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miércoles, 4 de marzo de 2026

BUCK MEEK: FRESCURA Y LIBERTAD.


Lo bueno de una banda como Big Thief es que tanto Adrianne Lenker como BUCK MEEK han sabido llevar una carrera en solitario paralela igual de interesante. El pasado fin de semana se publicó el cuarto álbum de estudio de BUCK MEEK titulado THE MIRROR. Para quien no lo conozca Meek es un músico, cantante y compositor texano además del guitarrista y la voz de apoyo de la prolífica banda Big Thief. Meek estudió en el Berklee College of Music en Boston, donde comenzó a desarrollar su enfoque musical antes de mudarse a Nueva York, donde tocó como músico callejero para subsistir y más tarde formaría Big Thief.

En su carrera como solista, BUCK MEEK ha explorado una mezcla de folk, country y rock alternativo con una sensibilidad muy personal y narrativa. A diferencia de Adrianne Lenker, cuyo trabajo en solitario apenas se distancia del universo sonoro que construye junto a Big Thief -manteniendo la misma intensidad emocional, la desnudez acústica y ese lirismo casi confesional-, BUCK MEEK sí parece aprovechar su carrera individual como un territorio de expansión. Y lo más llamativo es que en este álbum también participan Lenker y James Krivchenia, incluso como coautores, y aun así el resultado no suena a la banda. Eso demuestra que no es solo cuestión de quién toca o quién firma, sino de para qué proyecto se está componiendo. Fuera de las reglas y la identidad tan marcada de Big Thief, Meek puede permitirse ser más ligero, más juguetón y más abierto. Esa libertad es lo que explica la frescura que transmite el disco.



En THE MIRRORBUCK MEEK se mueve con naturalidad entre el indie rock más luminoso, el country alternativo y un folk de raíz claramente norteamericana, todo atravesado por una sensibilidad clásica de cantautor. Las guitarras suenan claras y cálidas, y cada canción encuentra su propio pulso: unas más calmadas, otras con un ritmo más juguetón o energético. Meek construye canciones que miran hacia dentro: explora su pasado, reflexiona sobre sus relaciones y muestra emociones complejas, agridulces, donde la melancolía y la ternura conviven sin dramatismo. La producción de James Krivchenia refuerza la sensación de libertad y apertura, evitando la tensión habitual de Big Thief y dejando que cada tema desarrolle su propio carácter y sensibilidad. 

THE MIRROR obtiene un 79 sobre 100 de media crítica y se convierte en el álbum mejor valorado de la discografía en solitario de BUCK MEEK y se distribuye de la siguiente manera: DIY 90/100; Still Listening 81/100; AllMusic, Uncut, Mojo, Record Collector y Hot Press 80/100; Beats Per Minute 79/100; Paste 75/100 y Far Out Magazine 70/100. Intuimos que todas estas buenas valoraciones están premiando la misma honestidad que siempre ha caracterizado su trabajo, pero ahora desplegada con una frescura y libertad que lo hacen más inmediato y accesible.  

Nuestra nota para THE MIRROR es de un 86 sobre 100. Porque debajo de esta colección de canciones aparentemente sencillas que desgranan experiencias y emociones, -no siempre complacientes- de un cantautor hijo de su propio tiempo, el álbum vale mucho más por lo que podemos leer entre líneas que por lo que cuenta en realidad. Nosotros percibimos THE MIRROR como un punto de inflexión en la carrera de BUCK MEEK en solitario. Un disco que abre puertas a nuevas etapas y perspectivas que seguramente explorará más adelante, y esperamos poder hablar con detalle de todos esos cambios que pensamos que se avecinan, cuando reseñemos su próximo disco.



MEJORES MOMENTOS: Gasoline, Can I Mend It, Rings Of Fire, Pretty Flowers, Demon, God Know Why...

MEDIA CRÍTICA: 79/100

NUESTRA VALORACIÓN: 86/100

lunes, 2 de marzo de 2026

IRON & WINE: ENCADENANDO OBRAS MAESTRAS.

 



Venimos de Light Verse (2024), el que consideramos que fue el mejor álbum de su año de publicación. Nuestras expectativas con HEN'S TEETH no eran especialmente altas: encadenar dos obras maestras no es habitual en un artista tan prolífico como Sam Beam, alguien que no suele faltar a su cita con el público cada dos años. Pensábamos que nos encontraríamos con otro buen disco, sin más. Porque en la discografía de Beam no hay ningún álbum malo, ni siquiera fallido. Incluso esperábamos que siguiera la estela del anterior y nos habríamos conformado con un “más de lo mismo” con su buen nivel de siempre. 

Pero lo que llega es un disco diferente, más luminoso y abierto a nuevos matices sonoros. La colaboración con I'm With Her en dos de los cortes resulta crucial: las armonías aportan profundidad y funcionan como un contrapunto que equilibra la voz de Beam. Además, la presencia de voces femeninas en los coros de algunas otras canciones amplía la paleta tímbrica y refuerza esa impresión de expansión. No es que Beam esté rompiendo con su identidad ni reinventándose de manera radical, pero tampoco se estanca: en él, cada pequeño desplazamiento siempre se percibe como un avance natural. 

Lo hemos dicho cada vez que hemos reseñado un trabajo suyo. Sam Beam será reconocido con el tiempo como uno de los nombres fundamentales del indie folk del siglo XXI. Sin embargo, la crítica continúa mirándolo de reojo. Aunque discos como Our Endless Numbered Days (2004), The Shepherd’s Dog (2007), Kiss Each Other Clean (2011) o Beast Epic (2017) han recibido puntuaciones perfectas (100/100) por parte de algunos medios, sus medias globales rara vez han reflejado esa unanimidad entusiasta. Solo The Shepherd’s Dog (2007) alcanzó una media de 85/100; le siguen Our Endless Numbered Days (2004) con 81/100 y Light Verse (2024) con 80/100. 

A diferencia de Light VerseHEN'S TEETH sí ha conseguido un 100/100 por parte de Spill Magazine. Sin embargo, su media provisional se sitúa en 78 sobre 100, fruto de una mayor diversidad de valoraciones; notas de 80/100 en MusicOMH, AllMusic, Sputnikmusic, Uncut, Mojo, God Is In The TV, Record Collector y XS Noize; 75/100 en Paste y Hot Press; 60/100 en The Arts Desk; y 50/100 en Under The Radar. Una recepción que, lejos de restarle mérito, vuelve a situarlo en ese territorio habitual: el del artista admirado, pero no siempre celebrado con la contundencia que merece. 




En cuanto a las narrativas HEN'S TEETH ha sido descrito desde varias fuentes como el “lado oscuro” de Light Verse, con una narrativa emocional más profunda y menos ligera. En lugar de esconder temas sombríos bajo arreglos brillantes, aquí la música y las letras parecen moverse juntas en una exploración más sincera de lo que significa entregarse, perderse o renovarse en una relación. Por nuestra parte, tenemos que decir que más que el reverso oscuro de Light Verse, Hen’s Teeth parece su expansión emocional: no un descenso a la sombra, sino una apertura más franca y coral.

HEN'S TEETH no es un álbum más vulnerable que Light Verse. Al contrario: suena con más cuerpo, con más presencia, incluso con más determinación. Beam sigue siendo un maestro de la intimidad, pero aquí la ejerce desde una posición de fuerza. No necesita susurrar para resultar cercano. Lo admirable es que, pudiendo repetir la fórmula -esa que ya sabemos que funciona y que le seguiríamos comprando sin dudarlo-, decide no hacerlo exactamente igual. Ajusta pequeños elementos, desplaza matices, amplía el marco sonoro. No reinventa su lenguaje, pero lo estira lo justo para que respire distinto. Y ahí está su inteligencia: en saber evolucionar sin traicionarse. 

Hay artistas que buscan reinventarse constantemente para demostrar que siguen siendo relevantes. Y luego está Sam Beam. Su autoridad no nace del ruido ni de la necesidad de epatar, sino de una seguridad creativa que solo tienen los que ya han construido una obra incontestable. HEN'S TEETH no es un golpe sobre la mesa, ni un gesto desesperado por sorprender; es algo mucho más difícil: la confirmación de un talento que evoluciona con naturalidad, que sabe cuándo expandirse y cuándo contenerse, que entiende que la verdadera grandeza está en los matices. Por eso nuestra puntuación no responde al entusiasmo del momento, sino a la evidencia. Estamos ante otro disco redondo. Un 100 sobre 100 que no premia la novedad, sino la maestría serena de un artista que ya no tiene nada que demostrar y, aun así, sigue haciéndolo.



MEJORES MOMENTOS: Robin's Egg, Roses, In Your Ocean, Wait Up, Dates And Dead People, Defiance Ohío...

MEDIA CRÍTICA: 78/100

NUESTRA VALORACIÓN: 100/100

viernes, 27 de febrero de 2026

LA CONSOLIDACIÓN DE MUMFORD & SONS

 


MUMFORD & SONS presentaban la semana pasada PRIZEFIGHTER, un álbum que, en cierta medida, los reconcilia con la crítica. Todavía hoy su disco mejor valorado sigue siendo Sigh No More (2009), con un 72/100 según Album of the Year que es nuestro agregador de referencia -hay que ir olvidando a Metacritic-. PRIZEFIGHTER ha conseguido su segunda mejor media: un 69/100, con picos de 80/100 por parte de medios como Clash, Mojo o The Independent. También ha recibido notas más que aceptables, como los 70/100 de Rolling Stone, Beats Per Minute, AllMusic o Hot Press. No ha estado exento, eso sí, de valoraciones más bajas por parte de The Irish Times y Record Collector (60/100), Pitchfork (59/100) o Spectrum Culture (50/100). Pero creemos que estas cifras, además de ser más positivas de lo habitual, entran dentro de la normalidad. Porque, en otros tiempos, pocas bandas polarizaron tanto a la crítica como MUMFORD & SONS

Nosotros vivimos la irrupción de MUMFORD & SONS en el panorama musical con Sigh No More (2009). De hecho, la primera aparición de la banda en un blog en español fue en Exquisiteces. Es algo que nos hemos molestado en comprobar: nadie en España había hablado de ellos antes de que lo hiciéramos nosotros. Todo surgió gracias al olfato de Midas, que escuchó Sigh No More (2009) y encontró un disco de folk auténtico (aunque fuera londinense), emocionalmente directo y comercial sin parecer prefabricado. Vio en ellos una banda con muchísimo potencial y no pudo dejar de reseñarlos con la idea de darlos a conocer en España.

En aquel momento se estaba gestando una corriente folk interesante en el indie americano con nombres como Fleet Foxes o Bon Iver. Pero nadie imaginó que serían estos chicos británicos quienes pondrían el folk de moda y lo trasladarían a los estadios. Esa fue una de sus grandes aportaciones: convertir un género tradicional en fenómeno mainstream. Algo que cristalizaría con Babel (2012), su Grammy al Álbum del Año y la conquista definitiva del mercado estadounidense -hacia el que, desde entonces, ha estado claramente orientada su música-. Sin embargo, la crítica no trató bien a Babel (2012). A pesar de los premios, el reconocimiento y las ventas millonarias, el disco obtuvo una media de 58/100 y una docena de medios lo puntuaron con 40/100 o menos. Esa es la polarización de la que hablamos. Siempre creímos que la crítica los castigó por convertirse en símbolo de una tendencia, por explotar con éxito una fórmula reconocible y por representar un sonido que terminó saturando el mercado. 

Nosotros nunca puntuamos bajo a Babel (2012). Conocíamos sus limitaciones, pero no nos importaban. Estábamos disfrutando de una escena folk que crecía con la irrupción -o la visibilidad renovada- de bandas como The Lumineers o The Head and the Heart. Pero la gran pregunta era inevitable: ¿podrían construir una carrera sólida con más discos como Sigh No More o Babel? En el fondo, Babel era una versión ampliada, más ambiciosa y con mayor presupuesto del universo creado en su debut. Estaba claro que no podían repetir la fórmula indefinidamente. 

