En 2024, Cacophony fue para nosotros uno de los debuts revelación del año y uno de sus mejores álbumes. Tanto es así que terminó entrando en nuestra lista de los 100 mejores discos de 2024 en el puesto Nº32. Detrás de Labour, aquella canción que convirtió a PARIS PALOMA en un nombre que ya no podía pasar desapercibido, había mucho más que una artista con un single poderoso. Había una compositora con una idea bastante clara de lo que quería hacer con un álbum, una voz propia y un imaginario que mezclaba feminismo, mitología, literatura y una cierta fascinación por lo teatral.
Dos años después, THE FATAL FLAW no viene a desmontar aquello. Tampoco tenía por qué hacerlo. Paris no parece entender la evolución artística como una obligación de cambiar de piel cada vez que publica un disco. Y lo agradecemos. En su segundo trabajo continúa utilizando muchos de los recursos que ya reconocíamos en Cacophony, pero desplaza el centro de gravedad: si aquel era un disco que miraba hacia las estructuras de poder y hacia la experiencia femenina desde un imaginario casi mítico, aquí la mirada se vuelve más íntima. El amor, el deseo, la vulnerabilidad, la obsesión y las contradicciones que aparecen cuando nos entregamos a otra persona ocupan buena parte de ese espacio. La mitología sigue ahí, pero ahora comparte habitación con el arte, la literatura y una sensibilidad mucho más romántica. Lo mejor es que no necesitamos que haya dejado de ser quien era para reconocer que ha crecido.
En Cacophony podíamos movernos fundamentalmente entre el Folk Pop, el Alt-Pop y ese Chamber Folk que tan bien acompañaba su manera de escribir. THE FATAL FLAW abre bastante más el abanico: Chamber Pop, Folk Pop, Indie Rock, Folk Rock, Baroque Pop y Alt-Pop. Todo ello siempre bajo un marco de Singer-Songwriter. Las etiquetas, por supuesto, nunca cuentan toda la historia. Pero en este caso ayudan a señalar algo que se percibe claramente al escuchar el álbum: el mundo sonoro de PARIS PALOMA se ha ensanchado.
Lo interesante es que no lo ha hecho a costa de su identidad. La canción de autora sigue siendo el centro de todo. El folk continúa proporcionando buena parte de la materia prima, mientras el pop alternativo mantiene ese hilo que permite que incluso las canciones más elaboradas conserven una conexión inmediata. Alrededor de ese núcleo aparecen ahora más guitarras, más ornamentación, arreglos de mayor amplitud y una vocación barroca que en Cacophony no tenía tanto peso.
Stem the Flow es probablemente uno de los mejores ejemplos. Es una canción completamente redonda (hay muchas en el álbum que lo son) y, al mismo tiempo, una pequeña declaración de intenciones de lo que encontramos en este trabajo. Paris puede partir de una estructura reconocible de canción de autora y llevarla hacia un territorio mucho más expansivo sin que la producción termine imponiéndose a la composición. La canción crece porque necesita crecer. No porque haya que demostrar que el segundo álbum tiene que sonar mucho más grande que el primero porque posiblemente dispone de más medios. Y ahí está una de las grandes virtudes de THE FATAL FLAW: la amplitud no se confunde con acumulación. Confundirla, es un error muy común en algunos segundos álbumes.
También resulta interesante mirar quién está detrás de ese sonido. PARIS PALOMA vuelve a compartir la producción con Justin Glasco y MyRiot, dos nombres que ya estaban en Cacophony, pero incorpora a Chloe Kraemer, Joe Rubel y Carrie K. En la composición ocurre algo parecido: el primer álbum reunía a Paloma con Eirik Hella y Markella, mientras que ahora aparecen junto a ella Kraemer y Rubel.
Nos sorprendió el cambio. Después de los resultados de Cacophony, nosotros no habríamos tocado prácticamente nada. Cuando un equipo funciona así de bien, la tentación de conservarlo es enorme. Pero PARIS PALOMA decidió contar con nuevas colaboraciones y el resultado le ha acabado dando la razón. No solamente porque THE FATAL FLAW sea tan bueno como su predecesor. También porque parece haber conseguido algo más difícil: mayor variedad con una cohesión sonora más trabajada.
Las canciones pueden desplazarse hacia terrenos diferentes sin que el álbum se deshaga. Eso se nota especialmente en una escucha completa, donde las diferencias de textura sirven para generar movimiento y no para fragmentar el conjunto. Y esto importa mucho en un disco que, además, se resiste a la fórmula cada vez más extendida de diez canciones de tres minutos cuidadosamente preparadas para sobrevivir fuera del álbum.
