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viernes, 17 de julio de 2026

ÁLBUMES REPESCADOS: METRIC, QUIET LIGHT, ASHLEY McBRYDE, LENKA, MALCOLM TODD, DEATH CAB FOR CUTIE, DUA SALEH, TEDDY THOMPSON Y THE RED CLAY STRAYS.


Nueve discos más que teníamos en la recámara y que ahora tienen la oportunidad de ser reseñados. Tenemos la impresión de que este año vamos a llegar a Noviembre más relajados porque en estos meses hemos podido reseñar muchos más discos que el año pasado. Prácticamente ya hemos reseñado todos los discos que queríamos reseñar de la primera mitad el año. Probablemente estos sean los últimos. Ahora ya estamos preparados para la locura de los lanzamientos de Julio y Agosto. 



METRIC- ROMANTICIZE DE DIVE


Después de la etapa abierta por Formentera (2022) y Formentera II (2023), METRIC regresa con ROMANTICIZE THE DIVE, un álbum que abandona parcialmente la vocación más expansiva y experimental de aquellos trabajos para volver a un terreno más reconocible dentro de su trayectoria. Los dos discos de Formentera fueron recibidos con especial interés por parte de la crítica, que encontró en ellos una voluntad de exploración y una nueva dimensión dentro de una banda con más de dos décadas de carrera. Sin embargo, la recepción histórica de Metric siempre ha mantenido cierta estabilidad: ninguno de sus álbumes ha alcanzado el 80/100 y la banda se ha movido durante años en una franja bastante constante de valoración. 

En ese contexto, ROMANTICIZE THE DIVE no supone una ruptura con esa tendencia, sino casi una confirmación. Porque ha obtenido una media de 72 sobre 100 distribuida de la siguiente manera: AllMusic, MusicOMH, Under The Radar y DIY 80/100; Paste 75/100; PopMatters 70/100; No Ripcord y Pitchfork 65/100 y Uncut y Record Collector 60/100. 

Como habéis podido comprobar, su recepción crítica lo sitúa en un rango similar al del resto de su discografía, ligeramente por debajo de la valoración alcanzada por sus dos entregas de Formentera, aunque esa diferencia puede interpretarse más como una cuestión de expectativas que como una pérdida real de calidad. Si aquellos discos representaban una búsqueda de nuevas posibilidades, este nuevo trabajo parece asumir con naturalidad que METRIC no necesita reinventarse para seguir funcionando.

Sonoramente, ROMANTICIZE THE DIVE se mueve entre el synthpop, el indie rock, el post-punk revival, el alternative dance y la new wave. Es un álbum que combina guitarras, sintetizadores y ritmos electrónicos con una producción limpia y dinámica, manteniendo ese equilibrio tan característico de la banda entre la energía rock y la precisión del pop electrónico. Su principal virtud está en la capacidad de convertir elementos familiares en canciones inmediatas, con melodías que entran con facilidad y arreglos que revelan más trabajo del que una primera escucha puede sugerir. 

Esa accesibilidad puede llevar a clasificarlo rápidamente como un disco ligero o simplemente funcional, pero esa lectura puede ser engañosa. La música de METRIC siempre ha trabajado desde la eficiencia: conseguir que una canción parezca sencilla requiere un dominio considerable del lenguaje propio. ROMANTICIZE THE DIVE no busca desafiar al oyente desde la complejidad, sino ofrecer una colección de canciones donde cada elemento cumple su función. Es un disco que puede acompañar una actividad cotidiana y, al mismo tiempo, mostrar nuevas capas cuando se le presta una atención más detallada. 

Uno de los aspectos más interesantes del álbum es que se percibe claramente como un trabajo de banda. La composición corre a cargo de Emily Haines, Jimmy Shaw, Liam O’Neil y Gavin Brown, mientras que la producción también reúne a Jimmy Shaw, Gavin Brown, Liam O’Neil y John O’Mahony. La participación de varios miembros del grupo en el proceso creativo refuerza la sensación de identidad colectiva: no es únicamente un vehículo para la voz de Haines, sino el resultado de una dinámica compartida donde producción, interpretación y composición forman parte del mismo discurso. 

Quizás la cuestión central alrededor de ROMANTICIZE THE DIVE sea la de la trascendencia. No parece un álbum destinado a convertir a METRIC en una banda de culto ni a alterar la percepción histórica de su carrera, y posiblemente tampoco lo pretende. Pero medirlo únicamente desde esa perspectiva sería injusto. Hay un valor artístico en una banda que, después de tantos años, continúa escribiendo canciones con gancho, personalidad y una ejecución impecable. ROMANTICIZE THE DIVE no es un paso atrás respecto a Formentera, sino una reafirmación de aquello que METRIC sabe hacer mejor. Un disco sólido, fresco y disfrutable que demuestra que la falta de dramatismo no implica falta de calidad. Nuestra nota es un 80 sobre 100


MEJORES MOMENTOS: Victim Of Luck, Crush Forever, Time Is A Bomb, Antigravity, Loyal, Tremolo, Moral Compass...

MEDIA CRÍTICA: 72/100

NUESTRA VALORACIÓN: 80/100

QUIET LIGHT - BLUE ANGEL SPARKLING SILVER 2


Cada cierto tiempo aparece un artista que parece pasar de la periferia a ocupar un espacio central en la conversación musical independiente. No necesariamente como un fenómeno masivo, sino como uno de esos nombres que empiezan a repetirse entre recomendaciones, listas de descubrimientos y publicaciones especializadas. QUIET LIGHT es uno de esos casos. El proyecto de Riya Mahesh, artista de Austin (Texas), ha encontrado con BLUE ANGEL SPARKLING SILVER 2 el momento en el que su música ha empezado a recibir una atención mucho mayor fuera del pequeño circuito en el que se había movido hasta ahora. 

Este no es, sin embargo, el primer trabajo de QUIET LIGHT. Antes de este lanzamiento ya había publicado un álbum titulado exactamente igual, Blue Angel Sparkling Silver (2023). La coincidencia del título puede llevar a pensar que estamos ante una segunda parte imprescindible o una continuación conceptual, pero no es necesario haber escuchado el primer volumen para acercarse a este disco. BLUE ANGEL SPARKLING SILVER 2 funciona más como una ampliación de un universo estético que como una secuela narrativa. Para quienes están descubriendo ahora a QUIET LIGHT, este álbum representa probablemente el punto de entrada más accesible. 