La prueba llegó con Wilder Mind (2015). Es el único disco de su carrera que ha recibido un 100/100 por parte de un par de medios (The Telegraph y The Young Folks), aunque su media crítica (61/100) apenas mejoró la de trabajos anteriores. Más de quince publicaciones lo puntuaron con 50/100 o menos. En Wilder Mind abandonaron el banjo, se electrificaron y viraron hacia el rock alternativo. Debemos confesar que, aunque esperábamos el giro -la saturación del folk hacía inviable continuar por el mismo camino-, en su momento nos decepcionó. Con el tiempo nos hemos reconciliado con el disco: entendemos la necesidad del movimiento y hoy nos parece mucho mejor de lo que se dijo entonces. Más que una renuncia a su identidad, fue un gesto valiente y coherente. No redefinió su carrera, pero tampoco fue un fracaso. 

El verdadero problema llegó después. Delta (2018) (59/100) fue un álbum con el que fuimos indulgentes en su momento, pero que hoy consideramos el más irrelevante de su discografía. Funcionó comercialmente y consolidó la marca, sí, pero diluyó casi por completo la identidad original. 

El año pasado regresaron con Rushmere (2025) (64/100). Entre Delta y Rushmere, Marcus Mumford publicó su proyecto en solitario, con relativo éxito en reproducciones y atención mediática, aunque escaso entusiasmo crítico. Rushmere se presentó bajo la narrativa de “vuelta a los orígenes”; incluso el título aludía al estanque de Wimbledon Common donde la banda tuvo sus primeros encuentros y eso hizo que funcionara mejor en el Reino Unido que en U.S.A. Sin embargo, no creemos que fuera ese regreso al folk primigenio que muchos esperaban. Y probablemente tampoco quieran hacerlo. No lo necesitan: siguen llenando estadios y colgando el cartel de sold out con teloneros de lujo. 



La buena noticia es que PRIZEFIGHTER los devuelve a la conversación con más solidez que nunca. Las colaboraciones con Hozier, Chris Stapleton, Gigi Perez y Gracie Abrams consolidan su estatus de banda veterana que ha sabido mantenerse relevante. Ya no renuncian a la comercialidad, pero tampoco fuerzan la épica. Han encontrado un equilibrio entre canción sólida, producción medida y colaboraciones bien integradas. Y lo más importante: ya no generan rechazo visceral. Han salido del ciclo de polarización.

Un disco como PRIZEFIGHTER no puede jugar la carta de la frescura. Solo puede jugar la de la solidez. Y la crítica generalista suele puntuar la solidez entre un 65 y un 75. Lo que ha cambiado no es solo la música, sino el contexto: en 2010 eran el sonido del momento; en 2026 son una banda veterana y solvente. Y eso, en términos críticos, es una diferencia enorme. 

Muchas bandas de aquella ola desaparecieron o se volvieron irrelevantes. Ellos no. Siguen llenando estadios, siguen generando conversación y siguen formando parte del circuito cultural global. La puntuación de PRIZEFIGHTER no es una penalización por el pasado. Es una nota realista dentro del contexto actual. No es un disco revolucionario. No es un disco fallido. Es un disco competente y bien construido. Nuestra nota es un 85 sobre 100. Porque creemos que aquí hay algo más que estabilidad: probablemente estemos ante sus mejores canciones en años. Puede que MUMFORD & SONS no sean una banda cool, ni de culto, ni los favoritos de la crítica. Pero son una banda global, sostenible y respetada -aunque no venerada- más de quince años después. Y eso es extraordinariamente difícil.




MEJORES MOMENTOS: Rubber Band Man, The Banjo Song, Prizefighter, Badlands, Icarus, Here...

MEDIA CRÍTICA: 69/100

NUESTRA VALORACIÓN: 85/100

miércoles, 25 de febrero de 2026

ISKANDER MOON: RECORDAD ESE NOMBRE.

 


ISKANDER MOON es el nombre artístico de Iskander Moens, cantante, compositor, productor y multiinstrumentista belga que, tras la publicación de un primer EP, presenta ahora su álbum de debut, SALT MOON CITY. Formado en piano clásico y con un máster en producción musical por el Conservatorio de Gante, Moens ha desarrollado una sólida trayectoria como productor, músico de sesión y compositor antes de dar forma a este proyecto personal. 

Su crecimiento artístico se ha forjado lejos de la prisa, sumergiéndose en distintas escenas internacionales y viviendo en ciudades como Nueva York, Berlín, Boston o Florencia, donde actuó en cafés de cantautores mientras refinaba su identidad sonora. Su voz -un tenor cálido y contenido- se mueve entre el folk-pop y el indie alternativo, con el piano como eje emocional y arreglos sobrios que priorizan la atmósfera sobre el artificio.

Ya conocéis nuestra vocación de dar a conocer álbumes que realmente importan. Discos que aparecen al margen de las modas y fuera del radar de los algoritmos o del interés mediático inmediato. Puede que SALT MOON CITY sea uno de ellos. Editado el pasado fin de semana y presentado con vocación internacional, de momento solo ha sido reseñado en Bélgica, el país de su autor. Exquisiteces vuelve a ser el primer blog español en hablar de este trabajo. El tiempo dirá hasta dónde llega, pero nuestra apuesta es clara.




Sonoramente, ISKANDER MOON se mueve en un territorio reconocible para quienes siguen el folk alternativo contemporáneo, pero lo hace desde su propia voz. Su producción demuestra un cuidado extremo por la atmósfera y el espacio sonoro: no es minimalista aunque se perciban ecos de Bon Iver y S. Carey tanto en la textura vocal como en la construcción de capas que generan profundidad y sensibilidad. Por momentos, el álbum puede recordar a Hayden Thorpe, no por la voz sino por la manera de crear espacios musicales que generan tensión y emoción; cualquiera que haya escuchado Diviner (2019) reconocerá ciertas sensibilidades compartidas. Y es en esa atmósfera donde emerge también la conexión con Ben Howard, con ese equilibrio entre contención y emoción que otorga gravedad y calidez a cada canción. Juntas, estas referencias no definen a ISKANDER MOON, sino que señalan los paisajes por los que transita mientras construye una identidad sonora propia, sutil y reconocible.

Tras una breve introducción, el álbum se abre con Lonely Day Will Come, una carta de presentación tan desconcertante como reveladora. En poco más de cuatro minutos, Moens deja claras varias intenciones. La producción arranca con un piano desnudo y suenan unos clip-clops que remiten a ciertas programaciones freestyle de finales de los ochenta y primeros noventa. Un recurso anacrónico que sorprende -y que reconocerán algunos oídos atentos- pero que no responde a la nostalgia ni al azar. Es una decisión estética puntual, estratégica, que no volverá a repetirse en el resto del disco. 

Más que un guiño retro, parece un gesto consciente: una forma de generar contraste con la melodía vocal y, quizá, de marcar distancia respecto a comparaciones fáciles. ISKANDER MOON no pretende ser “el nuevo Justin Vernon”. Si dialoga con esa tradición, lo hace desde la personalidad, no desde la imitación. 

En GhostISKANDER MOON introduce un tratamiento de voz que lejos de ser meramente melódico, actúa como una textura sonora más, con leves modulaciones y fracturas en la línea vocal que recuerdan a técnicas exploradas por artistas contemporáneos que usan la voz como instrumento expresivo. Este efecto glitch, casi robótico en ciertos instantes, no distrae, sino que enriquece la atmósfera del tema, aportando una capa más a la narrativa sonora del álbum. Algo que nos remite al Bon Iver de 22, A Million (2016) o al Ben Howard de Is It? (2023).

También sabe manejarse muy bien en la balada intimista Silently Hurting Me se convierte en uno de los puntos álgidos de este álbum. Y es que SALT MOON CITY sorprende por su equilibrio entre riesgo y contención, por su capacidad de construir arcos narrativos y emocionales dentro de la producción, y por los detalles sonoros que marcan identidad propia. No se trata solo de melodías, sino de atmósfera, textura y viaje emocional -y casi geográfico por Estados Unidos-. Cuando llega el momento de Buried In Beverly Hills, el disco alcanza un momento de explosión luminosa y grandilocuente. Arreglos más amplios, capas instrumentales y coros puntuales crean un clímax que expande la escucha y confirma su ambición sonora. 

Curiosamente, el disco cierra con Minnesota Wildflower, un tema más contenido que reduce la intensidad del clímax anterior. Pero su riqueza está en la producción y los detalles: capas sutiles, texturas que se desarrollan lentamente y coros finales que expanden el tema sin estallido evidente. Es un cierre elegante, que deja respirar al oyente y refuerza la sensación de que el disco está pensado como un viaje narrativo más que como una serie de hits consecutivos.

En cuanto a las narrativas ISKANDER MOON representa a un tipo de cantautor actual cuyo enfoque no está centrado en el género, ni en la relación romántica tradicional. Algo que le da a sus canciones un alcance más universal. Sus letras pueden hablar de emociones, lugares, experiencias o estados internos que cualquier persona sin importar su identidad o género puede reconocer y sentir. Esto genera una conexión más amplia con el público y permite que cada oyente proyecte su propia historia en la música.

Tal y como dijimos anteriormente, SALT MOON CITY es un álbum que se liberó el pasado fin de semana y ningún medio internacional le ha escrito una reseña o le ha dado una valoración. De hecho, en el agregador de críticas Album Of The Year ni siquiera han recogido este lanzamiento todavía. Así que tendréis que fiaros de nuestro criterio una vez más y la realidad es que es un álbum debut bastante sólido que no merece menos de un 90 sobre 100. Solo esperamos haber aportado nuestro granito de arena al reseñarlo. Porque es un álbum que merece reseñas, escuchas, estar en las conversaciones y terminar en las listas anuales de los mejores álbumes.  




MEJORES MOMENTOS: Ghost, Avé, Lonely Days Will Come, Buried In Beverly Hills, Tear You Up, Minesotta Flower, New York City 22, Silently Hurting Me...

MEDIA CRÍTICA:----

NUESTRA VALORACIÓN: 90/100

lunes, 23 de febrero de 2026

PONY: MUCHO MÁS QUE UN GUILTY PLEASURE.

 


PONY fue inicialmente un proyecto musical. Pero hoy ya se puede decir que es una banda. Está formada principalmente por la cantante y compositora canadiense Sam Bielanski y el guitarrista Matty Morand. CLEARLY CURSED es su tercer álbum de estudio tras un segundo álbum tan aclamado como lo fue Velveteen (2023) que alcanzó una media crítica de 87/100. Suele pasar que cuando se viene de un álbum tan valorado, el siguiente no supera las expectativas de los críticos y la recepción suele ser un tanto tibia. CLEARLY CURSED ha conseguido una media de 71 sobre 100 basada en las reseñas de Nothern Transmissions (77/100); Pitchfork (78/100) y Paste (67/100).

La realidad es que CLEARLY CURSED no es un mal álbum y Velveteen (2023) tampoco era tan sumamente bueno como se dijo. Realmente CLEARLY CURSED se podría definir como una continuación de las líneas que se abrieron en su álbum anterior. El álbum mezcla fuzz y pop, con un sonido que puede sonar “bubblegum” pero con capas de grunge pop e indie rock. Hemos leído en algún lugar que lo han definido como "bubblegrunge" y esa etiqueta algo más lúdica podría encajar perfectamente. Porque a primera vista se trata de un indie pop divertido y sin mayor trascendencia. De ese que suena muy fácil al oído. Pero que todos sabemos que no es tan fácil de conseguir. De hecho, es bastante difícil; digamos que ellos hacen fácil lo difícil. 



PONY recuerda a otras bandas como Pale Waves, definidas por un pop alternativo muy hook-driven, estética emocional directa, influencias de los 2000 muy visibles y producción brillante aunque con base guitarrera. El vínculo estaría en el tono sentimental y la energía pop clara. También recuerdan a Beach Bunny, que se caracteriza por ofrecer un power pop melódico, letras confesionales pero enérgicas, guitarras brillantes, ritmo ágil y estribillos inmediatos. CLEARLY CURSED suena a que todas sus canciones podrían ser singles, y ahí está el punto de contacto con Beach Bunny

De manera más distante, también recuerda a Soccer Mommy, con la que comparte confesionalidad, melodías claras y una herencia noventera y de los 2000 filtrada por sensibilidad actual. La clave generacional de todos estos parecidos está en Let Go (2002) de Avril Lavigne, que estableció un molde luego reinterpretado por muchas artistas: pop ultra melódico, guitarras accesibles, actitud juvenil ligeramente desafiante, letras confesionales pero pegadizas y canciones diseñadas para ser coreadas. Muchas bandas indie actuales crecieron con ese disco en el imaginario; lo que hacen no es copiarlo directamente, sino absorber esa fórmula y recontextualizarla en el indie. 