PARIS PALOMA deja que sus canciones fluyan. No parece preocupada por recortarlas hasta que encajen en una duración cómoda. Y, contra todo pronóstico, esa libertad no hace que el disco pese. Al contrario. THE FATAL FLAW funciona extraordinariamente bien de principio a fin.
En ese ensanchamiento sonoro aparece con más claridad una influencia que ya podíamos intuir: Florence Welch. No tanto porque Paris suene como Florence + the Machine, sino porque comparte con ella una manera de entender el pop como algo que puede ser grandioso, teatral, casi ceremonial. El Baroque Pop adquiere aquí una importancia que no tenía en Cacophony, y con él llegan las capas, los arreglos exuberantes y esa sensación de que algunas canciones podrían crecer hasta ocupar una catedral. Pero hay una diferencia fundamental: PARIS PALOMA sabe dosificar el exceso.
Esto no es un detalle menor. La teatralidad puede ser fascinante hasta que deja de serlo. La grandilocuencia funciona mientras conserva capacidad para sorprendernos; cuando todo está al máximo, el máximo deja de existir. Recordamos Ceremonials (2011) de Florence Welch como un disco extraordinario que, durante un tiempo, tuvimos que escuchar con cierta cautela. Sus canciones eran enormes y varias de ellas terminaron adquiriendo una vida propia magnífica, pero recorrer el álbum entero de principio a fin podía convertirse en un pequeño sobreesfuerzo intelectual y auditivo. Demasiado coro, demasiada percusión, demasiada intensidad, demasiada necesidad de permanecer alerta ante lo que estaba sucediendo.
PARIS PALOMA no cae en esa trampa. Su teatralidad tiene grados. Sabe cuándo contenerse, cuándo dejar espacio y cuándo permitir que una canción levante el vuelo. Por eso, cuando llega un momento verdaderamente grandilocuente, lo recibimos como un acontecimiento y no como otra capa de producción encima de las anteriores.
En canciones tan redondas como Good Girl o Good Boy también encontramos otra referencia que nos resulta menos evidente pero especialmente querida: Charlotte Martin. Hay algo en la manera de llevar una canción de autora hacia otros territorios que nos recuerda a aquella Charlotte Martin de Stromata (2006), una joya injustamente olvidada que merece ser recuperada. No estamos hablando necesariamente de una influencia directa, sino de una sensibilidad compartida: la canción permanece en el centro aunque alrededor de ella se construya un paisaje mucho más elaborado.
PARIS PALOMA antepone la canción al mensaje Y aquí llegamos a uno de los aspectos que más nos interesan de ella. Su feminismo no es un accesorio de su música ni una etiqueta que pueda quitarse cuando resulte incómoda. Forma parte de su manera de mirar.
En Cacophony podía aparecer camuflado entre mitología, símbolos y relatos que parecían venir de mucho más atrás. En ese sentido, la conexión con Tori Amos y Boys for Pele (1996) nos parece especialmente sugerente: utilizar lo mítico y lo arcaico para hablar de experiencias que siguen siendo profundamente contemporáneas. No hace falta convertir cada canción en un manifiesto cuando la propia estructura de la historia ya está hablando de poder, sometimiento, deseo, sexualidad o autonomía.
En THE FATAL FLAW ese universo se amplía. Aparecen la literatura, el arte, referencias a Donna Tartt, imágenes mitológicas y una fascinación constante por convertir las emociones privadas en algo mayor. PARIS PALOMA puede hablar del amor sin dejar de ser la autora de Labour. Su feminismo no desaparece cuando cambia el tema: se ha incorporado a su mirada. Y eso tiene un valor especial en un momento en el que una canción puede ser juzgada por su mensaje antes de que nadie se detenga a escucharla.
Good Girl nos parece ejemplar en ese sentido. Primero entra la canción. La melodía, el ritmo, el gancho. Se nos queda en la cabeza antes de que hayamos tenido tiempo de desmontar su letra. Y entonces empezamos a escuchar qué está diciendo realmente. Es una estrategia mucho más poderosa de lo que parece. El pop puede abrir una puerta que el discurso no habría conseguido abrir.
Paris entiende algo esencial: una canción con mensaje no tiene por qué sacrificar su condición de canción. Puede ser incómoda y pegadiza. Puede plantear una idea compleja y ser inmediata. Puede hacernos pensar después de habernos conquistado primero. Y quizás por eso reducir a PARIS PALOMA a "la chica de Labour" sea quedarse muy corto. Incluso reducirla a "la artista feminista" lo sería. Es una compositora que ha encontrado una forma de convertir sus convicciones, sus lecturas, sus obsesiones y su sensibilidad en un lenguaje musical reconocible.
