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miércoles, 7 de octubre de 2026

BEABADOOBEE Y LA LIBERTAD DEL ROCK.

 


Con This Is How Tomorrow Moves (2024), BEABADOOBEE alcanzó un punto de inflexión. Después de dos discos muy ligados a la adolescencia y a los primeros años de la juventud, aquel álbum producido por Rick Rubin llegó como una declaración de madurez. Tenía sentido que las expectativas fueran altas ante PYLON. Si aquella era la BEABADOOBEE que había dejado atrás una etapa, ¿qué podía hacer a partir de entonces? 

La respuesta no es exactamente continuar por el mismo camino. PYLON parece más interesado en abrir ventanas que en consolidar una fórmula. Y, sobre todo, suena mucho más rockero. Donde This Is How Tomorrow Moves podía moverse entre el pop rock, el rock alternativo, el indie pop, el indie folk y el terreno del singer-songwriter, aquí aparecen con mucha más claridad el indie rock, el alternative rock, el post-grunge, el power pop y el slacker rock. El cambio no es solo cuestión de etiquetas: las guitarras tienen más peso, los arreglos son más musculosos y las canciones parecen querer ocupar más espacio. Hay algo más físico en ellas, como si de repente necesitaran salir de las paredes del estudio y respirar un poco. 

Lo curioso es que BEABADOOBEE  no necesita cambiar su voz para adaptarse a ese nuevo escenario. Su manera de cantar sigue siendo reconocible, íntima y hasta frágil, pero colocada entre guitarras más contundentes adquiere una fuerza diferente. Y es que una de las cosas que más nos han sorprendido de PYLON es precisamente esa convivencia entre una voz tan característica y unos arreglos que por momentos parecen querer arrollarla. No sucede. La voz permanece ahí, en primer plano, y el contraste funciona. También resulta significativo mirar cómo se ha construido el disco. 

En PYLON encontramos a Beatrice Laus, Jason Vance Harris, Shane Moran, Gianluca Buccellati, Luca Caruso y otros productores trabajando en distintos momentos del álbum. En la composición aparecen Laus, Moran, Buccellati, Harris, Caruso, Mike Elizondo y Evan Stephen Hall, además de Hayley Williams en Nothing To Prove. La mayoría de las canciones tienen a BEABADOOBEE y Shane Moran como núcleo compositivo, lo que evita que la lista de colaboradores se convierta en una simple acumulación de nombres. A esto se suman las colaboraciones vocales de Hayley Williams y Brendan Yates. 

La diferencia con el álbum producido por Rubin es evidente. Allí la producción estaba mucho más concentrada en Rick Rubin y Jacob Bugden. Y quizás por eso resulta paradójico que PYLON, con una nómina creativa bastante más extensa, nos transmita una sensación de mayor libertad. No parece un disco construido alrededor de una única visión estética, sino uno en el que BEABADOOBEE puede recurrir a distintas personas y sensibilidades sin perder el centro. La verdad es que, viendo todos esos nombres sobre el papel, uno podría esperar algo mucho más aparatoso. Al escucharlo, no tenemos esa sensación. 

Tampoco creemos que tenga sentido utilizar esto para establecer una competición entre productores. Rick Rubin sigue siendo una figura a la que asociamos inmediatamente con un determinado nivel de exigencia, y nosotros mismos hemos contribuido a esa idea de que cuando aparece su nombre en los créditos hay una garantía. Pero una cosa es tener unas expectativas altas y otra entregar el veredicto de antemano. This Is How Tomorrow Moves nos costó más de lo esperado a pesar de nuestra admiración por Rubin. No porque pensemos que estuviera mal producido, sino porque aquella forma de trabajar no terminó de conseguir que conectáramos con BEABADOOBEE como lo hace PYLON. 

Y aquí las narrativas de ambos discos empiezan a separarse. This Is How Tomorrow Moves podía entenderse como el álbum adulto de una artista que venía de dos trabajos profundamente vinculados a la adolescencia. Con 24 años, BEABADOOBEE estaba dejando atrás una etapa y había algo casi inevitable en que aquel crecimiento se convirtiera también en parte del relato del disco. PYLON, en cambio, no necesita demostrar que ha crecido. Beabadoobee sigue siendo adulta, pero eso no significa que tenga las cosas resueltas. 




Hay algo más perdido en este disco. La distancia, los viajes, las relaciones, los recuerdos y esa sensación de estar avanzando mientras una parte de nosotros sigue mirando hacia atrás atraviesan las canciones. Las imágenes de las carreteras, las líneas eléctricas y los postes que dieron título al álbum funcionan como una metáfora bastante apropiada: estructuras que atraviesan enormes distancias y conectan lugares mientras permanecen inmóviles. BEABADOOBEE está en movimiento, pero no parece haber llegado a ningún sitio definitivo. Y quizá ahí esté una de las emociones más bonitas del álbum: avanzar no siempre significa saber hacia dónde vamos. 

