Llevamos siguiendo a LAURA VEIRS desde su primer disco, publicado en 1999, y quizás por eso TEMPLE SONGS nos ha producido una sensación difícil de explicar sin recurrir a algo tan sencillo como la emoción. Al terminar la primera escucha tuvimos la impresión de habernos reencontrado con una amiga a la que hacía mucho tiempo que no veíamos. No porque LAURA VEIRS haya dejado de estar presente durante estos años, ni porque TEMPLE SONGS sea una vuelta atrás, sino porque hay algo en estas canciones que nos resulta inmediatamente familiar. Como si después de todo este tiempo hubiéramos vuelto a reconocer una voz que siempre estuvo ahí.
Veirs ha construido una discografía extensa en la que resulta inevitable distinguir diferentes etapas. Una de ellas está estrechamente ligada a Tucker Martine, aunque su presencia en la carrera de la compositora llegó unos años después de aquel debut. Martine ha sido un productor extraordinario y su importancia en algunos de los mejores trabajos de Veirs es indiscutible. Carbon Glacier (2004), Years of Meteors (2005), Saltbreakers (2007) y, especialmente, July Flame (2010) forman parte de ese periodo que seguimos considerando fundamental dentro de su trayectoria. My Echo (2020), además, nos parece un magnífico cierre para aquella etapa.
Pero no creemos que la historia de LAURA VEIRS pueda reducirse a una cuestión de estar mejor con Martine o sin él. Su capacidad como compositora es incuestionable. Basta con volver a CASE/LANG/VEIRS (2016) para comprobarlo. En un álbum en el que compartía espacio con dos compositoras de enorme personalidad como Neko Case y k.d. lang, las canciones de Veirs no solo estaban a la altura, sino que para nosotros destacaban especialmente. Esa es una cuestión que conviene recordar ahora, porque TEMPLE SONGS no demuestra que Veirs pueda escribir buenas canciones sin Tucker Martine. Eso ya lo sabíamos. Lo que sí demuestra es hasta dónde puede llegar cuando decide asumir por completo el proceso.
TEMPLE SONGS es el primer álbum que LAURA VEIRS ha escrito, grabado, arreglado, producido e interpretado en solitario. En el proceso solo ha contado con Philip Weindrobe como ingeniero de mezcla, con Tyler Hicks y Zach Bloomstein como ingenieros asistentes de mezcla y con Josh Bonati en la masterización. Después de cerrar su etapa con Martine en My Echo, Veirs comenzó a recorrer su propio camino. En Found Light (2022) contó con Shahzad Ismaily como coproductor y en Phone Orphans (2023) asumió ya la producción en solitario. Ahora, con TEMPLE SONGS, lleva esa independencia hasta sus últimas consecuencias.
La transición resulta especialmente interesante si tenemos en cuenta la naturaleza de Phone Orphans. Nos gustó aquel disco desde el principio, pero también tenemos que reconocer que no hemos vuelto a él como sí hemos vuelto a la mayoría de los álbumes de Veirs. Era un trabajo especial, casi una rareza dentro de su discografía, construido a partir de demos, notas de voz grabadas con el móvil y otros materiales que después fueron transformándose en canciones. Tiene el atractivo de permitirnos acercarnos al proceso creativo de una artista que conocemos bien, pero también tiene algo de documento, de colección de piezas encontradas.
En TEMPLE SONGS volvemos a encontrarnos con un álbum en el sentido más pleno de la palabra. Musicalmente se mueve dentro del indie folk y del territorio de la cantautora, pero no se queda instalado cómodamente en él. Veirs sigue teniendo esa capacidad para construir canciones aparentemente sencillas que esconden una considerable riqueza en sus arreglos, y buena parte del atractivo del álbum está precisamente en cómo consigue mantener una identidad reconocible mientras se permite introducir elementos menos previsibles.
Pulse es probablemente el ejemplo más evidente. La canción termina abriéndose hasta desembocar en una explosión de jazz que nos saca del lugar en el que parecía que iba a quedarse. Es uno de esos momentos en los que entendemos que esta independencia creativa no consiste solamente en haber podido grabar todos los instrumentos o encargarse de la producción. También consiste en poder tomar decisiones arriesgadas, seguir una intuición y comprobar hasta dónde puede llevarnos una canción.
Y esa libertad aparece de diferentes maneras a lo largo del disco. No estamos ante un ejercicio de experimentación por el mero hecho de experimentar. Veirs no necesita disfrazar sus canciones para demostrar que está haciendo algo nuevo. La base sigue siendo la misma: melodías, guitarras, una voz que nunca necesita imponerse y una escritura capaz de combinar lo cotidiano con lo simbólico. Pero los arreglos adquieren una personalidad propia y permiten que algunas canciones se alejen de lo previsible sin perder nunca de vista su esencia.
Las narrativas de TEMPLE SONGS también contribuyen a esa sensación de intimidad. Hay en el disco una mirada hacia dentro, hacia las relaciones, el paso del tiempo, la memoria y esa necesidad de encontrar algún tipo de refugio en medio de todo lo que cambia. No necesitamos convertir cada canción en una confesión para percibir que estamos ante un trabajo muy personal. La intimidad de Veirs nunca ha dependido de levantar la voz.
