TIFT MERRITT regresa con SUGAR tras casi una década de silencio. Es cierto que el año pasado nos regaló Time And Patience (2025). Un disco de maquetas domésticas ("kitchen recordings") y grabaciones inéditas realizadas alrededor de 2003-2004, durante el proceso creativo de Tambourine (2004). Merritt decidió publicarlas coincidiendo con el 20º aniversario de Tambourine. Ella misma explicó que eran canciones y versiones de trabajo en las que siempre había creído, aunque en su día no vieran la luz. Quizás se puede considerar como un "álbum perdido" más que un disco nuevo. Las críticas incluso lo definieron como un "companion disc" de Tambourine: un compañero que permite escuchar el proceso creativo de aquella época, con demos desnudas, tomas alternativas y material que quedó fuera del álbum definitivo.
La realidad es que desde Stitch Of The World (2017) no había editado ningún álbum nuevo. SUGAR parece recoger muchas de las experiencias acumuladas durante esos años de silencio discográfico: la maternidad, su trabajo en la Duke University y su implicación en la defensa de los derechos de los músicos. Las canciones se escribieron a lo largo de unos ocho años, de modo que el disco funciona como una auténtica continuación de Stitch of the World, más que como una ruptura con su trayectoria.
SUGAR nos ha sorprendido en algunos aspectos. El álbum se abre con el corte titulado Finest Feelings. En él TIFT MERRITT conserva ese timbre cálido y cercano que siempre la ha caracterizado, pero hay varios elementos que hacen que la interpretación resulte más poderosa de lo habitual. En primer lugar, la voz está colocada de otra manera. En discos como Bramble Rose (2002), Tambourine o incluso Stitch of the World, Merritt tendía a cantar con una mezcla de delicadeza y contención, apoyándose mucho en los matices.
En Finest Feelings canta con más cuerpo en el registro medio, proyectando la voz sin perder naturalidad. No da la sensación de que quiera demostrar potencia vocal; simplemente la tiene y la utiliza cuando la canción lo pide.
También influye mucho la producción. La instrumentación empuja desde el primer momento, con una base rítmica firme y guitarras que ocupan más espacio del que era habitual en sus trabajos más introspectivos. En ese contexto, Merritt responde elevando la intensidad de la interpretación en lugar de susurrar por encima del arreglo.
Hay además un factor que suele aparecer en artistas con una trayectoria larga: la madurez vocal. Con los años la voz pierde algo de brillo juvenil, pero gana densidad, resonancia y autoridad expresiva. En el caso de Merritt, ese ligero oscurecimiento del timbre juega a favor de canciones como Finest Feelings, que transmiten convicción sin necesidad de grandes alardes.
Someone to Watch the Band With Me es otra de las canciones que llaman la atención por su fuerza. Aunque es un disco en el que Merritt nos da otros registros sorprendentes como lo que consigue con la polifonía de Fate of Man Is Sarah's Eyes que tiene un efecto muy luminoso. Como todas las voces son suyas, parece un diálogo consigo misma. Es casi como si la canción estuviera sostenida por distintas versiones de la misma persona: la joven, la adulta, la madre, la compositora... Esa lectura quizá sea más poética que literal, pero musicalmente funciona así.
Quizás la canción que más represente la esencia de TIFT MERRITT de este álbum sea Philosopher's Song. El tema elegido para cerrar SUGAR. Una canción hecha para habitarla y que despertará distintos sentimientos en los que han seguido la carrera de Merritt desde el principio. Sentimientos que van mucho más allá de la nostalgia.
La producción del álbum corre a cargo de Lawrence Rothman. Aunque Merritt siempre ha estado encasillada en el folk o la americana en este álbum notamos que no abandona en ningún momento esos dos pilares pero también coquetea con el rock en algunos cortes. En la banda aparece de forma muy destacada Robert Ellis, que toca guitarras en prácticamente todo el álbum. También participan músicos como Audley Freed, Eric Slick, Peter Levin y Todd Bolden, que aportan un sonido más musculoso del que nos tenía acostumbrados.
La composición de las canciones de SUGAR viene firmada por la propia TIFT MERRITT es una constante en su discografía. Solo una canción de las doce tiene coautores: Someone to Watch the Band With Me. En ella, además de Merritt aparecen acreditados Daniel Tashian y dos autores franceses, Olivier Pocheville y Cécile Combre.
