Tras la excelente acogida de Diamonds (2023), todos nos preguntábamos cuál sería el siguiente movimiento de LULUC. Aquel álbum fue celebrado por la crítica por ampliar el lenguaje sonoro del dúo australiano con una producción más expansiva y rica en texturas, hasta convertirse en el disco mejor valorado de su carrera. SWEET THIEF, sin embargo, no pretende ampliar ese universo. Más bien representa una decisión consciente de volver al núcleo creativo que siempre ha definido a Zoë Randell y Steve Hassett: la canción por encima de todo. No es un paso atrás, sino un regreso deliberado a una forma de entender la música.
Sonoramente, SWEET THIEF vuelve a situarse en el territorio del indie folk y de la música de cantautor entendida como un diálogo entre dos compositores que escriben, interpretan y producen de manera conjunta. Frente a la mayor amplitud instrumental y el carácter casi cinematográfico de Diamonds, aquí predominan las guitarras acústicas, las melodías desnudas, los arreglos medidos y unas armonías vocales que vuelven a convertirse en el verdadero corazón del álbum. Esa aparente sencillez recuerda inevitablemente a Sculptor (2018), tanto por su contención como por la confianza absoluta en la fuerza de las canciones. Quienes encontraron en aquel álbum una de las mejores expresiones del universo de LULUC probablemente reconocerán en SWEET THIEF esa misma sensibilidad.
Un aspecto fundamental para comprender SWEET THIEF es el enorme control creativo que ejerce el dúo sobre su propia obra. Zoë Randell y Steve Hassett no solo firman todas las composiciones, sino que también producen íntegramente el álbum sin recurrir a productores externos. Aunque aparecen algunos músicos invitados aportando pequeños matices instrumentales, la personalidad sonora del disco pertenece exclusivamente a ellos. Esa autonomía artística explica la enorme coherencia que desprende el álbum: cada arreglo, cada silencio y cada armonía parecen responder a una misma visión creativa, sin interferencias ni concesiones.
Como ocurre con casi toda la discografía del dúo, las narrativas desempeñan un papel especialmente importante en SWEET THIEF. El propio título, tomado de un verso de Shakespeare alude a la imagen del "dulce ladrón" y funciona como metáfora de aquello que nos seduce mientras nos va robando algo de nosotros mismos. A partir de esa idea, el disco reflexiona sobre la atención, la identidad, la libertad individual y las múltiples distracciones de la vida contemporánea. Las canciones dialogan entre sí construyendo un recorrido que contrapone el ruido exterior con la búsqueda de un espacio íntimo y sereno. Son letras abiertas, llenas de imágenes sugerentes, que rehúyen las respuestas fáciles y encuentran precisamente en esa ambigüedad buena parte de su fuerza. LULUC construye un disco que habla tanto de nuestro tiempo como de cuestiones universales: la búsqueda de autenticidad, la conexión con los demás y con la naturaleza, y el deseo de escribir la propia historia sin dejar que otros la escriban por nosotros.
La Media crítica de SWEET THIEF es de 74 sobre 100, distribuida de la siguiente manera: The Skinny, Uncut y Mojo 80/100; Pitchfork 72/100; Northern Transmissions 70/100 y The Arts Desk 60/100. La recepción, por tanto, ha sido positiva, aunque menos entusiasta que la obtenida por Diamonds. En cierto modo, resulta comprensible. La crítica suele valorar especialmente los discos que representan una evolución evidente o una ampliación del lenguaje de un artista. SWEET THIEF, en cambio, opta por el camino contrario: el de la depuración y la fidelidad a una identidad ya plenamente consolidada. Esa elección puede hacer que algunos lo perciban como un trabajo menos ambicioso, cuando en realidad exige una enorme confianza en la composición y en la interpretación. No es un álbum que busque sorprender mediante la producción, sino emocionar desde la precisión con la que cada elemento ocupa su lugar.
En ese sentido, resulta significativo que Sculptor, álbum con el que SWEET THIEF guarda evidentes afinidades estéticas, obtuviera una media prácticamente idéntica. Lejos de interpretarse como un signo de menor inspiración, estas puntuaciones parecen responder a la naturaleza más continuista del proyecto, una característica que probablemente muchos seguidores del grupo consideren precisamente una de sus mayores virtudes.
A menudo se describe a LULUC como un dúo "austero", pero quizás ese sea un término engañoso. Es cierto que sus canciones rara vez recurren a grandes despliegues instrumentales, pero están lejos de sonar desnudas o escasas. Sus armonías vocales son extraordinariamente ricas y constituyen una parte esencial de la arquitectura de cada composición. A ello se suman arreglos discretos pero muy elaborados, un uso magistral del espacio y una producción que sabe exactamente cuándo intervenir y cuándo desaparecer.
El resultado es un álbum profundamente sutil, formado por canciones que en ocasiones apenas superan el minuto y medio o los dos minutos de duración, pero lejos de sentirse incompletas funcionan como pequeñas miniaturas perfectamente construidas en las que no sobra ni falta una nota. SWEET THIEF no busca impresionar; busca permanecer. Y lo consigue con una elegancia y una sensibilidad que lo sitúan entre los trabajos más logrados de LULUC.
SWEET THIEF es un disco que exige atención y que probablemente crezca con cada escucha, revelando nuevos matices en sus armonías y en sus letras. Quizás no tenga el impacto inmediato de Diamonds, pero sí la serenidad y la confianza de una obra realizada por dos músicos que conocen a la perfección su lenguaje. Nuestra valoración es de 85 sobre 100.
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MEJORES MOMENTOS: Wanna Get Free, Rewarding Melody, No One's Else Pen, A Better Truth, Lullaby, River At Your Feet...
MEDIA CRÍTICA: 74/100
NUESTRA VALORACIÓN: 85/100

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