Canciones cortas, coros muy marcados, energía juvenil: no es que suenen como Avril, sino que pertenecen a una generación que ya no ve el pop‑punk de los 2000 como algo comercialmente culpable, sino como material legítimo para el indie. Valoramos mucho cuando una banda asimila todos esos referentes culturales y los transforma en algo propio. Es cierto que estos discos acaban percibiéndose como pequeños guilty pleasures y a veces no se valoran lo suficiente. Cualquiera que haga una escucha atenta a CLEARLY CURSED sabrá apreciarlo. Por nuestra parte, creemos que no merece menos de un 85 sobre 100.



MEJORES MOMENTOS: Superglue, Freezer, Every Little Crumb, Swallowing Stars, Middle Of The Summer...

MEDIA CRÍTICA: 71/100

NUESTRA VALORACIÓN: 85/100

viernes, 20 de febrero de 2026

HEMLOCKE SPRINGS: SUPERANDO EL HYPE.

 


Detrás de HEMLOCKE SPRINGS encontramos a Isimeme “Naomi” Udu. una cantante, compositora y productora estadounidense (Raleigh, Carolina del Norte) cuya música mezcla pop alternativo, synth-pop y bedroom pop con un estilo muy personal y excéntrico. Se dió a conocer con sus primeros sencillos autoproducidos como Gimme All Ur Luv y Girlfriend, que consiguieron millones de reproducciones sobre todo tras viralizarse en TikTok. Publicó su primer EP, Going…Going…Gone! (2023), que consolidó su sonido inspirado en los ochenta y su popularidad creció teloneando a bandas y artistas como MUNA, Ashnikko, Doja Cat y Conan Gray en diversas giras y conciertos. Ahora estamos hablando de su esperado álbum debut THE APPLE TREE UNDER THE SEA, un proyecto más ambicioso que mezcla sus raíces personales con una narrativa sonora propia.  

Porque construye una narrativa que oscila entre lo fantástico y lo íntimo, utilizando imágenes casi de cuento -el mar, la manzana, lo sumergido- como metáforas de identidad, deseo y autoexploración. A lo largo del disco, HEMLOCKE SPRINGS parece habitar un espacio liminal donde la inocencia y la ansiedad conviven: las canciones combinan teatralidad y vulnerabilidad, con personajes que no siempre son máscaras completas, sino versiones amplificadas de la propia voz interior. La sensación general es la de un viaje hacia lo profundo -emocional y simbólicamente- donde el caos aparente responde a una lógica interna muy definida, y cada giro melódico o exageración vocal funciona como parte de un universo coherente que examina la ambición, la inseguridad y el anhelo de pertenencia desde una sensibilidad pop excéntrica pero sorprendentemente estructurada.

Aunque HEMLOCKE SPRINGS cita como referentes a Prince, Depeche Mode y Grimes, además de declarar su pasión por los universos ochenteros. También encarna una forma de pop excéntrico que parece moverse entre dos genealogías claras: por un lado, la teatralidad autoconsciente y el dramatismo psicológico asociados a Marina and the Diamonds; por otro, la espontaneidad expresiva, el colorido desprejuiciado y la energía vocal casi desbordada que definieron a Cyndi Lauper. Sin declararse necesariamente heredera directa de ninguna de las dos, su música sugiere una convergencia intuitiva: melodías brillantes, interpretaciones vocales exageradas y una sensibilidad pop que abraza lo extraño sin solemnidad. Lo fascinante es que esa aparente excentricidad no resulta arbitraria; más bien da la impresión de ser caótica dentro de su propio orden, como si cada quiebre vocal, cada giro melódico y cada gesto estético respondieran a una lógica interna coherente, construyendo un universo reconocible que dialoga con esas referencias sin diluirse en ellas.


La crítica le ha otorgado una media de 81 sobre 100 que se distribuye de la siguiente manera: The Skinny 100/100; Clash 90/100; The Guardian, NME, The Line Of Best Fit, DIY y The Needle Drop 80/100 y Paste 58/100. Entendemos estas valoraciones por su forma de condensar referencias pop de distintas épocas en un estilo propio juguetón, dramático, a veces absurdo. Su originalidad sonora llama la atención de quienes buscan algo que se salga del molde. El álbum tiene una coherencia visual y conceptual que para mucha crítica funciona como un universe building raro pero que atrapa. Su teatralidad y el carisma de la producción ayudan a que, incluso en canciones más simples, siempre haya algo que comentar o analizar. THE APPLE TREE UNDER THE SEA es un trabajo valiente, singular y con momentos auténticamente memorables. Es probable que el hype crítico esté alimentado tanto por su energía única como por el momento cultural en que emerge: una escena y una prensa especialmente receptivas a propuestas híbridas, excéntricas y sin complejos. Por nuestra parte, lo valoramos con un 90 sobre 100 porque nos parece uno de los álbumes más interesantes de lo que llevamos de año. Quizás, desde una escucha más curtida en genealogías pop -con Cyndi Lauper y la etapa de Marina cuando se hacía llamar Marina And The Diamonds muy presentes en la memoria- no resulte revolucionario; pero sí demuestra una inteligencia estética y una coherencia interna que lo sitúan por encima de la mera novedad.



MEJORES MOMENTOS: The begginning of the end, head shoulder knees and ankles, sever the blight, be the girl...

MEDIA CRÍTICA: 81/100

NUESTRA VALORACIÓN: 90/100

miércoles, 18 de febrero de 2026

ELLA MAI: SENSIBILIDAD Y SEGURIDAD.

 


ELLA MAI es una cantante británica de R&B que ha logrado consolidarse como una de las voces más influyentes del género en Estados Unidos. Su éxito no es casual: combinando una sensibilidad británica refinada con la estructura y producción del R&B estadounidense, ha creado un sonido accesible y emocionalmente directo que conecta con audiencias masivas. Su trabajo le ha valido importantes reconocimientos, incluyendo un Grammy por la canción Boo'd Up en la categoría de mejor canción de R&B y múltiples nominaciones en categorías clave, así como premios en listas de R&B y urban charts. Recientemente ha publicado su tercer álbum de estudio titulado DO YOU STILL LOVE ME? 

Desde su debut, ha sabido equilibrar la intimidad de sus letras con la fuerza del mercado estadounidense, convirtiéndose en un ejemplo de cómo una artista británica puede triunfar internacionalmente manteniendo su identidad mientras sigue las reglas del circuito musical norteamericano. Gran parte de culpa de que siga estas reglas la tiene su productor Mustard que se encarga de la producción de este nuevo trabajo. Mustard también colaboró en sus dos álbum anteriores pero su protagonismo se diluía un poco porque fueron discos multiproducidos. Hay quien describe DO YOU STILL LOVE ME? como una continuación de Heart On My Sleeve (2022) que hasta el momento es su álbum de mayor éxito. Es cierto, pero con matices. Al no ser un disco multiproducido se siente mucho más cercano y personal.  

Si echamos un vistazo a los créditos en el apartado de la composición de las canciones vamos a encontrar a la propia artista, su productor y una docena de nombres entre los que llaman la atención los de Beyoncé o Kelly Rowland. Y es que en DO YOU STILL LOVE ME?, Mai combina esa sensibilidad propia con la estructura del R&B noventero, evocando reminiscencias de Destiny’s Child, y en clave británica, de grupos como Eternal, especialmente en la riqueza de sus armonías y en la elegancia de sus coros.  



DO YOU STILL LOVE ME? es un disco que respira cohesión narrativa de principio a fin. Cada tema fluye hacia el siguiente como si formara parte de una conversación íntima sobre amor, duda y deseo, con un hilo emocional que nunca se rompe. Aunque la producción es segura y previsible, la fuerza del álbum radica en cómo construye un viaje afectivo continuo: no hay cortes que chirríen ni saltos abruptos, solo una progresión de sentimientos que permite al oyente sumergirse completamente. Es un disco pensado para escucharlo de principio a fin, para dejar que las emociones se instalen y evolucionen sin interrupciones, y en ese sentido demuestra que ELLA MAI domina el arte de la coherencia narrativa en el R&B contemporáneo. 

Lo que si hemos notado es que la atención mediática ha disminuido. Por ejemplo, segun Album Of The Year, Heart On My Sleeve (2022), su álbum anterior, tiene una media de 75/100 pero fue reseñado por siete medios, DO YOU STILL LOVE ME? supera esa media ahora mismo con un 77 sobre 100 pero solo ha sido reseñado por dos medios: Clash (80/100) y Pitchfork (73/100). Lo más llamativo es que su sello es Interescope records, que es un sello mainstream disfrazado de indie, y suele conseguir muchísima atención mediática para sus clientes. Véase el caso del último trabajo de Wet Leg con apariciones prácticamente en todos los medios y reseñas masivas incluso antes de que se publicara. Pronto hará un mes del lanzamiento de DO YOU STILL LOVE ME? y que solo haya recibido dos reseñas de medios importantes, es para darse cuenta de que algunos sellos discográficos priorizan unos trabajos de algunos artistas sobre los de otros. ¿Quizás la próxima vez que hablemos de ELLA MAI estará en otra discográfica? Haremos una llamada sobre este asunto cuando llegue ese momento.

En conjunto, DO YOU STILL LOVE ME? de ELLA MAI es un álbum que demuestra un muy buen gusto musical y cohesión. Sin embargo, esa misma seguridad lo hace predecible, y aunque la producción es impecable, rara vez sorprende o rompe expectativas. La limitada atención mediática también ha jugado en su contra: si artistas como Olivia Dean no estuvieran redefiniendo el R&B británico con cada lanzamiento, es probable que este disco hubiera generado más conversación y cobertura. Por todo ello, nuestra nota es de 82 sobre 100: un trabajo sólido, elegante y disfrutable, pero que sacrifica riesgo y frescura en favor de la coherencia y la seguridad. 



MEJORES MOMENTOS: Tell Her, Little Things, 100, There Goes My Heart, My Mind...

MEDIA CRÍTICA: 77/100

NUESTRA VALORACIÓN: 82/100

lunes, 16 de febrero de 2026

PRESENTANDO A GARRETT KATO

 


Cuando escuches a GARRETT KATO apreciarás que su sonido bebe mucho del folk norteamericano clásico y contemporáneo, con estructuras muy “americanas”, guitarras abiertas, producción orgánica y una forma de frasear muy influida por la tradición singer-songwriter estadounidense. Eso activa automáticamente ese imaginario sonoro “americano” que tenemos asociado a carreteras, paisajes abiertos y confesionalidad acústica. Pero la realidad es que Kato es un cantante, compositor, músico y productor musical canadiense-australiano de ascendencia japonesa. Nacido en Canadá, actualmente reside en Byron Bay, Australia, donde desarrolla la mayor parte de su carrera artística y producción musical. Es un artista independiente que se ha adaptado bien a las nuevas reglas del juego en la manera en que se produce y consume música en los últimos años, centrándose principalmente en el lanzamiento de Eps. Solo tenía un álbum publicado titulado Hemispheres (2020) en el que recopila material de algunos de esos Eps. Y este fin de semana ha publicado un nuevo álbum titulado WHENEVER I GO

En WHENEVER I GO Kato profundiza en un indie-folk contemporáneo que dialoga con el folk acústico clásico y el folk-pop moderno, manteniendo una producción refinada pero orgánica. El álbum se sostiene sobre guitarras acústicas cálidas, percusiones suaves y arreglos atmosféricos que expanden el sonido sin perder intimidad, con capas sutiles de teclados y texturas ambientales que aportan amplitud emocional. Su voz -grave, cercana, ligeramente rasgada y con un excelente uso del aire- funciona como eje narrativo, priorizando la claridad lírica sobre la grandilocuencia. La sonoridad equilibra lo minimalista y lo expansivo: versos contenidos que desembocan en estribillos abiertos y luminosos, generando una sensación de viaje, movimiento y reflexión constante que enlaza directamente con sus narrativas. Ya que las construye centradas en el viaje emocional y la pertenencia, donde el desplazamiento físico funciona como metáfora del crecimiento interior. Las canciones exploran el amor duradero, la distancia, la memoria y la idea de llevar a alguien -o a un lugar- consigo, incluso cuando todo cambia alrededor. Su escritura es íntima y confesional, pero evita el dramatismo excesivo: apuesta por imágenes cotidianas (carreteras, luces traseras, despedidas, horizontes abiertos) que refuerzan esa sensación de movimiento constante. El narrador suele situarse en un punto intermedio entre la nostalgia y la esperanza, mirando hacia atrás con afecto pero avanzando con determinación, lo que da al álbum un tono reflexivo, cálido y emocionalmente honesto.   


