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viernes, 23 de enero de 2026

DEMASIADO TIEMPO SIN PEARL CHARLES.

 


En enero de 2021 PEARL CHARLES publicaba su álbum debut Magic Mirror, si recuperáis la reseña está ubicada en un marco contextual muy concreto: El inicio de la era post-pandémica. Cinco años después PEARL CHARLES regresa con DESERT QUEEN, su segundo álbum de estudio, y confirma que Magic Mirror no fue un experimento coyuntural. PEARL CHARLES no estaba “probando a ver qué pasaba” con ese soft rock setentero, californiano, elegante y ligeramente lisérgico. Era una declaración estética clara. En ese sentido, DESERT QUEEN es honesto y coherente: ella sabe quién es, qué sonido quiere habitar y no siente la necesidad de romperlo artificialmente para parecer “evolucionada”. Eso, en sí mismo, es una virtud, sobre todo en una escena donde muchos artistas cambian de piel por inercia o presión externa. El problema no es tanto el qué, como el cuándo y el para qué. Magic Mirror salió en un momento histórico muy concreto, con todo ese clima post-pandemia que pedía refugio, calidez y escapismo suave. Ese disco no solo era bueno: llegó cuando tenía que llegar. Tenía momentum porque el contexto emocional colectivo lo amplificó. DESERT QUEEN, en cambio, aparece tras una espera larga y sin un giro narrativo fuerte que lo justifique. No es que sea malo, ni que traicione su identidad, sino que suena a continuación natural… y quizás demasiado cómoda. Ahí es donde surge esa sensación de “más de lo mismo”, no porque el material sea flojo, sino porque no aporta una nueva capa emocional, conceptual o vital que haga sentir que el tiempo transcurrido era necesario. Si DESERT QUEEN hubiera salido dos años después de Magic Mirror, probablemente lo estaríamos celebrando como una consolidación elegante. Al salir más tarde, uno espera -aunque no siempre sea justo- alguna señal de transformación, riesgo o ampliación del mundo que ya conocíamos. No es una decepción, sino una expectativa no cumplida: queríamos reencontrarnos con PEARL CHARLES, sí, pero también descubrir algo más de ella, no solo confirmar lo que ya sabíamos. Y eso no invalida el disco; simplemente lo coloca en un lugar más discreto, menos trascendente que Magic Mirror. Quizás con el tiempo DESERT QUEEN encuentre su propio espacio, desligado de esa comparación inevitable.   



Aún así, existen diferencias sutiles entre los dos álbumes: DESERT QUEEN se diferencia narrativamente de Magic Mirror porque abandona la exploración del deseo, la identidad y la autoimagen para centrarse en la permanencia, el tiempo y el arraigo. Donde Magic Mirror era un disco nocturno, urbano y abierto a la transformación, lleno de búsqueda emocional y expectativa, DESERT QUEEN es diurno, estático y contemplativo: habla de habitar un lugar físico y vital sin urgencia, de aceptar la meseta más que de empujar hacia adelante. Las emociones no estallan, se sedimentan; las relaciones ya no son chispas sino presencias estables o recuerdos. Esa renuncia consciente al conflicto y al clímax explica tanto su coherencia interna como la sensación de menor impacto: no es un disco que quiera definir un momento, sino permanecer en él.

En lo sonoro, DESERT QUEEN no supone un cambio de estilo respecto a Magic Mirror, pero sí un desplazamiento claro de énfasis. Mantiene el soft rock y el pop setentero californiano como base, pero se aleja del brillo disco-pop y de la inmediatez melódica para acercarse a un americana suave, un desert pop contemplativo y una psicodelia ligera de tempos medios y lentos que coquetea con el country cósmico. La producción es más seca y orgánica, con menos protagonismo de los teclados sedosos y más peso de guitarras limpias y arreglos contenidos; el groove pierde vocación bailable y se vuelve más circular que propulsivo. Frente al hedonismo elegante y urbano de Magic MirrorDESERT QUEEN prioriza atmósfera, paisaje y continuidad, menos orientado al “hit” y más a la convivencia prolongada con el sonido.

En cuanto a referentes, DESERT QUEEN se distancia del escapismo inmediato y luminoso de artistas como Tina Charles, ABBA o Donna Summer, que caracterizaban Magic Mirror con melodías diseñadas para agradar y brindar placer instantáneo. Mientras aquel disco se apoyaba en esa ligereza setentera, el nuevo trabajo mira más hacia un soft rock contemplativo y maduro, evocando la introspección de la Carole King tardía o la calma contenida de Fleetwood Mac post-Rumours. La música ya no busca seducir ni fascinar con brillo pop; en cambio, construye paisajes sonoros donde la atención se desplaza hacia la atmósfera, la permanencia y la convivencia con los propios sentimientos.