Musicalmente, BLUE ANGEL SPARKLING SILVER 2 se sitúa dentro de territorios como la indietronica, el ambient, el alt-pop y el bedroom pop. Es un disco construido alrededor de atmósferas: voces tratadas como una textura más, sintetizadores envolventes, pequeños detalles electrónicos y una producción que busca crear un espacio propio antes que seguir las estructuras tradicionales del pop. QUIET LIGHT apuesta por una música donde la sensación de inmersión es tan importante como la canción en sí misma. 

Uno de los aspectos más comentados alrededor de QUIET LIGHT son sus supuestas influencias. Se ha hablado de Joni Mitchell y Gillian Welch, comparaciones (un tanto sonrojantes) que parecen responder más a la sensibilidad de la escritura que al sonido real del álbum. La conexión puede encontrarse en cierta intimidad confesional, en la atención al detalle emocional o en la idea de una artista con una visión personal muy marcada, pero resulta difícil encontrar un vínculo directo con la tradición folk de ambas compositoras. En la práctica, BLUE ANGEL SPARKLING SILVER 2 parece mucho más cercano a una línea de pop experimental y atmosférico donde la producción es parte fundamental de la composición. Sus referencias parecen encontrarse más en el dream pop, la electrónica de dormitorio y el alt-pop contemporáneo que en la escuela de cantautoras a la que a menudo se la asocia. 

En cierto modo, QUIET LIGHT parece moverse entre dos polos del pop contemporáneo. Por un lado, comparte con artistas como Gracie Abrams esa voluntad de confesión íntima, de diario emocional convertido en canción. Por otro, se acerca a una idea de producción donde el sonido se convierte en parte del discurso, algo que conecta con la vertiente más experimental de Charli XCX. El resultado podría describirse, de forma algo provocadora, como una Gracie Abrams underground bajo el filtro de una Charli XCX pasada de vueltas: la vulnerabilidad del bedroom pop combinada con una producción hiperconsciente de sus propias texturas. El problema es que, en BLUE ANGEL SPARKLING SILVER 2, esa búsqueda de una identidad sonora tan marcada termina pesando más que las propias canciones.

La propia QUIET LIGHT es responsable de la composición y producción del álbum, reforzando esa sensación de obra completamente personal. El único nombre externo destacado en el apartado técnico es Loric Sih, encargado de la ingeniería de sonido. Esa autonomía creativa explica que el disco tenga una identidad tan definida: cada capa, cada efecto y cada decisión sonora parecen formar parte de una misma visión. 

La recepción crítica ha sido positiva. BLUE ANGEL SPARKLING SILVER 2 es el primer lanzamiento de QUIET LIGHT que ha conseguido una atención significativa por parte de la prensa musical profesional, después de que sus trabajos anteriores pasaran más desapercibidos. Medios como Pitchfork y Paste han valorado el álbum con un 75 sobre 100, destacando su personalidad, su capacidad para construir un universo propio y la manera en que combina experimentación y melodía. Su crecimiento no parece responder a un fenómeno viral concreto, sino a una combinación de recomendaciones en redes sociales, descubrimiento progresivo y el interés actual por propuestas de pop alternativo con una fuerte identidad estética. 

El problema es que esa misma identidad estética acaba siendo también el principal obstáculo del álbum. BLUE ANGEL SPARKLING SILVER 2 es un disco que parece querer dotar de una importancia trascendental a cada uno de sus elementos. Todo está envuelto en una atmósfera de misterio, fragilidad y gravedad emocional: las voces, los silencios, las texturas y los espacios parecen anunciar constantemente que estamos ante algo profundamente revelador. Sin embargo, esa sensación de trascendencia no siempre encuentra un equivalente en las canciones. 

La producción termina ocupando demasiado espacio. Las capas de sonido, los efectos y los ambientes que en una primera escucha pueden resultar hipnóticos acaban generando una sensación de saturación. El problema no es que QUIET LIGHT utilice texturas, sino que las texturas terminan convirtiéndose en el centro de la experiencia. Lo que debería enriquecer las canciones acaba uniformándolas, creando una niebla permanente de la que resulta difícil extraer momentos realmente memorables. 

También aparece una cierta sensación de pose artística: una insistencia constante en transmitir profundidad, importancia y vulnerabilidad que no siempre está respaldada por la composición. Algunas canciones parecen interminables sin ser especialmente largas, no porque carezcan de ideas, sino porque la producción prolonga una misma emoción durante demasiado tiempo. La atmósfera se mantiene, pero no siempre evoluciona. 

Después de varias escuchas, el efecto inicial de descubrimiento desaparece y queda una sensación de agotamiento. Es un caso curioso porque la primera impresión puede ser la de estar ante una propuesta muy personal y cuidada, pero la repetición revela una dependencia excesiva de sus propios recursos. QUIET LIGHT demuestra talento, sensibilidad y una identidad sonora clara, pero en BLUE ANGEL SPARKLING SILVER 2 parece más interesada en construir una experiencia que en ofrecer canciones capaces de sostenerla por sí solas. 

BLUE ANGEL SPARKLING SILVER 2 es un álbum con una personalidad evidente y con suficientes elementos para entender por qué ha llamado la atención de crítica y público, pero también un trabajo que convierte su estética en su mayor virtud y su mayor limitación. La acumulación de texturas, la solemnidad constante y la búsqueda de una trascendencia permanente terminan pesando más que unas composiciones que no siempre justifican el tratamiento recibido. Llega un momento en que prefieres el silencio. Nuestra nota es un 50 sobre 100


MEJORES MOMENTOS: You Say I Love You, Postinternetfame, Berlin... 

MEDIA CRÍTICA: 75/100

NUESTRA VALORACIÓN: 50/100

ASHLEY McBRYDE - WILD


WILD es el quinto álbum de estudio de la cantante y compositora Country ASHLEY McBRYDE. Venimos de The Devil I Know (2023) un álbum un tanto incomprendido por ser el siguiente a Ashley McBryde Presents: Lindeman (2022), que fue un álbum aclamado, reconocido y nominado al Grammy y aunque no la convirtió en la superestrella del género que muchos esperábamos, si que elevó su estatus de artista respetada por la profesión y la crítica. 

