Hay algo especialmente estimulante en descubrir una banda cuando todavía parece estar construyendo su propio lugar. MARY IN THE JUNKYARD llegan a ROLE MODEL HERMIT después de haberse ganado el derecho a grabarlo sobre los escenarios, tocando una y otra vez en salas pequeñas del circuito londinense y aprendiendo a funcionar como grupo antes de encerrarse en un estudio. No es un detalle menor. Clari Freeman-Taylor, Saya Barbaglia y David Addison tienen además formación clásica, una circunstancia que podría haberles llevado por caminos mucho más previsibles y que, en cambio, han utilizado para alimentar una música que disfruta tanto de la melodía como de la fricción, del arreglo como del ruido. Toda esta historia ayuda a entender mejor el disco.
MARY IN THE JUNKYARD no parece una banda que haya descubierto su sonido delante de un ordenador para después intentar reproducirlo en directo. Hay algo físico en sus canciones, una sensación de grupo que ha pasado muchas horas tocando juntos y que ha ido encontrando sobre la marcha aquello que merece la pena conservar. El hecho de que los tres miembros aparezcan como compositores de los temas y que Oli Bayston figure como productor refuerza esa impresión artesanal. En una época en la que los créditos de un disco pueden convertirse en una lista interminable de productores, coautores, músicos adicionales y especialistas de todo tipo, resulta refrescante encontrar una cadena creativa tan concentrada: las canciones pertenecen al trío y un productor ayuda a convertirlas en disco.
El resultado tampoco es fácil de encerrar en una etiqueta. ROLE MODEL HERMIT aparece asociado al Art Rock, Indie Folk, Indie Rock, Chamber Pop o Avant-Folk, y todas esas denominaciones tienen algo de razón, aunque ninguna termina de explicar por sí sola qué sucede aquí. Nosotros escuchamos sobre todo una raíz mucho más reconocible: la del indie rock de los noventa, con ese gusto por las guitarras nerviosas y las melodías que sobreviven entre la distorsión. En algunos momentos aparece el nervio de Elastica; en otros, la combinación de fragilidad y aspereza de The Breeders. Pero el disco no se queda ahí.
A medida que avanzamos, las canciones empiezan a abrirse hacia otros lugares. Welcome Break puede hacernos pensar en Heather Nova, especialmente por esa manera de colocar una melodía íntima en el centro, pero alrededor de ella las guitarras y las texturas adquieren una dimensión mucho más inquieta, casi como si aquella canción hubiera pasado por las manos de Sonic Youth. No es tanto una cuestión de imitación como de parentesco: una sensibilidad melódica muy clásica rodeada de un tratamiento sonoro que se resiste a permanecer tranquilo. En otros momentos aparecen el folk de cámara, cierta oscuridad casi ritual y una teatralidad que hace que el álbum parezca más grande que el formato de trío que lo sostiene.
También hay espacio para el ruido. Seek And Destroy representa muy bien esa otra cara del grupo, la que convierte la distorsión y la abrasión en parte esencial de la canción. Aquí las guitarras no están simplemente al servicio de una melodía: el ruido es materia compositiva, una forma de tensión que recuerda a aquella tradición alternativa de los noventa en la que una canción podía ser perfectamente reconocible sin necesidad de estar limpia ni pulida.
Pero ROLE MODEL HERMIT es, sobre todo, un disco de dos caras. La primera mitad tiene ese nervio que nos lleva hacia Elastica o The Breeders, una energía más inmediata y guitarrera en la que MARY IN THE JUNKYARD demuestra que sabe desenvolverse perfectamente dentro de la tradición del indie rock. El problema es que el álbum tarda un poco en encontrar su verdadera personalidad. Mantra III, encargado de abrir el disco, nos parece una entrada poco convincente y claramente por debajo de lo que vendrá después. Si hubiéramos tenido que juzgar ROLE MODEL HERMIT únicamente por esos primeros minutos, probablemente no habríamos imaginado el alcance que terminaría teniendo.
