Tenemos que hablar de AUGUST PONTHIER, le recordamos por una colaboración con Lord Huron de la que hablamos en su día y tras varios Eps, por fin ha editado su álbum debut EVERYWHERE ISN'T TEXAS, con el que ha logrado un lugar destacado en el radar de los blogs independientes como el nuestro, por tener algo especial que llama la atención y romper radicalmente con la inercia comercial, convirtiéndose en una de las joyas más singulares de la temporada. Quien se acerque a su música por primera vez encontrará un tono cristalino y dulce, con profundas raíces norteamericanas que evoca inevitablemente la elegancia de referentes como Alison Krauss. Sin embargo, tras la fachada sonora, las canciones esconden un viaje de honestidad brutal y catarsis personal. El gran factor diferencial de este trabajo es cómo entrelaza la composición musical con la transición de la propia persona. Tras una profunda búsqueda interna que culminó a los 30 años, Ponthier anunció públicamente su identidad no binaria y asumió su verdadero nombre.
Este paso crucial constituye el verdadero motor conceptual y el alma de una obra que se mueve con soltura entre Indie Pop, Alt-Country y Country Pop, siempre bajo el marco de cantautora. Al revisar las composiciones que dan forma al disco, Ponthier descubrió un diario subconsciente repleto de señales sobre la disforia y la envidia de género que antes camuflaba bajo la androginia artística o el juego interpretativo. Toda esa compleja transición social se transforma ahora en una narrativa descarnada pero luminosa a través de cortes como Handsome, demostrando que la reafirmación de la propia identidad puede ser un proceso liberador e increíblemente vivo. Es precisamente en el cruce de sus etiquetas musicales donde el disco brilla: la herencia confesional del formato cantautor se viste con ganchos pop contemporáneos, mientras que la instrumentación tradicional del folclore sureño se deconstruye desde una perspectiva disidente para sacudir el conservadurismo de Texas.
A pesar de operar en los márgenes de los circuitos masivos, el nivel técnico del álbum revela un blindaje profesional extraordinario. Detrás del sonido limpio y envolvente de la obra se encuentra la producción detallista de firmas como Matthew Neighbour, Laiko, Kyle Shearer y James Flannigan. A esta arquitectura sonora se suma un equipo de composición de un calibre asombroso: junto a las letras de Ponthier, el disco cuenta con la sensibilidad de Ethan Gruska y Dan Wilson, el instinto melódico de Caroline Pennell y Sly, y la colaboración de once coautores más. El gran triunfo de EVERYWHERE ISN'T TEXAS radica precisamente en haber congregado un despliegue de talento tan imponente sin perder ni un ápice de intimidad.
Es una pena que los grandes altavoces de la industria, representados por la crítica generalista, no hayan terminado de captar este equilibrio, atrapados en esa necesidad de situarse por encima del bien y del mal. Mientras los espacios de escucha activa de la blogosfera han arropado el proyecto con entusiasmo, los grandes agregadores como AOTY reflejan una recepción mucho más fría, marcada por el 68 sobre 100 concedido por Pitchfork. En su habitual ejercicio de distanciamiento crítico, la publicación despacha el disco como un trabajo "excesivamente precavido" y cuestiona la comodidad de su producción. Sin embargo, lo que esa mirada etiqueta como prudencia es, en realidad, una lección de cohesión y elegancia melódica. No hace falta recurrir al ruido pretencioso para resultar revolucionario cuando la verdadera subversión habita en la honestidad de la palabra.
Del mismo modo, resulta sangrante que la crítica oficial cuestione la emotividad del tema homónimo por su interpolación de Somewhere Over the Rainbow, considerando que la canción y su reprise llevan demasiado lejos la sentimentalidad. Una lectura que pasa por alto que ese gesto no es un simple recurso pop, sino un puente de resistencia política y emocional hacia una juventud trans que busca refugio en entornos hostiles. Frente a la soberbia analítica de los grandes tótems mediáticos y los veredictos de escaparate al estilo de los vídeos de Fantano o las columnas de The Guardian -demasiado empeñados, a menudo, en convertirse en protagonistas de las obras que juzgan-, AUGUST PONTHIER firma una obra de belleza inquebrantable. Un debut descarado y sensible que recuerda que el valor real de la música se mide por su capacidad de conmover, no por el frío veredicto de un termómetro digital. Frente al desdén de los de siempre, en esta casa apostamos por la emoción real y le otorgamos un merecidísimo 85 sobre 100.
MEJORES MOMENTOS: Everywhere Isn't Texas, Handsome, I'm Crying Are You?, Betty, Angry Man, Bloodline...
MEDIA CRÍTICA: 68/100
NUESTRA VALORACIÓN: 85/100

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