Para hablar de WILD habría que recordar un poco cuales fueron los inicios de ASHLEY McBRYDE. Su debut en un gran sello (Warner Nashville), Girl Going Nowhere (2018), tenía canciones muy accesibles y con mucho potencial para las estaciones de radio country, pero sin perder una identidad muy marcada. Había temas de producción relativamente contenida y letras muy narrativas, algo que la diferenciaba de otros artistas más claramente orientados al country-pop. Era un disco que buscaba llegar a un público amplio, pero sin renunciar a su personalidad. 

Si ahora escuchas WILD, es comprensible que te recuerde en cierto modo a la Ashley de los comienzos. No porque haya vuelto a hacer un disco pensado para las listas de éxitos, sino porque recupera parte de esa inmediatez melódica y emocional. La diferencia es que ahora escribe desde una posición de mucha más seguridad artística. Da la impresión de que ya no necesita demostrar que puede sonar en la radio; simplemente elige el enfoque que mejor sirve a cada canción. 

Lo que hace especial a WILD es que no intenta superar a sus discos anteriores en ambición, sino en honestidad. Es un álbum en el que ASHLEY McBRYDE parece escribir con menos filtros que nunca.

Probablemente sea su disco más autobiográfico. Habla de su infancia en Arkansas, de la influencia de la religión, del alcoholismo, de la sobriedad y de los traumas familiares de una forma mucho más directa que antes. Ella misma ha explicado que muchas de estas canciones llevaban años con ella y que finalmente encontró la manera de convertirlas en un relato coherente. 

Es un álbum que posee un arco narrativo, pero no un concepto. A diferencia de Lindeville, donde las historias pertenecían a personajes ficticios, aquí la protagonista es ella. El álbum avanza casi como un viaje personal: desde la rebeldía y el peso de sus raíces hasta la reconciliación consigo misma. 

El sonido es más rockero. Ashley siempre ha tenido un pie en el rock sureño, pero aquí ese lado está mucho más presente. Hay guitarras más agresivas y una interpretación vocal muy intensa, sin abandonar del todo el country tradicional. Algunos incluso lo consideramos su disco más cercano al southern rock.

Está grabado con su banda. Eso da una sensación menos refinada y más orgánica que algunos trabajos anteriores. El productor sigue siendo John Osborne, pero el enfoque fue más espontáneo: grabar las canciones que mejor representaban ese momento, en lugar de construir un álbum alrededor de un plan rígido. 

Lo curioso es que WILD puede dividir a los oyentes precisamente por eso. Si alguien busca himnos como One Night Standards o Light On in the Kitchen, quizás lo encuentre menos inmediato. Pero quien valore la vulnerabilidad probablemente lo vea como uno de sus trabajos más profundos. 

La crítica le ha otorgado una media de 74 sobre 100 distribuida de la siguiente manera: Mojo y Classic Rock 80/100; Spectrum Culture 76/100 y Record Collector 70/100.

Por nuestra parte, tenemos que decir que WILD es un álbum cuya fuerza reside en la vulnerabilidad, la interpretación vocal y el carácter rockero. No parece el disco que cambia la percepción pública de ASHLEY McBRYDE, sino el que consolida una segunda etapa de álbumes más personales y confesionales que están por venir. No merece menos de un 83 sobre 100.  

MEJORES MOMENTOS: Rattlesnake Preacher, Arkansas Mud, Water In The River, What If We Don't, Bottle Tell Me so... 

MEDIA CRÍTICA: 74/100

NUESTRA VALORACIÓN: 83/100

LENKA - GOOD DAYS 


Han pasado dieciocho años desde que LENKA debutara con su álbum homónimo y convirtiese a The Show en un hit global. En todo ese tiempo le ha dado tiempo a grabar seis discos más y ahora estamos hablando de su séptimo álbum de estudio titulado GOOD DAYS.

La cruda realidad es que solo sus tres primeros álbumes tuvieron atención crítica, los siguientes no fueron reseñados por ningún medio importante y, de momento, GOOD DAYS no es la excepción. Ya sabéis que cuando ocurre esto se le está dando cierta invisibilidad a los artistas que en muchas ocasiones no merecen. Y los blogs pequeños tenemos la responsabilidad de evitar que eso pase. Sobre todo si nos encontramos un trabajo como GOOD DAYS.

Sería muy injusto estar siempre midiendo a LENKA con el éxito de The Show y esperar que una nueva canción suya tenga un éxito similar. En el contexto de 2026 sería imposible que un tema calcado a The Show tuviese el mismo éxito que en 2008. Porque confluyeron muchos factores para que se diera ese éxito: El pop alternativo todavía podía cruzar masivamente sin depender tanto de algoritmos. YouTube estaba en una fase donde una canción con un vídeo peculiar podía convertirse en un fenómeno global. La estética de lo artesanal, lo inocente y lo ligeramente excéntrico tenía mucho más recorrido. Además las series, anuncios y blogs musicales funcionaban como grandes amplificadores culturales. ¿Se podría contar con todo eso en el contexto de 2026? La respuesta es no. 

Ni siquiera la consideraríamos una One-Hit Wonder. Porque eso suele implicar que el artista no tuvo una continuidad relevante después del éxito, o que nunca volvió a demostrar una identidad propia más allá de ese momento. Y eso no encaja demasiado con LENKA. Lo que ocurrió es distinto: tuvo un gran éxito aislado dentro de una carrera más amplia. Ha seguido publicando álbumes, escribiendo sus propias canciones, colaborando con productores distintos, explorando cambios de sonido y manteniendo una base de seguidores. Que esos trabajos no hayan tenido el mismo alcance no los convierte en irrelevantes.  

LENKA siempre ha tenido una estética muy luminosa, casi de cuento, con melodías accesibles y una voz muy reconocible, y eso a veces provoca que se confunda amabilidad con falta de profundidad. Pero una canción pop aparentemente sencilla puede tener una escritura muy trabajada. En GOOD DAYS, por ejemplo, ella vuelve a aparecer como la autora de las diez canciones del álbum, con Tony Buchen centrado en la producción y el acabado sonoro. 