Como ocurre con muchos artistas independientes, la obra de GARRETT KATO no está reseñada en la prensa generalista, ni tiene ningún tipo de valoraciones numéricas y WHENEVER I GO no es la excepción. Pero para eso estamos nosotros, para escribir sobre todos esos discos que importan y que mucha gente no saben que existen porque no aparecen en esa prensa. Aunque si miráis las reproducciones de GARRETT KATO, sus primeros adelantos de este álbum I Will y Take Off superan ya el millón de reproducciones en Spotify. Lo que demuestra que su música tiene un público significativo y conectado.

Kato tiene algunas cosas en común con músicos como Joshua Radin como ese minimalismo emocional, el uso de guitarras acústicas limpias y arreglos contenidos. Una voz cercana y frágil (más susurrada que proyectada) y una producción que deja mucho espacio al silencio y la respiración -el uso del aire es fundamental-. GARRETT KATO, especialmente en WHENEVER I GO, comparte esa sensación de canción confesional casi “de habitación”, donde la emoción está en el detalle más que en el dramatismo. Y también se acerca al John Mayer más acústico y folk de Born and Raised (2012) o Paradise Valley (2013), la conexión está en el tono cálido, orgánico y nostálgico.

Además, GARRETT KATO produce y mezcla él mismo este álbum, como lo ha venido haciendo a lo largo de su carrera, lo que le permite controlar cada detalle de su sonido y reforzar la coherencia emocional del disco. Entre las colaboraciones, destaca el dúo con la cantante y compositora Dee Holt en la canción Chasing A Thread, aportando contraste y riqueza vocal al conjunto.

Con WHENEVER I GO, GARRETT KATO nos entrega un álbum cohesionado y emocionalmente íntimo. Las canciones fluyen de manera natural, construyendo un arco narrativo de viaje, amor y pertenencia que hace que el álbum funcione como un todo, pero también permite disfrutar de cada pista de manera independiente. Cada tema aporta un matiz distinto manteniendo un hilo conductor de introspección y calidez. En conjunto, WHENEVER I GO es un trabajo refinado y emocionalmente honesto, que muestra a Kato en plena madurez artística, con canciones fuertes y un discurso musical coherente. Un álbum para escucharlo de principio a fin, dejándose llevar por su delicadeza y profundidad que no merece menos de un 87 sobre 100.    



MEJORES MOMENTOS: I Will, Take Off, Chasing A Thread, Whenerver I Go, We Get By, Real Love, What Where You Doing Here...

MEDIA CRÍTICA:----

NUESTRA VALORACIÓN: 87/100

viernes, 13 de febrero de 2026

SARAH NIXEY: CANCIONES SIN ANSIEDAD.

 


SARAH NIXEY es una veterana. Saltó a la fama como vocalista principal del grupo indie de electropop británico Black Box Recorder, formado a finales de los 90 con Luke Haines (The Auteurs) y John Moore (The Jesus and Mary Chain). Con el grupo publicó varios álbumes aclamados, como England Made Me (1998) y The Facts of Life (2000). La banda se disolvió en 2010. Pero ella ya había comenzado su carrera en solitario en 2007. SEA FEVER es su cuarto álbum de estudio.

Hay discos que nacen con narrativa. Otros la construyen a base de escucha. SEA FEVER pertenece claramente al segundo grupo. No cuenta con una maquinaria promocional expansiva ni con una etiqueta generacional que lo empuje automáticamente hacia el consenso en las listas anuales de mejores álbumes. No responde a una tendencia reconocible ni busca inscribirse en una escena concreta. Y, sin embargo, conforme avanza, se impone por algo mucho más difícil de fabricar: coherencia, madurez y una comprensión profundamente clásica de la canción. 

Es indie, sí, pero no en su acepción más superficial. No encontramos aquí crudeza impostada ni minimalismo entendido como gesto estético. Lo que encontramos es arquitectura: melodías desarrolladas con paciencia, producción que respira, arreglos colocados con precisión casi camerística. Ese clasicismo -que no implica retroceso sino confianza en la forma- es precisamente lo que permite que el álbum crezca con cada escucha. 

Podemos rastrear afinidades: cierta textura etérea que remite a Jessica Pratt, también una tradición art-pop británica que inevitablemente evoca a Kate Bush y una claridad emocional y técnica que recuerda a Paula Cole. Pero SARAH NIXEY no se diluye en esas referencias. Las asume desde la experiencia, desde una madurez que prescinde de ansiedad estilística y que no necesita subrayar su singularidad a través del exceso. 

Sonoramente, SEA FEVER se sostiene sobre los cimientos de un álbum de singer-songwriter: voz en primer plano, melodías claras y arreglos cuidadosamente construidos. Pero Nixey no se limita a ese registro; deambula con soltura por territorios de art-pop y texturas atmosféricas, incorporando capas etéreas, efectos de ambiente y detalles sonoros que enriquecen la narrativa musical. El cierre con Spring Equinox, con cantos de pájaros y atmósferas casi mágicas, suena a Kate Bush interpretando la banda sonora de una película de Disney, un guiño juguetón y etéreo que sorprende sin romper la coherencia del álbum. Son estos momentos de experimentación y apertura los que impiden que SEA FEVER se quede encasillado, convirtiéndolo en un disco que se despliega en múltiples planos y recompensa la escucha atenta.


A lo largo de SEA FEVER, se perciben narrativas que no se imponen, sino que se despliegan con sutileza, casi como confesiones compartidas a medias luz. Cada canción articula un espacio emocional propio: la memoria, la pérdida, la transformación y la relación con la naturaleza aparecen como hilos conductores, pero nunca de manera literal o didáctica. SARAH NIXEY construye relatos que viven en la ambigüedad de lo íntimo, donde lo personal se encuentra con lo universal, y donde la escucha atenta descubre matices que se escapan a la primera impresión. Esa capacidad de sugerir sin cerrar, de trazar caminos emocionales claros sin recurrir a la obviedad, convierte al álbum en un territorio narrativo rico, en el que cada escucha revela nuevas capas y sutilezas. No es casual que varios títulos remitan a estaciones, fenómenos naturales o imágenes casi táctiles -invierno, nieve, equinoccios-: SEA FEVER parece construido desde esa misma lógica estacional, ajena a la prisa.

Es posible que SEA FEVER no alcance la visibilidad crítica que otros trabajos de mérito comparable han obtenido gracias a una narrativa mediática más favorable. Eso no disminuye su valor; más bien señala los mecanismos que determinan qué discos se convierten en símbolo de un año y cuáles, en cambio, permanecen como descubrimientos persistentes. Medios como Mojo y God Is In The Tv lo han valorado con un 80 sobre 100 y esa es su media crítica de momento. 

Desde aquí lo afirmamos sin rodeos: estamos ante un álbum que merece atención crítica real. No por oportunismo ni por afán de contradecir el consenso, sino porque en un contexto saturado de inmediatez, todavía existen obras que reivindican la escucha atenta como forma de permanencia. Nuestra valoración es un 90 sobre 100. Si algunos álbumes de Jessica Pratt han logrado convertir la contención en acontecimiento crítico, SEA FEVER demuestra que esa misma contención puede existir al margen del foco mediático sin perder un ápice de grandeza.  



MEJORES MOMENTOS: On This Wide Night, Witness Tree, The Sound Of Falling Snow, Sea Fever, Winter Solstice, Lies Of The Land...

MEDIA CRÍTICA: 80/100

NUESTRA VALORACIÓN: 90/100

miércoles, 11 de febrero de 2026

PRESENTANDO A ALICE COSTELLOE

 


ALICE COSTELLOE es una cantautora británica que nos presenta su álbum debut titulado MOVE ON WITH THE YEAR. No es ninguna debutante, formó el dúo Big Deal junto con Kacey Underwood y ganó reconocimiento en la escena independiente con giras y publicaciones de álbumes entre los años 2011 y 2016. 

En MOVE ON WITH THE YEAR, Costelloe se mueve por un territorio sonoro híbrido donde el folk introspectivo dialoga con el indie lo-fi, el art pop y ciertos gestos de música experimental. La canción parte de una base acústica frágil, pero se aleja del folk tradicional al combinar instrumentos como el mellotron, la flauta y distintos sintes, que aportan capas etéreas y una sensación casi onírica. Estas texturas se integran con percusiones mínimas y timbres deliberadamente imperfectos, creando un paisaje sonoro íntimo y ligeramente espectral. Todo parece estar medido para sugerir más de lo que afirma, haciendo que la pieza avance con calma pero cargada de una extrañeza sutil, donde lo orgánico y lo electrónico conviven sin jerarquías y refuerzan su carácter emocionalmente crudo.

En el plano narrativo, ALICE COSTELLOE se centra en explorar procesos internos más que acontecimientos externos: el crecimiento personal, el duelo, la construcción de la identidad y las transiciones vitales aparecen como estados emocionales en continuo movimiento. Sus letras suelen adoptar un tono introspectivo y contenido, apoyándose en imágenes sencillas y fragmentarias que sugieren más de lo que explican, como si el relato se desplegara desde la memoria o la intuición. Hay una atención especial a los momentos de quiebre silencioso -cuando algo cambia sin hacerse del todo visible- y a la vulnerabilidad que acompaña esos pasos intermedios. De este modo, sus narrativas funcionan casi como diarios emocionales, donde la ambigüedad y la honestidad conviven para transmitir la experiencia íntima de transformarse.  



ALICE COSTELLOE cita como influencias musicales directas a ese tipo de artistas cuya combinación de intimidad, originalidad y sensibilidad poética han marcado su forma de pensar y escribir la música. Entre los nombres que aparecen están Feist, Julia Jacklin, Cate Le Bon o Andy Shauf. Las influencias no siempre se oyen de forma literal, pero en su caso la sombra de Feist es bastante perceptible, sobre todo más en la actitud que en la superficie del sonido. Hay algo muy parecido en esa forma de cantar contenida pero expresiva, en cómo deja respirar las frases y en esa mezcla de cercanía y extrañeza que hace que la emoción nunca sea obvia ni grandilocuente. También recuerda a Feist en la manera de confiar en la imperfección: no pulir demasiado la voz, permitir silencios incómodos, y construir las canciones desde gestos pequeños que acaban siendo muy elocuentes. No es una copia estilística, sino una afinidad en la sensibilidad: ambas entienden la canción como un espacio íntimo, casi conversacional, donde lo emocional pesa más que la espectacularidad. En ese sentido, es más una conexión emocional y estética que una influencia técnica directa.  

La crítica le ha otorgado una media de 79 sobre 100 que se distribuye de la siguiente manera: MusicOHM, PopMatters, DIY, Mojo y Spill Magazine 80/100 y Uncut 70/100. Nuestra valoración es de un 85 sobre 100 porque su sonido y su lenguaje son singulares dentro del panorama indie actual. Su manera de introducir instrumentos no es ostentosa sino que aporta textura y atmósfera, haciendo que cada canción se mueva de manera distinta sin saturar el oído. Eso la aleja del maremagnum indie que muchas veces cae en fórmulas previsibles y sonidos reciclados. Sus letras no son atrevidas en el sentido de ser transgresoras o escandalosas, pero tienen un impacto sutil y duradero. La elección de palabras poco comunes en una canción como la palabra Hospital en Too Late Now y su repetición, funciona casi como un ancla emocional o simbólica: llama la atención porque rompe con lo habitual y genera imágenes o sensaciones que se quedan en la mente del oyente. Ese tipo de detalles demuestra que su fuerza no está en la grandilocuencia, sino en la precisión y la extrañeza delicada, donde lo cotidiano se vuelve significativo y lo emocional se transmite de manera muy directa. 



