum, JAMES BLAKE articula una narrativa más emocional que lineal, centrada en la vulnerabilidad, el paso del tiempo y la búsqueda de equilibrio personal. A lo largo del disco, se percibe una introspección serena que aborda las relaciones, la desconexión y la identidad desde una mirada más madura, lejos de los contrastes más tensos de sus trabajos anteriores. Más que resolver conflictos, las canciones parecen habitarlos con naturalidad, generando una sensación de aceptación que se traslada también a lo sonoro. Así, el álbum funciona como un estado emocional continuo, íntimo y reflexivo, reforzando la idea de un artista que ha aprendido a expresarse sin necesidad de forzar su discurso.

La crítica le ha otorgado una media de 78 sobre 100 con valoraciones notables: Dork le da la máxima puntuación 100/100 y considera que es uno de los mejores trabajos del año; DIY 90/100; Still Listening 85/100; The Guardian, Far Out Magazine, The Irish Times, The Needle Drop, The Independent, Clash, Slant Magazine, Under The Radar y AllMusic 80/100; Northern Transmissions 75/100; Beats Per Minute 74/100; Spectrum Culture 73/100; Pitchfork 72/100; The Line Of Best Fit y Uncut 60/100 y Paste 58/100.

Si nosotros tuviéramos que darle un 100/100 a JAMES BLAKE, este sería el momento perfecto: TRYING TIME muestra a un artista en pleno control de su lenguaje, capaz de integrar electrónica, voces procesadas y texturas experimentales con una fluidez y emotividad sorprendentes. Sin embargo, a pesar de su impacto inmediato y de lo convincente que resulta, no podemos ignorar que estos discos profundamente ligados a su contexto sonoro corren el riesgo de envejecer con rapidez, como suele pasar con muchos compositores que trabajan intensamente con electrónica contemporánea. Por eso, aunque este álbum sea uno de los mejores de su discografía reciente, y posea eso que se llama "momentum", nuestra puntuación final se sitúa en un sólido 90 sobre 100: un disco extraordinario y absorbente, pero cuya durabilidad en el tiempo aún está por comprobar. 



MEJORES MOMENTOS: I Had A Dream She Took My Hand, Death Of Love, Doesn't Just Happen, Trying Time...

MEDIA CRÍTICA: 78/100

NUESTRA VALORACIÓN: 90/100

FOY VANCE - THE WAKE 



THE WAKE es el séptimo álbum de estudio del cantautor irlandés FOY VANCE y es el primer álbum con Rounder Records tras finalizar su etapa con Gingerbread Man, el sello discográfico de Ed Sheeran con el que grabó cuatro álbumes desde 2015 hasta 2021. Con THE WAKE, Vance cierra una especie de ciclo creativo ligado al duelo por la muerte de su padre y marca también un cambio de etapa que funciona casi como cierre de una era de más de una década. FOY VANCE se mueve entre el folk, el blues y el soul de raíz americana y nos atreveríamos a decir que es uno de los herederos de Van Morrison.

La escucha de THE WAKE revela hasta qué punto FOY VANCE se inscribe en una tradición que remite directamente a Van Morrison: no tanto en lo formal como en la intención. Ambos comparten esa forma de abordar la canción como un vehículo espiritual, donde el soul, el gospel y el blues dejan de ser géneros para convertirse en un lenguaje emocional. Hay en Vance la misma manera de tensar la voz hasta el límite, de frasear con una libertad que parece más confesión que interpretación, y de convertir lo íntimo -el duelo, la fe, la búsqueda de sentido- en algo casi litúrgico. Sin embargo, donde Morrison tiende a la ensoñación jazzística y a la deriva, Vance pisa más tierra firme, construyendo canciones más ancladas en la tradición americana contemporánea, pero sin perder esa cualidad de trance emocional: una herencia que Morrison desarrolló ya en los años sesenta y setenta, y que Vance recoge y actualiza desde una sensibilidad más contemporánea.

Musicalmente, THE WAKE combina momentos de intimidad casi confesional con pasajes de gran amplitud sonora, donde los arreglos de piano, cuerdas y percusión enfatizan la emotividad de cada tema. Canciones como Call Me Anytime muestran la capacidad de Vance para transformar el dolor en belleza sonora, mientras que otras como Hi I'm The Preacher's Son recuerdan su talento para el storytelling directo y sincero. El álbum es, en conjunto, una obra que invita a la escucha pausada y reflexiva, un testimonio de resiliencia emocional que reafirma a FOY VANCE como uno de los cantautores más personales y conmovedores de su generación.