Y aquí volvemos inevitablemente a July Flame. Es el disco de su carrera con el que TEMPLE SONGS nos parece más emparentado. No porque suene exactamente igual, sino porque comparte esa extraordinaria capacidad para hacer que las canciones parezcan cercanas desde la primera escucha y, al mismo tiempo, permitan descubrir nuevos detalles con cada regreso. Flying Into Darkness es uno de los mejores ejemplos de esa conexión. Hay algo en su melodía, en la manera de construir el arreglo y en la forma en que Veirs deja que la canción avance que nos lleva directamente a aquella época.
Pero TEMPLE SONGS no es una repetición de July Flame. Si aquel álbum representaba una de las cimas de lo que Veirs podía conseguir trabajando junto a Martine, este nos muestra qué ocurre cuando ella misma controla cada una de las piezas. La comparación resulta inevitable precisamente porque las diferencias también son reveladoras.
Durante años, algunos críticos calificaron a LAURA VEIRS de fría. Nunca hemos entendido demasiado bien esa descripción. Podemos entender que su manera de cantar sea contenida, que nunca haya necesitado grandes exhibiciones emocionales y que sus arreglos puedan ser delicados, detallistas o incluso algo distantes en apariencia. Pero confundir contención con frialdad nos parece un error.
Su emoción está muchas veces dentro de las canciones y no necesariamente en la manera de interpretarlas. No necesita subrayar una frase para que entendamos lo que hay detrás de ella. Tampoco necesita convertir una canción íntima en una demostración de vulnerabilidad. Quizás esa manera de cantar haya hecho que algunos la percibieran como distante, pero nosotros siempre hemos encontrado precisamente lo contrario: una cercanía que no necesita ser explícita.
TEMPLE SONGS vuelve a ponerlo de manifiesto. Hay algo especialmente cálido en este disco. No necesariamente porque sea más sentimental que otros trabajos de Veirs, sino porque su voz, sus canciones y sus arreglos consiguen transmitir una familiaridad que reconocemos inmediatamente. Es una música que no nos exige nada y, sin embargo, consigue que queramos volver a ella.
La crítica le ha otorgado una media de 77 sobre 100 distribuida de la siguiente manera: MusicOHM, PopMatters, AllMusic, Mojo y The Arts Desk 80/100; Spectrum Culture 75/100; Pitchfork 74/100 y Far Out Magazine y Uncut 70/100. La lectura que hacemos de estas cifras es muy positiva. La crítica, en general, considera que Veirs mantiene el nivel, y no es poca cosa cuando hablamos de una artista que lleva publicando discos desde hace más de veinticinco años.
Es cierto que TEMPLE SONGS todavía queda lejos de la valoración que obtuvo su álbum mejor puntuado por la crítica, Carbon Glacier, con un 86/100. Y también resulta significativo que aquel disco estuviera producido por Tucker Martine. Pero el segundo álbum mejor valorado es CASE/LANG/VEIRS, con un 81/100, y aquí merece la pena insistir en algo que ya hemos señalado: las canciones de Veirs estaban entre lo mejor de aquel trabajo.
Quizás las cifras no cuenten toda la historia. Un 77 sobre 100 puede indicar que estamos ante un disco muy sólido, pero no necesariamente explica lo que ocurre cuando lo escuchamos después de conocer durante tantos años la obra de Veirs. Para nosotros, TEMPLE SONGS tiene algo que no siempre aparece en una primera valoración crítica: ganas de volver a él. Y esa capacidad de permanencia es, en nuestra opinión, una de las mejores maneras de medir un disco de una compositora con una trayectoria tan larga.
Porque al final TEMPLE SONGS nos ha producido una sensación muy concreta: la de reencontrarnos con una amiga que hacía tiempo que no veíamos. Reconocemos su voz, sus maneras, su forma de escribir y esa sensibilidad que siempre hemos encontrado en sus canciones. Pero hay algo más. Tenemos la impresión de que no solo nosotros estamos reencontrándonos con Laura Veirs. También parece que Laura Veirs está reencontrándose consigo misma.
Quizás por eso este disco nos gusta tanto. No necesitamos decidir si Veirs está mejor sola o con Tucker Martine. Martine fue una parte importante de su historia y produjo algunos de sus mejores discos, pero TEMPLE SONGS demuestra algo mucho más interesante: que LAURA VEIRS tenía dentro todo lo necesario para seguir adelante por sí misma. Algunos lo teníamos bastante claro desde hace tiempo. Otros han tenido que esperar a que ella lo demostrara. Nuestra valoración para TEMPLE SONGS es de 90 sobre 100.
MEJORES MOMENTOS: Flying Into Darkness, Pulse, Arc Still Bends, Golden Seams, River's Song, Sunlight And Doom...
MEDIA CRÍTICA: 77/100
NUESTRA VALORACIÓN: 90/100

No hay comentarios:
Publicar un comentario