MUD es el nuevo álbum de REMI WOLF y llegamos a él con unas expectativas más bien moderadas. Big Ideas (2024) nos pareció un buen disco, aunque nunca terminamos de compartir el entusiasmo que despertó entre buena parte de la crítica. Este, sin embargo, nos ha convencido bastante más. No porque Wolf haya dejado atrás su personalidad, su sentido del humor o esa manera tan suya de retorcer el pop, sino porque aquí encontramos una propuesta más concreta, unas cuantas canciones redondas y una cohesión que echamos en falta en su anterior trabajo.
Desde los primeros compases, MUD consigue engancharnos. Hay una sensación de mayor orden, de ideas mejor delimitadas y de canciones que funcionan tanto por separado como dentro de un conjunto que tiene sentido. Wolf continúa siendo una artista directa, de las que no parecen tener demasiado interés en esconder sus miserias, sus contradicciones o sus deseos. Esa franqueza no es ninguna novedad en su discografía, pero aquí se integra en un relato emocional más definido, marcado por las rupturas, el agotamiento, la sobriedad y la necesidad de recomponerse después de atravesar una etapa complicada.
El alcohol ocupa un lugar especialmente importante en ese relato. Bottle introduce desde el principio una relación problemática con la bebida, mientras que Wine Drunk vuelve sobre ese territorio, aunque desde una perspectiva en la que se mezclan la atracción, el deseo y las relaciones sentimentales autodestructivas. No se trata de convertir cada canción en una confesión aislada, sino de entender cómo estas experiencias atraviesan el álbum y le dan una profundidad que va más allá de su superficie pop. La identidad queer de Remi también forma parte del contexto desde el que escribe y se relaciona con el mundo, una dimensión que merece tenerse en cuenta cuando ayuda a comprender sus letras, sin reducir su música a una sola faceta de su vida.
En las entrevistas de promoción, Wolf ha hablado de la necesidad de encontrar un nuevo camino musical después de la gira de Big Ideas, del desgaste personal y de su deseo de escribir canciones capaces de emocionar incluso despojadas de buena parte de su producción. El barro del título (mud) funciona como una metáfora de ese proceso: atravesar una etapa turbia, aceptar las propias contradicciones y salir de ella transformada. Hay una búsqueda de madurez, sí, pero sin renunciar a la diversión ni a la energía que hacen reconocible su música. Al fin y al cabo, seguimos hablando de una artista pop que no necesita ponerse solemne para hablar de asuntos dolorosos.
Esa evolución también se percibe en el sonido. Si Big Ideas se movía entre el pop rock, el dance-pop, el synth funk, el indie rock, el boogie y el pop soul, MUD concentra su propuesta en coordenadas más próximas al pop rock, el indie rock y el soft rock. Las etiquetas no explican por sí solas un disco, pero sí ayudan a entender la dirección que ha tomado Wolf: menos dispersión estilística y una identidad sonora más concreta. La mayor presencia de guitarras y de instrumentación orgánica favorece esa sensación de cohesión, y la producción deja que las canciones respiren sin renunciar a los arreglos cuidados ni a los estribillos pegadizos.
También hay continuidad en el equipo de trabajo, aunque con algunos cambios. REMI WOLF vuelve a figurar entre los productores, junto a Solomonophonic, Jack DeMeo, Josh Conway, Jamie McLaughlin y Greg Kurstin. Ethan Gruska, presente en la órbita del disco anterior, no aparece en esta ocasión. En la autoría de las canciones encontramos de nuevo a Wolf, DeMeo y Solomonophonic, junto a GiGi Grombacher, McLaughlin y otros compositores. La sensación es la de un equipo que conoce bien el universo de la artista, pero que ha conseguido encauzarlo hacia un resultado más compacto. No necesitamos que cada canción explore un género distinto para que el álbum mantenga el interés; aquí funciona mejor la impresión de que todas forman parte de una misma conversación.
La colaboración con John Mayer en Moon So High es, probablemente, la decisión que más nos desconcierta de entrada. La canción se mueve en un territorio de soft rock que parece más propio del repertorio de Mayer que del de REMI WOLF, hasta el punto de que por momentos tenemos la impresión de estar escuchando una canción suya con ella como invitada. Nos recuerda a esas colaboraciones inesperadas que P!nk incorpora ocasionalmente a sus discos, aunque aquí la afinidad estilística resulta más evidente. Una vez digerida, tampoco se nos indigesta: es una rareza curiosa que no llega a romper el conjunto.
Conocer el origen de la colaboración ayuda a entenderla mejor. Wolf ha contado que Mayer fue uno de sus primeros referentes musicales, que llevaban tiempo en contacto y que decidió escribirle cuando tuvo claro que quería convertir Moon So High en un dueto. Él aceptó y ambos acabaron trabajando juntos en el estudio. Musicalmente, sin embargo, seguimos pensando que la canción mira más hacia el universo de Mayer que hacia el de ella. Entender una decisión artística no significa que tengamos que considerarla plenamente acertada.
La recepción crítica de MUD plantea, además, una reflexión sobre el peso que concedemos a las puntuaciones agregadas. Northern Transmissions le otorga un 86/100; The Arts Desk y Exclaim!, un 80/100; Paste, un 75/100; Pitchfork, un 73/100; y AllMusic y NME, un 70/100. Son valoraciones que dibujan un consenso razonablemente favorable, aunque sin entusiasmo unánime. Sin embargo, aparece The Needle Drop de Anthony Fantano con su 40/100 y la media se queda en un 72 sobre 100, diez puntos por debajo del 82/100 de Big Ideas.
Y es justo en ese punto donde conviene recordar que una media aritmética no es necesariamente una medida fiable de la calidad artística, del mismo modo que un veredicto especialmente estridente no se convierte por arte de magia en una verdad revelada.
Hay críticos que parecen olvidar que el protagonista de una reseña debería ser el disco, no el ego de quien sostiene el bolígrafo. Aunque, claro, en la economía de la atención, siempre resulta tentador confundir ejercer la crítica con montar un espectáculo. MUD merece ser escuchado por lo que es, no quedar reducido a la sombra estadística de quien parece necesitar que su opinión haga más ruido que la porpia música.
En definitiva, MUD nos parece un disco mejor que Big Ideas: más concreto en su propuesta, más cohesionado y con una colección de canciones que funciona con mayor naturalidad como conjunto. Sin embargo, mantenemos la misma puntuación que le otorgamos a su predecesor: un 85 sobre 100. No porque le falten méritos, sino porque, aun reconociendo el salto cualitativo, seguimos teniendo la impresión de que el gran disco de REMI WOLF está todavía por llegar. Y si algo demuestra MUD, es que tiene argumentos de sobra para mantener esa expectativa.
MEJORES MOMENTOS: Bottle, I Won't Cry, Twiggy, Champagne, Burn Me Blue, Wine Drunk, Moon So High...
MEDIA CRÍTICA: 72/100
NUESTRA VALORACIÓN: 85/100

No hay comentarios:
Publicar un comentario