MEJORES MOMENTOSMove On With The YearAnywhere ElseIf I Could Reach YouDamned If You Do, How Can I...

MEDIA CRÍTICA: 79/100

NUESTRA VALORACIÓN: 85/100

lunes, 9 de febrero de 2026

MARO, UNA DE LAS NUESTRAS

 


SO MUCH HAS CHANGED es el noveno álbum de estudio de MARO y también una buena oportunidad para observar hasta qué punto su trayectoria ha sido leída de forma parcial. En España, su nombre suele aparecer asociado casi exclusivamente a su paso por Eurovisión en 2022, donde representó a Portugal con Saudade Saudade y alcanzó una meritoria novena posición. Una canción delicada, atravesada por la nostalgia y la pérdida, pero que apenas muestra una de las muchas capas de su obra. Reducir a MARO a ese momento es quedarse con una imagen incompleta, casi anecdótica, de una artista con una carrera internacional ya consolidada y una identidad musical mucho más compleja de lo que suele asumirse. 

Esa lectura parcial se vuelve aún más evidente cuando se observa cómo MARO ha construido su identidad musical lejos de cualquier expectativa folclórica o marca de origen. Sus raíces portuguesas apenas aparecen, más allá de aquella incursión eurovisiva y de una colaboración con Sílvia Pérez Cruz. Formada en el Berklee College of Music de Boston, MARO ha desarrollado su carrera desde códigos plenamente angloamericanos. Si se desconoce su biografía y esas contadas incursiones en portugués, podría pasar sin dificultad por una cantautora angloamericana más: no hay acento, ni giros melódicos “extranjeros”, ni rarezas rítmicas que delaten otro lugar. Su inglés no solo es impecable, es idiomático, pensado desde dentro, y responde a una elección estética consciente.

Además, su proyección internacional ya era notable antes de Eurovisión, gracias a colaboraciones con artistas como The Paper Kites -una de las canciones más escuchadas de su álbum Roses (2021)- o Jacob Collier. Billie Eilish llegó a afirmar en una ocasión: “La canción que fue básicamente la banda sonora de mi vida durante un periodo más difícil fue We’ve Been Loving in Silence, de una artista llamada MARO”, añadiendo además: “Tiene una voz increíble”. 


En SO MUCH HAS CHANGED, MARO articula un discurso íntimo y lineal, más cercano a la confesión que a la evocación. Las canciones avanzan como pequeñas escenas emocionales donde el cambio, la pérdida y la aceptación no se presentan como grandes acontecimientos, sino como procesos silenciosos, casi domésticos. No hay dramatismo ni épica: la tristeza aparece asumida, verbalizada, observada con una distancia serena. Es un disco que no busca el misterio ni la ambigüedad, sino la claridad emocional, y que confía en la palabra como vehículo principal del relato. Todo está dicho con cuidado, sin aspavientos, como si la autora prefiriera nombrar las cosas antes que sugerirlas.

En lo musical, el álbum se mueve con comodidad dentro del canon de la cantautora angloamericana contemporánea. Predominan los arreglos sobrios, las guitarras acústicas, los pianos contenidos y una producción cálida que deja espacio a la voz, siempre en primer plano. MARO transita por el folk intimista, el pop melancólico y ciertos ecos de indie confesional sin salir nunca de un registro reconocible y bien asentado. Su educación musical y su dominio del inglés hacen que el disco suene plenamente "nativo", sin rastros evidentes de exotismo ni referencias explícitas a sus raíces portuguesas como reclamo identitario. Esa elección estilística refuerza la cohesión del conjunto, aunque también lo sitúa en un territorio donde la excelencia convive con una cierta falta de fricción, más cercana a la tradición que a la ruptura.

Lo que nos llama poderosamente la atención es que siendo una cantautora joven y bastante prolífica, no haya ninguna valoración crítica de ninguno de sus álbumes en Album Of The Year, uno de los agregadores más completos del sector. Y como a nosotros nos gusta hacer crítica, cuestionando a la crítica, creemos que esto puede ocurrir porque no encaja del todo en ninguna narrativa fácil. No es una newcomer anglo que haya “descubierto” Pitchfork, no es una artista folk tradicional con pedigree americano, no es una artista portuguesa “exportable” en clave world music y Eurovisión, paradójicamente, no suma puntos críticos en el circuito indie anglosajón. El resultado es que no hay un marco claro desde el que escribir sobre ella. 

La crítica muchas veces no escucha primero; clasifica primero. Y MARO no se deja clasificar fácilmente. MARO está teniendo una carrera más orgánica que discursiva. Eso suele retrasar el reconocimiento crítico, pero cuando llega suele ser más duradero. Quizás lo más interesante de MARO es que no necesita que la crítica la alcance para que su música tenga sentido. Aún así, es legítimo sentir que ya iba siendo hora de que alguien escribiera bien sobre ella. 

Y en ese punto es donde entramos nosotros. Porque un blog como Exquisiteces es casi su hábitat natural; un espacio curatorial sin urgencia algorítmica, atento a la canción bien escrita, a la voz y al matiz, sin alergia a lo internacional ni a lo difícil de clasificar. Justo todo lo contrario de como funciona hoy día gran parte de la crítica musical española. Este es el refugio de MARO y de miles de artistas como ella que hacen música que realmente importa. Y SO MUCH HAS CHANGED no merece menos de un 85 sobre 100.   




MEJORES MOMENTOS: I OWE IT TO YOU, KISS ME, DROWN, IT AIN'T OVER...

MEDIA CRÍTICA:----

NUESTRA VALORACIÓN: 85/100

viernes, 6 de febrero de 2026

ÁLBUMES REPESCADOS: ALICE MERTON, MADISON BEER, JANA HORN, THE GIFT, ROBBIE WILLIAMS, LUCINDA WILLIAMS, ARI LENNOX, ZACH BRYAN y JENNY ON HOLIDAY

 


Primer post de álbumes repescados de 2026 con discos del mes de Enero. Aunque las novedades interesantes empezaron a aparecer a partir de la segunda quincena, ha sido uno de los Eneros con más jugo de los que recordamos. Aquí tenéis nueve discos que tenían que ser reseñados por algún motivo. 

ALICE MERTON - VISIONS


¿Cuantos años puede ser prometedora una cantante? Porque llevamos escuchando que ALICE MERTON es muy prometedora desde su álbum debut Mint (2019) han pasado siete años ya y aquí estamos de nuevo con VISIONS, su tercer álbum de estudio y todavía se escuchan ecos de lo prometedora que es. Seamos honestos. Ser prometedora durante siete años y tres discos ya no es una fase: es un diagnóstico. En la industria pop, si el salto no se da entre el primer y el segundo álbum -o como mucho en el tercero-, no se da. A partir de ahí el relato cambia: Pasas de ser una futura estrella internacional a convertirte en una artista de segunda línea, sólida pero limitada. Y eso no es un insulto, pero sí una redefinición clara. 

ALICE MERTON tuvo: un hit global puntual (No Roots), una narrativa interesante (independiente, identidad europea, sin sello), y buena prensa inicial. Pero nunca consolidó un imaginario fuerte ni una evolución sonora que sorprendiera. VISIONS no es un mal disco. El problema es otro: no empuja el pop hacia ningún sitio, no propone una personalidad artística más definida que antes, y llega en un momento donde el pop genérico está muy competido. Hoy el pop “correcto” ya no basta. O eres: radicalmente personal, o conceptualmente potente, o culturalmente inevitable. ALICE MERTON no es ninguna de las tres cosas. Su mercado es el mercado europeo. Pero no toda Europa, solamente el mercado germánico, el belga-holandés y con suerte, el escandinavo. En el Reino Unido probablemente ni sepan quien es y en U.S.A. mejor que no preguntemos. Porque lo que nos ofrece no tiene ni el dramatismo mediterráneo, ni la ironía británica, ni la narrativa americana. Su música funciona mejor en mercados donde el pop anglosajón neutral tiene recorrido. 

ALICE MERTON es generalmente considerada como una artista alemana. Nació en Frankfurt del Meno en 1993 y creció entre varios países debido a la movilidad de su familia, pasando parte de su infancia en Canadá, Estados Unidos, Reino Unido y luego regresando a Alemania para estudiar y desarrollar su carrera. Ella misma ha hablado de no sentirse ligada a una sola nacionalidad debido a esa vida nómada, pero oficialmente es alemana de nacimiento y es donde se ha consolidado su carrera musical aunque ella haga hincapié en que su identidad artística y personal sea mucho más transnacional y poco anclada a un solo país. Creemos que esta transnacionalidad es parte del problema. Porque al final da la sensación de que su música no pertenezca a ningún sitio. En teoría, haber vivido entre Alemania, Canadá, UK, EE. UU. debería enriquecer una propuesta. En la práctica, en el caso de Merton ocurre lo contrario: se eliminan acentos, se neutralizan referencias, se pule cualquier aspereza cultural. El resultado no es “global”, sino deslocalizado. Es pop que podría: sonar igual en Berlín, Toronto o Ámsterdam, encajar en cualquier playlist editorial, pero no evoca ningún lugar, escena ni momento. Y eso hoy pesa mucho en contra. En los 2000 o incluso en los primeros 2010, ese tipo de neutralidad era una ventaja: permitía cruzar fronteras. En 2026 es una desventaja, porque: el público valora marcadores claros de identidad, incluso cuando son locales o minoritarios, incluso cuando no se entienden del todo. Pensad en por qué artistas europeas como Rosalía o Aurora sí trascendieron: no por ser “universales”, sino por ser muy específicas. ALICE MERTON, en cambio, suena a: “pop internacional correcto”. Y eso ya no construye un mito. 

Lo que molesta de VISIONS no es que esté mal hecho, sino que: no añade una capa de sentido, no ancla su discurso en ningún conflicto reconocible, no arriesga ni cultural ni emocionalmente. Es música que no incomoda a nadie, y por eso tampoco entusiasma a nadie fuera de su base fiel. Aunque obviamente no todo el pop tiene que ser inteligente, moderno o rompedor. También existe un pop que sirve para acompañarte mientas haces otras cosas y que se puede convertir en tu guilty pleasure. Porque las canciones de VISIONS tiene cierto gancho con hooks claros, estructuras limpias, estribillos que entran rápido sin ser agresivos, y una producción muy depurada que no estorba. Eso no es poco. Mucho pop “ambicioso” fracasa justo donde VISIONS acierta: en la escucha inmediata. No te exige, ni te cansa. Aquí tenemos algo casi contracultural hoy. Admitir que te gusta algo sin que sea importante. VISIONS no te va a cambiar la forma de ver el mundo, pero: entra muy fácil, se queda lo justo, y no te castiga por repetirlo. Ese tipo de pop siempre ha existido y siempre ha tenido su lugar, aunque ahora se le exija a todo que sea “relevante”. Otra cosa buena que le hemos encontrado es que lo que nos ofrece podrá ser: previsible, poco arriesgado e intercambiable a ratos. Pero es respetuoso con el oyente ya que no es infantilizante. No te trata como si necesitaras: eslóganes gritados, letras subrayadas tres veces, ni una emocionalidad prefabricada hasta el insulto. En definitiva, no es algo que insulte tu inteligencia. Y eso es el motivo por el que lo estamos reseñando ahora y jamás reseñaríamos un disco de artistas infantiles que insulten nuestra inteligencia como Aitana, sin ir más lejos. 

En cuanto a la crítica es un álbum que ha pasado un poco desapercibido y solamente Allmusic le ha otorgado un 70 sobre 100, que nos parece incluso una buena nota para lo que es este álbum: competente pero no trascendente. Por nuestra parte y valorando todo lo positivo, que lo tiene, también hemos optado por la misma puntuación. El problema que le vemos no es por VISIONS que como os decimos, la funcion de guilty pleasure la puede cumplir a la perfección. Es que como el próximo disco de ALICE MERTON no venga acompañado de una narrativa potente o una promocion adecuada, seguramente ni nos molestemos en escucharlo.      