También es significativo que la producción de Buchen parezca encajar con una etapa más madura de LENKA. En GOOD DAYS encontramos una búsqueda de una instrumentación más orgánica, con elementos de soul, arreglos de cuerda y metales, pero sin perder esa identidad juguetona de su autora. 

Y quizás ahí está la paradoja: los primeros discos tenían el factor sorpresa y un par de canciones enormes que la hicieron visible mundialmente; después, al no repetir un éxito del tamaño de The Show o Everything at Once, muchos medios dejaron de seguirla. Pero un artista que continúa escribiendo, experimentando y sacando discos durante más de una década después de su pico comercial suele estar más interesado en una evolución personal que en perseguir un momento viral. 

De hecho, GOOD DAYS parece encajar en una categoría de discos que a veces quedan fuera del radar: no buscan reinventar el pop, sino perfeccionar un lenguaje propio. En artistas como LENKA, el riesgo es que la dulzura de la superficie haga que algunos oyentes no profundicen en las letras, la producción o la arquitectura de las canciones.

Probablemente una de las razones por las que sus últimos discos han pasado desapercibidos es que Lenka está en un territorio poco favorecido por cierta crítica: no hace pop experimental, no busca una estética oscura o provocadora, no se apoya en grandes narrativas externas. Su música puede parecer sencilla a primera escucha, pero esa sencillez es una decisión artística. Hay una tradición de grandes compositores pop que trabajan desde la claridad y la emoción directa, y a veces se les valora menos porque hacen algo aparentemente fácil. Eso es un gran error. Porque la sencillez en música pop puede ser engañosa. Una canción de tres o cuatro minutos con una melodía clara y una producción elegante puede tener detrás tanto trabajo como una pieza mucho más compleja. 

No olvidemos que este álbum va contracorriente a lo que venimos observando. Solo cuenta con una autora y un productor. No hay más. Hay discos multiproducidos y multicompuestos con presupuestos enormes que suenan vacíos porque cada elemento compite por llamar la atención, y otros con recursos muy limitados que tienen una sensación de mundo completo. La producción de Buchen parece ir por ese segundo camino: crear una paleta rica a partir de detalles. Un arreglo de cuerda bien colocado, un cambio de dinámica, una textura de teclado, una percusión con personalidad o un tratamiento vocal pueden dar la impresión de una producción mucho más amplia de lo que realmente es.

Además, LENKA tiene una ventaja: tiene una firma melódica muy clara. Es la reina de las melodías. Hay compositores que necesitan grandes producciones para que sus canciones funcionen; otros tienen canciones que sobreviven desnudas. Si una melodía funciona con pocos elementos, el productor puede dedicarse a vestirla en lugar de intentar rescatarla.

GOOD DAYS no es un disco que pretenda cambiar el rumbo del pop ni devolver a LENKA a las listas de éxitos. Tampoco lo necesita. Es una colección de canciones escritas con oficio y sensibilidad, sustentadas por una identidad que sigue siendo inconfundible casi dos décadas después de su debut. Lo que ofrece mantiene un nivel muy sólido de principio a fin y confirma que Lenka sigue siendo una compositora con mucho que decir, aunque ya no ocupe el foco mediático de otros tiempos. Es un álbum elegante, cálido y honesto que merece mucha más atención de la que probablemente recibirá. Nuestra valoración es un 85 sobre 100.



MEJORES MOMENTOS: The Balance, Sunshine Days, Good Days... 

MEDIA CRÍTICA:---

NUESTRA VALORACIÓN: 85/100

MALCOLM TODD - DO THAT AGAIN


Cuando un artista emergente empieza a aparecer de forma recurrente en las conversaciones de redes sociales, en las listas de recomendaciones y en las quinielas de futuros nominados a los Grammy, es inevitable que aumente la expectación. Ese es el caso de MALCOLM TODD, uno de los nombres que más atención ha despertado dentro del pop alternativo estadounidense durante el último año. 

Todd no es el único músico de su familia. Su hermana es Audrey Hobert, que también ha comenzado a hacerse un hueco en la escena independiente. Aunque ninguno de los dos procede de una familia de celebridades al estilo de su amiga Gracie Abrams, resulta difícil no pensar que han contado con un entorno económico y social privilegiado que probablemente les haya facilitado el acceso a oportunidades, contactos y recursos. No convierte automáticamente su éxito en inmerecido, pero sí los sitúa en esa conversación cada vez más habitual sobre los llamados nepo babies, donde el debate no siempre gira únicamente en torno a tener padres famosos, sino también al capital económico y cultural del que parte cada artista. 

En lo estrictamente musical, DO THAT AGAIN se mueve por un terreno ampliamente transitado durante la última década. El álbum combina Bedroom Pop, Alternative Pop, R&B Contemporáneo, Indie Pop e incluso pequeños apuntes de Rock Acústico, siempre bajo una producción extremadamente cuidada y elegante. Son canciones construidas desde la intimidad, con instrumentaciones suaves, abundancia de guitarras limpias, sintetizadores discretos y una interpretación vocal contenida que busca crear cercanía más que espectacularidad. 

Las letras tampoco se alejan demasiado de las coordenadas habituales del género. Relaciones sentimentales, inseguridades, nostalgia, deseo, rupturas y esa mezcla de vulnerabilidad y melancolía que define buena parte del pop alternativo contemporáneo sirven como hilo conductor de un disco que apuesta por la atmósfera antes que por el impacto inmediato. Es una escucha agradable y homogénea, aunque esa misma coherencia termina jugando en su contra cuando varias canciones empiezan a compartir una personalidad demasiado parecida entre ellas. 

En el apartado técnico hay poco que reprochar. MALCOLM TODD figura como principal productor acompañado por Jonah Cochran, Jasper Harris, Charlie Ziman, Matthew Castellanos y Blake Slatkin, nombres que también aparecen acreditados en la composición de buena parte del repertorio. La única excepción reseñable llega en Lonely Song, donde también figura acreditado Bobby Vinton debido al uso de material procedente de una de sus composiciones. El resultado es un álbum con un sonido muy refinado, moderno y comercialmente atractivo, donde cada detalle parece colocado con precisión.