La crítica le ha otorgado una media de 80 sobre 100 gracias a las tres reseñas de AllMusic, Clash y Mojo que coinciden en esa nota. Esa media convierte a THE WAKE en el álbum mejor valorado de toda su carrera.

Por nuestra parte tenemos que decir que THE WAKE confirma a FOY VANCE como una rara avis dentro del panorama musical actual: un artista capaz de conjugar introspección, emoción y tradición con una autenticidad poco frecuente. Es un disco que no debería pasar desapercibido, y nuestra nota es un 86 sobre 100



MEJORES MOMENTOS: Hi I'm The Preacher's Son, I Think I preferred The Question, Call Me Anytime, I Ain't Sold On Time...

MEDIA CRÍTICA: 80/100

NUESTRA VALORACIÓN: 86/100  

LUKE COMBS - THE WAY I AM



Escuchar THE WAY I AM de LUKE COMBS es una experiencia curiosa, aunque no necesariamente por las razones que uno esperaría de uno de los nombres más grandes del country actual. No hay aquí un desastre evidente, ni un giro fallido, ni siquiera una colección de malas canciones. El problema es más difícil de señalar: cuando el disco termina -si es que uno llega a ese punto con plena conciencia- cuesta recordar algo concreto. Y ese "costar recordar" es, precisamente, el núcleo del asunto. 

A estas alturas, el country mainstream parece haber entrado en una fase de estandarización total. Da igual si hablamos de Combs, de Morgan Wallen o de Zach Bryan: cambian los matices, pero la plantilla permanece intacta. Producciones pulidas hasta el extremo, letras que alternan entre la nostalgia programada y la emoción accesible, y una estructura que parece diseñada más para encajar en playlists que para construir un discurso propio. En ese contexto, THE WAY I AM no destaca ni para bien ni para mal. Simplemente existe. 

Pero quizá el problema no sea este disco en concreto, sino el modelo que lo produce. En la era del streaming, los álbumes han dejado de ser unidades narrativas para convertirse en contenedores de contenido. Cuantas más canciones, mejor. Más minutos, más reproducciones, más presencia. El precedente es claro: trabajos mastodónticos como Dangerous: The Double Album () de Morgan Wallen, marcaron el camino, y desde entonces la inflación de tracklists parece no tener techo. 

El resultado es una especie de "hinchazón estructural" donde incluso las buenas canciones -que aquí las hay- acaban perdiendo peso. No porque fallen, sino porque se diluyen. Escuchar deja de ser una experiencia con principio, desarrollo y final, y pasa a ser una travesía plana, sin relieves claros. Y ahí es donde entra la fatiga. Porque no es solo el oyente casual el que desconecta; es también el crítico.

Evaluar un disco así ya no consiste en analizar, sino en resistir. A partir de cierto punto, las canciones empiezan a mezclarse entre sí, las ideas se repiten y la identidad del artista se difumina. No es que LUKE COMBS desaparezca, pero su voz -artística, no vocal- pierde definición entre tantas capas de familiaridad. De hecho, uno de los pensamientos más incómodos que deja el álbum es este: llegada cierta pista, deja de importar quién está cantando. Eso no ocurría -al menos no con tanta facilidad- en trabajos más concisos y enfocados como Gettin' Old (2023), donde había una intención más clara de construir algo cohesivo. 

Aquí, en cambio, la abundancia juega en contra. Lo que podría haber sido un buen disco de 10 o 12 canciones se convierte en un bloque excesivo de 22 cortes donde todo compite por atención… y nada termina de quedarse. THE WAY I AM no es un mal álbum. Pero quizá ese sea el problema: tampoco es especialmente bueno, ni necesario, ni memorable. Es, en el mejor de los casos, correcto. Y en un panorama saturado de discos largos, correctos y cada vez más intercambiables, eso empieza a ser más preocupante que cualquier fracaso evidente. Porque al final, el verdadero riesgo no es hacer un mal disco. Es hacer uno que no deje huella.

La crítica le ha otorgado una media de 65 sobre 100, con valoraciones que oscilan entre el 75/100 de Hot Press y el 40/100 de The Irish Times, pasando por notas más templadas como los 70 de Pitchfork, AllMusic, Rolling Stone o Uncut. Se trata, en cualquier caso, de la puntuación más baja en la carrera de LUKE COMBS, y cuesta no pensar que responde, al menos en parte, a todo lo que venimos señalando. Hasta ahora, su disco mejor valorado sigue siendo Gettin' Old (2023), un trabajo donde la contención jugaba claramente a su favor. 