Por eso PYLON no nos parece menos adulto que su predecesor. Más bien plantea una idea de adultez menos ordenada. Ya no estamos ante la necesidad de demostrar que se ha dejado atrás la adolescencia, sino ante la constatación de que crecer no implica dejar de sentirse perdido. Hay nostalgia por quien fue, vínculos que todavía pesan, relaciones que no siempre encuentran una solución y una cierta dificultad para saber qué hacer con todo lo que ha ido quedando atrás. Es una narrativa adulta precisamente porque no intenta resolver todas esas contradicciones. Las deja ahí, abiertas, como esas cosas que uno aprende a llevar consigo aunque todavía no sepa muy bien qué hacer con ellas. 

La recepción crítica ha sido ligeramente menos entusiasta que la del álbum producido por Rubin. Pylon ha recibido una media de 74 sobre 100 -Frente al 77/100 que recibió el álbum con Rubin- distribuida de la siguiente manera: Paste 83/100; The Guardian, Dork, Exclaim!, NME, DIY, Allmusic, musicOMH, Rolling Stone, Hot Press y Record Collector 80/100; Spectrum Culture 76/100; Pitchfork 72/100; The Needle Drop 70/100; The Line Of Best Fit, Mojo y Uncut 60/100 y Far Out Magazine 40/100. 

Pero una diferencia de tres puntos sobre cien tampoco parece precisamente un abismo. La distribución resulta más interesante que la propia media: encontramos un grupo muy amplio de publicaciones situadas en el 80/100, mientras que por debajo aparecen valoraciones de 76/100, 72/100, 70/100 y varios 60/100. El 40/100 de Far Out Magazine queda bastante aislado. En conjunto, parece más apropiado hablar de un disco bien recibido pero menos unánimemente celebrado que de una recepción fría. Y, sobre todo, no estamos hablando de dos mundos separados: la distancia entre el 74/100 y el 77/100 es pequeña. 

Y podemos entender algunas de las reservas. La crítica de que PYLON es un álbum demasiado diseñado, demasiado consciente de sus texturas y de su propia construcción, no es difícil de formular. Lo que nos cuesta más es aceptar que eso constituya por sí mismo un defecto. En buena medida, es una acusación que podría hacerse hoy a una cantidad enorme de discos: demasiados colaboradores, demasiadas decisiones de producción, demasiada conciencia del sonido que se quiere conseguir. Quizás hemos normalizado hasta tal punto una determinada idea de autenticidad que cualquier producción sofisticada acaba pareciéndonos artificial. 

Nosotros no escuchamos PYLON así. A pesar de todos sus créditos, no nos parece un disco especialmente artificial ni medido. Al contrario: lo que encontramos es una BEABADOOBEE menos encorsetada, más cómoda dejando que sus canciones se ensanchen y que sus guitarras hagan ruido a su alrededor. No pensamos que PYLON sea necesariamente mejor que This Is How Tomorrow Moves, y de hecho ambos discos reciben de nosotros la misma nota, un 85 sobre 100. Pero sí preferimos este. Nos cuesta menos entrar en él y, una vez dentro, sentimos que hay más espacio para que BEABADOOBEE sea simplemente ella misma. 

Quizás ahí esté la verdadera diferencia entre ambos álbumes. El anterior nos mostraba a una artista que había crecido. PYLON nos muestra a una artista que ya no necesita demostrarlo. Y mientras toca guitarras cada vez más grandes, conserva esa voz tan característica que, a priori, podría parecer difícil de encajar en un disco de rock. Pero ahí está precisamente la gracia. Susanna Hoffs demostró hace décadas que una voz delicada, melódica y reconocible no necesita endurecerse para pertenecer al rock; cuando las guitarras encuentran el lugar adecuado, esa fragilidad puede convertirse en parte de su fuerza. Con BEABADOOBEE nos ocurre algo parecido. Su voz no lucha contra las guitarras de PYLON: se apoya en ellas, choca con ellas y, por momentos, parece incluso más viva gracias a ellas. Frente a la idea de Far Out Magazine de un disco demasiado artificial y diseñado, nosotros escuchamos otra cosa: una artista que ha encontrado un contexto en el que sus propias contradicciones funcionan. Y quizás eso sea, al final, lo que más nos gusta de PYLON: que no parece necesitar convertir a BEABADOOBEE en alguien diferente para hacerla crecer.



MEJORES MOMENTOS: Write Me A Letter, Sun Has Set, Pylon, Estranged, It's Allright, Radio, Nothing To Prove, Powerlines... 

MEDIA CRÍTICA: 74/100

NUESTRA VALORACIÓN: 85/100

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