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lunes, 8 de junio de 2026

BEDOUINE: ENTRE DOS MUNDOS.

 


Desde la publicación de su álbum debut en 2017, BEDOUINE ha construido una de las discografías más coherentes y personales del folk contemporáneo. Su música siempre ha habitado un espacio propio: demasiado sofisticada para ser encasillada dentro del folk de cantautor al uso y demasiado íntima para entregarse por completo a las ambiciones del pop. Con NEON SUMMER SKIN, su cuarto trabajo, la sensación es la de una artista que no solo continúa desarrollando su lenguaje, sino que encuentra la manera de reconciliar algunas de las virtudes que hicieron tan especiales sus dos primeros discos. 

Tras la delicadeza casi austera de Bedouine (2017) y la expansión sonora de Bird Songs of a Killjoy (2019), llegó Waysides (2021), un álbum más introspectivo y contenido que, aunque mantenía intacta la calidad compositiva de Azniv Korkejian, parecía menos inmediato y menos capaz de generar el mismo vínculo emocional que sus predecesores. No es casual que siga siendo el disco menos celebrado de su catálogo. En retrospectiva, funciona casi como una obra de transición, un álbum que miraba hacia dentro antes de volver a abrir las ventanas. 

NEON SUMMER SKIN parece recoger precisamente esa búsqueda. Hay en él rastros de la desnudez folk del debut, pero también la riqueza instrumental y la amplitud melódica que hicieron de Bird Songs of a Killjoy una obra tan especial. No se trata de una repetición ni de un ejercicio de nostalgia. Más bien da la impresión de que BEDOUINE ha encontrado una forma de integrar las distintas facetas de su trayectoria en un trabajo que vuelve a conectar con las fortalezas que definieron sus primeros años. 

Una de las claves para entender este resultado está en la producción. BEDOUINE había participado activamente en la producción de todos sus discos, pero mientras que los dos primeros fueron trabajos compartidos, Waysides fue el primer álbum que produjo completamente en solitario. Aquella decisión aportó una gran coherencia artística, aunque también contribuyó a una cierta sensación de aislamiento creativo. Cuando un artista asume el control absoluto gana libertad, pero pierde también el diálogo que a menudo enriquece una grabación. 

Por eso resulta tan interesante la presencia de Jonathan Rado en NEON SUMMER SKIN. Sobre el papel, parecía una colaboración improbable. Asociado a proyectos de pop psicodélico, rock clásico reinterpretado y producciones de gran personalidad sonora, Rado no era precisamente el nombre que uno esperaba encontrar junto a una compositora tan delicada y contenida como BEDOUINE

Sin embargo, el resultado demuestra que las colaboraciones más inesperadas son a veces las más fructíferas. Rado no transforma a BEDOUINE ni intenta llevarla hacia terrenos ajenos a su identidad. Su aportación consiste en algo mucho más difícil: ampliar el espacio alrededor de las canciones sin alterar su esencia. Los arreglos respiran, las texturas ganan profundidad y la instrumentación adquiere nuevos matices, pero el centro emocional del disco sigue siendo la voz y la escritura de Korkejian. Es una producción que rara vez llama la atención sobre sí misma y precisamente por eso resulta tan efectiva. 

La narrativa siempre ha sido uno de los grandes activos de BEDOUINE. Nacida en Alepo en una familia armenia y marcada por una historia de desplazamientos, migraciones y reconstrucciones personales, su biografía podría haber sido utilizada como un simple elemento de contexto. Sin embargo, su talento consiste en convertir esas experiencias en canciones que trascienden lo autobiográfico. 

A lo largo de su carrera ha escrito sobre el desarraigo, la memoria, la pertenencia y la identidad sin caer nunca en la obviedad. Sus letras suelen partir de detalles concretos, pequeños recuerdos o escenas aparentemente cotidianas que terminan revelando cuestiones mucho más profundas. Esa aproximación vuelve a estar presente en NEON SUMMER SKIN, aunque aquí adquiere un matiz diferente. 

Si hay una palabra que atraviesa el álbum es "familia". No como concepto abstracto ni como refugio idealizado, sino como una red de historias heredadas, afectos, ausencias y recuerdos que ayudan a construir una identidad. El disco mira hacia atrás con frecuencia, pero evita la nostalgia fácil. Más bien explora la manera en que las experiencias de generaciones anteriores siguen moldeando el presente. En ese sentido, se percibe como uno de los trabajos más personales y emocionalmente complejos de toda su carrera. 

Dentro de ese contexto aparece Deghma Cheega, una de las canciones más fascinantes del álbum. No necesariamente la mejor, ni la más representativa, pero sí la que captura la atención del oyente de forma más inmediata. Es una pieza difícil de clasificar y quizás por eso mismo resulta tan memorable. 