Precisamente esa solvencia técnica explica en parte la dispar recepción crítica. La media de 63 sobre 100 refleja un consenso moderadamente positivo, aunque con diferencias muy marcadas entre publicaciones. Mientras Rolling Stone y PopMatters valoraron el disco con un 80/100, destacando la consistencia de su propuesta y la calidad de su producción, AllMusic rebajó su valoración hasta el 50/100 y Beats Per Minute fue todavía más severa con un 40/100. La disparidad parece responder a una cuestión de expectativas. Quienes disfrutan del álbum encuentran un artista capaz de consolidar un sonido atractivo y coherente. Sus detractores, en cambio, echan en falta una personalidad más definida y canciones que sobresalgan realmente dentro de una escena donde este tipo de propuestas abundan cada vez más. 

Tenemos que decir que si nos hubiéramos dejado llevar por nuestro primer impulso, habríamos escrito una reseña negativa y con una nota baja. Tras dejar reposar el disco durante un tiempo y volver a escucharlo con tranquilidad, la sensación inicial ha cambiado parcialmente. DO THAT AGAIN no es un mal álbum. Está bien producido, funciona correctamente y resulta una escucha agradable. Sin embargo, cuesta encontrar un elemento que lo haga verdaderamente memorable. Ninguna canción termina convirtiéndose en esa carta de presentación que permita identificar inmediatamente a MALCOLM TODD como un artista con una voz propia e inconfundible. Más allá de la calidad de la producción, da la impresión de que los referentes pesan más que la personalidad.

Y ese termina siendo el principal problema del disco. En un panorama musical en el que cada semana se publican cientos de álbumes, sonar bien ya no es suficiente. Para recomendar un trabajo hace falta encontrar algo que justifique dedicarle tiempo frente a tantas alternativas. En este caso, esa razón nunca termina de aparecer. DO THAT AGAIN deja una impresión correcta, pero también la sensación de haber escuchado un disco competente que difícilmente permanecerá en la memoria cuando termine el año. Nuestra nota es un 60 sobre 100. Nos parece mucho más interesante lo que está haciendo su hermana Audrey, aunque de ella se hable menos. 


MEJORES MOMENTOS: Breathe, I Saw Your Face, Free, Malcolm In The Middle, Difficult Love, 

MEDIA CRÍTICA: 63/100

NUESTRA VALORACIÓN: 60/100

DEATH CAB FOR CUTIE - I BUILT YOU A TOWER


A veces un disco llega acompañado de una historia demasiado poderosa como para ignorarla. I BUILT A TOWER nace en un momento de cambio absoluto para DEATH CAB FOR CUTIE. Es el álbum que Ben Gibbard escribe tras su divorcio, un proceso que impregna buena parte de las canciones desde la introspección y la aceptación antes que desde el desahogo. También es un trabajo especialmente personal desde el punto de vista compositivo: Gibbard firma todas las canciones, recurriendo únicamente a la colaboración de sus compañeros en cuatro de ellas -dos junto a David Depper, una con Nicholas Harmer y otra con Zac Rae-. Esa concentración de la autoría contribuye a que el disco posea una identidad muy definida y una narrativa emocional que fluye con naturalidad de principio a fin. 

El otro gran punto de inflexión es el regreso de la banda al circuito independiente. Después de más de dos décadas publicando sus discos bajo el paraguas de grandes compañías, el fichaje por ANTI- tiene un fuerte componente simbólico. No se trata simplemente de un cambio de sello, sino de una declaración de intenciones. La sensación es la de un grupo que busca reencontrarse con su identidad sin renunciar a todo lo aprendido durante los últimos veinte años, recuperando una libertad creativa que se percibe tanto en la construcción del álbum como en la forma de abordar los arreglos. 

Buena parte de esa renovación pasa también por la incorporación de John Congleton a la producción. Su trabajo evita el exceso de refinamiento y favorece un sonido más orgánico, con mayor contraste entre momentos de calma y estallidos eléctricos. Sin alterar la esencia melódica que siempre ha caracterizado a DEATH CAB FOR CUTIE, Congleton consigue imprimir al conjunto un impulso que la banda llevaba tiempo sin transmitir. Las canciones recuperan tensión, dinamismo y una sensación de inmediatez que muchos seguidores echaban de menos desde la marcha de Chris Walla

En el plano sonoro, I BUILT A TOWER se mueve con naturalidad entre el indie rock, el post-punk revival y el indie pop. Las guitarras vuelven a ocupar un lugar protagonista sin eclipsar la sensibilidad melódica del grupo, mientras que los sintetizadores y las texturas ambientales aparecen con mayor contención que en algunos de sus trabajos recientes. El equilibrio entre contundencia y delicadeza permite que el álbum conserve la elegancia habitual de DEATH CAB FOR CUTIE, pero con un pulso renovado que evita la sensación de acomodamiento. 

Aunque el divorcio actúa como eje temático, las canciones nunca se limitan a ser un diario sentimental. Gibbard reflexiona sobre el paso del tiempo, la identidad, la memoria, la culpa y la dificultad de reconstruirse cuando una etapa termina. Lo hace desde una perspectiva serena, propia de alguien que observa su vida con la experiencia acumulada de los años. En lugar de intentar revivir las inquietudes de sus primeras composiciones, escribe desde la madurez, aceptando las contradicciones y las heridas sin convertirlas en un ejercicio de nostalgia. Esa honestidad convierte a I BUILT A TOWER en uno de los trabajos líricos más sólidos de su carrera reciente. 

La recepción crítica ha respaldado esta nueva etapa. Con una media de 80 sobre 100 basada en 35 reseñas (en AOTY), el álbum ha recibido valoraciones que oscilan entre el 96/100 de Sputnikmusic como máxima puntuación, tres calificaciones de 90/100 (Classic Rock, DIY y AllMusic) y únicamente dos notas de 60/100 (Kerrang! y Spill Magazine) como registros más bajos. Es, además, el primer disco de DEATH CAB FOR CUTIE desde Transatlanticism (2003) que alcanza la barrera del 80/100, un dato especialmente significativo si se tiene en cuenta la consistencia de una discografía que rara vez ha generado consenso crítico a ese nivel. 

