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jueves, 20 de noviembre de 2025

LA CONFIRMACIÓN DE THE LAST DINNER PARTY.

 


Una de las grandes sensaciones del año pasado fueron las británicas THE LAST DINNER PARTY que sorprendieron a todos con Prelude To Ecstasy (2024) y además superaron el inmenso hype que las rodeaba desde antes de que saliera el álbum. Recientemente han publicado FROM THE PYRE y prácticamente lo han vuelto a conseguir.

FROM THE PYRE no es tanto un paso adelante como un giro hacia el interior. Si Prelude to Ecstasy se erguía como un estallido de grandeza emocional —casi un ritual de coronación barroca—, este segundo álbum funciona como su resaca inevitable: el momento en que la banda examina qué queda después del éxtasis, cuando el fuego baja y sólo persisten las brasas. Sin abandonar del todo su teatralidad, THE LAST DINNER PARTY levanta aquí un telón más frágil, dejando ver fisuras y gestos menos calculados, como si las máscaras del debut ya no protegieran tanto. En vez de intentar superar aquella primera explosión, FROM THE PYRE se coloca a su lado como un contrapunto sombrío y complementario: menos ascenso y más descenso, menos fulgor y más combustión lenta. Un disco que no rehúye su origen, sino que lo reescribe desde las sombras que dejó a su paso.

En lo sonoro, FROM THE PYRE mantiene el aura gótica y el dramatismo majestuoso que definieron el debut, con esa mezcla de arrebato barroco y épica emocional que sigue remitiendo inevitablemente a la escuela de Florence Welch: coros que se abren como cortinajes, pianos que suenan a capilla incendiada y una teatralidad vocal que sigue guiando la arquitectura del álbum. Pero alrededor de ese núcleo reconocible, el disco se permite deambular por territorios más amplios —desde el pop de cámara hasta un indie-rock más luminoso— que suavizan algunos bordes y apuntan a una búsqueda de mayor accesibilidad. En ciertos momentos, THE LAST DINNER PARTY parecen negociar con el gran público, dejando que lo expansivo y lo pegadizo tomen el protagonismo allí donde antes dominaba la intensidad casi operática. No es un giro brusco, pero sí un deslizamiento calculado hacia un sonido que, sin perder identidad, se vuelve más amable y menos hermético.

A pesar del relevo en la producción, Markus Dravs parece haber entendido perfectamente el legado sonoro que James Ford dejó en el debut. No llega a imponer una identidad nueva, sino que trabaja desde la arquitectura ya creada, respetando ese barroquismo gótico y ese pulso teatral que hicieron tan distintivo a Prelude to Ecstasy. La sensación no es la de un productor que reorienta a la banda, sino la de alguien que facilita una evolución que ellas mismas han buscado: un sonido ligeramente más terrenal, más denso y menos cristalizado, sin renunciar a la grandeza emocional del primer álbum. Lo nuevo que se percibe en FROM THE PYRE parece responder más a un deseo interno del grupo que a una intervención autoral del productor, lo cual permite que la continuidad sea natural sin sacrificar el crecimiento.




La crítica ha respondido a FROM THE PYRE con una media de 84 sobre 100, con los 100/100 de Rolling Stone Uk, DIY, Record Collector o Dork y con las únicas valoraciones discordantes de The Guardian y No Ripcord con sus 60/100. Prácticamente consigue una media calcada a la del debut —apenas un par de puntos por debajo—, y es fácil entender por qué: el disco es sólido, está bien construido y confirma que THE LAST DINNER PARTY no eran un destello pasajero. Nosotros también consideramos que es igual de bueno que Prelude to Ecstasy. Sin embargo, sigue costando entender la urgencia de publicarlo tan pronto, cuando el primer álbum aún tenía recorrido, visibilidad y vida comercial. Ese apresuramiento genera la sensación de que FROM THE PYRE ha salido menos de una necesidad artística que de una necesidad estratégica: aprovechar un pico de atención en vez de permitir que el universo del debut se sedimentara. El resultado es un disco notable que, aun brillando con identidad propia, llega demasiado rápido para que podamos percibir plenamente qué lo diferencia de su predecesor.