La canción parece apoyarse sobre un ritmo que recuerda vagamente a la bossa nova, aunque nunca llega a convertirse en una bossa nova propiamente dicha. Hay algo de ese balanceo suave y de esa sensación de movimiento continuo característica de la música brasileña, pero las referencias se mezclan con otros elementos que apuntan en direcciones completamente distintas. La melodía posee inflexiones que remiten a las raíces culturales de BEDOUINE, mientras que los arreglos la envuelven con una elegancia que la aleja de cualquier lectura folclórica convencional. 

A ello se suma el hecho de que está interpretada en un idioma ajeno para gran parte de su audiencia. Al desaparecer la comprensión inmediata de la letra, el oyente se ve obligado a relacionarse con la canción desde otros lugares: la musicalidad de las palabras, la textura de la voz y la emoción que transmiten las frases. Todo ello convierte a Deghma Cheega en una experiencia extrañamente hipnótica. 

Y es precisamente en canciones como esta donde emerge otra de las grandes virtudes de Bedouine: una voz que, más allá de las comparaciones habituales con el folk clásico (Joni Mitchell, Vashti Bunyan), parece conectar con una tradición distinta. Escuchando NEON SUMMER SKIN resulta difícil no pensar en Karen Carpenter

No porque ambas artistas compartan repertorio o estilo, sino porque poseen una cualidad interpretativa similar. Las dos son capaces de transmitir emociones complejas sin recurrir al dramatismo. Hay una serenidad en la forma de cantar de BEDOUINE que recuerda a Carpenter: una calidez inmediata, una precisión técnica impecable y una capacidad extraordinaria para sugerir melancolía sin exagerarla. 

Esa conexión resulta especialmente evidente en este álbum. Aunque el folk continúa siendo la base de su lenguaje, muchas canciones parecen dialogar también con el soft pop sofisticado de los años setenta. En ocasiones, la referencia a Karen Carpenter ayuda a comprender mejor el atractivo de BEDOUINE que muchas de las comparaciones habituales con cantautoras folk. 

Y si Karen Carpenter ayuda a explicar la calidez y la precisión de su interpretación, Rumer también permite entender otra dimensión de su música. Como la cantante británica, BEDOUINE posee una forma de cantar que rehúye el exhibicionismo. No busca impresionar mediante grandes despliegues vocales ni convertir cada canción en una demostración de intensidad emocional. Su talento reside precisamente en lo contrario: en la contención. 

Existe en ambas artistas una confianza absoluta en la canción y en la melodía. La emoción nunca se impone al oyente; aparece poco a poco, casi de manera imperceptible. Esa elegancia interpretativa conecta a BEDOUINE con una tradición de pop sofisticado que a menudo queda fuera de las conversaciones sobre folk contemporáneo. 

Escuchando NEON SUMMER SKIN resulta fácil encontrar momentos en los que la artista parece situada en un punto intermedio entre Karen Carpenter y Rumer. De la primera toma la calidez, la claridad y la capacidad de transmitir melancolía sin dramatismo. De la segunda, una delicadeza casi flotante y una sensibilidad profundamente melódica. El resultado es una voz que sigue siendo una de las más reconocibles y personales de la música de raíces actual. 

Quizás esa sea la gran virtud de NEON SUMMER SKIN. No pretende reinventar a su autora ni romper con su pasado. Su logro consiste en reunir las distintas piezas de su trayectoria -la intimidad del debut, la riqueza sonora de Bird Songs of a Killjoy, la introspección de Waysides y una renovada atención a la memoria familiar- para construir un álbum que suena profundamente humano. Puede que no desplace a sus dos primeros discos en el corazón de quienes los consideran insuperables. Pero sí confirma algo mucho más importante: que BEDOUINE sigue siendo una de las compositoras más singulares y elegantes de su generación.

La crítica le ha otorgado una media de 78 sobre 100 distribuida de la siguiente manera: Still Listening 90/100; Mojo 80/100; Uncut y Far Out Magazine 70/100. Convirtiéndose así en el tercer álbum mejor valorado de su discografía. Por nuestra parte, no podemos darle menos de un 85 sobre 100



MEJORES MOMENTOS: On My Own, Long Way To Fall, Always On Time, Deghma Cheega, One Thing Right... 

MEDIA CRÍTICA: 78/100

NUESTRA VALORACIÓN: 85/100

miércoles, 26 de junio de 2019

BEDOUINE Y SU PEQUEÑA JOYA.


