Detrás de SQUIRREL FLOWER se esconde Ella Williams, una cantautora y músico estadounidense nacida en Massachusetts en 1996 y criada en una familia muy vinculada a la música. Su proyecto comenzó a tomar forma durante su etapa universitaria en Iowa y, desde aquel primer I Was Born Swimming (2020), ha ido construyendo una discografía en la que cada álbum parece abrir un poco más el plano. Planet (i) (2021) profundizó en las atmósferas oscuras y experimentales, Tomorrow’s Fire (2023) acercó las canciones al rock y ahora SAY A PRAYER TO THE GODS OF GETTING GOING vuelve a ampliar el paisaje. No estamos ante una artista que haya necesitado reinventarse en cada disco para mantener la atención. Más bien ha ido creciendo sin bajar el nivel. Algo que no es tan sencillo como pudiera parecer.
Porque lo que encontramos aquí ya no tiene demasiado que ver con aquella primera SQUIRREL FLOWER que descubrimos en I Was Born Swimming. Sigue estando la compositora, naturalmente, y sigue estando esa forma tan suya de colocar la voz en el centro de la canción, pero alrededor de ella hay ahora mucho más espacio, más electricidad y, sobre todo, una sensación de amplitud que convierte cada canción en un pequeño territorio que recorrer. SAY A PRAYER TO THE GODS OF GETTING GOING puede entrar en las etiquetas de singer-songwriter, indie folk, alt-country, slacker rock o incluso shoegaze, y la verdad es que ninguna resulta especialmente descabellada. Lo curioso es que tampoco necesitamos escoger una. Todas parecen convivir con bastante naturalidad.
La canción de autor sigue siendo el corazón del álbum. Las composiciones de Williams continúan sosteniéndose por sí mismas, pero las guitarras eléctricas, las reverberaciones, las distorsiones y los diferentes arreglos van levantando alrededor de ellas una especie de niebla sonora. En algunos momentos hay algo de slacker rock en esa manera aparentemente despreocupada de tocar; en otros aparece el alt-country, con su gusto por las guitarras y por esa América de carreteras, pueblos y grandes espacios; el indie folk está prácticamente en el ADN de las canciones, mientras que las texturas más envolventes acercan determinados pasajes al shoegaze. Y es precisamente esa mezcla la que hace que el disco tenga personalidad.
Además, todo parece estar en movimiento. Williams escribió estas canciones durante un periodo en el que estuvo viajando por distintos lugares de Estados Unidos, y aunque el álbum no pretende ser un diario de carretera, el viaje ha terminado impregnándolo todo. Aparecen ciudades, carreteras, paisajes abiertos, lugares de paso, personas que entran y salen de las canciones. Pero más que contarnos un viaje concreto, Williams convierte esos desplazamientos en una manera de hablar de nosotros mismos. Nos movemos porque queremos llegar a alguna parte, porque necesitamos escapar o simplemente porque no sabemos muy bien dónde quedarnos. A veces todas esas razones son la misma.
Por eso resulta tan fácil imaginar SAY A PRAYER TO THE GODS OF GETTING GOING como la banda sonora de una road movie. Y no de una especialmente luminosa. Nos lo imaginamos en el coche, con kilómetros por delante, atravesando carreteras áridas de Estados Unidos mientras el paisaje va cambiando lentamente al otro lado de la ventanilla. El sol cae, llevamos varias horas conduciendo y, casi sin darnos cuenta, dejamos de mirar el paisaje para quedarnos atrapados en nuestros propios pensamientos. El disco tiene exactamente esa cualidad. Aquí aparece una comparación que quizás no sea evidente sobre el papel, pero que escuchándolo resulta difícil apartar: Cowboy Junkies. No porque podamos afirmar que sean una influencia de Williams -no aparecen entre las referencias que ella misma ha señalado-, sino por algo más sutil. Hay en ambos una capacidad para convertir la música de raíces en paisaje. Las guitarras y la reverberación crean profundidad, la voz parece avanzar dentro de ese espacio en lugar de imponerse sobre él y las canciones adquieren una cualidad casi cinematográfica. SQUIRREL FLOWER añade bastante más electricidad y unas texturas que pueden acercarse al shoegaze, pero comparte esa habilidad para hacer que una canción parezca tener kilómetros a su alrededor.
