Hay discos que llegan hasta nosotros cuando ya todo el mundo está hablando de ellos. A SWEET PASSERBY, segundo trabajo de KELZ, todavía no pertenece a esa categoría. Y quizás ahí esté precisamente una parte de su encanto. Estamos ante una artista que empieza a asomar la cabeza fuera de un circuito todavía pequeño y ante un álbum que nos invita a detenernos un momento antes de seguir buscando el siguiente lanzamiento.
Detrás de KELZ está Kelly Truong, una artista, compositora, productora y multiinstrumentista vietnamita-americana nacida en Orange County y asentada en Los Ángeles. Su proyecto nació ligado a esa tradición bedroom pop en la que hacer música significa también construir el espacio en el que esa música va a existir: canciones grabadas y producidas con una fuerte implicación personal, guitarras, sintetizadores, ritmos electrónicos y una voz frágil que parece acercarse a nosotros en lugar de obligarnos a captar su atención. Truong ha explicado también cómo su identidad vietnamita-americana forma parte de su manera de entenderse a sí misma, en ese territorio intermedio entre distintas formas de concebir la familia, la individualidad y la propia identidad.
Todo eso adquiere un peso especial en A SWEET PASSERBY. El álbum fue tomando forma durante unos cuatro años atravesados por pérdidas familiares, duelo, relaciones que se desvanecen, depresión y una búsqueda personal de aceptación y tranquilidad. No estamos, por tanto, ante un disco que esconda sus heridas, aunque lo verdaderamente interesante es que tampoco las presenta de una manera evidente. A SWEET PASSERBY prefiere envolverlas en luz.
Ahí es donde la música empieza a contarnos algo diferente. KELZ parte del bedroom pop, pero no se queda encerrada en él. La electrónica abre las paredes de esas canciones, los sintetizadores dejan espacio alrededor de la voz y las guitarras aparecen como pequeñas fuentes de luz dentro de un paisaje que termina acercándose al ambient. No porque estemos ante un disco ambient en el sentido más estricto, sino porque la sensación que nos queda después de escucharlo es la de haber permanecido dentro de una atmósfera durante casi cuarenta minutos. Y esa atmósfera es tremendamente californiana.
Podemos hablar de sus raíces vietnamitas y de cómo forman parte de su identidad, pero cuando escuchamos A SWEET PASSERBY pensamos en otra cosa: en Orange County, en Los Ángeles, en una carretera junto al Pacífico, en la ventana de un coche abierta y en la brisa del mar entrando mientras el sol empieza a bajar. Hay algo luminoso, cálido y abierto en estas canciones que contrasta con lo que cuentan. La tristeza nunca termina de oscurecer el paisaje. Al contrario, parece atravesarlo.
Esa contradicción es probablemente uno de los grandes atractivos del álbum. Podemos encontrarnos con canciones que hablan desde la pérdida, la soledad o la inseguridad mientras la música nos invita a movernos. Sweet Escape es un buen ejemplo de esa convivencia entre el duelo y la ligereza, pero la sensación recorre buena parte del disco. Las melodías parecen sonreír mientras debajo de ellas hay algo que todavía está intentando recomponerse. La propia KELZ ha definido esta luminosidad como una forma de hacer más llevaderos esos sentimientos, y ahí encontramos una de las claves de su música. No necesitamos que la música sea tan triste como aquello que estamos sintiendo para reconocer nuestra tristeza en ella.
También por eso creemos que la secuenciación tiene tanta importancia. Las canciones funcionan individualmente. Algunas podrían salir perfectamente del álbum y encontrar su espacio como singles, pero A SWEET PASSERBY gana cuando lo escuchamos completo. Las piezas parecen colocadas para llevarnos de un estado a otro, para que las texturas, los ritmos y las voces vayan construyendo un recorrido. No es simplemente una colección de canciones de KELZ; es un lugar al que entramos y del que salimos después de haber pasado un tiempo en su interior.
Y eso tiene algo casi contracultural en 2026. Porque casi nadie escucha discos enteros.
Vivimos en una época en la que una canción puede ser arrancada de su contexto en cuestión de segundos y convertirse en un fragmento independiente para una playlist, un vídeo o un algoritmo. KELZ, sin embargo, ha construido un paisaje que merece ser recorrido. Podemos detenernos en una canción concreta, volver a Just Us 2, a Breathe, a Falling Behind o a I'm Sorry, y encontrar en ellas motivos suficientes para regresar. Pero el verdadero sentido aparece cuando dejamos que el álbum avance sin intervenir.
Quizás esa sea también la razón por la que A SWEET PASSERBY puede resultar más interesante de lo que su aparente sencillez deja entrever. No necesita grandes gestos para crecer. Se mueve mediante pequeñas variaciones, texturas, voces susurradas, guitarras y ritmos que se van encadenando hasta conseguir que dejemos de pensar en canciones aisladas y empecemos a pensar en un paisaje.
Y algo está empezando a cambiar alrededor de KELZ. Su primer álbum, 5 AM and I Can't Sleep, publicado en 2022, pasó prácticamente desapercibido para la crítica especializada. En cambio, A SWEET PASSERBY ya está consiguiendo una atención que entonces no llegó. Las dos valoraciones que están registradas actualmente, la de Spill Magazine (80/100) y la de AllMusic (70/100), sitúan la media en un 75 sobre 100. Son todavía muy pocas reseñas como para hablar de consenso crítico, pero sí suficientes para detectar que algo está pasando con KELZ.
EXQUSITECES nació, en buena medida, con la intención de prestar atención a esos artistas que todavía necesitan ser descubiertos, cuando todavía no tenemos la certeza de hasta dónde pueden llegar. Hemos tenido la suerte de escribir sobre músicos que posteriormente han conseguido una repercusión enorme, pero nunca hemos pensado que descubrir a un artista consista en adivinar el futuro. Se trata más bien de reconocer que algo está ocurriendo delante de nosotros y de darle el espacio que merece.
No sabemos qué futuro le espera a KELZ. No sabemos si A SWEET PASSERBY será el disco que preceda a una carrera mucho mayor o si permanecerá como una pequeña joya para quienes llegamos hasta él en este momento. Pero sí sabemos que tiene ese algo que nos hace querer compartir un descubrimiento.
Porque hay una paradoja en este álbum que esconde cierta belleza. Está lleno de canciones que pueden funcionar por sí mismas y, al mismo tiempo, nos pide que no las separemos. Es luminoso y habla desde lugares bastante oscuros. Es íntimo y, sin embargo, consigue abrirse hasta convertirse en un paisaje enorme. Parte de una habitación y termina dejando entrar el océano. Quizás no necesitamos escuchar discos enteros como antes. Quizás tampoco necesitamos que los artistas nos ofrezcan una respuesta definitiva sobre quiénes son. Pero cuando aparece un álbum como A SWEET PASSERBY, nosotros sí queremos quedarnos hasta el final. Queremos pasear por él, dejar que sus canciones nos acompañen y descubrir el poso que deja cuando termina. Nuestra valoración es un 85 sobre 100.
MEJORES MOMENTOS: Just Us 2, Sweet Scape, Breathe, I'm Sorry, Sunday Miracle...
MEDIA CRÍTICA: 75/100
NUESTRA VALORACIÓN: 85/100

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