Hay bandas a las que la crítica parece pedirles constantemente que demuestren que son algo más de lo que aparentan. BLOSSOMS llevan una década intentando hacer precisamente eso. Desde su debut homónimo, la banda de Stockport ha construido una carrera alrededor de una virtud que, paradójicamente, no siempre ha sido suficientemente valorada: la capacidad para escribir canciones pegadizas, inmediatas y con vocación de himno.
Su primer álbum fue casi un greatest hits de una banda que acababa de aparecer. Una colección de canciones que parecía más propia de un grupo con varios años de carrera que de unos recién llegados. Cool Like You (2018), el segundo, consiguió mantener el nivel, aunque con mayor esfuerzo, y Foolish Loving Spaces (2020) terminó de consolidar la sensación de que BLOSSOMS no eran una moda pasajera. Habían venido para quedarse.
Y quizás ahí esté una de las razones por las que sus primeros discos fueron recibidos con cierta condescendencia. Existe una tendencia crítica a considerar sospechosa la música que funciona demasiado bien a la primera escucha, especialmente cuando procede de una banda británica de indie-pop. Como si la accesibilidad fuese incompatible con la ambición. Nosotros no lo vemos así. BLOSSOMS siempre han tenido algo que decir, pero también han querido que sus canciones se canten. Y es que conseguir que una melodía se quede en la cabeza de miles de personas no debería ser considerado una virtud menor.
Ribbon Around The Bomb (2022) cambió la perspectiva. No porque BLOSSOMS dejaran de ser una banda de canciones pegadizas, sino porque demostraron que podían hacer mucho más con ellas. “Visions”, con sus siete minutos, fue quizás la prueba más evidente: una banda cuya fortaleza había estado tradicionalmente en la inmediatez se permitía ahora desarrollar una canción hasta donde necesitase llegar.
Gary (2024) profundizó todavía más en esa madurez, pero sin eliminar el carácter gamberro que siempre había formado parte de su personalidad. SONGS FROM THE WEDDING CAKE, por tanto, desde un lugar muy distinto al de aquellos primeros discos. No es un regreso. Es una síntesis.
Parte de esa síntesis está en el propio sonido del álbum. Shawn Lee asume la producción y el disco fue grabado íntegramente en cinta, buscando una textura deliberadamente analógica y añeja. Los sintetizadores y determinados tratamientos parecen mirar hacia atrás, pero no como un ejercicio de nostalgia gratuita, sino como una decisión estética que encaja con el concepto del álbum.
BLOSSOMS no necesitan sonar modernos a toda costa. Tampoco necesitan demostrar que han aprendido a experimentar. Esa batalla ya la ganaron en los discos anteriores. Ahora pueden permitirse jugar con el sonido. El resultado es un álbum que no siempre posee la contundencia inmediata de sus tres primeros trabajos. Hay canciones que necesitan más de una escucha y que funcionan mejor dentro del conjunto que aisladas. Pero esa menor inmediatez no tiene por qué interpretarse como una carencia: forma parte de una obra que parece más interesada en crear un universo propio que en acumular singles.
Y ahí está una de las paradojas de SONGS FROM THE WEDDING CAKE: recupera parte de la energía de los primeros BLOSSOMS, pero no intenta recuperar su inocencia.
El título ya proporciona la clave. Wedding Cake es el apodo del ayuntamiento de Stockport donde Tom Ogden se casó, y el álbum convierte el matrimonio y la entrada en la vida adulta en materia prima para el humor.
Hay algo deliciosamente absurdo en unos músicos que comenzaron su carrera cantando desde la perspectiva de la juventud y que ahora se encuentran hablando de matrimonios, divorcios, responsabilidades y envejecimiento. Pero BLOSSOMS no afrontan ese tránsito con solemnidad. Lo hacen como unos adultos que todavía conservan buena parte del espíritu de los chavales que fueron.
Es ahí donde aparece esa sensación de síndrome de Peter Pan que atraviesa el disco. No porque rechacen crecer, sino porque parecen enfrentarse a la adultez con la misma actitud con la que probablemente afrontaban la juventud: tomándoselo todo con una mezcla de entusiasmo, ironía y cierta incredulidad.
El espíritu gamberro, por tanto, nunca desapareció. Quizás estuvo menos presente en Ribbon Around The Bomb, pero Gary ya demostró que la madurez de BLOSSOMS no implicaba abandonar esa faceta. Aquí vuelve a ocupar un lugar central y se convierte incluso en una herramienta narrativa.
Si tenemos que hablar de canciones que definen este nuevo trabajo: Joke About Divorce condensa probablemente mejor que ninguna otra el humor adulto del álbum. El propio título resume esa capacidad de convertir una situación potencialmente dramática en un motivo para jugar.
