Hay algo especialmente bonito en que THE DARLING BUDS hayan tardado más de treinta años en publicar su cuarto álbum y que, cuando por fin lo hacen, no parezca que necesitan pedir permiso a nadie. SAME SUN / SAME SKY llega treinta y cuatro años después de Erotica (1992), pero no se presenta como una pieza de museo ni como el típico disco de reunión que intenta convencernos de que el tiempo no ha pasado. Al contrario: escuchándolo, tenemos la sensación de que el tiempo ha pasado precisamente para que puedan hacer ahora el disco que entonces no les dejaban hacer.
La historia importa porque explica buena parte de lo que estamos escuchando. Después de Erotica, THE DARLING BUDS se trasladaron a Los Ángeles y empezaron a trabajar en las canciones que debían convertirse en su siguiente álbum. Llegaron incluso a grabar demos con Roy Bittan, teclista de la E Street Band, pero la relación con su discográfica se complicó hasta el punto de que la banda perdió el apoyo del sello. El proyecto quedó bloqueado y terminaron separándose. No fue tanto una banda que hubiera agotado sus posibilidades como una banda que se encontró en el lugar equivocado dentro de una maquinaria discográfica que ya no sabía qué hacer con ella.
Después cada uno siguió con su vida. Andrea Lewis se dedicó a la interpretación, la televisión, la radio y a su trabajo con jóvenes; los demás fueron construyendo también sus propias carreras. THE DARLING BUDS quedaron durante años como una historia que había terminado demasiado pronto. La reunión de 2010, propiciada por un homenaje al desaparecido John Sicolo, propietario de TJ's en Newport, no estaba pensada como el comienzo de una segunda carrera. De aquello surgieron conciertos, nuevas canciones, el EP Evergreen en 2017 y finalmente, después de recuperar su catálogo y sus grabaciones inéditas, este álbum.
Por eso no necesitamos entender SAME SUN / SAME SKY como el regreso de una banda que llevaba treinta años esperando este momento. Es más bien el resultado de haber descubierto, con el paso del tiempo, que todavía les apetecía tocar juntos y que todavía tenían muchas canciones que darnos. Ahora THE DARLING BUDS afrontan la música de una manera muy distinta a la de sus primeros años: cada uno tiene su vida, no necesitan que la banda les dé de comer y pueden acercarse a ella con mucha menos presión.
Quizás esa libertad sea una de las razones por las que el disco suena con tanta seguridad.
Y suena, sobre todo, actual.
No actual en el sentido de incorporar sonidos que nos permitan identificarlo inmediatamente como un disco de 2026. Todo lo contrario. SAME SUN / SAME SKY es indie rock, guitarra, melodía, batería y canciones. El ADN de finales de los ochenta y principios de los noventa está ahí, inevitablemente, pero no estamos ante un ejercicio de nostalgia.
No hay una reconstrucción artificial de Pop Said... (1998) ni un intento de reproducir la estética de 1990. Las guitarras tienen ese punto de jangle y de ruido pop, los estribillos son enormes, Andrea Lewis sigue cantando con una naturalidad que hace que todo parezca sencillo y la banda conserva esa capacidad para moverse entre la energía guitarrera y las canciones más luminosas sin perder su identidad.
Lo curioso es que, escuchado sin conocer la historia del grupo, SAME SUN / SAME SKY podría funcionar perfectamente como el descubrimiento de una banda nueva.
Eso es lo que más nos gusta del disco. Suena a indie rock de 2026 que casualmente procede de músicos que ya estaban haciendo esto hace treinta años. Y aquí aparece una de esas paradojas que el indie actual nos ofrece constantemente: muchas fórmulas que hoy se presentan como modernas ya estaban perfectamente desarrolladas cuando THE DARLING BUDS, The Breeders o Veruca Salt estaban publicando discos. Lo que ha cambiado es el contexto, no necesariamente el lenguaje.
La producción refuerza esa sensación. No se ha llamado a ningún productor externo. El trabajo aparece esencialmente en manos de THE DARLING BUDS. Después de una primera vida en la que tuvieron que trabajar con productores y estructuras discográficas que marcaban buena parte de sus movimientos --Pat Collier en Pop Said... (1988), Stephen Street en Crawdaddy (1990) y Erotica (1992)-, resulta significativo que este nuevo álbum no necesite un nombre ajeno que certifique su actualidad. La propia banda controla el resultado. No sabemos hasta qué punto esta decisión fue deliberada como respuesta a sus experiencias anteriores, pero nos resulta difícil no verlo así: después de haber aprendido a base de golpes cómo funciona una discográfica, ahora pueden decidir ellos mismos qué quieren que sea THE DARLING BUDS.
