GABRIELLE CAVASSA es la nueva sensación del Jazz Vocal. Recientemente ha publicado DIAVOLA su primer disco con el sello Blue Note con el que fichó en 2024. Aunque antes de llegar a ese momento convendría recordar quien es esta artista. Porque antes de DIAVOLA, Cavassa ya era considerada una de las voces más prometedoras del jazz estadounidense y después de este álbum, parece una artista plenamente consciente de su lenguaje y de su lugar dentro de la tradición.
GABRIELLE CAVASSA es una cantante e instrumentista californiana de ascendencia italiana. Cuentan que desde muy joven desarrolló una relación muy intensa con la música escuchando discos de manera casi obsesiva y formándose en gran medida de manera autodidacta. Más tarde estudió Música en la San Francisco State University, aunque ella misma ha señalado que su verdadera educación musical llegó tocando en los clubes de jazz del área de San Francisco. Aunque también fue crucial en su desarrollo artístico la ciudad de New Orleans donde se integró rápidamente en la escena local, colaborando con músicos de primer nivel y consolidando un estilo vocal caracterizado por la intimidad expresiva, el fraseo flexible y una notable atención al significado de las letras.
Su primer álbum, Gabrielle Cavassa (2020), apareció de forma independiente. Al año siguiente obtuvo uno de los reconocimientos más prestigiosos para una cantante de jazz al ganar el concurso internacional Sarah Vaughan International Jazz Vocal Competition. El gran salto de visibilidad llegó gracias a su colaboración con el saxofonista Joshua Redman. Su participación en el álbum Where Are We (2023) llamó la atención de la crítica y del público, convirtiéndola en una de las voces más comentadas del jazz estadounidense reciente.
La identidad artística de Cavassa está muy ligada a su herencia italiana y a una concepción narrativa del canto. DIAVOLA gira alrededor de la dicotomía entre lo angélico y lo demoníaco. Precisamente las canciones Angelo y Diavola constituyen el núcleo conceptual del álbum y desarrollan la dualidad ángel/diablo que da título al álbum. La primera es una canción italiana de Luigi Tenco; la segunda, el contrapunto escrito por Cavassa.
Pero la oposición entre Angelo y Diavola funciona además como algo más que un recurso conceptual. A lo largo del álbum aparecen constantemente tensiones similares: tradición y modernidad, inocencia y experiencia, contención y dramatismo. Incluso la selección del repertorio parece responder a esa lógica. Cavassa se mueve entre materiales muy conocidos y canciones menos transitadas, entre la canción italiana y el jazz estadounidense, entre la composición propia y el estándar. El resultado no es un disco dividido en dos mitades opuestas, sino una exploración de los matices que existen entre ambos extremos. Quizá por eso el título termina resultando tan apropiado: la verdadera protagonista del álbum no es ninguna de las dos fuerzas, sino el espacio ambiguo donde ambas conviven.
El repertorio de este álbum es un gran acierto porque Raindrops Keep Falling on My Head pertenece a esa categoría de canciones que parecen casi imposibles de rescatar porque el oyente llega cargado de asociaciones previas: la película Butch Cassidy and the Sundance Kid (1969) -Titulada en España: Dos hombres y un destino-, la versión de B.J. Thomas, innumerables recopilatorios de easy listening, anuncios de televisión, música ambiental de ascensor...
En España, además, mucha gente la tiene vinculada a campañas publicitarias más que a una escucha musical consciente. Lo interesante de Cavassa es que no intenta modernizarla ni hacer una deconstrucción radical. Lo que hace es devolverle algo que el uso excesivo había borrado: su fragilidad. La canción, cuando se la despoja de todos los clichés posibles, no es una pieza alegre sin más; es una reflexión bastante extraña sobre la resiliencia, sobre aceptar los golpes de la vida sin caer en la autocompasión. Cavassa hace algo más difícil: la escucha de nuevo, y consigue que el oyente también lo haga.
Muchos cantantes de jazz heredan las canciones junto con el peso de todas las versiones anteriores y terminan dialogando con esa tradición de forma más o menos explícita. Cavassa parece optar por el camino contrario. Escucha estas piezas como si todavía no estuvieran canonizadas. No hay en sus interpretaciones la sensación de estar rindiendo homenaje a una tradición ni de intentar superarla. Lo que transmite es la curiosidad de alguien que acaba de encontrarse con una canción y quiere averiguar qué esconde. Esa actitud resulta particularmente valiosa en temas tan conocidos como Prisoner of Love, Be My Love, Could It Be Magic o el citado Raindrops Keep Falling on My Head, porque permite que el oyente vuelva a escucharlos sin el filtro de la costumbre. Y esa actitud es bastante rara en un disco de debut para un sello importante.
No olvidemos que las composiciones propias podrían haber desentonado en un álbum de estas características. Sin embargo, eso no ocurre. Bossy Nova y Diavola, las dos piezas firmadas por Cavassa, se integran de forma natural en el conjunto.
Habría que hablar de Blue Note Records una discográfica que se tiene un tanto idealizada. Existe una tendencia a pensar en el sello como una especie de refugio artístico donde la lógica comercial queda suspendida, pero la realidad es que, especialmente desde los años 90 y bajo distintos propietarios, Blue Note ha funcionado como cualquier otra discográfica: invierte en nuevos talentos, les da una o dos oportunidades y, si no hay tracción suficiente, pasa página. La diferencia es que suele hacerlo con artistas de mucho nivel. Kristina Train es un ejemplo casi de manual. Su debut Spilt Milk (2009) salió en Blue Note con bastante apoyo crítico, pero las turbulencias corporativas en EMI afectaron a la promoción y terminó fuera del sello. Su segundo álbum apareció ya en Mercury.