Más que un intento de recuperar el pasado, I BUILT A TOWER representa la voluntad de abrir un nuevo capítulo. La combinación entre una escritura más íntima, el aire fresco que aporta la producción de John Congleton y la libertad que parece acompañar su regreso a un sello independiente da como resultado un álbum que devuelve a DEATH CAB FOR CUTIE parte de la inspiración y la vitalidad que parecían haberse diluido con el paso de los años. No es una reinvención radical, pero sí una evolución convincente que mira hacia delante con personalidad y confianza. Para nosotros, supone el inicio de una nueva etapa en la trayectoria de la banda y uno de los mejores trabajos de su carrera reciente. Nuestra nota es un 86 sobre 100



MEJORES MOMENTOS: Puching The Flowers, Riptides, Stone Over Water, Pep Talk, I Built You A Tower (A), Trap Door, I Built You A Tower (B)...

MEDIA CRÍTICA: 80/100

NUESTRA VALORACIÓN: 86/100

DUA SALEH - OF EARTH & WIRES



DUA SALEH es une artista sudane-estadounidense que ha construido una de las propuestas más singulares de la escena alternativa contemporánea. Nacide en Sudán y criade en Minnesota, Saleh ha desarrollado un lenguaje propio en el que conviven el R&B alternativo, la electrónica, el spoken word, el hip hop experimental y una sensibilidad cercana al indie. Persona no binaria y artista queer, su obra está atravesada por cuestiones relacionadas con la identidad, la pertenencia, el deseo y la búsqueda de un espacio propio dentro de un mundo complejo. 

Tras varios EPs que ya mostraban una personalidad muy definida, su primer álbum de estudio, I Should Call Them (2024), confirmó la llegada de una de las voces más interesantes de la nueva escena alternativa estadounidense. OF EARTH & WIRES es su segundo trabajo largo y llega en un momento clave: después de presentar su universo artístico en el debut, Saleh amplía ahora sus horizontes sonoros con un álbum más ambicioso y con una mayor proyección pública. 

La producción corre a cargo de Billy Lemos -también productor ejecutivo del proyecto-, Ryan Olson, Psymun, Phil Simmonds y Justin Vernon, conocido artísticamente como Bon Iver. El álbum cuenta con la presencia de Bon Iver en tres canciones: Flood, Keep Away y Glow, además de las colaboraciones de Gaidaa y aja monet. La participación de Justin Vernon va más allá de la interpretación: aporta su voz, figura como coautor de esos temas y asume también labores de producción en ellos. Por su parte, Gaidaa y aja monet participan en la composición de las canciones en las que aparecen, reforzando el carácter colectivo de un álbum construido desde múltiples sensibilidades creativas. 

Las etiquetas que mejor describen OF EARTH & WIRES -alt-pop, contemporary R&B, bedroom pop, neo-soul y alternative R&B- apuntan hacia un territorio híbrido en el que DUA SALEH se mueve con naturalidad. El disco combina texturas electrónicas, melodías envolventes, capas vocales y una producción que busca más crear atmósferas que seguir estructuras pop convencionales. 

La música de Saleh siempre ha tenido una dimensión muy física y emocional. Su forma de cantar, a medio camino entre la confesión íntima, el fraseo hablado y la melodía R&B, convierte cada canción en un espacio de exploración personal. En OF EARTH & WIRES, esa sensibilidad aparece acompañada de producciones amplias y cinematográficas que contrastan con la cercanía de sus interpretaciones. 

Las canciones exploran temas como la vulnerabilidad, las relaciones afectivas, el deseo, la identidad y la necesidad de conexión. Hay una tensión constante entre lo privado y lo universal: Saleh parte de experiencias profundamente personales, pero las transforma en piezas abiertas a distintas interpretaciones. 

El resultado es un álbum atmosférico, elegante y emocionalmente complejo, donde la producción nunca está al servicio del simple impacto inmediato, sino de crear un entorno sonoro en el que cada elemento pueda establecerse.

La principal duda que plantea OF EARTH & WIRES no tiene que ver con la calidad de sus colaboraciones, sino con su conveniencia dentro de la trayectoria de DUA SALEH. Un segundo álbum suele ser un momento decisivo para consolidar una identidad propia ante una audiencia más amplia, y aquí surge la pregunta de si un proyecto tan colectivo puede terminar desplazando la atención de quien debería ser el centro absoluto. 

Justin Vernon es un colaborador especialmente significativo en este sentido. Su presencia artística es tan reconocible que rara vez funciona como un simple acompañamiento. Sus armonías, sus texturas vocales y su manera de construir atmósferas tienen una identidad propia, y eso hace que las canciones en las que aparece adquieran inevitablemente una lectura asociada a Bon Iver

Los datos de Spotify parecen reforzar parcialmente esta impresión. Las canciones con Bon Iver se encuentran entre las más reproducidas del catálogo de DUA SALEH, con Flood, Glow y Keep Away destacando claramente dentro del rendimiento del álbum. Esto no demuestra que el éxito de Of Earth & Wires dependa únicamente de Justin Vernon, pero sí indica que su presencia ha sido una puerta de entrada importante para parte del público. 

La paradoja es que DUA SALEH no necesitaba una identidad prestada. Su propuesta ya era suficientemente singular antes de estas colaboraciones. Gaidaa, aja monet y Bon Iver aportan calidad y enriquecen el disco, pero la sensación final es que une artista con una personalidad tan marcada podría haberse beneficiado de un álbum con más espacios reservados exclusivamente para elle.  

La recepción crítica de OF EARTH & WIRES ha sido positiva, aunque no completamente entusiasta. Según AOTY, el disco alcanza una media aproximada de 77 sobre 100, una ligera mejora respecto al 75/100 obtenido por I Should Call Them

Las puntuaciones reflejan un consenso bastante claro: estamos ante un buen álbum, ambicioso y con una identidad sonora definida, pero no ante una obra que haya generado unanimidad como uno de los grandes trabajos del año. 

DIY fue la publicación más entusiasta con un 90/100, destacando probablemente la riqueza del universo creativo de Saleh y su capacidad para fusionar distintos estilos. NME, Beats Per Minute y Mojo coincidieron en un notable alto con 80/100, valorando la evolución artística y la amplitud de la propuesta. En una zona más moderada aparecen Pitchfork con 74/100, The Line of Best Fit con 70/100 y The Guardian con 60/100. 

Estas críticas no ponen en duda el talento de DUA SALEH, sino que señalan cierta irregularidad o una falta de cohesión absoluta. El debate parece centrarse menos en la calidad de las canciones individuales y más en si el conjunto consigue funcionar como una declaración completamente propia. 

