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lunes, 9 de noviembre de 2026

CLARA MANN: LA SENCILLEZ DE LA VULNERABILIDAD.

 


Confirmar las expectativas tras un debut sobresaliente como Rift (2025), suele ser uno de los retos más complejos para cualquier compositora, pero CLARA MANN sale airosa del envite con WISHBONE. Si en su primer trabajo el foco estaba puesto en cicatrizar una ruptura desde la introspección, aquí el giro narrativo es radical: Mann decide bajar la guardia, exponerse sin filtros y abrir la puerta al vértigo de enamorarse y entregarse por completo a otra persona. Es un disco articulado en torno a la confianza, un concepto que la artista explora con una madurez poco habitual. 

Para dar forma a este relato emocional, Mann tira de un bagaje cultural amplio y sofisticado que la desmarca de la escena folk convencional. La sombra de su herencia francesa sigue marcando su sensibilidad artística, pero esta vez se manifiesta a través del cine visceral de Leos Carax -citando Los amantes del Pont-Neuf (1993) como espejo estético- y del arte performativo. En concreto, la artista toma como brújula conceptual Rest Energy (1980), la célebre acción en la que Marina Abramović y Ulay sostenían un arco tensado únicamente con el equilibrio de sus propios cuerpos. Esa imagen -que encarna la confianza absoluta, la vulnerabilidad extrema y el riesgo real de entregarse a otra persona- atraviesa todo el álbum y sustituye la contemplación solitaria por la urgencia de compartir el abismo con alguien más. 

En el plano musical, el salto hacia adelante es igual de evidente. Repitiendo alianza con el reputado productor Fabian Prynn y manteniendo el timón absoluto en la composición de todos los temas, Mann abandona el despojo casi minimalista de su estreno para abrazar una producción más amplia, cálida y detallista. Los arreglos de cuerda y piano ganan protagonismo con una sutileza exquisita, vistiendo las canciones sin restarles ni un ápice de esa cercanía física tan suya, esa sensación intacta de tenerla cantando a escasos centímetros en la misma habitación. Esa evolución queda patente a lo largo del repertorio. 

WISHBONE es un álbum de una belleza descomunal, pero también de una cohesión admirable. Sus canciones parecen formar parte de un mismo relato emocional, avanzar juntas hacia un destino compartido, aunque cada una conserva una personalidad propia y la capacidad de funcionar por separado. Desde el rasgueo sutil de guitarra que abre Fortuna, con una voz que te atrapa desde el primer instante y te invita a emprender un viaje cuyo destino desconoces, hasta el elegante piano que introduce Wishbone, Mann demuestra una extraordinaria capacidad para crear expectación y dejar que las emociones crezcan sin recurrir a giros bruscos. En Go Getter, esa delicadeza inicial se expande progresivamente, con el piano adquiriendo un protagonismo especial, mientras que I'm EveryOne Who's Ever Said I Love You avanza con la misma naturalidad hasta desembocar en una sensación de profunda serenidad. 





Pero quizás sea en Oblivion donde mejor se manifiesta la voluntad de exponerse de la artista. Su interpretación íntima y casi susurrada, acompañada por la guitarra, consigue que la voz parezca estar sonando en la misma habitación, tan cerca que casi puedes respirar cada palabra. Es una proximidad que trasciende la escucha y te hace sentir partícipe de esa confesión. En News From Home, por su parte, un rasgueo de guitarra anuncia un desarrollo instrumental cada vez más rico, aunque Mann mantiene hasta el final una intensidad contenida que nunca necesita desbordarse. Y All My Devotion, una de nuestras favoritas, lleva hasta otro nivel esa sensibilidad melódica y armónica que remite inevitablemente a Joni Mitchell: la interpretación vocal es sublime y la aparición progresiva de los arreglos convierte el tema en uno de los momentos más extraordinarios del álbum.

Cuando aparece una voz femenina en el folk, la comparación automática con Joni Mitchell suele ser un recurso tan habitual como cansino. Sin embargo, en WISHBONE el paralelismo va mucho más allá de una simple inflexión vocal; se percibe en la arquitectura de las melodías, en la libertad armónica y en una manera muy particular de entender los arreglos musicales como extensión del estado de ánimo. 

No sorprende que la prensa especializada haya recibido el álbum con aún más entusiasmo que su predecesor, elevando su media hasta un rotundo 87 sobre 100, con sobresalientes de PopMatters y Louder Than War (90/100) y un notable alto de Clash (80/100). 

Nosotros ya rompimos nuestra propia regla al otorgarle la máxima calificación a su debut, y con WISHBONE no queda más remedio que mantener el 100 sobre 100. CLARA MANN no solo demuestra que no era flor de un día, sino que firma un disco luminoso, valiente y profundamente humano. Su grandeza, sin embargo, va más allá de la belleza de sus composiciones o de la delicadeza de sus arreglos. Hay algo en estas canciones que termina calando mucho más hondo: la sensación de que amar, confiar y entregarse quizás no debería ser tan complicado. Que a veces basta con bajar la guardia, dejarse llevar y aceptar la vulnerabilidad que implica querer a alguien. WISHBONE nos deja con la respiración contenida, con ganas de volver a empezar el viaje y, sobre todo, con una certeza reconfortante: que, a pesar de todo, las cosas podrían ser mucho más sencillas.



MEJORES MOMENTOS: All My Devotion, Fortuna, Wishbone, Go Getter, I'm EveryOne Who's Ever Said I Love You, Oblivion...

MEDIA CRÍTICA: 87/100

NUESTRA VALORACIÓN: 100/100

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