MEJORES MOMENTOS: Landline, Cruel Intentions, Ignorance Is Bliss

MEDIA CRÍTICA: 70/100

NUESTRA VALORACIÓN: 70/100

MADISON BEER - LOCKET


LOCKET es el tercer álbum de estudio de MADISON BEER. Es la primera vez que reseñamos un álbum suyo y tenemos que confesar que ha sido deliberadamente. Estuvimos a punto de hacer lo propio con su álbum anterior Silence Between The Songs (2023) pero terminó en una de nuestras listas de álbumes no reseñados y con una puntuación baja porque nunca nos convenció. Presentaba una serie de canciones que no terminaban de explotar y no se sabía muy bien si quería ser una next big pop star o una cantante confesional. En cualquier caso, ya había otras con una narrativa más sólida en cualquiera de los dos campos. 

Si hoy estamos escribiendo sobre LOCKET es porque nos parece su mejor trabajo hasta el momento. Aunque para ser honestos, MADISON BEER, después de tres álbumes, se encuentra lejos de alcanzar las pretensiones con las que fue lanzada en un principio. Es cierto que tiene una base de fans bastante fiel y que algunas de las canciones de este álbum amasan millones de reproducciones. Pero no creemos que se haya conformado con eso. Más bien se ha resignado. Porque ella aspiraba a tener una carrera como la de Sabrina Carpenter. Que por otro lado, todo lo que hemos escuchado hasta ahora de MADISON BEER, incluido LOCKET, está a la altura de la época previa de la Carpenter a Short 'n' Sweet (2024). Lo que puede llevar a pensar que con un buen equipo de publicistas a su disposición y una maquinaria detrás como la de la Carpenter, MADISON BEER consiga tener una carrera como la suya en el futuro. Nosotros creemos que en su caso no va a ser tan fácil. Ha estado mucho más expuesta de lo que lo estaba Sabrina en aquella época. Además, Sabrina Carpenter ha aceptado el juego de ser un producto pop sin complejos, inclinarse hacia el humor y la autoparodia y entender que en ese contexto hoy día importa más cómo circula una canción que "qué tan profunda es". No le importa ser un meme. Madison en cambio está atrapada en tierra de nadie: Quiere prestigio emocional haciendo pop que no incomoda, quiere la autenticidad sin riesgo y eso convierte su música en intercambiable. 

LOCKET se percibe como ese punto en el que MADISON BEER por fin está cómoda con lo que sí puede hacer, en vez de perseguir esa narrativa inflada que comentábamos al principio de “next big pop star” con la que la empujaron al principio. No es un álbum ambicioso en términos de romper moldes, pero sí es bastante más coherente y escuchable que los anteriores. Encontramos más control del tiempo, menos intentos desesperados de dar un hit, las canciones saben cuando terminar, parece estar mucho más cómoda en ese pop melancólico, medio R&B light, medio bedroom pop (sobreproducido). Pero esto no deja ningún legado. Es consumo rápido. Muchísimas reproducciones, sí, pero cero sensación de “evento”. Es el tipo de álbum que Spotify ama y la cultura pop olvida rápido. En cuatro semanas el ciclo de TikTok se agota, la conversación se enfría y mucho antes de lo que imaginamos una edicion Deluxe con tres temas "más personales que nunca" y un remix random. 

No decimos todo esto porque sea un disco malo, sino porque no deja huella. No hay una canción que reordene su carrera, ni una estética que marque época. Es un “mejor que antes”, no un “a partir de aquí”. Si os somos honestos, nos parece que MADISON BEER está destinada a ese espacio de: artista muy escuchada, muy comentada en nichos, pero sin peso real en el relato pop general. Y eso no es un fracaso. Es solo aceptar el carril por el que circula. 

Como era de esperar la crítica le ha dado una media de 71 sobre 100 y es la media más alta que ha conseguido un disco suyo hasta el momento. Con picos más altos de 80/100 para medios como Clash o The Independent y más bajos para Paste (67/100) y Pitchfork (60/100). Si tenemos en cuenta la nota que le dimos a su álbum anterior que fue un 69/100. LOCKET merecería algo más, por lo que le otorgamos un 72 sobre 100. Para terminar, también tenemos que poner en alza la profesionalidad de Beer, Una artista muy preparada desde prácticamente la adolescencia, muy perseverante y trabajadora que tiene que soportar que lleguen otras con menos talento como Addison Rae y se le pongan por delante solo por tener una narrativa más convincente que la suya y el apoyo de muchos medios que en este caso actúan más como palmeros que como profesionales.      



MEJORES MOMENTOS:Bittersweet, Make You Mine, Yes Baby

MEDIA CRÍTICA: 71/100

NUESTRA VALORACIÓN: 72/100

JANA HORN - JANA HORN


JANA HORN nos presenta su álbum homónimo. El tercero de su discografía tras el aclamado por la crítica The Window Is The Dream (2023). Ese disco fue decisivo ya que nos mostraba a una cantautora con una vocación clara, evolucionando hacia límites insospechados tras un álbum debut poco convencional. 

Este tercer álbum se muestra mucho más asentado y deja muy claro que JANA HORN ha venido para quedarse, pese a que su música produzca cierta alergia a las playlists y a los algoritmos. Aunque las etiquetas habituales -indie folk y singer-songwriter- sirven para situar a JANA HORN en un mapa general, se quedan cortas a la hora de describir la sonoridad de su álbum homónimo. Aquí hay algo más que acompañamiento acústico y voz al frente: los arreglos revelan una sofisticación silenciosa, muy poco dada al subrayado. La guitarra eléctrica aparece de forma casi imperceptible en temas como It’s alright, no para abrir la canción ni para romper su intimidad, sino como un color emocional integrado con extrema delicadeza, recordando -salvando las distancias- a la manera en que Rosali ha sabido incorporar la eléctrica a su propio cancionero. A esto se suma un uso del bajo especialmente elegante, más preocupado por sostener y profundizar que por marcar terreno, aportando una densidad sutil que aleja estas canciones tanto del folk despojado como del indie folk al uso. Todo está al servicio de la canción, sin ornamentos innecesarios, en una instrumentación contenida pero plenamente consciente de sí misma. En el plano narrativo, el álbum se mueve en un territorio de intimidad extrema, donde las canciones no buscan grandes declaraciones ni giros dramáticos, sino que se construyen a partir de escenas mínimas, pensamientos suspendidos y emociones apenas verbalizadas. 

JANA HORN escribe desde la observación y la duda, con una voz que parece hablar más para sí misma que para un oyente externo, lo que refuerza esa sensación de cercanía casi incómoda. Sus letras rehúyen la épica y el estribillo enfático, apostando por una narrativa fragmentaria, cotidiana, donde lo importante no es tanto lo que se dice como lo que queda sugerido entre líneas. Es una escritura honesta y vulnerable, que confía en la inteligencia y la empatía de quien escucha, y que convierte el álbum en un espacio de recogimiento más que en una sucesión de historias cerradas. 

Los paralelismos con Suzanne Vega no aparecen tanto en la forma como en la actitud narrativa. Al igual que la autora neoyorquina, Horn construye sus canciones desde una primera persona contenida, casi observacional, donde la emoción nunca se impone al relato. No hay dramatismo explícito ni voluntad confesional en el sentido clásico; lo que hay es una manera de contar que avanza con cautela, dejando espacio al silencio y a la ambigüedad. Como en los mejores momentos de Vega, las letras de Horn funcionan a partir de pequeños detalles, escenas cotidianas y frases que parecen sencillas pero que arrastran una profundidad emocional considerable. Es una escritura que confía en la palabra hablada, en el ritmo natural de la voz y en la inteligencia del oyente, y que sitúa a JANA HORN en una tradición de cantautoras para las que la intimidad no es un gesto estético, sino una forma de honestidad. 

La crítica ha otorgado una media de 78 sobre 100. Medios como AllMusic, Mojo y Uncut lo han puntuado con un 80/100 frente al 76/100 de Pitchfork y el 75/100 de No Ripcord. Aun así, su segundo trabajo fue valorado ligeramente por encima (80/100). Nuestra experiencia con este tercer disco ha sido igual de positiva. No es un álbum pensado para el impacto inmediato ni para el consumo fragmentado; no funciona a base de canciones sueltas, sino como un todo que reclama ser escuchado de principio a fin. Es en esa escucha continua donde sus matices cobran sentido y donde uno puede perderse entre sus sonidos con una sensación casi física. Temas como Designer lo ejemplifican a la perfección: su instrumentación genera una calma envolvente, un vaivén suave que recuerda al viento meciendo el cuerpo, y confirma que estamos ante un disco que no se impone, sino que invita a dejarse llevar. Uno de esos discos que justifican la existencia de este blog y de los que siempre hablaremos aunque tengan cero reproducciones y nadie antes le haya escrito una reseña. Porque estos discos representan nuestra línea editorial. Nuestra nota es un 88 sobre 100.  



MEJORES MOMENTOS:All In Bet, Go On Move Your Body, Designer, It's Alright...

MEDIA CRÍTICA: 78/100

NUESTRA VALORACIÓN: 88/100

THE GIFT - SEVEN SEASONS

THE GIFT (no confundir con la banda de indie pop portuguesa liderada por Sónia Tavares) es una banda británica de rock progresivo que ha desarrollado su trayectoria al margen de los grandes focos, construyendo una discografía coherente y personal en la que el formato álbum sigue teniendo un peso central. 

Su música se mueve en un territorio amplio donde conviven el rock atmosférico, las estructuras elaboradas y una clara vocación narrativa, con un cuidado especial por las texturas y los desarrollos a largo plazo. Recientemente han publicado su quinto álbum de estudio titulado SEVEN SEASONS. THE GIFT está compuesto por Mike Morton (Voz); Cristiano Tortoioli (guitarra, también productor/mezcla);  Chris Taylor (batería);  Keith Buckman (bajo) y  Eliot Minn (teclados). Además el álbum incluye una colaboración con Steve Hackett en guitarra en la pieza de apertura. 

En lo estrictamente sonoro, SEVEN SEASONS se articula desde una paleta amplia y cuidadosamente equilibrada, donde el rock progresivo sirve más como lenguaje que como etiqueta. Predominan las atmósferas densas pero nunca recargadas, los desarrollos pausados y una instrumentación que prioriza el matiz y la progresión antes que el impacto inmediato. Esa vocación expansiva encuentra su sentido en una narrativa interna muy marcada: cada pieza funciona como un capítulo dentro de un relato mayor, pensado para ser recorrido de principio a fin. 

El hilo conductor del álbum se apoya en una inspiración claramente shakespeariana -la idea de las distintas edades o etapas de la vida-, no como simple referencia literaria, sino como estructura conceptual que da cohesión y profundidad al conjunto. SEVEN SEASONS no es solo un ejercicio de estilo, sino también un guiño consciente a la tradición del rock progresivo de los años setenta, una época en la que los discos conceptuales cohesionados eran moneda corriente y no existía miedo a incluir secciones puramente instrumentales. Bandas como Genesis, Yes o King Crimson concebían cada álbum como un viaje completo, donde la narrativa, la instrumentación y la atmósfera formaban un todo indivisible. En SEVEN SEASONS, esta filosofía se refleja en cortes que destacan por su riqueza instrumental que refuerza la sensación de libertad creativa y de atención al detalle. Cada tema se despliega con paciencia, buscando crear un arco dramático y emocional que solo puede apreciarse en su totalidad, lejos del consumo fragmentado que caracteriza la escucha contemporánea, recordándonos la visión del álbum como espacio de exploración artística más que como producto efímero. 

La crítica no se ha pronunciado de momento. Pero nosotros consideramos que merece una valoración de 80 sobre 100 porque se trata de una rareza en los tiempos que corren, un álbum que apuesta por la escucha completa y la coherencia conceptual frente a la inmediatez dominante. Su interés no solo radica en la calidad musical, sino también en la oportunidad que ofrece de visibilizar alternativas menos habituales dentro del rock contemporáneo, recordando que aún es posible crear obras ambiciosas y cuidadas que invitan a una experiencia auditiva más profunda y reflexiva.  



MEJORES MOMENTOS: Es un álbum conceptual y hay que escucharlo de principio a fin sin saltarse ningún corte ni usar el modo aleatorio. 