La comparación con su debut resulta especialmente interesante. La mejora crítica es pequeña, pero el aumento de visibilidad ha sido mucho mayor. Esto sugiere que OF EARTH & WIRES ha servido como una plataforma de expansión hacia una audiencia más amplia, impulsada en parte por sus colaboraciones, aunque ese salto de exposición no se haya traducido en una transformación equivalente de la valoración crítica. 

Por nuestra parte tenemos que decir que OF EARTH & WIRES es un buen disco y una confirmación del talento de Dua Saleh como una de las voces más personales de la escena alternativa actual. Su capacidad para mezclar R&B, electrónica, pop experimental y una escritura profundamente emocional sigue siendo su mayor fortaleza. Las colaboraciones funcionan y aportan riqueza al proyecto, pero también plantean una pregunta inevitable: ¿cuánto espacio necesita una artista con una identidad tan definida para demostrar todo lo que puede hacer por sí misma? La respuesta probablemente llegará en futuros trabajos. OF EARTH & WIRES no es un paso atrás, sino un paso adelante rodeado de demasiadas compañías. Es un álbum notable, ambicioso y lleno de buenas ideas, aunque deja la sensación de que el momento más interesante de DUA SALEH puede estar todavía por llegar, cuando su voz ocupe todo el espacio que merece. Nuestra valoración es de un 85 sobre 100 y para nosotros sí que tiene opciones para estar entre lo mejor del año.  


MEJORES MOMENTOS:  Flood, Keep Away, Glow, I do I do, B r e a t h e, Firestorm...

MEDIA CRÍTICA: 77/100

NUESTRA VALORACIÓN: 85/100

TEDDY THOMPSON - NEVER BE THE SAME



Hay artistas que parecen destinados a vivir siempre en una zona intermedia: demasiado respetados para ser considerados desconocidos, pero nunca suficientemente reivindicados para ocupar el lugar que merecen. TEDDY THOMPSON pertenece a esa categoría. Hijo de dos figuras esenciales del folk británico, Richard y Linda Thompson, ha construido durante más de dos décadas una carrera propia basada en una mezcla de folk, pop y sensibilidad de cantautor, siempre con una enorme atención a la melodía y a la artesanía de la canción. 

NEVER BE THE SAME llega como su décimo álbum de estudio y supone el regreso a las canciones propias después de una etapa dedicada a explorar la tradición de otros compositores. Antes de este trabajo había publicado My Love of Country (2023), un homenaje al country clásico a través de versiones, y Once More: Jenni Muldaur & Teddy Thompson Sing the Great Country Duets (2023), además de haber recorrido anteriormente otros territorios de la tradición americana. Es, por tanto, un regreso a su propia voz como autor después de mirar hacia las raíces que siempre han alimentado su música. 

El título NEVER BE THE SAME puede llevar a pensar que detrás del disco existe una gran historia de transformación: una ruptura, una crisis personal o una reinvención artística. Sin embargo, la narrativa que acompaña al álbum es mucho más sencilla y, quizá por eso, más interesante. Thompson ha explicado que el disco no nace de un acontecimiento concreto ni de una gran reconstrucción vital, sino de una idea que apareció durante el propio proceso creativo: la frase Never Be The Same estaba presente en las canciones y acabó revelando el significado global del álbum. 

La clave del título está en aceptar el movimiento constante de la vida. No habla únicamente de pérdidas o desilusiones, sino de la imposibilidad de permanecer igual. El cambio aparece como una condición permanente: crecer, evolucionar, aceptar que cada experiencia modifica nuestra forma de mirar el mundo. Canciones como Worst Two Weeks of My Life pueden sugerir una confesión autobiográfica concreta, pero el álbum funciona mejor entendido como un retrato más amplio sobre el paso del tiempo, el amor y las pequeñas transformaciones que acumulamos. 

La portada de NEVER BE THE SAME resume visualmente una de las ideas centrales del álbum: la identidad como algo cambiante. TEDDY THOMPSON aparece multiplicado en distintas caracterizaciones, como si mostrara las diferentes versiones de sí mismo que conviven en una misma persona. Lejos de ser una simple ocurrencia estética, la imagen dialoga con el significado del título: nunca permanecemos iguales, porque la vida nos transforma constantemente. Es una portada que introduce una dimensión casi teatral en un disco construido desde la tradición más clásica de la canción, recordándonos que incluso los lenguajes más antiguos siguen teniendo espacio para la reinvención.

En lo musical, Thompson vuelve a trabajar con David Mansfield como productor, después de su colaboración en My Love of Country, y asume el papel de compositor de todas las canciones del álbum. Esa combinación resulta fundamental: Mansfield aporta una mirada respetuosa con la tradición, mientras Thompson demuestra que sigue siendo un escritor de canciones con una identidad plenamente reconocible.  

La sonoridad de NEVER BE THE SAME se sitúa dentro del folk pop, pero entendido desde una perspectiva clásica: canciones construidas alrededor de la melodía, la voz y la narración. No es un álbum de folk austero ni una colección de confesiones desnudas; hay arreglos, detalles de producción y una voluntad de crear espacios sonoros cálidos. Thompson entiende la canción como una pequeña pieza artesanal. Cada composición parece diseñada para sostenerse por sí misma, con estribillos memorables y una elegancia que no necesita recurrir a grandes gestos. Su voz, clara y cercana, es el centro de un disco que transmite humanidad más que espectacularidad. 

Escuchando NEVER BE THE SAME resulta difícil no pensar en algunos grandes nombres de la canción popular. La referencia más evidente es Harry Nilsson: no tanto por una similitud directa, sino por esa misma capacidad de combinar melodías luminosas con historias agridulces, sensibilidad pop y una interpretación que puede ser frágil sin caer en el dramatismo. 

También aparecen ecos del Elton John de los primeros años, aquel compositor capaz de convertir pequeñas historias en grandes canciones gracias a la fuerza de la melodía y los arreglos. Y, por supuesto, está la herencia de sus propios padres, Richard y Linda Thompson, aunque Teddy nunca ha pretendido ocupar su lugar ni convertirse en una continuación literal de ellos. El ADN familiar está ahí, pero no como una obligación, sino como una influencia más dentro de una personalidad propia. 