Aun siendo un trabajo sobresaliente y perfectamente alineado con la calidad que ya mostró su debut, FROM THE PYRE no consigue desprenderse del todo de la sombra de Prelude to Ecstasy. No porque sea peor —en realidad, pocas canciones aquí bajan el listón— sino porque el álbum no amplía su universo tanto como lo reafirma. Suena increíble, está bien escrito y ejecutado, pero llega demasiado pronto como para abrir un territorio nuevo. Por eso, aunque su valor artístico sea altísimo, nuestra puntuación piensa más su menor impacto y su menor necesidad, que en esa calidad, que la tiene a raudales. Nuestra nota es un 93 sobre 100 que reconoce que es un disco brillante, pero no tan fundacional ni tan sorprendente como el que lo precedió.  







MEJORES MOMENTOS: Count The Ways, Second Best, This Is The Killer Speaking, The Scythe

MEDIA CRÍTICA: 84/100

NUESTRA VALORACIÓN: 93/100


viernes, 9 de febrero de 2024

THE LAST DINNER PARTY: EL ÁLBUM DEL QUE TODO EL MUNDO ESTÁ HABLANDO.

 


THE LAST DINNER PARTY es una banda de indie rock londinense formada por Abigail Morris (voz), Lizzie Mayland (voz, guitarra), Emily Roberts (guitarra principal, mandolina, flauta), Georgia Davies (bajo) y Aurora Nishevci (teclados, voz). A pesar de no tener un batería permanente, actualmente se les une durante las actuaciones en directo Rebekah Rayner como batería. Recientemente han publicado su álbum debut tras hacer los deberes, lanzando singles con mucho éxito anteriormente, además de ganar el BBC sound of 2024. El álbum se titula PRELUDE TO ECSTASY y realmente los que han llegado al éxtasis son todos los críticos británicos (y del resto del mundo) con este trabajo de rock barroco. En la historia hay pocas bandas de rock formadas por mujeres. Algunas dejaron su huella a pesar de ser un tanto efímeras en el tiempo. THE LAST DINNER PARTY no se parecen a The Runaways, ni siquiera a The Bangles, hacen un rock muy depurado, muy limpio y, sobre todo, muy de nuestro tiempo. La producción musical de James Ford de este trabajo es una pequeña obra maestra de la música contemporánea y va mucho más allá de lo que se espera de una banda de rock estandarizada. Destacan unas letras no exentas de drama romántico sustentadas por sonidos un tanto clásicos con piano y cuerdas que se combinan con una guitarra de múltiples texturas.

Como decía antes, algunos críticos están en pleno orgasmo con este álbum. Es de los más valorados de lo que llevamos del año junto a los últimos trabajos de The Smile y Bill Ryder-Jones. Su media crítica es de 87 sobre 100 y se distribuye de la siguiente manera: The Independent, DIY, MusicOHM, Record Collector y The Skinny coinciden en la máxima puntuación 100/100 y que es el mejor álbum de lo que llevamos de año. Le sigue Under The Radar, Clash y Glide con un 90/100; Rolling Stone, The Guardian, The Line Of Best Fit, NME, Exclaim! y The Telegraph 80/100; Las opiniones disidentes son las de Beats Per Minute 68/100 y la de Uncut con un 60/100. A nosotros nos ha parecido un gran álbum que si hoy es aclamado por la crítica, seguramente el tiempo (mucho tiempo, porque el mundo del rock está lleno de pollasviejas misóginos que no quieren a mujeres en su territorio), lo acabará poniendo en su lugar, que sería muy por encima de otros trabajos de rock históricos y protagonizados por bandas masculinas. A nosotros nos parece un clásico instantáneo y no podemos darle menos de un 95 sobre 100 con opción a rectificar y convertirlo en un 100/100 cuando termine el año. Porque es un álbum para escucharlo muchas veces y disfrutarlo y, de momento, solo nos ha bastado dos escuchas para escribir todo esto.

 

MEJORES MOMENTOS: Nothing Matters, Sinner, My Lady of Mercy, On Your Side, Caesar on a TV Screen...

MEDIA CRÍTICA: 87/100

NUESTRA VALORACIÓN: 95/100

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