Meet Me In Love representa la faceta más abiertamente pop y romántica del disco, pero también la amplitud de su propuesta y la voluntad de incorporar colaboradores y texturas diferentes.
Additional Driver, con la participación de Declan McKenna, vuelve a demostrar que BLOSSOMS ya no tienen necesidad de permanecer encerrados en su propio lenguaje. La colaboración no parece un recurso comercial, sino otra pieza dentro de una paleta cada vez más amplia.
Y después está The Deep End. Es probablemente la canción que mejor explica por qué el álbum necesita terminar donde termina. Su sensibilidad, su interpretación y su tono pueden recordar incluso a Matt Maltese. Durante unos minutos desaparece buena parte del desenfado anterior y aparece una mirada mucho más íntima y melancólica. Después de todo un disco haciendo bromas sobre hacerse mayores, BLOSSOMS terminan mirando al fondo. Y The Deep End solo podía ser la última canción.
Quizás la mayor diferencia entre SONGS FROM THE WEDDING CAKE y aquellos primeros BLOSSOMS esté precisamente aquí. El debut podía escucharse casi como una colección de grandes éxitos anticipados: canciones capaces de sostenerse individualmente y competir unas con otras por convertirse en el próximo himno.
Este nuevo álbum parece concebido de otra manera. Las canciones tienen sentido individual, pero adquieren otra dimensión colocadas dentro del recorrido completo. Hay un arco narrativo que va desde el humor y la celebración hasta una reflexión más íntima sobre el paso del tiempo.
Por eso algunas canciones quizás no tengan el impacto inmediato de los primeros BLOSSOMS . Ya no necesitan cargar ellas solas con todo el peso del álbum. La banda ha aprendido a pensar en términos de conjunto.
La recepción crítica de SONGS FROM THE WEDDING CAKE vuelve a plantear una vieja cuestión alrededor de BLOSSOMS . Louder Than War fue de los primeros medios en reseñarlo y le concedió un sobresaliente 90/100, una nota que durante algunos días hizo pensar que quizás estábamos ante el disco capaz de reconciliar definitivamente a la banda con una crítica que nunca ha terminado de concederle todo el crédito que merece. Después llegaron valoraciones más tibias, entre ellas las de God Is In The TV y The Arts Desk, que le concedieron un 60/100 cada una y terminaron llevando la media agregada hasta un 70 sobre 100.
Es una valoración que se puede entender si uno espera de BLOSSOMS una sucesión de grandes singles y juzga el álbum exclusivamente desde la inmediatez. Pero resulta más difícil de sostener cuando atendemos a todo lo que hay detrás. Porque SONGS FROM THE WEDDING CAKE no es solamente otro disco de indie-pop británico eficaz. Hay una producción cuidadosamente concebida, un concepto lírico reconocible, un arco narrativo, una voluntad de experimentar con texturas y estructuras, colaboraciones que amplían su lenguaje y una banda que utiliza todas esas herramientas sin renunciar a su principal virtud: escribir buenas canciones.
Nuestra valoración es de 85 sobre 100. Quizás un 90/100 sea demasiado generoso, pero nos parece difícil justificar una nota por debajo de 85/100 cuando se contempla el álbum en toda su dimensión.
Quizás la manera más sencilla de equivocarse con SONGS FROM THE WEDDING CAKE sea interpretarlo como un regreso a los primeros BLOSSOMS . No lo es. Los primeros BLOSSOMS tenían la inmediatez y la energía de una banda que parecía haber aparecido con un repertorio de grandes éxitos ya preparado. Los BLOSSOMS de ahora tienen todo aquello, pero también han pasado por Ribbon Around The Bomb y Gary. Han aprendido a escribir canciones más ambiciosas, a construir discos con mayor personalidad y a utilizar el estudio como una herramienta creativa.
Lo que recuperan aquí es la actitud. La diversión. El descaro. El sentido del humor. La capacidad de no tomarse demasiado en serio. Pero ahora lo hacen desde la perspectiva de unos músicos que ya están hablando de matrimonios, divorcios, responsabilidades y envejecimiento. Y quizás esa sea la verdadera madurez de BLOSSOMS : no haber dejado atrás a los chavales que fueron, sino haber aprendido a convivir con ellos.
SONGS FROM THE WEDDING CAKE no debería ser considerado un simple regreso a la fórmula que hizo popular a BLOSSOMS. Es la demostración de que aquella facilidad para escribir canciones pegadizas nunca fue una limitación. Era el punto de partida. Después de diez años, BLOSSOMS saben hacer mucho más. Lo interesante es que todavía quieren hacerte cantar sus canciones a voz en grito.
MEJORES MOMENTOS: Joke About Divorce, Meet Me In Love, Additional Driver, The Deep End, Guts, Husband, Where Have You Been My Whole Life?
MEDIA CRÍTICA: 70/100
NUESTRA VALORACIÓN: 85/100

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