Alec Ducart está detrás de SEAROWS. Produce, compone e interpreta su segundo álbum titulado DEATH IN THE BUSSINES OF WHALLING. Es de Portland y se define como una persona no binaria y para entender mejor su obra hay que tener en cuenta otras perspectivas más allá de las heteronormativas. Pero no os asustéis, no se trata de hacer política, sino de acercarnos un poco más a la realidad cuando abrazamos la diversidad y podemos hacer otras lecturas de algunos trabajos desde una mirada queer. Es respetuoso y necesario.
DEATH IN THE BUSSINES OF WHALLING es un viaje introspectivo donde cada canción avanza con suavidad, acercándose a lo que duele y a lo que se ama sin prisa. SEAROWS construye un universo emocional que no busca certezas ni narrativas lineales: el álbum funciona como un océano de estados mutables, un territorio de ambigüedad donde el duelo, el afecto y la identidad aparecen como experiencias fluidas. El hecho de vivir y sentir al límite se percibe en cada acorde, en cada silencio, en la manera en que las canciones se despliegan con delicadeza. La metáfora de la caza de ballenas -Sacada de Moby-Dick de Herman Melville- que inspira el título, se traduce en esta ética íntima: amar y exponerse plenamente es un acto de riesgo, pero también de belleza silenciosa y reveladora.
La sonoridad refleja esa misma sensibilidad. La base de indie folk, slowcore y folk contemporáneo se combina con leves pinceladas de folk psicodélico y atmósferas etéreas, creando un espacio donde la voz de SEAROWS transmite vulnerabilidad sin dramatismo. Los silencios, las guitarras mínimas y la producción que prioriza la intimidad sobre el espectáculo convierten al disco en un refugio: un lugar donde la música y la emoción coexisten con cuidado y honestidad. Cada tema se siente como un gesto de presencia contenida, que se expande sin necesidad de imponerse.
En cuanto a referentes o a quién te puede recordar la música de SEAROWS, creemos que es mucho más interesante hablar del mapa de la diversidad y del lugar que ocupa dentro de ese mapa. En este blog siempre hemos dado visibilidad a artistas como Ethel Cain, Bells Larsen, Jasmine.4t, Hand Habits o Free Range. Todes elles comparten no solo una sensibilidad sonora o emocional, sino una pertenencia clara al mundo queer, y eso atraviesa la música aunque no siempre se nombre de forma explícita.
En el caso de Ethel Cain, como mujer trans, su obra está marcada por una relación muy específica con el cuerpo, la fe, la violencia simbólica y la supervivencia; en artistas como Jasmine.4t y Bells Larsen, también trans pero desde trayectorias y sensibilidades distintas, esa tensión se desplaza hacia otros territorios: la fragilidad cotidiana, la intimidad afectiva, el deseo dicho en voz baja y la vulnerabilidad como espacio político. No se trata tanto de relatos identitarios cerrados como de una forma compartida de situarse fuera de los marcos normativos, de cantar desde un lugar expuesto y descentrado.
En propuestas como las de Hand Habits o Free Range -desde identidades no binarias- ese mismo gesto se vuelve todavía más cercano a SEAROWS: una escritura contenida, atenta al detalle emocional, que rehúye el dramatismo y convierte la sensibilidad en una forma de resistencia tranquila. En SEAROWS esto se percibe más como una ética que como una consigna: una manera de cantar desde un lugar descentrado, sin afirmaciones rotundas, con una identidad que no necesita explicarse ni justificarse. Hay una ternura frágil, una contención emocional y una resistencia a los relatos heroicos que conectan directamente con una experiencia queer de estar en el mundo: sentir mucho, observar mucho, protegerse sin endurecerse. No es música “sobre” ser queer en un sentido explícito, pero sí música hecha desde una sensibilidad queer, donde el afecto, el dolor y el amor no siguen rutas previsibles.
La media crítica de DEATH IN THE BUSSINES OF WHALLING es de un 75 sobre 100 con notas que van desde los 80/100 de Mojo y The Skinny, hasta los 70/100 de Far Out Magazine y The Line Of Best Fit. Esos números no alcanzan a capturar la profundidad silenciosa de la obra. Este álbum crece con la escucha paciente: es música para sentirla. Para quienes buscan canciones que combinen belleza, fragilidad y coherencia emocional, SEAROWS ofrece un refugio sonoro y narrativo: un océano al que sumergirse y dejarse llevar.
Nuestra nota es un 90 sobre 100 y podemos entender que la crítica lo haya valorado más bajo que nosotros porque es un álbum que no quiere ser “importante” en el sentido habitual: no reinventa géneros, no empuja límites de forma obvia, no tiene grandes picos dramáticos diseñados para destacarse en playlists o titulares. Pero lo que hace -y lo hace muy bien- es sostener una belleza frágil, constante, honesta, algo que suele crecer con el tiempo y no tanto en el momento de la valoración. Estos discos muchas veces envejecen mejor que su media crítica: hoy son “notables”, mañana son esos trabajos a los que la gente vuelve cuando necesita buscar respuestas. Dicho de otro modo: puede que no sea un álbum que se defienda bien en números, pero sí uno que se va a quedar a vivir contigo. Y eso, aunque para los otros críticos no siempre suba la nota media, suele ser la verdadera medida de su valor y por eso nosotros sí le damos más nota.
MEJORES MOMENTOS: Photograph Of A Cyclone, Dearly Missed, Dirt, Hunter, In Violet...
MEDIA CRÍTICA: 75/100
NUESTRA VALORACIÓN: 90/100

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