Ya sabéis que en diciembre termina un proceso de trabajo para nosotros, con la confección de nuestra lista de los mejores álbumes del año, que nos deja exhaustos. Después llegan nuestras vacaciones y en enero tenemos que volver con más fuerza para empezar a construir un nuevo proceso desde el principio. Siempre hay un disco que nos hace volver con más ganas y que nos hace amar esta profesión. El de este año no es otro que VALENTINE, el noveno álbum de estudio de la gran COURTNEY MARIE ANDREWS.
Tenemos que confesar que sus tres últimos trabajos -May Your Kindness Remain (2018), Old Flowers (2020) y Loose Future (2022)- se han convertido en algunos de nuestros álbumes de cabecera y que todavía los seguimos escuchando. Eso quiere decir que nuestras expectativas con VALENTINE estaban muy altas, y estamos gratamente sorprendidos porque nos vuelve a dar otra pequeña joya. Es cierto que su media crítica es similar a la de algunos de esos trabajos, con un 75 sobre 100 según albumoftheyear.org, que va a ser el único agregador de críticas que vamos a usar en 2026 como referencia. Medios como Clash, Mojo, Record Collector o Hot Press le han otorgado un 80/100. Pero tanto Uncut (70/100) como The Arts Desk (60/100) han conseguido que baje la nota con sus puntuaciones y vuelva a sentirse que la están infravalorando.
Sobre esta decisión de la crítica tenemos que decir que VALENTINE no busca sorprender formalmente ni reinventar géneros. Busca decir las cosas con fuerza, seguridad y nitidez y eso es mucho más difícil de valorar desde fuera que desde dentro, como oyente implicado. Cuando una artista no deja discos menores, cuando cada trabajo dialoga con el anterior y lo supera desde otro ángulo, toda esta escala crítica tradicional se queda corta. Pero este blog nació con la vocación de cambiar todo eso.
VALENTINE tiene en común con Old Flowers (2020) que también es un disco de ruptura. Es verdad que Old Flowers sigue siendo un disco difícil de superar por lo redondo y emocionalmente devastador que es, pero VALENTINE no suena en absoluto como un paso atrás. Tiene una fuerza muy directa, quizá menos contenida que Old Flowers, pero igual de intensa. Se nota una energía más frontal, menos introspectiva en algunos momentos, como si Andrews estuviera cantando desde un lugar más afirmativo que vulnerable. Las canciones entran rápido y se sostienen por interpretaciones muy convincentes, sobre todo a nivel vocal. Nunca ha cantado con más fuerza.
VALENTINE no está narrado desde el duelo ni desde la herida abierta, como Old Flowers. A nivel narrativo, el cambio es bastante claro. La ruptura se cuenta desde un lugar posterior, más consciente y más activo: ya no se cuestiona constantemente ni se recrea en la pérdida; toma decisiones, marca límites, se reafirma. Incluso cuando hay dolor, no es paralizante.
Se sabe muy poco de la vida privada de COURTNEY MARIE ANDREWS. Es cierto que cuando presentó Old Flowers dijo que se trataba del fin de una relación importante en su vida. No hay indicios claros de que haya confirmado que lo que cuenta en VALENTINE se trate explícitamente de la misma ruptura que en Old Flowers, y escuchando ambos discos con atención nos da la sensación de que no importa tanto si se trata de la misma persona o no, sino el lugar emocional desde el que se escribe. Porque el enfoque es totalmente diferente. Puede ser perfectamente la misma historia sentimental, pero contada desde otro tiempo vital. Old Flowers suena a ruptura reciente o aún no metabolizada: cuando todo sigue doliendo, cuando se revisa cada gesto, cuando todavía hay apego. VALENTINE, en cambio, suena a alguien que ya ha vivido otras cosas después, que ha ganado perspectiva. Incluso aunque fuera la misma relación, ya no se escribe desde la pérdida, sino desde la identidad recuperada.
En cuanto a géneros y estilos, si alguien llama country a este trabajo es sobre todo por la manera de usar su voz: el acento, el fraseo, la narrativa o alguna instrumentación puntual. Pero la etiqueta country se queda muy corta para un trabajo de la magnitud de VALENTINE. Sería más justo hablar de un disco de raíces, de americana, más cercano al alt-country. También es un álbum de folk rock, con estructuras sencillas, melodías claras y un protagonismo muy fuerte de la voz. Hay una herencia folk evidente en la manera de frasear y en el peso de la narrativa, pero con músculo rock.
También podemos hablar de heartland rock en una versión contenida, porque hay momentos que conectan más con el rock americano de carretera que con el country: canciones que parecen pensadas para avanzar, para sostenerse en directo, con una épica pequeña pero muy firme. No es que sea como Springsteen en lo sonoro, pero sí en la intención emocional.
Por producción y enfoque, el disco encaja mucho en el circuito indie actual: limpio, claro, sin exceso de ornamentos, priorizando la canción sobre el género. Eso lo aleja del country clásico y lo acerca a públicos más amplios. Pero todo esto siempre bajo el marco de música de cantautora. Ese es el núcleo real del disco. Andrews escribe desde una tradición muy clara de cantautora confesional, pero con una producción moderna y segura que ha creado ella misma junto a Jerry Bernhardt. No es intimismo puro, es songwriting con ambición de escenario grande.
En lo que a nosotros respecta, y como buenos oyentes conscientes que somos, que no simplificamos tanto como hace la crítica generalista y somos muy coherentes con las puntuaciones que dimos anteriormente a los álbumes de COURTNEY MARIE ANDREWS, VALENTINE es otro 100 sobre 100, como Old Flowers (2020). La palabra que mejor lo define sería “claridad”: Su voz suena más limpia, menos envuelta en melancolía o en bruma emocional. Incluso cuando canta sobre cosas dolorosas, hay una luminosidad muy consciente, como si ya no necesitara esconderse detrás de la tristeza para decir verdades incómodas. Eso hace que las canciones tengan más empuje, más presencia inmediata. Y eso conecta directamente con un mejor recorrido comercial. VALENTINE es un disco más accesible sin ser complaciente: melodías más directas, estribillos más memorables, una producción que no diluye la emoción pero sí la hace más abierta. No suena a concesión; suena a alguien que ha ganado seguridad y sabe cómo comunicar mejor lo que quiere decir. Además, hay algo importante: la fuerza de las canciones no depende solo de la letra o del contexto emocional, sino de cómo funcionan por sí mismas. Eso suele traducirse en mayor alcance, en oyentes que quizá no conectaron tanto con la introspección de Old Flowers, pero sí con esta energía más clara y afirmativa.
MEJORES MOMENTOS: Keeper, Cons And Clowns, Little Picture Of A Butterfly fueron sus adelantos. Pero hay que escuchar el álbum entero desde la primera canción a la última y en el orden que está grabado. Es absolutamente maravilloso.
MEDIA CRÍTICA: 75/100
NUESTRA VALORACIÓN: 100/100