Hoy os presentaremos el segundo álbum de BEDOUINE titulado BIRD SONGS OF A KILLJOY que se editó el pasado fin de semana. Para los que no conozcan a BEDOUINE diremos que irrumpió en la música en el 2017 con su álbum debut homónimo del que escribimos una reseña AQUÍ. Los que no recordéis haberla leído, sería interesante que le echárais un vistazo porque en ella contamos aspectos biográficos que son importantes para entenderla mejor.
Lo que más nos gusta de BEDOUINE es que tiene muy claro lo que quiere hacer y lo que hace. El éxito crítico de su primer trabajo y el hecho de tener un nombre en los circuitos indies, no la ha cambiado a la hora de enfrentarse a este BIRD SONGS OF A KILLJOY. Se puede decir que es un segundo disco que cuenta con más presupuesto y medios que el primero, pero no comete el error de volverse loca con el aumento de presupuesto. Desde luego que no se lo ha gastado en fuegos artificiales, sonidos electrónicos de última generación y toda esa parafernalia en la que suelen caer la mayoría de artistas que se enfrentan a su segundo trabajo. No, BEDOUINE ha ganado una gran amplitud sonora contando con una gran orquesta dirigida por Trey Polland y producida y mezclada por John Congleton. Aunque el productor oficial del disco es Guy Seyffert. Todos los temas están escritos por la propia BEDOUINE excepto dos de ellos que los ha co-escritos con Gus Seyffert y David Saw.




La crítica está encantada con este segundo trabajo de BEDOUINE la puntuación más baja recibida ha sido un 80 sobre 100 por parte de los siguientes medios: Mojo, PopMatters, Q Magazine, Uncut, Exclaim y The Line of Best Fit. Lo demás, es ascendente: Variety (90) y Record Collector (100). Lo que se convierte en una media de 86 sobre 100 que probablemente consiga que esté en todas las listas de lo mejor del 2019.
Nosotros lo que agradecemos más de un disco como BIRD SONGS OF A KILLJOY es su pureza. La ausencia de artificios es todo un plus. Solo se trata de buenas canciones -bastante mejores que las de su álbum debut- ejecutadas con una orquesta. Una colección de canciones intemporales que merecerían ser escuchadas por todo el mundo, BEDOUINE debería trascender de los circuitos indies con este trabajo. Para nosotros es un 95 sobre 100.




VALORACIÓN EXQUISITECES: 95

MEDIA DE LA CRÍTICA: 86

viernes, 24 de noviembre de 2017

BEDOUINE: EL GRAN DESCUBRIMIENTO.


Y ya que estamos cerrando el año, continuamos con algunas joyas que pueden sorprender cuando las encontréis en nuestra lista de los mejores álbumes del 2017, más por desconocidas que por otra cosa. Porque... ¿Qué haríais con un álbum del que solo sabéis que se titula BEDOUINE y tiene una portada como la que estáis viendo?
Probablemente pasaríais de largo y estaríais cometiendo un gran error. Porque detrás de ese nombre que suena a "músicas del mundo" y esa portada tan cutre, se encuentra uno de los grandes discos del 2017 que tiene como artífice a Azniv Korkejian una cantante y compositora siria de padres armenios, que tras pasar su infancia en Arabia Saudita, emigró a Boston con su familia y su vida estuvo marcada por los viajes y el tránsito, ya que se recorrió media América. Desde Savannah dónde obtuvo un título de diseñadora de sonido, hasta instalarse en L.A. donde parece que encontró su lugar trabajando en la industria cinematográfica hollywoodiense como editora de sonido. 



En un principio, no pensó que terminaría dedicándose a la música. Pero descubrió en L.A. una comunidad de músicos muy unida en Echo Park y lo siguiente fue tocar las puertas adecuadas como la del bajista y productor Gus Seyffert (Beck, Norah Jones, The Black Keys...) y pronto se originaría este trabajo del que estamos hablando. Korkejian eligió BEDOUINE como nombre artístico porque "Se había movido tanto que llegó un momento que se sintió desplazada por no pertenecer a ningún sitio". Cuenta que llegó a sentirse como los nómadas.




El álbum ha gustado mucho a la crítica y ha conseguido un promedio de cuatro estrellas y media sobre cinco. The Independent le otorgó las cinco estrellas. Para nosotros, también es un claro cinco estrellas -A partir del año que viene ya no hablaremos más de estrellas, usaremos la valoración numérica que usan las páginas críticas, con la que se puede afinar un poco más-
Los géneros que nos vamos a encontrar en el álbum deambulan entre el folk y americana con cierto regusto retro, y en cuanto al estilo... Se trata de Indie, pero del bueno.
Solo tenemos que añadir que existen pequeñas cosas que hacen que la vida merezca la pena y el disco de Bedouine es una de ellas. No os lo perdáis.


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