También resulta significativo que el núcleo compositivo siga estando en Andrea Lewis y Harley Farr, la pareja que había construido buena parte de la identidad de la banda desde sus primeros años. No estamos, por tanto, ante músicos veteranos intentando fabricar canciones que imiten las de su juventud, sino ante una forma de escribir que ha sobrevivido al paréntesis y que ahora se encuentra con una formación que conoce perfectamente el lenguaje del grupo. Esa continuidad explica que canciones como Hey Saint Jude, Intruder, Oh No You Don't o Lost Time entren con tanta facilidad, mientras que temas como Giddy in a Good Way o Leaving the Scene demuestran que no todo depende de la velocidad y las guitarras.
Hay además algo que agradecemos especialmente: el disco no parece estar pidiendo disculpas por ser un disco de guitarras. No intenta modernizarse mediante adornos innecesarios ni necesita esconder sus influencias. Las canciones funcionan porque están bien escritas con estribillos precisos y Andrea Lewis continúa teniendo una voz perfectamente reconocible. La experiencia se nota, pero no como una capa de solemnidad. Se nota en la seguridad.
La recepción crítica ha sido buena, aunque aquí aparece una pregunta interesante. Ha conseguido una media de 78 sobre 100 a partir de las reseñas publicadas por medios como AllMusic, Record Collector y God Is in the TV 80/100 y Uncut 70/100. Resulta respetable para un disco que, por su propia naturaleza, tiene todas las papeletas para ser juzgado con un cierto descuento por nostalgia. AllMusic, de hecho, ha sido especialmente entusiasta con el resultado y ha señalado que la banda conserva intactas tanto la energía como la capacidad melódica. Pero no sabemos hasta qué punto estas reseñas están valorando SAME SUN / SAME SKY como un disco de 2026 o como el nuevo álbum de THE DARLING BUDS. Probablemente hacen las dos cosas a la vez.
Y esa es una diferencia importante. Si lo escuchamos únicamente como el cuarto disco de una banda que tuvo tres álbumes entre 1988 y 1992, la comparación histórica resulta inevitable. Si lo escuchamos como un disco de indie rock publicado en 2026, la perspectiva cambia bastante.
Ya no tenemos que preguntarnos si supera a Pop Said... o si reproduce el encanto de Crawdaddy. Solo tenemos que preguntarnos si las canciones funcionan.
Para nosotros, funcionan.
Y funcionan lo suficiente como para que la historia del regreso pase a un segundo plano después de unas cuantas escuchas. Hay canciones efectivas, melodías que permanecen y una colección sorprendentemente compacta en la que cuesta encontrar relleno.
SAME SUN / SAME SKY no necesita que sepamos que han pasado treinta y cuatro años desde Erotica para funcionar, aunque conocer esa historia haga que algunas cosas tengan un significado especial.
Quizás ahí esté su mayor mérito. THE DARLING BUDS no han vuelto para recrear el indie de los noventa. Han vuelto y se han encontrado con que el indie que ellos ayudaron a construir todavía existe. Lo escuchamos hoy en muchas bandas que probablemente ni siquiera necesitan reconocer todas esas influencias para utilizarlas, del mismo modo que nosotros podemos escuchar ahora SAME SUN / SAME SKY sin convertirlo en una pieza nostálgica.
Y eso hace que el disco resulte mucho más interesante que un simple regreso. Mientras algunas de aquellas bandas clásicas quedaron atrapadas en su momento, THE DARLING BUDS han podido continuar desde donde se quedaron. No han necesitado abandonar sus guitarras, sus melodías ni su forma de entender una canción pop para sonar contemporáneos. Quizás simplemente necesitaban que les dejaran hacerlo a su manera.
Y ahora que por fin han podido, el resultado es un disco notable, muy recomendable incluso para quienes no tengan ninguna relación sentimental con los THE DARLING BUDS de 1989. Nuestra valoración para SAME SUN / SAME SKY es de 85 sobre 100.
MEJORES MOMENTOS: Hey Sant Jude, Intruder, Lost Time, Oh No You Don't, Giddy in a Good Way, Leaving the Scene...
MEDIA CRÍTICA: 78/100
NUESTRA VALORACIÓN: 85/100

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