Y es que el propio título contiene la contradicción que recorre todo el álbum: getting going frente a standing still. Ponerse en marcha o quedarse quietos. Irse o permanecer. Buscar otro lugar con la esperanza de que algo cambie o descubrir que, por mucho que avancemos, seguimos llevándonos a nosotros mismos. Esa tensión aparece una y otra vez y evita que el viaje se convierta en una simple postal americana. La carretera puede ser libertad, pero también puede ser una forma de aplazar las preguntas.
Highway Woman ocupa un lugar especialmente importante dentro de esa idea, pero no hace falta convertir el álbum en una colección de canciones sobre carreteras. Lo que importa es cómo Williams consigue que el movimiento se filtre en la propia música. Algunas canciones avanzan con calma, casi dejándose llevar, mientras que otras encuentran en las guitarras una fuerza que parece empujarlas hacia delante. Incluso cuando el disco se detiene, tenemos la sensación de que algo continúa moviéndose por debajo.
Los detalles técnicos ayudan a entender por qué funciona tan bien esa combinación. El álbum está producido por Ella Williams, Alex Farrar, Seth Engel y Jack Henry Lickerman, y en las grabaciones participan varios músicos, entre ellos familiares y colaboradores habituales de la escena independiente estadounidense. Pero sería un error interpretar la presencia de todos ellos como una pérdida de control por parte de Williams. Al contrario: las canciones son suyas -con la excepción de Cleveland, coescrita con su hermano Nate Williams- y ella participa también en la producción y toca varios instrumentos a lo largo del disco. Hay colaboradores, sí, pero la dirección sigue siendo claramente suya.
Quizás eso sea lo más importante desde el punto de vista sonoro: la amplitud del disco no procede de haber convertido a SQUIRREL FLOWER en una banda colectiva, sino de haber dado a las canciones de Ella Williams el espacio suficiente para crecer. Las guitarras pueden ocupar mucho más territorio, los arreglos pueden aparecer y desaparecer, la producción puede envolver una melodía hasta hacerla casi brumosa y, sin embargo, nunca perdemos de vista a quien está contando la historia. Es como mirar un paisaje enorme sin dejar de tener presente a la persona que va sentada a nuestro lado en el coche.
La recepción crítica se mueve, como ha ocurrido con el resto de su discografía, dentro de un margen bastante estrecho. SAY A PRAYER TO THE GODS OF GETTING GOING tiene una media de 78 sobre 100, con 80/100 de AllMusic, Mojo, Northern Transmissions y Record Collector; 76/100 de Pitchfork; 75/100 de Paste; y 70/100 de Uncut. Más que una sucesión de grandes subidas y bajadas, lo que encontramos es una trayectoria extraordinariamente estable. Sus discos se han movido siempre alrededor de esas mismas cifras, lo que dice bastante de una artista que ha conseguido cambiar de sonido sin dejar de ofrecer trabajos sólidos. En realidad, aquí las diferencias de unos pocos puntos terminan siendo casi anecdóticas y entran en ese territorio inevitable en el que el criterio de cada publicación pesa tanto como el propio álbum.
Y probablemente tampoco tenga demasiado sentido enfrentarlo con sus trabajos anteriores para decidir cuál merece estar por encima. SAY A PRAYER TO THE GODS OF GETTING GOING tiene suficiente personalidad como para defenderse por sí mismo. Lo que nos parece especialmente conseguido es que el disco entiende perfectamente qué quiere ser y, poco a poco, consigue convertirse en ello. Una road movie sin imágenes, en la que los paisajes exteriores acaban mezclándose con los interiores; un viaje por una América enorme y a veces árida en el que las guitarras parecen extender el horizonte y la voz de Williams mantiene el hilo de todo lo que ocurre. Hay belleza en esas atmósferas, pero no una belleza delicada o decorativa: tiene algo de polvo, de distancia, de carretera después de muchas horas al volante. Un disco para conducir sin demasiadas prisas por alguna carretera perdida de Estados Unidos, viendo cómo el paisaje cambia mientras nosotros seguimos intentando averiguar hacia dónde vamos. Nuestra valoración es un 85 sobre 100.
MEJORES MOMENTOS: Foot Thick Ice, Say a Prayer to the Gods of Getting Going, Helicopters, Surfing USA, Cleveland, Not Me, Highway Woman, Reelin...
MEDIA CRÍTICA: 78/100
NUESTRA VALORACIÓN: 85/100