Nosotros hemos tardado unos días en escribir sobre THE FATAL FLAW por una razón bastante sencilla: queríamos disfrutarlo. No porque las canciones no entrasen. Al contrario. Para quienes escuchamos más de cincuenta novedades cada semana, reconocer rápidamente el lenguaje de un artista no suele ser el problema. Lo difícil es no convertir esa facilidad en rutina. Escuchar tres veces un álbum, decidir si es bueno, escribir la reseña y pasar al siguiente es una forma de trabajar que a veces resulta inevitable. Pero no queríamos hacerlo con este disco. Necesitábamos pasar más tiempo con él y dejarlo vivir un poco más.
Y resulta curioso que, después de casi una semana, todavía echemos en falta una recepción crítica más amplia. Es cierto que la sobreproducción de novedades hace que cada vez haya más retrasos y que muchos álbumes completen su recorrido crítico bastante después de su lanzamiento. No sería razonable atribuir una causa concreta a la ausencia de reseñas importantes. Pero nos gusta pensar que THE FATAL FLAW pertenece a esa clase de discos que piden algo que la velocidad de la crítica contemporánea no siempre puede conceder: sentarse, escucharlos enteros y volver a ellos cuando ya no estamos intentando decidir qué pensamos.
Porque este no es un álbum que necesite que lo descubramos deprisa. Quizás esa sea, de hecho, una de las mejores cosas que podemos decir de él. En un momento en el que la música parece competir por nuestra atención a una velocidad cada vez mayor, PARIS PALOMA sigue apostando por el concepto (perdido) de álbum. Y nosotros hemos terminado respondiendo de la misma manera: escuchándolo como un álbum. Que es prácticamente lo que hacemos siempre.
THE FATAL FLAW podría haber sido Cacophony II y no habríamos tenido ningún problema con esa decisión. Después de un debut de semejante nivel, no creemos que exista ninguna obligación de reinventarse. Cada disco deja puertas abiertas y un artista puede volver a entrar por ellas años después, incluso décadas después, para descubrir que todavía había algo que decir. Tanita Tikaram nos lo recordó recientemente de una manera preciosa al volver a dialogar con la sensibilidad de su debut tantos años después.
Por eso no necesitamos que PARIS PALOMA abandone su lenguaje para demostrar que ha evolucionado. Nos basta con comprobar que sabe utilizarlo mejor. Y nos consta que lo hace.
Ha ampliado la sonoridad, ha incorporado nuevos colaboradores, ha ganado cohesión, ha explorado el Baroque Pop sin dejarse devorar por él y ha encontrado una manera todavía más natural de integrar sus referencias culturales y sus convicciones dentro de canciones que funcionan por sí mismas. Sobre todo, parece más segura de las dimensiones que puede alcanzar sin perder el control.
Cacophony nos descubrió a una artista extraordinaria. THE FATAL FLAW confirma que aquello no fue fruto de la sorpresa de un debut. PARIS PALOMA sigue teniendo cosas que decir y, más importante todavía, ha encontrado nuevas formas de decirlas sin necesidad de renunciar al lenguaje que ya sentíamos como suyo.
Nos gusta que no tenga prisa. Que haga álbumes. Que deje que las canciones duren lo que tengan que durar y que no parezca preocupada por convertir cada lanzamiento en un acontecimiento inmediato. Nos gusta también que pueda hablar de feminismo, de amor, de deseo, de mitología o de literatura sin sacrificar nunca la canción. Primero nos atrapa la música y después, una vez que ya estamos dentro, empezamos a descubrir mucho más.
Eso es THE FATAL FLAW: un disco más amplio que Cacophony, más cohesionado de lo que cabría esperar de esa amplitud y lo suficientemente ambicioso como para pedirnos que nos quedemos un rato. Y nosotros nos hemos quedado. PARIS PALOMA solo necesitaba demostrarnos que todavía quedaban puertas por abrir. Y las ha abierto. Nuestra valoración es un 100 sobre 100.
MEJORES MOMENTOS: Stem The Flow, Good Boy, Good Girl, Miyazaki, Pre-Raphaelite, I Cry In Front Of Painting, Silouette On The Hill...
MEDIA CRÍTICA:---
NUESTRA VALORACIÓN: 100/100

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