Eso hace que SUGAR nos parezca todavía más interesante. Aunque percibimos una evolución importante en el sonido, no se debe a que haya delegado la escritura, sino a que ha encontrado una nueva forma de vestir unas canciones que siguen siendo muy personales. En otras palabras, el cambio está más en la interpretación, la producción y la instrumentación que en la voz compositiva, que continúa siendo inequívocamente la de TIFT MERRITT.
Hay una consecuencia de todo esto que nos parece muy interesante: después de casi diez años sin publicar un álbum de estudio nuevo, podría haber recurrido a un equipo de compositores externos para buscar canciones más comerciales. Ha hecho exactamente lo contrario: ha regresado con un disco que, salvo una excepción, está escrito íntegramente por ella. Eso dice mucho de la confianza que tiene en su propia escritura a estas alturas de su carrera.
Y de momento, la crítica está celebrando SUGAR con unas valoraciones de 80 sobre 100 por parte de medios como Mojo o Uncut, publicaciones que rara vez regalan las notas altas, especialmente a artistas con una trayectoria larga. Un 80 implica que consideran que el álbum tiene recorrido y entidad propia. De mantenerse esta media SUGAR se convertiría en el segundo disco mejor valorado de su carrera despues de Bramble Rose. Porque recordemos que este álbum se liberó el pasado fin de semana.
Uno de los puntos fuertes de SUGAR también es el narrativo. Es un álbum que vale más por lo que cuenta que por cómo lo cuenta. No nos parece un álbum que busque deslumbrar con giros armónicos o grandes arreglos. Es un disco de escritura, de observación y de experiencia vivida. Musicalmente acompaña con mucha elegancia, pero da la impresión de que Merritt quiere que prestemos atención a las palabras.
En discos anteriores, Merritt escribía mucho sobre el amor y los viajes interiores. En SUGAR parece haber un desplazamiento hacia la ética del cuidado: cuidar de otros, sostener una familia, trabajar, perseverar, seguir siendo amable en tiempos difíciles. No es casual que hayan pasado años entre ambos discos; durante ese tiempo ha sido madre, ha desarrollado otros proyectos y ha reflexionado mucho sobre la vida fuera de la industria musical. Todo eso parece haber acabado dentro de estas canciones.
Canciones costumbristas que muestran una idea muy presente en cierta literatura norteamericana contemporánea: que la vida adulta no consiste en acumular grandes acontecimientos, sino en aprender a mirar con atención los pequeños. Merritt parece escribir desde ese lugar. Hay una frase del escritor Raymond Carver que siempre nos viene a la cabeza con discos como este: la literatura -y por extensión las canciones- puede encontrar lo extraordinario en lo ordinario. Creemos que Merritt está trabajando precisamente en ese territorio. Y hay otro aspecto que nos parece especialmente interesante. Muchas cantautoras estadounidenses, al llegar a la madurez, han optado por hacer discos más introspectivos o más sombríos. Merritt, en cambio, parece interesada en otra cuestión: la bondad. No la bondad ingenua, sino la que cuesta mantener cuando la vida ya te ha enseñado unas cuantas decepciones. Esa insistencia en la generosidad, el cuidado y la dulzura como actos casi de resistencia nos parece una de las ideas más originales de SUGAR.
Quizás ahí resida el mayor logro de este trabajo. No en demostrar que TIFT MERRITT sigue siendo una gran compositora -eso hace mucho tiempo que dejó de estar en discusión-, sino en confirmar que todavía es capaz de mirar el mundo con curiosidad, humanidad y una delicadeza que nunca resulta complaciente.
Con SUGAR, Merritt firma uno de los mejores trabajos de toda su carrera. Un álbum que amplía su lenguaje sonoro sin renunciar a la identidad que ha definido siempre su escritura y que confirma que su inspiración no solo permanece intacta, sino que ha adquirido una profundidad poco común. Nuestra nota es un 92 sobre 100.
MEJORES MOMENTOS: Philosopher's Song, Everyday Singing, Finest Feelings, Someone To Watch The Band With me, Sugar, Look What Love Just Did...
MEDIA CRÍTICA: 80/100
NUESTRA VALORACIÓN: 92/100