Por nuestra parte, ya hemos dicho lo que nos parece THE WAY I AM: entre sus 22 cortes hay alguna que otra buena canción, lo suficiente como para no bajar de un 70 sobre 100. Pero también creemos que este tipo de lanzamientos empiezan a poner a prueba no solo la paciencia del oyente, sino el propio sentido de reseñarlos. Así que sirva esto también como aviso: escuchamos demasiados discos a la semana como para seguir dedicando tiempo a álbumes eternos, previsibles y cada vez más intercambiables. Si la tendencia en el country mainstream actual no cambia, es posible que la próxima vez optemos directa y deliberadamente por no reseñarlos.  


MEJORES MOMENTOS: Days Like This, Back In The Saddle, My Kinda Saturday Night, Sleeples In A Hotel Room, Giving Her Away, Be By You... 

MEDIA CRÍTICA: 65/100

NUESTRA VALORACIÓN: 70/100

MELISSA ETHERIDGE - RISE


Con RISE, MELISSA ETHERIDGE vuelve a demostrar por qué sigue siendo una de las compositoras más auténticas y reconocibles del rock contemporáneo. Desde el primer acorde, el disco muestra lo que ha hecho de su estilo algo inconfundible: mezclar introspección profunda con esas guitarras rasgadas y abiertas que definen su sonido. 

Musicalmente, RISE logra un equilibrio difícil: canciones que miran hacia adentro, reflexivas y contenidas, pero que no renuncian a la energía y al filo de su instrumentación característica. La producción está cuidada, permitiendo que la voz de Melissa sea el hilo conductor de emociones que van desde la aceptación hasta la intensidad cruda, pasando por momentos de pura resolución emocional.

Uno de los puntos destacados es la colaboración con Chris Stapleton. La canción mantiene una estructura clásica de medio punto, alternando estrofas entre él y ella, para luego unirse a dos voces en los momentos más impactantes. No se trata de un duelo vocal, sino de un diálogo orgánico y emocional, donde la combinación de ambas voces genera una textura nueva que se siente natural y auténtica. Estos momentos compartidos se convierten en verdaderos picos emocionales del disco. 

Desde el punto de vista crítico, RISE aún no ha sido reseñado por medios importantes, pero desde la perspectiva del oyente de largo recorrido, se perfila como su mejor álbum en años. Recupera la fuerza emocional de 4th Street Feeling (2012) y la profundidad de Breakdown (1999), superando a trabajos como The Medicine Show (2019), que aunque sólido, resultaba más conceptual y menos inmediato en su conexión con el oyente. 

Más allá de la calidad musical, RISE demuestra la madurez de Etheridge como compositora: sus melodías siguen siendo directas y pegadizas, sus letras honestas y conmovedoras, y la forma en que integra colaboraciones y arreglos muestra un dominio total de su lenguaje musical. La inclusión de Stapleton, además, podría atraer a un público más joven sin comprometer la integridad artística del disco, funcionando como puente más que como simple gancho comercial. 

Tenemos que mencionar que uno de los motivos por los que todo funciona en este disco a la perfección es la presencia de Shooter Jennings que coproduce junto a Etheridge este álbum. Jennings tiene un oído muy fino para fusionar rock, country y soul sin perder identidad, y eso se nota en cada capa del disco. Sabe trabajar con guitarras, ritmos y arreglos de manera que respeta la historia musical de la artista sin que suene retro o demasiado rígida. También puede manejar tanto momentos íntimos e introspectivos como secciones más energéticas sin que ninguna parte sobresalga de forma artificial y aporta ideas frescas y modernas, pero siempre dentro del lenguaje de Etheridge, evitando que el sonido pierda coherencia.

El estilo de Jennings conecta con oyentes contemporáneos sin sacrificar la autenticidad de la voz de Melissa, lo que ayuda a que el disco tenga visibilidad más allá de su base de fans histórica. De hecho, su trabajo en RISE refuerza esa sensación de mezcla equilibrada que comentábamos al principio: introspección de Breakdown y guitarras marca de la casa, todo integrado en un sonido moderno pero fiel a la esencia de Melissa. 

En definitiva, RISE no es solo otro capítulo en la discografía de Etheridge, sino una obra que combina reflexión, fuerza y coherencia estilística, reafirmando que, incluso después de décadas de carrera y de experiencias vitales duras, sigue siendo una compositora de primer nivel. Para los fans y oyentes que valoran la autenticidad por encima del espectáculo, RISE es un disco que crece con cada escucha y que consolida la relevancia de MELISSA ETHERIDGE en el rock actual. Nuestra nota es un 85 sobre 100 y un breve apunte. Para que artistas como Brandi Carlile pudieran caminar, fue necesario que antes MELISSA ETHERIDGE abriera el camino. 