Y nosotros encontramos cierto paralelismo entre Kristina Train y GABRIELLE CAVASSA: Ambas son cantantes con una personalidad muy marcada, difícilmente clasificables dentro del jazz vocal convencional, y ambas llegaron a Blue Note con un proyecto bastante sofisticado. La diferencia es que Cavassa cuenta con un respaldo muy fuerte de Joshua Redman y de Don Was, además de llegar en un momento en que Blue Note parece apostar más por carreras de largo recorrido que por éxitos inmediatos.
La pregunta interesante será si DIAVOLA vende lo suficiente para justificar un segundo disco. Históricamente, Blue Note ha sido bastante menos romántica de lo que su prestigio podría hacer pensar. De momento la media crítica de DIAVOLA es de 80 sobre 100 basada en las reseñas de AllMusic (90/100) y PopMatters (70/100). En casos como este una buena crítica si puede ayudar bastante a que se cumplan los objetivos comerciales.
Hay otra cosa que GABRIELLE CAVASSA tiene en común con Kristina Train: las dos parecen artistas que toman decisiones musicales guiadas por el gusto antes que por la estrategia comercial. Tienen un excelente gusto musical y eso implica que hay cantantes técnicamente superiores, con más extensión vocal o más potencia. Pero lo raro es encontrar a alguien que parezca incapaz de tomar una decisión musical vulgar. En Kristina Train era difícil encontrar una canción mal elegida o un arreglo oportunista.
Con GABRIELLE CAVASSA percibimos algo parecido en DIAVOLA. Escoger Raindrops Keep Falling on My Head, Prisoner of Love, una canción de Luigi Tenco, Be My Love y Could It Be Magic parece una locura sobre el papel. Son materiales procedentes de mundos distintos y con mucho equipaje cultural. Sin embargo, el disco transmite una unidad estética muy fuerte. Eso suele ser señal de que detrás hay una personalidad artística definida.
Aunque la cohesión del álbum no depende únicamente de la selección del repertorio. Los arreglos contribuyen decisivamente a esa sensación de unidad evitando cualquier tentación de subrayar las diferencias de origen entre las canciones. Cavassa y sus colaboradores parecen más interesados en descubrir afinidades ocultas entre estos materiales que en exhibir sus contrastes. El resultado es un disco que fluye con naturalidad de una pieza a otra y que consigue que canciones separadas por décadas, estilos y contextos culturales parezcan formar parte de una misma conversación.
Lo que más llama la atención de Cavassa es que no parece obsesionada con demostrar nada. Muchos debuts en sellos grandes intentan exhibir virtuosismo o modernidad. DIAVOLA tiene algo más arriesgado: confía en la escucha lenta. Es un disco que te invita a acercarte a las canciones en lugar de impresionarte con ellas.
La historia del jazz y de la música de raíces está llena de artistas admirados por músicos, críticos y un pequeño grupo de oyentes fieles que nunca alcanzaron cifras comerciales significativas. Eso no impide carreras largas, pero sí suele implicar cambios constantes de sello, proyectos más pequeños y, a menudo, autoproducción.
También es verdad que el contexto actual es distinto al de Kristina Train en 2009. Hoy una artista puede mantener una carrera internacional relativamente estable combinando giras, festivales, enseñanza, colaboraciones y grabaciones independientes. Quizá el riesgo para Cavassa no sea desaparecer, sino convertirse en una de esas figuras muy respetadas dentro del jazz contemporáneo que el gran público apenas conoce.
La voz de Cavassa tampoco busca imponerse por volumen o espectacularidad. Su principal virtud está en el control del matiz. Puede sugerir fragilidad sin caer en el susurro afectado y transmitir intensidad sin necesidad de recurrir al dramatismo excesivo. Esa economía expresiva encaja perfectamente con el repertorio elegido para DIAVOLA, donde cada palabra parece pesar tanto como cada nota.
Cuando escuchamos a Cavassa en DIAVOLA, nos recuerda más a cantantes como Luciana Souza o Gretchen Parlato que a las vocalistas de jazz más mediáticas de los últimos años. Las tres comparten una forma de entender el canto que sitúa la expresión por encima de la exhibición técnica. No son intérpretes que busquen impresionar mediante la amplitud del registro o el virtuosismo constante. Su atención parece concentrarse en algo más difícil de conseguir: encontrar el color exacto para cada palabra y la inflexión adecuada para cada frase.
En DIAVOLA, Cavassa demuestra una sensibilidad parecida. Cada canción parece exigirle una voz ligeramente distinta, un carácter diferente, como si el objetivo no fuera imponer una personalidad única sobre el repertorio sino descubrir qué necesita cada pieza para revelar su identidad. Eso suele generar carreras artísticamente muy sólidas, aunque no siempre carreras comerciales espectaculares. No obstante DIAVOLA podría ser una excepción y dar pie a una gran carrera más visible, porque es un disco con alma capaz de llegar hasta el más profano en estos géneros. Solo basta con escucharlo. Nuestra nota es un 90 sobre 100.
MEJORES MOMENTOS: Prisoner of Love, Be My Love, Could It Be Magic, Raindrops Keep Falling on My Head, Bossy Nova, Angelo, Diavola...
MEDIA CRÍTICA: 80/100
NUESTRA VALORACIÓN: 90/100

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