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viernes, 19 de junio de 2026

KELSEY LU: UN EXORCISMO ÍNTIMO.

 


KELSEY LU es una cantante, compositora y violonchelista estadounidense (North Carolina, 1991). Recientemente ha publicado su segundo álbum de estudio titulado SO HELP ME GOD del que hablaremos hoy. Tuvo un prometedor debut con Blood (2019) por el que recibió elogios por combinar arreglos de cuerda, pop alternativo y experimentación sonora. La espera hasta llegar a este segundo trabajo ha merecido la pena.

Kelsey creció en una familia profundamente vinculada a la música: su padre era percusionista y su madre pianista. Fue criada dentro de la fe de los Testigos de Jehová y lo considera una experiencia que ha influido en muchos aspectos de su identidad artística y personal. Aunque KELSEY LU se alejó hace años de ese entorno religioso en el que creció, la dimensión espiritual sigue siendo central en su obra. Sin embargo, SO HELP ME GOD no aborda la fe desde la obediencia doctrinal ni desde el ajuste de cuentas. El álbum parece más interesado en reconstruir una relación personal con lo trascendente, convirtiendo el dolor, el amor y la vulnerabilidad en experiencias casi sagradas. 

KELSEY LU se ha identificado públicamente como queer en distintas entrevistas a lo largo de su carrera. Aunque decir que SO HELP ME GOD es un disco queer o sobre ser queer sería una mentira. La identidad queer de KELSEY LU forma parte del trasfondo desde el que surge el álbum, aunque SO HELP ME GOD no se articula como una obra de reivindicación identitaria. Su aproximación a la espiritualidad, el deseo y la transformación personal puede leerse desde una sensibilidad queer, especialmente por su interés en cuestionar las estructuras heredadas y construir formas alternativas de pertenencia y trascendencia. 

Hasta SO HELP ME GOD Kelsey era conocida por integrar el violonchelo en contextos de pop contemporáneo y R&B. Combinar influencias clásicas, gospel, soul, electrónica y música experimental. o crear obras con una fuerte dimensión visual, performativa y cinematográfica. 

Entre Blood (2019)SO HELP ME GOD, pasaron siete años. Pero KELSEY LU no desapareció: se convirtió en compositora cinematográfica. Las partituras para la película Earth Mama (Savanah Leaf, 2023) y para el documental de Netflix Daughters (Angela Patton y Natalie Rae, 2024) parecen haber hecho evolucionar su manera de escribir. 

En lugar de canciones concebidas como piezas autónomas, SO HELP ME GOD se despliega como una secuencia de paisajes emocionales; un álbum que piensa en términos de atmósfera, tiempo y montaje, como si cada tema fuera una escena dentro de una película interior. Incluso encotraremos cortes como Reaper o American Sonnet -basado en el poema de Wanda Coleman- con una duración entre siete y ocho minutos que avanzan más por acumulación emocional que por estructuras pop convencionales. El disco parece menos interesado en encadenar canciones que en construir espacios sonoros habitables. Aunque tiene la particularidad de darnos ambas cosas y además conseguir una cohesión sonora casi perfecta. 

Si hablamos de sonoridad, aunque suele clasificarse como art pop, chamber pop o chamber folk, SO HELP ME GOD se entiende mejor como un disco de cantautora que incorpora elementos de esos géneros sin someterse a ninguno. Las cuerdas, las capas ambientales y la producción detallista conviven con una escritura centrada en la voz y la emoción. Frente a las composiciones más etéreas aparecen momentos de mayor fricción, como Running to Pain o el extraordinario cierre Cutting Off the Head of a Ghost, que aportan tensión y dinamismo a un álbum que rehúye tanto el minimalismo folk como el exceso ornamental del pop de estudio.  

La presencia de la poetisa Wanda Coleman en los créditos de SO HELP ME GOD no es anecdótica: revela hasta qué punto KELSEY LU concibe el álbum como un espacio donde la canción dialoga con la poesía, el cine y otras formas de narración artística.

En cuanto a la producción de este álbum, además de KELSEY LU nos encontramos con cuatro productores acreditados: Yves Rothman, Jack Antonoff, Bapari y Laura Sisk. Con Antonoff suele ocurrir que muchos oyentes identifican rápidamente ciertos rasgos. En algunos proyectos su firma sonora es tan reconocible que termina formando parte de la conversación crítica. En SO HELP ME GOD, sin embargo, cuesta escuchar el disco y pensar inmediatamente: "es un disco de Antonoff".