MEJORES MOMENTOS: The Other Side Of Blue, Rise, Bein' Alive, Matches, Don't You Want A Woman...

MEDIA CRÍTICA: ----

NUESTRA VALORACIÓN: 85/100

ROBYN - SEXISTENTIAL



ROBYN ha vuelto después de ocho años sin publicar un disco y lo hace con SEXISTENTIAL un álbum de nueve cortes de duración estándar que pasan como un suspiro. El hype por su regreso, siendo una artista de culto, no se ha hecho esperar, y la crítica se ha volcado con este trabajo, otorgándole la puntuación más alta (100/100) en medios como NME, The Irish Times, The Arts Desk, Dork y The Telegraph. El resto de las valoraciones han sido muy positivas en general, siendo las más bajas un 70/100 (Clash, Spill Magazine, Uncut y PopMatters), para terminar en una media de 83 sobre 100, lejos del 88/100 que obtuvo con Honey (2018), su álbum anterior. Esto, sin embargo, la consolida como una de las artistas preferidas de los críticos.

Sonoramente, SEXISTENTIAL se mueve en un territorio amplio y casi cinematográfico: desde el dance pop contagioso que invita a moverse, hasta pasajes de synthpop y electropop que mezclan melancolía y energía en igual medida. Los guiños a synthwave y spacesynth aportan texturas retrofuturistas, mientras que el alt-pop y el space disco refuerzan esa sensación de flotabilidad, de un pop que se siente a la vez íntimo y expansivo. A diferencia de otros trabajos más inmediatos, aquí ROBYN parece más interesada en construir atmósferas que en encadenar hits evidentes, jugando con desarrollos más largos, transiciones suaves y una producción que prioriza el detalle y la textura sobre el impacto inmediato. El resultado es un disco que juega con distintos ambientes electrónicos sin perder una identidad clara, logrando que cada canción tenga un pulso propio dentro de un universo sonoro cohesionado. 

En ese sentido, también hay una continuidad clara con su etapa anterior, pero con un enfoque algo más introspectivo. Donde antes predominaba cierta euforia contenida, aquí aparece una sensación más reflexiva, incluso nocturna, como si las canciones estuvieran pensadas más para la escucha individual que para la pista de baile, aunque nunca abandonen del todo ese impulso físico tan característico en su música. 

El título SEXISTENTIAL es un guiño juguetón y a la vez profundo: una mezcla de sex y existential que anticipa un disco donde el deseo, la intimidad y la reflexión sobre la identidad se entrelazan. No se trata solo de sexo en sentido literal, sino de cómo la vulnerabilidad, el amor y las relaciones impactan nuestra existencia y percepción de uno mismo. A su vez, el nombre funciona como un guiño sutil a su público LGBTQ+, un sector que ha abrazado históricamente su música por su capacidad de combinar liberación, emoción y empoderamiento, algo que aquí se mantiene pero desde un lugar algo más contenido y menos explícitamente festivo. 

Como decíamos al principio, es un disco que termina demasiado pronto y que invita a escucharlo de nuevo. Esa brevedad juega a su favor en términos de fluidez, pero también deja la sensación de que podría haber ido un paso más allá, de que hay ideas que se esbozan sin llegar a desarrollarse del todo. No se entiende cómo ROBYN no nos entrega un trabajo como este cada dos años. Tal vez si lo hiciera, no recibiría valoraciones tan altas de la crítica: hay una percepción clara de acontecimiento en cada lanzamiento suyo que condiciona, en parte, la recepción. 

Nosotros, sin embargo, tenemos la sensación de que está algo sobrevalorada, precisamente por su estatus de artista de culto; si estos discos vinieran firmados por otra persona, probablemente no recibirían la misma atención. Aun así, sería injusto restarle mérito: pocas artistas dentro del pop electrónico actual manejan con tanta precisión el equilibrio entre emoción, contención y sofisticación sonora. Por eso, no podemos darle a este trabajo menos de un 85 sobre 100, porque todas sus canciones funcionan, incluso cuando parecen quedarse a medio camino, y porque, en última instancia, sigue siendo un disco al que se vuelve con facilidad, aunque nos deje con ganas de mucho más.


MEJORES MOMENTOS:  Dopamine, Blow My Mind, Talk To Me, Into The Sun, Really Real...

MEDIA CRÍTICA: 83/100

NUESTRA VALORACIÓN: 85/100





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