Crash Landing funciona como una frontera. A partir de ahí el disco parece cambiar de temperatura y de ambición. Las canciones empiezan a sentir de otra manera y aquello que hasta entonces podía entenderse como un buen disco de indie rock se transforma en algo bastante más interesante. Welcome Break pertenece a ese nuevo territorio, y después llega Thou Shalt Sprout, uno de los momentos que más nos han impresionado de todo el álbum.
En Thou Shalt Sprout se entiende mejor que en ningún otro lugar qué pueden aportar esos estudios clásicos de los tres músicos. Los violines van creciendo poco a poco, acumulando tensión hasta que la canción parece a punto de desbordarse. Entonces aparecen los chelos y recuperan la melodía desde un registro mucho más grave, como si aquello que acabamos de escuchar regresara convertido en un réquiem. Es un final extraordinario porque las cuerdas no funcionan como decoración ni como demostración de conocimientos musicales: cambian el sentido emocional de la canción. Es probablemente el momento en que más claramente sentimos que detrás de este grupo hay una formación musical que sabe cómo utilizar un arreglo para llevar una canción a otro lugar.
Incluso nos parece un momento superior a Mouse, que es también una canción bastante buena y la elegida para cerrar el álbum. Mouse funciona como cierre y resume buena parte de lo que hemos escuchado, pero Thou Shalt Sprout contiene algo más difícil de conseguir: la sensación de haber llegado a un sitio que no esperábamos encontrar cuando empezó el disco.
La recepción crítica de ROLE MODEL HERMIT ayuda a entender que no estamos ante un debut que haya pasado desapercibido porque ha conseguido una media de 82 sobre 100 distribuida de la siguiente manera: The Skinny 100/100; musicOMH, God Is In The Tv y Far Out Magazine 90/100; Still Listening 89/100; Northern Transmissions 83/100; DIY, Sputnickmusic, Clash, Uncut, Spectrum Culture 80/100; Pitchfork 76/100; Paste 75/100 y NME, No Ripcord y The Line Of Best Fit 70/100.
Lo interesante de esta recepción no es únicamente la media, sino la amplitud del reconocimiento. Hay un 100, varios 90 y numerosas valoraciones en torno al 80, mientras que incluso las notas más prudentes mantienen al álbum en una zona claramente positiva. Cuando publicaciones tan diferentes reparan en un mismo debut y el público empieza a fijarse en él, aparece algo que va más allá de una buena colección de reseñas: ese momentum, ese don de la oportunidad que hace que una banda parezca estar llegando justo cuando tiene algo que decir y encuentra un público dispuesto a escucharla.
Nosotros nos quedamos con un 85 sobre 100. ROLE MODEL HERMIT nos parece un soplo de aire fresco y un debut que está claramente por encima de la media. No es perfecto, y quizás hubiéramos agradecido todavía más riesgo, más momentos como Thou Shalt Sprout, donde la formación clásica de MARY IN THE JUNKYARD se hace visible de una manera tan hermosa y natural. Y también nos ha recordado a esos momentos en los que Tori Amos saca sus conocimientos clásicos y se pone juguetona, y hay algo de esa libertad lúdica en la manera en que estas canciones pueden cambiar de forma sin perder completamente su centro. Pero esos deseos no pesan lo suficiente como para oscurecer lo esencial: estamos ante una banda con canciones, personalidad, oficio y margen para crecer. Una banda que ha llegado al estudio después de haber aprendido a ser banda sobre un escenario y que, precisamente por eso, todavía conserva algo que resulta cada vez más difícil de encontrar: la sensación de que detrás de las canciones hay tres personas descubriendo juntas hasta dónde pueden llevarlas.
MEJORES MOMENTOS: Thou Shalt Sprout, Blood, New Muscles, Crash Landing, Seek And Destroy, Mouse, Myrtie...
MEDIA CRÍTICA: 82/100
NUESTRA VALORACIÓN: 85/100

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