 

La presencia dominante sigue siendo KELSEY LU. El violonchelo, las estructuras poco convencionales, la dimensión espiritual, la mezcla de música de cámara, ambient, soul y experimentación son elementos que ya estaban en Blood y que incluso se han intensificado. De hecho, si alguien nos hiciera escuchar el álbum sin créditos, probablemente pensaríamos antes en Yves Rothman que en Antonoff. Rothman tiene experiencia en territorios donde el pop se vuelve más abstracto, más textural y menos dependiente de la canción tradicional. Hay momentos del disco donde la producción parece construida alrededor de atmósferas y espacios acústicos más que de ganchos melódicos, algo que encaja bastante bien con la evolución de Lu desde las bandas sonoras. 

Al fin y al cabo KELSEY LU es una artista difícil de vampirizar por el resto de productores. Hay músicos cuya identidad está muy ligada a una voz, un repertorio o un género concreto y pueden acabar absorbidos por una maquinaria de producción. Lu llega con un lenguaje propio muy desarrollado: el violonchelo no es un adorno, la relación con la música clásica es real, la dimensión performativa también, y además tiene una concepción muy visual y narrativa de la música. 

Es difícil que un productor externo sustituya todo eso. De hecho, una lectura posible del disco es que los productores funcionan aquí más como coloristas que como arquitectos. La arquitectura parece ser de Lu. Los productores aportan matices: una textura de guitarra aquí, una transición allí, una manera determinada de tratar la voz o el espacio sonoro. Pero la estructura profunda del álbum -su tempo emocional, sus obsesiones temáticas, su manera de expandir las canciones hasta convertirlas en paisajes- parece venir de ella.

La lista de colaboradores que incluye a Kim Gordon, Sampha, Oli Jacobs o Kamasi Washington no funciona como una suma de estrellas invitadas, sino como una constelación de lenguajes musicales que el álbum integra sin perder su centro de gravedad. Lejos de diluir la autoría, estos aportes amplían el campo de posibilidades sonoras de KELSEY LU sin desplazarla del núcleo creativo del disco. Ese conjunto de nombres ya nos está diciendo claramente que estamos ante un disco que se sitúa en una zona muy deliberada de ambición sonora y artística.

En el plano narrativo, SO HELP ME GOD evita la estructura confesional o autobiográfica tradicional. Más que relatar acontecimientos concretos, las canciones exploran estados de tránsito: la pérdida, la transformación, la vulnerabilidad, el deseo de sanar y la búsqueda de sentido. KELSEY LU utiliza imágenes que oscilan entre lo corporal, lo espiritual y lo onírico para construir un universo donde el dolor no aparece como un destino final, sino como una experiencia capaz de generar cambio. 

El álbum avanza entre fantasmas del pasado, crisis de fe, relaciones afectivas y procesos de reconstrucción personal, configurando una narrativa fragmentaria pero coherente en torno a la idea de la transformación. 

El disco no gira tanto alrededor de la identidad como ocurría en Blood. Allí había una necesidad de definirse frente a un pasado muy concreto. En SO HELP ME GOD la identidad parece ya asumida. La pregunta no es "¿quién soy?", sino "¿cómo vivo con mis heridas, mis deseos, mis contradicciones y mi necesidad de creer en algo?". Eso le da al álbum una madurez narrativa notable y tenemos que volver irremediablemente al poderoso cierre con Cutting Off the Head of a Ghost que no es una conclusión teológica, sino una forma de liberación espiritual. Una especie de exorcismo íntimo y no ofrece una resolución completa, pero sí la sensación de haber atravesado un proceso de confrontación y desprendimiento. Más que una conclusión, parece el final de un rito de paso.  

La crítica le ha otorgado una media de 82 sobre 100 distribuida de la siguiente manera: The Skinny 100/100; Paste 83/100; NME y The Guardian 80/100; Pitchfork 77/100 y The Line Of Best Fit 70/100.

Por nuestra parte, SO HELP ME GOD confirma a KELSEY LU como una de las voces más singulares e inquietas de la música contemporánea. Es un disco ambicioso, emocionalmente complejo y extraordinariamente cohesionado, capaz de integrar tradición clásica, sensibilidad de cantautora, experimentación sonora y una búsqueda espiritual genuina sin que ninguna de esas dimensiones anule a las demás. Su apuesta por las atmósferas, los desarrollos largos y la contemplación puede exigir paciencia a algunos oyentes y en ciertos momentos sacrifica inmediatez en favor de la inmersión, pero esa misma decisión forma parte de su identidad artística. No es un álbum pensado para impresionar con grandes gestos, sino para desplegarse poco a poco y revelar nuevas capas con cada escucha. Por la solidez de su propuesta, la madurez de su escritura y la personalidad que desprende de principio a fin, SO HELP ME GOD merece una valoración de 88 sobre 100.



MEJORES MOMENTOS: Cutting Off The Head Of A Ghost, Portrait Of A Lady On Fire, Better Than That, Running To Pain, Reaper, Confort... 

MEDIA CRÍTICA: 82/100

NUESTRA VALORACIÓN: 88/100

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