Porque precisamente una de las virtudes de Thompson es que no parece interesado en recrear un pasado. No intenta sonar como sus referentes; entiende la tradición como algo vivo. La música popular no se conserva mediante la imitación, sino mediante artistas que la hacen avanzar. 

La recepción de NEVER BE THE SAME ha sido positiva, situándolo como uno de los trabajos más destacados de la carrera reciente de Thompson, con una valoración de 78 sobre 100 basada en críticas de medios como PopMatters, The Arts Desk, Mojo (80/100) y Uncut (70/100). El álbum se convierte así en su trabajo mejor valorado desde A Piece of What You Need (2008), un disco que ya había ampliado su paleta hacia terrenos más pop. 

La buena acogida tiene sentido porque el álbum no intenta reinventar a TEDDY THOMPSON, sino recordar por qué su forma de hacer canciones sigue siendo necesaria. En una época en la que muchas veces se premia la inmediatez, NEVER BE THE SAME reivindica el valor de la composición, de los arreglos cuidados y de una interpretación que pone la canción por encima del concepto. Algo que una IA nunca será capaz de reemplazar.  

TEDDY THOMPSON es uno de esos artistas que merecen una reivindicación mayor. Su música no busca llamar la atención mediante la ruptura, sino demostrar que ciertas tradiciones nunca desaparecen completamente. Siempre habrá alguien que vuelva a descubrir la magia de una buena melodía, de una historia bien contada y de una canción capaz de sentirse cercana décadas después. Este álbum destaca precisamente por eso: por la artesanía, por la elegancia y por la humanidad que transmite. Thompson no está mirando al pasado con nostalgia; está demostrando que esas formas de escribir canciones siguen teniendo sentido en el presente. Las tradiciones no están muertas, solo esperan a que nuevos artistas sepan volver a darles vida. Nuestra nota para NEVER BE THE SAME es de 85 sobre 100


MEJORES MOMENTOS: Baby It's You, So This Is Heartache, The Game, Same Old Song, Come Back, Worst To Weeks Of My Life, I Need Real (Love)... 

MEDIA CRÍTICA: 78/100

NUESTRA VALORACIÓN: 85/100

THE RED CLAY STRAYS - GRATEFUL


THE RED CLAY STRAYS están de vuelta con GRATEFUL. A primera vista, no supone una ruptura con Made By These Moments (2024)THE RED CLAY STRAYS vuelven a apoyarse en esa combinación de Southern Rock, Blues Rock y Southern Gospel que ya definía su anterior trabajo, con Dave Cobb reforzando un sonido orgánico, cálido y profundamente arraigado en la tradición. 

Sin embargo, conforme avanzan las canciones, empiezan a apreciarse pequeños matices. El componente góspel gana protagonismo y las composiciones parecen concebidas con una ambición mayor. Hay un aire más épico y grandilocuente en los arreglos, los estribillos y la interpretación, como si la banda hubiera querido ampliar el alcance emocional de su música sin renunciar a su identidad. 

No es una reinvención, porque una banda que solo tiene dos discos antes que este, no necesita reinventarse todavía. Sino una cuestión de escala: THE RED CLAY STRAYS no cambian quiénes son, pero sí parecen pensar en grande. Por eso, GRATEFUL funciona menos como un punto de inflexión que como una consolidación. Si Made By These Moments sirvió para definir el sonido del grupo, este nuevo álbum da la impresión de querer llevar esa misma fórmula a un escenario más amplio, potenciando la intensidad, la emotividad y la dimensión casi espiritual que siempre ha estado presente en su música.

También llama la atención la amplitud del equipo de composición. Junto al núcleo formado por Matthew Coleman, Brandon Coleman y Drew Nix aparecen nombres como Dave Cobb, Andrew Bishop, Natalie Hemby y otros seis coautores. Sin alterar la identidad de la banda, esa apertura del proceso creativo podría ayudar a explicar la mayor ambición que transmiten varias canciones, con arreglos más expansivos y estribillos concebidos para dejar huella.

El propio título del álbum, GRATEFUL, parece ofrecer una pista sobre el momento que vive la banda. Tras el éxito de Made By These Moments y el crecimiento experimentado en los últimos años, resulta difícil no interpretar ese "agradecidos" como una declaración de intenciones. No solo hacia un público que ha respondido con entusiasmo a su propuesta, sino también hacia el camino recorrido hasta llegar aquí. 

Esa idea de gratitud también encuentra reflejo en la música. El tono espiritual de varias canciones y una producción que busca emocionar más que sorprender encajan con un álbum que mira menos hacia la conquista de nuevos territorios y más hacia la celebración de una identidad ya consolidada.

Desde el punto de vista de la crítica, GRATEFUL deja una lectura curiosa. Su media se sitúa en 75 sobre 100, basada en las reseñas de Rolling Stone 80/100 y AllMusic 70/100 y apenas un punto por encima de Made By These Moments (74/100), por lo que no puede hablarse de un cambio significativo en la valoración. Resulta más llamativo, sin embargo, que el nuevo álbum haya recibido, al menos por ahora, menos atención por parte de los medios especializados. Eso no contradice el momento ascendente que vive THE RED CLAY STRAYS. De hecho, su crecimiento parece medirse hoy más por el aumento de su público, el éxito de sus giras y su creciente repercusión comercial que por un mayor interés de la crítica. En otras palabras, la trayectoria de la banda parece estar siendo impulsada principalmente por la conexión con los oyentes, un factor que, en el rock de raíces, suele tener un peso incluso mayor que el consenso de la prensa especializada.

GRATEFUL no pretende cambiar las reglas del juego ni marcar un antes y un después en la trayectoria de THE RED CLAY STRAYS. Su mérito reside precisamente en reforzar una identidad que ya era reconocible, enriqueciéndola con un mayor protagonismo del góspel y unas composiciones de mayor alcance emocional. Es un álbum sólido, interpretado con convicción y producido con el habitual acierto de Dave Cobb. Quizá no sorprenda tanto como algunos esperaban, pero confirma que la banda sigue creciendo sin perder de vista sus raíces. Nuestra nota es un 80 sobre 100.


MEJORES MOMENTOS: Demons In Your Choir, People Hatin', If I Didn't Know You, Can Fix You, Do Today...

MEDIA CRÍTICA: 75/100

NUESTRA VALORACIÓN: 80/100

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