MEDIA CRÍTICA:----

NUESTRA VALORACIÓN: 80/100

ROBBIE WILLIAMS - BRITPOP


Si alguien nos llega a decir que íbamos a reseñar alguna vez un álbum de ROBBIE WILLIAMS, no lo habríamos creído ni en mil millones de años. Para nosotros, su carrera terminó prácticamente con su tercer álbum, Sing When You’re Winning (2000). Todo lo que vino después fue una sucesión de discos insustanciales y, sobre todo, alimenticios. Trabajos que nunca reseñamos deliberadamente, porque ya sabéis que cuando hablamos de un álbum es porque tenemos algo bueno que decir. Veintiséis años después de Sing When You’re Winning (2000) nos llega BRITPOP, el primer álbum realmente interesante de ROBBIE WILLIAMS en muchísimo tiempo. Y lo curioso es que, en un principio, no parecía que fuese a ser así. BRITPOP se anunció con varios adelantos y estaba previsto inicialmente para 2025, pero su lanzamiento se fue retrasando hasta que finalmente ha visto la luz en enero de 2026.

BRITPOP ha obtenido una media crítica de 74 sobre 100 una puntuación que no alcanzaba precisamente desde sus tres primeros trabajos. La mayoría de los discos posteriores apenas lograron superar el 60/100. BRITPOP ha obtenido picos de 80/100 por parte de medios como Clash, The Guardian, The Telegraph, Dork, Rolling Stone, The Irish Time o Evening Standard. Aunque las valoraciones de NME y The Independent (60/100) y Beats Per Minute (59/100) impidieron que la media escalara un poco más. Aún así, es bastante positivo porque hacía mucho tiempo que no ocurría nada parecido en su carrera. 

En cuanto al impacto comercial, BRITPOP obviamente no ha vendido lo que ROBBIE WILLIAMS vendía en sus años dorados, pero los datos de su primera semana en Reino Unido son más que reveladores. El álbum despachó 16.536 CDs, frente a 2.510 vinilos y 13.791 unidades equivalentes por streaming. Un dato especialmente significativo si tenemos en cuenta el empeño de la industria por vender la idea de que el CD es un formato muerto que debe ser erradicado en favor del vinilo y el consumo digital. La realidad, al menos en este caso, es muy distinta: se vendieron más CDs que vinilos y más CDs incluso que descargas digitales, algo que rara vez se subraya porque no interesa demasiado a según qué discursos. BRITPOP demuestra que el CD sigue teniendo sentido, público y demanda real cuando el artista y el producto acompañan. Con estos datos BRITPOP debutó directamente en el nº 1 del UK Albums Chart, marcando el decimosexto álbum número uno en Reino Unido de Williams. Con ello, supera el récord histórico que hasta entonces compartía con The Beatles como artista con más LPs en el puesto más alto en la historia del país. 

Ahora vamos a lo que hace especial a BRITPOP. Este es, probablemente, el álbum que ROBBIE WILLIAMS habría querido hacer al inicio de su carrera en solitario, pero que difícilmente se habría entendido en aquel momento. Venía de Take That, cargaba con un estigma pop del que tardó años en desprenderse y, para más inri, mantenía trifulcas públicas constantes con los hermanos Gallagher. Resulta cuanto menos curioso que, décadas después, BRITPOP incluya cortes que suenan abiertamente a Oasis, tanto en actitud como en estructuras y melodías. Lo que en los noventa habría parecido una impostura o una provocación innecesaria, hoy se percibe como un ejercicio de apropiación tardía, pero sorprendentemente natural. Robbie no intenta competir con nadie ni reescribir la historia del britpop: simplemente se permite, por fin, jugar en un terreno que siempre le fue negado. Y lo cierto es que ROBBIE WILLIAMS se mueve con comodidad en ese territorio. Sus detractores, seguramente, se habrán frotado las manos esperando encontrar aquí el tropiezo definitivo. Pero no creemos que haya hecho nada reprochable en este álbum. Más bien todo lo contrario. BRITPOP es un golpe en la mesa, una declaración de intenciones clara y directa que viene a decir: «Sigo aquí». Y no como un ejercicio de nostalgia, sino como un recordatorio de vigencia. 

Más allá de las evidentes resonancias de Oasis, BRITPOP también deja entrever otras influencias clásicas del movimiento. Hay guiños claros al pop elegante y melancólico de Blur, especialmente en los medios tiempos más introspectivos, y destellos del romanticismo desencantado de Pulp en algunas letras que observan la madurez, el paso del tiempo y cierta ironía británica. Incluso se perciben ecos del britpop más melódico y accesible de Suede, sobre todo en el cuidado de los estribillos. De todas ellas, las influencias mejor resueltas son las que miran al britpop más clásico y melódico, aquel que prioriza la canción por encima del gesto, y es ahí donde ROBBIE WILLIAMS se muestra más cómodo y convincente. 

Pero lo más interesante es que BRITPOP no se limita a sumar influencias ni a citarlas de forma mecánica. ROBBIE WILLIAMS las fagocita, las hace pasar por su propio filtro y las integra en un discurso que sigue siendo inequívocamente suyo. A pesar de los ecos de Oasis, Blur, Pulp o Suede, el álbum no pierde nunca su identidad: están ahí su forma de entender la melodía, su querencia por el estribillo inmediato y ese punto de exceso tan característico. BRITPOP suena a britpop, sí, pero sobre todo sigue sonando a ROBBIE WILLIAMS. Y eso, para bien o para mal, es algo que ningún ejercicio de estilo puede disimular. Nosotros nos sumamos al 80 sobre 100 otorgado por muchos de los medios mencionados anteriormente. Nunca habríamos imaginado que ROBBIE WILLIAMS, en pleno 2026, pudiera sonar fresco y volver a sorprender. Era algo que habíamos dado por perdido hace mucho tiempo. BRITPOP no reescribe su historia, pero sí la revisa con una dignidad y una lucidez inesperadas.     

MEJORES MOMENTOS: Rocket, Spies, All My Life, Human, Pocket Rocket...

MEDIA CRÍTICA: 74/100

NUESTRA VALORACIÓN: 80/100

LUCINDA WILLIAMS - WORLD'S GONE WRONG


WORLD'S GONE WRONG de LUCINDA WILLIAMS llega como si hubiese sido escrito para este momento exacto. Su título, casi profético, llama la atención de inmediato en un contexto donde las noticias sobre ICE, políticas migratorias agresivas y discursos belicistas parecen confirmar que, efectivamente, el mundo sigue yendo mal. Escuchar el álbum ahora es como mirar un espejo sonoro de nuestra actualidad: las frustraciones, la melancolía y la crítica social de Williams se sienten tan urgentes como necesarias. Curiosamente, el disco no está disponible en Spotify, la plataforma dominante que ha generado debates sobre remuneración justa para los artistas y que ha visto una desbandada de músicos en los últimos meses. Entre decisiones polémicas y cuestionables de sus directivos y acusaciones de que muchos creadores no reciben lo que les corresponde, WORLD'S GONE WRONG se convierte en un ejemplo de cómo el arte puede encontrar vías alternativas para ser escuchado. Afortunadamente, el álbum sí está disponible en Apple Music, lo que añade otra capa de reflexión: incluso en un ecosistema digital convulso, la música sigue encontrando su camino. 

En este contexto, WORLD'S GONE WRONG no es solo un nuevo disco de LUCINDA WILLIAMS; es un comentario involuntario y punzante sobre la realidad que vivimos hoy, un recordatorio de que la música sigue siendo un refugio y un testigo de nuestro tiempo. LUCINDA WILLIAMS siempre ha sido maestra en traducir lo cotidiano en epopeya emocional, y WORLD'S GONE WRONG no es la excepción. Cada canción parece construida para capturar los matices de un mundo que se siente al borde del caos, pero lo hace desde una perspectiva profundamente humana. El álbum alterna historias de desilusión personal con comentarios sociales sutiles, creando un mosaico donde lo íntimo y lo colectivo se entrelazan. Por ejemplo, algunas canciones parecen hablar directamente de la vulnerabilidad de quienes se sienten desplazados o ignorados por las estructuras de poder, lo que en el contexto actual -con noticias sobre ICE y políticas migratorias agresivas- se lee casi como un reflejo de la tensión social que atraviesa Estados Unidos y gran parte del mundo. Otras narrativas abordan traiciones, frustraciones y la sensación de impotencia frente a fuerzas más grandes, un sentimiento que resuena en medio de los debates sobre la economía, la política internacional y la desconfianza hacia las grandes corporaciones, incluidas las de tecnología y streaming musical. 

Musicalmente, esta tensión narrativa se refuerza con arreglos que mezclan folk, country y rock, creando una atmósfera donde lo melancólico y lo enojado conviven. Cada historia está matizada por la voz rasgada y honesta de Williams, que actúa como una especie de guía moral y emocional: nos recuerda que, aunque el mundo parezca desmoronarse, aún hay espacio para la observación crítica, la empatía y la resistencia silenciosa. En WORLD'S GONE WRONG, el desasosiego personal se convierte en un comentario universal: mientras escuchamos las historias de pérdidas, engaños y desilusión, inevitablemente pensamos en nuestro propio contexto, en las injusticias, las desigualdades y los conflictos que nos rodean. Williams logra algo notable: convierte su narración íntima en un espejo del presente, un álbum donde cada historia individual se amplifica hasta tocar la experiencia colectiva. 

En este álbum las colaboraciones son dignas de ser mencionadas. Además de las de peso histórico como Mavis Staples, cuya voz encarna décadas de lucha y resistencia, o Norah Jones, que aporta una sensibilidad elegante y atemporal, uno de los movimientos más inteligentes del disco es la presencia de Brittney Spencer en dos de los cortes. Spencer, con su talento deslumbrante y su creciente prestigio en la industria, representa la energía de una nueva generación de artistas que están redefiniendo el soul y el country contemporáneo. Que Williams, una veterana consolidada, elija colaborar con voces emergentes no es solo un gesto de generosidad artística: es una estrategia para renovar constantemente su público y mantener viva la relevancia de su obra, conectando con nuevas audiencias sin perder la profundidad que la caracteriza. Es la forma en que un artista alcanza la inmortalidad: abrazando el legado mientras se abre al futuro. 

La crítica ha valorado este trabajo con una media de 78 sobre 100. Siendo la nota más alta el 90/100 de Hot Press. Medios como AllMusic, MusicOHM, Rolling Stone, The Line Of The Best Fit, Uncut, Record Collector o Mojo optan por el 80/100 y la nota más baja proviene de The Arts Desk con un 60/100. Nosotros hemos seguido de cerca la carrera de LUCINDA WILLIAMS y es de las pocas artistas de las que se puede decir con seguridad que no tiene un mal álbum, ni siquiera un trabajo fallido. Recordamos con especial cariño discos como Car Wheels On A Gravel Road (1998) o el más reciente Good Souls Better Angels (2020). Quizás a WORLD'S GONE WRONG haya que darle todavía su lugar dentro de esa brillante discografía: necesita tiempo y varias escuchas para asentarse entre nosotros. Nuestra valoración sería de 90 sobre 100, y estamos convencidos de que, dentro de diez años, este álbum será un disco de referencia al que volveremos una y otra vez.


MEJORES MOMENTOS: The World's Gone Wrong, Something's Gotta Give, So Much Trouble In The World, We've Come To Far To Turn Around, Black Tears...

MEDIA CRÍTICA: 78/100

NUESTRA VALORACIÓN: 90/100

ARI LENNOX - VACANCY



ARI LENNOX es el nombre artístico de Courtney Salter, cantante y compositora estadounidense nacida en Washington D.C. que está en activo desde 2009. Tras firmar en 2015 con Dreamville Records, sello con el que publicó sus dos primeros álbumes, VACANCY supone su tercer disco y el primero fuera de ese entorno, marcando el inicio de una nueva etapa en su carrera. Lennox llega a este punto en un momento paradójico: después de darse a conocer bajo el paraguas de Dreamville -un contexto que le otorgó prestigio dentro del R&B contemporáneo, pero que también la confinó a un estatus cercano al artista de culto-, VACANCY se ha convertido, contra lo habitual, en el trabajo con mayor atención y repercusión mediática de su trayectoria. No tanto por un giro radical o una ampliación de los márgenes del género, sino precisamente por lo contrario: Lennox se presenta como una artista ya definida, sin necesidad de subrayar virtuosismo ni reinventarse, ofreciendo un R&B funcional, refinado y fácilmente asimilable que encaja con precisión en el momento industrial actual del género. 