En cuanto a la crítica, DESERT QUEEN ha sido ignorado. No ha entrado en el circuito de legitimación crítica. En albumoftheyear.org no aparece porque solo agrega medios que ya tienen un peso reconocido; si esos medios no publican reseñas, el disco queda fuera del radar “oficial”. Puede que esto haya ocurrido por una sensación generalizada de lo que hemos explicado al principio. Pero nosotros existimos también para darle voz crítica a todos esos discos que son ignorados por la crítica por el motivo que sea. Así que tendreis que fiaros una vez más de nuestro criterio:  

Nuestra nota para DESERT QUEEN es un 85 sobre 100 porque es un disco sólido, bien construido y disfrutable, con PEARL CHARLES afirmando con seguridad su identidad artística. Aunque el álbum mantiene un alto nivel de calidad y coherencia, la ausencia de elementos que generen sorpresa, tensión o novedad impide que alcance la sensación de impacto emocional y relevancia cultural que tuvo Magic Mirror. Es una obra consistente y honesta, pero más contenida, que se disfruta plenamente dentro de su propio universo sin provocar la misma euforia o admiración que su predecesor. 

DESERT QUEEN no es un estallido ni una declaración que marque un antes y un después: es la calma que sigue a la tormenta, la certeza de habitar un sonido y un mundo propio. Escucharlo es caminar por un paisaje que ya conocemos, pero contemplarlo con los ojos de quien ha aprendido a apreciar cada detalle del horizonte. No revoluciona, pero confirma con tranquilidad lo que PEARL CHARLES siempre supo hacer: crear música que permanece, que acompaña y que, con el tiempo, se convierte en un refugio tan sólido como sutil. 



MEJORES MOMENTOS: Does This Song Sound Familiar?, City Lights, Step Too Far, Middle Of The Night, Givin' it Up...

MEDIA CRÍTICA:----

NUESTRA VALORACIÓN: 85/100

martes, 2 de febrero de 2021

PEARL CHARLES - MAGIC MIRROR: EL DISCO QUE NOS HIZO VOLVER.

Tal y como prometimos, estamos de vuelta y hemos encontrado ese disco que hace que volvamos con más ganas. Aunque la dinámica del blog no va a cambiar demasiado. Seguimos sin prometer tres publicaciones a la semana, solo escribiremos cuando creamos que el disco merece la pena. Porque no están las cosas para perder el tiempo, ni para hacéroslo perder a vosotros. Tal y como vaticiné en el post de Reyes, estamos teniendo dos primeros meses bastante duros y lo peor es que todos sabemos que esto no ha terminado. No sé vosotros, pero este que os escribe va intentar hacer todas esas cosas que tenía pendientes por hacer (dentro de un orden, claro) porque nunca sabes si vas a seguir vivo mañana y eso implica que voy a ser más cuidadoso y selectivo con cada entrada que se publique. 

PEARL CHARLES es una compositora e intérprete además de percusionista de Los Angeles (California) de 29 años que lleva en activo desde el 2012 pero ve por fin la materialización de su primer larga duracion con MAGIC MIRROR después de algunos Eps. El estilo de PEARL CHARLES ha sido definido como una mezcla entre Indie Rock, Folk Rock, Alt Country, Rock Psicodélico y Americana. A todo eso, nosotros no podemos pasar por alto esas reminiscencias retro de la música disco de los 70 muy presentes en algunos de sus cortes. Porque MAGIC MIRROR tiene un componente nostálgico que enamora e irrita a partes iguales. Nosotros pertenecemos al primer grupo, a los que se han enamorado y caído rendidos ante este trabajo. Cuando estos compositores actuales juegan con lo retro muchas veces mejoran lo que ya existe y crean algo novedoso. Pero no vamos a negar que ha recibido alguna crítica un tanto tibia en la que se le acusaba precisamente de exceso de nostalgia. Como siempre, nosotros os lo contamos y vosotros sois los que tenéis la última palabra. En esto de la música lo mismo que para uno es una cualidad, para otro es un defecto. Si este disco no tuviera ese componente nostálgico, a lo mejor no estaríamos hablando de él en este momento. Porque creemos que esa es la seña de identidad de este trabajo y lo que lo diferencia del resto. Se puede decir que la artista ha encontrado su sonido a la primera. Hay gente que lleva años en la música y aún no lo ha conseguido.

Tal y como os adelantaba, se puede decir que no ha tenido ninguna crítica negativa, tibia una de ellas y ya podréis imaginar de quien procede, de nuevo The Guardian comenza el año con su eterno papel de azote del debutante, ellos le han otorgado la nota más baja, un 60 sobre 100. El resto de los medios (The Line Of Best Fit, Exclaim!, AllMusic...) coinciden en que es un 80 sobre 100 y es tan alta la coincidencia que la mala nota de The Guardian poco o nada afecta a la media, que se queda en un honroso 79 sobre 100, que a nosotros nos parece una ridiculez, aunque el año acaba de empezar y todos sabemos que la tendencia de los críticos en estas fechas es guardarse las buenas notas para más adelante y racanear un poco. Nosotros tenemos que ser honestos y decir que es un claro 90 sobre 100 por todo lo que ya hemos comentado, no es facil tocar todos los palos que toca y que esto suene fresco y novedoso justo cuando ya está todo inventado. No es nada fácil y PEARL CHARLES gana por la mano.

 


MEDIA DE LA CRÍTICA: 79/100

VALORACIÓN EXQUISITECES: 90/100

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