El disco destaca más por lo que decide evitar que por lo que persigue. Lejos del exhibicionismo vocal tan habitual en el R&B estadounidense, Lennox apuesta por una interpretación atmosférica y contenida, más cercana a una sensibilidad asociada al soul británico que a la tradición de la sobreactuación emocional. Esa contención, que aquí se valora como una virtud, hace que VACANCY resulte escuchable precisamente porque no exige admiración constante hacia la cantante: no deslumbra, pero tampoco cansa, algo nada menor en un género tan dado al exceso. 

En lo narrativo, articula su discurso alrededor del vacío emocional entendido no como gran drama, sino como un estado prolongado de desgaste afectivo. Lennox canta a relaciones sostenidas por inercia, intimidades erosionadas y silencios que pesan más que los conflictos abiertos, adoptando una mirada cotidiana y desprovista tanto de melodrama como de empoderamiento impostado. La vulnerabilidad aparece sin autocompasión ni clímax, más cercana a la aceptación que a la catarsis, reforzando una narrativa de autocontrol y repliegue emocional que puede leerse como madurez, pero que también genera una sensación de estancamiento. 

Esa misma lógica se traslada al plano sonoro. La producción, pulcra y conservadora, se apoya en tempos medios, texturas suaves y arreglos funcionales que rara vez reclaman protagonismo. Los beats, bien construidos pero previsibles, evitan cualquier aspereza, mientras la voz de Lennox se integra en la mezcla como un elemento más del clima general, sin buscar ruptura ni tensión. Forma y fondo encajan con coherencia, pero lo hacen dentro de un margen de seguridad que deja al disco bien perfilado, aunque artísticamente contenido y poco proclive a trascender su propio planteamiento. 

A esa sensación de uniformidad contribuye también el carácter abiertamente multiproducido del álbum. VACANCY acredita cerca de una veintena de productores y más de cuarenta autores, un despliegue industrial que, lejos de traducirse en diversidad o tensión creativa, termina reforzando la homogeneidad del conjunto. Las canciones comparten una misma paleta sonora, cuidadosamente calibrada y sin aristas, como si el disco hubiese sido diseñado para no desentonar en ningún contexto concreto. Esta acumulación de manos no genera fricción ni contraste, sino una estandarización elegante que apunta más a la optimización del producto que a la exploración artística, subrayando de nuevo la vocación segura y funcional del álbum. 

La crítica le ha otorgado una media de 72 sobre 100 que se distribuye de la siguiente manera: AllMusic y NME 80/100; Pitchfork 71/100; Slant Magazine 70/100; Spectrum Culture 68/100 y The Guardian 60/100. Creemos que estas valoraciones son coherentes con la naturaleza del disco. No estamos ante un trabajo fallido ni descuidado, pero sí ante uno que opta de forma deliberada por la seguridad antes que por el riesgo. Frente a propuestas como la de Olivia Dean -capaz de asumir decisiones artísticas más ambiciosas y de articular un discurso que empuja el género hacia otros territorios-, el álbum de ARI LENNOX se queda claramente un paso por detrás. Aun así, sería injusto penalizarlo en exceso: su rechazo al exhibicionismo vocal y a la hipertrofia emocional que encarnan figuras como Jennifer Hudson -y que acaban por vaciar de sentido al R&B a base de exceso- juega a su favor. Vacancy no aspira a deslumbrar ni a redefinir nada, pero tampoco resulta invasivo ni agotador. Y en el contexto actual del género, esa moderación sigue teniendo un valor. Por eso nuestra valoración coincide con los picos más altos de la crítica generalista: Un 80 sobre 100.  


MEJORES MOMENTOS: Vacancy, Under The Moon, Soft Girl Era

MEDIA CRÍTICA: 72/100

NUESTRA VALORACIÓN: 80/100

ZACH BRYAN - WILD HEAVEN ON TOP


El prolífico cantautor country ZACH BRYAN nos sorprende con WILD HEAVEN ON TOP, un nuevo álbum que llega apenas un año después de The Great American Bar Scene (2024). Este disco incluye 25 canciones y aparece en dos versiones: la edición de estudio, sobre la que escribimos esta reseña, y una edición acústica alternativa. Se trata de un proyecto más extenso y expansivo que sus trabajos anteriores. Sonoramente, el álbum es más ambicioso, con arreglos más amplios que incluyen secciones completas de banda, horns, guitarras eléctricas y ritmos más consistentes, mientras que discos previos, especialmente su homónimo de 2023, eran más acústicos y crudos. Como ocurría en su álbum homónimo, Bryan abre WILD HEAVEN ON TOP con Down, Down, Stream, una narración hablada que funciona como introducción poética y autobiográfica. Bryan recita imágenes reflexivas sobre la vida y los recuerdos, usando la metáfora de una corriente de agua (“downstream”) para expresar que “todas las cosas buenas y malas que me habían ocurrido… pasan ante mí flotando corriente abajo”. Habla de momentos y experiencias que han marcado su vida: bares, viajes, mujeres que ha amado, peleas, risas, victorias y fracasos, como si estuvieran siendo arrastrados por un río de experiencias. Es una reflexión íntima y nostálgica que prepara al oyente para la intensidad de las historias personales y los temas centrales del álbum: movimiento, memoria, corazón roto, identidad y la búsqueda de un lugar donde sentirse en casa. 

Cuando hablamos de un cantautor country, es interesante analizar en qué ideología se enmarca su música. En el caso de ZACH BRYAN, no se encasilla en ninguna cerrada. Bebe de la tradición folk-country clásica, hace énfasis en la clase trabajadora, desconfía del poder, la fama y las élites, entiende un patriotismo emocional -no institucional- y cree más en la moral personal que en la doctrina política. Esto lo sitúa cerca de lo que en EE. UU. se suele llamar populismo cultural, pero no partidista, en un terreno donde han estado artistas como SpringsteenTownes Van Zandt o Dylan en ciertos momentos de su carrera. 

La crítica ha puntuado WILD HEAVEN ON TOP con una media de 68 sobre 100, una de las más bajas de su carrera hasta el momento. Las notas más altas provienen de Consequence Of Sound (83/100) y Clash (80/100), mientras que Pitchfork y Rolling Stone dieron 70/100. Las más bajas vinieron de Paste y The Needle Drop (50/100), Concretamente The Needle Drop fue especialmente duro señalando que las canciones de este disco parecen descartes de trabajos anteriores. Nosotros, que nunca hemos conectado plenamente con la música de ZACH BRYAN, reconocemos que es un cantautor con muchísimo oficio: sus letras son honestas y están bien escritas, y tiene un gran oído para la emoción cotidiana. Pero su gesto artístico es básicamente: “contar mejor las historias del country de siempre”, no “preguntarse si esas historias pueden contarse de otra forma”. Por eso hemos conectado más con artistas como Chris Stapleton o Sturgill Simpson, que han mostrado una vocación renovadora del género. Incluso preferiríamos a Honey Harper, aunque sea prácticamente de nicho comparado con Bryan. Porque juega con el imaginario country, lo vuelve extraño, melancólico y casi onírico, y establece una relación más artística que testimonial con el género. 

Nuestra nota para WILD HEAVEN ON TOP es de 80 sobre 100, según nuestra forma de escuchar los discos. Aceptar el viaje de más de una hora propuesto por Bryan nos ha permitido encontrar canciones que funcionan muy bien y con las que hemos conectado más que en otras ocasiones. Sin embargo, pensamos que sería más recomendable que publicara discos de diez canciones y se tomara un par de años entre álbum y álbum, porque de lo contrario podría acercarse demasiado a la estrategia de producción masiva de artistas como Morgan Wallen, algo que creemos que no debería suceder.

MEJORES MOMENTOS: Plastic Cigarettes, Bad News, Dry Deserts, Skin, Say Why...

MEDIA CRÍTICA: 68/100

NUESTRA VALORACIÓN: 80/100

JENNY ON HOLIDAY - QUICKSAND HEART


JENNY ON HOLIDAY es el proyecto en solitario de la cantautora británica Jenny Hollingworth, conocida principalmente por ser la mitad del dúo Let’s Eat Grandma junto a Rosa Walton. Let’s Eat Grandma se creó prácticamente cuando sus protagonistas eran adolescentes con un estilo experimental que mezclaba electrónica, pop bizarro y elementos folk y ha tenido continuidad en el tiempo y cierto reconocimiento. Tras años de experiencia compartida y compositora intensa en Let’s Eat Grandma, Jenny decidió explorar un camino individual con un enfoque más pop directo y personal. Para este nuevo capítulo ha adoptado el alias JENNY ON HOLIDAY, que según ella misma indica es un juego de palabras sobre estar “de vacaciones” creativas de la banda y reencontrarse con un sonido propio.

QUICKSAND HEART es su carta de presentación y usa el synthpop más como lenguaje base que como destino: los sintetizadores y las cajas de ritmos no funcionan aquí como guiño retro ni como superficie bailable obligatoria, sino como una arquitectura emocional flexible. Hay momentos de pop electrónico luminoso, sí, pero también capas de dream pop, melodías que rozan el soft rock ochentero, gestos de art pop muy cuidados y una sensibilidad casi folk en la forma de escribir y frasear las canciones. La producción es refinada pero íntima, con arreglos que dejan espacio al silencio y a la vulnerabilidad, y con una voz que no busca imponerse sino habitar cada tema. Por eso el álbum no se siente como un ejercicio de estilo ni como un revival de género, sino como un conjunto de canciones que usan herramientas conocidas para decir algo personal, cambiante y emocionalmente inestable -justo como sugiere el título-, y ahí es donde atrapa y no te suelta. 

Las narrativas de QUICKSAND HEART se construyen desde un lugar muy íntimo, casi confesional, pero evitan el dramatismo explícito o la épica emocional. Jenny escribe como quien piensa en voz alta, con imágenes cotidianas, sensaciones físicas y estados de ánimo cambiantes que no siempre se resuelven. Habla del amor, la dependencia, la ilusión y la fragilidad sin convertirlos en lecciones ni en grandes declaraciones: más bien los presenta como procesos inestables, contradictorios, a veces placenteros y a veces incómodos. Hay una tensión constante entre el deseo de entregarse y el miedo a perder el equilibrio, y esa ambigüedad atraviesa todo el disco. Las canciones no cuentan historias cerradas, sino momentos emocionales suspendidos, como si cada tema capturara un pensamiento justo antes de tomar forma definitiva, lo que refuerza la sensación de honestidad y hace que el oyente se sienta dentro de ese flujo mental, no solo observándolo desde fuera. 

Su media crítica es de un 74 sobre 100 predominando el 80/100 de medios como PopMatters, The Skinny, Clash, The Guardian, Gods Is In The Tv, Dork o The Irish Times. Las notas más bajas provienen de Uncut, The Line Of Best Fit o Mojo con un 60/100. La recepción crítica de este proyecto no puede desligarse del contexto de su origen: durante años, los dúos de chicas jóvenes que se mueven entre el pop y la experimentación han sido observados con una mezcla de fascinación y condescendencia, obligados a demostrar una y otra vez su legitimidad artística. En ese marco, a proyectos como este se les exige evolución, profundidad y riesgo de forma casi permanente, a menudo con un nivel de escrutinio superior al que se aplica a propuestas masculinas o estilísticamente más “aceptables”. QUICKSAND HEART parece consciente de esa presión y, en lugar de responder con grandilocuencia, opta por la claridad, la intimidad y el control emocional, una decisión que puede leerse como un gesto de madurez más radical de lo que aparenta. El resultado es un disco que no pide permiso ni justifica su sensibilidad, y que precisamente por eso resulta tan sólido y relevante. Por eso nuestra nota es un 85 sobre 100


MEJORES MOMENTOSGood Intentions, Every Ounce Of Me, Dolphins

MEDIA CRÍTICA: 74/100

NUESTRA VALORACIÓN: 85/100

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